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miércoles, 18 de septiembre de 2019

La casa en ruinas


1. "Vista nocturna del Coliseo". Carl Gustav Carus, c. 1830 (f.  Museo del Hermitage, San Petersburgo).


"No estamos desoladas -nosotras las pálidas piedras-;
 No todo nuestro poder se ha ido; no toda nuestra Fama…"
Edgar Allan Poe.1


1. A-frame
Desolados por los graves acontecimientos ocurridos el 15 de enero pasado en El Junquito, donde se llevó a cabo la masacre de siete jóvenes patriotas, las imágenes de esa comarca caraqueña y del chalet de montaña donde ocurrieron los hechos, no dejan de rondarnos.

Para nosotros los arquitectos las imágenes son quizás más importantes que para el resto de los mortales (Pinterest fue creado por un arquitecto), y esa foto en particular de la casa donde Oscar Pérez y su grupo perdieron la vida, como aparecía en la grafica de Caraota Digital, idílicamente colgada al borde de la ladera con el magnifico paisaje campestre de El Junquito detrás, pero bombardeada con saña por los misiles y las balas hasta reducirla a mortal trampa jaula, la vemos no solo como la imagen misma de la maldad, sino como la metáfora perfecta de nuestra ciudad después




2. El Junquito (f. Caraota Digital, 2018).

de todos estos oscuros años.

Quiso el destino que Oscar Pérez, como consecuencia del marcado talante cinematográfico que lo caracterizó en vida, escogiese, quizás sin saberlo, como refugio a una atractiva curiosidad arquitectónica: una A-frame house o casa en A.2 Una tipología de origen estadounidense muy popular en las zonas montañosas venezolanas como Mérida, la Colonia Tovar y El Junquito a mediados del siglo veinte. Un set muy singular que le serviría de escondite, de refugio y sin saberlo, de última morada.

Su muerte y la de todo su equipo ahí, para nosotros, es así aún mayormente infausta, si es que esto es posible. Porque hay resabios en esa arquitectura y en esos parajes de la manera cómo se vivía -y no de cómo se moría- de la Caracas cosmopolita de mediados del siglo pasado. No olvidemos que en las cercanías del lugar está el moderno Junko Country Club, con sus bosques de pinos, sus hoyos de golf y su placentero parque arquitectónico conformado fundamentalmente por follies y second homes, como ésta.

De ahora en adelante la bucólica comarca montañosa, cual nueva Twin Peaks, agrega tristemente a su memoria urbana una abominable tragedia que ennegrece para siempre sus dulces colinas. Pero, pensándolo bien, en verdad, qué sitio de nuestra ciudad se ha logrado salvar de este continuado proceso de muerte, re-escritura fatídica y destrucción? Ninguno.

 3. A-Frame.

2. Tras las corrosivas horas…
Pocos días después, el 19 de enero, el mundo celebraba un nuevo aniversario del nacimiento de Edgar Allan Poe. En una de tantas páginas web que se unieron a la fiesta global, tuvimos la suerte de encontrarnos con un poema suyo que le devolvió en gran medida sosiego a nuestro corazón.

Se titula El Coliseo. Y fue dedicado por Poe a una meditación sobre la ruina en 1833. En el delicioso sitio italiano Milestone Rome lo publicaron ilustrándolo atinadamente con una vista nocturna realizada casi al mismo tiempo por un pintor romántico alemán, Carl Gustav Carus (Vista nocturna del Coliseo, 1832).3

Contemplando el perfil derruido del gran circo romano a la luz de la luna, nos imaginábamos a Poe deambulando entre las ruinas por la noche como si estuviera caminando por las calles de nuestra ciudad: recorriendo "cada muro que se desmorona; cada vacilante arcada; cada enmohecido plinto; cada triste y ennegrecido vano; cada indeciso entablamento; cada friso roto y cada golpeada cornisa".4 Oyéndolo, pensábamos en la casa en ruinas de El Junquito y en las ruinas de Caracas. Porque todo aquel paraje de la muerte empezaba a ser para él en la oscuridad, también como un naufragio. Así, "humilde y alterado", Poe se arrodilla entre sus sombras y se hace esta pregunta: 


"Son estas piedras, ay! -estas piedras grises-
son ellas todo;
  Lo que lo grande y lo colosal nos dejaron  
Tras las corrosivas horas al Destino y a mi?".5


Y es aquí donde ocurre algo maravilloso. Porque la arquitectura le responde, diciendo magníficamente así: 

"No todo; no todo:
Sonidos proféticos, y fuertes, se elevan por siempre,
desde aquí, y desde toda ruina, hacia los sabios (…)
No estamos desoladas -las pálidas piedras-;
 No todo nuestro poder se ha ido; no toda nuestra Fama; 
No toda la magia de nuestro alto reconocimiento; 
No toda la maravilla que nos rodea;  No todos los misterios que en nosotras yacen; 
No todas las memorias que persisten, 
Y que nos envuelven ahora y siempre, 
Y que nos visten de un ropaje mayor que la gloria".


Honor a los caídos en la lucha por la libertad.




NOTAS:
1.  "We are not desolate - we pallid stones; / Not all our power is gone; not all our Fame; / Not all the magic of our high renown; / Not all the wonder that encircles us; / Not all the mysteries that in us lie; / Not all the memories that hang upon, / And cling around about us now and ever, / And clothe us in a robe of more than glory". Edgar Allan Poe. The Coliseum.
2. Wikipedia: "A-frame house": Estilo arquitectónico de casas que emplea lados profundamente angulares (línea del techo) que usualmente comienzan en la base y se encuentran en el tope haciendo la forma de la letra A: https://en.m.wikipedia.,org/wiki/A-frame_house¨/media/File%3AExterieur_OVERZICHT_ PLAGGENHUT_BIJ_HET_KANAAL_-_Erica_-_20309407_-_RCE.jpg
3. "A poem on the Colosseum by Edgar Allan Poe", Literary Rome, Milestone Rome, Roma, 1 de Agosto, 2016: http://www.milestonerome.com/2016/08/a-poem-on-the-colosseum-by-edgar-allan-poe/
4. "These crumbling walls; these tottering / arcades; / These mouldering plinths; these sad, and / blacken´d shafts; / These vague entablatures; this broken frieze; / These shattered cornices". E.A. Poe. The Coliseum. Op. Cit.
5. "These stones, alas! -these grey stones- / are they all; / All the great and the colossal left / By the corrosive hours to Fate and me? " E.A. Poe. Ibid.



Publicado en: Opinión, @ELNACIONALWeb, Caracas, Martes 23 de enero de 2018: https://www.elnacional.com/opinion/columnista/casa-ruinas_219831/


martes, 1 de julio de 2008

Los objetos singulares de Diego Carbonell


Edificio La Estancia. Diego Carbonell Parra. Caracas (f. Archivo Fundación de la Memoria Urbana).





"Lo que debe esperarse de un arquitecto todavía 
es que pueda ser capaz de crear objetos singulares". 
Jean Baudrillard.1

Caracas es una ciudad maravillosa. Basta pensar que un día cualquiera, de esos cuando se ha perdido todo ánimo, puede uno aún apelar a recorrerla, para encontrar siempre, sin demasiado esfuerzo, arquitectura. Su solaz nos aguarda. Allí están, quietos, esos edificios que nos signaron la vida sin que nunca nos diéramos demasiada cuenta, orgullosos en su silencio.

La arquitectura modela con el tiempo a las personas. Las dibuja, las diseña, y todos terminamos siendo un poco como esas obras que nos dejaron absortos un buen día. Algunos edificios nos dejan entrever su enigma, nos obsesionan y nos fascinan siempre. Por eso, la ciudad está sembrada de las infinitas extensiones de nuestra alma, unas confesas, otras tácitas, las más ignoradas. Cada quien tiene un mapa personal de sus cosas, y mientras más singular sea un objeto arquitectónico, más posibilidades tiene de estar en el mapa de todos.

Sobre esto reflexionaban Jean Baudrillard y Jean Nouvel en una serie de conversaciones sobre el dilema de la banalización de la arquitectura que organizó el año pasado la Escuela de Arquitectura de París-La Villete, tituladas "Pasarelas en la ciudad". Para ambos son felizmente esos "objetos singulares" la razón por la cual "podemos continuar viviendo en un universo tan lleno, tan determinado, tan funcional". Nuestro mundo sería invivible sin la fuerza provocada por los encuentros con estas presencias seductoras. Nouvel lo atribuye a la "hiperespecifidad" que alguna vez logra la arquitectura, mientras que Baudrillard lo denomina "singularidad". Entre los edificios singulares y nosotros una relación indescifrable de seducción se establece: "Todo ocurre" -dice Baudrillard- "como con un poema: el objeto se manifiesta en sí mismo, y, literalmente, nos absorbe". Y sentencia: "lo que debe esperarse de un arquitecto todavía es que pueda ser capaz de crear Objetos Singulares".

Uno de los mapas de Caracas que llevo más indeleblemente grabado es el que marcan los objetos singulares de un arquitecto llamado Diego Carbonell. Sus singularidades se van enlazando en mi vida como una hilera transparente de impresiones perdurables: de cuando cada mañana pasaba frente al edificio La Estancia y, sin saber nada de la rígida batuta geométrica producto de la saga académica del Massachussetts Institute of Technology, derrochando severidad en la adusta torre, ya me quedaba colgada del vértigo alpinista de sus escaleras de escape y puertas implacables color naranja (hoy alteradas). O de cuando al subir por la Avenida Vollmer de San Bernardino aparecía de pronto a la derecha flotando el grácil puente de la primera etapa del edificio de la Electricidad de Caracas (puente hoy demolido), como salvando un abismo entonces para mí inexplicable, y yo, sin conocer de la existencia de la oficina de Carbonell & Sanabria -esto fue hace mucho tiempo- ya aquello me parecía el epítome de la elegancia arquitectónica de la ciudad.

O, también, sin saber cómo ni cuándo, ya estaban mis retinas empezando a salpicarse de los patios y de los volúmenes domésticos hábilmente proporcionados y de las estancias zurcadas de maderos bajo techos con estructuras de barcos invertidos de sus inolvidables casas ligeras pero bien ancladas, modernas pero tradicionales, suaves pero fuertes, austeras pero ricas, que ahora intento buscar con la memoria para ver dónde quedan, porque muchas ya no existen, es dentro de mí... o de cuando mis amigos me hablan como de un país encantado del conjunto de edificaciones del Junko Country Club, un país igualmente cruzado de puentes y medios niveles; o cuando oímos hablar de los años felices que vivió el diseño venezolano del mueble en Tecoteca en aquél edificio junto al Parque del Este; o de cuando quisimos publicar en el Instituto de Arquitectura Urbana un edificio en zig-zag del que tardaron en aparecer los planos, y que se revelaba ante los ojos admirados de los espectadores con ese gran "secreto" que dice Nouvel debe guardar toda trascendente arquitectura, logrando desestabilizarlos en el buen sentido, una "hacienda" poblada de vecinos agradecidos por la multiplicidad insólita de los usos (en una época en los que no se usaba mezclarlos) y poblada, a su vez, de un dramatismo espacial sin precedentes en la historia de la vivienda multifamiliar en Venezuela: el edificio La Hacienda de Las Mercedes.

Caracas es una ciudad maravillosa. Basta seguir el itinerario carbonelliano de sus arquitecturas, dispersas por toda la ciudad, para que la singularidad de su ilustre manera a cada paso nos gratifique y nos devuelva, felizmente, una parte de nuestro propio arquitectónico ser.



(Esta columna debió haber salido para que Diego Carbonell Parra, noble arquitecto de esta ciudad, la hubiera leído. Queríamos que supiera cuán importante y cuán entrañable su arquitectura es para todos... pero no corrimos con suerte. Murió el jueves pasado, la misma mañana que íbamos para su oficina a estos fines. Sólo nos quedan sus edificios, y nuestro compromiso para que sean aún más apreciados por los demás).


Diego Carbonell Parra (Río de Janeiro, 1923 - Caracas, 2000).





NOTAS
1. Jean Baudrillard, Jean Nouvel. "Pasarelas en la ciudad", Escuela de Arquitectura de París-La Villete, Paris, 2000.




Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, lunes 12 de Junio de 2000.