domingo, 13 de abril de 2008

En defensa del espacio público

La Avenida Bolívar a la altura de La Hoyada, Caracas (f. Archivo Fundación de la Memoria Urbana).


I. De la pobreza y la ciudadanía

Al recorrer las grandes ciudades del mundo, ricas en espacio público, uno llega a sentir que allí hasta el más miserable de los hombres, hasta el más pobre, incluso el más torvo o indiferente, ya no puede serlo tanto. La ciudad con su magnanimidad los conforta: sus miradas se consuelan en la belleza: los parques los aguardan, abrevan en las fuentes públicas; los pórticos los cobijan, las estatuas les hablan, la escala los engrandece, las plazas los reafirman; el orden les devuelve la mirada enaltecida, y así, ellos -los miserables-, aún sin saberlo, deambulan una pobreza menos dura por cada magnífico palacio que sienten como suyo. Nadie es tan pobre si vive en una ciudad digna, así como nadie podrá jamás ser tan rico, por mucho que tenga, si vive en una ciudad carente de espacio público.

II. Guiso entubado

Estos días (2000) se han dado a conocer los supuestos resultados del foro que se realizó en el Ateneo de Caracas sobre La Hoyada, el futuro centro urbano de Caracas. La Hoyada se ha vuelto ahora una especie de coliseum, en el que se enfrentan como gladiadores alcaldes y gobernadores, glotones promotores, amnésicas autoridades del desarrollo urbano, arquitectos delirantes y urbanistas agorafóbicos. Las apetencias están exaltadas, y si algo han logrado todas estas movilizaciones es que la arena pública esté en pie de guerra. A la pregunta reiterada del: "¿Qué haremos con La Hoyada?", la opinión pública (ya veterana de tanto husmear manos peludas en la jungla urbana) empieza a sospechar de las buenas intenciones de quienes están "tan" preocupados por los destinos de ese lugar, preconizando a todas luces su preocupación por la "suerte de Caracas". ¿Qué guisarán en tan magna olla?

Para los que no conocen la historia del urbanismo de Caracas, tanta preocupación pudiera pasar por legítima. Pero para quienes sabemos lo que ya ha luchado y ha ganado la ciudad ahí, todo ésto no es más que una triste manipulación. Sepan ustedes, amigos míos, que sobre los terrenos de La Hoyada, así como sobre todas las treinta y pico hectáreas restantes del Parque José María Vargas, gobierna hoy todavía afortunadamente y desde el año 1988 una Ordenanza Municipal que le garantiza a la ciudad que ninguno de estos terrenos podrá ser desarrollado nunca más como área rentable de alta densidad. Un buen día fueron regalados a los caraqueños para convertirlos en espacio público: en jardines, plazas, edificios culturales, pórticos peatonales, aceras, y, especialmente, en una Gran Plaza Cívica; es decir: todo aquello que es riqueza para todos, y no tan sólo para unos pocos. El Parque Jose Maria Vargas es uno de los más brillantes capítulos de la historia de nuestra ciudad, y también del mundo: hoy por hoy es el proyecto de renovación de un centro urbano más importante del siglo XX en América Latina. Obviar sus logros es un gran irrespeto a la historia de Caracas.

Sin embargo, los partes de prensa no acusan noticia alguna de ésta, mi humilde disidencia. Solo parece interesar que se sepa la opinión de quienes quieren a toda costa reducir el arduamente conseguido espacio público.

III. ¿Volver a Bantrab?

El arquitecto Daniel Fernández-Shaw me perdonará, pero él se lo buscó. Se acabaron los tiempos en esta ciudad en que nos podían meter un strike histórico y salir ganando. Pero, ¿cómo quieren ustedes que le demos crédito al autor del monstruoso megaproyecto del Bantrab, que atiborraba de enésimos parques centrales esas mismas hectáreas, proyecto que si se hubiera construido hubiera acabado con la última posibilidad de respiro urbano que le queda a esta ciudad? ¿Cómo darle crédito cuando dice que quiere "crear ciudad" en La Hoyada, cuando para él en la Avenida Bolívar "hace 45 años que no se ha pensado nada"? ...¿O será que lo que pensaron los cinco Premios Nacionales autores del Plan Maestro (vigente) de la Avenida Bolívar, Juan Andrés Vegas, Antonio Cruz Fernández, Fruto Vivas, Tomás Sanabria y Carlos Gómez de Llarena (desde luego no invitados a este foro) para este señor no significa nada? Yo creo que más bien que lo que ocurre es que no se ha recuperado aún de sus multimillonarios delirios ultradensos de los años 70, que sirven muy bien (y siguen tentando) para amnésicos desarrollos en el año 2000.

IV. Por la Plaza Mayor

La Gran Plaza Cívica que está pautada en la Ordenanza del Parque Vargas es muy grande, sí: tan grande como nuestras necesidades de espacio público. Es inmensa: como nuestra hambre de ciudad, como nuestra necesidad de tener una imagen digna a cielo abierto, tan amplia como la avenida que ya tenemos gracias al diseño urbano del Parque Vargas y que se corresponde en escala con ella, de 90 metros de ancho. Caracas se merece esos 35 mil metros cuadrados, tanto como Ciudad de México su plaza de El Zócalo de 38 mil metros cuadrados o París su Place de la Concorde de 60 mil metros cuadrados. Cuando se termine, tendrá una relación con la Bolívar parecida a la de esta última con los Campos Elíseos. Por cierto, que cuando a la Concorde la construyeron en 1870, la ciudad contaba con sólo 700 mil habitantes, y nadie dijo entonces que le parecía que era grande... o a lo mejor eso sólo lo pensaron los detractores del pueblo, aquellos que soñaron que era posible hacer negocio vendiendo metros de espacio público... Pero, afortunadamente, a esos citoyens los silenció la historia.

Place de la Concorde, París (f. www.roumanie-france.ro/33).


Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL. Caracas, lunes 7 de Julio de 2000.

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