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sábado, 27 de septiembre de 2014

Naturalmente, patrimonio


1. Manglares arrasados en el Parque Nacional Laguna de La Restinga  (f. Agosto de 2014. @ecocidiono).



"En lo salvaje se encuentra la preservación del mundo".
            Henry David Thoreau.

1. El gendarme necesario
Nada más natural que entender como bien patrimonial al ambiente. Una ciudad es una sola con su lugar y su paisaje natural, el otro gran dato que junto al urbanismo genera la forma urbana. Caracas, por ejemplo, sin su valle, su costa y su Parque Nacional el Ávila no sería nuestra bella Caracas.

Cuando en 2005 hicimos para el Instituto del Patrimonio Cultural el Preinventario Moderno de Caracas, lo llamamos "Arquitectónico, Urbano y Ambiental". E incluimos al río, a las quebradas que bajan de la montaña, a las lagunas y a los pozos, a los bosques y a los palmares, al paisaje rocoso de nuestra costa brava, a los árboles centenarios y al panorama de la cordillera en ambos flancos como patrimonio de la ciudad junto con la arquitectura y el urbanismo.

Sin embargo, la experiencia nos enseña que aunque que todos estos elementos del paisaje hayan sido designados como patrimonio, sus declaratorias no son nada cuando nadie vela por ellas. Las fuerzas destructoras implícitas en la sociedad empujan mucho en sentido contrario, y están allí, siempre listas para desconocer las protecciones y destruir nuestros bienes para siempre. Casi nunca pueden los ciudadanos tener éxito sin el respaldo de los organismos oficiales, o mejor dicho, solo empeños monumentales de activismo pueden hacer las veces de los necesarios gendarmes.         

Tanto el ambiente como el patrimonio son responsabilidad irrenunciable del estado. Por esto, vimos con inmensa preocupación como el martes pasado el gobierno tomó la decisión de acabar con el Ministerio del Ambiente, el cual era una verdadera conquista de los venezolanos. Desde 1937, cuando naciera el primer parque nacional en Venezuela, una lucha (impulsada por una creciente red de ONGs ambientalistas), logró construir toda una cultura y una conciencia ambiental en el país, reconocida en la creación de una autoridad exclusiva para velar por nuestros parques nacionales, nuestros parajes naturales y nuestros ecosistemas: el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales, ultimamente @MPPAmbiente.

La desaparición de este ministerio es absurda, inexplicable y, sobre todo, antihistórica. Cómo puede ocurrir esto en estos tiempos, cuando la sustentabilidad y la respuesta al Cambio Climático son más imperiosas que nunca? Cómo puede estar supeditado, jamás, el ambiente al hábitat, cuando debe ser al contrario? Nuestras ciudades tienen que respetar el ambiente, no al revés. Nada de borrosa fusión "ecosocialista" con el Ministerio del Hábitat. La tutela del paisaje es un asunto complejo e imprescindible. Horror! Quién velará por el derecho que tenemos todos los venezolanos a un ambiente sano, derecho consagrado en la Constitución Nacional? Quién hará cumplir los acuerdos, alianzas y convenios internacionales en materia ambiental que ha firmado Venezuela? Quien protegerá nuestros paisajes naturales patrimoniales de los depredadores de oficio?

Hace poco, cuando todavía no se había hecho el infausto anuncio, ya empezamos a ver imágenes de ambiciosos desarrollos que amenazan con minar nuestros más delicados, frágiles y preciosos ecosistemas y paisajes, así como denuncias de actos de destrucción, como el que ocurriera contra los humedales del Parque Nacional La Restinga. El gobierno no puede sino retractarse responsablemente de esta desafortunada decisión, contraria a los intereses ciudadanos, y revertirla YA.

     2. Túnel del Manglar, Parque Nacional Morrocoy (f. fotosypasiajesdevenezuela.blogspot.com/)
 

2. El Túnel del Manglar
Este próximo sábado 20 y domingo 21 de septiembre, toda Europa está presta a celebrar las Jornadas Europeas del Patrimonio en su edición numero 30. El tema de este año reconoce la importancia patrimonial de los bienes culturales hechos por el hombre junto a la de los naturales, y pareciera estarle dedicado a los venezolanos de esta hora aciaga. Se titula: "Patrimonio Cultural-Patrimonio Natural".

Las jornadas 2014 desean "evocar los lazos que unen definitivamente al patrimonio en todas sus formas al ambiente que los define, los alberga o los sublima, sea este mineral, vegetal, urbano, litoral o campestre", aspirando a reconocer "una definición más amplia de la noción stricto sensu de objeto patrimonial, para abrirse a la de sitio o de paisaje cultural establecida por la UNESCO en la Convención de 1972". Según esta definición, los patrimonios son mixtos, compuestos de las "obras del ser humano conjugadas con las de la naturaleza", y expresan "la larga e íntima relación de los pueblos con su ambiente".

Uniéndonos a tan preciosa celebración, quisiéramos postular aquí brevemente, como si de un ilusorio programa venezolano dentro de las prestigiosas Jornadas se tratase, al Túnel del Manglar, bella arquitectura vegetal que se encuentra definida, albergada y sublimada por el Parque Nacional Morrocoy, en el estado Falcón: patrimonio nacional inalienable de todos los venezolanos. 





NOTAS
1. "In wildness is the preservation of the world", Henry David Thoreau, en: Seven Elements in Nature Writing: Walking, 1851.
2. Caracas Moderna: http://fundamemoria.blogspot.com/
3. @MPPAmbiente: https://twitter.com/MPPAmbiente
3. Journées du Patrimoine 2014: http://www.journeesdupatrimoine.culture.fr


Publicado en:  La fábrica,  EL NACIONAL online, Caracas 8 de Septiembre de 2014: http://www.el-nacional.com/opinion/Naturalmente-patrimonio_0_482951777.html

miércoles, 22 de agosto de 2007

Manifiesto de la belleza de Margarita

Isla de Margarita, Venezuela.

 


El hombre es también memoria de su existencia.  
Curzio Malaparte.
1. El Convenio del Paisaje 
Un largo y triste historial de arquitectura costera errada, hermética y encerrada, de grotescos edificios irrumpiendo en lo que fueron impresionantes playas y bahías, de parajes mal comprendidos y destruidos por desarrollos paisajísticamente equivocados, de casas monstruosas que son como pedradas en el ojo del paisaje, arrastra el país penosamente. A ese mal nacional no es invulnerable la Isla de Margarita. Sus sitios de elevados valores ambientales (algunos protegidos en sus ecosistemas y recursos no renovables), aún aguardan por ser contemplados desde la óptica de la arquitectura, y esperan por la redacción de un Convenio Estético de su Paisaje. Lo cual no es una práctica estrambótica: desde los confines de este siglo viene la tradición legal sobre tutela administrativa del paisaje.

Recordemos un importante precedente, también en una isla de incomparable belleza. En 1923 se le dió el poético título de El Convenio del Paisaje, a una de las primeras leyes diseñadas en el siglo para proteger un ambiente y su arquitectura: para preservar la escénica Isla de Capri. En las cientos de las llamadas “Páginas de la Isla” (Pagine dell’Isola, 1923) que lo componían, se describía dónde, cuánto y cómo se podía construir, se definía cómo eran las características arquitectónicas de la edilicia del lugar, se señalaban los conjuntos de valor ambiental y/o histórico intocables, se demarcaban las áreas vírgenes donde toda construcción estaba prohibida. Y se era muy estricto...

2. Salvis Juribus  

Era tan magistral el Master Plan de la isla, que también se le conocía como Manifiesto de la Belleza de Capri. Su regla brillante (“Il Paessagio di Capri e la sua tutela administrativa”) fue diseñada para proteger “el más bello paisaje en el mundo”. La Ley empezaba por considerar al paisaje de la isla como un bien común. Se lo describía detalladamente tal y como se hace en un cuidadoso Código de Diseño Urbano. La Isla era tratada como si fuese una Ciudad, sus playas sus calles, sus bahías sus plazas, sus montañas sus hitos, sus perspectivas escénicas sus panoramas urbanos... De hecho, la autoridad que administraba y hacía cumplir el Convenio era la misma Ciudad de Capri, quien otorgaba o no todas las aprobaciones para construir en la Isla. Ningún “ciudadano” podía pemitirse el lujo de intentar violar tan preciado bien colectivo. En el Convenio del Paisaje, el importante principio legal rector del Salvis Juribus, dictaminaba muy claramente que había que “guardar el paisaje por los derechos de toda la gente."

La isla salvaje se volvió humana gracias a la mágica reinterpretación cívica de la realidad de sus eventos naturales. Y no por ello perdió nada de su magnífico "primitivismo caprese": la arquitectura y el paisaje, que desde tiempos inmemoriales habían iniciado un diálogo de mutua comprensión y dinámico equilibrio, al redactarlo en leyes, articulos y cláusulas, vieron proscrita para siempre la posibilidad del error ambiental, de las equivocaciones estilísticas y lingüísticas, de las ópticas urbanas erradas y del abuso y el libertinaje constructivo.

Ya va siendo hora de que la Isla de Margarita entre en esta tónica de la reflexión paisajística. El paisaje margariteño, si queremos salvarlo, ha de ser escrutado críticamente e iniciar una reflexión sobre los efectos reales de la arquitectura de la costa. Su geografía, sus pueblos, el mar y su arquitectura deben revisarse para que el "primitivismo ambiental" margariteño sea preservado como tesoro patrimonial de los venezolanos.

Una nueva ciudad devendrá así la Isla de Margarita. Una ciudad en la cual, a todo terrateniente, privado o estatal, deberá hacérsele comprender que el hecho de ser propietario de una parte de un sitio tan excepcional es una responsabilidad que lo convierte automáticamente en su más devoto deudor. Los lotes más apetecibles para el desarrollo así como los más improductivos son ambos partes de un sitio maravilloso, y por tanto, terrenos públicos. Toda intervención en el entorno urbano así definido debería aplicar con su proyecto adjunto a una nueva "Comisión de la Construcción de la Ciudad de Margarita" para obtener permiso y así construir solamente de acuerdo con el paisaje.

3. Breviario de la Isla  

Aunque en Margarita, como en Capri, también es fácil, "dejarse sobrecoger por la naturaleza, convertirse en su esclavo, ser aplastado por sus delicadas y violentas mandíbulas, y ser tragado por ella como Jonás por la ballena", no debe pensarse que los valores escénicos/naturales de la isla son los únicos susceptibles de ser conservados. La verdad es más compleja, porque no habrá nunca Bahía de Pampatar sin el Castillo, ni Ensenada de La Restinga sin pueblo de La Guardia, ni valle sin torre de la Iglesia de la Virgen del Valle. En el paisaje de esta isola, estuvo muy claro desde el principio para sus primeros pobladores la función de una arquitectura que realzara y se ajustara al lugar salvaje y delicado.

Los españoles aquí no hicieron concesiones totales a la naturaleza, sino que crearon lugares a partir de ella, inscribiendo retículas en el sentido justo de los valles, trazando frentes de mar, erigiendo atalayas... Fue como si, magistralmente, hubieran comenzado por sentir la tierra sobre el nivel del mar, para hacer de la arquitectura una extensión del sitio. La exploración original que ellos hicieron de la tierra, "mano a mano", para leer allí el rumbo de la población, "el horóscopo de la arquitectura" y el sentido de la Ciudad que se estaba creando, recuerda el dicho que dice que en Capri las "arquitecturas emergen de la roca con la que están casadas." Hoy en día deberíamos volver sobre nuestros pasos y recordar la manera sensible como nacían los edificios junto al mar, como se manifestaban las estructuras frente a las elevaciones del terreno, en las cumbres, en las calas, en los riscos, en esta tierra de Margarita de Austria, quien, no debemos tampoco olvidar, era Princesa de Castilla, un reino de sabiduría incomparable cuando se trataba de aposentar respetuosamente arquitecturas y ciudades en el paisaje...

En Margarita, la naturaleza se expresa a sí misma con fuerza incomparable. Ello ha permitido que al menos el paisaje de La Sierra esté protegido. Sin embargo, una totémica predisposición del venezolano que le hace adorar toda formación elevada que recuerde un tepuy, hizo que, mientras que el Cerro de Guayamurí era decretado bajo régimen de administración especial por sus valores paisajísticos y ecológicos, en cambio el Morro de Porlamar fuera dejado rebanar inmisericordemente. No es suficiente con confiarse en la majestuosidad de la Naturaleza, ni con inventariar sus valores. El potencial constructivo del paisaje debe ser también tomado en cuenta: a través del tamiz de lo ambientalmente ideal. Si no, muy pronto tendremos una costa totalmente afeitada de accidentes naturales... y sembrada de adefesios.

El futuro paisaje de la Ciudad de Margarita deberá ser urgentemente diseñado... para hacerlo entrar en cintura. Como lo fueron una vez el claro acantilado de Matromania, las tres gigantescas rocas de los Farallones, la península de Sorrento, las islas de las Sirenas, con la lejana línea azul de la costa de Amalfi, y las doradas arenas de Paestum, brillando en la distancia. Así, reglamentados, el plateado Arco de La Restinga, Macanao y Arapano, Puerto Fermín y El Tirano, la Ensenada de La Guardia, la Laguna de Las Marites, la Playa de El Yaque, los valles de Santa Lucía, de San Juan, de Santa Ana, de Paraguachí, de La Asunción, del Espíritu Santo y de Fuentidueño, Los Robles, las Villas del Norte y todos los Pueblos de la Mar, desde Juan Griego hasta Punta de Piedras, al ser descritos y evaluados por lo que sería el primer Breviario de la Isla, estarían listos para hacerse civilizados.

La Ciudad de la Isla de Margarita es el más bello paisaje del mundo. Su Manifiesto, asentado en el Derecho Urbano y en el Salvis Juribus (la mejor forma de poesía colectiva), traería sin duda orden al desorden, le daría forma a lo amorfo, ayudaría a erradicar lo indeseable. Una verdadera arquitectura podría volver a acompañar el paisaje de la isla. El Manifiesto de la Belleza de Margarita queda como su única esperanza... ¿Quién redactará estas necesarias Páginas de la Isla?







 


Publicado en: Opinion, @ElNacionalWeb, Octubre de 2019 y Revista Royal Vacations, Caracas, 12 de Marzo de 1996.


lunes, 19 de marzo de 2007

Adiós al Jardineiro de América

Roberto Burle Marx (f. Alí Cordero Casal)

Roberto Burle Marx, 1909 -1994
A las Oh35 de la madrugada del 5 de junio de 1994, el Día Mundial del Medio Ambiente, moría a los 84 años de edad, el artista plástico y paisajista Roberto Burle-Marx, 
en su hacienda (el "Sitio”) en la Isla de Guaratiba de la Zona Oeste de Río,
 donde residía desde 1949. De acuerdo a su voluntad,
 fue velado en su propio taller abierto, en medio de la naturaleza.
1. Crónicas periodísticas
El domingo pasado, los principales periódicos de Río daban la dolorosa noticia de la muerte de Roberto Burle Marx. O Globo, el Jornal do Brasil y O Diario, lloraban al que llamaron “Jardinero de Brasil”, “Señor de Guaratiba”, “Genio que dió su nombre a varias especies de plantas”, “Creador de los Jardines Brasileros”, “uno de los más completos artistas del país”, “Guerrillero de los Jardines” y “Paisajista de las dos mil obras”. Cuando el primero atendía la importancia de su obra y la historia de su vida, el segundo hablaba preocupado del destino de su legado y de la suerte que correrían especialmente el Parque do Flamengo en Río (su obra más importante) y el Centro de Investigaciones Botánicas que él mismo había cread
o en su hacienda en Guaratiba, mientras que el tercero se desgranaba en narrar lastimosamente los detalles de su enfermedad, su muerte, y del velorio y del entierro del paisajista. Este es un resumen de estas crónicas.

2. Genio por causalidadRefiere Deneise Moraes, del Jornal, que "Roberto Burle Marx fue un caso típico de genio por casualidad, cuya vocación fue descubierta por un gran amigo, Lucio Costa. En 1932, el arquitecto visitó a su vecino en el barrio de Leme. Al ver las plantas del jardín del joven pintor paulista, se quedó impresionado, e inmediatamente lo invitó a encargarse del jardín de una mansión que estaba haciendo en Copacabana”. Habiéndose hasta entonces solo dedicado a la pintura, el artista aceptó el desafío de dar vida a los jardines de la familia Shawtz, en la calle Raul Pompeia, en Copacabana. Este fue el primero de los muchos trabajos que marcarían y enorgullecerían al Brasil.

Medio siglo después de la invitación de Lucio Costa, en 1982, Burle Marx embarcaba para Europa para recibir la medalla de oro de la Academia de Arquitectura de Francia y el título de Doctor honoris causa del Royal College of Arts de Londres, dado por primera vez a un brasileño.

El Jardineiro de Brasil nació el 4 de Agosto de 1909, en Sao Paulo. Era el cuarto de los seis hijos de Guilherme Marx, judío alemán, y Cecilia Burle, pernambucana de origen francés, cantante y pianista. La familia, que vino para Río en 1913, siempre lo apoyó en sus incursiones en el diseño y la pintura. Fue como diseñador que Burle Marx viajó en 1
928, a los 19 años, a Berlín, para un curso de pintura. Este viaje fue el más importante de su vida. Allí conoció el Jardín Botánico de Darlim y sus plantas, que le encantaron -todas brasileras. Volvió a Brasil en 1932, para entrar en la Escuela Nacional de Bellas Artes.

Ya en la década de los 70, Burle Marx protestaba contra la devastación de la floresta amazónica. Varias veces entró en choque con ciertos grupos inmobiliarios, que consideraba los grandes villanos de la naturaleza. Una fuente de frustación era el Jardín Botánico de Río. “No es más para la ciencia”, reclamaba. Su proyecto más conocido en Río -el Parque o Aterro do Flamengo- también era motivo de su tristeza. Lamentaba la construcción de la Marina de Gloria y su ocupación por los mendigos.

Reclamar no era difícil para Burle Marx. Militante verde a tiempo completo, a fines del año pasado protestó contra el cerramiento de las plazas de la ciudad, realizado por el prefecto Marcello Alencar. “Acto horroroso nuestro Río todo enjaulado”, condenó el Señor de Guaratiba (como lo llamaba Lucio Costa a causa de su hacienda de Santo Antonio da Bica, un área verde de 800 mil metros cuadrados en la Barra de Guaratiba). Allí Burle Marx vivía rodeado de millares de especies raras de plantas, árboles y flores, y objetos de arte. En 1985, el lugar pasó a llamarse Sitio Roberto Burle Marx. El autodidacta en Botánica se había transformado en un profundo conocedor de la flora brasilera.

Dueño de una personalidad compleja, a veces mal geniado, a veces totalmente afable, Burle Marx (un eterno soltero) también luchaba por su propia causa. Acostumbraba reclamar no ser reconocido más por su pintura. Era su actividad menos divulgada, aunque como pintor recibió innumerables premios. Entre ellos, la medalla de oro de la Escuela Nacional de Bellas Artes, en 1941, y la de el XLVII Salón de Bellas Artes, en 1945. En 1992, recibió el título de doctor honoris causa de la Universidad de Florencia, que previamente sólo se le había concedido a Le Corbusier. Un año antes, fue homenajeado en el MoMA de Nueva York, y, en 1993, recibió los honores de la Bienal de Venecia.

Burle Marx será recordado también como nombre de plantas en los compendios de Botánica. Trece especies de begonia, anturio, heliconia, filodendro y pontederia fueron bautizadas como Burle Marxii. Todas descubiertas en sus viajes por el mundo. Ese fue ciertamente el mayor homenaje que recibió.

3. Cómo conservar una obra vivaEl abandono y el mal cuido de la herencia dejada por el paisajista es la preocupación que más claramente tienen quienes aprecian su trabajo. La enorme herencia que Burle Marx dejó (especialmente sus parques públicos) si no venía siendo bien cuidada durante su vida, mucho más en peligro se encuentra ahora con su desaparición. No hay obra de arquitectura más fragil que la del paisaje. En Brasil, dice O Globo, en estos momentos casi todas sus obras públicas están marcadas por el abandono. Tan sólo su obra más significativa, el P
arque do Flamengo, la niña de los ojos de Burle Marx, desplegándose a lo largo de la Playa de Copacabana, hoy tiene apenas poco más de la mitad del verde inicial. Un catastro hecho en 1992, constató que de los 17 mil árboles y arbustos de 350 especies plantados en la inauguración del parque -en 1965- sólo quedaban 10.298 ejemplares. Más de 6.000 árboles de 150 especies se habían perdido. 

Por otra parte, en el sendero central de la Avenida Atlántica -otro de sus proyectos más célebres-, los árboles sirven a todo tipo de propósito: de soporte para toldos y barracas, de estacionamientos para bicicletas. En el Puesto 6, la acera junto a los edificios ha vuelto a funcionar como estacionamiento. Y a trechos a las aceras les faltan las piedras portuguesas. Aun así, el Parque do Flamengo sobrevive como una de las más bellas áreas verdes de Río. Burle Marx le dejó un proyecto de reforestación (su último sueño, que no pudo ver realizado, era verlo reforestado), y en breve contará con el Centro de Investigación Roberto Burle Marx, que funcionará en un pabellón ubicado en el trecho conocido como Ciudad de las Crianzas. Con una incubadora y un banco para preservar las especies nativas y exóticas, el centro producirá semillas para la reforestación del parque y será inaugurado el 4 de Agosto, fecha de aniversario del nacimiento del paisajista. Allí, hoy domingo, están celebrando una misa en su memoria.

En peor situación parece que está la Plaza Senador Salgado Filho, en frente del Aeropuerto Santos Dumont. Allí no se ve sombra del proyecto de Burle Marx. El lago está seco. Por todas partes hay basura. Parte de la grama está destruida. Los taxistas
estacionan encima de la acera de piedras portuguesas... Burle Marx estaba tristísimo.

Ahora, si ésto ocurre en tierra brasilera, ¿qué decir de nuestro legado?¿En qué estado están los parques, los paisajismos y los jardines que hizo aquí? ¿Cuánto se han deteriorado, qué especies se han perdido, cuánto se han alejado de su proyecto original? No olvidemos que aunque en sus 61 años de intensa actividad, Burle-Marx, como un auténtico guerrillero del medio ambiente y de los jardines, proyectó más de 2.000 jardines y parques en todo el mundo, renegaba de sus obras cuando los proyectos originales eran alterados. Cuenta O
Globo, por ejemplo, que en la reurbanización de las costas de la Laguna Rodrigo de Freitas, en 1975, que habían salido de las manos de Burle Marx, éste luego rechazó la obra: “No asumo la paternidad de nada que yo cree y sea modificado”. ¿Son hoy las obras venezolanas todavía de Burle-Marx, conservando todas sus calidades y efectos originales?

4. El finBurle Marx, aún enfermo y casi acabado, según O Diario de Rio, continuaba a cuidar de sus plantas y de sus proyectos. Incansable, produjo en sus últimos dos meses, 24 diseños para las columnas de la Sinagoga CJ, en la Barra de Tijuca, aunque solo se le había pedido un solo diseño. Recientemente había inaugurado un mural en la sala VIP del Aerop
uerto de Cumbica, en Sao Paulo. Todos sus proyectos en curso, la Plaza de Berlín en la Universidad Hebraica en Israel, una casa inspirada en el estilo de Gaudí, en Pedra de Guaratiba que ahora está concluida, y el Parque Kuala Lumpur City Center en Malasia, serán concluidos por los profesionales y alumnos de su oficina en Laranjerias y del Centro de Estudios para la Formación de Paisajistas, Botánicos y Cultivadores de Plantas, una obra más del artista en su hacienda, desde hace poco en funcionamiento. Con plantas tropicales del mundo entero -algunas especies en mayor diversidad que las existentes en el Jardín Botánico-, la hacienda fue donada hace nueve años al gobierno federal, cuyo Ministerio de Cultura, a través del Instituto Brasilero de Patrimonio Cultural (IBPC), pasó a ser responsable de la preservación y administración del lugar. La manutención del Sitio consumía anualmente 100 mil dólares, pero la realidad es que la mayoría de las inversiones eran hechas por el propio paisajista: él cargaba con 50% de los gastos, vendiendo sus cuadros.

Burle Marx quería que el “Sitio” se convirtiera en museo abierto, donde el público pudiese conocer más sobre las 3.500 especies de plantas allí existentes. Burle-Marx tenía planos para crear una escuela de jardinería y de estudios en Botánica, amén de
permitir que el lugar continúe como centro de referencia para especialistas de todo el mundo. Mas todo ello corre el riesgo de dispersarse en la burocracia oficial. Esta preocupación es el principal tema de conversación de los cuarenta y dos colaboradores que trabajaban en el equipo de Burle Marx. Todos están inquietos con lo que pueda pasar.

El paisajista, quien murió de una insuficiencia cardíaca, fue enterrado a las 16h del domingo 5 de junio de 1994. Una pequeña bandera de Brasil fue depositada sobre el féretro por un vecino, en nombre de los moradores de Barra y Pedra de Guaratiba. Ninguna autoridad compareció en la ceremonia. El presidente Itamar Franco divulgó una nota lamentando la pérdida del gran profesional y artista. Apenas un pariente, Augusto Burle, el so
cio del paisajista, el arquitecto Haruyoshi Ono, y cerca de ciento cincuenta colaboradores y amigos estuvieron en el sitio donde el cuerpo fue velado... En el cementerio, el profesor y amigo Moacyr Bastos convocó a las trescientas personas presentes a rezar un Padre Nuestro. Cuando el féretro bajó a la sepultura, bajo una frondosa mangueira, todos cantaron Cidade Maravilhosa y el Himno Nacional... Había una única corona de flores hecha con orquideas, alamandras y alpíneas tomadas de los jardines del sitio. El entierro fue en un pequeño cementerio en la Isla de Guaratiba. El lugar había sido escogido por él mismo, junto donde está enterrada su madre de crianza, doña Ana.

5. El más grande paisajista del mundoBurle Marx, el “carioca nacido en Sao Paulo”, dejó una obra viva: jardines que florecieron de su vida dedicada a plantar “paisajes de tarjetas postales”. Algunos de los frutos de su trabajo son: el mencionado Parque do Flamengo, el Parque de Catacumba, la Quinta de Boa Vista, el Campo de Santana y el Paseo Público. Hizo asimismo los jardines del Memorial a los Muertos de la II Guerra, las áreas verdes de Brasilia y de Belo Horizonte, los jardines de Pampulha y los patios de la UNESCO en París. En América Latina, hizo el Parque del Este, en Venezuela, que es muy importante, así como el Parque de las Américas y los jardines de
la ONU, en Chile, y el playground del campo de Olivetti, en Argentina. Sus “semillas de jardinero” también las plantó en casas, como la famosa mansión de Julio y Odette Monteiro, en Petrópolis. No obstante, el paisajista decía preferir hacer jardines públicos, para que el pueblo también pudiese disfrutar de su obra.

Pionero de la lucha para la preservación del medio ambiente, Burle Marx proyectó en 1934 el primer parque ecológico de Brasil: la Plaza Euclides da Cunha, en Recife. Al recordar su primera colaboración juntos, Lucio Costa habla de la genialidad de su amigo: “El innovó, aplicando los principios del diseño abstracto de la pintura al paisajismo, en una época en que la jardinería brasilera era toda europea. Fue grande la resistencia a los primeros proyectos
de aquél que llegó a ser el más famoso paisajista mundial”. Según Costa, hoy con 92 años, la élite conservadora de la época extrañó durante mucho tiempo el tratamiento abstracto de Burle Marx.

Paisajista, pintor y diseñador, Burle Marx alcanzó la proyección internacional a su obra. El American Institute of Architects lo consideró el verdadero creador del Jardín Moderno. Para el Royal College of Arts, de Londres, fue el mejor paisajista del mundo. Llegó a exponer en el MoMA de New York, ser ciudadano honorario de la ciudad de
Pistoia, Italia, pero como Jardineiro “hizo muchas cosas más fuera del jardín”: de todos sus logros, los mayores fueron dejar sembrado por el mundo la semilla de su arte, y lograr que el arte del paisaje del siglo veinte fuera americano.


*Algunas de las obras de Burle-Marx en Venezuela:
1948: Jardín de la residencia Diego Cisneros, Caracas.
1956-1961: Una serie de trabajos públicos: el Parque del Este, el Parque del Oeste, el Helicoide de la Roca Tarpeya, el Centro Residencial El Castaño. El Hotel Humboldt, el first national City Bank, la Urbanización Los Canales, el Club Playa Azul, el Club Morón y los jardines privados de las residencias Inocente Palacios, Enrique Delfino, Eduardo Jahn, Carlos Alberto Punceles, Ernesto Vallenilla, Luis Carías y Nelson Rockefeller.
1970: Jardín de Parque Central, Caracas.1972: Jardín para la Sala de Conciertos de Caracas.
1976: Jardín para las Estaciones Morelos y Carabobo, Caracas; jardín para la residencia de playa Enrique Delfino, Caballeda.
1977: Jardín de la residencia Magaly Cannizaro, Caracas; jardín de una residencia en El Hatillo; jardín del edificio El Pedregal, Caracas; jardín de la residencia John Machado Urbina, Caracas.
1978: Paisajismo del Desarrollo Cerro El Vigía, Puerto La Cruz.
1980: Jardín del Izcaragua Country Club, Caracas.
1981: Jardín de la residencia Bernárdez, Caracas; jardín del Jardín Botánico de Maracaibo.
1982: Jardín del Paseo del Lago, Maracaibo.
1983: Jardín de la Hacienda Carabobo, residenciaa de Oscar Martínez, Caracas.
1984: Jardín de la residencia de Henry Lord Boulton, Caracas.
1986: Plan de Paisajismo del Parque Nacional Canaima, Venezuela.
1988: Plan de la residencia de Henry Lord Boulton, Caracas.




Diseños abstractos de mosaicos en piedra portuguesa para las aceras a ambos lados de la Avenida Atlántica, en la playa de Copacabana, Río de Janeiro (f. flickr.com, 1970).


“La Biblia describe un Paraíso donde existía un balance entre las plantas, los animales y el hombre. Desafortunadamente, la humanidad quiso dominar la naturaleza, y perdió su Paraíso. Con los conocimientos que hoy tenemos de ecología y la importancia de nuestra relación con árboles y plantas, trataremos ahora de recuperar ese Paraíso perdido,
y rectificar los errores de las generaciones del pasado”
Roberto Burle Marx.


Publicado en: Arquitectura, El Diario de Caracas, Caracas, domingo 12 de Mayo de 1994.