lunes, 25 de octubre de 2010

Olmsted en Blandín

Frederick Law Olmsted, Jr. 1870-1957. Carnegie Library of Pittsburgh.


De todas las urbanizaciones de Caracas, de Venezuela, e incluso de América Latina, el Caracas Country Club (*) atesora una de las más extraordinarias historias, una historia que aún es poco conocida. Esta urbanización es un proyecto “clasificado” de la firma de arquitectura paisajista Olmsted Brothers, de Boston, Massachusetts, continuadora de la obra de Frederick Law Olmsted, Sr., padre de la arquitectura del paisaje y defensor de la belleza natural de América.

Esta circunstancia, de por sí, lo convierte en una bella rareza urbana: un tesoro de la historia del urbanismo y del paisajismo que a la vez es el más logrado homenaje al paisaje natural del Valle de Caracas, el cual afortunadamente aún allí se conserva, prácticamente intacto.

Los más conocedores pueden hacerse la pregunta: pero, ¿no eran diseño de Olmsted Brothers sólo los campos de golf? Y ése es el más fantástico de los malentendidos. Adentrándose en la historia del proyecto, hoy comprendemos bien que la transformación de las antiguas haciendas de Blandín, Lecuna, El Samán y La Granja en la década de los veinte fue un trabajo –el No. 7947- de la oficina de arquitectura paisajista más importante de la época, la cual convirtió el encargo simple de un club de golf residencial en un sensible proyecto de diseño urbano y paisajistístico que sin duda puede contarse entre los urbanismos americanos más importantes del siglo XX. Pero para entender la dimensión de la historia urbana del Caracas Country Club, es indispensable volver sobre la vida de quienes lo diseñaron.

Frederick Law Olmsted, Sr. (1822-1903) es el nombre más conocido en arquitectura paisajista y planeamiento de los Estados Unidos de América. Olmsted prácticamente inventó ambas profesiones, empezando con su diseño del Central Park de Nueva York en los 1850s, su obra más conocida. Habiendo sido encargado de planificar el Sistema de Parques de Boston, Olmsted convirtió su casa en Brookline, en las afueras de la ciudad, en su oficina y en una escuela de diseño del paisaje. Desde 1883 hasta la mitad del siglo XX, del Olmsted Grove familiar salieron parques urbanos y estatales, campus escolares y universitarios, terrenos institucionales, zoológicos, arboretums, propiedades privadas y comunidades suburbanas paisajísticas, como el Caracas Country Club. La trascendencia que fue adquiriendo su obra le llevó a formar especialmente a su hijo Frederick Law Olmsted, Jr. (1870-1957) y a su sobrino adoptado, John Charles Olmsted (1852-1920), para que continuaran su lucha dentro del mismo espíritu de preservación del paisaje americano en su más genuina belleza.

A la muerte de su padre, Frederick Law y John Charles se convirtieron en socios principales de la firma, cambiándole el nombre por el de Olmsted Brothers. Entre 1895 y 1920, ésta se expandió rápidamente. Aunque el brillante John Charles, encargándose de los negocios, hizo que los proyectos de la oficina se multiplicaran por toda la nación, es Frederick Law quien se convertiría en el verdadero sucesor de su padre. Hoy se le tiene como el más grande de los hombres de parques del mundo en el siglo pasado, y como el más influyente arquitecto paisajista de su país, impulsor de leyes, planes y programas para los parques locales, estatales y nacionales. Es crucial conocer la dimensión del personaje Frederick Law Olmsted, Jr. para entender mejor la dimensión cultural del proyecto que haría para Caracas.

De haber creado en 1900 el primer programa de entrenamiento formal en arquitectura paisajista en la Universidad de Harvard (Harvard School of Landscape Architecture), Olmsted, Jr. trabajó como aprendiz a las órdenes nada menos que del arquitecto Daniel H. Burnham en el proyecto de la “Ciudad Blanca” en la Exposición Mundial Colombina de 1893 en Chicago. Participante del City Beautiful Movement, de allí saltó a figurar entre los grandes planificadores, siendo en 1901 nombrado por el Presidente Roosevelt como Miembro de la Comisión del Senado para Mejoras en Parques, a fin de desarrollar los planes de L’Enfant para Washington, junto a personalidades como el mismo Burnham y el gran Charles F. McKim. Esto inauguró para Olmsted, Jr. su devoción vitalicia por el servicio público en las áreas del paisajismo y la planificación. Para mencionar sólo algunos de sus trabajos, laboró en los terrenos de la Casa Blanca, en el Federal Triangle, el Jefferson Memorial, Roosevelt Island y en los terrenos de la Catedral Nacional.

Olmsted, Jr. mantuvo siempre, como su padre, un compromiso con la conservación. Le preocupaba sobre todo “proteger la belleza, la dignidad y la nobleza de los paisajes de los parques nacionales, y prevenir el excesivo mercantilismo en ellos”. En 1916 contribuyó a darle forma a la legislación que creó el Servicio Nacional de Parques. Una frase suya, que definió el espíritu de la Ley, dice ya mucho de lo que luego haría en el Caracas Country Club: “Conservar los escenarios y los objetos naturales e históricos y la vida silvestre existente para proveer su aprovechamiento de tal manera que puedan permanecer intactas para el disfrute de las generaciones futuras…”

Pero su vida como paisajista se imbricaba cada vez más en la del planificador. Es cuando formula el concepto de la “planificación global”, suerte de mezcla afortunada de la saga paisajista y preservacionista de los Olmsted, con el ornamentalismo cívico del City Beautiful Movement, unida a la necesidad de dar soluciones al crecimiento de la ciudad moderna americana. Entre 1905 y 1915 aplicó los principios de la planificación global a suburbios, “creando planes maestros para Roland Park, un suburbio de Baltimore; para Forest Hills Gardens, una comunidad jardín modelo en las afueras de Nueva York; y para la ciudad industrial de Torrance, California.”1 Todos estos planes suburbanos –especialmente Forrest Hills y la urbanización Riverside, en Nueva Jersey-, ya anunciaban en sus ideas lo que sería el “Job No. 7947”.

Para 1920, cuando muere John Charles, Olmsted Brothers era la más grande oficina de arquitectura paisajista del mundo entero. En 1921 asesoró el plan regional para el área de Nueva York, e hizo el gran Parque urbano de Fort Tryon, al norte de Manhattan sobre el río Hudson. Cuando Olmsted Brothers acepta la comisión del Sindicato Blandín a fines de los 1920s, estaba diseñando en paralelo las que se consideran “las dos comunidades suburbanas más notables de los años veinte en los Estados Unidos: Palos Verdes Estates en California y el Mountain Lake Club en Lake Wales, Florida”.

Mucho nos queda por decir de la notable historia urbana del Caracas Country Club. Pero por lo pronto, es revelador releer entrelíneas la base de la filosofía que le daría vida al proyecto. Olmsted, Jr. resumía su pensamiento sobre arquitectura paisajista en los siguientes términos: “Trabajando con paisajes reales existentes, me guía la inducción impresa en mí por mi distinguido padre: cuando uno se hace responsable de tales paisajes, su primer deber es proteger y perpetuar lo que de bello y de inspirador existe inherente en ellos gracias a la naturaleza y a circunstancias fuera de nuestro alcance, y así, humildemente subordinar a tal propósito cualquier impulso de ejercer sobre éstos las propias habilidades como diseñador.”2

Olmsted, Jr., preocupado por el futuro de "las heredades irreemplazables e invalorables del pasado”, preservaría en Caracas gran parte de las condiciones del lugar original ocupado por las haciendas. Así, mantuvo la topografía natural de las faldas del Avila, privilegiando las amplias vistas hacia las colinas del sur y hacia la montaña en el diseño de los campos de golf. La forma irregular de las parcelas que rompen con el tejido urbano tradicional y el diseño de las calles serpenteando “alrededor de las grandes extensiones de grama bajo masas de árboles”, fueron hechas curvearse ex profeso por indicación expresa de su oficina para conservar intactos los magníficos ejemplares centenarios de “grandes bucares, mijaos y chaguaramos que crecían en estos terrenos” y que aún vemos aflorar entre las copas del Country.3

La Avenida Principal de Blandín -el camino de la hacienda-, plantada una vez de chaguaramos en el más pleclaro estilo agrario caraqueño, fue otro elemento respetado por Olmsted y asumido al pie de la letra en el diseño… Algo muy poco común en la planificación moderna, acostumbrada a arrasar con todo. Pero la persistencia de la memoria no se limitó solamente a los elementos vegetales: también el puente sobre la Quebrada Chacaíto y el sitio de la Casa de Blandín, ambos allí desde comienzos del siglo XVIII, fueron reafirmados en su ubicación tradicional.

De esta manera vemos cómo también en Caracas las soluciones de los Olmsted crecieron del “genio del lugar”. Su respeto y su devoción por el lugar original hacen que hoy el Caracas Country Club no sea tan sólo un santuario ecológico y ambiental: es también un santuario de la memoria del paisaje. No nos queden dudas de por qué en Blandín el genio caraqueño todavía hoy allí se siente reinar… 4

Afortunadamente, el que fuera el Primer Proyecto Residencial de Arquitectura Paisajista del país, es todavía preservado como la gran obra urbanística y paisajista que es en el país de origen de sus diseñadores. El Caracas Country Club se conserva intacto en papel, todos sus 79 planos y dibujos fechados hasta 1930, más un album con 112 fotos históricas del año 1928, en los Archivos Olmsted del Frederick Law Olmsted National Historic Site, en Brookline, MA. Adicionalmente, la correspondencia cliente-arquitecto (tres carpetas hasta 1941 del Job No. 7947) son atesoradas en la colección Olmsted Papers, Olmsted Associates Records, Serie B, de la División de Manuscritos de la Biblioteca del Congreso, en Washington, DC. Nadie que no pida cita con varios meses de antelación y que no se ponga guantes blancos podrá acceder a ellos…

La belleza del urbanismo del Country, tan semejante estéticamente al Central Park de Nueva York y, a la vez, tan profundamente caraqueño, no es, ni será nunca, una belleza estridente. Es, como todas las soluciones de los Olmsted, una belleza reposada, crecida de la tierra de forma natural. Conociendo la importancia de su legado urbano y paisajístico, es nuestro deber preservarlo “…de tal manera que pueda permanecer intacto para el disfrute de las generaciones futuras.”

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NOTAS:

1. http: www.rpts.tamu.edu/pugsley/Olmstead.htm
2. http: www.nps.gov/frla/home.htm
3. Zawisza, L. Inventario del Patrimonio Arquitectónico Venezolano. Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, UCV. Código MI-L.4-1-M, Ficha No. 1/11. Caracas, 1988.
4. Gómez, Hannia. Charla Las Ciudades Invisibles de Caracas (IV): El Caracas Country Club, la ciudad olmstediana. Fundación de la Memoria Urbana. Caracas, 2005.


(*). El Caracas Country Club, su Casa Club y la Urbanización Valle arriba forman parte del I Censo Nacional del Patrimonio Cultural 2004-2005 realizado por el Instituto del Patrimonio Cultural, y declarados Bienes de Interés Cultural de la Nación en la GACETA OFICIAL DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA Nº 38.234 de fecha 22 de julio de 2005.


Olmsted in Blandín

Caracas Country Club (f. 2009, Raquel Schaffernorth / DoCoMoMo Venezuela)


"To conserve the scenery and the natural and historic objects
and the wild life therein and provide for the enjoyment of the same
in such manner and by such means as will leave them unimpaired
for the enjoyment of future generations."
Frederick Law Olmsted, Jr. National Park Service Organic Act, 1916

Of all the neighborhoods of Caracas, of Venezuela, and even of Latin America, the Caracas Country Club (*) treasures one of the most extraordinary stories, a story still very little known. This urbanization, far from being similar to others in the Caracas valley, is a "classified" project by the landscape architecture firm of Olmsted Associates, from Boston, Massachusetts, continuer of the work of Frederick Law Olmsted, Sr., the father of landscape architecture and defender of America's natural beauty. This is the firm's only work in Venezuela.

This circumstance, in itself, turns this neighborhood into a beautiful urban rarity: a treasure of the history of urbanism and of landscaping that simultaneously is the most successful homage to the valley of Caracas' natural scenery, which thanks to this project survives there, practically intact. The Caracas Country Club is today the only place in the city were one can actually see how the valley's original natural landscape was before the city was built.

For a long time it was believed that Olmsted Associates' design was limited to the golf courses. This was a fantastic misunderstanding. The transformation in the 1920s of the old haciendas of Blandín, Lecuna, El Samán and La Granja was a job –No. 7947- of the most important landscaping architecture office in America at the time, which turned a simple residential golf club's commission into a sensitive urban design and landscaping project that undoubtedly can be counted among the most notable American urbanisms of the Twentieth-century.

Frederick Law Olmsted, Sr. (1822-1903), is needless to say, is the best known name in landscape architecture and planning of the United States of America. Since 1883 until the middle of the Twentieth-century, from his office and school of landscape design installed in his house in Brookline, in the outskirts of Boston, came out urban and state parks, university and college campuses, institutional terrains, zoos, arboretums, private properties and suburban landscaping communitieslike the Caracas Country Club. The transcendence that his work was acquiring led him to specially educate his son Frederick Law Olmsted, Jr. (1870-1957) and his nephew, John Charles Olmsted (1852-1920), so that they would continue his ideal, with the same spirit for the preservation of the American landscape in its most genuine beauty. At his death, Frederick Law Jr. and John Charles turned into principal partners of the firm, changing its name for Olmsted Brothers. Between 1895 and 1920, the firm expanded rapidly.

Olmsted always maintained, like his father, a compromise with conservation. He was "primarily concerned with protecting the beauty, dignity and nobility of national park landscapes, and preventing excessive commercialism in the parks.” In 1916 he contributed to shape the legislation that created the National Park Service in the United States. A famous statement of his, that defined the spirit of the Law in 1916, contains already a lot of what he would do lately in the Caracas Country Club: (it is important) “to conserve the scenery and the natural and historic objects and the wild life therein and to provide for the enjoyment of the same in such manner and by such means as will leave them unimpaired for the enjoyment of future generations” (Olmsted : 1916).

His life as a landscape architect was increasingly interweaved with that of the planner. It is then when he formulated the concept of “Global Planning”, a fortunate mix of the Olmsted's landscaping and preservationist saga, with the civic ornamentalism of the City Beautiful Movement, fused with the urge of bringing solutions for the growth of the American modern city. Between 1905 and 1915 he applied the principles of global planning for designing suburbs, “creating master plans for Roland Park, a Baltimore suburb; for Forest Hills Gardens, a model garden community in the outskirts of New York, and for the industrial city of Torrance, California.” (Whiting & Phillips: 1958) All of these suburban plans –especially Forest Hills and the Riverside neighborhood, in New Jersey-, already announced his ideas of what would be “Job No. 7947.”

By1920, when John Charles dies, Olmsted Brothers was the largest office of landscape architecture in the world. Meanwhile, in Caracas, in 1918, on a zone to the west of the city known today as Vista Alegre, was created the Caracas Golf Club. In December 14th, 1922, it changed its name for Caracas Country Club. Aiming to extend the golf courses and have a better club house, around 1926 some of its members founded the Syndicate Blandin, an association named after the Hacienda Blandin, a plantation nesting on the other side of the valley, in the location of Chacao, where the club would move. This hacienda was famous for having introduced in 1786 the culturing of coffee in the valley of Caracas, as for its magnificent trees and its beautiful hacienda house placed on the edge of a creek. The house was reached by a long avenue that went "along the channel that ran by the creek that watered the coffee plantation, making way for itself towards the Guaire river" (Duane : 1826). Part of its original architecture is now integrated in the actual Golf Club House.

The Syndicate Blandin took the pioneering decision of doing a new and singular urban experience, the first of its kind in the country, on the hacienda's lands (to which soon were to be added the four other contiguous haciendas). In this way, they called the Olmsted firm, hiring it to do the urban design and the landscaping for the new urbanization. At the end of the 1920s, when the Olmsted firm accepts Syndicate Blandin's commission, Olmsted was "advising on the preparation of a regional plan for the New York City area, was doing the great urban park of Fort Tryon Park, on Manhattan's northern border on the Hudson River", and was designing in parallel “two more notable suburban communities: Palos Verdes Estates in California and the Mountain Lake Club in Lake Wales, Florida.”

The Caracas Country Club golf courses would be designed by the American architect and golf course specialist Charles Banks in collaboration with the Olmsted firm. An international architectural competition was also called for the club's building, enlarging the colonial house. It was won in 1929 by Californian architect Clifford Charles Wendehack (Wendehack Job Number 447), who would be assisted by Venezuelan architect Carlos Guinand Sandoz.

It is revealing to read again the philosophical basis that would give life to the Caracas project. Olmsted "summarized his philosophy about landscape architecture in the following terms: 'In dealing with existing real landscapes, I have been guided by an injunction impressed on me by my distinguished father: namely, that when one becomes responsible for what is to happen to such a landscape his prime duty is to protect and perpetuate whatever of beauty and inspirational value, inherent in that landscape, is due to nature and to circumstances not of one's own contriving, and to humbly subordinate to that purpose any impulse to exercise upon it one's own skill as a creative designer'.”

Olmsted worry for the future of "the irreplaceable and unvalued domains of the past”, would preserve in Caracas a great deal of the original conditions of the place occupied by the haciendas. Thus, he maintained the natural topography of El Avila mountain's foothills, privileging in the golf courses' design wide views to the mountain and to the southern hills. The allotment's irregular form that breaks with the reticular urban tissue, and the street pattern that winds “around great grass extensions under masses of trees”, were curved ex profeso following the express indications of his office. They were made to conserve intact the magnificent centenary specimens of “big Bucare trees, Mijao trees and Chaguaramo palms that grew on these lands”, which can still be seen surfacing among the lower tree-tops of the Caracas Country Club, as refers architecture historian Leszek Zawisza. The Avenida Principal de Blandín -the hacienda's road-, once lined with Chaguaramo palms in the most illustrious Caraquenian Agrarian Style, was another element respected and assumed exactly in the design by the Olmsted firm… Something pretty uncommon in modern planning, so used to wipe out everything. But the persistence of memory went further from the vegetal and geographical elements: the bridge over the Chacaíto creek and the site of the house of Blandín, there since the beginnings of the Eighteenth-century, were reaffirmed in their traditional settings.

Also in Caracas we can appreciate how the Olmsted's solutions grew from genius loci. Their respect and devotion for the original place succeeded in the Caracas Country Club. Today it is not only an ecological and environmental sanctuary: it is also a sanctuary of landscape's memory. This is why today in Blandín the Caracas genius still reigns.

The first landscape architecture residential project in Venezuela is preserved as a great planning and landscaping work in its designer's country of origin. The Caracas Country Club is preserved intact in paper, all of its 79 plans and drawings dated until 1930, plus an album with 112 historic photos from1928, in the Olmsted Archives of the Frederick Law Olmsted National Historic Site, in Brookline. Additionally, the client-architect correspondences (three folders that go up to 1941 of "Job No. 7947") are treasured in the collection of the Olmsted Papers, Olmsted Associates Records, Series B, from the Manuscript Division of the Library of Congress, in Washington, DC. All the plans, the photos and the complete drawings of the Caracas Country Club's urban design are safely kept there, along with the lamp posts designs, the plantation schemes and the details that bear witness of its relationship with the other Olmsted neighborhoods, reassuring it as a bastion of the history of Caracas and of landscape architecture. Still, despite all of the importance of its legacy, the issue of its preservation returns repeatedly as controversial.

In the year 2000 the first emergency arrived. "Due to the forces and appetites of the real estate market and to bastard interests", the neighborhood was in severe danger of disappearing. Caracas was in danger of losing a crucial value of the quality of its urban life, its landscape and its history. Consequently, a private foundation, the Fundacion de la Memoria Urbana, solicited in a letter to Venezuela's highest patrimonial authority, the Instituto del Patrimonio Cultural, the protection of the urban and environmental site and of the architectural ensemble of the Caracas Country Club "as a milestone in the history of the city and of Venezuelan and of all America architecture and urbanism."

The allegation presented to preserve the "analogous Caraquenian 'Central Park'" was centered on the Caracas Country Club's triple condition as architectural enclave, historical district and environmental retreat for the whole city, arguing that this territory has an unique environmental value in the valley of Caracas because of "its strategic central location, its big scale, and the fact that it is the only place where El Avila National Park descends practically to the Guaire river, letting the passing of the fauna and the flora from and to the mountain."8 The neighborhood is not just a lung for the city, but a bird's sanctuary and a green island that relieves the existing chaos, contributing to the aesthetical, visual and climatic quality of the capital.

Only with a landmark designation would it be possible to preserve "its park condition, without changing its original density, layout and urban design and the golf courses inserted within it, its natural ambiance, its landscape, its fauna and its flora, the street sections, the urban furniture, the vistas, the urban spaces and the gardens of the houses -which put together shape up an area even bigger than that of the golf courses themselves- and, likewise, the urbanization's architectural works, inseparable part of the urban design, among which stand many works from the most notable Venezuelan and international architects" (Fundacion de la Memoria Urbana : 2003). In the year 2005, within a vast national project called the First National Patrimony Census, the Instituto del Patrimonio Cultural designated the Caracas Country Club as a Good of Cultural Interest Cultural of the Nation.

At the end of 2007, nevertheless, the threat returned. This time under the form of a mayor's populist aims, which placed again under the spotlight the issue of the golf courses' use, proposing to proceed to its immediate expropriation in order to build social housing. After a lot of media noise, the mayor finally found out about the designation, and desisted of his intentions. Nevertheless, the economical power pressures from those investors who don't love or understand the city and the saga of irresponsible destruction, remain there, trying to change the zoning and with it the patrimonial houses and their gardens into rentable apartment towers… Now maybe with the argument of its reconversion into a public park.

What is true is that this first rate modern patrimony claims for an analysis at the level of its history. It needs its own poetics of preservation, one that permits to preserve it, not "archeologically", but considering the possibility of reconnecting the city without destroying it, reordering its borders to heighten their density (giving attention to the vistas over this beautiful 1920s designed landscape) and evaluating a fair path for the collective enjoyment of its green areas. The beauty of the Caracas Country Club's urbanism, so aesthetically Olmstedian and, at the same time, so profoundly Caraquenian, is not and will never be a screaming beauty. It is, like all of the Olmsted's' solutions, a quiet beauty, grown from the land in a natural way. And thus it should be preserved “…by such means as will leave it unimpaired for the enjoyment of future generations.”

(*).The Caracas Country Club, su Casa Club and the Valle Arriba urbanization were listed in the I National Census of Cultural Patrimony 2004-2005 by the Instituto del Patrimonio Cultural, and declared National Good of Cultural Interest in the GACETA OFICIAL DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA Nº 38.234 from July 22, 2005.

Caracas Country Club (f. 1930, Carlos Guinand Sandoz - Archivo Fundación de la Memoria Urbana)

ENDNOTES:

1. Gómez, Hannia, "Olmsted en Blandín", Papel literario, El Nacional. Caracas, (2006).
2. Whiting, E.D. & Phillips W.L., "Frederick Law Olmstead - 1870-1957: Appreciation of the man and his achievements", Landscape Architecture, April, (1958): 145-157.3. Coronel William John Duane (182223), Viaje a la Gran Colombia, Philadelphia, (1826).
4. http: www.nps.gov/
5. Colmenares, José Luis, Carlos Guinand Sandoz, Colección Documentos para la Historia de la Arquitectura Venezolana Contemporánea, Claderca, Caracas, (1989): 8082.
6. http: www.nps.gov/
7. Zawisza, Leszek. Inventario del Patrimonio Arquitectónico Venezolano, Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, UCV. Código MI-L.4-1-M, Ficha 1/11. Caracas, (1988).
8. Table of discussion, "Sobre el futuro urbano de la Urbanización Caracas Country Club y sus áreas de influencias ", Intervención de Saskia Chapellín, Maestría y Taller de Diseño de Tejidos de Extensión, XII curso de Postgrado en Diseño Urbano del Instituto de Urbanismo. Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Central de Venezuela. Cámara Inmobiliaria de Caracas, Caracas, Tuesday, October 27, (2003).
9. Letter from the Fundación de la Memoria Urbana to the Instituto del Patrimonio Cultural, Caracas, October 30, (2003), Archivo Fundación de la Memoria Urbana.


Publicado en: Papel literario, EL NACIONAL. Caracas, 2006; Asocountry (Asociación de Vecinos Urbanización Caracas Country Club AC), revista Entresocios, Venezuela Analitica, Noticiero Digital y The Urban Times.

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