miércoles, 22 de agosto de 2007

Caminantes On The Wild Side


Cuando la somnolencia invernal parecía no querer abandonarnos nunca, abrazados tiernamente como estábamos a nuestra mesa de noche y a su narcotizante torre de libros, nos sacudió una tonadilla a dúo que desde el lejano Madison Square Garden emitían un cincuentón David Bowie y un decrépito Lou Reed. Hey Babe, Take a Walk on the Wild Side. Hey, es contigo, Honey. Ante tan imperiosa conminación de una madrugada de Enero, muchos espíritus perdidos en la niebla decidieron sacudirse el empalago de la Navidad. Saltando rápidamente a la vereda del sol, con el pellejo presto a ser arriesgado en otras aceras, desnudaron sus gargantas al filo de la navaja. Hey Sugar: es el 97. Let's take a walk on the Wild Side.

1 . Richard Meier

Bello, terco, fiel a su propio lenguaje, inmune a las transformaciones de la arquitectura, globalmente amado por ello, consentido, canosamente blanco y de incógnito, arribó a Venezuela Richard Meier del brazo de Patty Cisneros. La cita, un paseo por la selva. La más impecable travesía de que se tenga noticia por los caños del Delta. Era Enero; allí fueron. Se adentraron a limpio plan de machete por entre la enmarañada madeja, con certeros golpes circulares de radios conocidos, cortando por la exacta bisectriz las verdes, musgosas, ponzoñosas, enredadas y complejas formas naturales. Y describiendo otros tantos círculos excéntricos, se evadieron por las formas impuras, se internaron en anamórficos pabellones de madera o de piedra, celebrando la promenade architectural del Edén. Tantearon, acariciaron, coleccionaron las ricas, excesivas, oscuras, arcanas foliaciones e imperfectas tribales matrices, materiales inescrutables. ¡Oh, delicioso anatema! ¡Oh, más puro espíritu! del eternamente limpio, del irreductiblemente abstracto, del gométricamente disciplinado autor de la jungla del Getty.

2 . Peter G. Rowe

Cuando en Roma, haz como los romanos, reza el dicho. Cuando en Nueva York, no mires para arriba, dice la policía. ¿Y cuando en el Barrio la Cruz? Asegura el decano de Arquitectura y Diseño Urbano de Harvard, que es mejor andar como si nada. Y era Enero. Allí fueron. El y sus valientes, los integrantes de la Maestría de Diseño Urbano de la UNIMET, por los caminos de la “Zona Media” entre Campo Claro y Altamira. El barrio se abrió a su paso como una flor: la más suculenta área de estudio del Municipio Chacao, y los paseantes informales tomaron las sendas estrechas, que les parecieron calles en potencia; atisbaron a sus ranchos, que les lucieron tipologías residenciales; hicieron una pausa en sus claros y los anotaron como el germen de espacios urbanos. Pensaron en las cualidades de este otro “Paisaje Urbano Intermedio”, verdadero prototipo, solución adelantada para programas de Reconcentración Urbana, reducto, nido, enclave a su vez de potenciales paseantes, de ciudadanos a toda costa, incubadora de las almas urbanas indispensables para alejar de las ciudades de Venezuela el fantasma del éxodo suburbano y la necesidad de ningún Pastoralismo Moderno.

3 . Lauretta Vinciarelli

Esa callada dama que sonreía dulcemente junto a Rowe; esa señora italiana que asistió discreta al seminario, que hacía críticas a los alumnos, y miraba pícaramente a unos y otros... caminó con ligereza exclamando a cada paso “¡Che delizia!” por las salvajes aceras de esta ciudad. Esa dama, que se escabullía de la vista de todos, que fue sencillamente presentada como “la profesora Vinciarelli”, acaba de atrapar en el recóndito reino donde se crean los espacios arquitectónicos de su espíritu, la luz del mes de Enero. Luz “opalescente” -según nos dijo- la más pura de cuantas se producen en el valle durante el año, los mejores claroscuros para apreciar la arquitectura, luz que sin duda ya es una memoria en su repertorio de colores y manifestaciones luminosas. Era Enero. En Caracas. Y allí fue. Y como le escribiera Lebbeus Woods, si esa “serenidad (suya), coloreada con trazas de melancolía, prevalece...”¿Cómo no desear reencontrarla alguna vez en una de sus arquitecturas pintadas, en su contemplación iluminada de los instantes, en la dimensión metafísica de sus acuarelas, ahora bañadas de transparente luminosidad blanca?

4 . Rodolfo Machado

Los de la Universidad Simón Bolívar no podían dejarnos sólo con Silvetti. He aquí que han logrado que por tres veloces días también su socio dejara Boston para venirse a los talleres de Diseño y dictar una conferencia en el Conjunto de Auditorios de la USB (1997). ¿Cómo miraremos la Estatua de la Libertad sobre el coloso hundido hasta la nariz en el parque Robert F. Wagner, Jr. de Battery Park City? ¿Cómo un edificio, la Torre Sigma Sigma, puede ser una antorcha para iluminar el campus de la Universidad de Cincinatti? ¿Cómo se hace para completar en un solo año (96-97) un edificio de ciencias biomédicas para la Universidad de Texas, un Diseño Urbano para el Retiro en Buenos Aires, sendos nuevos dormitorios para las universidades de Cincinatti y Princeton, y un plan maestro con extensión para el J. Paul Getty Museum en Malibu, California? En definitiva, cómo la “Obra Reciente” de Machado & Silvetti, una sociedad ya legendaria que hace estricta y honrosamente sólo “Edificios para Ciudades”, va consolidando cada vez más esta actitud sin precedentes como una monolítica realidad en la arquitectura contemporánea.

5 . Mojdeh Baratloo, Richard Plunz, Grahame Shane

El problema de la extensión hacia el oeste de la Cota Mil ha sido puesto de nuevo como tema de estudio en el Master de Arquitectura y Diseño Urbano de la Universidad de Columbia. La idea es afinar las soluciones de Renovación Urbana que se esbozaron en el curso pasado sobre Caracas. Esta semana los estudiantes, acompañados de nuevo por Richard Plunz, Director del Programa de Diseño Urbano, y Mojdeh Baratloo y Grahame Shane, todos caminantes profesores de arquitectura, veteranos de todas las calles, vienen en camino desde Nápoles, la ciudad que antepondrán con Bruselas a Caracas en su estudio. Gente de Nueva York que, como decía Lou, saben mejor que nadie cómo caminar On the Wild Side. Pronto los veremos adentrarse en los más apretados flancos del Avila como por entre los flancos del Vesubio, paseando entre las zonas más terribles del Manicomio con la Isla de Capri en los ojos, subiendo por las cuestas de Lídice como por los Gradoni di Chiaia y entrando en Sarría como en el barrio de Santa Teresella degli Spagnoli... imaginando vías, rampas, castellos, plazas de San Ferdinando, de la Capella Vecchia, Caracciolo, Caprioli...

Así, en este riguroso orden de aparición, en Enero, “Sugar plum fairies came and hit the streets...”



Take a Walk on The Wild Side
(Lou Reed).


Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL. Caracas, 1997.

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