viernes, 12 de septiembre de 2008

Parvis

Iglesia Nuestra Señora de Guadalupe, 1951. Las Mercedes. Caracas (f. 2001, Archivo de la Fundación de la Memoria Urbana).



 
Hace tiempo, una revista española de arquitectura (Arquitectura Viva) solía sacar al final de sus números una iluminadora sección que desafortunadamente no duró mucho y que se titulaba –de manera un tanto irónica-, Glosario. Esta consistía en traerle a los lectores, luego de haberlos entretenido por páginas con los últimos proyectos, materiales en boga y las más sofisticadas técnicas de construcción, el arsenal de las voces antiguas y los conocimientos tradicionales de la técnica de la construcción que, cada vez más caídos en desuso en España, sin embargo seguían –todavía- promisoriamente llenos de claves para la invención y el diseño modernos.

A cada voz le seguía un ensayo corto sobre su uso y significado, un texto conciso que como única ilustración blandía en la parte superior el glorioso garabato en negrita de la palabra en cuestión. Título sonoro, de sonoridad por demás comprobada, que con sus ecos arcaizantes lograba de por sí atraer todas las miradas ya hartas de tanta compleja infografía y trucada fotografía arquitectónica. Uno podía venir de donde quisiese,  de deconstruirse con Frank Gehry, de desmaterializarse con Jean Nouvel o de desurbanizarse con Rem Koolhaas, pues no importa cuán vertiginoso hubiera sido el viaje, al final allí estaba esperándolo a uno, impávida, impertérrita, certera, la esperanza rotunda de una Alfarda ("madera que forma los faldones en las armaduras de pares y nudillos"), la fuerza descomunal de un Alarozo ("el par del testero que coincide con la hilera"), la oscura inmensidad de una Buarda ("enorme buhardilla del chapitel de una torre"), el arte olvidado de trazar una Entrecalle ("cómo abrir ranuras entre dos molduras para que se distinga mejor su perfil"), el dibujo hipnótico de una Haliba ("en labor de lacería, una de las piezas de las ruedas de lazo"), o el cobijo siempre seguro de un Tejaroz, es decir, de un sempiterno alero. A las voces dulces de la carpintería de armar (Izgonze, Jaira, Jarrete, Menado, Moldar, Perluengo, Quijera, Ristrel, Seisavar -pariente cercano del familiar Ochavar-, Sopanda, Taravea o Taujel), el Glosario añadió las más recias de las trazas y cortes de la cantería renacentista (Trompa, Carpanel, Jarja, Dovela, Entragás, Testa, Capialzo, Zanca) y de la carpintería de lo blanco, o las artes de la cal, con un consecuente (y saludable) balance, puesto que al final uno cerraba la revista o bien poniendo todo lo visto en duda, o, al menos, queriendo salir a construir mejor.

Voces castellanas. Conceptos del pasado. Ya desde entonces soñaba yo con lo bueno que sería incorporar aquí un glosario semejante, ¡sobre todo si fuera el de las voces dormidas del arte tradicional de hacer ciudad! Las viejas palabras aparecerían contrapuestas a la gris realidad de la ciudad contemporánea, convulsionada, amnésica y agreste. Hoy (2001), sin más, finalmente nos lanzamos a la escogencia de la primera.

Luego de considerar algunas muy antiguas y cubiertas de polvo, sugeridas por el Vocabulario Básico de Arquitectura de José Ramón Paniagua, unas tan provocativas como Acerar ("construir aceras con sillares") y otras tan desconocidas como Bab ("voz árabe, puerta monumental"), empezó a brillar en el horizonte la palabra Parvis.1 Esta me sorprendió en estos días en un extremo de la maqueta original de la urbanización Las Mercedes, expuesta en las oficinas de la VICA allá por los años cuarenta. Gustavo San Román, el visionario ingeniero-promotor de la urbanización, había provisto al nuevo barrio con una iglesia, Nuestra Señora de La Guadalupe, atinando a colocarla visiblemente en un lugar alto junto a la vía más importante en aquel entonces del lugar, la Carretera Vieja de Baruta.

Mas, no contento con el claro efecto urbano de todo ésto, también dotó a la iglesia de un complejo Parvis, que desgraciadamente solo se llegó a construir parcialmente. El actual claustro y escalinata que apuntan hacia el este, con sus arcadas y jardines –y que hacen a esta iglesia tan exitosa entre las novias- solo es una parte de un gran espacio público ceremonial que caía en cascada hacia Las Mercedes, representado en su totalidad en la maqueta. En estos días (2001), que tánto se habla del inminente desventramiento de la abigarrada fábrica urbana de los barrios para dar lugar a sendas plazas que coronarán las colinas marginales (ojalá que acompañadas de iglesias de altas torres), la voz Parvis y su uso en La Guadalupe podría arrojar sonoridades desconocidas sobre el futuro urbano de Caracas.

No es Parvis o Parvise una voz española, qué le vamos a hacer. Pero está cubierta de gloria. Russell Sturgis, en su Diccionario Ilustrado de Arquitectura y Construcción, en 1902, la definía como el “espacio abierto al frente de una iglesia, usualmente rodeado de una balaustrada, a menudo ligeramente levantado, donde eran conducidas al aire libre ceremonias religiosas”. Y lo comparaba con el término Paradisus, que en la arquitectura medieval nombraba a “el patio o atrio enfrente a una iglesia, usualmente rodeado de claustros, bien sea todo o en parte; así, el claustro de la Catedral de Chichester todavía es llamado Paradise”. El término fue poco usado en Inglaterra o los Estados Unidos, pero en el continente europeo se extendió muchísimo. Paniagua habla del Paraíso (Del lat. Paradisus = jardín, lugar plantado de árboles, y del persa Paradaiza, lugar cerrado) como de un parque, que desde los tiempos de las basílicas paleocristianas se volvió atrio ajardinado (justamente como el de Las Mercedes).

Por aquí podríamos seguir hasta ver el origen del claustro de los monasterios, pero lo que nos interesa ahora es que en los tiempos ya cada vez más remotos del siglo pasado, un diseño urbano moderno en Caracas pudiera manejar en el trazado de nuevas plantas de ciudad conceptos tan ricos y entretejidos en la tradición urbana. Por eso, cuando hoy en el Municipio Baruta claman por un sitio para un nuevo espacio ceremonial, o cuando se piensa en el infierno en que se están consumiendo las almas de los cerros, valdría la pena ver qué edenes prometidos restituiriamos al pronunciar de nuevo en Caracas, labialmente, Parvis. 


Parvis de la Iglesia N.S. de la Guadalupe. Detalle de la maqueta de la urbanización Las Mercedes, Caracas (f. 1940s, Archivo de la Fundación de la Memoria Urbana).




NOTAS:
1. José Ramón Paniagua. Vocabulario Básico de Arquitectura.
2. Russell Sturgis. Diccionario Ilustrado de Arquitectura y Construcción, 1902.
 

Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, lunes 29 de Julio de 2001.






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