jueves, 5 de abril de 2007

Cipriano J. Domínguez: (1904 - 1995)

Cipriano J. Domínguez (de frente) en la obra del Centro Simón Bolívar. Caracas, (1952).

In Memoriam.
Con la muerte de Cipriano J. Domínguez el pasado viernes 27 de Enero (1995), se apagó la última de las voces fundamentales de la Primera Arquitectura Moderna en Venezuela. El arquitecto de las torres de El Silencio, el edificio símbolo de la ciudad, fue Premio Nacional de Arquitectura en 1990 y uno de los más intensos integrantes de la generación de ingenieros/arquitectos que a partir de los años treinta introdujeron el Movimiento Moderno en Venezuela.

Cipriano J. Domínguez murió en Caracas hace una semana (1995) a los noventa y un años, culminando una larga vida de amor por la arquitectura y la ciudad. Por sus dos ciudades, en realidad. Por ésta, su ciudad natal, y por París, su ciudad adoptiva, a la que volvía siempre.

Nació el 12 de Enero de 1904, e hizo sus primeros estudios en el College Français y en el Colegio Salesiano de Caracas. Habiéndose graduado de Ingeniero Civil y Doctor en Ciencias Físicas y Matemáticas en la Universidad Central de Venezuela (UCV) en 1928, hizo, gracias a su amistad con Luis Eduardo Chataing, su primer contacto e incursiones arquitectónicas en el estudio de Alejandro Chataing. Como aún en el país no se había creado la carrera de arquitecto, pronto decidió viajar a París para hacerse un aprendiz directo de la ciu
dad, de su arte y de su arquitectura. Así fue como se convirtió en el autodidacta cultivado y selectivo, en el estudiante solitario ávido de bellos edificios y espacios urbanos. Pronto pasó a ser un aficionado a la cultura urbana y arquitectónica francesa, de toda ella, desde la clásica hasta la más vanguardista. Lo cual no hizo sino caracterizar y enriquecer su obra.

En 1934 regresa a Caracas para establecer su propia práctica profesional y se hace, como sus contemporáneos tambien recién llegados del extranjero, ingeniero a la orden del Ministerio de Obras Públicas (MOP). Un ingeniero ciertamente de marcadas preocupaciones arquitectónicas: de inmediato, en el 36, da una charla en el Colegio de Ingenieros de V
enezuela, que hoy es histórica, sobre los famosos Cinco Puntos de la Arquitectura de Le Corbusier, pero donde también menciona a Otto Wagner, a Adolf Loos, a Walter Gropius, a Freyssinet, a Auguste Perret... 1 Ese día inicia su intervención citando -significativamente- unas palabras de Le Corbusier, que anticipan lo que será el espíritu de su propia obra arquitectónica: "Soy arquitecto y urbanista: HAGO PLANOS. Mi temperamento me precipita en el placer del descubrimiento. El movimiento, el desarrollo, la alegría del vivir, el mecanismo mismo de la vida son mi pasión... Hago los planos de una ciudad contemporánea".

Y arquitecto y urbanista ya que lo era mucho antes del año 55, cuando se gradúa formalmente de arquitecto en la UCV. Para entonces ya había sido nada menos que fundador tanto de la Escuela de Arquitectura en la Facultad de Ingeniería de esa misma universidad, como de la Sociedad Venezolana de Arquitectos (1945), y llevaba ya varios años enseñando como Profesor de Composición Arquitectónica y como Profesor Titular de Teoría de la Arquitectura y de Dibujo Arquitectónico. Desde 1936, al servicio del MOP, diseñó y construyó una saga de blancos, sinceros, generosos, limpios y hermosos edificios modernos, que se cuentan entre los mejores que tenemos de esa época. Entre ellos muchos liceos, como el Caracas (I
nstituto Pedagógico), el Fermín Toro, el Libertador de Mérida, el de Barquisimeto y el de Cumaná, y algunos grupos escolares y pequeños terminales aéreos, todos de un delicioso mèlange entre los ismos más inesperados de la avantgarde europea, soslayando circunstancialmente el Art Déco, lo cual una vez me confesó riéndose que había hecho porque entonces simplemente ello "estaba en boga, que es lo que le atrae a la juventud".

Entre el año 1947 al 55, es Miembro de la Delegación que representa a Venezuela en varios Congresos Panamericanos de Arquitectos, y preside la Comisión Nacio
nal de Urbanismo, de la cual había sido miembro desde el 43. Su labor profesional es pionera y activa en todos los campos. "Algo nuevo y enorme en sus consecuencias se avecina, un mundo nuevo surge…” (esta vez, son sus propias palabras).

Pero su actividad crucial fue en el Centro Simón Bolívar. Allí entró a trabajar hacia 1948, escogido especialmente entre los arquitectos de la Comisión de Urbanismo y llamado para hacer el proyecto de arquitectura que continuará hacia el este la Avenida Bolívar. Aunque el diseño urbano ya había sido establecido por la misma comisión, siguiendo las ideas del urbanista francés Maurice Rotival y las líneas urbanas que dictaba el recién concluído conjunto El Silencio, Domínguez es el único autor de la arquitectura del edificio. De su expre
sión arquitectónica, de su delicada volumetría, de sus articulaciones, de su acertada paleta de materiales, del detallado, de sus espacios. Siendo gerente y luego presidente del propio Centro Simón Bolívar, entre el 54 y el 58, año en que se culminó brillantemente la construcción del monumental conjunto urbano y arquitectónico, demostró también que era capaz de gerenciar con éxito la verdadera proeza que esa obra constituyó para la época. Basta tener entre las manos los mil míticos planos del proyecto, hechos por él y su pequeño equipo, a lápiz. Nada más el conjunto de planos ya es monumental.

La historia del diseño urbano, del proyecto de arquitectura y de la ejecución de las torres, es uno de los capítulos más magníficos de nuestra historia de la arquitectura, capítulo que me ha tocado la suerte de poder contar, en un libro titulado Las Torres: la Arquitectura del Centro Simón Bolívar, de próxima aparición... Le debo sin embargo a don Cipriano el que ese libro en el que trabajamos juntos no pudiera estar listo para que pudiera disfrutar de verlo impreso mientras aún vivía. La labor titánica, perfecta, visionaria y ejemplar que entonces se llevó a cabo bajo la tutela de estos “pro-hombres” y de Cipriano Dominguez (para usar una palabra que usó su gran amigo, el también inolvidable Leopoldo Martínez Olavarría, una tarde hace diez años sobre el "puente" del Consejo Supremo Electoral), es una labor que hoy más que nunca debemos valorar. Aquella vez, cuando el Instituto de Arquitectura Urbana hizo en 1985 el tambien histórico ciclo de homenajes a ese grupo de hombres llamado "Encuentros con l
a Arquitectura", en los propios espacios de la Primera Arquitectura Moderna de Caracas (que fue en su día el primer homenaje a Manuel Mujica Millán, a Carlos Guinand Sandoz, a Gustavo Wallis y a Luis Malaussena), se celebró el primer y único acto en todos esos años para reconocer a la arquitectura de Cipriano Domínguez y al Centro Simón Bolivar. Entonces, junto a Juan Andrés Vegas, Leopoldo Martínez, Gustavo Ferrero, William Niño y Carlos Gómez de Llarena y todo el ilustre y numeroso público presente, pedimos que se hiciera monumento al Centro Simón Bolívar. Aún ésto que ya entonces considerábamos tan urgente no se ha logrado (1995).

Yo espero que así como Cipriano Domínguez fue atento a cada detalle humano, colectivo, técnico, urbano, arquitectónico, artístico, en la construcción del principal símbolo arquitectónico de la ciudad, así la ciudad, de vuelta, debería honrar ese amor que por ella tuvo en vida, y, como un justo y merecido homenaje póstumo, restituya a su belleza original esta obra maestra de la arquitectura mundial, hoy en estado de incomprensible abandono. Esta es una nueva oportunidad, aunque triste, para pedir una vez más hacer que se nombre el conjunto urbano que forman El Silencio y el Centro Simón Bolívar Monumento Histórico Nacional.

Pero mientras éso ocurre, aquí están estas imágenes de las torres, viejas ya de medio siglo. Hélas aquí, de nuevo, en todo su esplendor original, en toda la gloria de su "retórica monumentalista". Una retórica que por seductora, nos venció; que por vencedora, nos cambió; y que todavía nos provoca poderosamente para que la retomemos como símbolo.

Hoy, respirando el espíritu de los tiempos que corren, como en aquel otro fin de siglo, cuando la grandiosidad urbana y arquitectónica que simbolizaba un solo proyecto (The World's Columbian Exposition, de 1893) sirvió para hacer renacer el civismo de toda una ciudad, como en un nuevo City Beautiful Movement, mas no en Chicago, podemos restaurar las torres y lanzarlas como detonante a la calle.

El Centro Simón Bolívar, Caracas (f. Archivo Fundación de la Memoria Urbana)

NOTAS:
1.
Domínguez, Cipriano J. "Hacia una Arquitectura: Le Corbusier". Revista del Colegio de Ingenieros de Venezuela. 1936: 87-96.

Publicado en: Arquitectura, El Diario de Caracas. Caracas, domingo 29 de Enero de 1995.

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