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martes, 1 de noviembre de 2016

Una Noche en el Museo


1. Latin America in Construction (f. John Hill, 2015. www. archidose.blogspot.com/).





1. The Backyard Diaries
Aunque las publicaciones, las películas y la red promuevan enormemente la discusión arquitectónica en el mundo, las grandes exposiciones en los museos siguen siendo el medio que impulsa con mayor fuerza el debate de las ideas. Su capacidad de comunicación es hoy todavía muy importante. De allí que continúen haciéndose, ambiciosas, elaboradas, muchas veces monumentales… Como los verdaderos edificios que deben ser.

Una gran exposición es una poderosa vía, por lo tanto, para intentar cambiar el mundo. Y por ello mismo, también una gran responsabilidad. Nosotros nos habíamos interesado en el ambicioso planteamiento hecho por Barry Bergdoll, curador jefe de arquitectura del MoMA, para la exposición "Latin America in Construction: Architecture  1955-1980", desde 2010, el mismo día en que lo oyéramos exponerlo en la UNAM durante la conferencia de Docomomo International en México DF.1 Nada más ver lo que pensaba hacer, sentimos vértigo y fascinación: el de quien está a punto de lanzarse a explorar un territorio totalmente desconocido, y nos contagiamos del mismo furioso deseo de conocerlo.

Desde entonces quisimos seguir la preparación y desarrollo de este proyecto. Y nos preguntábamos: cómo estarán haciendo en el MoMA para lograr adentrarse en la verdad de cada país, en sus distintas realidades, en sitios donde a veces las cosas no están todas publicadas o se han perdido y los estudios y los documentos y las fuentes dependen, sobre todo, de las personalidades locales? Cómo trabajar en una región a la que se ha relegado por décadas a tener "un rol subordinado", que ha sido tan "pasada por alto" y "rutinariamente abandonada"? 2

Luego de haber estado en el MoMA viendo la exposición la noche misma de su inauguración, confirmamos dos cosas: primero, que aquella imagen del plano invertido de Latinoamérica donde el norte era el sur y el sur era el norte con el que Bergdoll iniciara su charla aquella mañana en la UNAM, efectivamente logró que abarcara no solo al piso de la primera sala (Prelude Gallery) de la muestra recién inaugurada, sino también al espíritu entero de la exposición, volcada a mostrar a la región ya no más como un backyard de los Estados Unidos, sino como un "lugar de orígenes para ideas".3 Muy bien, como intención. Pero segundo, lamentablemente, luego del impacto inicial de encontrar las decenas de obras y documentos que la exposición logró reunir, empezamos a echar en falta las cosas importantes que no estaban. Los siete largos años de preparación, prórrogas incluidas, no fueron suficientes para la ambiciosa empresa. En todos los países había ausencias, y eso lo comentaba el publico ya desde esa noche inaugural. Algo que a cada país le tocara reclamar, porque es una realidad tan importante como la misma exposición.

Contemplando los espacios del piso sexto donde se instalo este show de gran escala, donde hace dos años estuvo "Le Corbusier: An Atlas of Modern Landscapes" -y cuyo montaje se le parece tanto, aunque ciertamente, mucho mas apiñado-, esta claro que las grandes ámbitos temáticos (Campus Gallery, Brasilia Gallery, Main Gallery: Ciudades y Paisaje Urbano y Nuevos Bloques Urbanos, Escuelas, Vivienda y Previ, Arquitectura Sagrada, Muro Metropolitano y Sesc Pompeia y Utopia Gallery), y la gran pared de la cronología, dedicada a "Un Cuarto de Siglo de Vivienda", obviamente resultaron pequeños.. Alguien dijo no sin sorna que el hacinamiento era bueno porque "obliga a crear relaciones entre los edificios, forzando al publico a pensar". Pero la verdad es que con un MoMA que hoy se presenta siempre buscando más espacio, ever-expanding sobre toda su cuadra en Midtown, no entendemos como no le dedicaron otro piso, o una parte dos, y entonces hacerle verdaderamente justicia al legado de la región.

La decisión tomada, recordemos, fue hacer esta vez una exposición histórica, "que mira atrás sobre veinticinco años de producción arquitectónica, desde la exposición "Latin American Architecture since 1945", hasta los primeros años del Postmodernismo y los años Thatcher/Reagan".3 Y una exposición histórica no es como hacer un art show, donde si no me cabe no pongo el MAM de Caracas o despacho al Centro Simón Bolívar con una foto. Mas, como explicar todo esto? Habiendo tomado partido, como hemos dicho, por una retrospectiva que arrancase en el punto donde el MoMA y Henry Russell-Hitchcock dejaran su reflexión  hace justamente sesenta años, el equipo curatorial asignó gran parte de la responsabilidad de las selecciones nacionales, (aunque era su completa responsabilidad), a una lista de asesores locales. Fueron ellos quienes decidieron y propusieron que iba y que no iba, quien opinaba y quien no, cuáles obras visitarían los curadores en cada país y cuales dejaban de visitar, para que hicieran su escogencia final. En el caso de Venezuela, donde existe un capitulo de Docomomo que jamás fue consultado, esto fue críptico y a nuestra manera de ver, incompetente. A esto, el MoMA deberá responder.


2. "Venezuela vista desde el Nor-noreste" (f. Archivo Fundación de la Memoria Urbana, 1939).


2. La ecuación del desarrollo
Aquella noche en el museo, la obra con la que abría la exposición, "Ecuación del Desarrollo", el tablero de madera de Carlos Gómez Gavazzo (1960), de repente, inesperadamente, empezó a actuar como un talismán. Todos los objetos y los personajes de la historia de la arquitectura moderna de Latinoamérica, como por arte de magia, empezaron a cobrar vida. En la gran fiesta (que tuvo mucho también de happening histórico, tan variopinta era la fauna humana allí presente que se reencontraba y abrazaba), se reanimaron, estaban presentes, no solo los proyectos expuestos y los personajes presentes…  sino también los que no estaban.

Entre los que literalmente brillaban por su ausencia, ya hemos mencionado al MAM de Niemeyer, sus planos originales dibujados a lápiz por Fruto Vivas, quien tiene apenas un par de pequeños dibujos en la sala y en el catalogo, donde además es apenas mencionado en una línea por el Club Táchira. Algo inexplicable. Otro considerado menor es Cipriano Domínguez, cuyo Centro Simón Bolívar es inexistente para la galería de Ciudades y Paisaje Urbano y Nuevos Bloques Urbanos, y cuya otra foto en el catalogo tiene el tamaño de una estampilla. O la obra de Moisés Benacerraf y Carlos Gómez de Llarena, autores de la mas importante renovación urbana de los ochenta en Latinoamérica, el Parque Vargas, y del mejor edificio de oficinas de la modernidad caraqueña, la Torre Europa (1975), y una vasta y admirable trayectoria, ausentes también nadie entiende porque incluso del inusitadamente aburrido texto del catalogo. Hace falta un esfuerzo muy grande para no haberle mostrado la obra indispensable de estos arquitectos al equipo curatorial y para no incluirla en la exposición, tan evidente como es toda su significación arquitectónica y urbana en la ciudad. Y no es razón que en el caso de la Avenida Bolívar, tanto el CSB como el Parque Vargas, (1954) y (1985) respectivamente, pudieran alegar que no se muestran por sus fechas, porque vimos como en otros casos las fechas no fueron manejadas al pie de la letra. 

Es inaudita la exclusión de tan importantes capítulos de la historia del diseño urbano en Latinoamérica. Ni que decir la ausencia en la exposición de tantos otros arquitectos modernos venezolanos, Pietri, Vegas, Calvani, Oscar Tenreiro, Diquez, González y Rivas, Guinand, Gasparini, Montemayor, Pinzani, Zubizarreta, Tobito, Dorronsoro, Ferris, Bemergui, Menéndez, Posani, Hatch, Hernández, Legórburu, Borges y Pimentel, Lasala, Volante, Malaussena, Carbonell… y tantos mas, todos de obra moderna llena de ideas, y quienes sencillamente, no existieron tampoco para los asesores del MoMA. Finalmente, podemos dejar de señalar aquí el grave error de autoría de El Helicoide, cuyo verdadero autor, Jorge Romero Gutiérrez, es colocado de tercero tras sus arquitectos asistentes tanto en la sala como en el catalogo. Aunque por ese edificio recibiera el Premio Nacional de Arquitectura. El solo.

Es justo que hagamos este reclamo. Porque el papel de Venezuela en la historia de la arquitectura moderna latinoamericana es fundamental. Muestra de ello son los autores venezolanos que si fueron expuestos en la muestra, empezando por la amplia documentación de la obra de Villanueva, el autor con mas dibujos en sala de toda Latinoamérica. Pero la selección de la que forman parte no es el reflejo completo de la verdad histórica. En todo caso, han hecho ustedes muy bien, amigos del MoMA, en llamar a esta muestra "En Construcción". Con unos olvidos así, lamentablemente continua el trato a nuestra región como backyard. A ustedes y a sus asesores venezolanos, les recordamos que la ecuación del desarrollo con la que abre la misma exposición, seguramente incluye, idealmente, entre las Pautas y Convenios, a la verdad.





NOTAS
1. "Latin America in Construction: Architecture 1955–1980", dMarzo 29 - Julio 19 (2015), MoMA, New York City: https://www.moma.org/visit/calendar/exhibitions/1499
2. "A place 'of origins for ideas'", en: Samuel Medina, "The Future Was Latin America", Metropolis Magazine, Marzo, 2015: http://www.metropolismag.com/March-2015/The-Future-Was-Latin-America/
3. S. Medina. Op. Cit., 2015.
4. John Hill. "Latin America in Construction", A Daily Dose of Architecture:
http://archidose.blogspot.com/2015/03/latin-america-in-construction.html



Publicado en: @ElNacionalWeb, Caracas, 14 de Abril, 2015: http://www.el-nacional.com/noticias/historico/una-noche-museo_61411


viernes, 18 de enero de 2008

Y en esta esquina... Sybil

"Los constructores de Venezuela" (mural cerámico). Pedro León Zapata, Ciudad Universitaria de Caracas (f. www.araira.org/venezuela/caracas.htm).







Durante demasiado tiempo hemos estado padeciendo miserablemente de la falta de un libro sobre la obra de Villanueva (1999). El único que siempre existió, el legendario Carlos Raúl Villanueva y la arquitectura de Venezuela de Sibyl Moholy-Nagy de 1960, desde hacía tiempo había desaparecido de circulación.1

La obra en cuestión se había convertido en incunable. Tanto, que un profesor de Columbia University me refirió como una hazaña el haberse hecho con un ejemplar en el casco histórico de Amberes hace dos años, arrancándoselo al dueño de una librería, quien lo guardaba celosamente. Con la reciente reedición facsímil de la edición bilingüe de 1964 por el Instituto de Patrimonio Cultural y la Facultad de Arquitectura de la UCV, podemos tener de nuevo esta panorámica breve de su arquitectura para consultarla cómodamente cada vez que queramos refrescar verdades.2

En el libro, los edificios que tan bien conocemos adquieren vida aparte. El poder de la imprenta los vuelve símbolos de sí mismos; la obra de arquitectura publicada se iconiza, haciéndose implacable arma histórica. El Villanueva impreso tiene algo de “soy un documento legal”, “héme aquí en toda mi verdad”, “vengan a mí las tergiversaciones, las clasificaciones y las críticas”. La fecha de los proyectos brilla en la rúbrica: la Ciudad Universitaria, estrella de su década (los cincuenta), es un momento cultural inapelable. Moholy-Nagy la sembró para el mundo en las páginas de su libro, en el más puro espíritu de su época, como una obra de arte total. De la página treinta y cuatro hasta la ciento treinta y dos recorremos una por una las piezas casi como en un catálogo razonado de un capítulo de la modernidad, cristalizado en el momento de la publicación... para cerrarlo de nuevo. Cerrado, porque así está desde entonces, con su número finito de obras construidas y no-construidas: proyecto concluido. Y, ¡a pasar la hoja!, conmina Sibyl.

Es célebre el clásico ejercicio crítico de la página 126, que hiciera esta profesora de Pratt con este episodio concreto de la arquitectura latinoamericana, ejercicio muy emulado partir de entonces. A mí me lo enseñaron en clase. Venía el profesor de
Historia de la Arquitectura y preguntaba:

-¿Período?

-La Modernidad
, contestábamos en coro.

-¿Lugar?


-Capitales de países latinoamericanos,
volvíamos a corear.

-¿Tema?

-¡La Ciudad Universitaria!,
gritábamos alborozados... y aparecía entonces la imagen de la otra ciudad universitaria latinoamericana arquetipal, la Universidad Nacional de México (1953).

Recuérdense ustedes bien de esta famosa confrontación tipológica: la elegante composición de arquitecturas y obras de arte del proyecto caraqueño
frente a las masivas frases monumentales cubiertas de murales multicolores de su homónima mexicana; la conversación de las ideas de edificios y obras de arte a través del espacio frente a la literal cobertura superficial de las moles mexicanas.

-¿Quién gana?,
nos preguntaba divertido el profesor.


Entonces comparábamos los volúmenes de las dos bibliotecas, ambas piezas centrales en las composiciones de sus campos respectivos; la de Villanueva, de limpias fachadas ciegas (“…que evidencian la uniformidad del interior, de simplicidad severa y acentuación cromática”, diría Moholy-Nagy), una arquitectura oronda de sí misma en el espacio, y la de Juan O'Gorman, valla enorme de lo azteca, tapiz-edificio que quiere borrarse a sí mismo (“es dudoso que el tapiz de símbolos precolombinos que utilizara Juan O'Gorman, para disimular las hileras de estantes de la biblioteca sea una mejor solución”)... para Sibyl,
como para nosotros, el asunto ya estaba muy claro.

En esto era crucial el comportamiento del muro. Mientras que en la Ciudad Universitaria de México los muros eran recipientes, lienzos sobre los cuales podía pintarse toda suerte de decoraciones y textos (a veces, obras de arte), atendiendo a lo que se tenía en aquel entonces por la máxima expresión de la identidad cultural mexicana, es decir el muralismo, en arte, y el colosalismo, en arquitectura, en la Ciudad Universitaria de Caracas los muros de los edificios eran sensibles entidades arquitecturales que participaban activamente en la articulación y en la calificación del espacio, fachadas parlantes con personalidad arquitectónica propia. Desde los largos muros-cinta de la Plaza del Rectorado, los ritmados muros de color de la Escuela de Odontología, los francos muros ciegos de la Biblioteca Central, los muros-celosía de la Escuela de Arquitectura, los muros-radiador, los muros-murales,
los muros vibrantes, los muros-fachadas y los muros construidos ex-profeso para recibir murales de la Plaza Cubierta, en la UCV todo muro es dramáticamente arquitectónico. Hasta los muros silentes son arquitectura en nuestra universidad. Nada de vallismo, de pancartismo, de muralismo, de mexicanismo, de populismo... ni de humorismo.

Gracias a este libro, conocemos desde los años sesenta cuáles son las reglas del juego en el recinto universitario y cuántas integraciones de arte-arquitectura componen su catálogo razonado. El reino de la UCV se define por la ley de las fuerzas del espacio y por el magnetismo entre sus obras clasificadas. El que quiera desatar hoy en los muros-monumento de la UCV un anacrónico y desarraigado muralismo Juan O'Gormaniano con la incontenible feria del arte que puede seguirle, quien quiera hacer un emblema con lo que
no es, quien quiera tirar esa primera y chistosa piedra... va a tener que ir ahora a vérselas con Sibyl.








NOTAS
1. Sibyl Moholy-Nagy. Carlos Raúl Villanueva y la arquitectura de Venezuela, 1960.
2. S. Moholy-Nagy. Carlos Raúl Villanueva y la arquitectura de Venezuela, Instituto de Patrimonio Cultural y Facultad de Arquitectura, UCV, Caracas, 1999.


Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, lunes 5 de Abril de 1999.



martes, 3 de abril de 2007

Desde la cúpula del Hotel Nacional

Hotel Nacional de Cuba, La Habana. McKim, Mead & White, 1930.


Sobre una Critica de Libros de Diseño.
La última Design Book Review (32/33, Primavera-Verano 1994),
la revista crítica de publicaciones sobre arquitectura y temas afines del MIT Press,
está totalmente dedicada a la Arquitectura Latinoamericana Contemporánea.
Su editor, sin embargo, hace sombríamente el reconocimiento de ser ésta
la única publicación sobre el tema en los Estados Unidos... ¡desde 1969!

1. Otras publicaciones

Con el título “Otras Américas, Otras Arquitecturas”, MIT Press Journals logró en Design Book Review uno de sus trabajos editoriales más útiles en mucho tiempo.1 Habiendo aparecido en 1983 básicamente como un compendio de crítica de libros sobre diseño, DBR con el tiempo también empezó a hacer entrevistas y a incursionar en el ensayo teórico. Las figuras del mundo de la crítica y de la historia empezaron a desfilar por sus páginas, encantadas ante la convocatoria de ensayar de nuevo la forma de la crítica de libros. Se dieron trozos memorables, como James Ackerman criticando al “Monticello de Jefferson”; Michael Sorkin abordando el libro sobre SOM; Rayner Banham revisando la obra de Wright en “Frank Lloyd y sus clientes”; la entrevista a Herbert Muschamp (el crítico de arquitectura del New York Times) s
obre “La Necesidad de los Críticos”; Richard Ingersoll destrozando las series de televisión de Robert A.M. Stern “Orgullo del Lugar”; Juan Pablo Bonta en su “Mies como Texto”; y la mesa redonda de Colin Rowe, Rem Koolhas, Liane Lefaivre y Luis Fernández-Galiano sobre el tema del “Urbanismo Posmoderno”.

Por once años DBR ha criticado las últimas novedades editoriales
en el campo del diseño, trabajando siempre temas considerados por sus editores como los de mayor actualidad editorial en el mundo. Los últimos tres números, por ejemplo, fueron dedicados a la computación (“Computers ´R´ Us”), a la poética de la construcción y a la influencia oriental en el pensamiento arquitectónico contemporáneo. En este contexto, las “Otras Américas, Otras Arquitecturas” fueron seleccionadas como el tema de mayor actualidad de la temporada que acaba de terminar, el cual a su vez será seguido por un número sobre “La Industria y su Paradigma”.

El lamentable estado de las cosas en el campo editorial latinoamericano (publicaciones fuera de circulación, revistas espasmódicas, bajos niveles de diseño y calidades de impresión) no arredró al equipo de la revista, quien pasó, como es su costumbre, a hacer la rigurosa revisión crítica de las otras publicaciones que tendría entremanos para el nuevo número, a escoger sus entrevistados, a nombrar sus críticos.

Con la seriedad y calidad acostumbradas, DBR organizó tranquilamente un resumen crítico del cuerpo editorial de esta parte del continente, y pudo lograr su objetivo: presentar los viejos y nuevos libros, las revistas y los autores de Colombia, de México, de Argentina, de Brasil, de Chile, de Puerto Rico, de Cuba, de Venezuela, con el encanto, el atractivo y la pulcritud necesarias para ser sometidas al ojo crítico final: el del mercado editorial internacional.


2. Our Men in HavanaJohn Loomis, el editor, inicia el número describiendo cómo la cúpula del Hotel Nacional, diseñado por la firma McKim, Mead & White en La Habana en 1930, pesadamente enjaecida con su balaustrada ornamental, brilla “como una barcaza barroca” hacia el horizonte, mirando hacia los Estados Unidos, que son invisibles en la distancia. Esta invisibilidad, sin embargo, es más profunda en dirección opuesta, hacia el sur. La cultura arquitectónica de Latinoamérica es quien permanece ampliamente invisible desde el norte del Golfo de México y del Río Grande, ausente en las publicaciones de arquitectura y en la mayoría de los programas de las escuelas de arquitectura de Norte América.


Uno siempre aspira a que en el desarrollo de los eventos culturales del mundo, hayan ocurrido cosas maravillosas de las que aún no ha tenido noticia. Pero cuando leemos, de manos de estos editores que manejan las bases de datos más perfectas de la historia, que, efectivamente como temíamos, no han habido más “episodios de visibilidad global” de la arquitectura latinoamericana que el “entusiasta resumen” que Esther Born hiciera en 1937 sobre la arquitectura moderna mexicana en Architectural Record, que la lírica exposición “Brazil Builds”, qu
e organizara Philip Goodwin en el MoMA en 1942; que la otra célebre otra muestra de ese mismo museo, y su correspondiente libro de 1945, “Latin American Architecture since 1945”, de Henry Russell-Hitchcock (donde la arquitectura venezolana tuviera tan destacado lugar), que la publicación de los libros de Bullrich en 1969, y finalmente, ya en Europa, que el libro de Lierneur, y la Zodiac 8, editada por Guido Canella, uno ve amargamente frustradas sus esperanzas.

No obstante, el continente se sigue poblando y se sigue construyendo. Y se puebla tánto, que también está poblando a los Estados Unidos. La creciente masa latina hac
e cada vez más que el tema de la arquitectura latinoamericana se vaya convirtiendo en un asunto nacional para ese país. La impresionante revelación hecha en el editorial de este número de “Nueva York como la segunda ciudad puertorriqueña después de San Juan, de Miami como la segunda ciudad cubana después de La Habana y de Los Angeles como la más grande ciudad mexicana después de Ciudad de Mexico”, habla por sí sola. Es lógico que aparezca un renovado interés por la latinoamericanidad en publicaciones como DBR, y por cómo ésta es comprendida.

Los próximos Men in Havana deberán construir edificios que no miren exclusivamente hacia el norte. En la metáfora de Loomis, ahora las fachadas deberán reflejar otro tipo de intercambio cultural, y las vistas deberán dirigirse necesariamente hacia la otra dirección.

3. La arquitectura de la soledad
El mayor acierto del número es el comenzarlo con la transcripción del discurso de aceptación del Premio Nóbel de Literatura que dió Gabriel García Márquez en 1982. En él, el escritor intentó explicar la cruz de la soledad latinoamericana, y para ello, hizo una enumeración fantástica de hechos históricos latinoamericanos que, de no ser porque se sabe que son históricamente ciertos, nadie los creería. Es a esta realidad desbordada, y no a la literatura que la cuenta, a quien atribuía entonces el Gabo el Premio que la Academia Sueca le estaba concediendo.

La cita de sus palabras aclarando que “todas las criaturas de esa realidad desbocada han tenido que pedirle poco a la imaginación, y que su problema crucial ha
sido la falta de medios para hacer que sus vidas sean creíbles”, fue el preámbulo más inteligente y ajustado para la presentación de los artículos en las circunstancias actuales. Cuanto pueda haber de grave, de terrible, cuanto de pobre en estas publicaciones sobre diseño, aparece ahora sublimado editorialmente por ser publicado en el “reino de la quimera”. El sutil efecto se siente. Y si no es exactamente cierto, al menos, como tesis editorial, es altamente atractiva.

Los autores que analizan esta “arquitectura de la soleda
d”, entre viejos conocidos y nuevos nombres, por su parte, se presentan impecables. El ojo recorre con suavidad las páginas que hacen la crítica de los libros que ya conocíamos. Un inevitable sabor surrealista también recorre las páginas. Digamos que es el auténtico realismo-mágico que invade a los autores (y a nosotros sus lectores), mientras presentan conscientemente la vieja realidad editorial con la magia de los medios del MIT Press Journals. De común acuerdo, por una decisión editorial (que yo aplaudo) la bibliografía latinoamericana ya no está más en eterna crisis, sino que vive un “repunte considerable”.

Lo real se convierte en maravilloso cuando las fotos en blanco y negro del Centro Cultural Quimbaya y de las Torres del Parque de Salmona son seleccionadas con este otro destino por Ricardo Castro; cuando las consideraciones sociológicas de las sociedades latinoamericanas se explican por una cita de Descartes impresa en cursiva (“Arretez-vous encore un peu à considerer ce chaos”); cuando vemos impresa como delicada viñeta en una pulgada cuadrada los plafones de Calder para el Aula Magna; cuando reencontramos a Susana To
rre, pero hablando de identidad cultural; cuando Ramón Gutiérrez presenta el artículo “Las Revistas Arquitectónicas y los Medios del Discurso” ilustrándolo, por ejemplo, con una foto de una de las mejores carátulas de la revista Punto (del número 18, cortesía de la UC Berkeley Environmental Design Library), a la que presenta como una sólida empresa que mezclaba la información con la crítica..

Todo está inundado de optimismos. El camino de la modernidad en Latinoamérica es sinuoso para Roberto Segre; Marina Waisman, traducida por Richard Ingersoll, preconiza que un mundo de ideas está empezando a hervir en esta “otra” América; Jorge Ramos logra hacer en ocho cuartillas la crítica a trece monografías de arquitectos conte
mporáneos latinoamericanos; Saskia Sassen deja por un momento su estudio en Columbia para evaluar el impacto de la globalización en las ciudades latinoamericanas; la preservación histórica de Cuba y Latinoamérica es analizada sin apasionamientos por Coyula y Lapidus; y, para no enumerar todo el número, finalmente, el propio editor John Loomis es el maestro de ceremonias del único autor de más de cuarenta libros en el área, Graziano Gasparini, a quien entrevista y traduce personalmente, para adelantar noticias de su próximo libro sobre la arquitectura de las Islas Canarias.

Pero de todo el esfuerzo hecho por la revista en su tarea de nivelación cultural, su final es lo más efectivo; cuando, luego de revisar brevemente cuarenta libros de todo el continente con una bibliografía crítica, el número culmina entre los usuales av
isos publicitarios de las grandes casas editoriales, las librerías y las mejores publicaciones del mundo: Rizzoli International Publications, Urban Center Books, Assemblage... La arquitectura de la soledad empieza a tener compañía.

Hotel Nacional de Cuba (f. Vieja Cuba Blog).



NOTAS:
1. John Loomis, editor. "Otras Américas, Otras Arquitecturas", Design Book Review, 32/33, MIT Press Journals, Primavera-Verano, 1994.





Publciado en: Arquitectura, El Diario de Caracas, Caracas, domingo 25 de Septiembre de 1994.

viernes, 2 de marzo de 2007

L´Ennui




“…bastaba mirar cualquier objeto mucho rato,
para que se volviera interesante”.
Eugenio D’Ors. 1

I. Desde la chaise-longue
Inerte sobre un antiguo sillón de reposo frente a la Plaza Bolívar desértica y caldeada del apartado pueblo de Obispos, sombreada por las frondas de los samanes y de las palmeras, una mujer se abanicaba lentamente. Sus pensamientos iban y venían entre la próxima celebración en la capital de un nuevo capítulo de los Seminarios de Arquitectura Latinoamericana y las impresiones que le llegaban desde la plaza. Estas divagaciones no hacían sino hundirla aún más en el ensimismamiento enorme que durante toda la tarde había mantenido en la contemplación de ese paraje casi solitario.

“¡Oh, no: otro SAL!”, pensó para sus adentros. Un súbito sentimiento de incomodidad le hizo tornar el cuerpo hacia otra postura. Crujió el mimbre debajo suyo, interrumpiendo el silencio. Al cambiar de posición, podía contemplar un nuevo ángulo estático del pueblo. El calor producido por el esfuerzo aumentó su deliciosa somnolencia…

II. “Se dice pronto una pared blanca”
San Nicolás de Miras de Obispos es otra legendaria cuadrícula venezolana, construida en las frescas riberas de un río, esta vez sobre una llanura del piedemonte. Barrida por las guerras, ya no importan cuántas ni cuáles, incendiada, devastada, tiene la peculiaridad de que no conserva ningún edificio de más de veinte años, con la única y pasmosa excepción de la colosal iglesia colonial que encalla pesadamente como una magna nave al este de la plaza.2

Parece una metáfora del país arquitectónico. Una cohorte de casuchas se dan de la mano alrededor del vacío central del pueblo, haciendo parecer cuanto más solemne, más solitaria y más heroica la presencia erguida de la iglesia-buque. Nadie sabe porqué nunca volvió a construirse en el pueblo noble arquitectura semejante…

Absorta en esa visión asombrosa, la mujer siguió largo rato. Intentó dibujarla, pero se le escaparon sus proporciones. Al tiempo, la dulzura de la tarde y el abandono de la arquitectura contempladas laxamente desde la chaise-longue, le trajeron de nuevo la memoria del inminente coloquio. “Debería irme a Caracas”, suspiró. “No es justo que porque no me entusiasme el enfoque de los SAL sobre la arquitectura latinoamericana prefiera descortésmente quedarme aquí admirando esta iglesia… Mmm, pero cómo puede sacársele punta a estas paredes blancas. Qué colosales los contrafuertes laterales de la nave cuando le dan vuelta a las esquinas. Los quisieron hacer tan ricos volumétricamente, que su peso con los siglos ha hundido el cuerpo entero en la acera del frente. ¡Polvorienta iglesia de Obispos! Rica y pobre a la vez. Tan pobre es que, adentro, las velas las ponen en el suelo, y los bancos para los feligreses alcanzan sólo hasta la mitad. Como único mantenimiento, una viejita le pasa la escoba todos los días. ¡Doble austeridad de nuestra arquitectura!”

III. “Proscribo, que la única medida para su salvación, sea el tedio”
“Si los SAL, en vez de ocupar tanto trabajo en dilucidar los problemas de la herencia y de la identidad, siempre tan atosigados por la demografía, por la economía y por la política, perennemente afanados en develar los intríngulis de la modernidad vernácula, eternamente disecando las influencias de Le Corbusier hasta la saciedad, perdieran un poco su tiempo experto en este ejemplo de la arquitectura latinoamericana, minúsculo, perdido, abandonado, poético y prácticamente virgen, o en los miles que como él llenan todo el continente, ¿Qué mejor regionalismo crítico? ¿Qué mejor vanguardia?”

Y continuaba: “Gris, gris, gris es la imagen que emerge de la Arquitectura Latinoamericana presentada desde siempre en los SAL, y, no sólo la de ahí, sino la que se presenta por doquier. Una arquitectura que aunque magnífica, aburre; unas ciudades que, aunque gloriosas, fastidian; unos problemas que, aunque estimulantes, auyentan; unas personalidades que, aunque creativas, se anulan las unas a las otras”. La mujer, cambiando de pluma, reinició otro estudio de la portada-camapanario. “Me temo que habría que prescribirles como antídoto 'ni un movimiento, ni un pensamiento más', y que se detuviesen un poco aquí en Obispos”.

IV. El Colón de las Américas del Tedio
“¿Porqué tiene que aburrir Latinoamérica? ¿Porqué los libros que la presentan son tan feos, tan desanimados, porqué los congresos tan contaminados y cargados de complejos, porqué el intercambio está tan minado por el deber, y no puede ser luminoso, enamorado, libre, en todo sentido? ¿Porqué la falta de orgullo? No, sin duda, porque nuestros intelectuales de la arquitectura no estén capacitados y up to date. Si no, revísese por favor del año 88 el memorable número "América Sur", cuando la revista española Arquitectura & Vivienda los convocó a todos para hacer un especial de América Latina.3 Entonces aparecieron éstos, nuestros mismos señores de los discursos grises en el SAL, vestidos de luces, en brillantes tuxedos à la Versace, esgrimiendo un black tie impecable, pirotécnico y plenario, para desfilar en la plataforma internacional como se debe. Recuerdo los nombres de algunos de los artículos: "Laberintos intemporales"; "Formas flotantes, espacios fluidos"; "Paradojas de la utopía"; "Entre el espacio y el tiempo"; "Manzanas con frontón"; "La colina de las vistas" (título, además, formulado primero en inglés: A Hill with A View); "El bloque oblícuo"; "Superficies con carácter"; "Fragmentos de una ciudad en altura"; "Combinaciones de cuadrados." ¿Arquitectura de la Provence? ¿De Los Angeles? ¿De Madrid? ¡Qué América Latina tan distinta! ¡Qué crítica tan feliz y colorida, pero tan interesante y severa a la vez! Y Fernández-Galiano, triunfante, ¡como un Colón de las nuevas Américas del Tedio!

La mujer sobre la chaise-longue se enderezó. Dudó de su escepticismo, Había resuelto, finalmente, irse al SAL. “Como Eugenio D’Ors decía”, recordó, 'la gracia está en la limitación de las posibilidades y en la penuria'. Quizás nuestra gracia esté verdaderamente en nuestras limitaciones. Mejor me voy a hablarles sobre Obispos…”



La Iglesia de Obispos.




NOTAS
1. Eugenio D’Ors. Oceanografía del Tedio (1916), Jardín Botánico I, Cuadernos marginales. Tusquets Editores S.A. Barcelona, 1981.
2. Graziano Gasparini. Templos Coloniales de Venezuela, Obispos, Edo. Barinas, Ernesto Armitano, Editor, Caracas, 1976, pp. 211-213.
3. América Sur, Monografías de Arquitectura &amp, Vivienda, 13, Madrid, 1988.


Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, lunes 26 de Abril de 1993.