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miércoles, 17 de abril de 2019

Fragmentos de ciudad


"Highway traffic". Klaus Bürgle,1959 (f. Space Age. Pinterest).


 
"And all we call American".
            Robert Frost. America is Hard to See. 1
  
1. Jobs
Recorriendo Caracas, fueron apareciendo ante nuestra mirada una a una las arquitecturas de los norteamericanos. Espacios urbanos, parques, campos de golf, casas, urbanismos, jardines, edificios de oficinas, hoteles, infraestructuras, servicios, comercios. Todos ellos aderezados casi siempre por proyectos de diseño interior, diseño gráfico y diseño publicitario, de gran importancia para los Estados Unidos en el mid-century.

Ahora bien, "todo lo que llamamos americano" en Caracas fue la flor de un día, de unos años fructíferos, aunque en realidad breves. A diferencia de los italianos y de los españoles ―las dos grandes corrientes migratorias que marcaron profundamente la ciudad―, los norteamericanos en esa época no llegaron para quedarse. Se relacionaron de manera distinta con la ciudad, más temporalmente, porque sus obras eran proyectos singulares, jobs, por los que venían hasta aquí, a esta terra incognita, a esta booming capital city, cual jungle cowboys, en los vuelos de Pan American World Airlines, a trabajar puntualmente para los diferentes clientes y empresas que los contrataban. Permanecían aquí por el tiempo que fuera necesario, durante el tiempo que duraban las obras y los contratos, muchas veces albergados en el Hotel Ávila, departiendo juntos, o más adelante en el Hotel Tamanaco, contemplando a la ciudad y su valle, under the stars. Luego partían de la fascinante Caracas, devolviéndose a sus oficinas en Nueva York, Chicago, Boston o Beverly Hills.

Salvo el caso de Hatch, quien permaneció en Caracas una década completa, o Van Kleek, que se mudó durante algunos años con su familia, o también Wendehack, que iba y venía incesantemente. De ellos, solo Vestuti echó raíces en la capital de Venezuela. Esto también explica la débil presencia de artistas en las arquitecturas caraqueñas norteamericanas, a pesar de que la práctica de integrar obras de arte en la arquitectura moderna era común por esos tiempos y estaba muy difundida back in the USA. El caso de Calder, quien vino de la mano de Carlos Raúl Villanueva a trabajar en la Ciudad Universitaria de Caracas, se convierte así en la excepción monumental que confirma la regla. El único artista en todo nuestro elenco.
  
2. "La memoria es el espacio en donde una cosa pasa por segunda vez".2
Sumándose a las obras de los arquitectos, la planificación urbana y la influencia del American Way of Life sembraron raíces todavía más profundas y de manera asombrosa por toda la ciudad. A mediados del siglo veinte Caracas fue justamente ese espacio de la memoria donde «todas las cosas americanas quisieron pasar por segunda vez», acompañando el desarrollo urbano en todos los campos del diseño. Hilando los fragmentos de la ciudad norteamericana por Caracas, los encontramos haciendo epifanías por doquier, incluso hasta en los espacios más domésticos. Estos fragmentos de la memoria urbana de América son hoy también Caracas.

A partir de la década de los cincuenta, la forma de la ciudad empezó a estar crecientemente determinada por el American Way of Planning introducido por el planificador californiano Francis Violich (1911-2005), quien fuera asesor de la Comisión Nacional de Urbanismo desde los cuarenta y en particular del Plan Regulador y de Zonificación de Caracas (1951-1958). Las ordenanzas de zonificación ―el zoning―, los porcentajes de construcción, los retiros, los planos de uso del suelo y todas las herramientas derivadas de la planificación en los Estados Unidos de esos años, fueron incluidas en ese plan asesorado por Violich ―entre otros―, instrumento que determinaría la forma urbana de la Caracas moderna y la sigue determinando en gran parte hasta hoy.

La influencia del American Way of Life, por su parte, alcanzó múltiples formas de expresión. La que salta a primera vista es la proliferación de la cultura del automóvil. Esta cambió por completo y para siempre el paisaje urbano de la ciudad tradicional. Son el conjunto de autopistas, muchas de ellas inspiradas en el Arterial Plan de Robert Moses, como la Autopista Caracas-La Guaira y la Autopista del Este. Son también los distribuidores viales ―con loops de todas las formas y colores― como La Araña o el Trébol de Maiquetía. Son las estaciones de servicio que van variando en diseño según la década o la empresa, como la Super Estación de Servicio Las Mercedes (Shell, 1959). Son los showrooms para car dealers, como el edificio Belcar en Colinas de Bello Monte (Roger Halle, 1952). 3

La cultura automovilística se observa también en la proliferación de los cines y de las cafeterías drive-ins, como el autocine en la urbanización Santa Mónica, el primero en Suramérica (1950), o la cafetería Taco's de El Rosal. O en el auge de los estacionamientos mecánicos, que empezaron en 1951 al unísono en Madison, Wisconsin y Caracas, como los garajes automáticos de la Pigeon Hole Parking de Venezuela en Los Caobos. O en los grandes proyectos de infraestructura vial, como el nunca construido túnel Altamira-Caraballeda (1957), a ser trazado bajo El Ávila por los Holland Tunnel Engineers ―autores del Holland Tunnel bajo el río Hudson, en Nueva York.

Dicen que beauty runs wild in the Caribbean. Los fragmentos de la ciudad norteamericana se multiplicaron en Caracas con furor. Los encontramos en algunas iglesias, como The American Church (El Bosque, 1949). En las escuelas, como el moderno Colegio Americano, en Lomas de la Trinidad (Dickey, 1959). En los primeros estadios de béisbol, como el Estadio de San Agustín (1928). En los campos de golf, como el Caraballeda Golf & Yatch Club (Van Kleek, 1948). En las distintas canchas de bowling, como el Bowling del Círculo Militar (Malaussena, 1953), y también en esos tanques de agua elevados sobre torres metálicas que aparecieron aquí y allá, como los que aún subsisten en zonas industriales como Los Cortijos de Lourdes.

Algunos modernos edificios de oficinas son también city fragments. Como el del edificio La Estancia (Chuao, 1960), el más paradigmático slab en la ciudad. Están además los diversos hoteles corporativos, como el Hotel Macuto Sheraton en Caraballeda (Malaussena, 1953). Los bancos, como The First National City Bank en Altagracia (Sanabria, años sesenta). Las tiendas por departamentos, como la Sears Roebuck de Venezuela en Colinas de Bello Monte (1950). Los automercados y centros comerciales, como el AutoMercado y Centro Comercial Las Mercedes (Hatch, 1954). Las fábricas, como la Procter & Gamble (La Yaguara, años cincuenta). Y las grandes obras de infraestructura, como la ampliación de los muelles de La Guaira (1938), ambas obras de la Raymond Concrete Pile Company of Venezuela.

Otros fragmentos son más claramente avatares. Como las urbanizaciones suburbanas tipo Houses in the Prairie ―casas de la pradera―, enclaves del modern living, entre las que destaca la urbanización Las Mercedes (1940). O como el parque de diversiones Coney Island (Los Palos Grandes, años cincuenta). O la Concha Acústica José Ángel Lamas (Volante, 1950), tan inspirada en el Hollywood Bowl de Los Ángeles, y el Portal de las Águilas, que marca la entrada de Lomas de Las Mercedes (1940), emulando el portal del Empire State Building.

En arquitectura, la lista de los avatares la encabeza el monumental Centro Simón Bolívar (Domínguez, 1954), desde siempre comparado con el Rockefeller Center de Nueva York (1939). Luego siguen El Poliedro de Caracas en La Rinconada (Alcock, 1974), inscrito en la saga de los domos geodésicos de Buckminster Fuller; el edificio Angloven, showroom de Vauxhall-Lucas-Jaguar (Vegas & Galia, 1954) en Colinas de Bello Monte, que recuerda al edificio Chrysler Motors en la Chicago World's Fair de 1933. O el muy miesiano edificio Cauchos General en la Avenida Libertador (Guinand, Benacerraf & Vestuti, 1954). También los edificios Farallón y Centinela en Bello Monte (Fuenmayor & Sayago, años sesenta), que reflejan en su lenguaje la huella del proyecto de Marcel Breuer que se iba a levantar en el mismo lugar.

O bien el centro comercial El Helicoide en La Roca Tarpeya (Gutiérrez, 1959), que a su vez recuerda al Gordon Strong Automobile Objective de 1924 y al proyecto del Pittsburgh Point Civic Center (1947-49) de Wrigth;4 y la Torre La Previsora (Koifman, Borges, Pimentel y Koifman, 1972), que con su fachada inclinada en curva se asemeja tanto al edificio West 57th de Nueva York. Finalmente, la Torre Polar, en la Plaza Venezuela (Vegas & Galia, 1955), con tantas semejanzas al edificio Lever House en Nueva York ―aunque en realidad lo precede.5 Y el avatar más famoso: la wrightiana quinta Piedra Azul en el Caracas Country Club (Wallis, 1942), semejante en muchos elementos a la casa Fallingwater  de 1939.

Por su parte, el mobiliario urbano y los detalles arquitectónicos también son poderosos objetos de la memoria. Como las farolas de hierro fundido estilo Washington o Empire que llenaron las calles de las urbanizaciones de Caracas en los cuarenta. O el uso muy popular del shingle style ―emulado en concreto pintado― de muchas casas de Colinas de Bello Monte. O el gusto por los techos en A ―a-pointed roofs―, como el Centro Parroquial N.S. del Rosario en La California Norte (Lampo, 1964). O la espectacular difusión que tuvieron las celosías de cemento ―breathing walls―, cuyo ejemplo más paradigmático es el famoso "beehive" ―panal de abejas― del Hotel Residencias Montserrat en Altamira (Guinand, Benacerraf & Vestuti, 1952). Y, por supuesto, la serie de anuncios de neón y vallas monumentales de hermosas tipografías, como la del mismo Hotel Montserrat.

Decía Ítalo Calvino que «(…) una cultura debe estar abierta a las influencias foráneas si quiere mantener viva su propia fuerza creativa».6 ¡Y vaya que Caracas estuvo abierta a la influencia norteamericana! Haciendo un nuevo recorrido por nuestro lush, tropical plateau, volvamos sobre las marañas de líneas configurando bacterias y amibas de las herrerías caraqueñas ―y que tanto gustaban a Hatch y a Froehlich. Observemos los nuevos naturalismos y el uso de materiales autóctonos que estuvieron tan en boga en la ciudad ―como se muestra en la casa de Goff en Playa Grande, construida toda en madera de cují. Apreciemos el gusto por el equilibrio dinámico de las marquesinas de concreto de Badgeley y de Froehlich y de tantas otras marquesinas caraqueñas. Y volvamos a admirar el gesto cristalizado del volumen antisísmico del Hotel Ávila, las formas figura/fondo de las magníficas Nubes de Calder y el jet age chic de los volcanes sumergidos en los estanques hípicos de Froehlich.7

Recordemos en Caracas «todo eso que llamamos americano»: la forma inflada del domo geodésico de Fuller. Las formas dominadas por el ladrillo en el edificio Shell y por el vidrio en el Cubo Negro. El brutalismo que animaba el proyecto de El Recreo Urban Center. El esqueleto escultórico de las vigas de la quinta Alto Claro. La libertad de la curva sobre la entrada del Hotel Ávila. La espiral serpentina de la escalera del Jockey Club en el Hipódromo. La reducción de líneas en la elegante marquesina del edificio Sucre en La Floresta.

Así, queremos invitarlos a volver a esa ciudad exótica del eternal summer, donde marlins fought harder and orchids grew bigger, que crecía con optimismo al ritmo del progreso a mediados del siglo veinte. Para admirar con nuevos ojos el espacio del atrio tras el fantástico mural de Bertoia en la antigua embajada de los Estados Unidos. Para observar con detalle el mínimo posible de materia usado en la escalera del CADA de Las Mercedes. Para fascinarnos ante el sensualismo del balcón "Eames" de la quinta Macoroma, lanzado sobre los campos de golf. Para disfrutar de la arquitectura vertebrada del atrio, del paddock y de las caballerizas del Hipódromo, de los biomorfismos de las casas caraqueñas de Goff', de la plasticidad neobarroca del Yatch Club de Hatch, de las bóvedas perfectas de la Casa Carrillo Batalla, de las formas acariciantes de los plafones del Teatro Junín y de la libertad curvilínea de la piscina del Hotel Tamanaco.8 Lugares y arquitecturas a los que hemos querido cantar con frases de la novela El manantial (The Fountainhead, 1943) de la escritora Ayn Rand, en los títulos de cada capítulo.9

Volvamos a la Caracas moderna de influencia norteamericana y celebremos juntos su rica y multicultural herencia arquitectónica y urbana, que este 25 de julio de 2017 arribó a cuatro siglos y medio de historia deslumbrante.


Luces de la ciudad (f. Así es Caracas, 1951).



NOTAS
1 Robert Frost. America is Hard to See, The Atlantic, Boston, 1951.
2  Paul Auster. «Memory is the space in which a thing happens for the second time», The Book of Memory, The Invention of Solitude, Sun Publishing, Pawcatuck, Connecticut, 1982.
3.4.5. Jorge Villota Peña. «The hyper Americans!: Modern architecture in Venezuela during the 1950s», Texas Scholar Works, The University of Texas at Austin, 2014.
6. "A culture must be open to foreign influences if it wants to keep its own creative power alive." En: William Weaver and Damien Pettigrew. "Italo Calvino", The Art of Fiction N. 130, The Paris Review, Nueva York, 1992.
7.8. Giovanna Massobrio y Paolo Portoghesi. Album degli Anni Cinquanta. Editori Laterza, Roma-Bari, 1977.
9. Ayn Rand. Parte 1, Peter Keating, The Fountainhead, Bobbs Merrill, New York City, 1943.


Publicado en: Opinión, @ELNACIONALweb, Caracas, Septiembre, 2017: http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/fragmentos-ciudad_203060



martes, 16 de abril de 2019

I Hear America Singing


Centro Comercial Las Mercedes (f. Progressive Architecture, 1955).


Gaily bedight,
A gallant knight,
In sunshine and in shadow,
Had journeyed long,
Singing a song,
In search of Eldorado.
Edgar Allan Poe. Eldorado 1

Las ciudades invisibles son un sueño
que nace del corazón de las ciudades visibles.
Ítalo Calvino. Las ciudades invisibles 2
   
En el magnífico valle de la ciudad de Caracas y su largo frente marítimo sobre la costa del mar Caribe, coexistieron muchas influencias arquitectónicas a mediados del siglo veinte que la convirtieron en una de las ciudades más arquitectónicamente ricas de toda América. Observando la ciudad moderna, una de las culturas más influyentes y transformadoras de su fábrica urbana la trajeron consigo los arquitectos, diseñadores, urbanistas y artistas norteamericanos que trabajaron en la capital. La exposición que la fundación Docomomo Venezuela presenta hasta el próximo 1 de Octubre en la Sala TAC del Trasnocho Cultural en Caracas, "Arquitectura Norteamericana en Caracas 1925-1975: Our Architects", es el resultado de acercarnos a oír el canto de América en Caracas.

Coincidiendo con los años del inicio y auge de la explotación petrolera y también de la apertura y el fortalecimiento de las relaciones entre los Estados Unidos y Latinoamérica, ubicamos el florecimiento de los aportes norteamericanos entre 1925 y 1975. Cincuenta años de producción arquitectónica y urbana intensa que transformarán radicalmente a la capital y de la que hoy la ciudad de Santiago de León de Caracas, que este 2017 arriba a su cuatrocientos cincuenta aniversario, se enorgullece en contar como suya, conservándola como su patrimonio para el mundo. Una herencia compartida con los Estados Unidos, pronta a ser incluida en el Registro de Docomomo US gracias al presente proyecto, ya que en esta oportunidad, además del placer de trabajar de nuevo con la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela, Docomomo Venezuela tuvo el honor de colaborar con el programa de Historic Preservation de la Graduate School of Architecture, Planning and Preservation (GSAPP) de Columbia University, gracias a su director, Jorge Otero-Pailos, y a la profesora Jennifer Gray y con Docomomo US, de la mano de su presidente, Theodore Prudon.

Al comenzar esta investigación nos encontramos con una situación inesperada. Al ir a buscar en la ciudad la arquitectura construida por los norteamericanos y querer adentrarnos más allá de los iconos reconocidos, era difícil discernir en la fábrica urbana la obra arquitectónica norteamericana menos monumental. Para oír a América cantar, debimos afinar mucho el oído.3 Era como si la modernidad local, por estar tan cercana a los modelos y referencias estadounidenses, se había fusionado con ellos de manera prácticamente indeleble. Esto se explica tanto por el enorme impacto cultural de la influencia norteamericana en todos los ámbitos de la vida caraqueña en esos años, como por la gran cantidad de profesionales venezolanos que se formaron en los Estados Unidos cuando en el país aún no había una escuela de arquitectura ―la de la Universidad Central de Venezuela fue fundada en 1953―, cosa que siguió pasando incluso después.

De manera que Caracas es una ciudad llena de lo que hemos querido denominar «avatares», es decir, formas urbanas y arquitectónicas que parecen norteamericanas, pero que fueron diseñadas por autores locales.4 Como su nombre lo indica, un avatar es una encarnación. Una vicisitud por la que pasan los edificios cuando se suscita un cambio.5 Y eso fue lo que ocurrió en la ciudad cuando se produjo el acercamiento a los Estados Unidos. Decenas de nuevas tipologías urbanas y arquitectónicas irrumpieron en ella, unas proyectadas en su país de origen y otras… aquí.

Pero hay más. Otro hallazgo es que de nuevo, al igual que lo que descubrimos al estudiar las arquitecturas de influencia italiana ("Las ITALIAS de Caracas", 2013) y las arquitecturas de influencia española ("Suite IBERIA", 2015), al investigar la influencia norteamericana encontramos que en nuestra ciudad vinieron a trabajar los mejores autores.6.7. Caracas siempre quiso lo mejor para Caracas. En este caso, los mejores de todos los Estados Unidos. Los mejores artistas, como Calder; los mejores paisajistas, como Olmsted Brothers; los mejores arquitectos de golf, como Banks, Van Kleek y Wilson; los mejores promotores, como Moses; la mejor diseñadora de interiores, como Parish; los mejores planificadores, como Violich y Sert; el mejor arquitecto de casas club, como Wendehack; los mejores arquitectos de palacios del cine, como John & Drew Eberson. Y los mejores arquitectos: Harrison, Neutra, Breuer, Goff, Fuller, Embury, Hatch, Webb, Vestuti, Johnson & Burgee, Holabird, Root & Burgee, Badgeley & Bradbury, Shaw, Metz & Dolio, Graven & Mayger, Emery Roth & Sons. Los mejores. Simply, the best.

Una excelencia que se explica por la presencia en Venezuela ―y por la pasión que sentía por este país― un hombre que, también él mismo, era el mejor en todo lo que hacía: Nelson Aldrich Rockefeller. Rockefeller quiso siempre lo mejor para Caracas y para Venezuela, un país del cual se enamoró y al que colocó en lugar preferencial sobre todos los demás países latinoamericanos. Es el país donde se construyera su casa moderna sutilmente neocolonial, la hermosa Monte Sacro (Don Hatch, 1959), donde viniera a pasar en 1963 la luna de miel junto a su esposa Happy. De una u otra manera, los profesionales estadounidenses que hemos mencionado fueron casi todos hombres de Rockefeller, sus arquitectos, relacionados con sus empresas, sus proyectos y sus oficinas del número 30 de Rockefeller Plaza, en Nueva York. Las líneas de las historias de estos personajes y de sus proyectos se entrecruzan siempre con las de Rockefeller, como veremos desarrollarse a todo lo largo del relato de OUR architects: en Caracas.

Lo cual nos trae a una tercera revelación: la importancia de la influencia de la ciudad de Nueva York por sobre todas las demás ciudades norteamericanas en Caracas, lo cual confirma lo que siempre habíamos sospechado: que Caracas es en muchos sentidos como Nueva York y que la relación Caracas-Nueva York es fundamental para su historia moderna.8





Monte Sacro, la casa sobre una colina del Nelson A. Rockefeller, obra del arquitecto norteamericano Don Hatch, 1959 (f. 1963. Cablefoto).



NOTAS
1. Edgar Allan Poe. «Eldorado», The Flag of Our Union, Boston, 1849.
2. Ítalo Calvino. Nota preliminar, Las ciudades invisibles, conferencia en inglés para los estudiantes de la Graduate Writing Division, Columbia University, Nueva York, 29 de marzo, 1983.
3.Walt Whitman. «I Hear America Singing», Inscriptions, Leaves of Grass, Harold W. Blodgett & Sculley Bradley editores, Brooklyn, New York City, 1900.
4. Miguel de Toro y Gisbert. «Avatar», Pequeño Larousse Ilustrado, Editorial Larousse, París, 1970: p. 118.
5. La idea se la debemos al arquitecto Frank Alcock, Vice presidente de Docomomo Venezuela.
6. Docomomo Venezuela. Las ITALIAS de Caracas, Sala TAC, Caracas, julio-octubre 2013:  http://docomomovenezuela.blogspot.com/2012/12/exposicion-exhibition.html
7. Docomomo Venezuela. Suite IBERIA: la arquitectura de influencia española en Caracas, Sala TAC, Caracas, julio-septiembre 2015:
http://docomomovenezuela.blogspot.com/2015/08/exposicion-exhibition.html
8. A la primera persona que le oímos decir esto fue al profesor Richard Plunz, Director del Programa de Diseño Urbano de la GSAPP de la Universidad de Columbia, cuando estuvo en Caracas conduciendo un trabajo junto al IREU (Instituto Regional de Estudios Urbanos) a fines de 1999. Ver: Richard Plunz, Michael Conard y Modjeh Baratlo. Caracas Litoral, Venezuela: New Urbanisms, Princeton Architectural Press, Princeton, 1999:  
https://www.amazon.com/Caracas-Litoral-Venezuela-NewUrbanisms/dp/1568984464



Publicado en: Opinión, @ELNACIONALweb, Caracas, Septiembre, 2017: http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/hear-america-singing_202018



jueves, 7 de febrero de 2019

Suite IBERIA



Trencadís. Villa La Azuleja, Macuto (f. Lucia Hostalet Aunión, 2006).



"Las ciudades invisibles son un sueño
que nace del corazón de las ciudades visibles".
Italo Calvino.

1. La arquitectura de influencia española en Caracas
Este jueves 16 a las 7:00 pm la Sala TAC del Trasnocho Cultural en Caracas presenta una nueva exposición de la fundación Docomomo Venezuela*, en esta oportunidad junto a la Embajada de España en Venezuela. Continuando con la serie de conferencias itinerantes "Las Ciudades Invisibles de Caracas" realizadas con el CENTRO de la Ciudad desde 2004, y la exposición "Las Italias de Caracas" de 2012, la nueva entrega, Suite IBERIA: la arquitectura de influencia española en Caracas, devela gran parte del patrimonio moderno de influencia española que enriquece a la ciudad de Santiago de León de Caracas, sumándose a la celebración de su aniversario 448.
                
Tras dos años de investigación, la exposición reúne una serie de obras, fotografías, textos, documentos y maquetas que muestran diversas arquitecturas, espacios urbanos y obras de arte urbano y aplicadas a la arquitectura, realizadas por autores españoles durante el siglo pasado hasta 1970.  La tradición en Caracas de las Leyes de Indias y la sensible herencia de la arquitectura colonial fueron una base muy fértil para la recepción desde 1900 de los aportes de la población inmigrante y los profesionales convocados a hacer nuevos proyectos en una ciudad que se modernizaba.

Los arquitectos, constructores, urbanistas, artesanos, técnicos, ingenieros y artistas españoles que arribaron por el Puerto de La Guaira influenciaron la manera de hacer arquitectura, dieron un vuelco a la calidad de la construcción, permitieron que se acometieran proyectos más complejos y más atrevidos, multiplicaron sus lenguajes arquitectónicos, ampliaron sus repertorios formales y urbanos. Pero sobre todo, llenaron a Caracas de experticia, de arquitectura de formación académica, de arquitectura urbana, y también, de arquitectura popular y rural rica en lenguajes ornamentales y regionalismos.

El compendio de sus obras se convirtió en ganancia para la ciudad. La Caracas moderna tiene así pasajes urbanos y paisajes arquitectónicos de apreciable nostalgia por España, pero lo más común es la fusión con los profesionales, firmas y empresas  locales para construir juntos la ciudad. Porque la ciudad es la empresa más formidable para los españoles.

As, la construcción de la Caracas moderna se nutre y asimila las maneras de hacer ciudad, arte y arquitectura de influencia española… hasta convertirlas en suyas. Ahora, son Caracas.


2. Con tan agradables pensamientos
La exposición está compuesta de 25 capítulos, encabezados por frases provenientes de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, escrito entre 1605-1615 por Miguel de Cervantes y Saavedra y cuya segunda parte celebra sus 400 años desde su publicación. El proyecto aborda  el trabajo de 27 autores de origen español que desarrollaron su obra en el país. Entre ellos destacan los arquitectos  Valentín Beato Tellez, Rafael Bergamín, Félix Candela Outeriño, Juan Capdevila Elías, Francisco Iñiguez de Luis, Miguel Salvador Díaz, Amós Salvador Carreras y Logroño,  Javier Yárnoz Larrosa, Urbano de Manchobas Careaga, José Lino Vaamonde y Manuel Mujica Millán. Igualmente figuran en este recorrido la obra monumental concebida para espacios públicos de artistas como Ángel Cabré i Magrinyà, José Chicharro Gamo, Pablo Emilio Gargallo, Emilio Laiz Campos, Baltasar Lobo, Victorio Macho y Ernesto Maragall i Noble.

Los registros fotográficos de las arquitecturas y de las obras de arte (tímpanos, veneras, murales) de influencia española en Caracas fueron realizados por varios de los miembros de Docomomo Venezuela: Frank Alcock, Sandra Carrillo, Marylee Coll, Adriana Garcia Bruzual, Elías González, Sara Maneiro, Rafael Márquez Gil, Alfredo Mata, Valeria Ragonne, Gregory Vertullo y Rossella Consolini. El diseño de la publicación y de los paneles de sala corresponden a Bettina Bottome y Antonio Huizi, quienes recrean gráficamente un vasto mosaico de las imágenes que dan testimonio de la presencia española en la arquitectura de Caracas. Al estos trabajos se suma el apoyo de Isabella Santander, asesora de arte de Docomomo VE, y del profesor Víctor Sánchez Taffur (Facultad de Arquitectura y Urbanismo UCV / Docomomo Venezuela) junto a un equipo de brillantes estudiantes de la Pasantía Académica Facultad de Arquitectura y Urbanismo - Universidad Central de Venezuela / Docomomo Venezuela, a cuyo cargo estuvo la realización de tres maquetas correspondientes a la Quinta las Guaycas de Manuel Mujica Millán en Campo Alegre,  a las obras de Velutini y Bergamín en los cuadras de  los alrededores de la Plaza Bolívar, y el edificio Donosti de Miguel Salvador Cordón en Las Mercedes.

Y así, "con tan agradables pensamientos", como dijera Cervantes, los invitamos a visitar desde este jueves nuestra muy caraqueña Suite Iberia. Una exposición que hemos tenido el placer de curar junto a Valeria Ragonne (Docomomo Venezuela), y que ha sido diseñada para que hagamos juntos, justamente, memoria urbana.  


Suite IBERIA (f. Docomomo Venezuela, 2015).



* Grupo de trabajo oficial de Venezuela para la Documentación y Conservación internacional de edificios, sitios y barrios del Movimiento Moderno.




Publicado en: Opinión, @ElNacionalWeb, Caracas, Julio de 2015.


miércoles, 31 de octubre de 2007

Los diez libros de la arquitectura

Leon Battista Alberti. Della Architettura Libri Dieci.


      

                           
De architectura libri decem es el nombre del tratado de arquitectura de Vitruvio que fue rescatado a comienzos del Renacimiento de las arcas de la Abadía de Sankt Gall.1 Este compendio arquitectónico, a diferencia de lo que podamos creer y pese a la inmensa influencia que tuvo en esa época, fue ampliamente ininteligible para los hombres del Quatrocentto, y aún más, casi indescifrable. León Battista Alberti, su mayor y más importante intérprete decía de él que “para los griegos estaba en latín, y para los romanos estaba en griego”. Mas eso no logró auyentarlo de su tarea magnánima de reconstrucción y construcción del más importante corpus teórico de su época, De Reaedificatoria, originalmente también llamado, como su libro análogo, los diez libros de la arquitectura.2

Esta obra se convirtió hacia 1450 en la verdadera Biblia de la arquitectura del Renacimiento por “la confiabilidad de su conocimiento técnico y científico, por sus reglas arqueológicamente correctas sobre la construcción clásica y por su coherente teoría estética”. Hoy todos sabemos que el libro de Alberti fue suficiente teoría de la arquitectura para la construcción renacentista no sólo porque rescató el clásico libro de la antigüedad, sino porque forzó a Alberti a imaginar todo lo que no entendía, a llenar los vacíos de todo lo que no estaba explícito y a diseñar las "lagunas del romano". Entre los diez libros originales de Vitruvio y sus diez ideales reinterpretaciones albertianas, reacondicionadas y reafirmadas en el espíritu nuevo de una nueva época, media un paso fantástico que coloca a los diez temas arquetipales de los diez folios en la base de toda lista ideal de publicaciones de arquitectura.


En un momento en Venezuela (1998) cuando a pesar de los colosales esfu
erzos hechos en los últimos años todavía el campo editorial arquitectónico carece de un verdadero corpus primigenio que cubra lo fundamental de toda la cultura urbana y arquitectónica del país, la noción del libro clásico, del libro arquetipal, del libro ideal, está más presente que nunca.

Decía Italo Calvino en Por qué leer los Clásicos, que “un clásico es un libro que cuanto más cree uno conocerlo de oídas, tanto más nuevo, inesperado, inédito resulta al leerlo de verdad”.3 Al manejar todos los días el sueño de posibles, inagotables e infinitos proyectos editoriales de arquitectura, lo hago siempre a costa de apartar de mi mente la necesidad de abordar alguno de los diez temas originales vitruvianos, o de sus equivalentes albertianos, que por un extraño atavismo cultural, no se terminan nunca por fin de realizar...
Puede ser que si, como dijera Calvino, un “clásico es un libro que nunca termina de decir lo que quiere decir”, lo básico, lo fundamental, lo obvio puede convertirse entonces sinónimo de lo infinito.

Y si Alberti, al interpretar los diez temas de Vitruvio, convirtió toda su poética, toda su praxis, toda su filosofía en un ejercicio de la imaginación y en una construcción virtual a partir de los restos que quedaban de un enigma, bien podemos nosotros, intentando inspirar el inicio de una producción editorial menos dilettante, tratar de emularlo. Así, los diez libros podrían inspirarnos:


I. El Libro Primero es el diseño 
- Para los lineamientos clásicos.
II. El Libro Segundo 
- Para los materiales.
III. El Libro Tercero es la ejecución de la obra (la c
onstrucción) 
- Para hacer el libro de la pequeña antología.
IV. El Libro Cuarto es el de las obras de carácter universal (las obras públicas) 
- Para hablar de las siete princesas de la Escuela de Caracas.
V. El Libro Quinto trata del valor del proyecto y de la técnica constructiva así como de la estructura completa de la ciudad y sus tipologías. Son las obras de carácter particular (trabajos de individuos) 
Para el Libro de la Vida Ilustre (la biografía).
VI. El Libro Sexto son los ornamentos (el sexto libro es un corto resumen, una breve historia de la arquitectura) 
- Para el libro de Historia o el libro de la naturaleza.
VII. El Libro Séptimo son los ornamentos de los edificios de culto (edificios sagrados, trata de la arquitectura religiosa) 
- El Libro de Villanueva en la luna (el retrato).
VIII. El Libro Octavo es el ornamento en los edificios públicos profanos (seculares) 
- Para el Libro de horas de un edificio (diario de las virtudes) o la Guía de la Ciudad destinada a los nuevos lectores.
IX. El Libro Noveno es el ornamento en los edificios privados.

X. El Libro Décimo es la restauración 
- Para el libro de la ciudad tipo novela de Balzac.


 
                                        Vitruvio. De Architectura Libri Decem.



Los diez libros de la arquitectura. Conferencia dictada  en el Museo de Bellas Artes, Caracas, 1998.




NOTAS
1. Vitruvio. De architectura libri decem.
2. Leon Battista Alberti. De Reaedificatoria.
3. Italo Calvino. Por qué leer los Clásicos.