lunes, 19 de marzo de 2007

Adiós al Jardineiro de América

Roberto Burle Marx (f. Alí Cordero Casal)

Roberto Burle Marx, 1909 -1994
A las Oh35 de la madrugada del 5 de junio de 1994, el Día Mundial del Medio Ambiente, moría a los 84 años de edad, el artista plástico y paisajista Roberto Burle-Marx, en su hacienda (el "Sitio”) en la Isla de Guaratiba de la Zona Oeste de Río, donde residía desde 1949. De acuerdo a su voluntad, fue velado en su propio taller abierto, en medio de la naturaleza.

Crónicas periodísticas

El domingo pasado, los principales periódicos de Río daban la dolorosa noticia de la muerte de Roberto Burle Marx. O Globo, el Jornal do Brasil y O Diario, lloraban al que llamaron “Jardinero de Brasil”, “Señor de Guaratiba”, “Genio que dió su nombre a varias especies de plantas”, “Creador de los Jardines Brasileros”, “uno de los más completos artistas del país”, “Guerrillero de los Jardines” y “Paisajista de las dos mil obras”. Cuando el primero atendía la importancia de su obra y la historia de su vida, el segundo hablaba preocupado del destino de su legado y de la suerte que correrían especialmente el Parque do Flamengo en Río (su obra más importante) y el Centro de Investigaciones Botánicas que él mismo había cread
o en su hacienda en Guaratiba, mientras que el tercero se desgranaba en narrar lastimosamente los detalles de su enfermedad, su muerte, y del velorio y del entierro del paisajista. Este es un resumen de estas crónicas.

Genio por causalidad

Refiere Deneise Moraes, del Jornal, que "Roberto Burle Marx fue un caso típico de genio por casualidad, cuya vocación fue descubierta por un gran amigo, Lucio Costa. En 1932, el arquitecto visitó a su vecino en el barrio de Leme. Al ver las plantas del jardín del joven pintor paulista, se quedó impresionado, e inmediatamente lo invitó a encargarse del jardín de una mansión que estaba haciendo en Copacabana”. Habiéndose hasta entonces solo dedicado a la pintura, el artista aceptó el desafío de dar vida a los jardines de la familia Shawtz, en la calle Raul Pompeia, en Copacabana. Este fue el primero de los muchos trabajos que marcarían y enorgullecerían al Brasil.

Medio siglo después de la invitación de Lucio Costa, en 1982, Burle Marx embarcaba para Europa para recibir la medalla de oro de la Academia de Arquitectura de Francia y el título de Doctor honoris causa del Royal College of Arts de Londres, dado por primera vez a un brasileño.

El Jardineiro de Brasil nació el 4 de Agosto de 1909, en Sao Paulo. Era el cuarto de los seis hijos de Guilherme Marx, judío alemán, y Cecilia Burle, pernambucana de origen francés, cantante y pianista. La familia, que vino para Río en 1913, siempre lo apoyó en sus incursiones en el diseño y la pintura. Fue como diseñador que Burle Marx viajó en 1
928, a los 19 años, a Berlín, para un curso de pintura. Este viaje fue el más importante de su vida. Allí conoció el Jardín Botánico de Darlim y sus plantas, que le encantaron -todas brasileras. Volvió a Brasil en 1932, para entrar en la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Ya en la década de los 70, Burle Marx protestaba contra la devastación de la floresta amazónica. Varias veces entró en choque con ciertos grupos inmobiliarios, que consideraba los grandes villanos de la naturaleza. Una fuente de frustación era el Jardín Botánico de Río. “No es más para la ciencia”, reclamaba. Su proyecto más conocido en Río -el Parque o Aterro do Flamengo- también era motivo de su tristeza. Lamentaba la construcción de la Marina de Gloria y su ocupación por los mendigos.

Reclamar no era difícil para Burle Marx. Militante verde a tiempo completo, a fines del año pasado protestó contra el cerramiento de las plazas de la ciudad, realizado por el prefecto Marcello Alencar. “Acto horroroso nuestro Río todo enjaulado”, condenó el Señor de Guaratiba (como lo llamaba Lucio Costa a causa de su hacienda de Santo Antonio da Bica, un área verde de 800 mil metros cuadrados en la Barra de Guaratiba). Allí Burle Marx vivía rodeado de millares de especies raras de plantas, árboles y flores, y objetos de arte. En 1985, el lugar pasó a llamarse Sitio Roberto Burle Marx. El autodidacta en Botánica se había transformado en un profundo conocedor de la flora brasilera.

Dueño de una personalidad compleja, a veces mal geniado, a veces totalmente afable, Burle Marx (un eterno soltero) también luchaba por su propia causa. Acostumbraba reclamar no ser reconocido más por su pintura. Era su actividad menos divulgada, aunque como pintor recibió innumerables premios. Entre ellos, la medalla de oro de la Escuela Nacional de Bellas Artes, en 1941, y la de el XLVII Salón de Bellas Artes, en 1945. En 1992, recibió el título de doctor honoris causa de la Universidad de Florencia, que previamente sólo se le había concedido a Le Corbusier. Un año antes, fue homenajeado en el MoMA de Nueva York, y, en 1993, recibió los honores de la Bienal de Venecia.

Burle Marx será recordado también como nombre de plantas en los compendios de Botánica. Trece especies de begonia, anturio, heliconia, filodendro y pontederia fueron bautizadas como Burle Marxii. Todas descubiertas en sus viajes por el mundo. Ese fue ciertamente el mayor homenaje que recibió.

Cómo conservar una obra viva

El abandono y el mal cuido de la herencia dejada por el paisajista es la preocupación que más claramente tienen quienes aprecian su trabajo. La enorme herencia que Burle Marx dejó (especialmente sus parques públicos) si no venía siendo bien cuidada durante su vida, mucho más en peligro se encuentra ahora con su desaparición. No hay obra de arquitectura más fragil que la del paisaje. En Brasil, dice O Globo, en estos momentos casi todas sus obras públicas están marcadas por el abandono. Tan sólo su obra más significativa, el P
arque do Flamengo, la niña de los ojos de Burle Marx, desplegándose a lo largo de la Playa de Copacabana, hoy tiene apenas poco más de la mitad del verde inicial. Un catastro hecho en 1992, constató que de los 17 mil árboles y arbustos de 350 especies plantados en la inauguración del parque -en 1965- sólo quedaban 10.298 ejemplares. Más de 6.000 árboles de 150 especies se habían perdido. Por otra parte, en el sendero central de la Avenida Atlántica -otro de sus proyectos más célebres-, los árboles sirven a todo tipo de propósito: de soporte para toldos y barracas, de estacionamientos para bicicletas. En el Puesto 6, la acera junto a los edificios ha vuelto a funcionar como estacionamiento. Y a trechos a las aceras les faltan las piedras portuguesas. Aun así, el Parque do Flamengo sobrevive como una de las más bellas áreas verdes de Río. Burle Marx le dejó un proyecto de reforestación (su último sueño, que no pudo ver realizado, era verlo reforestado), y en breve contará con el Centro de Investigación Roberto Burle Marx, que funcionará en un pabellón ubicado en el trecho conocido como Ciudad de las Crianzas. Con una incubadora y un banco para preservar las especies nativas y exóticas, el centro producirá semillas para la reforestación del parque y será inaugurado el 4 de Agosto, fecha de aniversario del nacimiento del paisajista. Allí, hoy domingo, están celebrando una misa en su memoria.

En peor situación parece que está la Plaza Senador Salgado Filho, en frente del Aeropuerto Santos Dumont. Allí no se ve sombra del proyecto de Burle Marx. El lago está seco. Por todas partes hay basura. Parte de la grama está destruida. Los taxistas
estacionan encima de la acera de piedras portuguesas... Burle Marx estaba tristísimo.

Ahora, si ésto ocurre en tierra brasilera, ¿qué decir de nuestro legado?¿En qué estado están los parques, los paisajismos y los jardines que hizo aquí?¿Cuánto se han deteriorado, qué especies se han perdido, cuánto se han alejado de su proyecto original? No olvidemos que aunque en sus 61 años de intensa actividad, Burle-Marx, como un auténtico guerrillero del medio ambiente y de los jardines, proyectó más de 2.000 jardines y parques en todo el mundo, renegaba de sus obras cuando los proyectos originales eran alterados. Cuenta O
Globo, por ejemplo, que en la reurbanización de las costas de la Laguna Rodrigo de Freitas, en 1975, que habían salido de las manos de Burle Marx, éste luego rechazó la obra: “No asumo la paternidad de nada que yo cree y sea modificado”. ¿Son hoy las obras venezolanas todavía de Burle-Marx, conservando todas sus calidades y efectos originales?

El fin

Burle Marx, aún enfermo y casi acabado, según O Diario de Rio, continuaba a cuidar de sus plantas y de sus proyectos. Incansable, produjo en sus últimos dos meses, 24 diseños para las columnas de la Sinagoga CJ, en la Barra de Tijuca, aunque solo se le había pedido un solo diseño. Recientemente había inaugurado un mural en la sala VIP del Aerop
uerto de Cumbica, en Sao Paulo. Todos sus proyectos en curso, la Plaza de Berlín en la Universidad Hebraica en Israel, una casa inspirada en el estilo de Gaudí, en Pedra de Guaratiba que ahora está concluida, y el Parque Kuala Lumpur City Center en Malasia, serán concluidos por los profesionales y alumnos de su oficina en Laranjerias y del Centro de Estudios para la Formación de Paisajistas, Botánicos y Cultivadores de Plantas, una obra más del artista en su hacienda, desde hace poco en funcionamiento. Con plantas tropicales del mundo entero -algunas especies en mayor diversidad que las existentes en el Jardín Botánico-, la hacienda fue donada hace nueve años al gobierno federal, cuyo Ministerio de Cultura, a través del Instituto Brasilero de Patrimonio Cultural (IBPC), pasó a ser responsable de la preservación y administración del lugar. La manutención del Sitio consumía anualmente 100 mil dólares, pero la realidad es que la mayoría de las inversiones eran hechas por el propio paisajista: él cargaba con 50% de los gastos, vendiendo sus cuadros.

Burle Marx quería que el “Sitio” se convirtiera en museo abierto, donde el público pudiese conocer más sobre las 3.500 especies de plantas allí existentes. Burle-Marx tenía planos para crear una escuela de jardinería y de estudios en Botánica, amén de
permitir que el lugar continúe como centro de referencia para especialistas de todo el mundo. Mas todo ello corre el riesgo de dispersarse en la burocracia oficial. Esta preocupación es el principal tema de conversación de los cuarenta y dos colaboradores que trabajaban en el equipo de Burle Marx. Todos están inquietos con lo que pueda pasar.

El paisajista, quien murió de una insuficiencia cardíaca, fue enterrado a las 16h del domingo 5 de junio de 1994. Una pequeña bandera de Brasil fue depositada sobre el féretro por un vecino, en nombre de los moradores de Barra y Pedra de Guaratiba. Ninguna autoridad compareció en la ceremonia. El presidente Itamar Franco divulgó una nota lamentando la pérdida del gran profesional y artista. Apenas un pariente, Augusto Burle, el so
cio del paisajista, el arquitecto Haruyoshi Ono, y cerca de ciento cincuenta colaboradores y amigos estuvieron en el sitio donde el cuerpo fue velado... En el cementerio, el profesor y amigo Moacyr Bastos convocó a las trescientas personas presentes a rezar un Padre Nuestro. Cuando el féretro bajó a la sepultura, bajo una frondosa mangueira, todos cantaron Cidade Maravilhosa y el Himno Nacional... Había una única corona de flores hecha con orquideas, alamandras y alpíneas tomadas de los jardines del sitio. El entierro fue en un pequeño cementerio en la Isla de Guaratiba. El lugar había sido escogido por él mismo, junto donde está enterrada su madre de crianza, doña Ana.

El más grande paisajista del mundo

Burle Marx, el “carioca nacido en Sao Paulo”, dejó una obra viva: jardines que florecieron de su vida dedicada a plantar “paisajes de tarjetas postales”. Algunos de los frutos de su trabajo son: el mencionado Parque do Flamengo, el Parque de Catacumba, la Quinta de Boa Vista, el Campo de Santana y el Paseo Público. Hizo asimismo los jardines del Memorial a los Muertos de la II Guerra, las áreas verdes de Brasilia y de Belo Horizonte, los jardines de Pampulha y los patios de la UNESCO en París. En América Latina, hizo el Parque del Este, en Venezuela, que es muy importante, así como el Parque de las Américas y los jardines de
la ONU, en Chile, y el playground del campo de Olivetti, en Argentina. Sus “semillas de jardinero” también las plantó en casas, como la famosa mansión de Julio y Odette Monteiro, en Petrópolis. No obstante, el paisajista decía preferir hacer jardines públicos, para que el pueblo también pudiese disfrutar de su obra.

Pionero de la lucha para la preservación del medio ambiente, Burle Marx proyectó en 1934 el primer parque ecológico de Brasil: la Plaza Euclides da Cunha, en Recife. Al recordar su primera colaboración juntos, Lucio Costa habla de la genialidad de su amigo: “El innovó, aplicando los principios del diseño abstracto de la pintura al paisajismo, en una época en que la jardinería brasilera era toda europea. Fue grande la resistencia a los primeros proyectos
de aquél que llegó a ser el más famoso paisajista mundial”. Según Costa, hoy con 92 años, la élite conservadora de la época extrañó durante mucho tiempo el tratamiento abstracto de Burle Marx.

Paisajista, pintor y diseñador, Burle Marx alcanzó la proyección internacional a su obra. El American Institute of Architects lo consideró el verdadero creador del Jardín Moderno. Para el Royal College of Arts, de Londres, fue el mejor paisajista del mundo. Llegó a exponer en el MoMA de New York, ser ciudadano honorario de la ciudad de
Pistoia, Italia, pero como Jardineiro “hizo muchas cosas más fuera del jardín”: de todos sus logros, los mayores fueron dejar sembrado por el mundo la semilla de su arte, y lograr que el arte del paisaje del siglo veinte fuera americano.


*Algunas de las obras de Burle-Marx en Venezuela:
1948: Jardín de la residencia Diego Cisneros, Caracas.
1956-1961: Una serie de trabajos públicos: el Parque del Este, el Parque del Oeste, el Helicoide de la Roca Tarpeya, el Centro Residencial El Castaño. El Hotel Humboldt, el first national City Bank, la Urbanización Los Canales, el Club Playa Azul, el Club Morón y los jardines privados de las residencias Inocente Palacios, Enrique Delfino, Eduardo Jahn, Carlos Alberto Punceles, Ernesto Vallenilla, Luis Carías y Nelson Rockefeller.
1970: Jardín de Parque Central, Caracas.1972: Jardín para la Sala de Conciertos de Caracas.
1976: Jardín para las Estaciones Morelos y Carabobo, Caracas; jardín para la residencia de playa Enrique Delfino, Caballeda.
1977: Jardín de la residencia Magaly Cannizaro, Caracas; jardín de una residencia en El Hatillo; jardín del edificio El Pedregal, Caracas; jardín de la residencia John Machado Urbina, Caracas.
1978: Paisajismo del Desarrollo Cerro El Vigía, Puerto La Cruz.
1980: Jardín del Izcaragua Country Club, Caracas.
1981: Jardín de la residencia Bernárdez, Caracas; jardín del Jardín Botánico de Maracaibo.
1982: Jardín del Paseo del Lago, Maracaibo.
1983: Jardín de la Hacienda Carabobo, residenciaa de Oscar Martínez, Caracas.
1984: Jardín de la residencia de Henry Lord Boulton, Caracas.
1986: Plan de Paisajismo del Parque Nacional Canaima, Venezuela.
1988: Plan de la residencia de Henry Lord Boulton, Caracas.


Diseños abstractos de mosaicos en piedra portuguesa para las aceras a ambos lados de la Avenida Atlántica, en la playa de Copacabana. Río de Janeiro (1970. Tomado de flickr).

“La Biblia describe un Paraíso donde existía un balance entre las plantas, los animales y el hombre. Desafortunadamente, la humanidad quiso dominar la naturaleza, y perdió su Paraíso. Con los conocimientos que hoy tenemos de ecología y la importancia de nuestra relación con árboles y plantas, trataremos ahora de recuperar ese Paraíso perdido,
y rectificar los errores de las generaciones del pasado”
Roberto Burle Marx.

Publicado en: Arquitectura, El Diario de Caracas. Caracas, domingo 12 de Mayo de 1994.

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