domingo, 4 de marzo de 2007

Blandín (diálogo sobre las ruinas)

Villa Blandín, Caracas Country Club. Caracas, 1930s. Demolida (f. Archivo Fundación de la Memoria Urbana).



“Dios bendiga el precioso tiempo vivido en La Alhambra,
La noche transcurrió y tú desapareciste, preparada para la cita”.
Ibn `Idhari al-Marrakushi.1


In memoriam, Rafael Diaz Casanova.

El cr
ítico. (Sentado sobre lo que parecen los restos en un capitel partido, frente a lo que era en el jardín frontal de la antigua quinta Blandin, sobre los campos de golf del Caracas Country Club). Se estaba bien aquí.

El arquitecto. (Prácticamente sin voltear, la mirada fija
en el Ávila). ¿Qué dice usted, mi querido amigo?

El crítico. Sopla la brisa desde los campos... ¿Es así todo el año? Debe saberlo mejor que nadie. Siendo el arquitecto, apuesto a que hasta tuvo la oportunidad de escoger la parcela. ¿Me equivoco?

El arquitecto. (Se sonríe). Hace ochenta y cuatro años, cuando todavía no se había poblado la urbanización, ya la avenida principal era la avenida principal. No. Yo hubiera preferido un terreno más profundo, en el cual habría quedado la casa mucho más al fondo del jardín.

El crítico. ¿Y por qué?

El arquitecto. Me unía a mi cliente el gusto por lo Mozárabe; él por estar enamorado de La Alhambra; yo, claro está, por los jardines. ¿No recuerda usted que entre las particularidades más dominantes de la arquitectura nazarí está la profundidad de las perspectivas axiales? Tómese el Patio de los Arrayanes, por ejemplo, situado delante del Pórtico de la Sala de La barca (impar como el de la quinta Blandín), o si lo desea el Patio de la Acequia en el Generalife. Ambos son jardines alargados, de arriates profundos, pabellones simétricos y jardines y fuentes. De allí que la llamen “Arquitectura de la Recepción”. 

El crítico. ¿Recepción? ¡Recepciones las que se dieron dar aquí! Ahora me doy cuenta de que por ellas usted mudó la entrada principal de la casa desde el natural eje central hacia un costado: para recibir en un espacio digno a quien arribaba en automóvil. Lo cual la desmerecía un poco, si me permite hacerle una crítica. A los recintos de dicha arquitectura de la recepción les va mejor una axialidad clarísima, surcando de lado a lado los espacios.

El arquitecto. (Volviéndose hacia el crítico por primera vez en largo rato). ¿Sabe qué palabras están inscritas en el decorado de mosaicos la Torre de la Cautiva, en La Alhambra? “En el nombre de Dios, el misericordioso y el compasivo. El es Dios, el Unico, de un extremo a otro.”
  

El crítico. ¿Celebraba usted también aquí a Alá, de un eje al otro?

El arquitecto. Y yo le contesto con otra pregunta: ¿Llegó Blandín a ser nazarí?

El crítico. No exageremos. Usted era un arquitecto del siglo veinte. Más bien digamos que lo único que era mozárabe era el tema. La casa en 1933 apareció hecha con el tradicional ladrillo, pero con estructura y machones de concreto. Época de transiciones... ¿Me explicaría lo de la caña brava en los techos?

El arquitecto. ¡Oh! No tenía importancia. Aumentaba un poco la resistencia de la cubierta, dése cuenta de que eran techos muy grandes... 

El crítico. Es usted incorregible. Hablemos en serio. ¿No se hizo entonces esta casa para siempre? ¿No había en la planta algo que indicase cómo podía crecer, o adaptarse para el futuro? Con una arquitectura tan clara se hubieran podido añadir cuerpos nuevos, sin desmerecer su espíritu. Imagínese: recrear grandiosamente el sueño de los propietarios, hacer una ciudadela plana, con Alcazaba, Plaza de los Algibes, alamedas, huertas y más patios y jardines... Ah, la Caracas Neohispana!

El arquitecto. ...y Torre de las Damas, y Peinador de la Reina y Palacio del Portal. ¡Bravo! Podría usted sucederme como arquitecto! ¡Si supiera cuanto me divertí reinterpretando los capiteles del Patio de Los Leones...!

El crítico. No vale la pena, y, después de todo, ya hace demasiado tiempo que la han demolido. Los fragmentos de esos capiteles los conserva una excéntrica de la competencia. Hannia Gómez, la recuerda…?

El arquitecto. “Dales limosna, mujer, / que en la vida no se ha visto nada /como la pena de ser ciego / en Granada”. (Eso reza otra inscripción, esta vez sobre la Puerta de la Justicia).
 

El crítico. ¿Porqué han de desaparecer las piezas más hermosas de nuestra arquitectura? “Si la obra de un arquitecto es fácil de comprender, huelga toda explicación…”

El arquitecto. (Recogiendo un mosaico roto entre el césped) “...Y si su obra es incomprensible, toda explicación es perjudicial”.

El crítico. ¿Parafrasea a Oscar Wilde, usted también?

El arquitecto. Sí, aunque parafraseo mejor a Yusuf I y a Muhammad III, los sultanes que más contribuyeron a la construcción de la Alhambra. (Y, volviéndose hacia la bandeja). ¿Quiere un poco más de café? Es muy agradable de tomar cuando se ha decidido no dar la batalla. Eso también lo sabían los árabes, fíjese usted que coincidencia...

El crítico. (Tomando una taza del servicio de café de la mesita y tendiéndola hacia el arquitecto). Sin azúcar, por favor. ¿Tomaban los árabes café esperando su lóbrego destino?

El arquitecto. Y vino, desde la alberca. Si no, no hubieran sido capaces de poder resistir el desplome de todo su reino. No, mi buen amigo. “Toda música cesa”, dijo Boabdil, último sultán de la Granada nazarí.

El crítico. No estoy completamente seguro de ello. ¡Diablos! ¿Porqué el Country Club en 1931 no compraron Blandín al menos  al menos para Cafetería del Green 7?


Villa Blandín, Caracas Country Club. Caracas, 1930s. Demolida (f. Archivo Fundación de la Memoria Urbana).



NOTAS
1. Ibn `Idhari al-Marrakushi. Kitab al-bayán al-muhgrib (Libro de la Increible Historia de los Reyes de al-Andalus y Mahgreb), II, 58-60, Marruecos, 1312.



Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, Agosto 30, 1993 y Pluscuamperfecto, Entresocios, Caracas, Mayo, 2017.



2 comentarios:

  1. "Blandín" que yo suponía de los años 30,según un trabajo sobre Guinand Sandoz era del año 1942.
    Una hija de Carlos Rodríguez Landaeta y Mercedes Eraso a quien llamaban "La Nena" estaba casada con un hijo de Carlos Guinand y quien fue el arquitecto de otro ícono desaparecido: el Edificio Galipán al que los Cohen llamaron vejestorio inservible.
    La bella e inolvidable quinta Blandín ciertamente los descendientes Rodríguez Eraso no supieron sino convertirla en un montón de escombros, recuerdo muchas cosas de ella, su bello e increible mural sevillano en la entrada y su muy luminoso patio que en vida de Don Carlos Rodríguez Landaeta (1891-1977) era adornado por su fiel esposa de toda la vida Mercedes Eraso (1895-1986) -una de las donantes de la Quinta de Anauco-, con miles de bellas plantas floridas de multicolores orquídeas.
    Hoy no queda sino el recuerdo en un maltrecho terreno con las ruidas de "Blandincito" la cochera de Blandín que se hallaba en la parte trasera de la recordada y parte de la sinuosa pared hacia la Av. Ppal. del Country Club.
    Por cierto que Blandín se hallaba en lo que Carlos Rodríguez Landaeta denominó "Parcelamiento Blandín" donde todavía queda la Qta. Popín de finales de los 40 y la casa -curiosa por cierto- donde vivió Carlos Eduardo Guinand y Mercedes "La Nena" Rodríguez Eraso.-

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  2. Apreciado Anonimo:

    Gracias por su comentario y disculpe la tardanza en responderle. No podemos sino agradecerle los nuevos datos sobre todas estas maravillosas historias de nuestra ciudad. Somos admiradores de todos los personajes por usted mencionados, en especial del maestro Carlos Guinand Sandoz. Guardamos en el Museo de la Ciudad de Fundamemoria dos fragmentos de los capiteles del patio de Blandin, recogidos entre las ruinas cuando escribimos este texto.
    Un saludo cordial,

    Hannia

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