Mostrando las entradas con la etiqueta Fundación de la Memoria Urbana. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Fundación de la Memoria Urbana. Mostrar todas las entradas

martes, 17 de diciembre de 2019

Un Renacimiento Moderno


Graziano Gasparini. Tanaguarena, 1954 (f. Armando Planchart, 1954. Archivo Gio Ponti Caracas. Fundación Anala y Armando Planchart).

«Hay que levantarse muy temprano
para ganarle a Graziano«.
Raúl Garmendia, c. 1970.

1. Arquitectura e si

El pasado 30 de noviembre falleció en Caracas el arquitecto e historiador de la arquitectura Graziano Gasparini. Aunque su avanzada edad nos tenía desde hacía tiempo preparándonos inevitablemente para despedirlo algún día -que esperábamos fuera más lejano-, siempre su espíritu jovial y su despierta inteligencia nos disuadían cada vez de la idea, haciéndonos creer que batiría sin duda todos los récords de longevidad junto al propio récord nacional que ostentaba de sus libros escritos, siempre con un par de ellos en el tintero, como nos tenía acostumbrados.

Hoy, las crónicas nos refrescan la importancia de su obra y lo dilatado de su extraordinaria carrera para impresionarnos nuevamente, aunque la certeza de su trayectoria ha acompañado continuamente a varias generaciones de arquitectos con su presencia formidable, como si fuera la montaña del Ávila de la arquitectura en Venezuela: sólida, segura y sobre todo, monumental. 1,2,3.

Gasparini está presente en la arquitectura de Venezuela y de Latinoamérica por donde quiera que se mire. Empezando por la literatura arquitectónica. Una revelación para cualquiera que se tope con sus libros, donde su amor por la cultura de la arquitectura le instaba a hacer gala en sus textos de cada preciosa palabra existente en castellano para referirse a cada parte de un edificio o de la ciudad con verbo exacto. Porque la restauración fue también la de nuestra lengua arquitectónica. Solo mucho más tarde vinieron los Glosarios de Luis Fernández-Galiano en Arquitectura Viva… Eso, nada más, le abrió la puerta a más de uno para asomarse al mundo fantástico del saber arquitectónico. Una invitación al paraíso.

O la precisión pictórica de sus fotografías. Por aquello de que una imagen dice más que mil palabras, y entonces, aquí las imágenes de nuestra arquitectura precolombina, colonial, republicana  y moderna eran filtradas por esa particular composición geométrica suya tan amante del claroscuro que inmortalizaba los lugares dejándolos grabados indeleblemente en la memoria. De alguna manera, como idealizados. Cosa que sucedía aun más intensamente con las escenas arquitectónicas y urbanas en su pintura, destilando metafísica en su personal contemplación del paisaje latinoamericano desde la memoria italiana de sus ancestros.

Y es que las Italias de Gasparini marcaron la percepción de Venezuela con un stil nuovo. Y nuestra arquitectura pudo verse liviana, pudo ser monumental, pudo ser veneciana, fue scarpiana, fue zeviana, fue pontiana y fue sobre todo italianamente moderna, como todas esas Italias que aún no hemos desglosado del todo, porque todavía está pendiente el análisis detallado de su obra, especialmente la arquitectónica. Nada más hermoso que leer su argumentación relacionando a Adolf Loos y la riqueza povera de la arquitectura colonial venezolana.

Algo que en Docomomo Venezuela empezamos a hacer en 2013 en la exposición Las Italias de Caracas, donde el desaparecido maestro tenía un capítulo titulado «Graziano, arquitecto en Venezuela», que comenzaba diciendo: «El viejo adagio veneciano que reza ‘Veneziani, poi cristiani‘, habría que modificarlo por ‘Veneziellano, poi cristiano‘, para poderlo aplicar a este veneciano llegado al país en 1948, quien ha puesto en su vida a Venezuela por encima de todas las cosas».4

 Casa Gasparini 1, Junko Country Club, Caracas  (f. Graziano Gasparini).


Sí: mucho nos hará falta. Por todas estas y más razones que todos conocemos, pero sobre todo en este momento difícil que atravesamos, por su valentía sin pelos en la lengua para llamar las cosas por su nombre. Tiempos en que la anomia y la anarquía han precipitado las violaciones de la Ley de Defensa y Protección del Patrimonio Cultural, las cuales están desatadas como nunca, con renovada furia, y la legalidad y las declaratorias patrimoniales están padeciendo una nueva ola de invisibilidad, donde pareciera que ni siquiera existen, porque ya nadie las acata… Hoy, las demoliciones y las desfiguraciones lamentablemente solo van in crescendo…  Y habrá que recordar mucho a Gasparini y continuar denunciando con propiedad, con fuerza y sin desmayo los escándalos, las atrocidades y la barbarie que se suscitan todos los días a lo largo y ancho del territorio nacional -y también en el resto del mundo- contra la memoria urbana y la historia de la arquitectura.

Así, releamos pues su último libro, Arquitectura y no (Caracas, Editorial Arte, 2016), y asumamos la tarea que nos lega de seguir peleando con seriedad, criterio y conocimiento de causa por nuestro país arquitectónico. Para que algún día podamos de nuevo volver a decir en este país: Arquitectura e si.

2. Memoria urbana

En este año de 2019 en que a Gasparini le tocó dejarnos, el mundo está en medio de la celebración del 500 aniversario del nacimiento del más universal de los hombres, Leonardo da Vinci. Y junto con ella viene naturalmente la revisión contemporánea del concepto de la universalidad renacentista, sus cruces transcientíficos y la naturaleza transartística del genio de Leonardo. Un zeitgeist ideal también para revisar el legado de su compatriota moderno, quien fuera arquitecto, profesor, historiador, investigador, autor, crítico de arquitectura y de arte, galerista, restaurador de monumentos, fundador de instituciones, delegado, scholar fotógrafo y pintor, todo ello a la vez, alla maniera rinascimentale.

Universalidad que, junto a su admirablemente actual y premonitoriamente contemporánea visión sobre la restauración del patrimonio arquitectónico y sobre la conservación de la ciudad (Gasparini ya había sido «desde 1974 hasta 1982 fundador y primer director de la Dirección de Patrimonio Histórico, Artístico y Ambiental del Conac», que consolidara la protección del patrimonio en Venezuela)5, al pasar al siglo XXI no se detuvo nunca en la tarea, siguiendo adelante hacia la modernización y perfeccionamiento de su propia scarpiana visión del restauro, saltando a la escala urbana y abrazando la herencia de la modernidad, para lo cual participó con entusiasmo y generosidad en la creación de la Fundación de la Memoria Urbana en 2000, del Centro de la Ciudad en 2001 y de Docomomo Venezuela en 2010, todas instituciones amparadas por su experiencia e inspiradas en su manera de entender el patrimonio. Nada más por ello, nosotros personalmente le estamos eternamente agradecidos.

Nunca se nos olvidará aquel día del año 2000, cuando todavía estaban frescas las ruinas del edificio Galipán, demolido el 28 de diciembre de 1999, Día de los Inocentes. Ese día le propusimos hacer una fundación para salvar la arquitectura moderna en Venezuela que poéticamente llamaríamos «Fundación de la Memoria». A lo que el nos contestó: «No. De la memoria solamente, no. Porque ningún monumento está solo en la ciudad: la ciudad lo acompaña y a la vez, él califica a la ciudad. Nuestra fundación se llamará Fundación de la Memoria Urbana».

Y como en aquel cuadro de Gentile Bellini sobre la Piazza San Marco al que tanto hacía referencia para explicar el significado de la conservación, también en la ciudad moderna a partir de entonces los monumentos de la modernidad deberían ser conservados no como objetos abstractos aislados, sino junto con su entorno… como en las ciudades tradicionales italianas.
Así, la Lista de la Caracas Moderna surgió.5 Y gracias a Graziano Gasparini, fue como un nuevo Renacimiento Moderno.


In memóriam Graziano Gasparini (Gorizia, 1924 – Caracas, 2019).

Procesión en la Plaza San Marco. Gentile Bellini, 1496 (f. Gallerie dell’Accademia, Venecia.



Publicado en:  Opinión, @ELNACIONALWeb, Caracas,  Diciembre 17 de 2019: https://www.elnacional.com/opinion/un-renacimiento-moderno/


NOTAS
1. Guadalupe Burelli. «Graziano Gasparini (1924-2019): el historiador de la arquitectura colonial venezolana», Italia y Venezuela: 20 testimonios, Prodavinci, 23 de septiembre, 2009: https://prodavinci.com/graziano-gasparini-1924-2019-el-historiador-de-la-arquitectura-colonial-venezolana-1/
2. Papel literario.»Graziano Gasparini: el caminante que se detuvo en los monumentos», El Nacional, Caracas, febrero 3, 2019: https://www.elnacional.com/papel-literario/graziano-gasparini-caminante-que-detuvo-los-monumentos_269294/
3. Marco Negrón. «La pasión de Graziano», TalCual, Caracas, 10 de diciembre, 2019: https://talcualdigital.com/la-pasion-de-graziano-por-marco-negron/
4. Docomomo Venezuela «Graziano, arquitecto en Venezuela», Las Italias de Caracas, Sala TAC, Caracas, 2013.
5. Wikipedia: «Graziano Gasparini»: https://es.wikipedia.org/wiki/Graziano_Gasparini
6. Caracas Moderna: https://fundamemoria.blogspot.com/



viernes, 20 de septiembre de 2019

El precinto


1. Caracas Country Club, distrito historico desde 2005 (f. Wikimedia Commons, 2013). 

"Esta casa es grande,
tiene cuatro esquinas,
y en el medio tiene
rosa y clavellinas".

Canción criolla. 1959.1

Lo que sigue es una historia de la vida real. En el año 2003 existían en nuestra ciudad solamente ochenta y dos patrimonios declarados como Bienes de Interés Cultural de la Nación. Esa escueta cifra, algo increíble en una capital, se repartía entre yacimientos arqueológicos indígenas, arquitecturas coloniales, edificaciones republicanas y unas pocas, muy pocas arquitecturas y urbanismos modernos.

Podrán imaginarse ustedes que la gran mayoría de los valores arquitectónicos y urbanísticos de Caracas, especialmente del siglo XX, estaban completamente desprotegidos. Con ese argumento, la Fundación de la Memoria Urbana tomó la iniciativa de presentar y logró convencer al Instituto del Patrimonio Cultural (IPC) de iniciar el preinventario o Lista de la Caracas Moderna.2

La primera protección que solicitamos al iniciar dicha lista (que llegó a alcanzar más de 2.200 fichas), para el Caracas Country Club.3 Habida cuenta que lo otros dos grandes paisajes culturales diseñados de la capital, el Parque del Este y la Ciudad Universitaria de Caracas, ya estaban para la fecha declarados como patrimonio, era urgente proteger este remanso de la naturaleza y del paisaje original del valle de Caracas y la única obra de Olmsted Brothers al sur del río Grande.

Aunque en 2003 corrían tiempos menos terribles que los actuales, la carta que escribimos Graziano Gasparini, John G. Stoddart, el entonces decano del Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, Abner Colmenares, y nosotros, argumentando los valores de nuestro "Central Park" caraqueño, fue recibida de entrada con desprecio. Se nos contestó que "antes que declarar al CCC, protegerían la última etnia Mapoyo en el Amazonas". Y asunto saldado… Pero por poco tiempo.

Pasaron dos años. Mientras nuestra carta permanecía allí, archivada, el IPC fue preparando el I Catalogo del Patrimonio Cultural del Municipio Chacao (el primero de una larga serie que incluiría un catalogo por cada municipio de Venezuela). Y he aquí que cuando este ya estaba a punto para salir a imprenta, recibí una llamada inesperada:

-"Arquitecto, véngase corriendo para acá".
Yo, asustada más que extrañada, contesté:
"Pero, para qué?"
Y me dijeron,
-"Es que han dado la orden de que incluya al Country Club en el catálogo antes de que vaya a imprenta".

Casi incrédula ante el golpe de timón y el inesperado (y afortunado) cambio de parecer, pero clarísima ante la oportunidad que se abría para la ciudad, estuve allá en el acto.

Y ahí estaba yo. Sentada. Sola frente a la computadora ajena. Mirando una pequeña galera en la pantalla, ya dentro de una página diseñada y terminada, un pequeño espacio en blanco donde debía escribir el texto "Caracas Country Club". De paso, aproveché para incluir también a la Casa Club y a otra extraordinaria arquitectura de Clifford Wendehack del CCC, la quinta Peña Viva.

Nunca lo olvidaré. Recuerdo que alcé la mirada por sobre la pantalla de la computadora hacia las altas ventanas de la Villa Santa Inés, y miré aún más allá, hacia las faldas de la montaña. Justo donde está La Pastora. Y entonces, entendí lo que había que hacer.

La Pastora es el primer Distrito Histórico declarado en la ciudad de Caracas (1979). Gracias a la lucha de los vecinos, en una época en que ese barrio antiguo iba a desaparecer bajo altas torres de viviendas de interés social, pudo salvarse de los tractores gracias a una declaratoria de conjunto que protegió todo el sector a la vez. Aunque la figura del Distrito Histórico es una herramienta tradicional en el urbanismo mundial (nada más Nueva York tiene 144), la referencia inmediata para la declaratoria del Caracas Country Club fue la famosa poligonal de La Pastora.4

Acto seguido, alcé la mano, y en un plano imaginario en el aire tracé los puntos que enmarcan el polígono del segundo Distrito Histórico de la historia de Caracas: "Desde la avenida Francisco de Miranda al Parque Nacional El Ávila, limitando con las urbanizaciones El Bosque, La Florida y Campo Alegre…"5 Lo demás lo haría la ley. Publíquese.

Mucho tiempo después, cuando un personaje siniestro quiso intentar destruir este hermoso e irreemplazable designed landscape del valle de Caracas para construir en medio de los campos del golf una Misión Vivienda, ese pequeño párrafo bastaría para salvar nuestro verde, precioso y olmstediano precinto.




NOTAS:
1. Fuego al cañón, 1959.
2. Caracas Moderna: http://www.fundamemoria,blogspot,com/
3. Graziano Gasparini, John Geoffrey Stoddart, Abner Colmenares y Hannia Gómez. Carta de la Fundación de la Memoria Urbana a José Manuel Rodríguez, presidente del Instituto del Patrimonio Cultural, Caracas, 30 de octubre de 2003.
4. Historic Districts Council: https://hdc.org/
5. "Caracas Country Club", Lo construido. Municipio Chacao, Catálogo del Patrimonio Cultural, Instituto del Patrimonio Cultural, Caracas, 2005, pp. 47-48.


Publicado en: Pluscuamperfecto, Entresocios, Caracas, Abril de 2019.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Otra historia de la arquitectura


1. Entrada a Villa Rivello (f. Sara Maneiro, 2005 - Archivo Fundacion de la Memoria Urbana).


"Lo que me ha incitado a escribir este pequeño libro,
no es un conocimiento profundo de nuestra literatura:
es su inquieto desconocimiento".
Jean d'Ormesson. 1

1. Avant-propos
Cada hombre que pasa por la tierra tiene el derecho a contar su travesía y lo que encontró en ella, a su manera… y también tiene el derecho a no contar nada. Pero los que un buen día se deciden a hacerlo, unos mas científicamente, otros mas académicamente, técnica o periodísticamente, y muchos de manera intima, personal o hasta secreta, todos cumplen una rol importante para la historia de la arquitectura y la ciudad. 




2. El Villa Rivello, o Casa N. 41, Los Chorros (f. Sara Maneiro, 2005 - Archivo Fundación de la Memoria Urbana).


Porque todos los relatos, literalmente, cuentan a la hora de hacer la historia, empresa que cada generación intenta cada vez empezar de nuevo. Nosotros, desde la Fundación de la Memoria Urbana (2000), en los años que nos hemos recorrido Venezuela y en especial Caracas, para conocer y registrar la arquitectura y la ciudad, hemos dado con muchos de esos personales narradores urbanos, de todas las calidades y tenores. Unos, historiadores verdaderos, otros cronistas de todos los estilos. Todos son igualmente valiosos ante nuestros ojos a la hora de seguir una pista para armar el rompecabezas de un lugar o de un proyecto.


3. Escalinata Art Nouveau, Villa Rivello (f. Sara Maneiro, 2005 - Archivo Fundacion de la Memoria Urbana).
 

Luego, está el universo inagotable de los documentos. Mas no ya solo de los archiconocidos -y pocos- libros que tenemos en los estantes, catalogados y consultados por todos. La necesidad de datos es la madre de la investigación (y de la imaginación). Los hilos de la historia de nuestra arquitectura y nuestras ciudades muchas veces, también, no están aquí, sino en  tierras lejanas y en otras historias de vidas desconocidas. El revés de una postal puede descubrir un mundo, la lectura de un plano con una lupa puede revelar datos inmemorialmente ausentes y narrar cosas nunca imaginadas. En el título de un proyecto. En un baúl que no se ha abierto todavía, en unos planos recogidos de la basura, en los dibujos doblados en una carpeta, en una conversación inesperada, en una revista desaparecida, en las fotos archivadas en un distante archivo, brillando por primera vez ante nuestros ojos gracias a una reciente digitalización puesta on line.

Es por ello que esta tarea nos fascina y embelesa. Como un collage que no termina nunca de componerse, como un crisol de imágenes que van apareciendo a medida que se van sumando, como una diáspora de historias todavía por reunir, como un universo de partículas que están flotando en el aire, esperando que las capturemos, como si fueran mariposas. Porque la historia de nuestra arquitectura y nuestras ciudades aún es una historia dispersa y por revelarse.


4. Tejas de cemento. Veranda, Villa Rivello (f. Sara Maneiro, 2005 - Archivo FMU).



Su gran libro contemporáneo está por escribirse. Y cuando ésto ocurra, deberá ser otro, distinto a cuantos se han hecho hasta ahora. Porque deberá recoger con la delicadeza del curador de arte, libre, abierta y sin tapujos, los datos de éste o aquél momento de la historia, por opaco o híbrido que sea, por asombroso o inverosímil, con una mirada curiosa, inspirada por el espíritu de cada tiempo y lugar del país, releyendo las vidas de los personajes que hicieron las obras que le han dado carácter a nuestras tierras, desde los clásicos arquitectos, urbanistas, ingenieros, paisajistas, botánicos, hasta los amateurs en todas estas lides: los hacendados, los empresarios, las amas de casa, los delineantes, los geometras, los constructores. Con igual interés y pasión.

Pero hay que darse prisa. Los materiales necesarios para nuestra empresa van desapareciendo de la faz de nuestras tierras día a día, inexorablemente. Para siempre.

2. La ligera Villa Rivello
Pero, qué mejor para ello, que empezar por hacer memoria urbana? Para muestra basta un botón. Y mejor aún: un botón floral. Un pequeño ejemplo de lo mucho -y de lo poco- que sabemos de la arquitectura en Venezuela. 

Helo aquí. La pequeña ficha de registro de la Villa Rivello, o Casa N. 41, joya Art Nouveau de principios del siglo pasado de la urbanización Los Chorros, en Caracas. Para que la disfruten. O para que le editen y agreguen con sus comentarios nuevos y valiosos datos.2


5. Baldosas hidráulicas. Veranda, Villa Rivello (f. Sara Maneiro, 2005 - Archivo FMU).


Esta floreal villa de temperamento la descubrimos recorriendo la urbanización, cuando hacíamos el Preinventario Moderno de Caracas para el Instituto del Patrimonio Cultural.2 Hoy es Bien de Interés Cultural de la Nación, y es afortunadamente cuidada y apreciada por sus actuales habitantes.

No aparecía, en aquel lejano 2005 en ninguna parte publicada, la bella Villa Rivello. Pero su sola presencia aún convierte a la Avenida Principal de Los Chorros, junto a la cercana Villa Elena, en un ineludible escenario arquitectónico históricamente sensible.

Su autor, no lo conocemos todavía hoy. Pero la villa es tipológicamente una estancia, diseñada para temperar en el apreciado clima y la belleza del lugar. Es por lo tanto una Arquitectura Estancial que data de la década de los 20 (pero que podría haber sido edificada en los 10). Esta construida con muros portantes de ladrillo de arcilla, techo de estructura de madera, pisos de baldosas hidráulicas en los exteriores (semejando flores de mosaicos) y las típicas tejas de cemento, que acusan el marcado sabor ferroviario de la urbanización y de su avenida en los tiempos del tranvía.

Pero lo mas peculiar -e importante-  de esta hermosa villa de dos plantas, es su estilo Art Nouveau (o quizás mejor su variante italiana, el Liberty, a juzgar por su nombre, Rivello) Porque si los restos de este estilo en Caracas ya había que buscarlos con lupa en 1969, cuando Gasparini y



6. Puerta-vidriera. Villa Rivello (f. Sara Maneiro, 2005 - Archivo FMU).

7. Atrio. Villa Rivello (f. Sara Maneiro, 2005 - Archivo FMU)


Posani publicaron Caracas a través de su arquitectura, no se diga hoy. Poder disfrutar tan singular arquitectura, tan hermosa y notoria, hoy todavía en la ciudad es una suerte y una gloria.2

Situada en una esquina, y construida en lo alto, alejada de la avenida, Villa Rivello es altamente visible. Esto permitió darle cabida a un elegante rond-point de acceso vehicular y car port que se desarrolla en torno a una escalinata central, un tema que es clásico en la urbanización, pero cuyas líneas curvas aquí que aquí se revisten del gusto Art Nouveau. La escalera lleva a la puerta/vidriera principal de hojas de vidrio y herrería floral, punto focal de toda la composición, con su marco superior curvo, algo muy propio del estilo, que se une encima al balcón central en el segundo piso que mira sobre la avenida principal de Los Chorros.

La ligera arquitectura de la italianizante villa es simétrica, de dos plantas, con una veranda al frente y al oeste que probablemente también se extendía al este. Esta esta flanqueada por columnas de tubos de cemento con capiteles prevaciados en sencillas bandas circulares y zapatas de madera de resabios Crespistas. La cubierta de la casa es a cuatro aguas y en todos los casos las tejas están colocadas directamente sobre los pares de madera, pudiendo ser apreciadas por debajo. Pináculos de hierro pintado y una cornisa ornamental rematan las cubiertas en una forma que recuerda a Villa Zoila en El




9. Plano de ubicacion. Villa Rivello, o Casa N. 41, Los Chorros (f. Sara Maneiro, 2005 - Archivo FMU).


Paraiso (Alejandro Chataing, 1904).

El interior es también de gusto Art Nouveau, pero en su vertiente neoclásica, de resonancias nórdicas. Como podemos apreciar en la serliana que se encuentra bajo la escalera principal, de aires mas modernos, y en el piso, ahora un damero de baldosas en granito vaciado, mientras que afuera, la geométrica balaustrada de cemento del porche y del balcón, nos recuerda sin duda a otra estancia chorriguerense de los alrededores: la Villa San Remo.4

Bien. Es todo, por los momentos, sobre esta patrimonial arquitectura que nos encanta. Seguiremos informando… y velando por su conservación.




NOTAS:
1.  " Ce qui m'a incité a écrire ce petit livre, ce n'est pas une connaissance approfondie de notre littérature : c'est son inquiète méconnaissance ". En: Jean d'Ormesson. Une autre histoire de la littérature française, I, Gallimard, Collection Folio, NiL éditions, Paris, (1997:p. 9.
2.  Hannia Gómez. "Villa Rivello". Preinventario  Arquitectónico, Urbano y Ambiental Moderno de Caracas,  Instituto del Patrimonio Cultural/Fundacion de la Memoria Urbana, Caracas, 2005-2007.
3. Graziano Gasparini y  Juan Pedro Posani.  'La pajarera de los trópicos'. Caracas a través de su arquitectura. Caracas, 1969: pp. 276-277.
4. Chorriguerense: invariante típico de Los Chorros. Neologismo acunado por nos en 2005 durante la realización del Preinventario de la urbanización.



Publicado en: Opinión, @ELNACIONALWeb, Caracas, Martes 13 de febrero de 2018: https://www.elnacional.com/opinion/columnista/otra-historia-arquitectura_222864/



lunes, 1 de diciembre de 2008

Una década por la causa de la memoria urbana

La Tykhé de Caracas, diosa de la ciudad. Fachada de la antigua Academia de Bellas Artes. Alejandro Chataing, 1904, Avenida Urdaneta, Caracas.





1. Ciudad antigua, ciudad moderna
Hacia los años treinta del siglo pasado, las ciudades de Venezuela vivieron una revolución sin precedentes en su historia: crecieron de golpe, vertiginosamente, hasta hacerse otras, grandes y modernas. A partir de entonces, y durante el resto del siglo XX, se construyó todo un nuevo escenario para la vida urbana venezolana. Y el lenguaje escogido fue el de la modernidad. 
 
Ese escenario moderno consta de un emporio de edificios y lugares que es singular en Latinoamérica por la belleza de sus diseños. Son las flores de la nuestra riqueza y la expresión del primer avance económico del país, pero también son las flores del ingenio local. La arquitectura moderna se convirtió así en una tradición viva dentro de la cual aprendieron a vivir los ciudadanos venezolanos. Nuestro escenario principal es la modernidad: nosotros somos modernos. 

Setenta años más tarde, en 2002, a partir de la declaratoria por la UNESCO de la Universidad Central de Venezuela como Patrimonio Cultural de la Humanidad, tuvo lugar un primer reconocimiento internacional del valor y la singularidad de esta modernidad. El mundo entero la reconoció y nosotros entendimos que las fronteras del patrimonio venezolano se habían ampliado para incluir a la ciudad moderna. 


Al volver los ojos sobre la ciudad, sobre esa ciudad que había hecho nacer un patrimonio mundial, los venezolanos comprendieron también que la Ciudad Universitaria no estaba sola. Nada sola. La epopeya de nuestra modernidad es muy amplia y compleja, aún grandiosa: casas inolvidables, enormes y ejemplares urbanizaciones obreras, arquitectura urbana, torres de oficinas, edificios, parques, plazas, paseos y avenidas, además de notables arquitectos y refinados urbanistas, geniales ingenieros, hábiles constructores y sabios maestros de obra, así como obreros que, como artesanos refinados, hacen la mejor mano obra de concreto armado del mundo. 


Pero así como era vasta esta epopeya moderna, aún mayor era el desconocimiento que entonces teníamos de ella. Casi todo su patrimonio permanecía para el año 1998 aún sin registrar y sin valorizarse, descuido que ha facilitado su destrucción e irrespeto galopante, un fenómeno que todavía vemos ocurrir impotentes delante de nuestros ojos todos los días. Tomemos el caso emblemático de Caracas. Con la destrucción prácticamente total de la urbanización Campo Alegre (1932) desde 1992 y la demolición del edificio Galipán (1952) en diciembre del 2000, surgió en la colectividad una toma de conciencia inédita frente a las herencias del siglo XX y, en consecuencia, de todos los períodos anteriores. 


La gente empezó a darse cuenta de que las demoliciones estaban a la orden del día y de que lo que más abundaban en sus vecindarios eran las intempestivas órdenes de demolición criminales y las remodelaciones desfigurantes (que han ido aumentando exponencialmente a medida que la subida del precio del petróleo incide en la economía). Todo el mundo empezó entonces a entender que el conjunto de El Silencio (1942) ya no se arregla más con otra mano de pintura; que se habían convertido en un clásico los accidentes de los peatones que pasan bajo las cercanías de las arruinadas Torres del Centro Simón Bolívar (1950), el cual se está cayendo a pedazos; y que también era de Villanueva, el más importante maestro moderno del país, esa pequeña Escuela Gran Colombia (1939), tan desbaratada y abandonada. Y la gente empezó a resentir la desaparición progresiva y aparentemente indetenible de los queridos escenarios urbanos donde habían transcurrido todas sus vidas. 

2. La década pugnaz
Esta percepción pasó de desasosiego colectivo a clamor colectivo en los últimos diez años. La exigencia apuntaba a que se ampliara e intensificara la protección sobre el patrimonio, especialmente en Caracas. Pero para eso, primero se debían extender las fronteras mismas del patrimonio. Algo que no estaba ocurriendo nada más en Venezuela. A fines del siglo XX en todo el mundo el patrimonio arquitectónico moderno estaba recibiendo un reconocimiento creciente. Muchos edificios modernos se habían vuelto elegibles para estatus de monumento. En todas partes, las arquitecturas de hasta de fines de los años 1970s comenzaban a recibir la "etiqueta" prestigiosa de monumento histórico… y allí entraban también la mayoría de las más importantes obras de la capital, como el Hotel Humbolt o el Hotel Avila, el edificio Altamira o la Villa Planchart, el Hotel Tamanaco o el Mirador de Los Caracas, entre tantísimos otros, todos ya con más de medio siglo de antigüedad. 

En enero del año 2000, luego de la afrenta que significó para la comunidad caraqueña la demolición –tras larga e infructuosa campaña en los medios académicos y de comunicación- del edificio Galipán, se entendió finalmente la importancia de catalogar e inventariar el patrimonio arquitectónico, urbano y ambiental moderno de la ciudad, paso previo para poder enseñarle a la población a conservar y a preservar la fábrica urbana, tanto antigua como moderna. Una de las respuestas a este cambio en el estado de las cosas fue la creación en Julio de 2000 de una ONG de carácter privado, la Fundación de la Memoria Urbana (FUNDAMEMORIA), nacida tras la caída del Galipán. 


Esta organización tuvo entre sus fundadores a Graziano Gasparini y al entonces Decano de Arquitectura de la UCV, Abner J. Colmenares, pero también a varias notables personalidades ligadas al arte, al derecho urbano y a la historia, como Allan R .Brewer Carías, Carlos F. Duarte, Luis Alberto Crespo, Martín Vegas Pacheco, Lorenzo Gonzalez-Casas, Italo Pizzolante y Elías Pino Iturrieta. Sin embargo, fue justamente Gasparini, el creador de la Junta Nacional de Patrimonio, antecedente inmediato al actual Instituto del Patrimonio Cultural (IPC), quien le daría el nombre y el carácter a la recién nacida fundación, agregándole la palabra “urbana” a la palabra “memoria”, y así comunicar a la colectividad que el nuevo objetivo de la lucha en el área patrimonial se extendía ahora desde los objetos arquitectónicos -lo protegido hasta entonces- hasta el ámbito mayor de la ciudad. 

Esta idea suya fue genial, y significó un avance monumental en el pensamiento urbano y en el área de la preservación en el país. El termino recién acuñado por Gasparini no pudo tener mejor éxito. Los ciudadanos lo adoptaron con entusiasmo, y lo hicieron suyo. La frase "memoria urbana" es ahora usada comúnmente en todos los medios, y la vemos brotar naturalmente del discurso espontáneo de los ciudadanos en todas partes. El concepto echó firmes raíces en el inconsciente colectivo nacional. Muestras de ello son el influyente grupo de Internet viejasfotosactuales del pintor Ernesto León, y, más recientemente, las páginas que buscan el rescate de la memoria urbana de decenas de lugares en el país creados en la red social Facebook. 


El primer objetivo de FUNDAMEMORIA fue hacer la Lista de Caracas, que incluyera, -buscando salvarla-, justamente, a la Caracas Moderna. Tomó tres años -el 2003- que el Concejo Nacional de la Cultura (CONAC) ordenara a FUNDAMEMORIA emprenderla, trabajo que le llevaría casi cuatro años, y que dio como resultado que en el área metropolitana se pasara de 82 bienes inmuebles declarados en 2003 a 1700 nuevos registros de preinventario entre edificios, sitios urbanos y lugares ambientales. FUNDAMEMORIA también contribuyó a que se iniciase en el seno del IPC la apreciación como patrimonio de nuevas categorías ambientales y urbanas ligadas a la memoria urbana, como "Arbol centenario", "Lugar de la Memoria", "Arte Urbano" o "Escenas Urbanas", entre otras. 

Respondiendo al espíritu de los tiempos, en el área gubernamental también se dieron cambios importantes. Las dos oficinas del Estado que tienen como responsabilidad la protección del patrimonio, el mencionado Instituto del Patrimonio Cultural y Fundapatrimonio, decidieron con políticas distintas tomar cartas en el asunto. Fundapatrimonio, de la mano de su antiguo presidente Gustavo Merino Fombona, un gerente cultural prestado al área patrimonial, dio un vuelco a la institución, haciendo una gestión muy agresiva de transformación del Municipio Libertador a través de la recuperación de su abandonado patrimonio, que no pasó desapercibida. El tema patrimonial, de ser casi desconocido para el gran público, se volvió en la gran polémica del día y en el tema de moda (recordemos los casos del Monumento a Maria Lionza y del conjunto El Silencio), la mayoría de las veces por lo lo polémico de las propuestas o de las decisiones de restauración. En todo caso, este revuelo redundó en beneficio para la ciudad, por la toma de conciencia colectiva que implicó, a favor o en contra de los proyectos de ese organismo. 


Por otra parte, el Instituto del Patrimonio Cultural, de la mano de su actual presidente (2008), José Manuel Rodríguez, adoptó una nueva política: emprender su propia tarea de inventario, pero colosalmente, a nivel nacional. En un monumental proyecto llamado “I Censo Nacional del Patrimonio Cultural”, el IPC encaró ese importante reto (el cual no ha concluido aún), saldando una vieja cuenta pendiente con el patrimonio nacional. El censo, altamente significativo en sus resultados, puso en letras de imprenta al patrimonio tangible e intangible de todos los municipios del país. Se dice rápido. Pero no solo eso: mediante una especial Providencia Administrativa, hizo que todos los bienes en él incluidos alcanzasen legalmente el rango de Bien de Interés Cultural de la Nación. Con ello Venezuela pasó de golpe a centuplicar su patrimonio. 

Lamentablemente, este censo no pudo ser exhaustivo y, para hablar nada más de Caracas, dejó fuera de protección muchos importantes edificios, espacios urbanos y obras de arte. Por otra parte, su impacto de control sobre la dinámica urbana de los municipios fue muy fuerte, dejando honda huella. Consecuentemente, las presiones económicas se han incrementado. Hoy, (2008) tristemente, ni el gobierno ni los municipios desean continuar con las declaratorias… una labor que debería constituir una tarea permanente.


3. La arquitectura, la ciudad y el ambiente modernos son la memoria del futuro
Así, continúa la emergencia. El Instituo del Patrimonio Cultural es aún la institución a nivel nacional que sigue teniendo que ocuparse de la totalidad de la herencia patrimonial de toda la nación, desde el patrimonio intangible hasta los templos coloniales, pasando por los sitios arqueológicos, y al mismo tiempo actuar como el supervisor central de todos los Monumentos Históricos Nacionales y de todos los Bienes Culturales recientemente declarados en el I Censo Nacional del Patrimonio Cultural en todo el país. Es fácil darse cuenta de que con el aumento del número de protecciones en el territorio nacional su capacidad de respuesta forzosamente ha disminuido, con lo que las demoliciones continúan, los cambios son vistos más ligeramente, y lo que es peor, los promotores urbanísticos e inmobiliarios ya entienden las consecuencias económicas de una declaratoria de patrimonio, por lo que ahora son más rápidos y más oscuros para efectuarlas –ahora usualmente hechas los domingos, cuando el IPC o las alcaldías están cerrados-. 

El panorama patrimonial venezolano muestra un país donde la protección se detiene cuando apenas comienza, donde la población, a pesar de los avances, maneja poco los términos “monumento”, “patrimonio” o “Ley de Patrimonio”; donde la fábrica urbana tradicional y moderna está desapareciendo muy rápidamente –sin libros ni revistas que registren para la posteridad los logros culturales de las ciudades-, donde los arquitectos han sido entrenados mucho más en el amor de lo nuevo que en el arte de la memoria, y están más dispuestos a desarrollar sus nuevos proyectos con total libertad y sin restricciones que a respetar viejos edificios u obras hechos por artistas desaparecidos de una -para ellos- era olvidada. 


Adicionalmente, cada intervención nueva que es permisada en las pocas obras declaradas patrimonio, corre más la raya de la permisividad y del irrespeto, y abre la puerta para futuras acciones irresponsables contra el patrimonio en las ciudades. Como en el escandaloso caso del Proyecto Leander en el Parque del Este, la obra más importante de Roberto Burle Marx. Por lo tanto, la preservación del patrimonio en Venezuela hoy en día es más complicada que en otras ciudades o países donde los caminos de la conservación y la preservación han sido más transitados, y por un tiempo más largo... Sin descontar que aquí también el diálogo entre lo viejo y lo nuevo alberga las mismas polémicas que en todas las naciones del mundo. Pero debemos tener fe: muchas ONGs y movimientos vecinales han surgido para hacer presión en defensa de la memoria urbana en las ciudades, convirtiéndose en entes paralelos al gobierno. En sus alegatos, acciones legales y presencia mediática, es posible apreciar la buena nueva de la toma de conciencia.
 
La arquitectura, la ciudad y el ambiente modernos son nuestra memoria del futuro: la modernidad es un nuevo patrimonio que debe ser protegido.



(f. "Ventanas de Caracas", Nelson José Castro, s/f. Facebook "Fotógrafos de Venezuela").





Publicado en: Venezuela Analitica Premium, Edición Noviembre, Caracas, 2008.



martes, 1 de julio de 2008

San Bernardino, Suiza

Hotel Avila, Wallace K. Harrison. Caracas, 1942 (f. Archivo Fundación de la Memoria Urbana).




La localidad de San Bernardino acaba de ser testigo de unos hechos aleccionadores para todo el país urbano, hechos tras los cuales podría pasar como un auténtico cantón de la civilizada nación suiza: tras una lucha de alto nivel en los medios de comunicación y la mesa de negociaciones, especialistas, vecinos, periodistas y promotores juntos acaban de salvar de la desaparición y de la desfiguración (que a veces es hasta más dolorosa) uno de los más notables edificios modernos de toda la capital, asentado en su territorio: el Hotel Avila (Harrison & Abramovitz Arquitectos, 1939-42), en la calle George Washington. Vayan nuestras más calurosas felicitaciones a todos los involucrados, especialmente a la Promotora Tucán S.A., afortunada dueña del estimado inmueble, y nuevos héroes de la conservación de la memoria urbana en Venezuela.

Nos atrevemos a comparar al viejo barrio de San Bernardino con una ilustrada ciudadela del manicurado país centroeuropeo, porque allá tampoco -como aquí- nunca se hubiera podido incurrir en el escándalo ni en el error de demoler una estructura de tan comprobado pedigree arquitectónico y histórico. A nadie se le hubiera ocurrido intentarlo, ni nadie lo hubiera permitido jamás. Las características singulares de las ciudades suizas, de sus arquitecturas y de sus paisajes están tan rigurosamente controlados, y son tan celosamente velados por todos los ciudadanos que éstas tienen garantizadas su perpetuidad en el tiempo para poder ser disfrutadas por todos, especialmente por quienes no las han conocido nunca: los visitantes que vendrán y las generaciones futuras. En Suiza podemos decir que hay, además del famoso paraíso fiscal, un inalienable paraíso ambiental...

Pero, ¿qué me dicen ahora de nuestro viejo San Bernardino, nombrado en honor del mayor santo de las insonoridades musicales? Hemos visto a su población reunirse entusiasta en una iglesia en nombre de la salvaguarda de la obra de Wallace K. Harrison, como si del Marqués del Toro se tratase; hemos visto dignamente retirarse de la batalla al director de Fundapatrimonio, reparando con su honroso silencio las desafortunadas opiniones que emitió en un infeliz momento; hemos visto el brillante aparecer en escena de varios periodistas pioneros de la lucha urbana, quiero decir, de la lucha por la memoria urbana, dando la invaluable señal de alarma a la colectividad.

Hemos visto a un Instituto de Patrimonio Cultural resarcido de la saga de inercia que nos costó Campo Alegre y el Galipán, enviando a los propietarios del hotel una carta histórica donde se ratifican los principios que protegen la integridad arquitectónica del Hotel Avila y su relación con el paisaje frente a cualquier desarrollo que allí quiera realizarse ahora o en el futuro; hemos visto a Victoria Newhouse, autora del libro sobre Harrison y directora de The Architecture History Foundation de Nueva York ordenando a los editores de Condé Nast a hacerle un seguimiento a este caso y a la naciente protección de la memoria arquitectónica y urbana en Caracas, y dispuesta a redactar una carta de respaldo a la protección del edificio; hemos visto, en fin, a los promotores del desarrollo, retirar responsablemente su inversión, a fin de reflexionar sobre un procedimiento más arquitectónicamente correcto.1

Tal como ocurrió en el caso del edificio Galipán (pero fue lamentablemente despreciado) esta vez también la Facultad de Arquitectura de la UCV, el IPC y la recién creada (2000) Fundación de la Memoria Urbana les ofrecerán su ayuda para evaluar todas las posibilidades de desarrollo que tenga el hotel y lograr el mayor retorno posible, dentro del marco del respeto absoluto del lugar. También harán un foro público para discutir los tan urgentes temas del patrimonio moderno y su conservación en nuestras ciudades, de la saga caribeña del Hotel Avila y de los lenguajes de las arquitecturas que estudie la ampliación y la renovación adecuada del hotel... La ciudad ha apretado, pero no va a asfixiarlos, señores de Swisshotel.

El Hotel Avila es un objeto moderno que ahora felizmente será respetado para siempre en su partido original, ubicado en el terreno para dirigirse a las vistas y responder a un claro programa; en su circunstancia de volumen compuesto por situaciones espaciales encadenadas; en la valoración estética de su propia arquitectura, con todas sus filiaciones históricas. Una arquitectura que podremos recorrer en el espacio y el tiempo para aprehenderla en su totalidad: ésto es lo que hemos ganado y eso es lo que podremos felizmente seguir haciendo.

Y si Suiza es la patria de Robert Waltzer, el caminante, y de Livio Vacchini, el detallista, a ambos invocaremos para que la promenade arquitectónica que se nos ofrezca en el futuro sea el primer poético homenaje a la modernidad de la más moderna de las ciudades.

Yo garantizo que, si seguimos por este camino, a la vuelta de un par de años, hasta la Guía Michelin estará otorgándoles apetitosas estrellas al Hotel Avila, ese bellísimo nuevo complejo hotelero que se inaugurará en San Bernardino... ¿Suiza?


"Hotel Avila -Caracas" (Postal. Ramca. Archivo Fundación de la Memoria Urbana).




NOTAS
1. Victoria Newhouse. Wallace K. Harrison.


Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, lunes 3 de Julio de 2000.