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viernes, 12 de abril de 2019

Un skyline a proteger


El panorama arquetipal de Caracas en 2009, año en que se promovió en Londres el "London View Management Plan" (f.  P.L. Freitas, 2009).


"Hoy en día la gente conoce el precio de todo y el valor de nada".
Oscar Wilde. 1

1. Panoramas amenazados
La semana pasada (2016) la escena arquitectónica londinense se vio conmocionada por la irrupción en los medios de imágenes de la espléndida Catedral de Saint  Paul, concluida en 1710 por Sir Christopher Wren. Las alarmas se dispararon porque las amadas vistas centenarias del magistral monumento desde King Henry’s Mound en Richmond Park están siendo bloqueadas de manera cada vez más intolerable por un nuevo edificio que se está construyendo al este de Londres, en Stratford.2 

Se trata de una torre residencial de cuarenta y dos pisos disenada por SOM, la cual ha sido significativamente bautizada como "Manhattan Loft Gardens". Esta, que ya va como por el piso catorce, ha empezado a asomarse en el horizonte, interponiéndose entre las líneas neobarrocas de la cúpula y el cielo.3 

Ustedes dirán: y qué? Un torre más una torre menos para la City de "The Shard".4 Un rascacielos más en una de las ciudades que más promueve los skyscrapers en el mundo, que más se regodea con ellos frente a -por ejemplo-, el vasto horizonte y paisaje histórico de los techos y mansardas de Paris, su vieja rival.

Situada en Lundgate Hill, el punto más alto de la ciudad, la hermosísima cúpula de Wren -símbolo nada menos que de la identidad nacional inglesa-, domina desde esta colina toda la ciudad desde hace más de trescientos años, razón por la cual su percepción desde los sitios principales londinenses está sumamente reglamentada. Y es que Londres tiene la esquizofrénica condición de ser por un lado la ciudad amante del desarrollo urbano más salvaje y, por el otro, de ser la ciudad más fervientemente enamorada de la preservación de su patrimonio… empezando por el más frágil de todos: los panoramas.

Qué paradoja! Pero es cierto. Mientras "Manhattan Loft Gardens" sigue erigiéndose ilegalmente a pesar de las quejas de los conservacionistas, desde hace tiempo ya (2009) Londres cuenta no obstante con una de las más adelantadas leyes del mundo para la protección del panorama urbano. Esta envidiable reglamentación que impera sobre el Gran Londres se titula el "London View Management Framework" (Plan de Manejo de las Vistas de Londres).3

Promovido en tiempos del Alcalde Boris Johnson, el plan es una "estrategia de desarrollo espacial" que protege (óigase bien): 1. Los Panoramas de Londres (del Alexandra Palace, de Parliament Hill, de Kemwood, de Primrose Hill, de Greenwhich Park y de Blackheat Point). 2. Resguarda las más importantes perspectivas fluviales de la ciudad especificadas en el plan como River Prospects (desde el río Támesis al Tower Bridge, al London Bridge, al Southwark Bridge y otras diez más). 3. Preserva la belleza de las vistas de los paisajes urbanos -Townscape Views- (desde el puente sobre el Serpentine hasta Westminster, los Island Gardens y la Isle of Dogs hasta el Royal Naval College, desde el Queen's Walk hasta la Torre de Londres y desde Saint James Park hasta Horse Guards Road). Y 4., además, por si fuera poco, protege las vistas lineales y corredores visuales desde el Mall hasta el Palacio de Buckingham, y desde el Westminster Pier y -justamente- el susodicho King Henry’s Mound hasta la obra maestra de Sir Christopher Wren.



La nueva torre de  apartamentos se divisa claramente tras Saint Paul desde Richmond Park (f. The Architects Journal, 2016).


2. Solo se puede crecer para arriba?
Pasearse por el Plan de Manejo de las Vistas de Londres (LVMP) y sus visuales designadas es una delicia y un alivio para quienes apreciamos la belleza en las ciudades. Demasiado extenso y rico para comentarlo todo aquí, basta que sepamos que existe y que es una referencia ineludible y una jurisprudencia urbana para cuando todo vuelva a su lugar en Venezuela, regresen las inversiones y queramos seguir creciendo a la vez que protegiendo las calidades de nuestras ciudades.

Hagamos memoria urbana, y memoria del paisaje. Piensen nada más en Caracas. Contemplen con placer desde el sur su panorama arquetipal dominado por el Ávila, el mayor monumento de la ciudad. Caracas, desde fines de los 90 ha conservado un magnifico skyline (o mejor diríamos, mountainline?), un elegante horizonte construido que se extiende en el valle de punta a punta, una homogeneidad de la fábrica urbana recortándose contra el telón de fondo del piedemonte, donde nada desentona ni nada destruye su monumental idea de ciudad. La Cota Mil fue en este sentido un aporte crucial.

Pero piensen por un momento en el peligro de perderlo todo, en que finalmente ataque a nuestra ciudad el mal del siglo: eso que llaman Urbanismo del Marketing, donde la imagen de la ciudad ya no esté en las manos de los mas expertos en urbanismo (y mucho menos en los expertos en protección de visuales), sino en las veleidades de lo que se le ocurra a cualquiera que tenga suficiente músculo financiero. Adiós, Caracas. Perderíamos la belleza de lo que entre todos hemos ido construyendo durante siglos.

Así, pues, mientras estamos seguros que los londinenses más temprano que tarde le pararán y modificarán el rascacielos a SOM (ya algo así le paso a Richard Rogers con su Leadenhall Building), nuestra fuerte recomendación es que hagamos lo más pronto posible un Plan de Manejo de Vistas para Caracas (a ambos lados de la montaña, por supuesto), como regalo en su cuatricincuentenario.5 Porque el panorama monumental de Caracas y sus visuales (la del Hotel Tamanaco al final de Las Mercedes, por ejemplo) es nuestra identidad, como ciudad y como sociedad.6 

Nuestros panoramas, son nuestro patrimonio.

 
 Otro skyline a proteger: el de Paris (f. @1993paris,@vivreparis).




NOTAS
1. "Nowadays people know the price of everything and the value of nothing". Oscar Wilde. El retrato de Dorian Gray.
2. Lectores de The Guardian. "Thoughtless developments: send us your ruined view photos", The Guardian, Londres, 26 de Noviembre, 2016:
https://www.theguardian.com/politics/2016/nov/25/thoughtless-developments-send-us-your-ruined-view-photos?CMP=share_btn_tw
3. The London View Management Framework (LVMF), Greater London Authority, Londres, Mayo, 2009.
4. Rascacielos londinense proyecto del arquitecto Renzo Piano, 2013.
5. Wikipedia: Leadenhall Building: https://es.wikipedia.org/wiki/Leadenhall_Building
6. Nadia Khomami. "St Paul's not consulted on development that mars cathedral view", The Guardian, Londres, 25 de Noviembre, 2016: https://www.theguardian.com/uk-news/2016/nov/25/st-pauls-not-consulted-over-development-that-mars-view-of-cathedral



Publicado en: Opinión, @ELNACIONALweb, Caracas, Noviembre, 2016: http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/skyline-proteger_821








miércoles, 10 de abril de 2019

Siempre tendremos París

Kiosko de juguetes, Paris (f. Charles Marville, 1875. Laflâneuse.org).



« Respirar París conserva el alma »
Victor Hugo. 1
1. Amenazas inéditas
Desde que Anne Hidalgo, la actual Alcaldesa de París, fuera electa en Marzo de 2014, hemos estado siguiendo de cerca su desempeño. #Hidalgo pertenece desde 1994 al Partido Socialista francés, y por tanto esperábamos que dedicara su gestión a favorecer a las luchas de los ciudadanos de a pie y de los más desprotegidos. Mas no es por ello que ha saltado a la palestra de la discusión mundial. Todo lo contrario.

Tan pronto la burgomaestre se montó en la importante chaise, inauguró su gestión lanzando a la calle el infausto proyecto de peatonalización (?) de la monumental Avenue Foch (que une a la Place de L'Etoile con la Porte Dauphine y está clasificada como sitio patrimonial desde 1953), conocido como el "proyecto choc", que ya traía consigo desde que era candidata. Yo confieso que no daba crédito a mis ojos al ver el desparpajo con el que @Anne_Hidalgo y sus arquitectos pretendían desclasificar mediante un plan de urbanismo (?!) la largamente admirada, elegante y ordenada avenida haussmanniana y transformarla (no se sabe porqué) en un delirante e informe bosque so pretexto de "hacer entrar al Bois de Boulogne a Paris". Como era de esperarse, este primer polémico delirio recibió el rechazo de los habitantes de Paris y del mundo entero.3

Pero la cosa no se quedó ahí. Pas de tout. Poco después, empezamos a darnos cuenta gracias a las cuentas de Twitter por donde seguimos siempre los acontecimientos parisinos en pleno desarrollo, como @SOSParisAsso (Asociación de Defensa del Patrimonio Arquitectónico y Urbano de París), @SPPEF (Sociedad para la Protección de los Paisajes y de la Estética de Francia), el sitio @ParisHistorique y @TTriangle (Colectivo contra la Tour Triangle, entre muchas otras), hacia dónde apuntaba realmente la "socialista" alcaldesa. Armada del capcioso argumento de desear ponerse al frente de una renovada carrera desarrollista frente a la rival ciudad de Londres, donde "París no puede quedarse atrás", empezó a develar e impulsar desde la alcaldía numerosos y arbitrarios proyectos de rascacielos a ser erigidos "intramuros y en las suburbias limítrofes de la ciudad", poniendo en peligro, por primera vez en veinte años, "la calidad de la vida y del ambiente parisinos".4

El skyline de la ciudad, cuyo panorama único en el mundo de techos de tejas, pizarra, cobre y zinc está candidateado a ser declarado Patrimonio Mundial de la UNESCO por su belleza y homogeneidad como paisaje urbano, pende del hilo por los deseos de una alcaldía que quiere a toda costa "saltar al futuro" (?) y volver a París "atractiva" (como si ya no lo fuera)… llenándola de torres, con lo que se alejaría para siempre de sí misma, convirtiéndose en otra globalizada ciudad más.5



Este es el Paris que nos prometen (f. @SOSParisAsso).


2. La singularidad de una ciudad
La siguiente estocada en esta carrera por banalizar y destruir la singularidad de la Ciudad Luz fue el proyecto de la Torre Triangle. Teniendo como anzuelo la trayectoria impecable de los mundialmente admirados arquitectos Herzog y De Meuron, vemos en los renderings de su proyecto una torre que se destaca en el horizonte, compitiendo con descaro por el protagonismo urbano de París con la Torre Eiffel. Es así una arquitectura subyugante, que contra toda crítica que pueda esgrimirse ante un rascacielos, se autoproclama arrogantemente a sí misma como "la torre más ecológica del mundo".6 

Una torre destinada a hacer que se rindan los ciudadanos más inocentes, aquellos más jóvenes, los menos educados o aquellos que han visto pasar menos agua bajo el puente y/o han olvidado las batallas que París libró durante los 60 y 70, cuando se construyó la malhadada Torre Montparnasse. Esa verdadera pedrada en ojo de boticario quedo allí, en medio de París, como un cruel recordatorio de lo que nunca debió de haberse permitido construir en la ciudad. Pero Madame la Maire parece olvidarlo y sigue adelante.7 Allí también tiene el proyecto de "renovación" de SAANA, otra "arquitectura de ruptura" que pretende desfigurar a los históricos almacenes de La Samaritaine en pleno corazón de la ciudad.

Ni qué decir que las organizaciones ciudadanas, primero incrédulas y luego llenas de indignación, denunciaron a los cuatro vientos esta nueva forma de amenaza contra la ciudad, que ataca bajo la solapada piel de cordero de una nueva -y prostituida- arquitectura. Las noveles torres "visibles desde todas partes", son "antiecológicas, antieconómicas, y el símbolo del empeño que están teniendo con Paris las potencias financieras desmesuradas e incontrolables)".8

Pero, sobre todo, estas torres lo que son es antidemocráticas, ya que van en contra del sentimiento de la mayoría de los ciudadanos parisinos (tanto de los que habitan la ciudad de manera real, como de los que la habitan de manera espiritual, regados por el todo el mundo). Una política urbana que nos parece sospechosamente alejada de los ideales y de la gestión de un verdadero socialismo.



 La Torre Triangle, por Herzog & De Meuron. Al fondo, la Torre Eiffel (f. Herzog & De Meuron).


3. Salvar Paris, es salvar al mundo
Pero la cosa continúa, lamentablemente. Anne Hidalgo y su equipo deben gobernar hasta 2020, por lo que los parisinos siguen en pie de guerra en defensa de su memoria urbana. Está aún pendiente desde marzo 2016 el caso contra de las antiguas y deliciosas Serres d'Auteuil, vistas como un obstáculo para la expansión del cercano estadio Roland-Garros. Y la última mala nueva, fresca de este 10 de julio: la orden emanada de la Mairie para la erradicación de París de los 360 kioscos de periódicos instalados por el Baron Haussmann en 1860 a fin de reemplazarlos por unos ramplones cajones nuevos dotados de internet, en un intento para convertir a París (horror!) "en un nuevo Londres" (sic).9

Pero, cómo se le ocurre esta locura a la alcaldesa? El mobiliario urbano haussmanniano concebido por Alphand et Davioud para el Service des Promenades del Segundo Imperio, proveyó a la ciudad de bancos públicos, alcorques para los árboles, kioscos y farolas.10 Junto a las entradas de metro de Hector Guimard, las fuentes Wallace y las publicitarias columnas Morris, ellos conforman un conjunto testimonial del Paris del siglo XIX que le han brindado belleza y confort a la ciudad hasta hoy, haciéndose parte inseparable de su identidad urbana y, como dice Mari Karel, de SOS Paris: "formando un conjunto con la misma Torre Eiffel". En gran parte gracias a ellos, Paris ha sido siempre Paris. Pero a pesar de todo esto, y de que al día de hoy, 16 de agosto de 2016, vayan recaudadas casi 57 mil firmas para evitarlo, Anne Hidalgo obvió la protesta ciudadana y ordenó la remoción completa de todos los kioscos de Napoleón III.11

Frente a ello, nos preguntamos: qué será del universo construido, qué será de las ciudades del planeta si le llegan a hacer ésto a París? Qué ciudad del mundo será respetada, si ésta no lo es? Al borde del nuestro asiento, seguimos los casos en los tribunales. Porque la pelea es peleando y esta columna de hoy es para usted, Madame, con toda firmeza, desde Caracas: haciendo votos porque recapacite.

Que la vergonzosa desfiguración de la más bella y ejemplar ciudad del mundo que Usted intenta hacer no tenga éxito, en ninguno de sus nuevos avatares. Nosotros desde aquí  nos opondremos siempre. Porque nuestra consigna es la misma de Víctor Hugo: "Salvar París, es más que salvar a Francia: es salvar al mundo".12

Kiosco de periódicos haussmanniano y fuente Wallace (f. CityLab).




NOTAS
1. « Respirer Paris, cela conserve l’âme ». Victor Hugo. Les Misérables,1862).
2.  "We will always have Paris". Línea de Humphrey Bogart como Rick, tomado del final de la película Casablanca, 1942.
3. Delphine de Mallevoue. "L'avenue Foch aux piétons: le projet choc", Le Figaro, Paris, 21 de enero, 2014: http://www.lefigaro.fr/actualite-france/2014/01/20/01016-20140120ARTFIG00633-l-avenue-foch-aux-pietons-le-projet-choc.php
4. Marie Karel. "Menaces inédites et graves sur le patrimoine parisien", SOS Paris:
https://sosparisblog.wordpress.com/2016/06/08/menaces-inedites-et-graves-sur-le-patrimoine/
5. Candidatura de los Toits de Paris: http://www.candidature-toitsdeparis.fr/
6. Sitio oficial de la Tour Triangle: http://tour-triangle.com/
7. Leer más: "Les tours, une menace pour Paris". Recopilación de textos hecha por SOS Paris:
https://sosparisblog.wordpress.com/publications/contributions-thematiques/les-tours-une-menace-pour-paris/texte-integral
8. M. Karel. Op. Cit., 2016.
9. Feargus O'Sullivan. "The Historic Kiosks of Paris, in Danger?", CityLab, Junio 3, 2016:
http://www.citylab.com/design/2016/06/why-parisians-are-fighting-for-historic-kiosks/485462/
10. M. Karel. "En dépit de l’attachement des parisiens le remplacement des kiosques haussmaniens est décidé par la Mairie", SOS Paris, 11 Julio, 2016: https://sosparisblog.wordpress.com/2016/07/11/en-depit-de-lattachement-des-parisiens-le-remplacement-des-kiosques-haussmaniens-est-decide/
11. Firma la petición: Non aux nouveaux kiosques à journaux Parisiens : gardons l'esprit du Paris d'antan !https://www.change.org/p/anne-hidalgo-non-aux-nouveaux-kiosques-%C3%A0-journaux-parisiens-gardons-l-esprit-du-paris-d-antan
12. « Sauver Paris, c’est plus que sauver la France, c’est sauver le monde. » V. Hugo.



Publicado en: Opinión, @ELNACIONALweb, Caracas, Agosto, 2016.



lunes, 8 de abril de 2019

Desde las torres del Hotel Miramar


Hotel Miramar, Macuto (f. Sandra Carrillo Kosak Durgi Shakti, 2000).



"Deténgase usted todavía un poco a considerar este caos".
René Descartes. 1
           
1. La arquitectura de la soledad
Cien años de soledad, como la novela de García Márquez. Así esta el Hotel Miramar, en la costa de Caracas, tras el derrumbe ignominioso de sus dos torres principales hace ya dos semanas. Unos años más y nuestro legendario albergue caribeño diseñado por Alejandro Chataing podría reclamar para sí toda una centuria completa de vasta soledad macondiana en el continente latinoamericano, si nos atuviéramos a la fecha de la inauguración del edificio, 1928.

Sí, hablamos de aquel famoso hotel donde el general Gómez tenía arquitectónicos sueños, ilusionado con construir una gran cúpula bajo la luz de la luna para que las jóvenes parejas contemplaran las estrellas mientras bailaban fox trot. Porque, qué otra cosa simboliza si no nuestro magnífico y cada vez más arruinado hotel icónico del Caribe? Una verdadera arquitectura de la soledad, abandonada a su suerte, indefensa ante lo que quieran hacer de ella quienes no entienden nada de arquitectura, ni de ciudad, ni de historia, ni de conservación, ni de restauración, ni de la importancia del lugar, ni de absolutamente nada?

A pocos días del colapso de las dos emblemáticas torres del #HotelMiramar, por favor tómense la molestia de darse un electrónico paseo por el TL de este dramático hashtag, (aunque eso sí, teniendo cuidado de que no confundirse con los links que aluden al Miramar de Fuengirola, o al de la Playa El Tunco de El Salvador, o al de Lima, o al de Málaga, o al de Panamá, o al de Lanzarote, y mucho menos al del principado de Mónaco). Allí encontraran las peripecias de los turistas accidentales tipo Rambo, de los empleados del gobierno "listos a salvar esta joya", de los damnificados "que hacen vida en las instalaciones", del "pueblo organizado" para nada, de los "responsables de las obras", de los "guerreros del patrimonio", de los "autores de la rehabilitación"… y de toda una fauna fantástica que ronda cual cohorte de los milagros fallidos las inmediaciones de este emblemático teatro del horror de la ya terminal tragedia venezolana.

Por esto les decimos: ya basta, caballeros. Se les acabó su cuarto de hora. Así como también le llegó al Miramar irremisiblemente la hora de su restauración de veras, y esta vez, para que vuelva a ser como era. Famoso, caribeño, elegante, delicioso, monumental. El gran salón del Caribe y de Caracas que fue, ahora reconvertido en un exquisitamente  restaurado hotel histórico six-etoilée.2



Una de las torres gemelas, previo al colapso (f. RadiocChuspa.com).


2. Memorias urbanas del Caribe
Como si hubiera sido nuestro Ground Zero litoral. Así lo tuiteamos el día 18 de Marzo de 2016, tras la caída de las Torres Gemelas del Hotel Miramar: "La caída de las cúpulas del #HotelMiramar marca el fin de una era. Solo nos queda reconstruirlo, como al país".3

"Muerte anunciada", coincidimos en decir todos los que hemos venido siguiendo la suerte de este patrimonio. Vergüenza ajena, más aun cuando al googlear la suerte de edificios afines en otras capitales caribeña como La Habana, o en otras ciudades balneario de comienzos de siglo como Cienfuegos, para hablar solo del caso cubano -por razones obvias-, donde los hoteles y los palacetes semejantes al nuestro (el Hotel Nacional de La Habana, de la firma McKim, Mead & White, de 1930 o el Palacio del Valle de Cienfuegos de Alfredo Colli de 1912), están hoy magníficamente restaurados y conservados. 4 Vaya revolución la nuestra! 4

Pero seamos optimistas. Mas vale una buena ruina plena de allure pornográfico y albricias del arte contemporáneo, que un monumento mal restaurado. Esas ruinas recién colapsadas emanan un perfume embriagador: es el que espantará a todos los posibles entuertos de ahora en adelante, y el que atraerá irremisiblemente la reconquista de nuestra costa caraqueña, y más importante aún: de la patria.


Hotel Miramar (f. Luis R. Bergolla, 2016).




NOTAS

1. “Arretez-vous encore un peu à considerer ce chaos”. René Descartes. En: Hannia Gomez, "Desde la cúpula del Hotel Nacional", Arquitectura, El Diario de Caracas, Caracas, domingo 25 de Septiembre de 1994:

http://hanniagomez.blogspot.com/2007/04/desde-la-cpula-del-hotel-nacional.html

2. Hannia Gomez. "Miramar", Opinion, @ElNacionalWeb, Caracas, 25 de Noviembre, 2014: http://hanniagomez.blogspot.com/2015/01/miramar.html
3. RT @FUNDAMEMORIA Mar 18 La caída de las cúpulas del #HotelMiramar marca el fin de una era. Solo nos queda reconstruirlo, como al país.

4. "La cúpula del Hotel Nacional, diseñado por la firma McKim, Mead & White en La Habana en 1930, pesadamente enjaecida con su balaustrada ornamental, brilla 'como una barcaza barroca' hacia el horizonte, mirando hacia los Estados Unidos, que es invisible en la distancia". En: Hannia Gómez, "Desde la cúpula del Hotel Nacional", Arquitectura, El Diario de Caracas. Caracas, domingo 25 de Septiembre de 1994: http://hanniagomez.blogspot.com/2007/04/desde-la-cpula-del-hotel-nacional.html

5. Ver: Isaías Laya. "Comunidad de Macuto celebra recuperación de su “joya arquitectónica”, Radio Chuspa, 2013: http://radiochuspa.blogspot.com/2013/01/comunidad-de-macuto-celebra.html?m=1
  


Publicado en: Opinión, @ELNACIONALweb, Caracas, Abril, 2016.


martes, 14 de octubre de 2014

Una portada 1928


1. "Caracas Country Club". C. C. Wendehack, 1928 (f. Archivo Fundación de la Memoria Urbana).



“No cuento sino las horas claras”.
Inscripción en la linterna del kiosko, laberinto del Jardin des Plantes, París.1

Desde fines de febrero de 1928, fecha de la celebración del concurso internacional de arquitectura de la Casa Club hasta hoy, sigue pendiente volver sobre los bellos dibujos de la idea ganadora. Todos recordamos lo en boga que estaba el estilo Neohispánico para entonces. Así, hagamos el ejercicio de imaginar que las bases establecían que el nuevo edificio debía ser diseñado en Spanish Revival...

Ambos proyectos de los que nos quedan imágenes, el del arquitecto español Manuel Mujica Millán y el del arquitecto neoyorkino Clifford Wendehack, efectivamente, versionan magníficamente el Neohispánico. Amos célebres de los estilos, ambos arquitectos hacen dos versiones distintas del Neohispánico andaluz. El de Mujica Millán es un Neomudéjar más bien granadino, donde se adivinan ciertos aspectos de La Alhambra. En tanto que el de Wendehack, al que tradicionalmente se le han atribuido requiebres con el franciscano Monasterio de Santa María de la Rábida en Palos de la Frontera, Huelva, por la semejanza del volumen de la Rotonda con la capilla y ciertos visos del patio mudéjar rodeado de arcadas, lo vemos hoy también como una ecléctica fantasía beauxartiana casi transplantada a Caracas directamente desde el Bay Area.

Observemos las centenarias acuarelas más de cerca. A pesar de la expresión impresionista, en los rápidos trazos de Wendehack ya están definidos la mayoría de los elementos compositivos y ornamentales que luego iban a construirse. En la acuarela que aquí presentamos (firmada abajo a la izquierda “C.C. Wendehack”), una pareja de elegantes golfistas admiran desde el rond-point el afamado alzado principal de la Casa Club en todo detalle y esplendor proyectual.

Look closer. ¿Qué vemos nosotros en ella? Llama en primer lugar la atención la discreta asimetría de la fachada, que marca un falso centro con el volumen de la torre. Como en casi todos los grandes conjuntos del Spanish Revival, estas torres/campanarios, generalmente huecas y sin campanas, estaban para equilibrar con su presencia la composición frente a los pesados cuerpos bajos. La nuestra, de tres cuerpos y unida por el este al amplio car port y sus arcadas, cabalga asimétricamente sobre la cubierta a dos guas del cuerpo bajo norte-sur. La torre, como corresponde, se va aligerando hacia arriba, llegando, tras una logia transparente enmarcada por vanos con arcos, a rematar en una cubierta de tejas a cuatro aguas coronada por pinaculos de terracotta.

Toda la ornamentación de esta portada destila los diferentes dialectos arquitectónicos que fluctuaban en el espíritu del Spanish Revival hacia 1928, sobre todo en Southern California: cornisas de ladrillo y cálidos materiales y colores Neo Mediterráneos; relieves y medallones florales al estilo Neo Barroco (tan difundido en la ciudad de San Diego); herrerías ornamentales y arcos de limpia geometría de la arquitectura del Spanish Colonial. No hay duda de que Wendehack (1884-1948), cuya primera educación arquitectónica fue en Europa, y quien luego fuera propulsor de la arquitectura Beaux-Arts en Nueva York, demuestra con este diseño de qué se trata ser un verdadero connoisseur.


Kiosko metalico del Jardin de Plantes. Paris, siglo XVIII (f. http://www.lavieb-aile.com/).




NOTAS
1. « Horas non numéro nisi serenas » : « Je ne compte que les heures sans nuages ». La Gloriette de Buffon,  http://fr.wikipedia.org/wiki/Gloriette_de_Buffon




Publicado en: Pluscuamperfecto, Entresocios, Caracas Country Club, Caracas, Octubre, 2014.




martes, 5 de octubre de 2010

Por tu blanca palidez

True colors: la Plaza O´Leary en 1957.





1. Impresiones
Arthur Rimbaud le confería ciertas características cromáticas a las vocales. Para el poeta, a la A le toca el negro; a la E el blanco; a la I el rojo, a la O el verde y a la U, finalmente, el azul. Así, sus textos eran –al menos en teoría- también perfectamente susceptibles de ser leídos en Technicolor. De ello resultaba una “impresión” formada por cientos de puntitos de colores, que, sumados, proveían al lector de una imagen estética paralela del poema, de una sugestión casi mágica, como en aquellos lienzos con numeritos para quien aprende a pintar, o como en la pintura impresionista.

Conocido esto, volví a ver a la ciudad. De lejos, para apreciarla mejor en todos sus colores: los de cada individualidad arquitectónica. Sin ningún canon rimbaudiano a la mano, era sin embargo posible entender los cromatismos implícitos en ella… Y apreciar la imagen global. Caracas con sus frases, sus palabras y sus letras, sus fraseos y sus estrofas ¿necesita realmente de alguien genial que dictamine un código visual que pueda explicarla, o rendirla aparente para los otros? Y si así fuera, ¿qué color le endosaría éste a cada uno de los componentes urbanos?... ¿Es todo, a la postre, un asunto de impresiones personales?

2. Blanca torre
El verso más pigmentado de la poesía urbana caraqueña es aquél de los techos rojos y las azules lomas. En medio del nebuloso tono liláceo que la imagen sugiere, emerge destacada la nívea pincelada del campanario catedralicio pérezbonaldiano. Casi un lienzo… Su blancura de relámpago entre el extendido mar terracotta de los tejados se convirtió desde entonces como en un lema para Caracas… Aunque muchos colores hayan convivido luego bajo el ala de los aleros, aquel blanco de la torre tuvo algo de seminal incluso antes de que el siglo veinte barriera con prácticamente toda la policromática arquitectura colonial y decimonónica.

Blanco, marfil, mantecado, ostra, gris… Luz blanca, atmósferas enceguecedoras. Mediodía. Qué Chandigarh, ni qué Algeria, ni qué Marsella, ni qué Río: Caracas. La Caracas moderna. Hoy, nada brilla en el valle con tánta belleza como el albo espinazo del Aula Magna.

3. Saber ver la arquitectura
Hace 65 años, cuando Carlos Raúl Villanueva desechó los fuertes tonos en boga aplicados a las fachadas de ciertas Siedlung (conjuntos de vivienda multifamiliar) alemanas y de ciertas Hoffe (bloques perimetrales de vivienda multifamiliar) austríacas –en particular los rojos del Karlmarxhoffe-, para recubrir El Silencio con un discreto ton sur ton beige, no era porque le tuviera miedo al color, por desinformación, o porque no apreciara la arquitectura popular… sabemos que Villanueva no era color blind.

Allí un fuerte cromatismo no hacía falta, y por tanto no se especificó jamás en el proyecto. El fragmento de ciudad que se estaba reconstruyendo era el de un barrio residencial para la clase media… tranquilo, urbano, tradicional. Nada de estridencias, al menos no en la fachada a la calle, nada de radicalismos, nada de vanguardismos: ésta fue una lección de la más clásica arquitectura urbana para una ciudad que tenía que aprender a crecer a otra escala, y, literalmente, en otro tono. Así, los bloques de El Silencio, no han sido jamás naranja. Hoy (2005), aunque se aleguen calas, estratigrafías, raspados, estudios cromáticos y demás florituras para tergiversar la verdad histórica, El Silencio solo es como lo diseñó su autor.

El Silencio es del color original de sus arquitecturas cuando fueron construidas, en toda la autenticidad de su momento histórico. Igualmente, Caracas. Y si nos aventuráramos un poco más, para intentar hilar tan fino como Rimbaud, veríamos que en el texto de nuestra monumental ciudad moderna quizás a la A le tocaría algo así como el blanco del concreto, ese béton brut que en el Caribe refulge con inusitada eclosión; a la E el blanco reflectante de las superficies de vidrio; a la I los muros de piedra blanqueados por la solaridad; a la O le correspondería el matiz de los planos murarios encalados y abstractos, y la U sería de todos los colores del arcoiris de las carpinterías, murales, detalles, planos y elementos arquitectónicos, reducidos a uno solo y universal tono caraqueño bajo el sol. Sólo hay que saber leer… o tal vez, simplemente, entrecerrar los ojos.

Nuestra ciudad tiene los colores que ha ido escogiendo cuidadosamente para ella misma a través de su historia, como lo hicieron tántas otras ciudades con personalidad, como Venecia, París, Palma, calle por calle, palmo por palmo, arquitectura por arquitectura, y éstos se parecen en mucho al que la blanca luz del valle ha dictaminado implacablemente para ella. Eso, también es patrimonio.




Procol Harum. A Whiter Shade of Pale (1995).






Publicado en: viejasfotosactuales.com, Caracas, 2005.





sábado, 13 de marzo de 2010

Fuera de la ley

 Jean Nouvel. Torre Aguas de Barcelona. Barcelona (1999). 




  
Nadie que se llame Chantal podría actuar de otra manera. Ese nombre marca a cualquiera… más si se trata de la curadora jefe del gran arquitecto francés contemporáneo Jean Nouvel, Chantal Béret. En su nombre ya estaba comprendido, ya se anunciaba, todo lo que sería la exposición que organizase en el Centro Georges Pompidou. Chantal.
 
Lo dijo Michel Volkovitch en su libro Verbolario (para el uso de escritores y lectores): “en una página de Du côté de chez Swann, titulada 'Encanto de los nombres', Proust analiza el efecto que producían sobre él ciertos nombres de ciudades: Parma, Vitré, Coutances, Questembert, Pontorson… diciendo: 'el nombre Parma me parece compacto, liso, malva y suave, con su sílaba pesada, donde no circula ningún aire… en cambio, Vitré, cuyo acento agudo lamía de madera negra el vitral antiguo'”.1 Esto también podría ocurrir con los curadores de arquitectura. Sigue Volkovitch: “uno podría igualmente estudiar los nombres propios inventados, aquellos a los que los autores encargan expresar, resumir, todo el carácter de un personaje o de un lugar ficticio. ¿Porqué Vautrin, Goriot, Bovary, Homays, Swann, Verduryn?” O también, ¿porqué Chantal?

Digamos que era lo más apropiado. Se trataba de hacer un show donde se respirase el más puro espíritu de los tiempos. Seducir absoultamente a todos. A tout le monde. Si la gran exposición retrospectiva de Jean Nouvel debía simular la visión personal de su arquitectura, debería “petrificar” el momento cultural. Capturar las ondas, ser el sismógrafo sensible a todas las mutaciones. Debería absorber dicho espíritu de los tiempos, especialmente de lo no-arquitectónico: “los estallidos de lo real, las emociones fugitivas de las luces de los aeropuertos, de las autopistas, de los carros, de las líneas eléctricas, de las suburbias, de las vallas, de las imágenes, de lo trivial, del estado actual de las cosas, de las tecnologías de punta, de los fotones, de los fractales, de Wenders y Goddard, Blade Runner, James Turrell, Anish Kapoor, Jenny Holzer, Richard Serra, Foucault, Deleuze…” y de la moda, claro está.2

Si Nouvel, para Chantal, era también Prouvé, Mies van der Rohe y sobre todo Archigram, entonces ella, Chantal, para el Pompidou, devendría Chanel/Lagerfeld, Saint-Laurent, Wallpaper y hasta el Buddha Bar, todo aderezado por el espectacular patronazgo digital de Samsung. La exposición de arquitectura “Jean Nouvel” se comprendería como el “set” Jean Nouvel, la “novela” Jean Nouvel, el “recital” Jean Nouvel, el “desfile” Jean Nouvel, y Chantal, vestida de negro, inspiraría la puesta en escena en un catwalk. Sólo le faltaron los DJ’s… si es que decidimos no tomar como música de “ambiance” el cliquear parpadeante de los video beams unidos a la voz electrónica de Nouvel desde las pantallas planas: “Les propongo una sucesión de inmersiones en micromundos como ecos de nuestro mundo, y a cada uno sus propias resonancias”. 

Chantal se dió la vuelta, e hizo un mohín displicente ante el directorio del museo. Para exponer a Nouvel, para poder mostrar su arquitectura crítica, su memoria activa, su hiperespecificidad, su darwinismo arquitectónico, su singularidad, su poética, su “estética del milagro”, había decidido estar, como él, “fuera de la ley”. Su proyecto de exposición, al igual que la Torre Aguas de Barcelona (el ícono central del show), que, muy a la Foucault, “no es una torre”, tampoco sería una exposición.

La imagen bajo todas sus formas contituiría su dispositivo esencial, y para develar la clave de todos los placeres, de todos los misterios de la seducción arquitectónica nouveliana haría “una historia discontinua, una especie de novela sin palabras, una pluralidad de aproximaciones para dirigir la mirada, entre la distracción y la demostración, la reflexión y la fascinación, y dar cabida a una percepción flotante del espacio arquitectónico”. Haría una caja de imágenes mágicas. Con ésto, su curaduría se zambulle en la corriente más actual de la museografía arquitectónica, a saber, la de los arquitectos-escenógrafos. Prueba de ello es el proyecto para la nueva Cité de l’Architecture et du Patrimoine en el Trocadero, a ser inaugurada en el 2003.

Chantal, con una elegante arrogancia tipo Sonia Rikyel, había levantado la voz, que resonó en los ámbitos de vidrio y acero: “Esta exposición no es ni exhaustiva, ni objetiva, ni retrospectiva, ni didáctica, ni científica. No se dirige a los iniciados: ¡No esperen ni planos, ni maquetas que arriesguen ser fuentes de incomprensión por su escala, la naturaleza de la luz o de los materiales; nada de información sobre aquéllo que es la génesis del proyecto, sobre la arquitectura como trabajo, como no sea archivada en la memoria de un ordenador!” 

Oh, pero claro, Chantal: ¡Nouvel es lo imaginario asistido por el ordenador! Y así, a través de cinco secuencias temáticas contenidas en densas cajas negras, containers hundidos en la oscuridad donde no se ve sino la luz de aquéllo que es mostrado, “desfilan” por la pasarela de Chantal un “jardín extraordinario” (la Embajada de Francia en Alemania), el “paradigma artificio-naturaleza” (el Museo Temporal Guggenheim de Arte), la “infiltración” (la sede social de la Sociedad Richemont, Ginebra), el “misterio del origen” (el Museo de la Evolución humana, Burgos), el “traza(do) del futuro” (el Centro Cultural de Santiago de Compostela), y así sucesivamente, hasta alcanzar la susodicha torre que no es una torre, Aguas de Barcelona (AcBar).

Solamente al concluir, Chantal
Béret le permitió una excepción a la vulgar realidad, y la luz vuelve en la sala llamada de la “Agencia”, inspirada en el tema del taller, donde archivos, ficheros, y bancos de datos aguardan en unas treintena de computadoras para que los descreídos podamos urgar con el mouse en la memoria de más de doscientos proyectos y veinte años de espléndida carrera arquitectónica. 


La exposición en el Centro Georges Pompidou.







NOTAS
1. Michel Volkovitch.Verbolario (para el uso de escritores y lectores).
2. "Jean Nouvel", Centre Georges-Pompidou, Paris, 2002.




Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, lunes 21 de enero de 2002. 


 

domingo, 17 de enero de 2010

El cielo es el límite

El Empire State Building entre las nubes (f. Charlotte Price, 1950). 


 


“…altos brotes de hierro, esbeltos, fuertes, ligeros,
subiendo espléndidos hacia los claros cielos”.
Walt Whitman. Mannahatta.1
 
La ciudad de Nueva York pasado mañana (11/09/2002) conmemora la peor tragedia arquitectónica que haya conocido la humanidad y el primer aniversario de la destrucción del que fuera quizás su ícono menos reconocido. Las Torres Gemelas del World Trade Center durante estos meses demostraron ser mucho más importantes en la lectura de la ciudad de lo que hubiéramos querido reconocer jamás. El skyline de Manhattan -todos lo hemos podido comprobar-, nunca volverá a ser el mismo.

La memoria urbana de las torres se ha convertido ahora en un verdadero reto para la enigmática naturaleza humana, la neoyorkina en especial. La fuerza de su ausencia es punzante y persecutoria, pero mientras la ciudad se ha ido penosamente recuperando del dolor de la tragedia, aún no se ha atrevido a volver a ser ella misma: la Nueva York de antes del accidente, la Nueva York orgullosa, la Nueva York puntera, para decidir qué hacer, qué poner en su lugar, qué construir en Ground Zero  (Zona Cero).

Porque, seamos sinceros: nadie se cree que los neoyorkinos realmente hablan en serio cuando dicen que van a sustituir a la pareja de rascacielos con un simple memorial de césped salpicado de obras de arte o con un conjunto ridículo de rechonchos edificios haciendo ruedo. No es posible. No en la ciudad que se promocionaba a sí misma en 1932, ¡hace casi un siglo!, en un libro titulado Nueva York: La Ciudad Maravilla, haciendo alarde de sus rascacielos diciendo: “Nueva York –¡sinónimo de lo grande, lo grandioso, lo impresionante, lo milagroso!”. No en la ciudad que se batió a duelo con Chicago por décadas para tener el edificio más alto del mundo, lucha que le hiciera a Frank Lloyd Wright proponer erigir en 1956 frente al Lago Michigan nada menos que un edificio de una milla de alto (el “Mile-High Building”); no en la ciudad donde los edificios hacían competencia por unos pocos pies de altura para llevarse el premio de ser solo por unas pocas semanas el más alto (como en la historia del Chrysler Building versus su vecino de 40 Wall Street, cuando su aguja fue mantenida escondida en su pináculo hasta que se terminó la otra construcción, y entonces fue colocada en su sitio, con lo que ganó por unos buenos metros); no en la ciudad que le perdió el miedo a los rascacielos la mañana de un domingo de 1945 cuando el Empire State Building quedó impávido tras el choque contra su fachada de una avioneta perdida.

Lo que hace falta es un poco más de tiempo que cure las profundas heridas. Y, entretanto, averiguar porqué diablos Nueva York se dejó quitar la supremacía en la osadía arquitectónica. Si revisamos nosotros mismos dónde quedó el hilo de la historia, la carrera por la altura terminó cuando la Torre Sears, de Skidmore, Owens & Merrill, de 110 pisos y la más alta del mundo para ese entonces, fue terminada en 1974, dos años antes de que Minoru Yamasaki y Emery Roth & Sons concluyeran por su parte las Torres Gemelas. Chicago había terminado por ganar. El golpe fue mortal... pero pasó desapercibido. A partir de entonces el asunto no pareció importarle ya demasiado a nadie… hasta ahora. Habiéndose superado los problemas técnicos por la altura y disipados los tabúes por la congestión en las ciudades, los rascacielos empezaron gradualmente a “pasar de moda”. O mejor dicho, lo que en realidad hicieron fue mudarse a Asia.

Cuando en 1981 el crítico de arquitectura Paul Goldberger culmina su libro The Skyscraper, concluye diciendo: “la de hoy es una época mucho más como la Barroca –una época de auto-indulgencia. La inocencia ya no existe hoy en día”.2 La historia de los rascacielos la cierra coincidiendo con el momento de su decadencia neoyorkina. Lo que vendría de allí en adelante serían edificios cada vez más auto-ensimismados en su estética, como de hecho ocurrió. Goldberger no se equivocó. La cosa en los ochenta se volvió un problema formal y toda la epopeya Howard-Roarkiana del reto por conquistar los espacios aéreos, o de William van Alen en el Chrysler Building con el romanticismo urbano del Jazz Age, o de William F. Lamb en el Empire State Building con la poética de la construcción en el aire, pasó a un problema de marketing de la imagen de las mediocres nuevas torres en la ciudad que empezaban a construirse.

La arquitectura neoyorkina se “reblandeció”. Se abandonó sin miramientos toda la tradición de una nación de constructores, la idea de la “espléndida Babilonia”, la gran aventura americana y la loca carrera de un siglo que construyó las estructuras arquitectónicas más osadas de la tierra, por las ironías y los juegos baratos de modas pasajeras. Las florituras posmodernas de los ochenta y los batires de alas pseudo-vanguardistas de los noventa sustituyeron la pasión teatral, el romanticismo y la irracionalidad crónica de una ciudad que siempre se vió a sí misma mitológicamente como el Jardín de los Edificios que son a la vez Maravillas Naturales.

Sin embargo, y como bien dijera Thomas A.P. Van Leeuwen en La Corriente del Pensamiento hacia el Cielo; la Metafísica del Rascacielos Americano, así como “basta perseguir la historia para que nos encontremos de frente con el mito, basta tener fe en el mito para que escribamos la historia”.3 No pasará mucho tiempo sin que la ciudad de Nueva York pierda el miedo y retome la senda de su propia sueño. Ese sueño de

“…altos brotes de hierro, esbeltos, fuertes, ligeros,
subiendo espléndidos hacia los claros cielos”

al que le cantaba Walt Whitman en “Mannahatta”. Para prueba de ello, basta un botón: en la Bienal de Arquitectura de Venecia 2002, que inauguró este sábado pasado en los Giardini dell’Castello, el Pabellón Americano abre con una exposición de propuestas para la Zona Cero que desconoce así, flagrantemente, los resultados recientes del referéndum popular que desdeña un nuevo rascacielos.

Su esperanzador título es: “NEXT”. 



Los rascacielos de Wall Street vistos desde Trinity Church, con el Equitable y e lBankers Trust Building, en Diciembre de1916.

 



NOTAS
1. Paul Goldberger. The Skyscraper: The Drive for Height, Alfred A. Knopf, Nueca York, 1981, p. 77.
2. Thomas A.P. Van Leeuwen. The Skyward Trend of Thought: the Metaphysics of the American Skyscraper, The MIT Press, Cambridge, MA., 1988.
3."...high growths of iron, slender, strong, light, splendidly uprising toward clear skies..." Walt Whitman. "Mannahatta", 1860.




Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, lunes 9 de Septiembre de 2002.