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jueves, 11 de abril de 2019

Los patios de Álvaro


Elevador de Santa Justa (f. Hannia Gómez, 2016).



"Un proyecto de recuperación es siempre un proyecto inacabado.
Un proyecto naturalmente abierto en el tiempo,
en medio de muchos contextos, aspiraciones y deseos diferentes,
dejando espacio para que la vida de las estructuras pueda existir".
Alvaro Joaquim de Melo Siza Vieira.1

 "Digo: 'Lisboa' (...)
y la ciudad se abre como si naciera de su propio nombre".
Sophia de Mello Brayner.2

1. Largo
Subiendo al atardecer la cuesta de la rua do Carmo en la ciudad de Lisboa hace apenas dos semanas, poco después de haber experimentado la aparición deslumbrante del Elevador de Santa Justa diseñado por Raoul Mesnier de Ponsard en 1900, avisté a mano derecha, discretamente practicada en la larga fachada continua de las casas altas del barrio de Chiado, una alta apertura.

Aunque la certeza de la presencia de la mano del arquitecto portugués Alvaro Siza en esta (otra) ciudad de siete colinas, me tenía sobre aviso, la epifanía del delgado portal enmarcado en dulce mármol rosa Portugal (en el numero 29 de la calle, para más señas), me petrificó en el sitio… Como si me hubiera caído encima un rayo.

-"Siza!" (exclamé alborazada). Y, sí: el moderno, vertical, esbelto y elegante pasaje, enmarcado con un arco de medio punto, era indiscutiblemente obra del maestro ganador del Premio Pritzker 1992, una puerta invitante que daba inicio a una larga escalera publica, la cual conducía a un patio alto, más arriba. El zócalo de esta escalera, convertido espléndidamente en pasamanos, y sus peldaños, todos de mármol, daban la impresión de que las hermosas y marmóreas aceras de la rua se hubiesen convertido en escalinata por arte de magia. Todo incitaba a subir, y a recorrer peatonalmente la colina del Carmo.

El caso que el pasaje hubiera aparecido no enfrente, sino unos pasos mas allá del ascensor de Mesnier de Ponsard, daba cuenta de la maestría de la operación -y del demiurgo-. Era una clave, sembrada elegantemente en la fábrica urbana, que echaba mano del alto ascensor urbano para blandirlo como estandarte. Como un hilo de Ariadna, o mejor, como un rastro dejado a la manera de un cuento de Andersen, las piedrecitas blancas de las intervenciones urbanas de Siza se van regando entre las calles, van dejando un rastro y un recorrido sutil y encantado por el bosque de la jungla de Lisboa, entre la colina del Castillo de San Jorge y la colina del Carmo. Sutil, pero magistral: un eje peatonal este-oeste hecho para revelarnos las maravillas de la ciudad.

Escaleras arriba, alcancé la llamada a secas Plaza B. Producto de la geometría de los intersticios entre los fondos de los edificios, Siza la había modelado como un alongado espacio hecho de formas 



El n. 29 de la rua do Carmo y su escalinata/pasaje (f. Hannia Gómez, 2016).


talladas escultóricamente que discurren sobre una apacible alfombra hecha de los mismos adoquines de mármol rosado de todas las calles de Lisboa… Los altos muros de las casas de pisos, vueltos ahora planos abstractos, los cortes del terreno de la colina con sus ángulos y una serie de tragaluces, marcos de ventanas y portales tipificados, orquestan una inesperada escenografía moderna que contrasta con la acompasada  arquitectura de las calles tradicionales de la ciudad. Es como el envés inesperado de la ciudad antigua.

El nuevo espacio publico lo conecta todo alrededor: la rua do Carmo con la rua Garrett; la Calzada do Sacramento con el Largo y las terrazas do Carmo. Y en un extremo, por un vértice delgado e insólito, reinicia el ascenso hacia arriba por nuevas rampas y escalinatas hacia la bellísima iglesia del Convento do Carmo, uno de los monumentos que domina desde su colina toda la ciudad. 




El zócalo/pasamanos/escalinata (f. Hannia Gómez, 2016).

Subir es darse cuenta de lo que en realidad está pasando. Porque no es casualidad nada de lo que ocurre. Las barandas están bellamente tipificadas, al igual que los pavimentos, los acabados y el paisajismo. Habiendo caído la noche, la iluminación urbana, estratégicamente dispuesta, revela los mejores ángulos del paisaje arquitectónico. Es una ópera al aire libre. Un gran proyecto de recuperación urbana. En el portal de la iglesia se descubren nuevos caminos: uno lleva al tope del decimonónico ascensor que habíamos dejado atrás y a su restaurante/mirador; el segundo conduce a la arbolada Plaza do Carmo y a sus tranquilos cafés, y el tercero (el más reciente, culminado este año) a las nuevas y deslumbrantes Terrazas do Carmo. 

El recorrido vertical había sido tendido y reflexivo, sensual y revelador. Mirando el horizonte finalmente desde lo alto de la colina, solo pude pensar en la nueva tipología urbana que acabada de recorrer de la mano de Alvaro Siza. Y musité en silencio la nueva palabra aprendida esa tarde en Lisboa: Largo.



La Plaza B (f. Hannia Gómez, 2016).

2. Renacer de las cenizas
Tan inspiradora y fantástica operación urbana nació del gran incendio que el 25 de agosto de 1988 azotó una de las partes centrales de Lisboa, conocido como el Fuego de Chiado, el cual destruyó varias cuadras y dieciocho edificios. A raíz del desastre, la ciudad le encargó a Siza "desarrollar un Plan Maestro para el área, iniciado en 1989", a fin de reconectar al distrito con la Baixa, frenar su deterioro y evitar su aislamiento.3 Todo el proceso de recuperación, que ha durado veintisiete años, contempló no solo la restauración de los inmuebles siniestrados, sino la creación de nuevos espacios públicos, repeatonalizando toda el área y revitalizándola con nuevas zonas comerciales y residenciales. 


Remontando la colina  (f. Hannia Gómez, 2016).

Ni que decir que el distrito renació literalmente de sus cenizas. Pero la clave de su éxito es el inmenso amor por la ciudad que se expresa en el estudio y reuso de sus propias tipologías urbanas y edilicias, de sus formas y maneras de moverse y construirse: clasificando sus pavimentos, analizando sus fachadas, conociendo sus detalles, sus valores y sus recorridos. La revitalización funcional de Chiado solo fue posible gracias  a "un programa integrado que conservó la imagen urbana de Chiado". Es el llamado Modo Siza, que "reinterpretó el Estilo Pombalino de la arquitectura portuguesa del siglo 18", sus formas de utilizar los bloques de piedra y su uso de los colores y de los materiales.4


 Arriba, el Convento do Carmo (f. Hannia Gómez, 2016).


3. Repensar, restaurar, retejer, revitalizar, recuperar…reconstruir
Frente a la reconstrucción inminente de nuestras ciudades, empezando por Caracas, el ejemplo de Alvaro Siza en Lisboa es una lección a aprender, adaptar y seguir. Porque es la demostración viva de la noción de que la calidad del espacio publico se refleja directamente en la calidad de vida, y de que cuando se hacen planes que no desconocen ni entorpecen la historia del lugar y su memoria urbana, las ciudades empiezan a abrirse… como si nacieran de su propio nombre.


Lisboa desde las Terrazas do Carmo (f. Hannia Gómez, 2016).


Fin da la promenade. A la derecha, el Elevador de Santa Justa Al fondo, el Castillo de San Jorge (f.  Hannia Gómez, 2016).




NOTAS
1. "A recovery project is always a dry, unfinished project (…) it should be an open project, in time, quite naturally and in the midst of many different contexts, aims and desires, allows space for the sort of life of structures to exist." Alvaro Siza.
2. "Digo: 

«Lisboa»
Quando atravesso — vinda do sul — o rio
E a cidade a que chego abre-se como se do seu nome nascesse
Abre-se e ergue-se em sua extensão nocturna
Em seu longo luzir de azul e rio
Em seu corpo amontoado de colinas —
Vejo-a melhor porque a digo
Tudo se mostra melhor porque digo
Tudo mostra melhor o seu estar e a sua carência
Porque digo
Lisboa com seu nome de ser e de não-ser
Com seus meandros de espanto insónia e lata
E seu secreto rebrilhar de coisa de teatro
Seu conivente sorrir de intriga e máscara
Enquanto o largo mar a Ocidente se dilata
Lisboa oscilando como uma grande barca
Lisboa cruelmente construída ao longo da sua própria ausência
Digo o nome da cidade
— Digo para ver".

Sophia de Mello Brayner. Lisboa, 1977. En: Navegações, 1983.
3. Phillip Stevens. "Alvaro Siza reconnects Lisbon's Chiado district with Carmo Terrace", Designboom, February 18, 2016: http://www.designboom.com/architecture/alvaro-siza-vieira-terracos-do-carmo-terrace-chiado-lisbon-portugal-02-27-2016/
4. Andrea Chin. "Alvaro Siza restores the district of chiado in Lisbon", Designboom, October, 13, 2013: http://www.designboom.com/architecture/alvaro-siza-restores-the-district-of-chiado-in-lisbon


  



Publicado en: Opinión, @ELNACIONALweb, Caracas, Septiembre, 2016.




jueves, 13 de septiembre de 2007

El país azul


Exposición Mundial de Lisboa 1998.




1. Edificios permanentes
La Exposición Mundial de Lisboa, la número cien de la historia y la última del siglo, está por abrir sus puertas el 22 de Mayo (1998). La Capital inmemorial del Atlántico protagoniza una grave crítica urbana del lujurioso despliegue de su alegre antecesora sevillana que “sin tema” dejó una Cartuja plagada de maravillas arquitectónicas con las que nadie sabe qué hacer. La visión deprimente de la espléndida naos vacía del Pabellón de la Navegación fue demasiado: la referencia de la Expo ’98 es más bien a Barcelona ’92 y a la exitosa renovación urbana que permitieron las obras para los Juegos Olímpicos.

El reto fundamental es a la reconversión urbanística del degradado territorio (mil ochocientas hectáreas de vertederos y una patética suburbia). Un nuevo parque inmobiliario, promovido por una compañía llamada simpáticamente Expo Urbe, intenta hacer renacer esta periferia como un nuevo centro para la ciudad equipado por la propia Expo.

En Sevilla los pabellones fueron construidos por cada país participante; allí tuvimos el nuestro. Mas aquí todo ha sido construido por y para Lisboa. Como dice el arquitecto del Pabellón de Portugal, Alvaro Siza Vieira: “la exposición tiene un ambiente dado por edificios permanentes”. Comparándola con la experiencia de Barcelona (la más importante de este fin de siglo), la Expo ’98 nos luce casi tan sensata y ejemplar.

Y no menos hermosa. Los lisboetas (y los visitantes) contarán con una flamante colección de arquitecturas de vanguardia, entre ellas la transparente Estación de Oriente, diseñada por Santiago Calatrava. En el área internacional, los pabellones de los cuarenta países, en siete manzanas y setenta mil metros cuadrados, devendrán luego Centro de Exposiciones de Lisboa.

2. Magallaneros
En Septiembre de 1996 el Ministerio de Relaciones Exteriores convocó un concurso creativo sobre el tema de Venezuela en la Expo ’98. Se buscaban ideas para los contenidos, para un diseño gráfico y, además, para un pabellón. El jurado seleccionó al equipo de los arquitectos Ricardo González, Matías Pintó y Roberto Weil, que presentó con los requisitos un atractivo proyecto de arquitectura basado en el ciclo del agua.

La información real llegaría más tarde. Sabrían que el edificio para el pabellón ya estaba construido. Sabrían que nos tocaron tres módulos de 18 por 18 metros, en total novecientos setenta y dos metros. El espacio asignado es muy bueno: sobre dos avenidas que llevan al agua y una de las plazas interiores, entre Bolivia y Africa del Sur, diagonal a Japón. Durante todo el año el equipo se dedicó a rediseñar la arquitectura (vestigio del proyecto original), pero también a hacer el audiovisual y hasta la música: la mutación del proyecto tripartito de un edificio en el proyecto multimedia de un montaje.
La obra arranca este 28 de Febrero (1998). Ya han licitado las compañías portuguesas que lo construirán en el sitio. Los proyectos están recibiendo sus toques finales: Maciá Pintó y Pedro Sanz afinan el de los contenidos y la museografía; Miguel Noya y Wyzton Borrero terminan el del sonido, la musicalización y la acústica; Roberto Nunes con un equipo formado por Mateo Pintó, Roberto Ramírez y Roberto Sosa culminan el de diseño gráfico; Massimo Dotta finaliza el del audiovisual y la compañía C&M el electroacústico. Pronto embarcan para la tierra de los navegantes…

3. Curso de las aguas desde las fuentes hasta el mar
El país es azul: primero llueve, luego fluye, desemboca, se expande y finalmente se evapora. Una metáfora en metal y vidrio inmersa en una semi-penumbra Soft-Tech, cuyo recorrido total es de veinte minutos a través de tres salas en “L”.

La Sala de la Lluvia, en seis por cinco metros, será un literal “aguacero” de información. Un gran plano de referencia tipo valla luminosa la cerrará por un lado, mientras seis paneles de doble cara de vidrio superpondrán sus lecturas múltiples de los accidentes geográficos lindantes con las aguas. Luego el flujo caerá por una vertiente en la Sala del Río: un largo pasillo ritmado que se ha trabajado como dos orillas enfrentadas, del pasado (izquierda) y del presente. En una secuencia de dieciséis monitores suspendidos, las imágenes de la producción minera y energética se encadenarán como la soberbia corriente en movimiento de un río, en tanto que un largo plano de espejos la duplicarán con el Saludo al Siglo XXI de Alejandro Otero.

El caudal desembocará en la vasta Sala del Mar (diez minutos), manso vacío rectangular de treinta y dos metros de largo con una pantalla de seis de alto, y tres planos reflectantes, uno inclinado en el piso y dos laterales que reproducirán la profundidad marina (como en el Pabellón de Francia en Sevilla). El audiovisual mostrará el recorrido del agua por la geografía, “mas no como un documental”, sostiene Pintó, sino “como un ensamblaje donde la imagen está trabajada en términos plásticos”.

Finalmente, los visitantes se evaporarán de nuevo por la plaza de la Expo. Mas un espacio de información, que es como el envés arquitectónico de la Sala de la Lluvia, intentará recondensarlos, para que lluevan copiosamente sobre las suculentas publicaciones venezolanas que allí los esperan…






Pabellón de Portugal. Alvaro Siza Vieira, 1998.




Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas,  2 de Febrero de 1998.