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martes, 15 de diciembre de 2009

El plano cero de la escritura de la ciudad

El lugar natural de Caracas, sin Caracas.Intervencuòn del plano de E. Rohl (1936), primer plano de la ciudad levantado a partir de un vuelo aéreo (f. Hannia Gomez, 2002).


 
“La forma es costosa”.
Paul Valéry. 

“La forma es costosa”, dijo una vez Paul Valéry. La forma no es algo que deba subestimarse. Es una cara posesión, y su producción un artesanado: se lima, se corta, se pule y se extrae con gran esfuerzo “exactamente como hace un joyero durante largas horas con su materia prima”.
 
La larga y amorosa labor de años –o mejor, de siglos, si hablamos de la ciudad-, de obtención de la forma urbana es también una tarea preciosista, porque se trata, igual que en la literatura, de la construcción de un estilo. La escritura de la ciudad como una forma de arte, resiste el símil con la definición de escritura que hace Roland Barthes en El grado cero de la escritura (1953): “'Ecriture' en francés significa 'escribir a mano' o 'el arte de escribir', de acuerdo a los sentidos del verbo 'écrire' (escribir), que significa estilo, el hecho de componer una obra, o las acciones que le son propias a un escritor”.1 De la misma manera, una ciudad se escribe con un estilo urbano cada vez más claro a lo largo de su historia, es una obra que se compone a través del tiempo mediante acciones propias, por muchas manos sucesivas pero que a la vez son la misma.

La forma de la ciudad está compuesta de arquitecturas urbanas y de urbanismos arquitectónicos que arman un vocabulario de morfología acusada y por lo tanto legible. Mas, antes de la aparición de cualquiera de éstas debe existir, “libre de toda atadura a un estado pre-organizado del lenguaje, un término neutral o un elemento cero, una suerte de lenguaje básico, trasparente", que en el caso de la ciudad es el lugar natural. El grado cero de la escritura de la ciudad es su geografía, su topografía, el conjunto de formas de los cauces de los ríos, lagos, colinas, valles, llanuras, costas y montañas que forman la base para todas las otras fornas que serán luego escritas por la mano del hombre. Es la forma base anterior y primigenia que “consiste precisamente en la ausencia” de todas las que vendrán.

El lugar natural es la primera variable morfológica que define el carácter de una ciudad. El lugar será, desde antes del inicio del proceso de formación de la ciudad, su primer gesto urbano, su primera decisión formal premonitoria. Es por él que la ciudad allí se asienta. Por él son distintas las ciudades costeras que conocemos, un Rio de Janeiro distinto a una San Sebastián o a una Barcelona; por él se diversifican las ciudades de montaña, de los valles, en los estuarios, de las llanuras, aún antes de que ellas mismas se hayan incluso “forma-do”. Tan grande es la importancia del lugar para la forma urbana, que Víctor Hugo escribó en El pasado (1867): “Hay puntos en el globo, cuencas de valles, cuestas de colinas, confluencias de ríos, que tienen una función. Se combinaron para crear un poblado. De su soledad, emana una atracción. El primer pionero que allí llega, se detiene. Una cabaña a veces basta para depositar la larva de una ciudad. Cartago nace del mar, Jerusalén de la montaña…Veamos esta campiña. ¿Cómo la calificaríamos? De alguna manera: aquí y allá algunos matorrales. Pongamos atención. La crisálida de una ciudad está en estos matorrales. A esta ciudad en germen, el clima la incuba. La llanura es la madre, el río es la nodriza. Es viable, cuaja, crece. Y a cierta hora, es París”.2

Veamos ahora a estos valles, a estas montañas y a esta costa. Pongamos atención. El paisaje natural original caraqueño es de una belleza dramática, poderosa. Surge de la mezcla explosiva entre un cerro perfilado, protagónico e hipnotizante, un valle elevado como un altiplano unido a altas montañas que caen violentamente al mar y una larga y lineal costa brava –como la llamara Don Juan de Pimentel en 1577-. Este lugar, como la llanura de París, nació para ser una ciudad. No en vano está poblado por indígenas ya desde el año 300 dC, y es de inmediato apetecido por los conquistadores para una fundación desde el momento en que lo avistan al surcar Tierra Firme. Siendo el paisaje fuertemente escénico, la ciudad se sitúa en uno de los mejores puntos para dominar todo el panorama del Valle del Río Guayre y controlar todo el territorio: la Sabana de Maracapana (en piedemonte), suavemente elevada entre los ríos Catuche y Caroata, un lugar distinguido por los indios y luego reafirmado por los españoles. Desde allí Caracas podrá extenderse segura hacia el este y hacia el sur y bajar hacia al mar.

Describamos de nuevo la forma original de este lugar previa al proceso de urbanización, para recapitular sobre sus valores perdidos y sobrevivientes. Revisitemos el significado del Valle del río Guayre como una depresión de origen tectónico que alguna vez fue un gran lago, sin olvidar que en Caracas el suelo ha temblado y temblará aún muchas veces, y ello ha signado repetidamente la naturaleza morfológica de su historia urbana. Reaprendamos el rol formal de la depresión tectónica y de sus terrazas inmediatas emnarcadas por las montañas y colinas del Ramal de la Costa y el del Interior, y los valores escénicos de la vertiente Caribe de la Fila Maestra con sus terrenos de marcada pendiente y grandes acantilados, su sucesión de cuencas independientes y sus pequeñas playas. Reafirmemos que la forma natural tan definida de la depresión del río y de la costa determinará la posterior configuración alongada de la ciudad.

El desaparecido Bello Monte y la colina de Petare, topografías desfiguradas o eliminadas por el proceso de urbanización; los valles menores como unidades espaciales unidas a sus ríos; las seis lagunas; el río Guayre y su lecho variable; el trazado original rocoso de sus quebradas tributarias de múltiples pozos y cascadas como anchas zanjas que la ciudad ha ido borrando, y cuyos lechos al igual que el del río, habrán de ser reconstruidos ya que desde hace décadas se hayan embaulados; los bosques de galería y las forestas que de ellos salían; las sabanas continúas que seguían las ondulaciones del tereno y los árboles de gran talla que se destacaban en el paisaje como solitarios hitos naturales.

¿Quién duda que el plano cero de la escritura de la ciudad es un instrumento para su reconstrucción futura? Un “Back to the Future” del Diseño Urbano. Con éste como base, la nueva escritura de la ciudad, como quiso Barthes para la literatura, puede liberarse de sus compromisos formales con otras historias que no sean la propia.



Roland Barthes. Le degré zéro de l'écriture (1953).








NOTAS
1. Roland Barthes. El grado cero de la escritura, 1953.
2. Víctor Hugo. El pasado, 1867.



Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, lunes 8 de Julio de 2002.




sábado, 26 de abril de 2008

Alessandria

City. Alessandro Baricco, 1999.




¿Cuán valiosa puede volverse la propuesta de un escritor para el tema de la ciudad frente a la banalidad generalizada del pensamiento urbano global reciente? La mayoría de los proyectos de todas partes del mundo presentados con gran alarde tecnológico en la Séptima Biennale d’Architettura di Venezia –hasta el 30 de Octubre de 2000 en los Giardini di Castello- abordan de una manera débil el gran tema de la ciudad y sus complejos dilemas contemporáneos, redundando en clichés escondidos tras una jerga cibernética. En algunos casos, quizás lo único que queda tras contemplar las voluptuosas vistas hechas con ordenador de los proyectos arquitectónico/urbanos presentados, es uno que otro vestigio “conceptual” que ronda más bien los terrenos de la literatura, por lo que es sólo como ésta, en el mejor de los casos, que puede ser evaluada como propuesta… 

En este contexto, Alessandro Baricco, con su última novela City (1999), construida “como la idea de una ciudad”, podría resultar siendo el mejor de los diseñadores urbanos que actúan contemporáneamente en la escena global, el arquitecto/urbanista inexplicablemente fuera de concurso que hubiera podido ser premiado con el León de Oro acaso se le hubiera ocurrido presentar su “ciudad” ante la contienda planteada por el Comisario Massimiliano Fuksas en Città: Less Aesthetics More Ethics (www.labiennale.org/it/architettura).

Durante el lento discurrir de todo el verano pasado, dos libros de sabor urbano se alternaron en sus turnos nocturnos para confundirme con sus voces: City y Città: Less Aesthetics More Ethics. Yo no sabía muy bien, en medio de tántas atmósferas deliciosamente mezcladas, cuándo hablaba la ciudad en boca de Alessandro Baricco -el autor de Seda- ni cuándo en boca de Massimiliano Fuksas, el director de la Séptima Bienal de Arquitectura de Venecia.

A ratos me parecía oir a Shatzy Shell, la adorable heroína de City -diciendo lo que siente al tener frente a sí a una ciudad ideal, tema principal tras todo el libro: "es... como una suerte de consuelo, en el interior, como una revelación que abre el corazón pero que al mismo tiempo se siente como una puntada, como una sensación de pérdida irremediable y definitiva: Una catástrofe dulce", confiesa.1 Yo la escuchaba, sigilosamente, jurando que ésa era sin duda su voz, la modulada voz de Shatzy Shell: "...seguros y confiados en la capacidad de cambio del hombre, colocamos este nuevo y precioso momento de búsqueda a la disposición de todos aquéllos que han sentido que su deber es intervenir la realidad de cualquier manera posible porque están todavía convencidos de que son capaces de cambiarla, aún con la web..." 

Sí: seguro que era ella la que hablaba. Shatzy en la web, dictando en su grabador personal, Shatzy caminando por las calles ideales de la ciudad sobre sus afilados stiletti negros, Shatzy navegando en el ordenador por esa city ideal que Alessandro quiso escribir al proponerse construir un libro que fuera "...como una ciudad, como la idea de una ciudad". Fascinante idea para cualquier libro, o para cualquier bienal de arquitectura en estos días.

Para Baricco, la fundación de una ciudad imaginaria donde "las historias son barrios, los personajes son calles y el resto, es el tiempo que pasa, las ganas de deambular y la necesidad de mirar", se convierte en la alucinante comprobación de la importancia universal del diseño, especialmente para quienes escriben. Así nos lo ratifica él mismo, reflexionando: "yo diseñé en City dos barrios, que se deslizan hacia atrás en el tiempo. En uno de ellos, hay una historia de boxeo de tiempos de la radio. En el otro, hay un Western". Habiendo viajado por su ciudad, Torino, durante tres años completos, lo que termina haciendo es lanzar al espacio editorial el postulado de su idea personal del habitar, de un plan propio donde traza un camino que "el lector, si lo desea, podrá rehacer". Su conclusión final, a manera de pregunta, pareciera más bien sacada de la presentación de la Bienal de Venecia: "ésto es lo que hay de bello, y de difícil (en todos los libros): ¿realmente podemos hacer el viaje de otros?".2 Ay, ¡el viaje imposible de la ciudad ideal!

Las cien contribuciones finales online que hubo para la Bienal de Venecia (llamada también -¿puede caber otro nombre?- "Città"), los cien improbables metabolismos urbanos enviados electrónicamente desde todo el mundo para que pudiéramos rehacer el camino por sus imágenes en movimiento y "hacer el viaje de los otros" surfeando por sus performances técnicos, son en el fondo iguales a City. No por ser propuestas urbanas para una bienal dedicada a la ciudad, sino porque son también "una manera de diseñar sin "construir", sin abandonar la exploración y la búsqueda de todos los posibles 'espacios' que existan"  ...pero, ¿estaba trascribiendo de nuevo el monólogo? Con tánto calor en las noches, podía uno confundirse. Mas no: ésto último tenía algo más de histérico y mesiánico; era más el tono del director Fuksas, cuando arrancaba invocando a "ese hombre de la metrópolis, quien está solo y se encuentra socialmente desconectado, y que se convierte gracias a Internet en un nodo virtual del universo, en un espectador desde afuera".

Afuera. Uno esta siempre afuera de las utópicas divagaciones de las vanguardias. Tan afuera como nuestra amiga, creyendo ilusoriamente habitar en el corazón real de su ciudad ideal: "...uno está siempre fuera, mirando pero siempre desde afuera. No puedes meterte en ella, estás irremediablemente delante, miras y no puedes hacer ninguna otra cosa. Es un buen truco. Cuando te llega el momento de ver el lugar donde serás salvado, siempre es desde afuera que lo observas. Nunca estás dentro. Es tu lugar, pero no estás allí jamás"... y no lo estarás, nunca, aunque participes todo lo activamente posible de la "nueva revolución" propuesta por Fuksas, y comulgues electrónicamente con las supuestas nuevas ideas, utopías y soluciones (trucos) que van a responder a los viejos problemas de la ciudad... Porque lo importante -dice Massimiliano- era "que se reunieran en el site la mayor cantidad de ideas posibles, que empezara un diálogo sobre los fragmentos visionarios de una nueva geografía metropolitana".  

Y fragmentos, sí que los hubo: estadios/contenedores; ciudades espaciales satelitales; villas elevadas; rascatierras flotantes (Earthscrapers); multiciudades; ciudades de papel antiterremotos; túneles interfase; alquimias urbanas; ciudades invisibles de Coop Himmelb(l)au; ladrillos y pixels de Dillier y Scofidio; contenedores coreográficos; máquinas fluidas, chips de infraestructura, espacios smooth, laberintos dinámicos, desapariciones suaves; paredes sin paredes de Zaha Hadid; arquitecturas extraterrestres; urbanismos automáticos; robots urbanos... y los morphs y las matrix usuales, en el eterno, infinito y siempre cambiante campo de las creaciones de sus habitantes.

Uno de los participantes de la Bienal se llamaba Pietro Caruso. A mí se me se destacó en la noche de Agosto como una estrella fulgurante. Su proposición era tan solo una cita textual de Max Frisch: "estoy sentado en un bar, es de tarde y por lo tanto hay un solo barman trabajando; me cuenta la historia de su vida, una historia de verdad. Entonces, ¡se la creo! Y se lo digo. El seca los vasos que ha lavado. -Sí- repite, -¡así es como fue!- Yo bebo, y pienso: un hombre ha tenido una experiencia y ahora busca la historia de esa experiencia... el cuento que la acompaña. Uno no puede vivir con una experiencia sin una historia, así pienso yo y algunas veces imagino que otro posee la historia que va con mi experiencia... (pero no es el barman)".3 

Los comisarios de la Bienal no premiaron a Pietro Caruso, pero yo casi lo ví de la mano de Shatzy Shell, entendiendo mejor que nadie este asunto veraniego de la ciudad.


The Web City. Hideyuki Yamashita (f. www.fotomino.blogspot.com/2007/12/web-city.html).







NOTAS
1. Alessandro Baricco. City, RCS Libri, 1999.
2. La Biennale di Venezia. Expo on line: "Città : Less Aesthetics, More Ethics", 7th International Architecture Exhibition, La Biennale di Venezia, Marsilio, Venecia, 2000: www.labiennale.org/it/architettura.
3. Max Frisch (Arquitecto y Premio Nóbel de Literatura, Zurich, 1911- ). Il Mio Nome Sia Gantenbeinv.




Publicado en: Papel literario, EL NACIONAL, Caracas, Sábado 28 de Octubre de 2000.



martes, 18 de septiembre de 2007

Ortografía (III)

Roma, la ciudad que Leon Battista Alberti dibujó.



 

1. La maldición de Agatodemone
Dícese que en la oscuridad de los tiempos el más g
rave peligro que aguardaba a los viajeros no eran ni los sanguinarios beduinos acechantes tras un despeñadero, ni la aparición fortuita de venenosos áspides o profundas arenas movedizas, sino aquél que se encontraba allí, muy cerca, justo en las alforjas de la cabalgadura, enrollado en un manoseado pergamino: en la propia carta geográfica. 

Ya desde los confines de la historia los viandantes llevaban consigo planos para disuadir los avatares de la ruta y ayudarles a calcular las
distancias. Mas en virtud de haber tántos peregrinos por todos los rumbos, y al necesitar todos ellos información, empezaron a circular innumerables copias de manos de los amanuenses de aquellas primeras cartas confiables.

Cada pequeño error de un copista, magnificado en cada nueva reproducción, hacía que peligrosamente se rodasen los puntos que marcaban las distancias. Dudar hasta de cada oasis, del curso de los ríos, de la ubicación de las montañas y de los puestos militares y, aún peor, de la posición de los peligros del camino, iría pronto en contra de la cartografía ilustrada. De Persépolis a Cartago podía haber una sola distancia, pero en el mundo de las discrepancias cartográficas, demasiados planos. Muchas veces se salía mejor p
arado preguntando a un viandante...

Las deformaciones de las cartas de la antigüedad fueron evadidas por los grandes geógrafos como Strabone o Tolomeo. Este último, en los ocho tomos de su Geografía, llegó al extremo de no incluir ninguna carta, y mucho menos una imagen. Tol
omeo sostenía que los mapas debían ser redibujados cada vez a partir del texto. Es lo que los historiadores han llamado “el problema tolemaico de la imagen”.

El no haber dibujado nunca una carta geográfica no impidió que apareciesen las “interpretaciones” apócrifas de su obra. Hay quienes han atribuido todas las ilustraciones de la Geografía de Tolomeo a un cierto oscuro Agatodemone, de quien se decía que “dibujó todo el mundo” y que habría vivido quizás en el siglo V (tres siglos después de Tolomeo). Este primer copista transfirió los dibujos de Tolomeo de rollos de papiro a códices en pergamino, modificándolos libremente para adaptarlos al
nuevo formato. Nos podemos imaginar lo que aquella primera liviandad suya produjo en términos de desaparecidos en el desierto. La maldición de Agatodemone iba a reinar sobre el globo hasta la invención de la imprenta.

2. Iconofobia
El terror geográfico, sin embargo, redundó en dos co
sas positivas: en la proliferación en el mundo antiguo de una serie de cartas fijas que se consultaban in situ, y en la “geografía contada”, o por decirlo así: escrita y no pintada. Ejemplares únicos como la Carta de Agrippa, especie de relato de viajes pintado sobre un muro, o la famosa Forma Urbis Romae, un retrato de piedra de Roma que tenía una superficie de trescientos metros cuadrados, incisa sobre lajas de mármol, son los casos extremos de esas cartas inamovibles que nadie podía alterar. De la ilustre tradición iconofóbica geográfica, ya en el Renacimiento, va a alimentarse una de las más maravillosas creaciones de Leon Battista Alberti: la Descriptio Urbis Romae (1443), el retrato albertiano de la Roma del cuatrocientos. 

De este breve texto latino da cuenta Mario Carpo en una revista que acaba recientemente de aparecer (1998) editada en Florencia, Albertiana (Sociedad Internacional Leon Battista Alberti; Vol. I. Leo S. Olschki Editore, Florencia, 1998, pp. 121-142).1 Allí nos cuenta cómo Alberti, necesitado de “retratar a Roma” por medio de un método distinto al isométrico que se usaba desde el Medioevo, inventa la llamada “planta ur
bana iconográfica”, o lo que es lo mismo: ortográfica. Este invento suyo es crucial para la historia de la topografía urbana. Alberti describirá una planta de Roma levantada con instrumentos matemáticos: “la ciudad se representaba como existe métricamente sobre el terreno. Alberti decide utilizar una planta en proyección ortogonal e inaugura su uso moderno para la representación topográfica o geográfica”.

3. El plano perdido
La Descriptio Urbis Romae es, paradójicamente, un retrato urbano sin imagen. Leemos el texto, pero no vemos la carta. Su retrato, si se quiere, es virtual. El sueño de Tolomeo. Este plano perdido ha sido un dolor de cabeza para los estudiosos por años. Nunca ha aparecido, ni se cree que aparecerá. Para elaborarlo, Alberti siguió al pie de la letra la definición tolemaica de la geografía (“por medio de líneas y de simples anotaciones la geografía fija la posición de los puntos y dibuja trazados generales”), pero, lo que e
s más importante, “aplicó el método geográfico tolemaico a la descripción de una ciudad”. Es así su primer geógrafo, su primer escritor científico, su primer topógrafo racional.

Mientras que para Tolomeo la descripción de u
na ciudad pertenece no a la geografía, sino a la corografía, y debe ser resuelta con métodos corográficos, es decir, más o menos, pictóricos (“la corografía debe pintar una verosimilitud, y es obra del pintor”), Alberti quiere describir la ciudad en términos matemáticos -es decir, en planta y a escala, y no en perspectiva-. La grandiosidad de su aporte consiste en que intentó transportar los métodos cartográficos de la geografía tolemaica de las cartas terrestres a la pequeña escala de la descripción de una ciudad. La Descriptio es una geografía urbana. Es, además, el más importante texto alfanumérico no analógico hecho para describir la ciudad previo a la invención de la imprenta.

Cuando en la Roma del Quattrocento nadie quería perde
rse, Leon Battista Alberti dibujó la carta que indicó el camino.


Placa con el retrato de Leon Battista Alberti. National Gallery of Art, Washington.












NOTAS:
1. Mario Carpo. "Descriptio Urbis Romae: Ekfrasis geográfica y cultura visual en el alba de la revolución tipográfica", Albertiana, Vol. I, Sociedad Internacional Leon Battista Alberti,  Leo S. Olschki Editore, Florencia, 1998, pp. 121-142.



Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, Lunes 26 de Mayo de 1998.



viernes, 29 de junio de 2007

Caracas: el genio del lugar

Fuente del Fauno, Plaza de Abril (hoy Plaza San Juan). Caracas, c. 1895 (Postal. Archivo Fundacion de la Memoria Urbana).


“Renacerás, renacerás ahora; 
 florecerán la paz y la abundancia.
 En tus talados campos las divinas Musas 
te harán favorecida estancia, 
y cubrirán de rosas tus ruinas”.
Andrés Bello. Alocución a la poesía.

1. La conspiración del fauno 

Perdida entre las páginas del libro del profesor Leszek Zawisza, Arquitectura y Obras Públicas en Venezuela, siglo XIX, se encuentra la única reproducción impresa de una vieja fuente desaparecida de Caracas: el Fauno de la Plaza de Abril (hoy Plaza San Juan).1 La imagen, algo borrosa, da cuenta de una pila circular, defendida por una verja donde se leía en letras de hierro forjado: “Plaza 19 de Abril inaugurada bajo la Presidencia de Antonio Guzmán Blanco”.  

En el centro, sobre una piedra, se encuentra perezosamente sentado un Fauno de cuya siringa enhiesta mana un musical chorro de agua. Pedro Emilio Coll da fe también de su existencia: “En la verde y triangular plaza de San Juan, una tarde de abril en que el sol tamizaba su ámbar luminoso a través de los copudos árboles, en el agua dormida de una fuente pública se reflejaba una burda figura de piedra, la figura ornamental de la pila elegida por las autoridades guzmancistas, representando un fauno sin patas de cabra.”2

Tan flagrante “invasión del paganismo” en la ciudad, justo frente a la iglesia parroquial de San Juan, es la primera celebración urbana de la naturaleza en un espacio público caraqueño de que se tenga memoria. Algo más que natural, tratándose de la obra de gobierno de quien había construido el primer parc à l´anglaise de Caracas, es decir, el Parque El Calvario. Probablemente por su tan despreocupada apariencia, el impúdico Fauno, a pesar de haber sido una vez inaugurado entre “cohetes y piñatas”, desapareció. No así, no obstante, la importancia para la ciudad contemporánea de volver a rendirle tributo al genio del lugar.

Entre las tareas de Pan, aparte de velar “por las bandadas, las manadas y los panales”, y de corretear tras las náyades del Anauco y demás ninfas de la montaña, estab
a la de recibir, entre vespertinas siestas, el homenaje de los pastores habitantes de Arcadia.3 Solo Pan ejecutaba la flauta, solo hacía sonar sus címbalos, solo danzaba cuando las obras de los hombres que lo agasajaban sacrificándole corderos y cabritos, eran de su completo agrado. Y es que para los antiguos era de importancia vital “pactar con el genio de la localidad en la que tendría lugar su existencia”.4 La estatuilla del Fauno danzante que se encuentra al centro del impluvio en la bella y espaciosa Casa del Fauno en Pompeya (arte helénico del siglo III-II aC.), habla por sí sola del caso de una ciudad que alcanzó en un momento dado ese equilibrado estado de gracia, donde las obras públicas, por largo tiempo en sabio acuerdo con la naturaleza, mantenían de plácemes a la suprema divinidad campestre.5

Pero, ¿cómo es posible congraciarse con Pan? ¿Cómo la ciudad puede conservar el genius loci, el espíritu del lugar? ¿Cuál es el arcano de este perdido arte urbano? ¿En qué lugares de Caracas danza aún el Fauno, en cuáles ha muerto, en cuáles todavía conspira?

2. Sobre la tierra y bajo el cielo 

A fines de los años 70, el arquitecto e historiador noruego Christian Norberg-Schulz se hacía estas mismas preguntas. En su célebre libro Genius loci: paisaje, ambiente, arquitectura, se dedicó a indagar -tomando como casos de estudio tres ciudades, Praga, Karthoum y Roma-, en la idea del genius loci tal y como era entendida en los tiempos de la antigüedad clásica. Encontró que para los griegos y los romanos, cada ser “independiente” bajo la tierra y el cielo tenía “su genio, su espíritu guardián”, un espíritu que “daba vida a pueblos y lugares, los acompañaba del nacimiento a la muerte y determinaba su carácter o esencia”. Los méritos de los hombres de entonces poco contaban si no eran capaces de comprender el carácter del lugar, y solo así poder habitar en él “poéticamente”. Es decir: habitar en el verdadero sentido de la palabra.

Todo edificar, toda arquitectura, toda ciudad debían aspirar primero a transformar su sitio en lugar, revelando “los significados potencialmente presentes en el ambiente dado a priori.”6 Comprender el carácter de las cosas del mundo, y oir lo que los lugares tienen que decir cuando “quieren existir”, como decía sabiamente el maestro de la arquitectura Louis I. Kahn.7 Incluso el mismo Le Corbusier afirmó una vez que la emoción arquitectónica sólo se verifica cuando “la obra resuena dentro de nosotros en armonía con un universo a cuyas leyes tributamos obediencia, fe y respeto”.8 Y ese universo está allí, afuera, en el paisaje.

Sin embargo, un lugar no es sólo “paisaje”. De aquí que ésta no sea solamente una exposición de pintura. Un lugar es un “espacio dotado de un carácter distintivo”, un fenómeno complejo, además de un conjunto de consideraciones visuales. Para comprender
la estructura del lugar hemos de percibir sus cualidades abstractas y funcionales, claro está, pero también aprehender sus atmósferas, reconocer sus “cosas”, estar atentos a sus detalles, detectar sus confines, enumerar sus presencias. Y sobre todo, nombrarlas, designándolas una por una, como quien bautiza de nuevo el universo. Fue André Malraux, promotor de los inventarios de patrimonio en Francia, quien dijo en 1961 que “las cosas no existen hasta que no se las nombra”. Así, para que una ciudad verdaderamente pueda tener lugar, debemos empezar por reconocer sus lugares naturales y artificiales, y designarlos “por sustantivos”.

Empecemos entonces, como hiciera Norberg-Schulz en 1979, por parodiar la IX Elegía del Duino de Rainer María Rilke. Y como el poeta, afirmemos que “…estamos aquí quizás para decir": Avila, Río, Quebrada, Costanera, Colina, Laguna, Arbol, Barranco, Greda, Pendiente, Hondonada, Flanco, Cerro, Guamal, Quiebra, Grieta,. Risco, Farallón, Selva,
Pozo, Cumbre, Peñascal, Precipicio, Bloque, Socavón, Vertiente, Contrafuerte, Sabana…" y, al máximo: "Columna, Torre…” 9

El lugar será así nuestro punto de partida y de llegada.

3. Et in Arcadia ego 

Apostado en su ventana abierta, donde su silueta se recortaba contra el paisaje como la de un humanista retratado por la pintura flamenca, Mariano Picón Salas contemplaba el valle de Caracas en 1957. Y reflexionaba: “la nueva Caracas que comenzó a edificarse a partir de 1945 es hija –no sabemos todavía si amorosa o cruel- de las palas mecánicas. El llamado “movimiento de tierras” no sólo emparejaba niveles de nuevas calles, derribaba árboles en distantes urbanizaciones, sino parecía operar a fondo entre las colinas cruzadas de quebradas y barrancos que forman el estrecho valle natal de los caraqueños. Se aplanaban cerros, se le sometía a una especie de peluquería tecnológica para alisarlos y abrirles caminos; se perforaban túneles y pulverizaban muros para los ambiciosos ensanches”. Desde su atalaya, el caraqueño divisaba cómo por entre las fauces dentadas de los bulldozers (“jaguares de enormes colmillos de las pirámides aztecas que en pocos segundos devoran un pedazo de cerro y se ahítan de pedruscos y terrones y nos asustan en los caminos como si de pronto resucitara un plesiosaurio”), iba desapareciendo poco a poco “la obra de Dios.”10

Dios arquitecto, había dejado sentadas las bases de la primera capa morfológica de la ciudad en el relieve natural del valle fluvial de Caracas y de la costa brava caraqueña. Estaba escrito en los viejos cursos de agua; en el fluir a cielo abierto del Guaire prehistórico por su lecho primitivo, con sus fuentes, sus tramos franqueables, sus islas lacustres, márgenes, confluencias, canales, puertos, playas, pozas, esclusas, rápidos, sus corrientes, sus meandros, sus terrenos inundables y plataformas insumergibles; sus praderas y marasmos y sus jardines hortelanos; estaba en las capas de las sedimentaciones primigenias; en los vestigios de las antiguas terrazas y plataformas escalonándose hasta el río y el mar; en el aspecto boscoso de las forestas
y bosques de galería; en los valores minerales del subsuelo caraqueño a ambos lados de la montaña (las arenas de Chacao, las gravas de los ríos, las arcillas de Catia, los cementos de La Vega, la piedra azul del Avila, los hornos de cal) luego explotados como los materiales constructivos que le darían su color a la ciudad; en los micro-relieves; en las pendientes originales, y en las peculiares formaciones geológicas y curiosidades botánicas (colinas sueltas en el paisaje, peñascos singulares y árboles gigantescos).11 Una obra a la que le cantara una vez algún esclarecido espíritu sobre el portal del vetusto edificio del Colegio San José de Tarbes en El Paraíso, con la significativa inscripción: “¿Quién Como Dios?”.12

No se imaginaba Picón Salas que la obra más importante que legaría el siglo XX para la comprensión del lugar natural de Caracas estaba siendo escrita casi al mismo tiempo que sus meditaciones. La había concebido el geógrafo Marco Aurelio Vila en 1947 para la Sociedad Interamericana de Antropología y Geografía, y lleva por título Monografía Geográfica del Valle de Caracas.13 Manual austero y lúcido de morfología natural, redescubierto en 1978 por Rafael S. Valery en su indispensable La nomenclatura caraqueña.14

Dicho estudio tiene como base el plano de la ciudad más importante del siglo pasado, el “Plano de Caracas y sus alrededores” hecho por Eduardo Röhl en 1934. Su utilidad, exactitud y acuciosidad derivan de haberse basado en la aerofotografía, pero también de otro hecho fundamental: en la decisión de incluir al litoral como parte del territorio caraqueño. Vila coteja en este plano toda información, desde las alturas de las cimas, pasando por las longitudes de los valles y los ángulos entre ellos, hasta las ubicaciones de los sembradíos en valle, costa y montaña. Este plano es, por ende, el plano base, el plano cero, el mejor documento posible para estudiar la morfología del lugar natural de Caracas.

4. El plano cero de la escritura de la ciudad 

“La forma es costosa”, dijo una vez Paul Valéry. La forma no es algo que deba subestimarse. Es una cara posesión, y su producción un artesanado: se lima, se corta, se pule y se extrae con gran esfuerzo “exactamente como hace un joyero durante largas horas con su materia prima”.

La larga y amorosa labor de años –o mejor, de siglos, si hablamos de la ciudad-, de obtención de la forma urbana es también una tarea preciosista, porque se trata, igual que en la literatura, de la construcción de un estilo. La escritura de la ciudad como una forma d
e arte, resiste el símil con la definición de escritura que hace Roland Barthes en El grado cero de la escritura (1953): “Ecriture” en francés significa “escribir a mano” o “el arte de escribir”, de acuerdo a los sentidos del verbo “écrire” (escribir), que significa estilo, el hecho de componer una obra, o las acciones que le son propias a un escritor.15 De la misma manera, una ciudad se escribe con un estilo urbano cada vez más claro a lo largo de su historia, es una obra que se compone a través del tiempo mediante acciones propias, por muchas manos sucesivas pero que a la vez son la misma.

La forma de la ciudad está compuesta de arquitecturas urbanas y de urbanismos arquitectónicos que arman un vocabulario de morfología acusada y por lo tanto legible. Mas, antes de la aparición de cualquiera de éstas debe existir, “libre de toda atadura a un estado pre-organizado del lenguaje, un término neutral o un elemento cero, una suerte de lenguaje básico, transparente”, que en el caso de la ciudad es el lugar natural. El grado cero de la escritura de la ciudad es su geografía, su topografía, el conjunto de formas de los cauces de los ríos, lagos, colinas, valles, llanuras, costas y montañas que forman la base para todas las otras formas que serán luego escritas por la mano del hombre. Es la forma base anterior y primigenia que “consiste precisamente en la ausencia” de todas las que vendrán.

El lugar natural es la primera variable morfológica que define el carácter de una ciudad. El lugar será, desde antes del inicio del proceso de formación de la ciudad, su primer gesto urbano, su primera decisión formal premonitoria. Es por él que la ciudad allí se asienta. Por él son distintas las ciudades costeras que conocemos, un Rio de Janeiro distinto a una San Sebastián o a una Barcelona; por él se diversifican las ciudades de montaña, de los valles, en los estuarios, de las llanuras, aún antes de que ellas mismas se hayan incluso “forma-do”. Tan grande es la importancia del lugar para la forma urbana, que Víctor Hugo escribó en El pasado (1867): “Hay puntos en el globo, cuencas de valles, cuestas de colinas, confluencias de ríos, que tienen una función. Se combinaron para crear un poblado. De su soledad, emana una atracción. El primer pionero que allí llega, se detiene. Una cabaña a veces basta para depositar la larva de una ciudad. Cartago nace del mar, Jerusalén de la montaña…Veamos esta campiña. ¿Cómo la calificaríamos? De alguna manera: aquí y allá algunos matorrales. Pongamos atención. La crisálida de una ciudad está en estos matorrales. A esta ciudad en germen, el clima la incuba. La llanura es la madre, el río es la nodriza. Es viable, cuaja, crece. Y a cierta hora, es París.”16

Veamos ahora a estos valles, a estas montañas y a esta costa. Pongamos atención. El paisaje natural original caraqueño es de una belleza dramática, poderosa. Surge de la mezcla explosiva entre un cerro perfilado, protagónico e hipnotizante, un valle elevado como un altiplano unido a altas montañas que caen violentamente al mar y una larga y lineal Costa brava –como la llamara Don Juan de Pimentel en 1577-. Este lugar, como la llanura de París, nació para ser una ciudad. No en vano está poblado por indígenas ya desde el año 300 dC, y es de inmediato apetecido por los conquistadores para una fundación desde el momento en que lo avistan al surcar Tierra Firme. Siendo el paisaje fuertemente escénico, la ciudad se sitúa en uno de los mejores puntos para dominar todo el panorama del Valle del río Guayre y controlar todo el territorio: la Sabana de Maracapana (en piedemonte), suavemente elevada entre los ríos Catuche y Caroata, un lugar distinguido por los indios y luego reafirmado por los españoles. Desde allí Caracas podrá extenderse segura hacia el este y hacia el sur y bajar hacia al mar.

Describamos de nuevo la forma original de este lugar previa al proceso de urbanización, para recapitular sobre sus valores perdidos y sobrevivientes. Revisitemos el significado del Valle del río Guayre como una depresión de origen tectónico que alguna vez fue un gran lago, sin olvidar que en Caracas el suelo ha temblado y temblará aún muchas veces, y ello ha signado repetidamente la naturaleza morfológica de su historia urbana. Reaprendamos el rol formal de la depresión tectónica y de sus terrazas inmediatas enmarcadas por las montañas y colinas del Ramal de la Costa y el del Interior, y los valores escénicos de la vertiente Caribe de la Fila Maestra con sus terrenos de marcada pendiente y grandes acantilados, su sucesión de cuencas independientes y sus pequeñas playas. Reafirmemos que la forma natural tan definida de la depresión del río y de la costa determinará la posterior configuración alongada de la ciudad.

El desaparecido Bello Monte y la colina de Petare, topografías desfiguradas o eliminadas por el proceso de urbanización; los valles menores como unidades espaciales unidas a sus ríos; las seis lagunas; el río Guayre y su lecho variable; el trazado original rocoso de sus quebradas tributarias de múltiples pozos y cascadas como anchas zanjas que la ciudad ha ido borrando, y cuyos lechos al igual que el del río habrán de ser reconstruidos, ya que desde hace décadas se hayan embaulados; los bosques de galería y las forestas que de ellos salían; las sabanas continuas que seguían las ondulaciones del terreno y los árboles de gran talla que se destacaban en el paisaje como solitarios hitos naturales.

¿Quién duda que el plano cero de la escritura de la ciudad es un instrumento para su reconstrucción futura? Un Back to the Future del diseño urbano. Con éste como base, la nueva escritura de la ciudad, como quiso Barthes para la literatura, puede liberarse de sus compromisos formales con otras historias que no sean la propia.

5. Un cuarto caso para Norberg-Schulz: Caracas 


Curaduría literaria: Isabella Santander de Castro.

Avila. Francisco Fernández, c. 1940.
I. Avila
“La divina y ruda faz proteiforme del Avila paterno”.
Manuel Díaz Rodríguez. Peregrina.17
“La cordillera costera venezolana está constituida por un macizo altamente viejo y que, por lo tanto, no se formó en la misma época geológica que los Andes merideños. Las montañas que rodean por el norte del Valle de Caracas se presentan con cimas escabrosas de las que parten estribaciones de aristas muy pronunciadas”.
Marco Aurelio Vila. Monografía geográfica del valle de Caracas.


II. La primera sabana (La Pastora)
“Sobre al antiguo Camino de la Mar, al extremo norte de la llamada Sabana del Teque.
Desde allí hasta la Puerta de Caracas, las quebradas de Catuche y Los Padrones,
muy cerca la una de la otra, estrechaban el terreno”.

Rafael S. Valery. La nomenclatura caraqueña.18
“Puede afirmarse que el paso del valle a las montañas de hace en forma brusca
y en ningún momento de manera suave y paulatina”.
Marco Aurelio Vila. Monografía geográfica del valle de Caracas.

 
III. Catuche
“Oh, cómo me interesa, / Catuche silencioso, / tu bosque misterioso”.
José Antonio Maitín. Un Adiós.19
“Los riachuelos que atraviesan la ciudad, o los que fuera de ella corren por el valle, presentan orillas muy altas y escarpadas cuyos surcos profundos son debidos a la rapidez de las aguas, cuando después de fuertes lluvias descienden de la alta cima del Avila y de la Silla”.
Agustín Codazzi. Resumen de la Geografía de Venezuela.

IV. Anauco
“Tú, verde y apacible
ribera del Arauco,
para mí más alegre que los bosques idalios
y las vegas hermosas de la plácida Pafos”.

Andrés Bello. El Anauco.20
“Reciben el nombre de río, el Catuche, Cotiza, Arauco, Gamboa, Tócome y el Caurimare; todos ellos nacidos en la formación montañosa costanera en alturas que pasan muchas veces de los dos mil metros”.
Marco Aurelio Vila. Monografía geográfica del valle de Caracas.

V. Gamboa
“Por los solitarios parajes de Gamboa y Anauco,
a través de las herbosas colinas sobredoradas de sol
o por el cauce enjuto de las ramblas avileñas,
llenas de silenciosa tristeza”.

Rómulo Gallegos. Reinaldo Solar.21
Las sabanas cubiertas de césped raso siguen las ondulaciones de los declives rocallosos, siendo sólo interrumpidas por los zurcos profundos de las “encajonadas quebradas” repletas de profusa vegetación. Son éstos los bosques de galería, brazos de la selva de la montaña que se adentran en el valle.

VI. Los barrancos de Sarría
“Hay unas Barrancas por cuyos cauces hace tiempo que no corre el agua de
los regatos de la montaña, y en cuyos bordes no cuelga ningún florido festón”.
Rómulo Gallegos. Reinaldo Solar.22
“Las lluvias han desmoronado aquellos taludes de greda y arenisco y en algunas partes han labrado caprichosas formas que presentan aspectos de fantásticas ruinas, entre cuyas grietas crecen retamas y ñaragatos” .
Rómulo Gallegos. Reinaldo Solar.

VII. Los palos grandes de Chacao
“…los cafetales remotos incendiados bajo flameantes bucares de púrpura”.Manuel Díaz Rodríguez. Égloga de Verano.23
“Recorriendo el valle hemos podido ver viejos ejemplares forestales en especial en la parte alta del valle y al pie de la cordillera por el lado este de la llanura. En la urbanización Los Palos Grandes existen ejemplares majestuosos de más de dos metros de diámetro”.
Marco Aurelio Vila. Monografía geográfica del valle de Caracas.

VIII. Los chorros y Los Ruices
“…bajo los árboles de un altozano fresco y sombrío, de donde, por los claros del paisaje,
por entre los mangos y bucares dispersos, divisaba el Avila en el fondo”.
Manuel Díaz Rodríguez. Peregrina.24
“Al descender las quebradas y pequeños ríos tanto de la Cordillera de la Costa como de la del interior han ido formando conos de deyección que han contribuido a dar al valle un aspecto quebrado y poco uniforme en su configuración”.
Marco Aurelio Vila. Monografía geográfica del valle de Caracas.

IX. La Urbina y El Marqués
“…arrobadora la belleza de aquellas líneas con que iban muriendo las lomas
en la serenidad del valle”.

Rómulo Gallegos, La Trepadora.25
“Los cafetales, los “tablones” de caña de azúcar y los huertos de naranjos, guayabos y mangos hacia esa parte del valle se prolongan por más de dos leguas”.
Augusto Mijares. El Libertador.


 "Laguna de Boleíta". Manuel Cabré.

 X. Boleíta
“Esta naturaleza vegetal, poderosa, exuberante,
y sin embargo tan apacible, tan dócil, tan serena”.
Alexander von Humboldt. Cosmos.26
“Por el este existe una prolongación de la llanura, prolongación que se va estrechando cada vez más a medida que avanza para tener su fin en el lugar de confluencia del río Guaire con la quebrada de Agua Salada”.
Marco Aurelio Vila. Monografía geográfica del valle de Caracas.

XI. Petare
“Al verdiazul Petare entre sus vegas”.
Luis Barrios Cruz. Caracas: canto al Avila.27
“Un poco más al sur de donde empieza esta angostura del valle, éste termina en pequeñas entradas en medio de montañas que no pasan de los 1.010 metros de altura. Uno de estos puntos terminales tiene su fin en el Pie de la Cuesta y el otro a poco más de cuatrocientos metros al sudeste de Petare”.
Marco Aurelio Vila. Monografía geográfica del valle de Caracas.


"El Guayre". Manuel Cabré. 

XII. Guaire
“La dulzura de la luz sobre las vegas silenciosas;
la paz de los sauces escoltando al río”.

Rómulo Gallegos, La Trepadora.28
“Se forma el río Guaire en Las Adjuntas por la unión de los ríos San Pedro y Macario. Al llegar al valle deja el Guaire su curso desigual para deslizarse suavemente. Desde que penetra el valle es un río de curso tranquilo y así se mantiene hasta salir otra vez más allá de Petare”.
Marco Aurelio Vila. Monografía geográfica del valle de Caracas.


XIII. Baruta
“Más allá, las cordilleras de colinas que se metían,
tierra adentro, azules, con toques de sol,
como un escarceo de otro fantástico mar”.

Rómulo Gallegos. Reinaldo Solar.29
“Fue en Baruta donde se inició el cultivo del trigo en la región de Caracas (…) A la encomienda siguió la misión, y alrededor de ésta se formó el poblado”.
Rafael S. Valery. La nomenclatura caraqueña.



  "Hacienda Las Mercedes". Tomás Golding.

XIV. Las Mercedes
“Abrigo den los valles
a la sediente caña”.
 

Andrés Bello. La Agricultura en la Zona Tórrida.30
“A continuación se presenta la entrada del valle por donde corre la quebrada proveniente de Baruta. Esta entrada es delimitada por su parte oriental por la Fila de Aguerrevere (1.050 metros)”.
Marco Aurelio Vila. Monografía geográfica del valle de Caracas.

XV. Un bello monte
“ Y las colinas que en la parte del sur limitan el valle
y encauzan el río con la sonrisa de su esmeralda casi perenne”.
Manuel Díaz Rodríguez. Peregrina.31
“En medio del valle se yerguen ciertas elevaciones de terrenos constituyendo colinas como son la ocupada por la antigua casa de la Hacienda Ibarra, la del Bello Monte y las dos mayores de cerca de Petare (…) Estas elevaciones no tienen más de 20 ó 30 metros, pero su vista nos hace imaginar en seguida la belleza y el encanto que tendrían al ser islas en medio del lago”.
Marco Aurelio Vila. Monografía geográfica del valle de Caracas.

 
XVI. La sabana grande
“La otra sabana que llaman la Grande,
por el camino que va hacia el pueblo de Petare”.
Regidor Don Pedro Blanco de Ponte.32
“Se puede observar en la totalidad de la llanura, que las terrazas fluviales se repiten simétricamente a lado y lado del Guaire y de las tres que se pueden llegar a contar, una, la más superior, ha sido aprovechada por el hombre para construir la carretera; alejándola así del peligro de las inundaciones”.
Marco Aurelio Vila. Monografía geográfica del valle de Caracas.

XVII. Los caobos
“¡Qué libre de penas y daños
pasa el tiempo y qué lleno de arrobos,
bajo tus verdioscuros castaños
y a la sombra que dan tus caobos!”
Jesús Enrique Losada. Saludo a Caracas.33
“El Bosque Los Caobos, parque bien concebido aprovechando una antigua hacienda de café”.
Marco Aurelio Vila. Monografía geográfica del valle de Caracas.

 
 "La casa de Valle Abajo". Manuel Cabré.
XVIII. Por el valle, abajo
“Los plantíos de caña dulce, a imagen y semejanza de otro río verde y ondulante que,
al occidente, cerca de la ciudad, se dilata por Valle Abajo
en un manso y pequeño mar interior”.
Manuel Díaz Rodríguez. Peregrina.34
“Existe un ramal del valle principal que se alarga en dirección sudoeste con un largo de unos diez kilómetros a partir de su final (...) Esta ramificación recibe como nombre propio común El Valle, y se subdivide, a poco de iniciarse, en un valle de tres kilómetros de largo que termina con el Cementerio General del Sur”.
Marco Aurelio Vila. Monografía geográfica del valle de Caracas.


 "Rio Valle con rio Guayre". Tomás Golding.

XIX. El Valle de la Pascua
“Más que un valle, es un repliegue –una florida cuenca- ”.
Augusto Mijares. El Libertador.35
“El Antiguo Valle de la Pascua que empieza con una anchura de quinientos metros se ensancha después considerablemente hasta llegar a la de dos kilómetros. Se encuentra limitado por poniente por las ramificaciones meridionales de Carangano y por oriente por la Fila Palacios en donde se destaba el Alto de Butaquitos”.
Marco Aurelio Vila. Monografía geográfica del valle de Caracas.

XX. El Rincón del Valle
“No hay peña ni ensenada que en mi mente
no venga a despertar una memoria”
.

Juan Antonio Pérez Bonalde.Vuelta a la patria.36
“Casi siguiendo el propio lecho del río Guaire en la parte de su curso que está más colindante con la ciudad de Caracas, se yergue en forma de arco de elipse una serranía de altura bastante pareja, que culmina en el Pico de Carangano (1.250 metros). En el centro de esta elipse está el sector del El Valle denominado el Rincón del Valle”.
Marco Aurelio Vila. Monografía geográfica del valle de Caracas.

XXI.El Paraíso
“En rotondas, palacios y torres, /en que un arte magnífico medra,
al viajero tus galas descorres, / cual mantón de alamares de piedra”

Jesús Enrique Losada. Saludo a Caracas.37
“Cuando se sale de la parte alta del valle que empieza en Antemano y termina en la planicie que ocupa la urbanización el Paraíso, la llanura toma dos formas características bien diferentes”
Marco Aurelio Vila. Monografía geográfica del valle de Caracas.


XXII. El ancón de la vega
“Caracas era un jardín”.José García de la Concha. Reminiscencias: vida y costumbres de la vieja Caracas.38
“…la serranía del Topo de Itagua (1.140 metros) por su ladera oriental da paso a la Quebrada de La Vega y al pequelo golfo de valle donde, debido en gran parte a la presencia de la fábrica de cementos, se ha desarrollado el centro urbano de La Vega cuyo origen era puramente agrícola”.
Marco Aurelio Vila. Monografía geográfica del valle de Caracas.

XXIII. Antímano
“Tenia Antímano arboledas
dignas de un rey o de un artista”.
Arístides Rojas. Breve noticia sobre Antímano.39
“La porción del valle que empieza en Antímano es algo angosta. Comienza por una garganta que se va ensanchando en forma angular hasta llegar cerca de La Vega; donde las estribaciones montañosas que lo circundan se muestran más o menos paralelas. El río en esta primera parte del valle se encuentra más cerca del lado montañoso oeste que del lado montañoso del este”.
Marco Aurelio Vila. Monografía geográfica del valle de Caracas.

XXIV. Junto al palo grande
“Arboles que se hicieron magníficos,
como la ceiba de San Francisco, el samán de La Trinidad, el matapalo de Palo Grande…
palos que guardaron en sus troncos nombres y fechas, recuerdos que se fueron”.

José García de la Concha. Reminiscencias: vida y costumbres de la vieja Caracas.40
Arboles locales de gran talla como la Ceiba, el Mijao o el Samán suelen destacarse en el paisaje del valle como solitarios hitos naturales, definiendo lugares singulares. Tal es el caso de varios árboles centenarios que son objeto de veneración en la ciudad, como el que estaba “al final de la Calle de San Juan, o del Triunfo, poco antes de llegar a la alcabala de la Vega, y a la derecha del camino; un magnífico ejemplar de matapalo, al que se dio el nombre de Palo Grande, extendiéndose el nombre al barrio”.
Rafael. S. Valery. La nomenclatura caraqueña.

XXV. El Calvario
“En la loma de paz del Calvario”.
Jesús Enrique Losada. Saludo a Caracas.41
“Por el lado oeste las cordilleras del Alto del Guayabal (1.310 metros) descienden lentamente hasta el valle separando la porción de la llanura que se extiende hasta Catia de la que sigue para Antímano”.
Marco Aurelio Vila. Monografía geográfica del valle de Caracas.

 
XXVI. Catia
“…de la bermeja Catia en sus alcores”.Luis Barrios Cruz. Caracas: canto al Avila.42
“La parte más alta del valle es donde está ubicada Catia. Este barrio que se ha formado a lo largo de la vía de enlace entre Caracas y La Guayra no ha podido ensancharse por tener en su parte norte la cordillera y en su parte sur las tierras altamente quebradas por la erosión del río Caroata. Pero donde el suelo ha presentado una superficie más llana ha crecido una nueva urbanización que es la de Nueva Caracas”.
Marco Aurelio Vila. Monografía geográfica del valle de Caracas.

 
XXVII. Costanera oeste
“…las costas ribeteadas de espuma en las rompientes y la blanca cresta de Cabo Blanco,
sembrada a trechos de matojos oscuros, resplandecía bañada de sol”.
Rómulo Gallegos, La Trepadora.43
“La Formación Playa Grande es parte del Grupo Cabo Blanco, el cual comprende, de más antigua a más joven, las siguientes unidades litológicas: la Formación Las Pailas, la Formación Playa Grande, la Formación Mare y á Formación Abisinia. Los sedimentos que comprende el Grupo Cabo Blanco, del que es parte la Formación Playa Grande, fueron descritos por primera vez por Humboldt en 1801”.
F. De Rivero. Léxico Estratigráfico de Venezuela.


 XVIII. La Guayra
“La calle guayreña se dirige suavemente de la montaña al mar,
siguiendo las curvas de nivel;
la composición no es rebuscada, sino espontánea”.

Carlos Raúl Villanueva. Caracas en Tres Tiempos.44
“Cocoteros, techos rojos y la histórica torre de la Iglesia del Carmen en estrecha comunión evocan el hermoso espectáculo colonial del primer puerto de la república”.
Gobernador Diego de Osorio.

XXIX. Macuto
“Cocales, estancias sombrías, apacibles rinconadas al pie del monte, uveros,
y, tras una vuelta, Macuto”.

Rómulo Gallegos, La Trepadora.45
“Balneario de una apacibilidad casi paradisíaca. Su calle principal era de tierra y a sus lados habían sido sembrados para darle sombra y frescura cocoteros y almendrones. De tarde todos concurrían al paseo de playa”
Guillermo José Schael. La ciudad que no vuelve.

XXX. Costanera este
“Contempla el paisaje. Cerros, cerros, cerros.
Y detrás de ellos: Azul, más azul,
con el brochazo blanco de alguna nube perdida”.
 

José Fabianni Ruiz. Guaritoto.46
Caracterizan al litoral la peculiar brevedad ondulante a la costa, su fortaleza de montaña entrando al mar, su doble circunstancia de ruda playa oceánica batiente y malecón natural donde se contempla la inmensidad de la cordillera y el mar.



                                                      Caracas: Genius loci (f. Plano de Caracas, E. Rohl, 1934).





NOTAS:
1. Leszek Zawisza. Arquitectura y Obras Públicas en Venezuela, siglo XIX, Ediciones de la Presidencia de la República, tomo III, Caracas, 1988, p.190.
2. Pedro Emilio Coll. "La conspiración del Fauno", en: Guillermo José Schael. Caracas, la ciudad que no vuelve, Gráficas Edición de Arte de Ernesto Armitano, Caracas, 1968, pp. 155-156.
3. Robert Graves. Greek Myths, "Pan's Nature and Deeds", Doubleday & Co. Inc. New York, 1981, p. 39.
4. Chirstian Norberg-Schulz. "Genius loci: paesaggio, ambiente, architettura", Saggi, Gruppo editoriale Electa Editrice S.p. A., Milano, 1979.
5. Alfonso De Franciscis. Guía con reconstrucciones. Pompeya-Herculano y la Villa Jovis en Capri: como fueron y como son, Edicion Visión, Roma.
6. C. Norberg-Schulz. Op. Cit., 1979.
7. C. Norberg-Schulz. Op. Cit., 1979.
8. Le Corbusier. Vers une architecture, 1923, en: C. Norberg-Schulz, Op. Cit., 1979.
9. Rainer María Rilke. Elegías de Duino, IX Elegía, en: C. Norberg-Schulz. Op. Cit., 1979.
10. Mariano Picón Salas. Comprensión de Venezuela (1948), en: "Caracas (1957)", Monte Avila Editores, Caracas, 1976. p. 221-238.
11. Danielle Chadych  & Dominique Leborgne. Atlas de Paris: evolution d´un paisage urbain, Editions Parigramme, Paris, 1999.
12. Guillermo José Schael. Caracas, la ciudad que no vuelve, Gráficas Edición de Arte de Ernesto Armitano, Caracas, 1968, p. 14.
13. Marco-Aurelio Vila. Monografía Geográfica del Valle de Caracas, publicaciones del Grupo de Caracas de la Sociedad Interamericana de Antropología y Geografía, Tomo I, N. 4, Caracas, julio de 1947.
14. Rafael S. Valery. La nomenclatura caraqueña, Ernesto Armitano editor, Caracas, 1978.
15. Roland Barthes. El grado cero de la escritura, 1953.
16. Víctor Hugo. El pasado, 1897.
17. Manuel Díaz Rodríguez. Peregrina, Ediciones Edime, Caracas, 1968, p. 390.
18. R. Valery. Op. Cit., 1978, p. 244
19. José Antonio Martín. "Un Adiós", en: Luis Pastori. Caracas y la poesía, Concejo Municipal del Distrito Federal, Litografía Tecnocolor S.A., Caracas, 1979.
20. Andrés Bello. "El Anauco", en: L. Pastori. Op. Cit., 1979.
21. Rómulo Gallegos. Reinaldo Solar, Jornada II, p. 170
22. R. Gallegos. Reinaldo Solar, Epílogo II, p. 144.
23. M. Díaz Rodríguez. Égloga de Verano, Ediciones Edime, Caracas, 1968, p. 610
24. M. Díaz Rodríguez. Peregrina, Ediciones Edime, Caracas, 1968, p. 390.
25. R. Gallegos. La Trepadora, Tercera parte, capítulo IV, p. 330.
26. Citado por: Gabriel Giraldo Jaramillo En: “Humboldt y el Descubrimiento Estético de América”. Revista El farol. No 181. Abril, 1959.
27. Luis Barrios Cruz. Caracas: canto al Avila. En: Pastori, Luis. Caracas y la poesía. Concejo Municipal del Distrito Federal. Litografía Tecnocolor S.A. Caracas, 1979.
28. R. Gallegos. La Trepadora, Tercera parte, capítulo IV. p. 330.
29. R. Gallegos. Reinaldo Solar, p. 58.
30. A. Bello. "La Agricultura en la Zona Tórrida", en: Pedro Grases, Andrés Bello y Caracas, Concejo Municipal del Distrito Federal, Caracas, 1965.
31. M. Díaz Rodríguez. Peregrina, Ediciones Edime, Caracas, 1968, p. 364.
32. Regidor Don Pedro Blanco de Ponte. 1747, en: Rafael S. Valery. La Nomenclatura caraqueña, Ernesto Armitano editor, Caracas, 1978.
33. Jesús Enrique Losada. Saludo a Caracas. En: Pastori, Luis. Caracas y la poesía. Concejo Municipal del Distrito Federal, Litografía Tecnocolor S.A., Caracas, 1979.
34. Manuel Díaz Rodríguez. Peregrina, Caracas, Ediciones Edime, 1968, p. 364.
35. Augusto Mijares. El Libertador.
36. Juan Antonio Pérez Bonalde. "Vuelta a la patria", en: Luis Pastori, Caracas y la poesía, Concejo Municipal del Distrito Federal, Litografía Tecnocolor S.A., Caracas, 1979.
37. Jesús Enrique Losada. Saludo a Caracas", en: Luis Pastori, Caracas y la poesía. Concejo Municipal del Distrito Federal, Litografía Tecnocolor S.A., Caracas, 1979.
38. José García de la Concha. Reminiscencias: vida y costumbres de la vieja Caracas, "Aguas, lluvias y jardines", Ernesto Armitano, Editor, Op. Cit., p. 235.
39. Arístides Rojas. "Breve noticia sobre Antímano", Crónica de Caracas, N. 34, en: El Nacional, 28 de noviembre de 1957.
40. J. García de la Concha. Reminiscencias: vida y costumbres de la vieja Caracas, "Aguas, lluvias y jardines", Op. Cit., p. 236.
41. Jesús Enrique Losada. "Saludo a Caracas", en: Luis Pastori, Caracas y la poesía, Concejo Municipal del Distrito Federal, Litografía Tecnocolor S.A., Caracas, 1979.
42. Luis Barrios Cruz. "Caracas: canto al Avila", en: Luis Pastori, Caracas y la poesía, Concejo Municipal del Distrito Federal, Litografía Tecnocolor S.A., Caracas, 1979.
43. R. Gallegos. La Trepadora, Tercera parte, Capítulo VIII, p. 355.
44. Carlos Raúl Villanueva. Caracas en Tres Tiempos, Ediciones Comisión de Asunto Culturales del Cuatricentenario de Caracas, 1966, p. 64.
45. R. Gallegos. La Trepadora, Tercera parte, Capítulo VIII, p. 355.
46. José Fabianni Ruiz. "Guaritoto", en: Agua Salada, p. 32.



 

Publicado en: Catálogo de la exposición "Caracas; el genio del lugar",  conmemoración de los 440 años de la ciudad de Santiago de León de Caracas, Fundación BBVA Banco Provincial / Catálogo general XVI Edición Feria Interamericana de arte, fia 2007. Caracas, junio-julio 2007.