lunes, 1 de noviembre de 2010

Primera fila

"Los Caobos. Caracas - Venezuela." Postal (Archivo Fundación de la Memoria Urbana)


“…me encantan las copas de los árboles

que como cabezas curiosas se asoman por las tapias…”

Teresa de la Parra. Ifigenia. Capítulo II.


I. Memorias urbanas de Quebrada Honda

Con el paso del tiempo, al ir tomando la ciudad el carácter que le confiere la superposición de las capas históricas en su fábrica urbana, la importancia de entender un lugar y continuarlo empieza a crecer en quienes actúan en ella. No tenemos una capital milenaria, es cierto, pero nadie puede negar que los años van dejando en Caracas –como en todas las ciudades del mundo- una huella indeleble.

La presencia de la compacta sede de la FESNOJIV entre la Calle Real de Quebrada Honda y el Parque Los Caobos es una ocasión ideal para reencontrar las oportunidades perdidas, los momentos urbanos notables borrados u olvidados y, sobre todo, para enmendar los errores cometidos en el lugar y relanzarlo hacia su rediseño y reconstrucción futuras. Estamos literalmente al borde de nuestras butacas para asistir al impacto a punto de desencadenarse con esta nueva obra y sus posibles ampliaciones. Hacer un recuento de las memorias urbanas de Quebrada Honda es así imprescindible.

Lo primero que hay que entender es la dicotomía del territorio. Un territorio a caballo entre dos sitios contiguos de la unión de cuyas peculiaridades surge el genio del lugar. Por una parte, al sur, una amplia ribera donde desde tiempos de la colonia había noticias de una hacienda de café. El enclave -anterior a la ciudad- de un bosque natural.1 Un dato abrumador: porque quiere decir que la principal memoria en la zona es tener cinco siglos bajo la sombra alta y frondosa de una gran foresta: la única que queda de su tipo en el valle. Bajo esta selva ribereña subyace además la naturaleza profunda, la honda hoya de la quebrada encajonada, que junto a las quebradas de Canoa y de Maripérez, perfilan la topografía y la hidrografía del bosque hasta su natural desaguadero en el río Guaire.

Por otra parte, al norte, un largo balcón urbano de suave curvatura se asoma sobre el bosque, el cual se convierte en su escena y espectáculo. Esta cornisa alongada tiene casi cinco siglos construyéndose. Una ciudad lineal que se ha ido fabricando poco a poco para acompañar la carretera hacia el este, la cual se llamó sucesivamente “Camino a Petare”, “Camino de Oriente”, “Carretera Oriental”, “Camino de Sabana Grande”… Y, como toda ciudad lineal, tiene una calle principal, esquinas, edificios, ensanches, espacios públicos, fachadas campestres y fachadas urbanas.


II. De caobos altos y cauces profundos

Todo llama a la verticalidad en este lugar. En ninguna otra parte del valle la mirada recorre tan radicales ángulos visuales. De perderse arriba entre las alturas catedralicias de las copas de los árboles baja a hundirse en las simas del suelo por entre las que corre el agua de la montaña. Uno de los “más hermosos y agrestes” parajes de las inmediaciones de Caracas.2

De una sombra a la otra, una alfombra de oscuros cafetos tapizaba el terreno de la antigua hacienda cafetalera ocultando sus accidentes superficiales hasta llegar a la orilla del río. Era el sembradío de “La Industria”. La garganta de Quebrada Honda, de tan profunda, se había convertido en una barrera natural, en un “duro obstáculo” para el crecimiento de la ciudad hacia el este (hoy sigue siendo el límite, vestigio del derecho urbano colonial, entre las históricas parroquias de Candelaria y El Recreo). De su cauce en adelante lo que había era la umbría foresta y una historia de puentes sucesivos que le franqueaban el paso a la carretera y al tren.

Hacia 1857 la propiedad fue adquirida por don Juan Antonio Mosquera, “hidalgo apasionado de los árboles”, y también de la música. Mosquera, “con visión profética acerca del crecimiento al que estaba destinada la pequeña villa de su tiempo, sembró este bosque de caobos de Santo Domingo.”3 Caobos de las Antillas, según Pittier, Swietenia mahogani, llamados en Venezuela caobos ‘de Santo Domingo’.”4 La plantación que dispuso entre la selva natural preexistente fue “simétrica y perfectamente orientada de occidente a oriente.”5 A mediados del siglo diecinueve encontramos así a un aficionado – e ilustrado- paisajista caraqueño que sembraba en tresbolillo su cafetal y su jardín personal... Como en Versalles.5

En 1887 se escribe por primera vez en los planos de la ciudad el nombre de “Quebrada Honda”, reconocida como “profunda y tupida de árboles.”6 Este nombre irá a extenderse entre quebrada y quebrada a todo el sector y al barrio, para llegar así hasta nuestros días. Los otros dos afluentes de las cercanías no logran competir con los atributos pantagruélicos de esta garganta ascendida a nomenclatura, pariente de los profundos barrancos de Sarría. Lógico es que la primera esquina de la ciudad lineal fuera bautizada en 1889 como “Esquina de Hoyo; cerca de allí habrá también un rincón que pasará a la posteridad como “Bajo seco”.

Para fines de siglo se construye en medio del bosque una cruz de calzadas, sutilmente inclinada, que sale entre ondulantes jardines del Camino Real –a la altura de la actual Esquina de Santa Rosa- para llegar al río. Son los primeros paseos domésticos del futuro parque. Mas no será sino hasta la primera década del siglo veinte que un verdadero diseño urbano se impondrá sobre toda Quebrada Honda: en el año de 1911, dibujándose sobre el sombreado territorio con aires de utopía, campea un reticular urbanismo surcado de diagonales. La diagonal originaria es la que traza más al oeste el río Arauco en el plano; las demás replican su ángulo o son sus desdoblamientos. El corazón de este diseño es una circular “Plaza Mohedano” (hoy Plaza Morelos).7 A esta nueva plaza la atraviesa una calle que viene desde el Centro Histórico a la altura de la vieja Plaza de la Ley, que irá a convertirse en el eje de lo que ahora se llama por vez primera “Los Caobos”. Es así como nace una de las perspectivas más memorables y amadas de Caracas…

La arboleda de caobos sembrada en el siglo XIX ya para 1920 estaba verdaderamente alta. Entonces la hacienda se convierte en parque. Una de las allées de árboles es ahora avenida central del parque. La adornan neoclásicos copones mampostería sobre pedestales, antecesores de los que flaquearán en los años cincuenta el Paseo de los Precursores. En 1927 se le da el nombre de “Parque Sucre”, pero será de corta vida, porque el nombre que los caraqueños harán perdurar es el de “Los Caobos”. Al norte se divisa una pequeña acequia bordeando sinuosamente la cornisa de estrechas casas Art Nouveau que cada día crece más…

El tráfico vehicular aumenta. Hasta entonces, “el paseo de Los Caobos solo contaba con un rústico sendero por el cual se aventuraban los automovilistas que se dirigían a Sabana Grande evitando el rodeo por Venus y Quebrada Honda…”8 En 1929 se construye un primer “Puente Bolívar” sobre el lecho de la Quebrada Honda. Tres años más tarde la avenida central se vuelve vía vehicular “a Sabana Grande”. Tiene dos puentes que lo permiten: uno adicional sobre la Quebrada Honda y otro al este sobre la Quebrada de Maripérez.

La década siguiente será arquitectónicamente crucial. Todos los arquitectos que van a trabajar en el parque a partir de los años treinta de alguna manera sueñan Los Caobos. Sus intervenciones dispersas arrojan intenciones que hoy (2010) deberían ser reevaluadas. Carlos Raúl Villanueva, por ejemplo, en 1936 diseña sus dos museos agrupados en torno a una nueva plaza que hará de puerta principal del parque, la “Plaza de los Museos”. Los edificios estaban rodeados de sendos jardines que culminaban donde comenzaba la arboleda. Ambos nacieron con fachadas dobles: una a la plaza, una a Los Caobos, con puerta y escalinatas que abrían al parque…cosas que las ampliaciones y transformaciones de hoy han tapiado. Pero la aspiración está ahí.

Entretanto, mientras que la avenida central al año próximo es bautizada por el Concejo Municipal como “Avenida Mosquera”, en justo reconocimiento a su primer paisajista, en el extremo oeste, los espacios verdes del parque y la fábrica urbana de su par del norte, la cornisa de Quebrada Honda, culminan juntos en el “Paseo Colón” (1934), donde recién se ha reinsertado el “Monumento a Colón en el Golfo triste”. Ninguna calle hay aún al sur del bosque, el cual alcanzaba el río. Para 1940, además, Los Caobos conservaban completa su larga diagonal suroeste, diseñada como reflejo especular del trazado del río Anauco a partir del eje de la Avenida Mohedano. El parque tenía así otra “puerta” occidental, la de la redoma en Puente Mohedano, como el madrileño Parque El Retiro. En 1941, una “autopista” (que primero se llamará “Avenida Colón” y luego “Avenida Principal de Los Caobos”) hará que se pierda esta segunda puerta y se corte la relación con el río.

En 1951, un nuevo puente de esbelta ingeniería desconectará el Paseo Colón del resto del parque. Ya no será más un paseo, sino una “plaza” aislada, un islote. Con los años cincuenta vendrá también la desaparición de la Plaza Morelos a merced de las vías y la instalación en Los Caobos de algunas mejoras, como “fuentes y figuras escultóricas, elementos para la recreación infantil y bibliotecas escolares en pabellones especiales"; la vocación de parque de esculturas viene desde entonces.9 Seguidamente, en 1958, el Gobernador del Distrito Federal nombra la Comisión de Areas Recreacionales, y surge el Plan General de Parques del Area Metropolitana. Eso permite al arquitecto José Miguel Galia formular la remodelación del Parque Los Caobos, donde “propone extensas áreas peatonales pavimentadas para reuniones cívicas, conservando la estructura espacial anterior definida por las avenidas vehiculares y la alineación de los árboles.”10 Su concepto “surge del antiguo trazado que genera espacios en tres direcciones y conduce a un módulo de base triangular”, con ángulos extraños que provienen del orgánico plan de inspiración hidrológica de los años 10. El proyecto de Galia se construye en 1968, y es el que hoy persiste, parcialmente desfigurado. Los sesenta serán también la década de la mudanza de la Fuente Venezuela a la Avenida Mosquera, y de la re-plantación de “caobos jóvenes para sustituir algunos ya viejos o destruidos por la tiña y otras plagas”, en un primer intento por preservar la memoria vegetal.11

Para 1973, Villanueva reinventa junto con Oscar Carmona su arquitectura en el parque con la ampliación del Museo de Bellas Artes. Esta vez su edificio irrumpirá dentro de las copas de los árboles alto como una presencia escultórica para ver y para ser vista… algo que en 1979 será un tema menos importante en la nueva sede del Ateneo de Caracas de Gustavo Legórburu, construida un centenar de metros más allá. Ese mismo año, un nuevo balcón se abre al suroeste con la inauguración del Complejo Cultural Teresa Carreño, obra de los arquitectos Tomás Lugo, Jesús Sandoval y Dietrich Kunckel, con un monumental foyer abierto al bosque. Desde entonces, nada unifica todas las operaciones arquitectónicas existentes y por venir en el Parque Los Caobos… como no sea una inestable reja de reciente factura y total desubicación formal.


III. De líneas que se esfuman y cornisas que se reafirman

Varias fuerzas modelan la forma urbana del barrio de Quebrada Honda. Primero, el “Camino Real” (“Real en el sentido de principal”) que partía de la Esquina de la Torre y pasaba por el peaje del río Arauco; luego, la finca La Industria, que configuró desde mediados del siglo diecinueve la base del antiguo barrio de Maripérez, y finalmente, la construcción a los pies del Avila de la Casa del Real Amparo (1790), que propició el desarrollo de la barriada de Sarría.12

El Camino Real avanza raudo y rectilíneo hasta dar con el obstáculo de Quebrada Honda.13 Ello, unido a la aparición de la vía férrea en 1885, hace surgir el famoso triángulo de la “Esquina de Venus”. En la legendaria venusina intersección, los caminos se bifurcan: al norte para el Ferrocarril Central (cuyo curso era Sabana Grande-Chacao- Los Dos Caminos- Petare), con su línea de la que hoy solo la “Esquina de la Línea” guarda el recuerdo (“al lado de la vía férrea existía, a trechos, la Calle de la Línea, transformada en los años setenta en la Avenida Libertador”), y al sur para seguir carretera hasta Petare.14

Gradualmente, el barrio se consolida. En 1887 se construye la hermosa Estación del Ferrocarril Central, con sus cinco columnas toscanas y su gran terraza sur (que luego será cubierta). Su simétrica arquitectura es perpendicular a una calle que baja desde el Lazareto por Sarría (primero llamada “Calle N. 19” y luego “Calle Santa Rosa”), mientras que un gran espacio público de forma semicircular va formándose al sur. La Esquina de Hoyo (primera al este en la trama) ya presenta sus cuatro ángulos bien configurados a fines de siglo, con una calle que baja directo hasta el parque.

El tranvía, al aparecer en 1889, agrega su infraestructura a las redes del lugar. Viniendo también de Catedral, luego de pasar en la Esquina de la Cervecería por el edificio de los Tranvías Eléctricos de Caracas, llega a Venus y salva por un nuevo puente la quebrada hasta alcanzar la estación, para ir de ahí hasta la población de Sabana Grande (en 1906). En Venus, el Camino Real – que durante su paso por el barrio adquiere el nombre de “Calle Real de Quebrada Honda”- se desvía siguiendo el cauce de la quebrada, para luego re-enderezarse. Este año aparecen también en el plano de Caracas la “Esquina de Santa Rosa” y un puente para la vía férrea sobre la Quebrada de Maripérez. En dicha esquina, en 1906, se erige la Iglesia de Santa Rosa de Lima, la cual por lo tanto, acaba de cumplir un siglo de existencia.

El urbanismo reticular con diagonales que afecta el diseño urbano del parque desde 1911, impone su trama también sobre el barrio, reticulándolo en manzanas largas en sentido este-oeste y creando una diagonal que une la Calle N. 23 con el Puente Canoa.

En 1927 un nuevo espacio urbano va a diseñarse justo frente a la Iglesia de Santa Rosa, lateral a la plaza de la estación: una “plaza real” con todo y sus diagonales. Dos años más tarde, se bautiza como “Plaza América” (después también se le conoce como “Plaza Santa Rosa”). Las manzanas del barrio se alinean al norte con la suave curva de la Calle Real y se aserran en orlas en su parte sur debido a la presencia de la acequia y a su lotificación en pequeñas parcelas. En 1932, la esquina siguiente a la de Santa Rosa se nombra “Esquina del Carmen”. Poco dura la Plaza América como espacio público. Nueve años después de inaugurarse, se le planta en medio un edificio moderno de planta cruciforme que la anulará: es el “Jardín de Infancia Isabel La Católica” (1936), atribuido al arquitecto Carlos Raúl Villanueva, el cual formará en el futuro parte del complejo de la FESNOJIV.15

Tras un concurso nacional de arquitectura en el que resulta ganador el arquitecto Luis Eduardo Chataing, en 1939 se inicia la construcción del edificio del Colegio de Ingenieros de Venezuela entre la Calle Real y el Parque Los Caobos. Este surge prácticamente dentro del parque. De su arquitectura –hoy brutalmente desfigurada, se conserva “parte de la fachada sur, que era originalmente la principal, con la escultura y relieves de Francisco Narváez.”16 He aquí el principal legado de Chataing: haber imaginado una tribuna abierta al parque… Un aporte sustancial.

Hacia 1956 una de las diagonales de la antigua Plaza Morelos es usada como una conexión vial al nuevo trazado de la Avenida Libertador, y entreambas “cercan” por el norte y el oeste el barrio, separándolo de Sarría.

A partir de 1963, con la construcción en la Avenida Principal de Maripérez, frente al Paseo Colón, de la Gran Sinagoga Tiferet Israel, el sector comienza a convertirse en un gran “distrito multireligioso”. Salvo el deterioro creciente tanto del parque como del barrio y algunos cambios en la nomenclatura reciente (como la Esquina de Hoyo, que en 1967 pasará a llamarse “Esquina de la Bombilla” y la Calle Real de Quebrada Honda, que para 1982, a raíz de la construcción de la Estación Colegio de Ingenieros, se renombra “Bulevar Amador Bendayán”), el principal acontecimiento urbano reciente será dicha proliferación puntual de templos de los más diversos cultos. Así, en 1993 se inaugura la Mezquita Sheich Ibrahim Bin Abdulaziz al Ibrahim (1993) con su minarete de 117 metros de alto, y enfrente en 2002 la Iglesia Católica Maronita San Charbel (Orden Libanesa Maronita).17 En un kilómetro cuadrado, “una sinagoga Skenazim (San Bernardino), otra Sefardita, la Gran Mezquita de Caracas, la Iglesia Luterana de Caracas y una Iglesia Católica Romana (Santa Rosa de Lima), celebran una conjunción religiosa que no existe ni en Jerusalem.”18

Finalmente, a fines de 2007, Tomás Lugo, en la arquitectura de la sede de la FESNOJIV enfrenta un reto semejante al de los setenta, y reinventa su arquitectura en el parque, modelando ambas fachadas de su edificio, la del campo y la de la ciudad, a fin de que penetren al interior y se den la mano dentro de su caja de música. Como en un aplauso… La diferencia con todas las anteriores intervenciones a través del tiempo, con la de Mosquera primero, y luego con las de Villanueva, Chataing, Galia, Legórburu, Carmona, Sandoval, Kunckel y del mismo Lugo, es que mientras aquéllas dejaron en Quebrada Honda un legado inconexo de buenos oficios y esperanzas truncadas tanto para el parque como para su balcón urbano, hoy esta nueva arquitectura se inserta en una ciudad mucho más consciente de la importancia del rescate y salvaguarda de la memoria urbana, lo cual genera una expectativa inédita con respecto al futuro del lugar.19

La experiencia nos ha demostrado que un lugar puede reconvertirse, renovarse y hasta volver completamente a la vida cuando en él se hace la inversión adecuada. La aparición en escena de este edificio en el contexto urbano de Quebrada Honda es desde ya su esperanza más concreta. Con la potencia de su operación arquitectónica y la importancia del proyecto cultural que alberga, puede impulsarse el reordenamiento de todo el sector. ¿Quién puede evitar que Caracas empiece a soñar con un Plan Maestro que ordene definitivamente el borde del parque como la tribuna abierta y continua donde todos podamos disfrutar del espectáculo… en primera fila?

Caracas, septiembre de 2007.


Fragmento del Plano de Caracas Monumental (1939) (Archivo Fundación de la Memoria Urbana)


NOTAS

1. Preinventario arquitectónico, urbano y ambiental moderno de Caracas. Fundación de la Memoria Urbana / Instituto del Patrimonio Cultural-CONAC. Caracas, 2006.

2. Plazas y Parques de Caracas. Caracas, c. 1957. S/p.

3. Plazas y Parques de Caracas. Op. Cit.

4. Valery S., Rafael (1979). La Nomenclatura Caraqueña. Caracas: Petróleos de Venezuela. Ernesto Armitano, editor.

5. Plazas y Parques de Caracas. Op. Cit.

5. Tresbolillo: “dícese de las plantas colocadas en filas paralelas cruzadas en diagonal: plantar árboles en tresbolillo”. En: De Toro y Gisbert, Miguel. Pequeño Larousse Ilustrado. Editorial Larousse. 17, rue de Montparnasse. París, 1970.

6. Valery S., R. Op. Cit.

7. Valery S., R. Op. Cit. P. 316.

8. Schael, Guillermo José. Caracas, la ciudad que no vuelve. Gráficas edición de Arte de Ernesto Armitano. Caracas, 1968.

9. Plazas y Parques de Caracas. Op. Cit.

10. Goldberg, Mariano. Guía de edificaciones contemporáneas en Venezuela. Caracas, Parte 1. Facultad de Arquitectura y Urbanismo. Caracas, 1982.

11. Schael, G.J. 1971. Op. Cit. Pp. 37-38.

12. Valery S., R. Op. Cit. P. 388,

13. Valery S., R. Op. Cit. P. 114.

14. Valery S. , R. Op. Cit. P.198.

15. Villanueva, P. & Pintó, Maciá. Carlos Raúl Villanueva. Tanais Ediciones. ‘Obras y proyectos’. Sevilla, 2000.

16. Preinventario arquitectónico, urbano y ambiental moderno de Caracas. Op. Cit.

17. Echsling, Hanns Dieter. Santiago de León de Caracas: una guía práctica histórica-cultural para caraqueños y visitantes. Grafía Kito-Cervantes C.A. Caracas, 2003.

18. “Como la mejor muestra de la tolerancia y de la apertura de nuestra sociedad”. Luis Vidal (padre de Mitchele Vidal, una de las autoras de este libro).

19. De Sola-Ricardo, Irma de. Contribución al estudio de los planos de Caracas. Ediciones del Cuatricentenario de Caracas. Caracas, 1967.


Publicado en: Vidal, Mitchele y Petricelli, Marco. Arquitectura Musical. Caracas, 2010.

lunes, 25 de octubre de 2010

Olmsted en Blandín

Frederick Law Olmsted, Jr. 1870-1957. Carnegie Library of Pittsburgh.


De todas las urbanizaciones de Caracas, de Venezuela, e incluso de América Latina, el Caracas Country Club (*) atesora una de las más extraordinarias historias, una historia que aún es poco conocida. Esta urbanización es un proyecto “clasificado” de la firma de arquitectura paisajista Olmsted Brothers, de Boston, Massachusetts, continuadora de la obra de Frederick Law Olmsted, Sr., padre de la arquitectura del paisaje y defensor de la belleza natural de América.

Esta circunstancia, de por sí, lo convierte en una bella rareza urbana: un tesoro de la historia del urbanismo y del paisajismo que a la vez es el más logrado homenaje al paisaje natural del Valle de Caracas, el cual afortunadamente aún allí se conserva, prácticamente intacto.

Los más conocedores pueden hacerse la pregunta: pero, ¿no eran diseño de Olmsted Brothers sólo los campos de golf? Y ése es el más fantástico de los malentendidos. Adentrándose en la historia del proyecto, hoy comprendemos bien que la transformación de las antiguas haciendas de Blandín, Lecuna, El Samán y La Granja en la década de los veinte fue un trabajo –el No. 7947- de la oficina de arquitectura paisajista más importante de la época, la cual convirtió el encargo simple de un club de golf residencial en un sensible proyecto de diseño urbano y paisajistístico que sin duda puede contarse entre los urbanismos americanos más importantes del siglo XX. Pero para entender la dimensión de la historia urbana del Caracas Country Club, es indispensable volver sobre la vida de quienes lo diseñaron.

Frederick Law Olmsted, Sr. (1822-1903) es el nombre más conocido en arquitectura paisajista y planeamiento de los Estados Unidos de América. Olmsted prácticamente inventó ambas profesiones, empezando con su diseño del Central Park de Nueva York en los 1850s, su obra más conocida. Habiendo sido encargado de planificar el Sistema de Parques de Boston, Olmsted convirtió su casa en Brookline, en las afueras de la ciudad, en su oficina y en una escuela de diseño del paisaje. Desde 1883 hasta la mitad del siglo XX, del Olmsted Grove familiar salieron parques urbanos y estatales, campus escolares y universitarios, terrenos institucionales, zoológicos, arboretums, propiedades privadas y comunidades suburbanas paisajísticas, como el Caracas Country Club. La trascendencia que fue adquiriendo su obra le llevó a formar especialmente a su hijo Frederick Law Olmsted, Jr. (1870-1957) y a su sobrino adoptado, John Charles Olmsted (1852-1920), para que continuaran su lucha dentro del mismo espíritu de preservación del paisaje americano en su más genuina belleza.

A la muerte de su padre, Frederick Law y John Charles se convirtieron en socios principales de la firma, cambiándole el nombre por el de Olmsted Brothers. Entre 1895 y 1920, ésta se expandió rápidamente. Aunque el brillante John Charles, encargándose de los negocios, hizo que los proyectos de la oficina se multiplicaran por toda la nación, es Frederick Law quien se convertiría en el verdadero sucesor de su padre. Hoy se le tiene como el más grande de los hombres de parques del mundo en el siglo pasado, y como el más influyente arquitecto paisajista de su país, impulsor de leyes, planes y programas para los parques locales, estatales y nacionales. Es crucial conocer la dimensión del personaje Frederick Law Olmsted, Jr. para entender mejor la dimensión cultural del proyecto que haría para Caracas.

De haber creado en 1900 el primer programa de entrenamiento formal en arquitectura paisajista en la Universidad de Harvard (Harvard School of Landscape Architecture), Olmsted, Jr. trabajó como aprendiz a las órdenes nada menos que del arquitecto Daniel H. Burnham en el proyecto de la “Ciudad Blanca” en la Exposición Mundial Colombina de 1893 en Chicago. Participante del City Beautiful Movement, de allí saltó a figurar entre los grandes planificadores, siendo en 1901 nombrado por el Presidente Roosevelt como Miembro de la Comisión del Senado para Mejoras en Parques, a fin de desarrollar los planes de L’Enfant para Washington, junto a personalidades como el mismo Burnham y el gran Charles F. McKim. Esto inauguró para Olmsted, Jr. su devoción vitalicia por el servicio público en las áreas del paisajismo y la planificación. Para mencionar sólo algunos de sus trabajos, laboró en los terrenos de la Casa Blanca, en el Federal Triangle, el Jefferson Memorial, Roosevelt Island y en los terrenos de la Catedral Nacional.

Olmsted, Jr. mantuvo siempre, como su padre, un compromiso con la conservación. Le preocupaba sobre todo “proteger la belleza, la dignidad y la nobleza de los paisajes de los parques nacionales, y prevenir el excesivo mercantilismo en ellos”. En 1916 contribuyó a darle forma a la legislación que creó el Servicio Nacional de Parques. Una frase suya, que definió el espíritu de la Ley, dice ya mucho de lo que luego haría en el Caracas Country Club: “Conservar los escenarios y los objetos naturales e históricos y la vida silvestre existente para proveer su aprovechamiento de tal manera que puedan permanecer intactas para el disfrute de las generaciones futuras…”

Pero su vida como paisajista se imbricaba cada vez más en la del planificador. Es cuando formula el concepto de la “planificación global”, suerte de mezcla afortunada de la saga paisajista y preservacionista de los Olmsted, con el ornamentalismo cívico del City Beautiful Movement, unida a la necesidad de dar soluciones al crecimiento de la ciudad moderna americana. Entre 1905 y 1915 aplicó los principios de la planificación global a suburbios, “creando planes maestros para Roland Park, un suburbio de Baltimore; para Forest Hills Gardens, una comunidad jardín modelo en las afueras de Nueva York; y para la ciudad industrial de Torrance, California.”1 Todos estos planes suburbanos –especialmente Forrest Hills y la urbanización Riverside, en Nueva Jersey-, ya anunciaban en sus ideas lo que sería el “Job No. 7947”.

Para 1920, cuando muere John Charles, Olmsted Brothers era la más grande oficina de arquitectura paisajista del mundo entero. En 1921 asesoró el plan regional para el área de Nueva York, e hizo el gran Parque urbano de Fort Tryon, al norte de Manhattan sobre el río Hudson. Cuando Olmsted Brothers acepta la comisión del Sindicato Blandín a fines de los 1920s, estaba diseñando en paralelo las que se consideran “las dos comunidades suburbanas más notables de los años veinte en los Estados Unidos: Palos Verdes Estates en California y el Mountain Lake Club en Lake Wales, Florida”.

Mucho nos queda por decir de la notable historia urbana del Caracas Country Club. Pero por lo pronto, es revelador releer entrelíneas la base de la filosofía que le daría vida al proyecto. Olmsted, Jr. resumía su pensamiento sobre arquitectura paisajista en los siguientes términos: “Trabajando con paisajes reales existentes, me guía la inducción impresa en mí por mi distinguido padre: cuando uno se hace responsable de tales paisajes, su primer deber es proteger y perpetuar lo que de bello y de inspirador existe inherente en ellos gracias a la naturaleza y a circunstancias fuera de nuestro alcance, y así, humildemente subordinar a tal propósito cualquier impulso de ejercer sobre éstos las propias habilidades como diseñador.”2

Olmsted, Jr., preocupado por el futuro de "las heredades irreemplazables e invalorables del pasado”, preservaría en Caracas gran parte de las condiciones del lugar original ocupado por las haciendas. Así, mantuvo la topografía natural de las faldas del Avila, privilegiando las amplias vistas hacia las colinas del sur y hacia la montaña en el diseño de los campos de golf. La forma irregular de las parcelas que rompen con el tejido urbano tradicional y el diseño de las calles serpenteando “alrededor de las grandes extensiones de grama bajo masas de árboles”, fueron hechas curvearse ex profeso por indicación expresa de su oficina para conservar intactos los magníficos ejemplares centenarios de “grandes bucares, mijaos y chaguaramos que crecían en estos terrenos” y que aún vemos aflorar entre las copas del Country.3

La Avenida Principal de Blandín -el camino de la hacienda-, plantada una vez de chaguaramos en el más pleclaro estilo agrario caraqueño, fue otro elemento respetado por Olmsted y asumido al pie de la letra en el diseño… Algo muy poco común en la planificación moderna, acostumbrada a arrasar con todo. Pero la persistencia de la memoria no se limitó solamente a los elementos vegetales: también el puente sobre la Quebrada Chacaíto y el sitio de la Casa de Blandín, ambos allí desde comienzos del siglo XVIII, fueron reafirmados en su ubicación tradicional.

De esta manera vemos cómo también en Caracas las soluciones de los Olmsted crecieron del “genio del lugar”. Su respeto y su devoción por el lugar original hacen que hoy el Caracas Country Club no sea tan sólo un santuario ecológico y ambiental: es también un santuario de la memoria del paisaje. No nos queden dudas de por qué en Blandín el genio caraqueño todavía hoy allí se siente reinar… 4

Afortunadamente, el que fuera el Primer Proyecto Residencial de Arquitectura Paisajista del país, es todavía preservado como la gran obra urbanística y paisajista que es en el país de origen de sus diseñadores. El Caracas Country Club se conserva intacto en papel, todos sus 79 planos y dibujos fechados hasta 1930, más un album con 112 fotos históricas del año 1928, en los Archivos Olmsted del Frederick Law Olmsted National Historic Site, en Brookline, MA. Adicionalmente, la correspondencia cliente-arquitecto (tres carpetas hasta 1941 del Job No. 7947) son atesoradas en la colección Olmsted Papers, Olmsted Associates Records, Serie B, de la División de Manuscritos de la Biblioteca del Congreso, en Washington, DC. Nadie que no pida cita con varios meses de antelación y que no se ponga guantes blancos podrá acceder a ellos…

La belleza del urbanismo del Country, tan semejante estéticamente al Central Park de Nueva York y, a la vez, tan profundamente caraqueño, no es, ni será nunca, una belleza estridente. Es, como todas las soluciones de los Olmsted, una belleza reposada, crecida de la tierra de forma natural. Conociendo la importancia de su legado urbano y paisajístico, es nuestro deber preservarlo “…de tal manera que pueda permanecer intacto para el disfrute de las generaciones futuras.”

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NOTAS:

1. http: www.rpts.tamu.edu/pugsley/Olmstead.htm
2. http: www.nps.gov/frla/home.htm
3. Zawisza, L. Inventario del Patrimonio Arquitectónico Venezolano. Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, UCV. Código MI-L.4-1-M, Ficha No. 1/11. Caracas, 1988.
4. Gómez, Hannia. Charla Las Ciudades Invisibles de Caracas (IV): El Caracas Country Club, la ciudad olmstediana. Fundación de la Memoria Urbana. Caracas, 2005.


(*). El Caracas Country Club, su Casa Club y la Urbanización Valle arriba forman parte del I Censo Nacional del Patrimonio Cultural 2004-2005 realizado por el Instituto del Patrimonio Cultural, y declarados Bienes de Interés Cultural de la Nación en la GACETA OFICIAL DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA Nº 38.234 de fecha 22 de julio de 2005.


Olmsted in Blandín

Caracas Country Club (f. 2009, Raquel Schaffernorth / DoCoMoMo Venezuela)


"To conserve the scenery and the natural and historic objects
and the wild life therein and provide for the enjoyment of the same
in such manner and by such means as will leave them unimpaired
for the enjoyment of future generations."
Frederick Law Olmsted, Jr. National Park Service Organic Act, 1916

Of all the neighborhoods of Caracas, of Venezuela, and even of Latin America, the Caracas Country Club (*) treasures one of the most extraordinary stories, a story still very little known. This urbanization, far from being similar to others in the Caracas valley, is a "classified" project by the landscape architecture firm of Olmsted Associates, from Boston, Massachusetts, continuer of the work of Frederick Law Olmsted, Sr., the father of landscape architecture and defender of America's natural beauty. This is the firm's only work in Venezuela.

This circumstance, in itself, turns this neighborhood into a beautiful urban rarity: a treasure of the history of urbanism and of landscaping that simultaneously is the most successful homage to the valley of Caracas' natural scenery, which thanks to this project survives there, practically intact. The Caracas Country Club is today the only place in the city were one can actually see how the valley's original natural landscape was before the city was built.

For a long time it was believed that Olmsted Associates' design was limited to the golf courses. This was a fantastic misunderstanding. The transformation in the 1920s of the old haciendas of Blandín, Lecuna, El Samán and La Granja was a job –No. 7947- of the most important landscaping architecture office in America at the time, which turned a simple residential golf club's commission into a sensitive urban design and landscaping project that undoubtedly can be counted among the most notable American urbanisms of the Twentieth-century.

Frederick Law Olmsted, Sr. (1822-1903), is needless to say, is the best known name in landscape architecture and planning of the United States of America. Since 1883 until the middle of the Twentieth-century, from his office and school of landscape design installed in his house in Brookline, in the outskirts of Boston, came out urban and state parks, university and college campuses, institutional terrains, zoos, arboretums, private properties and suburban landscaping communitieslike the Caracas Country Club. The transcendence that his work was acquiring led him to specially educate his son Frederick Law Olmsted, Jr. (1870-1957) and his nephew, John Charles Olmsted (1852-1920), so that they would continue his ideal, with the same spirit for the preservation of the American landscape in its most genuine beauty. At his death, Frederick Law Jr. and John Charles turned into principal partners of the firm, changing its name for Olmsted Brothers. Between 1895 and 1920, the firm expanded rapidly.

Olmsted always maintained, like his father, a compromise with conservation. He was "primarily concerned with protecting the beauty, dignity and nobility of national park landscapes, and preventing excessive commercialism in the parks.” In 1916 he contributed to shape the legislation that created the National Park Service in the United States. A famous statement of his, that defined the spirit of the Law in 1916, contains already a lot of what he would do lately in the Caracas Country Club: (it is important) “to conserve the scenery and the natural and historic objects and the wild life therein and to provide for the enjoyment of the same in such manner and by such means as will leave them unimpaired for the enjoyment of future generations” (Olmsted : 1916).

His life as a landscape architect was increasingly interweaved with that of the planner. It is then when he formulated the concept of “Global Planning”, a fortunate mix of the Olmsted's landscaping and preservationist saga, with the civic ornamentalism of the City Beautiful Movement, fused with the urge of bringing solutions for the growth of the American modern city. Between 1905 and 1915 he applied the principles of global planning for designing suburbs, “creating master plans for Roland Park, a Baltimore suburb; for Forest Hills Gardens, a model garden community in the outskirts of New York, and for the industrial city of Torrance, California.” (Whiting & Phillips: 1958) All of these suburban plans –especially Forest Hills and the Riverside neighborhood, in New Jersey-, already announced his ideas of what would be “Job No. 7947.”

By1920, when John Charles dies, Olmsted Brothers was the largest office of landscape architecture in the world. Meanwhile, in Caracas, in 1918, on a zone to the west of the city known today as Vista Alegre, was created the Caracas Golf Club. In December 14th, 1922, it changed its name for Caracas Country Club. Aiming to extend the golf courses and have a better club house, around 1926 some of its members founded the Syndicate Blandin, an association named after the Hacienda Blandin, a plantation nesting on the other side of the valley, in the location of Chacao, where the club would move. This hacienda was famous for having introduced in 1786 the culturing of coffee in the valley of Caracas, as for its magnificent trees and its beautiful hacienda house placed on the edge of a creek. The house was reached by a long avenue that went "along the channel that ran by the creek that watered the coffee plantation, making way for itself towards the Guaire river" (Duane : 1826). Part of its original architecture is now integrated in the actual Golf Club House.

The Syndicate Blandin took the pioneering decision of doing a new and singular urban experience, the first of its kind in the country, on the hacienda's lands (to which soon were to be added the four other contiguous haciendas). In this way, they called the Olmsted firm, hiring it to do the urban design and the landscaping for the new urbanization. At the end of the 1920s, when the Olmsted firm accepts Syndicate Blandin's commission, Olmsted was "advising on the preparation of a regional plan for the New York City area, was doing the great urban park of Fort Tryon Park, on Manhattan's northern border on the Hudson River", and was designing in parallel “two more notable suburban communities: Palos Verdes Estates in California and the Mountain Lake Club in Lake Wales, Florida.”

The Caracas Country Club golf courses would be designed by the American architect and golf course specialist Charles Banks in collaboration with the Olmsted firm. An international architectural competition was also called for the club's building, enlarging the colonial house. It was won in 1929 by Californian architect Clifford Charles Wendehack (Wendehack Job Number 447), who would be assisted by Venezuelan architect Carlos Guinand Sandoz.

It is revealing to read again the philosophical basis that would give life to the Caracas project. Olmsted "summarized his philosophy about landscape architecture in the following terms: 'In dealing with existing real landscapes, I have been guided by an injunction impressed on me by my distinguished father: namely, that when one becomes responsible for what is to happen to such a landscape his prime duty is to protect and perpetuate whatever of beauty and inspirational value, inherent in that landscape, is due to nature and to circumstances not of one's own contriving, and to humbly subordinate to that purpose any impulse to exercise upon it one's own skill as a creative designer'.”

Olmsted worry for the future of "the irreplaceable and unvalued domains of the past”, would preserve in Caracas a great deal of the original conditions of the place occupied by the haciendas. Thus, he maintained the natural topography of El Avila mountain's foothills, privileging in the golf courses' design wide views to the mountain and to the southern hills. The allotment's irregular form that breaks with the reticular urban tissue, and the street pattern that winds “around great grass extensions under masses of trees”, were curved ex profeso following the express indications of his office. They were made to conserve intact the magnificent centenary specimens of “big Bucare trees, Mijao trees and Chaguaramo palms that grew on these lands”, which can still be seen surfacing among the lower tree-tops of the Caracas Country Club, as refers architecture historian Leszek Zawisza. The Avenida Principal de Blandín -the hacienda's road-, once lined with Chaguaramo palms in the most illustrious Caraquenian Agrarian Style, was another element respected and assumed exactly in the design by the Olmsted firm… Something pretty uncommon in modern planning, so used to wipe out everything. But the persistence of memory went further from the vegetal and geographical elements: the bridge over the Chacaíto creek and the site of the house of Blandín, there since the beginnings of the Eighteenth-century, were reaffirmed in their traditional settings.

Also in Caracas we can appreciate how the Olmsted's solutions grew from genius loci. Their respect and devotion for the original place succeeded in the Caracas Country Club. Today it is not only an ecological and environmental sanctuary: it is also a sanctuary of landscape's memory. This is why today in Blandín the Caracas genius still reigns.

The first landscape architecture residential project in Venezuela is preserved as a great planning and landscaping work in its designer's country of origin. The Caracas Country Club is preserved intact in paper, all of its 79 plans and drawings dated until 1930, plus an album with 112 historic photos from1928, in the Olmsted Archives of the Frederick Law Olmsted National Historic Site, in Brookline. Additionally, the client-architect correspondences (three folders that go up to 1941 of "Job No. 7947") are treasured in the collection of the Olmsted Papers, Olmsted Associates Records, Series B, from the Manuscript Division of the Library of Congress, in Washington, DC. All the plans, the photos and the complete drawings of the Caracas Country Club's urban design are safely kept there, along with the lamp posts designs, the plantation schemes and the details that bear witness of its relationship with the other Olmsted neighborhoods, reassuring it as a bastion of the history of Caracas and of landscape architecture. Still, despite all of the importance of its legacy, the issue of its preservation returns repeatedly as controversial.

In the year 2000 the first emergency arrived. "Due to the forces and appetites of the real estate market and to bastard interests", the neighborhood was in severe danger of disappearing. Caracas was in danger of losing a crucial value of the quality of its urban life, its landscape and its history. Consequently, a private foundation, the Fundacion de la Memoria Urbana, solicited in a letter to Venezuela's highest patrimonial authority, the Instituto del Patrimonio Cultural, the protection of the urban and environmental site and of the architectural ensemble of the Caracas Country Club "as a milestone in the history of the city and of Venezuelan and of all America architecture and urbanism."

The allegation presented to preserve the "analogous Caraquenian 'Central Park'" was centered on the Caracas Country Club's triple condition as architectural enclave, historical district and environmental retreat for the whole city, arguing that this territory has an unique environmental value in the valley of Caracas because of "its strategic central location, its big scale, and the fact that it is the only place where El Avila National Park descends practically to the Guaire river, letting the passing of the fauna and the flora from and to the mountain."8 The neighborhood is not just a lung for the city, but a bird's sanctuary and a green island that relieves the existing chaos, contributing to the aesthetical, visual and climatic quality of the capital.

Only with a landmark designation would it be possible to preserve "its park condition, without changing its original density, layout and urban design and the golf courses inserted within it, its natural ambiance, its landscape, its fauna and its flora, the street sections, the urban furniture, the vistas, the urban spaces and the gardens of the houses -which put together shape up an area even bigger than that of the golf courses themselves- and, likewise, the urbanization's architectural works, inseparable part of the urban design, among which stand many works from the most notable Venezuelan and international architects" (Fundacion de la Memoria Urbana : 2003). In the year 2005, within a vast national project called the First National Patrimony Census, the Instituto del Patrimonio Cultural designated the Caracas Country Club as a Good of Cultural Interest Cultural of the Nation.

At the end of 2007, nevertheless, the threat returned. This time under the form of a mayor's populist aims, which placed again under the spotlight the issue of the golf courses' use, proposing to proceed to its immediate expropriation in order to build social housing. After a lot of media noise, the mayor finally found out about the designation, and desisted of his intentions. Nevertheless, the economical power pressures from those investors who don't love or understand the city and the saga of irresponsible destruction, remain there, trying to change the zoning and with it the patrimonial houses and their gardens into rentable apartment towers… Now maybe with the argument of its reconversion into a public park.

What is true is that this first rate modern patrimony claims for an analysis at the level of its history. It needs its own poetics of preservation, one that permits to preserve it, not "archeologically", but considering the possibility of reconnecting the city without destroying it, reordering its borders to heighten their density (giving attention to the vistas over this beautiful 1920s designed landscape) and evaluating a fair path for the collective enjoyment of its green areas. The beauty of the Caracas Country Club's urbanism, so aesthetically Olmstedian and, at the same time, so profoundly Caraquenian, is not and will never be a screaming beauty. It is, like all of the Olmsted's' solutions, a quiet beauty, grown from the land in a natural way. And thus it should be preserved “…by such means as will leave it unimpaired for the enjoyment of future generations.”

(*).The Caracas Country Club, su Casa Club and the Valle Arriba urbanization were listed in the I National Census of Cultural Patrimony 2004-2005 by the Instituto del Patrimonio Cultural, and declared National Good of Cultural Interest in the GACETA OFICIAL DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA Nº 38.234 from July 22, 2005.

Caracas Country Club (f. 1930, Carlos Guinand Sandoz - Archivo Fundación de la Memoria Urbana)

ENDNOTES:

1. Gómez, Hannia, "Olmsted en Blandín", Papel literario, El Nacional. Caracas, (2006).
2. Whiting, E.D. & Phillips W.L., "Frederick Law Olmstead - 1870-1957: Appreciation of the man and his achievements", Landscape Architecture, April, (1958): 145-157.3. Coronel William John Duane (182223), Viaje a la Gran Colombia, Philadelphia, (1826).
4. http: www.nps.gov/
5. Colmenares, José Luis, Carlos Guinand Sandoz, Colección Documentos para la Historia de la Arquitectura Venezolana Contemporánea, Claderca, Caracas, (1989): 8082.
6. http: www.nps.gov/
7. Zawisza, Leszek. Inventario del Patrimonio Arquitectónico Venezolano, Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, UCV. Código MI-L.4-1-M, Ficha 1/11. Caracas, (1988).
8. Table of discussion, "Sobre el futuro urbano de la Urbanización Caracas Country Club y sus áreas de influencias ", Intervención de Saskia Chapellín, Maestría y Taller de Diseño de Tejidos de Extensión, XII curso de Postgrado en Diseño Urbano del Instituto de Urbanismo. Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Central de Venezuela. Cámara Inmobiliaria de Caracas, Caracas, Tuesday, October 27, (2003).
9. Letter from the Fundación de la Memoria Urbana to the Instituto del Patrimonio Cultural, Caracas, October 30, (2003), Archivo Fundación de la Memoria Urbana.


Publicado en: Papel literario, EL NACIONAL. Caracas, 2006; Asocountry (Asociación de Vecinos Urbanización Caracas Country Club AC), revista Entresocios, Venezuela Analitica, Noticiero Digital y The Urban Times.

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