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domingo, 22 de septiembre de 2019

Promenades


1."Cuadros en una exposición". ktor Hartmann, 1873.


Ad Perpetuam Rei Memoriam. 1

I. Libros en una exposición
En 1874, el compositor de San Petersburgo Modesto Mussorgsky compuso una suite de piezas para piano inspirada en la exposición póstuma de pintura de un amigo, el artista y arquitecto Víktor Hartmann (1834-1873). La tituló "Cuadros en una exposición". En su homenaje, Mussorgsky quiso "dibujar en música" los cuadros expuestos, muchos de los cuales eran arquitecturas y lugares de ciudades, como "El viejo castillo", una alameda de las "Tullerías", o "La Gran Puerta de Kiev": el proyecto de Hartmann en estilo ruso antiguo de un monumento al zar Alexander II. Entre pieza y pieza de la suite, como entre pintura y pintura de la exposición, se evocan los pasos de los visitantes, en interludios que muy apropiadamente Mussorgsky tituló "Promenade".

Caminando por la exposición CCS del artista Javier León, el visitante en su promenade también se encuentra con un homenaje póstumo, esta vez a una ciudad que para algunos ya no será nunca más… y para otros está a punto de renacer. Ahora los "cuadros" son ciento cincuenta libros de la historia arquitectónica y urbana caraqueña -entre otros temas-, alineados cronológicamente… y cuidadosamente cerrados.

Lo primero que consigue CCS es dejarnos en shock. Al no más entrar a la sala, el visitante se encuentra inesperadamente paralizado por el asombro; quedamos de una pieza, mientras contemplamos cómo se extiende de manera aparentemente infinita, como un Ávila extendido, la larga cordillera de libros que solo en nuestros sueños habíamos logrado reunir… Lo mejor de todo, es que secretamente también sabemos que l o que aflora ante la vista es sólo la punta de un iceberg… de ese iceberg cristalino y semi sepultado por el olvido que es la monumental historia visual y escrita de Santiago de León de Caracas.



2. El perfil de la montaña (f. Frank Alcock, 2019).


II. El perfil de la montaña
Haciendo un corte longitudinal de la dilatada montaña de libros, podemos trazar su perfil bibliográfico. La hilera de obras que recorre el espacio de la sala, permite leer en ella de manera gráfica la naturaleza de la historiografía de la capital, particularmente la arquitectónica y urbana. Así como, de alguna manera, permite leer también la historia del país en los últimos cien años.

El largo desfile, organizado cronológicamente, arranca en 1924 para detenerse en 2017. Alineados hombro a hombro sobre una línea horizontal, las carátulas van marcando a su paso no solo la personalidad de las diez décadas a lo largo de las cuales se desarrollan, sino también la evolución del gusto, los cambios en la temática, el auge y caída de las bonanzas, las crisis económicas, la densidad de los contenidos, el auge de lo visual, el regreso temporal a los textos de estudio y análisis, el debate urbano, la moda, las preferencias por ciertos formatos, la historia del diseño gráfico, los altibajos y epopeyas de los autores y en fin, la vida, pasión y muerte de las editoriales.

Yendo desde la primera publicación, la línea del perfil de la montaña de libros sube suavemente por los cantos de los libros de los años veinte, treinta, cuarenta y cincuenta como quien remonta el piedemonte de una cordillera, hasta llegar de manera muy visible al salto de escala que trajo consigo la celebración del Cuatricentenario de Caracas en 1967, para luego volver a descender a la depresión editorial que marca el momento actual. El hito lo marca el gigante de la biblioteca lineal: Caracas a través de su arquitectura, de Graziano Gasparini y Juan Pedro Posani, Fundación Fina Gómez, de 1969, especie de Pico Naiguatá de los libros de Caracas.



3. El origen de las especies (f. CENTRO de la Ciudad, 2019).


III. El origen de las especies
Debemos volver a abrir los libros que ha inspirado esta ciudad para saber qué cosas tienen para decirnos hoy en día. En particular, sobre sus variedades tipológicas y el origen de sus especies.

Desde los inmaculados libros blancos de los primeros años, de tipografías antiguas, tapas blandas y pasión heráldica, pensados para ser leídos con delicadeza, tan parecidos a los de las bibliotecas en los palacios del Renacimiento, como Historia de la Casa de Bolívar, de Vicente Lecuna y Julio Planchart, impreso por la Litografía del Comercio en 1924.
A los libros de costumbres de mediados del siglo, testimonio del amor de su época por las anécdotas urbanas -y los cuentos de personajes-, bellamente ilustrados y llenos de estampas, reminiscencias y escenas de la vieja Caracas, como La Ciudad de los Techos Rojos: calles y esquinas de Caracas, de Enrique Bernardo Núñez, impreso por la Tipografía Vargas en 1947.

Y, un paso más allá, a los libros llenos de pasión tipográfica y énfasis en el diseño geométrico moderno de los cincuenta y sesenta. Libros que son la expresión clarísima de lo que pasaba en Caracas en esa época, cuando la ciudad entera se contagió de la integración de las artes de la Ciudad Universitaria, y el arte entró en nuestra ciudad. Así también el arte también quiso entrar en los libros.  Con Caracas a través de su arquitectura, de Gasparini y Posani, de 1969, y con otra obra monumental muy importante, Los Planos de Caracas, de Irma Lovera de Sola, de 1967, editado en el formato apaisado de las cartas geográficas, las editoriales inauguran las


4. "Devant les Watteaus au Louvre". Paul Cesar Helleu, 1894 (f. The Bristish Museum).


grandes dimensiones y se preparan para el lujo de las décadas siguientes. Lujo que tiene muchas maneras de expresarse: desde el furor de los fotolibros artísticos en los setenta y ochenta, hasta los grandes formatos explotando todas las posibilidades del lujo editorial de los noventa. Son los años en que los libros apuntan al gran tamaño y la fotografía a color. Coffe Table Books. Y muchas veces, sólo a eso. . Salvo honrosas excepciones, como los dos maravillosos libros de Carlos F. Duarte y Graziano Gasparini, Historia de la Catedral de Caracas e Historia de la Iglesia y Convento de San Francisco de Caracas, de Ediciones Armitano, 1989 y Editorial Arte, 1991. Paradójicamente, los libros que analizan propiamente la ciudad son los menos cuantiosos, y cuando se publican, carecen de todo lujo.

Finalmente, con el cambio de siglo, asistimos al gradual empobrecimiento de las tipologías, que redunda en la merma en tiraje, medios y formatos, expresión de la crisis de estos últimos veinte años, salvo contadas excepciones de muy reciente data, donde el ingenio produjo pequeñas joyas en diseño y contenido.

Lo cierto es que lo que más salta a la vista es que, editorialmente, la ciudad reiteradamente se ha acercado y se ha alejado de sí misma muchas veces, unas prestándose al análisis y las más, resistiéndose a éste. En este sentido, Caracas no ha logrado ser hasta ahora una ciudad lineal.




5. Our Architects en Caracas: arquitectura norteamericana en Caracas 1925-1975, Docomomo Venezuela. La Galaxia, 2017 (f. Docomomo Venezuela).


IV. Algunos ausentes
Los libros que vamos a ver en esta breve selección forman justamente parte de ese gran iceberg sumergido bajo las aguas que mencionábamos al principio, conformado por el resto de la producción editorial sobre Caracas (donde habría que incluir, por supuesto, los libros digitales).

Los libros dedicados a la ciudad se multiplicaron con el paso de los años como las ramas de un gran árbol. Cada generación aportó sus nuevas necesidades, sus propias búsquedas y nuevos temas. Tantos son los nuevos temas, que casi se podría decir que la mayoría de las veces los caminos editoriales llevan a la producción de una sola obra singular en cada renglón.

Todos sabemos que este árbol podría ser muchísimo más frondoso, y ésta es la razón central de que en la fundación CENTRO de la Ciudad hemos aprovechado la oportunidad que nos ofrece esta exposición para señalarlo. Si, contrariamente a lo que hemos visto el siglo pasado en la producción de libros sobre Caracas, la industria editorial se organizara de una vez por todas con fondos editoriales para poder darle oportunidad y continuidad a las iniciativas en todos los temas, otro gallo cantaría.

Desde los libros de jardines a las cartografías de los barrios, desde las guías de Caracas hasta las monografías de arquitectura, desde los estudios urbanos sobre la ciudad contemporánea hasta los registros de patrimonio hasta toda la nueva producción literaria que de nuevo tiene como escenario la ciudad, muestran la riqueza de la temática. Los libros, producidos con tanta dificultad, podrían multiplicarse y diversificarse saludablemente, apuntando hacia esa meta final que es llevar las historias aún por contar de nuestra amada ciudad a todos los rincones y mercados del mundo 




6. Patio central Art Déco del antiguo Palacio de Agricultura, 1938 (f. Rafael Alfredo Márquez Gil, 2015 - Docomomo Venezuela).


VI. Sala de Caracas
En la Esquina del Conde, en el piano nobile -es decir, en el primer piso-, del antiguo Palacio de Agricultura, luego Ministerio de Educación y hoy Biblioteca Municipal Simón Rodríguez, un edificio en exquisita arquitectura Art Déco diseñado entre 1934 y 1938 por el ingeniero Guillermo A. Salas, con esculturas y bajorrelieves del escultor Lorenzo González y vitrales del artista Eduardo Borges Gala, en un espacio de medianas dimensiones que da hacia la calle, existió por mucho tiempo y hasta hace pocos años una biblioteca especializada en la ciudad de Caracas.

Se llamaba la Sala de Caracas. Era una de las siete salones originales de la biblioteca. Se entraba a ella tras empujar una puerta de pesadas hojas de madera talladas, cuyo tema principal son los libros. De altos techos y verticales ventanales, la sala era muy clara, a pesar de estar poblada de muchos anaqueles repletos.

Quien tuvo la suerte de visitarla, seguramente recuerda la riqueza ecuménica de su contenido, la proliferación de publicaciones capitales, la colección de incunables, las curiosidades y los folletos raros de todas las épocas. También la diversidad de los temas, desde la arquitectura hasta la ciudad, desde la poesía hasta la botánica, desde la política hasta la historia. Asombrada ver que todo aquella vasta colección de obras versaba solamente sobre un único tema: Caracas. Era sin duda el tesoro mejor guardado de la ciudad.

Lamentablemente, la Sala de Caracas desapareció. Administraciones nuevas decidieron "mejorar" la biblioteca y dispersaron los libros por todo el edificio. Lo que queda de la refinada colección se ha vuelto material de consulta en desintegración. Aquel remanso de la historia urbana se esfumó.

Hoy, cuando gracias a esta exposición vemos de nuevo reunidos tantos libros de Caracas, en la fundación CENTRO de la Ciudad no podemos sino proponerles: vamos a reconstruirla!



  8. Puerta de la Sala de Caracas (f. Frank Alcock, 2015 - Docomomo Venezuela).


8. Libros en una exposición (CENTRO de la Ciudad, 2019).





NOTAS:
1. Para perpetuar su memoria.


Publicado en: Opinión, @ELNACIONALWeb, Caracas,  Septiembre 3 de 2019:
https://www.elnacional.com/opinion/promenades/



jueves, 19 de septiembre de 2019

Golf & Country Clubs: Una reseña 2018


1. Portada de Golf & Country Clubs, el libro del arquitecto Clifford Ch. Wendehack (f. Valuable Book Group).


"No confundamos cambio con progreso".
Jamie Jensen.1

En 1929, prácticamente al mismo tiempo que se construía su proyecto ganador para el concurso de la Casa Club del Caracas Country Club, el arquitecto norteamericano Clifford Charles Wendehack (Montclair, New Jersey 1885-1948), publicaba en la editorial William Helburn Inc. de Nueva York su libro Golf & Country Clubs, A Survey of the Requirement of Planning Construction and Equipment of the Modern Club House.2

Tenía a la sazón 44 años de edad. Habíendo iniciado su práctica en esa ciudad en los 1920s, para esa fecha contaba con una amplia obra en todos los Estados Unidos. Ya era conocido como "especialista en el diseño de casas club y de impresionantes residencias, muchas hoy incluidas en los Registros Nacionales y Estatales de Sitios Históricos de ese país".3 Luego de establecer su reputación con el North Jersey Country Club, el portafolio de Wendehack se extendió con los renombrados landmark clubs Winged Foot Golf Club (Mamaroneck, NY), Bethpage State Park (Westchester, NY), Ridgewood Country Club (Ridgewood, New Jersey), Mountain Ridge Country Club (West Caldwell, New Jersey) y Caracas Country Club (Caracas, Venezuela).4

Aparte de hacer una grandiosa arquitectura que hoy en su mayoría es patrimonial, a Wendehack le quedaba tiempo también para escribir artículos y libros. Entre ellos, Golf & Country Clubs, un grandioso coffee table book de color azul rey donde refiere cómo planificar la perfecta casa club moderna, el cual ha sido considerado durante casi un siglo hasta hoy como el primer manual en el género. Es sencillamente el libro más importante de quien se considera el más importante arquitecto de casas club de su país en el siglo veinte.

Golf & Country Clubs es una antología de clubes donde Wendehack hace referencia tanto a las mejores obras del ramo suyas, como el Crossing Country Club (Trento, New Jersey) como a las de sus colegas, como el Columbia Country Club (Portland, Oregon) de Herbert A. Angell o el Lakeside Golf Club (Hollywood, California) de William Lee Woollett. Son más de 157 láminas en blanco y negro, ilustradas con fotografías y planos de arquitectura. Las priearas cincuenta páginas discutiendo en detalle los requerimientos de una casa club y las siguientes analizando ejemplos provenientes del East Coast (Massachusetts, New York, New Jersey, Pennsylvania, North Carolina, Florida), pero también del Midwest (Michigan, Illinois) y de los estados de California y Oregon.5 Más un solo sjemplo fuera de los Estados Unidos, el de Caracas.

La tipología del manual antológico era muy típica en los libros de arquitectura durante la primera mitad del siglo veinte. Estaba hecho para ser consultado por cualquiera y facilitar  la ilustración en el tema gracias a los mejores ejemplos. Siendo el Caracas Country Club considerado por los expertos en la obra de Wendehack como el más logrado ejemplo de Spanish Revival que hiciera el arquitecto en toda su carrera, forma parte de este elenco mientras aún estaba en construcción en 1929. Nuestra casa club, con su magnífico lenguaje neohispano, es un testimonio vivo que ratifica "su status en la sucesión de edificios clásicos diseñados en los 1920s por el afamado arquitectos de clubes Clifford Wendehack".6 Debe ser también por ello íntegramente protegida y conservada como un ejemplo único de esta arquitectura en Venezuela.7 

El libro de Wendehack sigue siendo hoy, en 2018, una guía muy útil para aprender a formar parte de esta gran tradición que nos honra compartir con los Estados Unidos.



NOTAS:
1. "Don't mistake change for progress".
Jamie Jensen. @howcitieswork
2. Clifford Charles Wendehack. Golf & Country Clubs, A Survey of the Requirement of Planning Construction and Equipment of the Modern Club House, New York: William Helburn Inc, 1929.
3.John Sabino. "Golf & Country Club by Charles Wendehack", Valuable Book Group, 2015: https://valuablebook.wordpress.com/2015/06/01/golf-country-club-by-charles-wendehack/
4. Hannia Gómez. Catalogo de la exposición "Our Architects en Caracas: arquitectura norteamericana en Caracas 1925-1975", Sala TAC/Docomomo Venezuela, Caracas Julio-Octubre 2017, pp. 130-139.
5. Joe Barks. "Making North Jersey CC New Again", Club & Resort Business, Enero 14, 2014:  https://clubandresortbusiness.com/2014/01/making-north-jersey-cc-new/
6. J. Barks. “Delighting in the Details,” Club & Resort Business, Noviembre 2012.
7. Golf Club Atlas: http://www.golfclubatlas.com/forum/index.php?topic=25699.30;wap2

Publicado en: Pluscuamperfecto, Entresocios, Caracas, Octubre de 2018.

martes, 8 de enero de 2019

El segundo hombre


Carlos Guinand Sandoz, c. 1928 (f. Archivo Fundación de la Memoria Urbana).


“Es el segundo hombre el que determina
si la creación del primer hombre
será llevada adelante o será destruida.”
Edmund Bacon. 1

En un libro de texto de diseño urbano de 1976, están escritas las principales lecciones que uno puede aprender. Se trata de Diseño de Ciudades, de Edmund N. Bacon. Este libro legendario al que nunca haremos suficiente justicia, contiene en la página 108 una bella enseñanza: el principio del segundo hombre.

Bacon, planificador y profesor de urbanismo en Filadelfia, era especialista en explicar las ideas universales del urbanismo de forma inolvidable. Así, la Toscana del Renacimiento era el alicate del libro. Y, por ende, el principio del segundo hombre. Bacon sentenciaba: “Toda obra realmente grandiosa lleva dentro de sí fuerzas seminales capaces de influenciar y desencadenar en su derredor el desarrollo.” Y éso fue lo que ocurrió en la página 108, es decir, en Florencia, en la Piazza de la Santissima Annunziata.

Hacia 1427 Fillippo Brunelleschi culminaba su famoso Ospedale degli Innocenti. La esbelta arcada pública ocupaba toda la fachada este de la plaza. Tánta fue la belleza y elegancia de este diseño, que su fuerza generatriz influenciaría todos los proyectos que se sucederían en la plaza durante varias generaciones, resonando como un eco en los flancos del espacio urbano. Brunelleschi aparece en escena como el “primer hombre” de esta historia.

En 1516, al comisionar el nuevo edificio frente al Ospedale, la Loggia dei Servi di Maria, se llamó al arquitecto Antonio da Sangallo el Viejo, un discípulo de Bramante. Vino entonces el primer momento crucial. ¿Cambio o continuidad? La quietud de los ligeros soportales brunelleschianos blandían la respuesta. Sangallo tuvo ante sí una gran disyuntiva: o hacía su propia obra maestra, y optaba por otras geometrías y otros lenguajes, o tomaba “la gran decisión de vencer su urgencia por la auto-expresión”, siguiendo, casi al pie de la letra, el glorioso diseño de Brunelleschi. Con esta gran decisión de Sangallo el edificio sentó la forma de la Piazza della Santissima Annunziata y formuló, en el tren de pensamiento del Renacimiento, el “principio del segundo hombre”: es el segundo hombre el que determina si la creación del primer hombre será llevada adelante o será destruida.

En la Casa del Caracas Country Club existe otro notable episodio o ratificación de este principio. Cuando Clifford Charles Wendehack ganara el concurso para la sede del club en 1928, dejo sentado un proyecto con sus ideas para el edificio. Wendehack es así, el primer hombre de esta historia. Pero para la construcción de este proyecto hacia falta contratar a otro arquitecto que comprendiera la complejidad y la belleza ornamental de la arquitectura de Wendehack y a la vez conociera el medio y la construcción en Caracas. Este fue el arquitecto Carlos Guinand Sandoz: el segundo hombre de la Casa Club. 2

El maestro Guinand continuaría la obra de Wendehack, permitiendo que su proyecto se hiciera realidad y se perpetuase. A la vez, logro imprimir su manera personal, su arte de hacer arquitectura en toda la obra, toda vez que continuaba las ideas y el espíritu wendehackiano. Guinand, sabiamente,  cual un maestro del Renacimiento, optó por el “camino de la continuidad,” que no desdice de lo andado, que no destruye ni da por descontado… y donde sin embargo la obra personal sigue brillando con luz propia. Una bella historia que debe seguir siendo fuente de ejemplo e inspiración y que aspiramos a contarles en una próxima oportunidad.

Vista de la Piazza della Santissima Annunziata, Florencia, con la Loggia dei Servi di Maria a la izquierda y el Ospedale degli Innocenti a  la izquierda. Giuseppe Zocchi (f. Circa 1750. Christies.com).



NOTAS
1. Edmund N. Bacon. Diseño de Ciudades, Penguin Books, 1976.
2. José Luis Colmenares R. "Casa sede del Caracas Country Club. Arquitecto-Constructor: Carlos Guinand Sandoz. Proyecto original: Clifford Wendehack", en:  Carlos Guinand Sandoz, Claderca CA., Caracas, 1989, pp. 80-89.


Publicado en: Pluscuamperfecto, Entre socios, Caracas, Mayo, 2015. 



domingo, 3 de abril de 2016

Un libro encantador



1. Libro-dije-recuerdo en miniatura (cerrado) (f. Archivo Fundación de la Memoria Urbana).


"A todos los que entran en este lugar feliz: bienvenidos.
Esta es vuestra tierra. Aquí se reviven los amados recuerdos del pasado
y la juventud puede saborear el reto y las promesas del futuro".
Placa en el Town Square de Disneylandia. Anaheim, California.1

1. Cuento de hadas
En la década de los cincuenta la industria del turismo echó mano de un recurso sumamente hechizante para atrapar el sueño fugaz de un viaje. Se trataba de unas diminutas guías que mostraban a las ciudades del mundo adoptando la curiosa forma de pequeños libros que alcanzaban a lo sumo cinco centímetros de altura. 

Yo misma tuve en mi infancia varios little books como éste que les traigo hoy aquí. Los liliputienses libritos podían ofrecerse colgando de un llavero, o en solitario, a manera de charm. Sin santo ni seña en la tapa, al abrir cada "Miniature Souvenir Book Charm" (libro-dije-recuerdo en miniatura), nos encontrábamos con su título. Mi favorito era: "CARACAS". 

No obstante su arcaico aspecto exterior adornado de arabescos, la historia que se nos presentaba era moderna. En el caso de Caracas, la narración comenzaba con la visión de una torre inexpugnable, enclavada a la mejor manera de un castillo tipo Walt Disney, en lo alto de una montaña: el Hotel Humboldt. Acto seguido, la magia se desencadenaba... A manera de abanico caían en cascada sobre la mano dieciséis vistas estampadas a color -por ambos lados- de la ciudad: la Estación Maripérez, el Teleférico, la Estación Pico del Avila, la Autopista del Este, el Palacio Federal, la Avenida Urdaneta, la Plaza Bolívar.

Ni más ni menos: la Tierra del Futuro encerrada dentro del Reino de la Fantasía.


2. 3. Libro-dije-recuerdo en miniatura (abierto) (Archivo Fundación de la Memoria Urbana).


2. Once Upon A Time
"Hace mucho tiempo, en un reino muy lejano, érase una ciudad encantada..." Y de ahí en adelante el bello volumen, enjaezado de piedras preciosas, bisagras crujiendo, abría lentamente su pesada portada para empezar a dar rienda suelta a un cuento.

Walt Disney fue el más hábil artífice en la reelaboración de esta imagen en los cincuenta. Inspirado en los libros medievales que una vez iluminaran los más virtuosos artistas de la época, Disney iniciaba siempre sus películas animadas con un ejemplar,  un objet de vertú tan precioso en sí mismo como su atesorado contenido. Qué potencia, qué fuerza tenían estos libros como cofres, joyeros guardando tras siete cerrojos el inmortal tesoro de una historia! Y, cuánto más poderosos se volvían los relatos y las leyendas tras la gruesa cerradura y sus tapas centinelas! La maciza carátula en oro, plata, bronce o cuero, recamada de joyas preciosas, encerraba un mundo y desataba un sortilegio: la capacidad de poder despertar para nuestras vidas -si tenemos el amor suficiente-, a la belleza que duerme, the beauty that sleeps.

Viéndolo ahora de nuevo, mi librito vintage de Caracas, con sus postales fotográficas en blanco y negro que hace mucho, mucho tiempo fueron dulcemente iluminadas a mano en tonos rosa y azul, amarillo y verde, probablemente por un secreto amanuense en alguna abadía medieval de esta comarca, quizás tenga mucho que ver con la visión de la ciudad que aún hoy conservo: ese territorio fantástico, esa mágico reino, esa arca inagotable en historias maravillosas, que solo se devela ante quienes son capaces de creer con fe y perseverancia en su inmortal hechizo.   

Charming.
Isn't it?


4. Sleeping Beauty (f. @Disney).




NOTAS.
1. Cristopher Finch. The Art of Walt Disney: From Mickey Mouse to the Magic Kindoms, Harry N. Abrams, INC., New York City, 1973, p. 293.




Publicado en: Opinion, @ElNacionalWeb, 17 de febrero, 2015: http://www.el-nacional.com/noticias/historico/libro-encantador_71451

domingo, 26 de agosto de 2007

El principio del segundo hombre


"Design of Cities", Edmund N. Bacon (f. Penguin Books, 1976).



En un libro de texto de modesta
tapa blanda que se enrosca sobre sí misma con los años, están escritas las principales lecciones de diseño urbano que uno puede aprenderse. Se trata de Diseño de Ciudades, de Edmund N. Bacon.1 Este libro legendario que es hoy (1997) prácticamente imposible de encontrar, y al que nunca haremos suficiente justicia, contiene en la página 108 la lección más urgente de resucitar en nuestro país urbano contemporáneo: el principio del segundo hombre. 

Bacon, planificador y profesor de urbanismo en Filadelfia, era especialista en graficar las ideas universales del urbanismo de una manera tan atractiva que uno, además de entenderlas, luego no puede olvidarlas. Cortos párrafos novelados salpicados de las vidas ilustres de los arquitectos que hicieron historia y bellas estampas de arquitecturas y ciudades marcadas por él en lugares claves con finos vectores de colores, eran el truco. Las lecciones, seductoras y sólidas, calaban sin dolor. Las había puesto así para que fueran usadas: el libro fue hecho como un manual certero de instrucciones. Una Mecánica Popular de la ciudad. No importa si venían del Renacimiento o de la Ilustración, de la China Imperial o de Flandes. Dublín, Estocolmo, Antwerp, París, Bath, Nancy, Roma, Barcelona, Nápoles y Venecia estaban a la mano para que las evocáramos, las invocáramos y las usáramos con toda autoridad. La urbanización de América (nuestra tarea) nos daba todos los derechos.

Así, la Toscana del Renacimiento era el alicate del libro. Y, por ende, el principio del segundo hombre. Bacon sentenciaba: “Toda obra realmente grandiosa lleva dentro de sí fuerzas seminales capaces de influenciar y desencadenar en su derredor el desarrollo”.2 Y éso fue lo que ocurrió en la página 108, quiero decir, en Florencia, en la Piazza della Santissima Annunziata3

Hacia 1427 Fillippo Brunelleschi culminaba su famoso Ospedale degli Innocenti. La esbelta arcada pública ocupaba toda la fachada este de la plaza. Tánta fue la belleza y elegancia de este diseño, que su fuerza generatriz influenciaría todos los proyectos que se sucederían en la plaza durante varias generaciones, resonando como un eco en los flancos del espacio urbano. Brunelleschi aparece en escena como el “primer hombre” de esta historia.

En 1454 hubo la necesidad de construirle una nave central a la Iglesia de la SS. Annunziata. Vino entonces el primer momento crucial. ¿Cambio o continuidad? La quietud de los ligeros soportales brunelleschianos blandían la respuesta. Michelozzo, quien recibió el encargo, sucumbió ante su delicada fuerza e hizo que la nueva nave le fuera armoniosa. Luego Caccini, el arquitecto (un tercer hombre como un tercer ojo), extendió la nave central de
Michelozzo y formó la arcada norte, a la cual lo único que le faltó para ser idéntica a la del Ospedale fueron los medallones de niños envueltos en pañales que le hiciera a éste Andrea della Robbia. La iglesia hacia 1600 aparece llena de pórticos con iguales proporciones… resolviendo el flanco norte.

El este aún quedaba por definir. Hubiera sido ésa la Caracas de los no
venta y no la Florencia del Cinquecento, y la sola idea de terminar el espacio urbano se hubiera puesto en duda. Mas ocurrió que en 1516, al comisionar el nuevo edificio frente al Ospedale, se llamó al arquitecto Antonio da Sangallo el Viejo, un discípulo de Bramante. Sangallo tuvo ante sí una gran disyuntiva: o hacía su propia obra maestra, es decir, actuando como la gran mayoría de los arquitectos contemporáneos cuando intervienen en la ciudad (1997), y optaba por otras geometrías, otros lenguajes -u otros vidrios azules-, o tomaba “la gran decisión de vencer su urgencia por la auto-expresión” y seguía, casi al pie de la letra, el glorioso diseño de Brunelleschi, que a la sazón ya contaba con ochenta y nueve años.

Sangallo escogió, y pasó de esta manera a la historia. Su edificio remata la forma de la plaza y abre en el pensamiento del Renacimiento nada menos que “el concepto del espacio creado entre varios edificios”, esa vieja ley que conmina a crear espacios públicos ponien
do a las arquitecturas de acuerdo para que éstos no sean el resultado de la anarquía. La base de la arquitectura urbana.4

Y reza el Principio Baconiano: “Es el segundo hombre el que determina si la creación del primer hombre será llevada adelante o será destruida”. Vale la pena preguntarse cuántos de éstos hemos tenido en nuestras ciudades. O más bien si las nuestras son la cuna infatigable de arrogantes primeros hombres, ineptos relevistas del pasado, prometeos incansables de las formas nuevas y de los laboratorios de diseño no comprometidos. Apócrifos Brunelleschis.

Sangallo sabía por el proyecto del Belvedere en el Vaticano lo que significa el compromiso de poner a dialogar a los edificios. Y el efecto de su decisión no se hizo esperar: u
na tercera fachada, llamada desde entonces “de Sangallo”, cerró la plaza por el este. En la estructura de diseño de Florencia, la hermosa plaza de la SS. Annunziata había tomado más de tres generaciones en lograrse. Su calidad se la debemos a “la consumada expresión arquitectónica que Brunelleschi le dió a la primera obra, la arcada degli Innocenti”, pero es realmente a Caccini y “sobre todo a Sangallo a quienes les debemos su forma actual”. Ellos optaron por el “camino de la continuidad”, que no desdice de lo andado, que no destruye ni da por descontado… en donde “segundo” no querrá jamás decir “segundón”.

¿Cu
ántos de nuestros arquitectos no han sido Sangallo, por querer ser Brunelleschi? ¿Cuántos han dejado la puerta abierta en sus proyectos a lo urbano? ¿Cuántos de sus edificios tienen la calidad y el carisma suficiente para fascinar e infundir respeto para siempre? ¿Cuándo entenderemos que el único proyecto de arquitectura que realmente vale la pena, aunque lleve siglos en culminarse, es la ciudad?






Piazza della SS. Annunziata, Florencia.




NOTAS
1. Edmund N. Bacon. Diseño de Ciudades, Penguin Books, 1976.
2.“Toda obra realmente grandiosa tiene dentro de sí fuerzas seminales capaces de influenciar desarrollo subsecuente a su alrededor, y muchas veces de maneras inconcebibles por su creador. La gran belleza y elegancia de la arcada de Brunelleschi del Ospedale degli Innocenti encontró expresión en otras partes de la Piazza della Santissima Annunziata, hubiera o no Brunelleschi tenido intenciones de que ésto fuera así o no". En: E.N. Bacon. Op. Cit., 1976.
3. El primer cambio significativo en la plaza, inmediatamente después de la culminación de la arcada en 1427, fue la construcción de una nave central de la iglesia de la Santissima Annunziata. Esta fue diseñada por Michelozzo en 1454 y es armónica con la obra de Brunelleschi. Sin embargo, la forma de esta plaza permaneció puesta en duda hasta 1516, cuando el arquitecto Antonio da Sangallo el Viejo y Baccio di Agnolo fueron comisionados para diseñar el edificio opuesto a la arcada de Brunelleschi. Fue la gran decisión de Sangallo el vencer su urgencia hacia la auto/expresión y seguir,casi al pie de la letra, el diseño del entonces edificio de ochenta y nueve años de Brunelleschi. Este edificio sentó la forma de la Piazza della Santissima Annunziata y estableció, en el tren de pensamiento del Renacimiento, el concepto de un espacio creado por varios edificios diseñados en relación los unos con los otros. De aquí puede formularse el “principio del segundo hombre”, es el segundo hombre el que determina si la creación del primer hombre será llevada adelante o será destruida.
4. Sangallo estaba bien preparado para la decisión que enfrentó, habiendo trabajado como pupilo de Bramante, posiblemente en el plan para el Cortile del Vaticano, el cual fue el primer gran esfuerzo del Renacimiento en el planeamiento de espacios. El efecto de su decisión se aprecia en el grabado. La arcada de Sangallo está a la izquierda, y en el centro están las fuentes y la estatua ecuestre del Gran Duque Fernando I esculpida por Giambologna (colocada allí como acento direccional en imitación de la ubicación que hiciera Miguelangel de la de Marco Aurelio en el Campidoglio). Tras ésta están las extensiones hechas por el arquitecto Caccini de la nave central de Michelozzo, formando la arcada de la Santissima Annunziata, que fue terminada hacia 1600.





Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, lunes 2 de Junio de 1997.