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jueves, 19 de septiembre de 2019

Aire*


 
1. Puede una ciudad sobrevivir sin Air Rights? (f. Primer ascenso de un montgolfier).


"Es un hecho que el futuro contendrá al pasado,
no lo reemplazará".
Jorge Otero-Pailos.1


1. Oxigeno, Nitrógeno y Argón
Quien haya visto alguna vez florecer una Ceiba entenderá lo que digo. En cierta época del año estos árboles parece que van a secarse, tan desnudos se quedan. Lo que ocurre es que muy pronto van a cubrirse totalmente de copos blancos. Uno podía estar sentado, por ejemplo, en clase, cuando empezaban a entrar imperceptiblemente por las ventanas esos azarosos corpúsculos sin peso, esas semillas blancas recién liberadas que flotaban ligeras en el viento, planeando en completo estado de ingravidez, para ir a posarse en los lugares más disímiles: el pupitre, la papelera, la calva del profesor de Castellano. Alguno con más suerte cayó en el patio del colegio, y es hoy un gigante.

Toda la urbanización duraba así, inmersa en su diario baño de éter, suspendida entre las rutas de las semillas aladas, semejantes a las del Cardo y a las del Diente de león, como colgada de un sueño. Y –si es que podemos comparar un árbol con un edificio- cada vuelo, desprendiéndose de su cuna vegetal para ir a recorrer la incertidumbre de las calles por un terreno fértil donde germinar, contenía la fiel promesa de una gran construcción. Ese era el escalofrío sentido al contemplar un copo en la palma de la mano: la responsabilidad por el destino de aquella pequeña isla flotante que nos había tocado en suerte, por su arquitectura errante. Ahora lo debíamos sembrar. ¿Cuál sería el lote más propicio?

Friedrich Nietzche escribió: “todo lo que es bueno es ligero”.2 Gabriele D’Annunzio aseguró en La ciudad muerta: “las alas impalpables son las que vuelan más lejos”; mientras que Anna de Noailles le cantó hasta el cansancio a "la nobleza del aire”.3,4 Inflamadas visiones celestes. Bajo ellas, junto al piso, yace la ciudad. La ciudad, mitad cósmica mitad terrena, afianzada en el suelo, pero a la vez móvil y rica, ¿podrá encontrar en el aire su salida más diáfana?


2. "Ceiba, La Floresta" (f. Rossella Consolini, 2009 - Facebook group "Caracas en flor").

2. Una ciudad celeste
Con el hervidero de intereses terrenales que le están trancando el juego en tierra, los monumentos, los sitios monumentales y los distritos históricos de nuestra ciudad, muchos de ellos sin haber sido designados ni protegidos aún por nadie, con sus lugares irremplazables y toda la cultura urbana, siguen indefensos ante los filisteos del “desarrollo”. Caracas, imaginada solo como una gran vaca lotificable en cortes de carnicero, en beefsteaks para el gaznate, en sórdidos metros cuadrados para usufructuar, ¿podrá escapar en el casco de su nave aérea?

Reconozcámoslo: ciento veinte años tenemos al menos de retraso frente a nuestro gran alter ego urbano: Nueva York. En 1925 ya allí se estaba fundando la Municipal Art Society, tras el empuje del City Beautiful Movement, el movimiento cultural urbano que desde los días de la Exposición Mundial de Chicago luchó por una nueva concepción para las ciudades americanas, coordinando su planificación con los mejores arquitectos y artistas. Todo ello inició desde entonces la saga de la protección de la memoria de Nueva York, una ciudad tan desatinada, tan nueva, tan violenta, tan cambiante y tan ferozmente reacia a la conservación como la nuestra.

El talante conservacionista con el tiempo vio surgir en Nueva York el primer Comité para un Plan Adecuado para la Ciudad. Un primer fallo de la Corte Suprema decidió en 1954 que “la comunidad debe ser bella”. En 1965, se promulgó la primera Ley de Monumentos y tuvieron lugar las primeras audiencias públicas para garantizar salvarlos. La conciencia se difundía lenta pero efectivamente. La ciudad vio nacer las primeras campañas de auto-salvación: “Adopte un monumento”, “Salve a Nueva York”.5

Se fundaron la Comisión Asesora para la Preservación de Monumentos y la Architectural League. Nacieron las primeras asociaciones vecinales urbanamente correctas: los Amigos de la Arquitectura del Hierro Vaciado, los Amigos de Central Park, la Asociación de la Quinta Avenida, entre otras. La ciudad y sus defensores agrupados lograron que se designaran los primeros Distritos Históricos (como Greenwich Village) y contemplaron satisfechos la protección de miles de monumentos gracias a los recursos que fueron apareciendo tras presenciar cómo se salvó en Park Avenue a la iglesia de Saint Bartholomew -obra del arquitecto Bertham Grosvenor Goodhue, 1903-, con la venta histórica de sus Derechos de aire al edificio de atrás. Desde entonces, los Air Rights se convirtieron en la principal e indiscutible tabla de salvación para equilibrar el desarrollo en la ciudad contemporánea.

Aire. El aire también se mide: en metros cúbicos. Es espacio cuantificable. Por lo tanto, es una operación igual de simple sacarle el cubicaje a un globo aerostático que calcular el R10 de una parcela. Campo Alegre tenía varias toneladas de aire vendible flotando sobre los techos de las casas de Mujica Millán antes de su innecesaria destrucción en los 90. Sin embargo, aunque no hemos podido lograr hasta ahora (2018) crear la indispensable Ley paraguas que permita la Transferencia de Derechos de Aire a nivel nacional para la salvaguarda del patrimonio urbano en toda Venezuela, desde 1999 (cuando escribiéramos nuestro primer alegato a favor de la implementación de esta herramienta para nuestra ciudad) hay buenas nuevas.6

En julio de 2017, el Concejo Municipal de Chacao dio un extraordinario paso en este sentido, al aprobar la Ordenanza No. 007-17, titulada "Ordenanza sobre la Protección y Defensa  del Patrimonio Cultural del Municipio Chacao" (en cuya redacción nos enorgullece haber colaborado junto a la abogado Maria Auxiliadora Dubuc, el Concejal Shully Rosenthal y la abogado patrimonial Iris Rangel de APAHIVE, todos ciudadanos de primera línea que honran a esta la ciudad por su lucha por la salvaguarda de su memoria urbana).

Dicha ordenanza de avanzada menciona en su Titulo II Articulo 11, entre las atribuciones del recién creado Consejo para la Protección y Defensa del Patrimonio Cultural del Municipio Chacao, su potestad para

"Estudiar, diseñar, recibir, proponer y tramitar las propuestas para la transferencia de Derechos de Construcción o Derechos del Aire".6

Por lo tanto, defensores del patrimonio, pongan atención: tan solo con este párrafo histórico esta ordenanza le abre las puertas a la inclusión en todo el territorio nacional al instrumento de los Derechos de aire. Es su bautizo legal. De ahora en adelante es importante empezar a apelar a este recurso para que miles de metros sean transferidos a zonas donde la densificación sea inocua y por ende pueda salvarse cualquier patrimonio en peligro en nuestra ciudad. Así como puedan salvarse también los bolsillos de los propietarios de bienes patrimoniales, algo que no es menos importante.

En el caso de Chacao, por ejemplo, un buen destino receptor de aire patrimonial seria la Avenida Francisco de Miranda. En Las Mercedes, la Avenida Río de Janeiro. Esos volátiles metros pueden grácilmente zurcar la atmósfera para irse a posar donde sea más adecuado construirlos. El dinero de la venta siempre dejará muy contentos a los propietarios de bienes monumentales. Al fin y al cabo, se trata de vender metros, ¿no? Pero no de memoria urbana, sino de aire.

Así, pues, queridos lectores, sobre nuestras cabezas levita el atajo que nos hará saltar el siglo largo de retraso en materia de conservación urbana. Cuando un propietario privado de un monumento no este interesado en conservarlo y desee demolerlo para venderlo; cuando el municipio no haya encontrado un comprador alternativo para la propiedad o no pueda el mismo adquirirlo, entonces, en vez de conceder ningún permiso de demolición, el municipio le permitirá al propietario vender su aire, es decir, ofrecer en venta publica todo lo que podría construirle encima de cualquier propiedad patrimonial, según la ordenanza vigente en esa parcela de la ciudad.

Arriba, en el cielo, gravita una ciudad celeste. Un dorado aéreo. En el aire avistamos un gran bandada de montgolfieres con cintas tricolores que esperan pomposamente estacionados sobre Las Mercedes. Mientras tanto, sobre el Caracas Country Club parece celebrarse una regata de doradas goletas aladas. Por los cuatro puntos cardinales, miles de aeróstatos, de construcciones diáfanas, de negocios volátiles, de copos de Ceiba, divagan flotando ansiosamente sobre el valle y el litoral, esperando ver dónde pueden atracar en la ciudad… 

Para salvar de una vez y para siempre su memoria urbana.


3. Los Derechos de Aire al rescate del patrimonio.


* Basado en el articulo del mismo nombre publicado en la columna de Arquitectura de El Nacional el dia lunes 28 de junio de 1999.

NOTAS:
1. "It is given that the future will contain the past, not replace it…" Jorge Otero-Pailos. Palabras de apertura del PhD en Preservación Histórica, Graduate School of Architecture, Planning and Preservation (GSAAP), Columbia University, Nueva York,  Enero 17, 2018.
2. "All that is good is easy; everything divine runs away with light feet". Friedrich Wilhelm Nietzche.  Beyond Good and Evil. Duck und Verlag von C.G.Naumann, Leipzig, 1886.
2. Gabriele D’Annunzio. La citta morta, 1896. En: Tragedie, sogni e misteri, Volumen 1, Antonio Mondadori Editore, Milan, 1939.
3. Condesa Anna de Noailles. Oeuvre poetique complete, Ed. Than-Van Ton-That, 3 vol. Editions du Sandre, Paris, 2013.
4. Gregory F. Gilmartin. Shaping the City: New York and the Municipal Art Society, Clarkson Potter Publishers, Nueva York, 1995.
5. Hannia Gomez. "Aire". Arquitectura, El Nacional, Caracas 28 de junio de 1999: http://hanniagomez.blogspot.com/2008/01aire.html?m=0
6. Concejo Municipal de Chacao. Ordenanza No. 007-17, Ordenanza sobre la Protección y Defensa  del Patrimonio Cultural del Municipio Chacao, Gaceta Municipal Municipio Chacao, Numero Extraordinario: 8592, Caracas, Julio 7, 2017.


Publicado en: Opinión, @ELNACIONALWeb, Caracas, Mayo 1 de 2018: https://www.elnacional.com/opinion/columnista/aire_233134/

sábado, 8 de marzo de 2008

Decálogo de Caracas

"The City of Caracas" (f. Archivo Fundación de la Memoria Urbana).



*

I. Amarás al dios del lugar por sobre todas las cosas.

II. No nombrarás monumentos, sitios monumentales, monumentos interiores, monumentos escénicos ni distritos históricos en vano.

III. Santificarás el lenguaje de la calle, de la plaza del barrio y de la arquitectura urbana como fiestas.

IV. Honrarás, exaltarás, protegerás y restaurarás a la memoria urbana y arquitectónica.

V. No demolerás el patrimonio monumental, retrasando la concesión de todo permiso de demolición de propiedades monumentales mediante procedimientos más complejos y sofisticados que permitan encontrar siempre la alternativa urbanamente correcta.

VI. Emprenderás planes que le garanticen un retorno a la inversión de los propietarios privados de bienes monumentales (6% se considera razonable), para disuadirlos definitivamente de sólo querer fornicar con la tierra.

VII. No despreciarás el valor de los Derechos de Aire (Air Rights) de las estructuras históricas en peligro, y las cuantificarás muy claramente para venderlos a los sitios 
donde la densidad sea inocua o incluso necesaria.

VII. No tasarás impuestos, o los rebajarás, como un incentivo para que se desarrollen inteligentes proyectos de renovación en las parcelas con estructuras antiguas.

IX. No consentirás los pensamientos ni deseos impuros de ningún propietario privado, 
y encontrarás nuevo e idóneos compradores para las propiedades monumentales, en cuyo defecto las adquirirás en un porcentaje adecuado y en última instancia las comprarás en su totalidad.

X. No codiciarás los fondos que tengas disponibles y los usarás para detener el deterioro de las memoriosas estructuras, ayudando a su rehabilitación y finalmente reincorporándolas triunfalmente a la vida urbana.1

*



The Municipal Art Society, New York City.





NOTAS
1. Basado en la llamada “Ley Bard”, o Ley de Protección de Monumentos Históricos, vigente en el Estado de Nueva York desde 1956, cuando la Municipal Art Society (http://mas.org/) "promovió con éxito su aprobación en la Legislatura del Estado de Nueva York, garantizando a las ciudades por primera vez que fueran tomadas en cuenta las relaciones estéticas, históricas y culturales en las leyes de zonificación. Igualmente dio los fundamentos legales para la Ley de Monumentos de la ciudad de Nueva York (New York City Landmarks Law) aprobada en 1965 y ampliada en 1973".





Publicado en: "Decálogos para la ciudad ideal", Verbigracia, El Universal, Caracas, 1999:


viernes, 25 de enero de 2008

Aire

¿Puede una ciudad sobrevivir sin Air Rights?



“Todo lo que es bueno es ligero”.
Friedrich Nietzche. 1

Quien haya visto alguna vez florecer una ceiba entenderá lo que digo. En cierta época del año estos árboles parece que van a secarse, tan desnudos se quedan. Lo que ocurre es que muy pronto van a cubrirse totalmente de copos blancos. Uno podía estar sentado, por ejemplo, en clase, cuando empezaban a entrar imperceptiblemente por las ventanas esos azarosos corpúsculos sin peso, esas semillas blancas recién liberadas que flotaban ligeras en el viento, planeando en completo estado de ingravidez, para ir a posarse en los lugares más disímiles: el pupitre, la papelera, la calva del profesor de Castellano. Alguno con más suerte cayó en el patio del colegio, y es hoy un gigante.

Toda la urbanización duraba así, inmersa en su diario baño de éter, suspendida entre las rutas de las semillas aladas, semejantes a las del cardo y a las del diente de león, como colgada de un sueño. Y –si es que podemos comparar un árbol con un edificio- cada vuelo, desprendiéndose de su cuna vegetal para ir a recorrer la incertidumbre de las calles por un terreno fértil donde germinar, contenía la fiel promesa de una gran construcción.
Ese era el escalofrío sentido al contemplar un copo en la palma de la mano: la responsabilidad por el destino de aquella pequeña isla flotante que nos había tocado en suerte, por su arquitectura errante. Ahora lo debíamos sembrar. ¿Cuál sería el lote más propicio?

Friedrich Nietzche escribió: “todo lo que es bueno
es ligero”.1 Gabriele D’Annunzio aseguró en “La ciudad muerta” que “las alas impalpables son las que vuelan más lejos”,2 y la Condesa de Noailles cantó hasta el cansancio a la “nobleza del aire”.3 Inflamadas visiones celestes. Bajo ellas, junto al piso, yace la ciudad. La ciudad, mitad cósmica mitad terrena, afianzada en el suelo, pero a la vez móvil y rica, ¿podrá encontrar en el aire su salida más diáfana? Con el consecuente hervidero de intereses terrenales que le están trancando el juego en tierra, los monumentos, los sitios monumentales y los distritos históricos, sin haber sido designados ni protegidos aún por nadie, con sus lugares ireemplazables y toda la cultura urbana, están indefensos ante los filisteos del “desarrollo”. Caracas, imaginada sólo como una gran vaca lotificable en cortes de carnicero, en beefsteaks para el gaznate, en sórdidos metros cuadrados para usufructuar, ¿podrá escapar en el casco de su nave aérea?

Reconozcámoslo: cien años tenemos de retraso al menos frente a nuestro gran alter ego urbano: Nueva York. En 1925 ya allí se estaba fundando la Municipal Art Society, tras el empuje del City Beautiful Movement, el movimiento cultural urbano que en los dí
as de la Exposición Mundial de Chicago luchó por una nueva concepción para las ciudades americanas, coordinando la planificación con la colaboración de los mejores arquitectos y artistas. Todo ello inició desde entonces una saga para la protección de la memoria de Nueva York, una ciudad tan desatinada, tan nueva, tan violenta, tan cambiante y tan ferozmente reacia como la nuestra.

El talante conservacionista vió surgir con el tiempo el primer Comité para un Plan Adecuado para la Ciudad: el primer fallo de la Corte Suprema decidiendo en 1954 que “la comunidad debe ser bella” 1; la promulgación, en 1965, de la primera
Ley de Monumentos, y las primeras audiencias públicas para garantizar salvarlos. La conciencia se difundía lenta pero efectivamente. La ciudad vió nacer las primeras campañas de auto-salvación: “Adopte un monumento”, “Salve a Nueva York”; se fundaron la Comisión Asesora para la Preservación de Monumentos y la Architectural League; las primeras asociaciones vecinales urbanamente correctas: los Amigos de la Arquitectura del Hierro Vaciado, los Amigos de Central Park, la Asociación de la Quinta Avenida, entre otras. La ciudad y sus defensores agrupados lograron que se designaran los primeros Distritos Históricos (como Greenwich Village), y contemplaron satisfechos la protección de miles de monumentos gracias a finos recursos que fueron apareciendo tras ser testigos de cómo se salvó a la iglesia de Saint Bartholomew, del arquitecto Berthram Grosvenor Goodhue en Park Avenue, con la venta histórica de sus Derechos de aire al edificio de atrás. Desde entonces, los Air Rights son una tabla de salvación para equilibrar el desarrollo en la ciudad.

Aire. El aire también se mide: en metros cúbicos. Es espacio cuantificable… Una operación igual de simple es sacar el cubicaje a un globo aerostático que calcular un R10. Campo Alegre tenía varias toneladas flotando sobre los techos de las casas de Mujica antes de su innecesaria destrucción. Sin embargo, nadie quiso incluir el Derecho de aire en las ordenanzas para que éstos fueran transferidos a zonas donde la densificación sería inocua, como la Avenida Miranda. Esos volátiles metros hubieran grácilmente zurcado la atmósfera hasta irse a posar donde hubiera sido más adecuado construirlos. El dinero de la venta siempre deja muy contentos a los propietarios de bienes monumentales. Al fin y al cabo, se trata de vender metros, ¿no? Pero no de memoria urbana, sino de aire.

Sobre nuestras cabezas levita el atajo que nos hará saltar el siglo de retraso en materia de conservación urbana. Cuando un propietario privado de un monumento no esté recuperando un retorno razonable de éste (6% es estimado razonable) y desee demolerlo; cuando el retorno, rebajándole o perdonándole los impuestos, no es suficiente; cuando la ciudad no haya encontrado un comprador alternativo para la propiedad o no pueda ella misma adquirirla dentro del tiempo marcado por la ley, entonces, antes de conceder el permiso de demolición, le permitirá al propietario vender su aire, es decir, todo lo que podría construirle encima.

Arriba, en el cielo del valle, se ve gravitar una ciudad celeste. Un dorado aéreo. A lo lejos, un gran montgolfier con cintas tricolores espera pomposamente estacionado sobre el Galipán (1999). Mientras tanto, sobre el Caracas Country Club parece celebrarse una regata de doradas goletas aladas. Por los cuatro puntos cardinales, miles de aeróstatos, de construcciones diáfanas, de negocios volátiles, de copos de ceiba, divagan flotando azarosamente, esperando ver dónde pueden atracar en la ciudad.


"Ceiba, La Floresta" (f. Rossella Consolini, 2009. Facebook "Caracas en flor").






NOTAS
1. Friedrich Nietzche.
2. Gabriele D’Annunzio. La ciudad muerta.
3. Ana de Noailles.
4. Saving New York City.



Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, lunes 28 de Junio de 1999.



jueves, 1 de marzo de 2007

Campo Marzio


Campo Marzio. Giovanni Battista Piranesi (1762).


Prepárense, amigos. Arrellánense cuidadosamente en sus butacas preferidas, pónganse cómodos, y dispónganse atentamente a esperar, porque el más espectacular y estrepitoso evento de demolición arquitectónica y urbana ocurrido desde la caída del Colegio Cháves y del Hotel Majestic, está por comenzar en esta ciudad. Sintonicen bien sus receptores, pues puede que a sus incrédulos ojos la pericia trasnochada de los bulldozers y de las hábiles trusts de las constructoras a lo mejor les roba el placer inenarrable de ver caer treinta y cinco casas del arquitecto Manuel Mujica Millán, entre otras de notables arquitectos, y se pierden la violenta desaparición de uno de los últimos patrimonios ambientales de nuestra historia arquitectónica.

Les recomiendo que no se les escape lo que ya ha empezado a ocurrir a raíz de la caída de la primera casa, discretamente tras sus muros, en la Avenida Principal de Campo Alegre. ¡Quién sabe! De paso, es posible que entre los escombros aún puedan hacerse de alguna neobarroca reja de hierro forjado, de algunas pétreas molduras o hasta de piezas funcionales completas de la arquitectura de la casa. Aconsejaba Ada Louise Huxtable, crítico de arquitectura por veinte años en The New York Times, asistir sin falta a las demoliciones de landmarks arquitectónicos, porque allí pueden hacerse “amistades inolvidables y conocer la gente más inusitada”. Estoy segura de ello. Por ejemplo, podremos cordializar con los arquitectos e ingenieros encargados de la supervisión de las demoliciones, quienes nos podrán ilustrar sobre cómo se arrancan de cuajo las delicadas herrerías, cómo se desembalan los artesonados de caoba, cómo se machacan los azulejos, es decir, cómo se tiran abajo fábricas de medio siglo de antigüedad y se amontona todo en una fosa común directo a la Fila de Mariches (cuando se demolió el Imperial Hotel de Frank Lloyd Wright en Tokyo, la página más negra de la historia de la arquitectura del siglo veinte), los escombros al menos fueron vendidos en un lote cercano, donde las piezas arquitectónicas, desde las barandas hasta las lámparas, fueron clasificadas por rango y jeraquía).

También podremos, si tenemos suerte, conocer las ilustres nuevas glorias de la Ignominia Arquitectónica Nacional, diligentes seguidores de quienes hace años echaron abajo la “Casa Barco” de Mujica (para construir nada menos que una oficina de arquitectura), es decir, los autores de los nuevos proyectos. Estaremos allí, libreta en mano para apuntar sus nombres, no se nos vayan a olvidar. En el fondo, es muy importante que en Caracas pasen estas cosas, porque así al menos sabremos quiénes son “ellos”. Y, finalmente, entre la polvareda y el estruendo apocalíptico de tánta obra de arte cayendo junta, en medio del fragor de la batalla en este Campo Alegre vuelto Campo Marzio, tal vez asome algún sonriente miembro de las sucesiones familiares que tan ávidamente lucharon por la aprobación de la Nueva Ordenanza de Desarrollo Urbano para Campo Alegre (1993), frotándose seguramente las manos y acompañado quizás de algunos de sus acólitos en el Concejo.

Pues bien: mucho gusto, señores, ¡encantada de tener el placer de poder felicitarlos en persona tras haber ganado la contienda urbana quizás la más oprobiosa de la historia de la ciudad! ¡Felicidades por haber logrado torear la posibilidad del usar el recurso (clásico internacionalmente en Diseño Urbano) de venta de los Air Rights de los lotes de la urbanización a las zonas aledañas, con lo cual hubiéramos conservado el ambiente urbano y arquitectónico del lugar sin afectar demasiado el bolsillo de los propietarios! ¡Felicidades por haber sabido cosechar en la abulia y el desinterés de nuestra comunidad arquitectónica y por haber podido aprovechar el vacío que dejamos en esta lucha!

Me comentaba Lindolfo Grimaldi, el conocido urbanista ex-Director de OMPU, recientemente en un foro por la Defensa de Campo Alegre en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, que hubiera bastado simplemente una buena lista de las obras, un buen estudio o una buena evaluación de los valores arquitectónicos y urbanos de Campo Alegre, para haber aspirado con posibilidades de éxito a la creación de una Reglamentación Especial para la zona. Algo así como los Landmark Districts que operan cotidianamente en las ciudades de los Estados Unidos. Lo cual no quiere decir, no se asusten, congelamiento y paro del desarrollo, no. Esto significa un cambio de zonificación donde se aumenta la densidad sin afectar ni la singularidad y calidad arquitectónica ni, sobre todo, el conjunto urbano. O sea, lo que queremos todos. Aproyada en esa idea, y en calidad de prueba, pude ensayarlo como ejercicio académico con mis estudiantes de Diseño en la Facultad el semestre pasado. Los resultados de los trabajos demostraron lo plausible e interesante que puede ser densificar en Campo Alegre sin destruir.

La ciudad debe crecer, y debe densificarse, no hay duda. Más aún en los sectores centrales como éste, a la vera de los servicios públicos. Pero, al mismo tiempo, la ciudad debe hacerlo sin acabar consigo misma ni con su propia naturaleza. Sitios como Les Halles en París (perdido para siempre), o Beacon Hill en Boston y Brooklyn Heights en Nueva York (preservados por ley), son parte de la esencia y de la riqueza de esas ciudades. Campo Alegre, también, es parte ireemplazable de Caracas. Al menos, aún lo son las treinta y cuatro casas y varios espacios urbanos que quedan en pie cuando escribo esta nota, en el borde de mi butaca, atenta al clamor de los tractores.

Frank Lloyd Wright. "Maqueta del propuesto Imperial Hotel, Tokyo", entre 1890 y 1940 (f. Prints and Photographs Division, Library of Congress).



Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, febrero de 1993.