sábado, 31 de marzo de 2007

Rogelio, huésped de la casa

Casa de los Huéspedes Ilustres de Colombia, Cartagena. Rogelio Salmona (1986) (f. pedromartínezosorio.wordpress.com/)


Invitado para la IV Conferencia Internacional sobre la
Conservación de Centros Históricos y Patrimonio Edificado Iberoamericano.

Como Saint-Exúpery, el maestro colombiano trajo a nuestra casa la beatitud de quien, desde el promontorio, ha dominado en calma las extensiones plenas de silencio de la arquitectura...
El taller que coordinó en la Facultad de Arquitectura de la UCV durante tres días (1994)
para insertar una nueva edificación en el campus de Villanueva, se nutrió de estas vastas provisiones de horizonte. Por Salmona, nuestra casa también
se transforma de que existan en Colombia la llanura al alba y el mar.



I. Guardián del Santuario


Los templos, asilos construidos de lo sagrado y lo inviolable, contienen en la intimidad de su estructura un área aœn más protegida, llamada el Sancta del templo. Esa voz, que nombra al recinto consagrado donde se esconde, se g
uarda, se entierra y se protege el tesoro máximo, al mismo tiempo que santifica y sanciona, promete y prohibe, dió origen a la palabra santuario.

En América, la naturaleza, la ciudad y la arquitectura se han relacionado íntimamente desde sus lejanos orígenes precolombinos. Uno es el reflejo del otro, y viceversa. La gran mayoría de los nichos culturales indígenas están tan unidos a su medio ambiente
, que el recinto natural es prácticamente el mismo que el cultural. Asimismo, la ciudad y la arquitectura americanas tradicionalmente aspiraban a integrar a ellas el paisaje circundante. El santuario que se decreta para consagrar a Uxmal, por ejemplo, debe proteger también la selva que lo rodea. No se pueden cambiar las condiciones paisajísticas, aún en la lejanía, del valle de Tenochtitlán, sin afectar a la ciudad que descansa en sus seno... así como nunca podrá haber Monte Albán sin la sierra.

El bioma naturaleza/ciudad/arquitectura son el sancta sanctorum del templo cultural americano. Reconocer esta peculiaridad de habitar el territorio, hace de todo amante de la arquitectura de América un activista ecológico, convierte a todo luchador urbano en este continente en un Guardián del Santuario. Eso es lo que le ocurre a Rogelio Salmona.

II. Un libro para leer el paisaje

Cuando Salmona inicia el discurso para hablar de su arquitectura, comienza por la arquitectura de los centros ceremoniales de América. Es esta primero, quien, referida al paisaje, le marca el camino. Cuando el espacio creado no es, como en otras partes, el resultante entre los edificios, sino una creación en sí misma que supedita a cada elemento del conjunto. Una creación que a su vez obedece al paisaje. Como en aquellos conjuntos magníficos, sus obras son muchas cosas, son ciudades, son plazas, son patios, son monumentos. Es por ello, que cuando nos habla de sus edificios no nos habla meramente de sus edificios: nos habla de la arquitectura.

La monografía que Germán Téllez publicó de su obra completa en 1991, la subtituló, precisamente Arquitectura y poética del lugar.1 Para Salmona, cada lugar es único, y por ende, cada proyecto también, e indisoluble de su lugar. La arquitectura surge para leer este paisaje, como un libro, como un plano, como un manual en el cual están escritas todas sus claves, todos sus indicios, todas sus rutas, todos sus mensajes. La arquitectura, (y de nuevo, no el edificio), aparece como un fragmento escenográfico en cada contexto particular. Un fragmento, porque cada edificio sugiere ser solo una parte de otro mayor e inagotable, que se va construyendo junto a los ríos, frente al Caribe, en los valles y las mesetas de Colombia. Un fragmento, también, de una citadelle imaginada por Salmona, infinita e invitante.

Entre sus proyectos actuales, un conjunto residencial que se está construyendo en la localidad de Cota, junto al río Bogotá, se convierte tanto en el cuidadoso lector del paisaje como en su libro construido. El sinuoso jarrillón del río, un largo montículo mitad natural, mitad artificial, que serpea junto al agua, va siendo acompañado de manera ascendente por la arquitectura, evocando sus meandros, respetando sus alturas. Esta, hecha de patios encadenados, sólo se abre para dejar ver los elementos de relevancia en el contexto. Una capilla distante con
valor arquitectónico, el perfil de una montaña, una vista del río. Las leyes de esta arquitectura son primordiales y claramente legibles. Todos sus caminos inteligentes, todos sus caminos emocionales, conducen al paisaje. El ascenso concluye finalmente en los techos del conjunto, por los cuales (transitando como por las murallas de Cartagena) se contempla el paisaje como desde sí mismo.

III. El sesgo arquitectónico

Pero si Salmona comienza para hablar de su arquitectura por los centros ceremoniales de la América precolombina, para continuar lo hace por la ciudad colonial. La ciudad colonial, con su retícula. Con sus plazas y sus patios, y plazas como patios y patios como plazas. Y con las dos condiciones singulares de su trama reticular: 1. el sosiego, la tranquilidad y la calma de la repetición de las cuadras, y 2. la oblicuidad.

Dicen que no es sino hasta el siglo XVI que aparece la palabra oblícuo, quizás porque fue un recurso favorito de la arquitectura y del urbanismo y de todas las artes del barroco. Un sesgo es “el malabarismo al que se recurre para cortar o resolver una situación dudosa”. Es también el camino que se hace cuando se corta diagonalmente una cuadra o una plaza en el damero colonial. Quizás porque los ríos de corriente sosegada se apartan de la línea recta... formando sesgos, el espacio en las ciudades de trama sosegada también aspira a apartarse de la c
alma, produciendo sesgaduras, buscando la tensión en lo oblícuo y en el divertimento de la diagonal.

Cuenta Salmona cómo ha observado en las plazas de América Latina “la importancia del sesgo”. La gente prefiere moverse oblicuamente en las plazas, gusta de descubrir (y favorece que se produzcan) eventos urbanos y arquitectónicos de esquina a esquina. La ciudad colonial se manifiesta sorprendente en la diagonal, y ésta se convierte en uno de los mayores recursos de la retícula. Por ello, vemos a las calmadas plantas cuadriculares del Centro Gitán, de la Casa en Tenjo, del Museo Quimbaya, y de la sede del Archivo Nacional en Bogotá, surcadas de sesgaduras.

IV. Movimientos sobre la muralla: de la Casa de los Huéspedes a la Casa del Gabo

A Salmona en esta visita lo vemos satisfecho. Es un hombre que ha arribado a la plenitud de su lenguaje arquitectónico. Pero, aún contento de lo que ha logrado, cada proyecto sigue siendo la oportunidad para comprobar el efecto de los nuevos recursos que ha ido recopilando en la arquitectura de todo el mundo. Nada está negado, pero asimismo, ahora todo ha de adaptarse, tasarse, transformarse, construirse dentro del personal ámbito arquitectónico que él mismo ha creado.

Un ámbito arquitectónico cuyo epítome el mundo reconoce en su precioso proyecto, recientemente ampliado por él mismo, para la Casa de los Huéspedes Ilustres de Colombia en la bahía de Cartagena de Indias. Un proyecto escindido entre los anhelos permanentes de Salmona por atrapar atmósferas con la arquitectura y por anidar miméticamente en el paisaje, esta vez los recintos amurallados de la ciudad. Una y otra cosa están presentes en la casa: atrapar el sol, o la calma, o bien la lluvia y hasta la misma humedad; patios de llegada, del caucho, de las buganvilias, del roble morado, capturan el espectáculo de lo inefable; lanz
arse al paisaje, buscar las vistas, intentar traer el cielo, dispararse hacia el exterior buscando la presencia de la bahía, y luego del mar; muros de piedra de coral, de la piedra de la muralla, enlazan visualmente en la distancia a la casa con la ciudad desde su espectacular enclave de San Juan de Manzanillo.

La planta geométrica y orgánica de la Casa de Huéspedes, su misma variedad de niveles, su conjunto murario particular, las bóvedas de ladrillo, las pérgolas de madera, las rampas, y los corredores aspiran a ser recorridos, rondados. Es una arquitectura q
ue facilita la escalada de sus techos, que logremos alzanzarlos para movernos sobre ellos como sobre la muralla de Cartagena. Y son estas características, las que se van a enlazar con la más reciente obra de Rogelio Salmona: la casa, también en Cartagena, para Gabriel García Márquez.

Entre la Casa de los Huéspedes y la Casa del Gabo hay más que un nexo. Luego de una accidentada búsqueda (muy literaria) de un terreno frente al mar, perseguido a dúo por el escritor y su arquitecto (historia cuyos detalles no vamos a adelantar porque el mismo Gabo quiere narrarlos en un futuro cuento), se logra el sitio, sobre las bases de una imprenta en ruinas.

La casa tendrá cinco patios, y como su pariente cercana, también en
ellos querrá atrapar cielo, ciudad, vegetación y mar. La planta con patio mayor al centro, se recorrerá en ascenso desde el nivel de la calle (de la ciudad) por un circuito de rampas y escaleras bajo bóvedas de ladrillo que van pasando por todas las estancias de la casa hasta llegar arriba, donde finalmente se descubre la bahía. La vista es sorpresiva, y allí donde el arquitecto dispuso que estuviera el estudio del escritor. Su escritorio es el final de la promenade arquitectónica, o el comienzo. Literalmente montado sobre la muralla, García Marquez, gracias a Salmona, muy pronto se convertirá en el nuevo centinela de Cartagena de Indias.


Casa de los Huéspedes Ilustres de Colombia, Cartagena. Rogelio Salmona (1986).


NOTAS:
1. Téllez, Germán. Rogelio Salmona, Arquitectura y poética del lugar. Bogotá, 1991.

Publicado en: Arquitectura, El Diario de Caracas. Caracas, domingo 17 de Julio de 1994.

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