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viernes, 12 de abril de 2019

Adiós al Gastizar



Adiós al Gastizar (f. Hannia Gómez, 3 de diciembre de 2016).



"En cada vestigio se rastrea la sombra de una historia siempre".
Javier Marías. 1

1. Muertes anunciadas
Damos el parte de guerra de los edificios demolidos como si se tratase de personas. Porque sus presencias en la ciudad son así, humanas. Y sus ausencias también.

Queremos dejar constancia de que la demolición del pasado 3 de diciembre del edificio Gastizar (1950-2016) en la Avenida Orinoco de Las Mercedes, Caracas, Venezuela, es una de las peores que hemos sufrido en los últimos tiempos en esta ciudad.

Es la más desalentadora, porque ocurrió hoy, en 2016. Es la más indignante, por haber sido publicada su arquitectura en 1983 con todos sus planos junto con los de su pareja inmemorial -desde ahora en eterno duelo-, en el otro lado de la misma calle, el edificio Donosti, en La vivienda multifamiliar en Caracas 1940-1970 por el Instituto de Arquitectura Urbana;2 por haber sido esta obra preinventariada por la Fundación de la Memoria Urbana para el Instituto del Patrimonio Cultural y estar online desde 2008, 3 y por haber sido admirada en una magnifica exposición en 2015, "Suite IBERIA: la arquitectura de influencia española en Caracas", por Docomomo Venezuela y la Embajada de España en Venezuela.4

La denuncia de Patrimonio en Peligro la habíamos hecho en todas las instancias competentes hace un año entero, desde que nos enteramos de la amenaza que pesaba sobre el noble caserío Neovasco, de inolvidable rotulo, obra del diseñador y constructor donostiarra D. Miguel Salvador Cordon. Pero aparentemente en nuestra golpeada ciudad, amparo judicial mata informe patrimonial.


2. Nuevas estrategias
En un país donde la primera oficina de Patrimonio tiene inexplicable e irresponsablemente congeladas todas las nuevas declaratorias y donde todos los Municipios están en mora con los ciudadanos porque no terminan de crear sus Direcciones Municipales de Patrimonio con sus propias listas de Patrimonio, no es posible proteger la Memoria Urbana de nuestras ciudades. La lucha tiene que ir ahora en este sentido. De nada le valió al Gastizar todo lo que hemos descrito anteriormente. NO hay protección. Y esto hay que cambiarlo.

Así, pues, dejemos de buscar culpables. Corrijamos la estrategia. Sabemos que tanto en el IPC como en la Alcaldía hay personas valiosas que quieren superar para siempre esta negra etapa de las declaratorias suspendidas, el escaso seguimiento y la poca protección.

Lo que hace falta es que los conminemos sin descanso a ello. Si para algo ha servido -si es que posible pensar asi- la dolorosa demolición del edificio Gastizar este fin de semana pasado en Caracas, es para haber constatado cuán grande es la conciencia que hoy existe entre nosotros por el Patrimonio y la Memoria Urbana. Somos muchos los indignados. 

Trabajemos con más fuerza juntos 

#PorNuevasDeclaratorias 
#PorNuevasDireccionesMunicipalesdePatrimonio 
#PorlaMemoriaUrbana



NOTAS
1.  Javier Marías. Tu rostro mañana, Alfaguara, Madrid, 2002, p. 229.
2. "Edificios Donosti y Gastizar". La vivienda multifamiliar en Caracas 1940-1970, Instituto de Arquitectura Urbana, Caracas, 1983, pp. 28-31.
3. "Edificio Gastizar". CARACAS MODERNA, Preinventario Arquitectónico, Urbano y Ambiental Moderno de Caracas 2005-2007, Instituto del Patrimonio Cultural/Fundación de la Memoria Urbana, Caracas, 2006: http://fundamemoria.blogspot.com/search/label/Ed.%20Gastizar
4. "Ricamente guarnecido", Suite IBERIA: la arquitectura de influencia española en Caracas, Embajada de España en Venezuela, ACID, Docomomo VE, Sala TAC, Caracas, 2015: pp. 92-97.



Publicado en: Opinión, @ELNACIONALweb, Caracas, Diciembre, 2016: http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/adios-gastizar_24567



martes, 19 de agosto de 2014

Prioridad para los Peatones


La ciudad como sitio de reencuentro entre peatones, ciclistas y automovilistas (f. www.septgratuit.fr).




"La verdad se vuelve inverosímil a veces con el paso del tiempo;
se aleja, y entonces parece fábula, o ya no más la verdad".
Javier Marias.
1. El peatón vive, la lucha sigue
En la historia de la reconquista en la ciudad moderna para el hombre a pie hemos visto ya cumplirse unos cuantos episodios. Desde los 70, con la llamada Recuperación de la Ciudad Tradicional y Revolución Anti-industrial, surgida en Europa de la mano de León Krier, pasando a la primavera global de los calles peatonalizadas y los bulevares de los 80 -cuando nosotros mismos vivimos en Venezuela dorados momentos-, hasta alcanzar la definitiva toma de conciencia universal a favor del peatón en la ciudad que vino con el cambio de siglo. Hoy, ya nadie en el mundo cuestiona este sagrado derecho, pero sin duda fue un logro de muchas batallas libradas internacionalmente.

No obstante, esta certeza esta lejos de cumplirse totalmente en la realidad urbana de muchas ciudades, y por ello, la lucha continúa. A ello se le suma la urgencia de volver las ciudades más sustentables, lo cual requiere de una disminución del transporte automovilístico a favor del uso del transporte masivo, la bicicleta y el peatón. Todos los países están trabajando a su manera, y nosotros debemos estar atentos a sus experiencias, porque el monstruoso estado de nuestra infraestructura peatonal viola de manera intolerable el Derecho del Hombre a la Ciudad, y la predominancia que aún tiene la Ingeniería Vial sobre la Ingeniería Peatonal en nuestras ciudades se mantiene.

Es por ello que es interesante un instrumento reciente que puede sernos de alguna utilidad. El pasado lunes 11 de agosto se presentó en Ciudad de México la Carta Mexicana de los Derechos del Peatón, redactada por la recién formada Liga Peatonal de ese país, “una red de personas, colectivos y organizaciones dedicados a la promoción y defensa del efectivo ejercicio de los derechos del peatón en las ciudades mexicanas y de un espacio público que ponga como eje a la persona“, fundada el pasado mes de  mayo.

Cada punto de dicha carta está descrito de una manera que luce casi científica, aspirando a ser una ordenanza. Son catorce las premisas, arrancando por la definición de Peatón, hasta el enunciado de sus Seis Derechos Fundamentales. Están allí definidos cosas como la idea del espacio público frente al espacio privado, sus cualidades y sus limitaciones de uso, la necesidad de que su diseño sea colectivamente ergonómico, y el que toda "infraestructura urbana debe estar diseñada y hecha principalmente para las personas, a escala de las personas y a la velocidad de los seres humanos". El documento sigue enumerando -poniendo en blanco y negro conceptos ya tradicionales, en realidad-, la larga experiencia global en la materia: la importancia de la accesibilidad universal, la imperiosa necesidad de la remoción de todas las barreras, la prioridad que deben tener los cruces a nivel y la señalización para peatones, y, simplemente, que hay que reducir la infraestructura vehicular a su mínimo en las ciudades lo antes posible.

La aparición de estos contenidos a manera de carta, adaptable a la naturaleza del problema en cada país, podría contribuir a que la ruta emprendida por los activistas y las organizaciones no gubernamentales a favor de los peatones evolucione hacia su profesionalización. Fusionados en una liga nacional peatonal y armados de un documento legal fuerte, puede confrontarse con mayor fuerza a los gobiernos de las ciudades para "influir en la construcción de políticas públicas orientadas al peatón". Grupos venezolanos como los tesoneros @caracasapie @sampablearte o @serurbano, entre otros, al convertirse en liga científica armados de un código, podrían pasar a un nivel superior de lucha convertidos en un organismo paralelo, ese Ministerio de Transporte Peatonal del que hablamos una vez y que sin duda le haría el contrapeso necesario al otro Ministerio del Transporte, el vial.

La peatonalizacion de la Avenida Bolívar (f. 1987, Giovanni Chiaramonte, LOTUS International).


2. Razón peatonal de la historia
En materia de la reconquista peatonal de la ciudad moderna Venezuela no se queda atrás. Puede que quizás lo hayamos olvidado. O que nos parezca fábula, como diría Javier Marías, Pero es la verdad: un buen camino por la peatonalización, vaya si lo hemos andado!

Hagamos memoria urbana. Volvamos hasta los años ochenta del siglo veinte. Entonces, el Instituto de Arquitectura Urbana (Caracas, 1979), se aliaba con FUNDACARACAS en la construcción de su propuesta de un boulevard peatonal para Catia, para mencionar solo una de las obras de peatonalización que impulsó el Metro, mientras que Benacerraf & Gómez transformaban la autopista de alta velocidad que era la suburbana Avenida Bolívar en un paseo con aceras peatonales de treinta metros de ancho, con árboles, jardines, pórticos, bancos, cruces y semáforos. Una apuesta por la ciudad peatonal que no tenia parangón contemporáneo en el mundo urbano de entonces, como lo acreditó inmediatamente en Milán Pier Luigi Nicolin, el director de la revista LOTUS International. El Parque Vargas, de hecho, sirvió de inspiración urbanística al maestro Rogelio Salmona para impulsar el plan de peatonalización del centro de Bogotá, que vendría después.

En Venezuela se diseña y se construye de manera pionera y ejemplar en aras de la movilidad peatonal desde hace ya más de medio siglo. Pongámonos, pues, en "pie de guerra". Usemos nuestra historia urbana y toda nuestra fuerza ciudadana frente al avance de la hegemonía automovilística para conseguir que en nuestras ciudades alcancen definitivamente prioridad los peatones.




NOTAS
1. Hannia Gómez, "Ingeniería peatonal, en: Desde la memoria urbana: http://hanniagomez.blogspot.com/2007/03/ingeniera-peatonal.html
2. Pedro Hernández  Martínez (@laperiferia), "Andar a pie", en: Arquine, Carta Mexicana de los Derechos del Peatón: http://www.arquine.com/blog/carta-mexicana-de-los-derechos-del-peaton/
3. Liga Peatonal: http://ligapeatonal.org/quienessomos/
4. @caracasapie: http://twitter.com/caracasapie
5. @sampablearte: http://twitter.com/sampablearte
6. @serurbano: http://twitter.com/serurbano
7. H. Gómez, "La medida del paseante", en: Desde la memoria urbana: http://hanniagomez.blogspot.com/2007/03/la-medida-del-paseante.html
8. "Center, park, avenida. The new Vargas park in the center of Caracas" by Carlos Gòmez de Llarena -Spazio, tempo, e architettura / Space, Time, and Architecture Lotus 56, Lotus International, (1987): pag.32: http://www.editorialelotus.it/web/search.php?author=Gomez+de+Llarena&topic=



 Publicado en: La fábrica,  EL NACIONAL online, Caracas, 18 de Agosto, 2014.

 

sábado, 7 de agosto de 2010

Hija de l’Unité

Unidad de Vivienda Cerro Grande, en El Valle, al norte de la Calle Real. Banco Obrero, Arquitecto Guido Bermúdez, 1954. 





Hace veinte años (2004), en la publicación monográfica del Instituto de Arquitectura Urbana La Vivienda Multifamiliar, Caracas 1940-1970, me tocó en suerte escribir el texto titulado “Edificio Cerro Grande”, para presentarlo dentro del repertorio de tipos de viviendas multifamiliares caraqueñas correspondiente a la década de los cincuenta. 1

Escribir sobre el Cerro Grande no significó en el ‘83 ningún tipo de sacrificio: el edificio ya me encantaba, desde siempre me atrajo la pureza de sus formas, su inmaculada factura y su blancura brillante contrastando con los cerros de la zona de El Valle. Sin duda, una de las mejores arquitecturas de Caracas. Un edificio elegante, casi una aluc
inación moderna al borde de la autopista, un superbloque vertical emparentado con tantos otros prístinos bloques de su época, de cuando los prismas eran todavía prismas y la palabra “composición” tenía su significado original contundente y un peso específico en los grandes conjuntos arquitectónicos... Por ese edificio apenas, ya se me alzaba sola una ceja cada vez que veía aparecer el nombre de “Guido Bermúdez” en algún lado, como sinónimo de buena arquitectura.

Estar al día con la vanguardia arquitectónica internacional era lo más natural por allá en los años cincuenta. Entonces la utopía y la vanguardia iban de la mano. Todavía se creía a pies juntillas que podía hacerse la revolución -o prevenirla- sólo con arquitec
tura y que era políticamente correcto ser rabiosamente “graficulto”. Los arquitectos podían ejercer sin reparos la más exquisita, desaforada o experimental vanguardia arquitectónica sin temores, porque se creía positivamente en que ella sola podía darle salida a la crisis de la vivienda urbana. O al menos, éso era lo que pregonaba Le Corbusier.

En Caracas, cuando arrancan los primeros programas del Plan Nacion
al de la Vivienda y el Taller de Arquitectura del Banco Obrero (TABO) emplea a los arquitectos jóvenes para hacer las primeras soluciones habitacionales, éstos asumirán casi inmediatamente la tipología corbusiana de la Unidad de Habitación cuando ella misma en Europa aún estaba en campaña. Un pecado de juventud por el que fueron casi tan culpables y al mismo tiempo casi tan arriesgados como él, asumiendo el reto de aplicarle sin reparos la nueva tipología vertical a la tradicional ciudad horizontal. No sabemos si Le Corbusier tuvo noticias o qué opiniones le merecieron estos avanzados venezolanos que tan buenas obras hicieron con sus ideas en Caracas, mientras que casi al mismo tiempo él intentaba llevar adelante las suyas: cuando se afanaba en lograr que se construyeran sus Unités d’Habitation de Nantes-Rezé (1952), Briey-en-Fôret (1957), Meaux (1957), Berlín (1957) y Firminy (1962), ya estaban en Caracas construyéndose a todo meter el Cerro Grande (1954), el Cerro Piloto y toda la avalancha de las Unités caraqueñas: tántas, que habría que decidirse de una vez por todas a tildar de “Marsellesa” esta etapa de la historia de la vivienda multifamiliar en Caracas.2

Bermúdez soñaba con ello. En una entrevista que le hacen en 1995, reconoce que su tesis de grado, titulada “Unidad de Habitación Cerro Verde”, ya estaba
basada en un axioma corbusiano, e intenta recordar cómo iba éste: “Yo instalo la vivienda en el corazón del binomio individual/colectivo, y estando asignada la libertad individual por la habitación, organizo todo aquéllo que pueda aportar lo colectivo”. No hace falta aventurar demasiado para imaginarse que del Cerro Verde al Grande no ha debido mediar más que una práctica más experimentada de la profesión. El sueño arquitectónico ha debido ser el mismo. De hecho, comparando las Unidades de Vivienda (como las bautizó el BO) de Villanueva con ésta única de Bermúdez, es el Cerro Grande el que guarda más literales vestigios marsellescos, particularmente en el tratamiento de las fachadas y en la configuración de los volúmenes de servicios en el techo y la planta baja a la manera de “naturalezas muertas” (Banham) 3. Sólo que el repertorio de formas racionalistas de Bermúdez y el de formas puristas de Corbu son abiertamente distintos.

Y la paleta también. Si la Unité d’Habitation de Marsella se construye entr
e 1947 y 1952, nadie puede decir que el Cerro Grande, construido sólo dos años más tarde, no se le asemeja, que esta semejanza no salta a la vista, y que, siendo tan obvia, no sea intencional. Eso escribíamos en 1983. Pero las semejanzas quizás ahora importen menos que las diferencias.

El Cerro Grande es un edificio mucho menos lúdico que la Unité, es claramente más racional, más parecido a su autor, de cuya casa personal una vez se escribiera que era de una “precisión matemática, casi un tanto fría”.4 Quizás la culpa la tenga su amor por el blanco, ese color tan netamente caraqueño, que todo lo desvanece. Una Unité encalada, aunque su osatura estructural sea de concreto armado “con los últimos adelantos estructurales y estéticos de la arquitectura contemporánea”,5  ya no es tan corbusiana: las bóvedas de concreto flotan, los volados progresivos se volatilizan, la façade brise-soleil se vue
lve una delgada celosía. Al obviar el grueso béton brut del modelo original, que todo lo moldea, todo lo esculpe y todo lo texturiza, un valor nuevo nace en el Cerro Grande, y es un valor local: la ligereza de las blancas estructuras de concreto, que tanto amó Ponti en la arquitectura moderna caraqueña y exaltó repetidas veces en la revista DOMUS. Una “invariante” clásica de nuestra modernidad no-villanuévica.6

Rayner Banham, al final de "La Maison de Hommes, la Misère des Villes" escribió galantemente que “en Caracas se produjeron proyectos, como el Cerro Grande y el Cerro Piloto, que mostraron cierta comprensión de algunas partes reales y valiosas de la visión de L-C, grandiosa pero humana a su manera, de la vivienda urbana” 7, y califica a ambas arquitecturas de “hijas auténticas de l’Unité”. Gracias a Banham, me alegro de poder repetir en el 2002 que el dilema entre la originalidad y la imitación en la arquitectura se vuelve relativo con el paso del tiempo. La Unidad de Vivienda Cerro Grande es hoy uno de los
mejores monumentos antiguos que la ciudad moderna nos ha legado, y, como su mère marselleise, merece convertirse en objeto de culto y sitio de peregrinación. 






Unidad de Vivienda Cerro Grande, planta tipo.



 
NOTAS:
1. Hannia Gómez. "Edificio Cerro Grande", en: La Vivienda Multifamiliar, Caracas 1940-1970, Instituto de Arquitectura Urbana, Caracas, 1983, pp. 50-51.
2. Le Corbusier. StudioPaperback, Les Editions d’Architecture, Paris, 1972, pp. 188-199.
3. Este concepto genial lo acuñó Rayner Banham en su espléndido artículo "Fórmulas de vivienda colectiva: la maison des hommes y la misère des villes", A&V,  10, 1987, pp. 24-35.
4. Jaime Tello. Revista Su casa.
5. "Immeuble “Cerro Grande” à Caracas", L’Architecture d’Aujourd’Hui, pp. 30-31.
6. Carlos Raúl Villanueva también hizo arquitecturas blancas y livianas, pero fue más asiduo del look del béton brut. No tanto así Carbonell & Sanabria, Vegas & Galia o Vegas, Ferris & Dupuy, quienes produjeron en lo general arquitecturas de expresiones estructurales muy ligeras.
7. R. Banham. Op. Cit., p. 35.




 

Publicado en: "Guido Bermúdez", Dada, Caracas.



 

lunes, 26 de enero de 2009

Joel Sanz: Premio Nacional de Arquitectura 2000


Primer Premio del Concurso Nacional de Ideas para la transformación del Cuartel San Carlos, Caracas (2000). Vista general.




Joel Sanz (Caracas, 1947; arquitecto UCV, 1970), resumió para nosotros algunos puntos claves de su pensamiento de arquitecto, diseñador y profesor. Celebramos su merecido premio y hacemos votos junto con él, quien fuera el fundador y primer Director del Instituto de Arquitectura Urbana de Caracas, por la reconstrucción inmediata de las torres de Lower Manhattan, pero esta vez como las más altas del mundo y blandiendo un monumental duomo anti-misiles sobre todo Nueva York, como aquél que soñara una vez Buckminster Fuller.

Una proposición para el World Trade Center: "Reconstruirlo a la brevedad posible, pero no como era en términos formales. Muchos han coincidido en que tenían más valor simbólico que arquitectónico. Las torres gemelas no me gustaban particularmente. No debe ser sólo un monumento a los caídos. Si algo ayuda a superar las secuelas es la reconstrucción. La sociedad neoyorkina debe empezarla ya, tan pronto remuevan los escombros. El Estado debería aportar para éso. Eso es un paso importantísimo". 
 
Un modelo de ciudad: "En términos de acción y planificación mi preferida es Barcelona en España. Pero también éso implica algo que es ajeno a nosotros por ahora, que la participación ciudadana. Hay una formación cultural que nos impide asumir una estructura en cascada que implique beneficios comunitarios. Estamos insertos en otra cosa: en la individualidad, en el egoísmo. Las asociaciones de vecinos, distinto a lo que cabría esperar, se han convertido en un obstáculo para el bien colectivo… Esos avisos prohibiendo el paso o los cambios de uso colocados por las asociaciones en las urbanizaciones confirman lo que estoy afirmando: que han sido mal entendidas".
 
Un proceso urbano a seguir de cerca: "Me interesa particularmente en este momento la situación que se ha presentado de las alcaldías menores versus la mayor. Es un proceso nuevo, aunque creo que se está enredando. La existencia de la Alcaldía Mayor junto a las menores es ideal. Así funciona Bogotá. Tendrían que buscarse a corto plazo unos acuerdos mínimos para llevarlos a cabo, porque de cerca parece que son mayores los conflictos que los acuerdos a los que se llegan… Por otra parte, estoy de completamente acuerdo con la división del Municipio Libertador". 
 
Un consejo al Alcalde Mayor: "Presumo que la Alcaldía Mayor debe tener muchos poderes urbanos, y si no los tiene, hay que dárselos, conseguírselos. Por ahí hay que empezar". 
 
Una reflexión sobre La Carlota: "La pista es fundamental, así como mantener un lugar de comunicación aérea para la ciudad. Siempre he pensado que el tema de los parques es algo que la gente usa cuando no sabe qué hacer con una parte de la ciudad. La idea viene desde el último accidente aéreo en los ochenta, cuando las asociaciones de vecinos hacían caravanas para erradicar el aeropuerto blandiendo los croquises de Fruto Vivas. Me recuerda el episodio de la urbanización Juan Pablo II, que eran unos terrenos vastísimos de los últimos que quedaban en Caracas para hacer ciudad… Pero el resultado fue terrible. El parque de La Carlota cuenta con un un espaldarazo del Estado, que me parece bien. Ahora con la oportunidad de La Carlota se debería intentar construir las dos bandas que el río Guaire separa. Ahí se unen tres cosas que no resultan gratas, tres barreras físicas y fuertes y muy largas: el Guaire, La Carlota misma y la autopista. Por muchos años varios profesores de la Facultad de Arquitectura de la UCV han atacado el tema, y sabemos que el área es enorme incluso para lo que ahora se está planteando. Debería haber área para otras cosas, como por ejemplo para vivienda, que es el elemento ideal para enlazar la ciudad. Pero éso implica una reflexión mayor que la salida tangencial del parque, que es una salida aparentemente fácil. Hay que ayudar a retejer la ciudad, y de paso incluir cierta novedad. Quizás yo vería allí un parque para las nuevas generaciones unido a usos variados que construyan una vida urbana intensa… menos contemplativo que el Parque del Este y más vivo". 

Un proyecto personal preferido:
"El Museo Antropológico de Quíbor, que debe estar por recomenzar su construcción y al que le he dedicado los últimos seis años de mi vida. También el más reciente, el Centro de Atención y Capacitación para Adolescentes de Maracaibo". 
 
Un tema de la Cátedra de Diseño Arquitectónico: "Este semestre (Octubre, 2001) estoy rehabilitando el viejo tema del bloque perimetral, para rescatar sus valores como modelo de hacer ciudad. El bloque perimetral, que exhibe todavía toda su capacidad y potencia en El Silencio, fue sacado del juego sin mucha reflexión. Quiero replantear de nuevo las relaciones entre los habitantes, las formas de los edificios, los patios y los nuevos tipos de usos: las microempresas y los usos comunes del conglomerado. Quiero hacer “bloques genéricos” que permitan construir tramas y vías y espacios urbanos en los barrios". 
 
Un maestro: "Alguien que la arquitectura venezolana ha olvidado completamente: Ramón González Almeida, director del Taller de Arquitectura González Almeida. Como Jefe de Taller tenía una visión muy clara de todo lo que hacían los profesores y de todo lo que había que hacer. Siempre trabajaba en La Guaira, porque decía que si los arquitectos aprendían a manejar la topografía y el clima de esa ciudad, no tendrían problemas en niguna parte del mundo.De él aprendí a amar el ubicarme en situaciones extremas para hacer aflorar soluciones de los alumnos, el rigor constructivo y la irreverencia en el trato de los temas convencionales". 
 
Un libro: "El que me estoy leyendo ahora: Topogénesis de Josep Muntañola, editado por la Universidad de Cataluña". 
 
Un lugar caraqueño: "La Calle Chopin de Colinas de Bello Monte, donde vivo. Por su cualidad de anfiteatro silencioso sobre el espectáculo magnífico de la Ciudad Universitaria". 
 
Un edificio de esta ciudad: "No uno, sino dos: el edificio La Isla en Las Mercedes, que aprecio desde los tiempos del Instituto de Arquitectura Urbana, y el magnífico edificio Atlantic en los Palos Grandes".
 
Un arquitecto favorito: "James Stirling, sin duda". 




Joel Sanz (2005).




Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, lunes 1 de Octubre de 2001.

martes, 26 de agosto de 2008

Cruda belleza

Edificio El Cervaro, 1950s, Las Mercedes, Caracas (f. Archivo Fundación de la Memoria Urbana).







“Los híbridos parecen ser más interesantes de lo que fueron una vez”. 
Paul Goldberger. The Sky Line.1

Dice un amigo que el fin de semana cuando le llega la revista Vanity Fair, es el más esperado del mes. Entonces cancela todo almuerzo, toda cita, toda celebración para dedicarse exclusivamente a devorar a Dominick Dunne y sus amigos. A mí me pasa algo parecido, pero con The New Yorker, cuando trae The Sky Line, la sección de arquitectura que Paul Goldberger heredó de Lewis Mumford. El mes pasado (julio 2001), adicionalmente al deleite usual, Goldberger trató el tema de los "Site Specifics" (especificidad de los sitios), trayendo consigo unas revelaciones que me vinieron -¿cómo diríamos?- absolutamente de perlas.

Acababa de irse de Caracas el arquitecto australiano Glenn Murcutt. Este había dejado tras de sí una estela particular, dejando caer en las mentes de quienes le oimos el peso de su lucha antiglobalista, su resistencia a hacer un arquitectura de y en otro país que no sea el propio, su pasión por expresar arquitectónicamente la naturaleza y la cultura del lugar. Aquéllo revistió para mí más importancia incluso que cualquier feathering de livianas cubiertas que hubiera podido avistar tentadoramente en su arquitectura, frente al hecho de que paralelamente estaba asistiendo a cómo Goldberger daba cuenta en la revista del último revisionismo en boga: el de las divinas hibridaciones modernas.

Pecaminosos híbridos, maravillas del mestizaje. The Sky Line lo deducía del contenido de dos exposiciones recientes expuestas en los extremos de Los Angeles, “La arquitectura de R.M. Schindler”, en el Museo de Arte Contemporáneo de Los Angeles y “Modelando la Gran Ciudad: la arquitectura moderna en Europa Central 1890-1937”, en el J. Paul Getty Museum. En la primera, Goldberger reconocía el gusto nuevo que se ha despertado entre los especialistas contemporáneos por las obras modernas sintetizadoras, tan difíciles de categorizar. En la segunda, se regocijaba con la existencia de una “tercera vía” del legado arquitectónico urbano moderno europeo, el de las ciudades de la Europa Central, que al hacer su igualmente radical arquitectura, lejos de celebrar la destrucción de la ciudad tradicional -como se hizo por todas partes en Occidente- construyeron una versión que relacionaba intensamente los edificios, las ciudades, la cultura y la identidad. Recuerden, si no, a Otto Wagner.

Por esos días, entre tales visitantes y lecturas, me habían encargado en la Facultad de Arquitectura dar una charla sobre la arquitectura y el diseño urbano de la urbanización Las Mercedes. Pensé: “¡Al fin! !Una oportunidad para celebrar las arquitecturas del lugar!”. Por supuesto, aquéllo iba a ser como comenzar de cero. De no ser por la publicación que había hecho el IAV (Instituto de Arquitectura Urbana) hace ya veinte años, donde salen algunos de los edificios de vivienda multifamiliar moderna del sitio y una que otra revista de los cincuenta, tuve que rastrear palmo a palmo en la calle los vestigios del urbanismo y las arquitecturas originales, esos “lugartenientes” (literalmente) que brotaron por decenas para toda sorpresa y regocijo. ¡Cuánto queda todavía! Los descubrimientos fueron deliciosos como todos esperábamos desde siempre, así como la naturaleza de sus heroicos protagonistas, de sus clarísimos invariantes, de sus acentuados localismos y hasta en sus mismísimas deliciosas aberraciones.

Ya no podía yo sentir a Las Mercedes (y a Caracas toda) sino como el destino exótico de futuros turistas y sibaritas arquitectónicos del globo, quienes vendrán a buscar con morboso apetito a los hibridantes Schindlers mercedeños con sus lupas de aumento, sus talantes relajados y sus paladares exquisitos. Escribía Goldberger que la razón por la cual el arquitecto vienés “nunca tuvo su parte en el panteón de los arquitectos del siglo veinte” fue porque había sintetizado “todas las corrientes de la arquitectura moderna, las cajas puras del Estilo Internacional, las poderosas líneas y formas geométricas de Frank Lloyd Wright, las fachadas rítmicas de la Viena Secesionista y las formas agitadas del Expresionismo Alemán”. Y es justamente por ello que hoy más que nunca lo revisitan con atención.

Y afirma The Sky Line: “los híbridos parecen ser más interesantes de lo que fueron una vez”. Aunque sea una arquitectura moderna que ya tiene sus años, mientras más uno la mira “más parece curiosamente contemporánea”. Ni qué decir que en Las Mercedes también se siente así. Estando frente a muchos de los anónimos edificios, cuántas ideas, cuántos pasajes ilustrados, cuántas premoniciones, cuánto pasado del futuro. Algunos edificios ofrecían unos ángulos tan francamente fotogénicos, que me divertí lanzando sus imágenes sin identificación a los estudiantes… ¿Meier? ¿Mies? ¿Patout? ¿Neutra? ¿Herzog & De Meuron? No. Nada de éso. Los cuarenta, los cincuenta, hasta los sesenta. Aquí. En este lugar.

Por otra parte, aquel discurso urbano que yace en el urbanismo original de Las Mercedes, tendía su puente personal entre la arquitectura moderna y la ciudad tradicional, ya no centro europea, como es el caso que celebra el Getty, sino su versión cantábrico-mexicana, para mostrar un espíritu metropolitano que también apuesta a ser monumental y civilizador en su lenguaje de ochavas, espacios públicos y jerarquías viarias. Aquí también se dan de la mano “los modernistas americanos y los modernistas europeos”. Otros modernismos, otras europas, otras américas, pero lo importante es que en el de Las Mercedes los edificios tampoco se sentían a disgusto con la ciudad que los rodeaba, ni viceversa. Fueron -son- también ricos, urbanos, sofisticados y, en su medida, de hirsuta, cruda belleza.



Edificio Mendi Eder B, 1940s. Las Mercedes, Caracas (f. Archivo Fundación de la Memoria Urbana).





NOTAS
1. Paul Goldberger. The Sky Line, The New Yorker, New York City, 2001.



Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, lunes 2 de Julio de 2001.



martes, 5 de agosto de 2008

Profesando ciudadanía


Pabellón de Barcelona, Mies van der Rohe (f. http://arquict.wordpress.com/2007/11/01/barcelona-ludwig-mies-van-der-rohe-pabellon-aleman/).

 


In Memoriam
Ignasi de Solà-Morales i Rubió (1942-2001).

"Yo diría, parangonando el Evangelio de San Juan, que en el principio estaba Louis I. Kahn". Así dijo una vez en Caracas, aludiendo a la crisis de la modernidad, el erudito arquitecto Ignacio de Solà-Morales. Sus disertaciones sobre las riquezas inexploradas de la arquitectura moderna -que arrancaba para él tan atrás como 1941, en el ensayo "Monumentalidad" de Kahn- en el seminario "Arquitectura y Eclecticismo" del Instituto de Arquitectura Urbana en 1981, nos habían deslumbrado con sus revelaciones sobre el eclecticismo histórico en arquitectura y urbanismo, al que nos presentó como "la única lengua común para construir urbes que va a durar más de cien años, todo un sistema de composición de la ciudad, capaz de darle a ésta una cierta congruencia que de alguna manera ha constituido la congruencia de las ciudades... por la que me temo que hoy estamos profundamente preocupados". Palabras proféticas aquéllas, porque el fenómeno urbano que ya inquietaba a Solà-Morales a principios de los 80 se volvería la mayor enfermedad urbana global que hoy nos queja, temor in antis que durante toda su vida le haría buscar el eslabón perdido entre la modernidad y la ciudad, para que ésta, "además de cuatro funciones, pueda tener un corazón". 

Un elegante catedrático barcelonés vestido de riguroso negro y camisa blanca, de contextura fuerte, aspecto distinguido y noble semblante, suelto por esta enloquecida ciudad que desconocía totalmente, su "método personal", según aclaraba, para hacerse con el alma de cada urbe, y del que no iba a disuadirlo nadie. Esa imagen nos permite mejor que ninguna entender lo que fue su intensa vida de catedrático de Teoría e Historia de la Arquitectura en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona (ETSAB), de reconstructor de obras maestras, de embajador arquitectónico, de político urbano, y de teórico del pasado y del presente: el crítico español de arquitectura más respetado internacionalmente.

Un infarto al corazón lo sorprendió en Amsterdam hace una semana, adonde había llegado para la entrega del Premio Mies van der Rohe a la Arquitectura Contemporánea UE 2001, al que ayudó a fundar desde la Fundación Mies Van der Rohe de Barcelona. Nosotros y toda Latinoamérica debemos estarle eternamente agradecidos por haber creado el capítulo latinoamericano de este mismo premio, que nos ha sacado del hueco profundo de la marginalidad y la mediocridad infinita en que estábamos mediáticamente sumidos. Hoy es delicioso ver a la arquitectura latinoamericana presentada con los medios más exquisitos, y encontrarla tan magnífica y competitiva como sospechábamos que sería frente a las mejores del mundo.

Solà-Morales profesó su ciudadanía a través del estudio minucioso de la herencia arquitectónica de Barcelona en 150 años de modernidad, "desde los eclecticismos y modernismos hasta el racionalismo y las aventuras más recientes, integrándolo todo a las realidades internacionales contemporáneas", dijo Oriol Bohigas, "Rubio i Bellver, Gaudí, Jujol, Martinell, el Gatpac, fueron interpretados, quizás por primera vez, en claves innovadoras". Barcelona, ciudad hecha crítica, era lanzada de vuelta al mundo por el "ciudadano que fue capaz de comprender e identificar las esencias urbanas". Esta seguridad fue la que le permitió atreverse a dudar del término mismo de postmodernidad, para él, un término desafortunado, "una expresión maldita" que Charles Jenks jaló por los pelos desde el mundo de la literatura, y que intentaba "meter en un mismo saco todas las cosas a la vez, como si todo fuese lo mismo". Así creó su propia postura crítica.

Su duda retórica de la totalitaria condición moderna lo llevó en aquel día a presentarnos su análisis del pabellón de Mies van der Rohe -el cual más tarde reconstruiría exitosamente, lo que le merecería, junto con la del Gran Teatro del Liceu de Barcelona, la aclamación internacional- a partir de una vieja fotografía, donde se veía al Rey Alfonso XIII de chaqué visitando el pabellón el día de su inauguración. La confesión de Solá-Morales de las dudas que le asaltaban en ese momento viendo al rey tan grande junto al edificio, producidas por la naturaleza de un edificio que conocía sólo por fotografías; su atribulación ante la idea incierta que siempre tuvo y tenía de sus dimensiones, diciendo "ahora, por cierto, que se habla de reconstruirlo, me aterroriza lo que tiene de arqueológica esta operación y me aterroriza también el que de seguro no será como lo hemos imaginado", iban parejas a su arrojo de enfrentar la tarea a toda costa.

Pero Solà-Morales vino también para arengar nuestro amor propio por la arquitectura cívica. Y para ello usó al edificio del Capitolio. Explicándonos en qué consistía la riqueza combinatoria de su eclecticismo arquitectónico, nos dijo: "esta mañana los amigos me han llevado a ver este fascinante edificio, que es un ejemplo más de esta arquitectura producida a través de la máquina de hacer arquitectura del eclecticismo y (...) que en su ensamblaje de conjunto constituye una pieza de arquitectura urbana de valor inestimable que de alguna manera organiza y da carácter urbano a un área central de esta ciudad como todos los monumentos de las grandes ciudades desde comienzos del siglo diecinueve...". Había algo de evangelización en estas palabras suyas que hoy recordamos, algo de Carta a los Efesios, algo de crítico Evangelio de San Juan pregonado sensualmente desde el púlpito incomparable de su ciudadanía barcelonesa. Era la palabra urbana arrojada contra las jaurías del dogma, desde las certezas de una ciudad exitosa en el tiempo, para que, como Kahn, intentásemos volver a los orígenes de un siglo que se había desviado hacía tiempo de su camino urbano.



Ignasi de Solà-Morales i Rubió.




Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, lunes 19 de Marzo de 2001.




sábado, 15 de marzo de 2008

Farewell

Colin Rowe (1920-1999).


In memoriam
Colin Rowe (1920-1999).
 
Al abrir el libro Ciudad Collage, una fotografía en blanco y negro ocupa sin palabras toda la primera página.1 Una rotunda circunferencia de luz flota nítida en la parte superior del tenebroso ámbito negro que se va desangrando por los cuatro bordes del libro. La negrura parace abarcarlo todo, hasta copar completo el universo. Todo el mundo parece estar sumido en tinieblas. Nada parece ya distinguirse con claridad. Mas, aguardad: en un recodo del sombrío espacio, un fragmento de una bóveda de piedra circular se revela gracias al rayo de luz que mana del óculo en lo alto: vibrando en los matices del claroscuro aparecen las formas de cuatro cofres del techo del Panteón romano, Urbi et Orbi súbitamente parlantes desde sus bajorrelieves geómétricos, la sabiduría eterna de la antigüedad clásica libre en el espacio gracias a la mirada lanzada por este único y moderno ojo vigilante.

Ese implacable óculo del Panteón fue lo que fuera en vida, para la arquitectura moderna, el magistral profesor inglés de arquitectura Colin Rowe, quien acaba de morir hace una semana (1999) a los setenta y nueve años de edad en Washington D.C. Su legado, breve, pero a la vez inconmensurable, constituido por un centenar de ensayos brillantes e inexpugnables y un libro que es casi un códice, reselló la línea de continuidad que se había roto a principios del siglo entre las vanguardias de la arquitectura moderna y la antigüedad clásica y rebautizó nada menos que la idea de utopía en la modernidad.

Se dice rápido, pero quien recuerde cómo eran las cosas luego de 1950, cuando Rowe comenzara a darse a conocer con sus ensayos, aquel mundo de duras arquitecturas brutalistas floreciendo, de ciudades como laboratorios totalitarios suplantando centros históricos y vanguardias estridentes y pretenciosas llenando las páginas de las revistas, entenderá cuánto ha cambiado hoy (1999) el panorama gracias a su mirada esclarecedora, y sabrá encontrar en él (tal como lo proclamara en 1966 el crítico de arquitectura Reyner Banham y luego lo ratificara Tom Wolfe en From Bauhaus to Our House), la verdadera Eminencia Gris de la disidencia y de la contrarrevolución modernas. 

Profesor de estatus legendario, incomparable crítico de arquitectura y diseño urbano sofisticado, agudo e implacable, “refinadamente arcaizante”, como lo recordara Luis Fernández-Galiano, a la vez que arrobador al punto de ser comparado a un guru por sus influencias sobre una auténtica legión de febriles discípulos y colegas que lo veneraron tánto que crearon una red de distribución subversiva de fotocopiado de sus artículos que, circulando de mano en mano clandestinamente, logró ganar la batalla a ambos lados del Atlántico, Rowe revirtió con sus afilados argumentos y suspicaces disertaciones nada menos que los caminos por los que transitaban la arquitectura y la ciudad del siglo XX. “La tardanza no me descorazona”, solía decir, comentando la falta de reconocimiento del mundo “oficial” de la arquitectura y su situación de auto-exilio de Londres, ciudad a la que nunca soportó y donde nunca fue del todo soportado. Sus contradimostrazione de las posturas arquitectónicas del día las libraría humildemente desde un remoto escritorio en Ithaca, Nueva York, desde un lejano taller de Diseño Urbano de la Universidad de Cornell, o desde cualquier remoto lugar de Italia, por donde se mantuvo desde muy joven perennemente de viaje, siempre en su silla de ruedas.

Ignasi de Solá-Morales escribió que “la gran calidad de sus ensayos se atribuye a que casi nunca los escribió por encargo y jamás colaboró regularmente en revistas de arquitectura, haciéndolo sólo cuando la fuerza espontánea de las ideas le obligaba a ello”. Esa postura warburgiana suya, en la que importaba más la potencia de las ideas que la auto-promoción personal, no pudo contener la propagación de sus ideas.

En 1976 MIT Press publica una primera colección de sus escritos: The Mathematics of the Ideal Villa and Other Essays (su primer ensayo célebre, de 1947) que trazaba las similaridades conceptuales entre las villas Malcontenta y Garches, y reveló su impresionante poder de observación. Rowe “sólo salvaba de los maestros de la vanguardia aquellos aspectos puramente lingüísticos o compositivos que los emparentaban con la gran tradición clásica”. En esa recopilación también aparece el importante ensayo “Transparencia: literal y fenomenal”, que escribió con Robert Slutszky. En 1981 publica junto con Fred Koetter Ciudad Collage, sencillamente el texto urbano más revolucionario de la historia de este siglo que termina. Allí rechaza las ideas de “planificación total” y de “diseño total”, introduciendo el concepto del collage como un recurso para “permitirnos aceptar la utopía en fragmentos”. La ciudad ya no se centra en el culto al objeto aislado.

Habiendo recibido su educación arquitectónica en la Universidad de Liverpool durante los años 1938-1942, es de esta conexión que derivó su gran amistad con el desaparecido James Stirling. Durante los años 1942-1944 hace el servicio militar que terminó, en sus palabras “de manera muy efectiva, en la ocasión de mi octavo salto en paracaídas: con una columna fracturada”. Este terrible accidente catapulta su vida: “una columna fracturada convirtió el reclinarse sobre una mesa de dibujo en lo opuesto a algo fácil. Así fue que me convertí en un arquitecto manqué; el resultado fue mi trabajo por dos años como, el único estudiante de Rudolf Wittkower en la preparación de la tesis “Los dibujos teóricos de Inigo Jones”. Su brillante destino arranca con la lectura asombrosa de esta tesis en el Warburg Institute.

El mismo desconoce cómo fue a parar a América, pero de inmediato se siente en su casa. Las revistas americanas Perspecta y Oppositions acogen su cosecha. El mayor acto de amor de sus admiradores americanos resulta en la publicación que hace MIT Press de sus artículos dispersos, As I was saying (Como iba diciendo). Esa recopilación, titulada con las palabras de Miguel de Unamuno al recuperar su cátedra universitaria tras el exilio forzoso, nos devolvieron completo a Rowe y a lo que fue la historia brillante de su vida.

Colin Rowe nunca vino a Caracas, pero queda en los archivos del Instituto de Arquitectura Urbana la carta entusiasta que este más genial raconteur de la arquitectura de este siglo nos devolviera aceptando gustoso nuestra invitación para venir un día de 1980, a saborerar nuestro genius loci de un solo coup d'oeil, con su maniera italiana y su incomparable terribilità.




Collage City, Colin Rowe y Fred Koetler, 1981.





NOTAS:
1. Colin Rowe y Fred Koetler. Collage City, Cambridge, 1981. 


 


Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, lunes 29 de Noviembre de 1999.