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sábado, 4 de septiembre de 2010

Los diez momentos claves de la arquitectura venezolana (1995-2010)

(f. Lagoven, 1984).


¿Los diez momentos claves de la arquitectura venezolana desde 1995? Difícil tarea… tendría que hacer memoria (¡y nada que me guste más!).

En aquél entonces todavía estaba el Hotel Humboldt a la espera de una restauración que nunca llegaría (I); aún el edificio borrado en la niebla, sumido en el olvido y toda la problemática de su recuperación envuelta en una nube misteriosa. Era el año de la exposición "Light Construction" en el MoMA, que trató de capturar el sutil último espíritu de los tiempos, cuando los arquitectos parecían más tendientes a poner por delante una estética de la mente, y por lo tanto preferían velar antes que revelar la naturaleza de los edificios, como en la por entonces tan admirada Fondation Cartier de Jean Nouvel. La Avenida Río de Janeiro en su sector de Bello Monte acababa de ser rebautizada muy apropiadamente como "Paseo Italia", reconociendo la preponderancia de la herencia cultural italiana en la zona. Con cierta curiosidad incipiente la ciudad empezaba a verse a sí misma en exposiciones pequeñas pero visionarias y muy del talante de los tiempos por venir en la década siguiente, cuando aparecería un mayor aprecio por la memoria urbana, como "Chacao, siempre Chacao". Y mientras en Caracas redescubríamos la memoria urbana, del otro lado del océano contemplábamos cómo se destruía en un cruento asedio la ciudad de Sarajevo.

Centro Histórico de Caracas (f. Archivo Fundaciòn de la Memoria Urbana).

Era a la sazón Antonio Ledezma Alcalde de Caracas y se ocupaba de erradicar a los mercaderes ambulantes del corazón de la ciudad (II) sin apenas sonar la avalancha buhoneril que después sobrevendría, y la frase "Centro Histórico" empezaba a ser empleada con cierta frecuencia… hasta un congreso sobre el manejo de centros históricos se celebró entonces en esta ciudad. Se hizo el último concurso conocido para la Esquina de la Torre, el que ganara Jorge Rigamonti, y esa sería la última vez que los caraqueños tendríamos voz sobre el destino de ese lugar tan principal de la capital. Hace quince años también hizo la gente el descubrimiento que sobre el río Cuyuní al parecer Gustave Eiffel nos había dejado de regalo un puente de hierro (III):

Puente sobre el río Cuyuní (f. Archivo Fundaciòn de la Memoria Urbana).

...mientras que Cipriano J. Domínguez lo que dejaba para siempre era esta tierra. Al año siguiente en 1996 ya comenzaban a borrarse -y a burlarse- subrepticiamente dos campos: la zona protectora verde de Caracas, y la urbanización Campo Alegre, y mientras la suburbia crecía y crecía y las casas de Mujica Millán y el Cine La Castellana caían y caían (IV):

Ruinas del Cine La Castellana (f. Archivo Fundaciòn de la Memoria Urbana).

...nosotros admirábamos desde lejos el proyecto de Rafael Moneo para la ampliación de El Prado y la construcción del nuevo urbanismo -entonces realmente nuevo- de la ciudad de Celebration en la Florida. En el 96 también se veja a la Plaza Altamira con la construcción de la cornisa encabritada del Hotel Four Seasons. Mas no es sino hasta 1997, cuando empezamos a preocuparnos por la inminencia de la llegada del nuevo Milenio y por el cada vez peor estado en que se encontraba el edificio Galipán, cuando muere Aldo Rossi en un fatídico choque, casi acabando con nuestras esperanzas para con la arquitectura de la ciudad. Seguidamente, al entrar 1998, mientras el mundo se dividía en: a) arquitectos que construyen la caja y b) arquitectos que destruyen la caja, pasamos un rato siguiendo de lejos el proyecto de canonización de Antonio Gaudí, aunque en verdad lo más importante en ese momento para nuestros corazones era completar el dossier de la Ciudad Universitaria de Caracas para optar a ser Patrimonio Cultural de la Humanidad (y completar tambièn el pabellón venezolano para la Expo de Portugal)… mientras que, entretanto, allá en el MoMA ganaba el proyecto para la ampliación de la sede el hasta entonces desconocido Yushio Taniguchi. Luego en el 99 nos dejó Colin Rowe y también el edificio Galipán (V).

El edficio Galipán en 1955 (f. Archivo Fundación de la Memoria Urbana).

Y mientras en el Vaticano develaban con fuegos artificiales la restauración de la fachada de Carlo Maderna de la Basìíica de San Pedro, toda la Caracas del litoral se venía abajo en el deslave (VI).

La Guaira, luego del deslave (f. Archivo Fundación de la Memoria Urbana).

El siglo XXI nos sorprendió renaciendo de las cenizas. Y nació Fundamemoria, granito de las arenas del deslave y de las arenas del Galipán. Pero como Dios aprieta pero no ahorca, ese mismo 2000 la UNESCO designó a la Ciudad Universitaria como Patrimonio Cultural de la Humanidad (VII).

La Ciudad Universitaria Universitaria de Caracas (f. Facebook Caracas en retrospectiva).

La pérdida y el logro. Era como si nos mandase una señal: que la década por venir sería la del patrimonio en Venezuela… Y efectivamente, pronto comenzaron las luchas: se salvó el Hotel Avila de la picota; pero la reconstrucción de Vargas nunca se concretó. El 2001 es el año de los atentados, el de las Torres Gemelas, y el del Metro de Caracas, al construir la Línea 4 demoliendo todo lo que le estorbaba a su paso por la Avenida Lecuna. Afortunadamente, también se dan entonces las primeras discusiones en la capital sobre nuevas divisiones de los municipios y sobre la consolidación de barrios (VIII).

Barrios en Petare (f. Ignacio Martìnez, 2009. Facebook Caracas en retrospectiva).

Saltar al 2002 es ver a Rem Koolhaas hablando de ciudades mutantes y voltear la mirada para no ver el boquete que le abrió la avioneta a la Torre Pirelli, pero son las ciudades de Venezuela las que mutan ahora al ver convertidas sus autopistas en ríos de gente y sentirlas por vez primeras debido a las marchas políticas como espacios urbanos (IX).

Marcha en la Autopista del Este (f. Archivo CENTRO de la Ciudad).

De este año en adelante las ciudades se llenan más y más de centros comerciales, mientras que la Calle Real de Sabana Grande le han caído todas las pestes urbanas. Cuando el mundo discute qué hacer con el el Ground Zero, las polis venezolanas se han vuelto las arenas de la política y las esculturas de Caracas se trocan en dijes imantados: se pierde y se gana a María Lionza, se derriba el primer Monumento a Colón. Todos hechos del 2004. De allí en adelante arranca el carnaval: los monumentos del Centro Histórico de Caracas empiezan a ser restaurados, pero se les cambia el color, y la ciudad se vuelve una pancarta populista. Afortunadamente, en un dintel de la antigua Academia de Bellas Artes, en la Avenida Urdaneta, aparece un busto de la diosa de la ciudad (X):

Tykhè, Diosa de la Ciudad de Caracas (f. Pablo Krisch. Archivo Fundación de la Memoria Urbana).

...y la esperanza es devuelta a los corazones ciudadanos. En 2005 muere Anala Braun de Planchart, el hada madrina de la arquitectura moderna venezolana, pero nos lega su villa favorita, la Villa Planchart. Del 2006 en adelante la discusión arquitectónica y urbana merma en las ciudades, se vuelve una excepción. El Parque del Este es agredido con el proyecto Leander, y pierde parte del Lago 9. Y, mientras el mundo se preocupa más y más por ser verde, el Avila arde y el parque se extingue.

Pero ya sabía yo que no podría escribir solo una cuartilla… y que tampoco haría una lista de proyectos de arquitectura.


Publicado en: Revista CAV, N. 55, Caracas, Julio de 2010.

sábado, 30 de enero de 2010

Caracas ejemplar

Parque Vargas, Caracas.





Una de las cosas con la que más orgullo cuento en mi vida es el haber formado parte del equipo que diseñó el Parque José María Vargas en los años ochenta. Yo tuve la suerte de ser testigo de excepción de esa epopeya histórica -que periódicamente deberíamos prohibir olvidar, tan ingratas y desmemoriadas son algunas personas-.

Epopeya en la que nuestra ciudad logró convertir la hostil autopista que dividía en dos su corazón en la gran avenida urbana a la que originalmente aspiraba; en la que esta ciudad logró para sí la mejora definitiva de la calidad de su vida urbana recuperando treinta y cuatro hectáreas donde antes habían proyectado grandes negocios especulativos para destinarlas a plazas, aceras, parques, jardines y edificios culturales; en la que esta ciudad apoyó en todos sus niveles de discusión pública el largo camino político, institucional y legal para asegurarse un futuro cualitativamente mejor, erradicando de su propio corazón con una Ordenanza de Zonificación ejemplar -la Ordenanza vigente del Parque Vargas-, el fantasma de la densificación gigantesca, irracional y antiurbana del meganegocio Bantrab, que algunos ya habían proyectado para continuar con los negocios “latinos” del proyecto de Parque Central. En un giro radical, el Parque Vargas se basa en obtener una clara y evidente rentabilidad social, substituyendo a la “rentabilidad económica” de quienes engañaron y causaron la quiebra del Centro Simón Bolívar en aquél momento.

Partiendo de la importancia que tuvo para Caracas el Plan Rotival en 1939, generador de la idea de la Avenida Bolívar, luego fueron igualmente notables las sucesivas alternativas de otros arquitectos, desde Carlos Raúl Villanueva a Cipriano J. Domínguez, para desarrollarlo y convertirlo en realidad. Pero a fines del siglo pasado, después de aquellas propuestas, Caracas había cambiado, ya era otra: en esas cuatro décadas se habían cometido errores garrafales y omisiones lamentables en la construcción de su fábrica urbana que eran absolutamente imprevisibles para aquellos notables arquitectos. Caracas había densificado su centro sin hacer previsiones para nuevos espacios públicos ni conjuntos de tipo cultural a la escala del futuro, la ciudad creció impetuosamente hacia el este y hacia el sur igualmente sin preocuparse por ninguna de estas calidades, y poco a poco, los únicos terrenos estratégicos que fueron quedando, el mejor espacio que aún nos queda para saldar la imperiosa deuda con los niveles de calidad de vida urbana que necesita tener una gran capital es éste mismo de siempre alrededor de la Avenida Bolívar.

Es inmoral y abominable saber en estos tiempos (2002), cuando se supone que todos ya estamos de acuerdo en qué es lo que hace humana una ciudad y qué es lo que más necesita Caracas, de iniciativas que buscan revertir el trabajo inmenso y desconocer la responsabilidad social y el profesionalismo en Diseño Urbano con que actuaron los integrantes de la Comisión del Parque Vargas, configurada por cinco Premios Nacionales de Arquitectura: Juan Andrés Vegas, Antonio Cruz Fernández, Tomás J. Sanabria y Fruto Vivas, unidos a Carlos Gómez de Llarena. Ese grupo de notables logró para Caracas entre 1985 y 1989 la dosis de espacio público y zonas de esparcimiento necesarias para equilibrar los desafueros y la apretada mediocridad y egoísmo con que se construyó el centro. Todas sus positivas ideas de blindar con una Ordenanza estos apetitosos terrenos (tan apetitosos eran y son que nunca han dejado, ni siquiera hoy, de tener manos peludas zamureándolos e intentando convertirlos de nuevo en metros cuadrados rentables) para garantizar que Caracas pudiera tener un corazón monumental, pero en el sentido humanizador de la palabra, quieren revocarlas o disminuirlas.

Alegar que el Parque Vargas no ha podido concluirse, que la Plaza Cívica de La Hoyada no ha podido construirse aún, que la Galería de Arte Nacional lucha por terminarse, son argumentos del absurdo. Si en toda la década pasada esas mismas personas hubieran tenido una actitud más respetuosa de la ciudad y de su épica proyectual, quizás hoy tendríamos ese corazón monumental concluido, ese ejemplar eje dorsal terminado, y quién quita que hasta con sus mismas firmas endosando los demás proyectos que hacen falta para completar el Parque… si es éso lo que tánto les quita el sueño. Porque no pueden alegar nada contra la idea de la humanización que trae consigo el Parque Vargas en este lugar, ni contra el aumento generoso de los espacios urbanos y de las áreas verdes, ni contra la peatonalización, ni contra la presencia de las edificaciones culturales, ni contra las posibilidades de mejora de la calidad de vida para toda la metrópolis.

Pero eso es harina de otro costal. El tamaño del Parque Vargas es apenas proporcional a las necesidades de esta ciudad y haría falta que todos los ciudadanos, todo el gremio de colegas arquitectos y urbanistas, todos los medios y especialmente todos los vecinos, todos los ciudadanos se unan y apoyen vigorosamente las dimensiones, las dotaciones y los usos que están previstos en el Parque Vargas, a fin de que se concluya de una vez por todas en todos sus nobles planteamientos para el disfrute y la salud urbana de esta ciudad. Caracas no puede avanzar con tan poca fe en nuestros mejores hombres. Los enceguecidos críticos que hoy nos hablan de “construir los bordes del Parque Vargas” (cuando su borde urbano es la propia ciudad a la que meramente habría que incentivar, como ha dicho Tomás J. Sanabria, para que se homogeinice alrededor) o de “definir la Plaza” (cuando lo que es hacen es reducirla criminalmente), lo que están promoviendo es restarle metros cuadrados de espacios públicos a nuestra pobre Caracas. Los terrenos, de nuevo para ellos, no son sino el símbolo de “$$$” (Avida Dollars).

El perímetro del Parque Vargas no se ha reservado para permitir desarrollos y negocios inmobiliarios comunes y corrientes sino para garantizar y equilibrar con su generosa dosis de urbanidad las carencias urgentes de esta ciudad. Caracas no puede permitirse perder para su futuro ni un solo metro de los que conquistó con tanto esfuerzo, en aras de no se sabe qué negocios, intereses o apetencias personales.


Gran Plaza Cívica de La Hoyada, Parque Vargas.

 




Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, Lunes 30 de Septiembre de 2002.



domingo, 13 de abril de 2008

En defensa del espacio público

La Avenida Bolívar a la altura de La Hoyada, Caracas (f. Archivo Fundación de la Memoria Urbana).



1. De la pobreza y la ciudadanía
Al recorrer las grandes ciudades del mundo, ricas en espacio público, uno llega a sentir que allí hasta el más miserable de los hombres, hasta el más pobre, incluso el más torvo o indiferente, ya no puede serlo tanto. La ciudad con su magnanimidad los conforta: sus miradas se consuelan en la belleza: los parques los aguardan, abrevan en las fuentes públicas; los pórticos los cobijan, las estatuas les hablan, la escala los engrandece, las plazas los reafirman; el orden les devuelve la mirada enaltecida, y así, ellos -los miserables-, aún sin saberlo, deambulan una pobreza menos dura por cada magnífico palacio que sienten como suyo. Nadie es tan pobre si vive en una ciudad digna, así como nadie podrá jamás ser tan rico, por mucho que tenga, si vive en una ciudad carente de espacio público.

2. Guiso entubado
Estos días (2000) se han dado a conocer los supuestos resultados del foro que se realizó en el Ateneo de Caracas sobre La Hoyada, el futuro centro urbano de Caracas. La Hoyada se ha vuelto ahora una especie de coliseum, en el que se enfrentan como gladiadores alcaldes y gobernadores, glotones promotores, amnésicas autoridades del desarrollo urbano, arquitectos delirantes y urbanistas agorafóbicos. Las apetencias están exaltadas, y si algo han logrado todas estas movilizaciones es que la arena pública esté en pie de guerra. A la pregunta reiterada del: "¿Qué haremos con La Hoyada?", la opinión pública (ya veterana de tanto husmear manos peludas en la jungla urbana) empieza a sospechar de las buenas intenciones de quienes están "tan" preocupados por los destinos de ese lugar, preconizando a todas luces su preocupación por la "suerte de Caracas". ¿Qué guisarán en tan magna olla?

Para los que no conocen la historia del urbanismo de Caracas, tanta preocupación pudiera pasar por legítima. Pero para quienes sabemos lo que ya ha luchado y ha ganado la ciudad ahí, todo ésto no es más que una triste manipulación. Sepan ustedes, amigos míos, que sobre los terrenos de La Hoyada, así como sobre todas las treinta y pico hectáreas restantes del Parque José María Vargas, gobierna hoy todavía afortunadamente y desde el año 1988 una Ordenanza Municipal que le garantiza a la ciudad que ninguno de estos terrenos podrá ser desarrollado nunca más como área rentable de alta densidad. Un buen día fueron regalados a los caraqueños para convertirlos en espacio público: en jardines, plazas, edificios culturales, pórticos peatonales, aceras, y, especialmente, en una Gran Plaza Cívica; es decir: todo aquello que es riqueza para todos, y no tan sólo para unos pocos. El Parque Jose Maria Vargas es uno de los más brillantes capítulos de la historia de nuestra ciudad, y también del mundo: hoy por hoy es el proyecto de renovación de un centro urbano más importante del siglo XX en América Latina. Obviar sus logros es un gran irrespeto a la historia de Caracas.

Sin embargo, los partes de prensa no acusan noticia alguna de ésta, mi humilde disidencia. Solo parece interesar que se sepa la opinión de quienes quieren a toda costa reducir el arduamente conseguido espacio público.

3. ¿Volver a Bantrab?
El arquitecto Daniel Fernández-Shaw me perdonará, pero él se lo buscó. Se acabaron los tiempos en esta ciudad en que nos podían meter un strike histórico y salir ganando. Pero, ¿cómo quieren ustedes que le demos crédito al autor del monstruoso megaproyecto del Bantrab, que atiborraba de enésimos parques centrales esas mismas hectáreas, proyecto que si se hubiera construido hubiera acabado con la última posibilidad de respiro urbano que le queda a esta ciudad? ¿Cómo darle crédito cuando dice que quiere "crear ciudad" en La Hoyada, cuando para él en la Avenida Bolívar "hace 45 años que no se ha pensado nada"? ...¿O será que lo que pensaron los cinco Premios Nacionales autores del Plan Maestro (vigente) de la Avenida Bolívar, Juan Andrés Vegas, Antonio Cruz Fernández, Fruto Vivas, Tomás Sanabria y Carlos Gómez de Llarena (desde luego no invitados a este foro) para este señor no significa nada? Yo creo que más bien que lo que ocurre es que no se ha recuperado aún de sus multimillonarios delirios ultradensos de los años 70, que sirven muy bien (y siguen tentando) para amnésicos desarrollos en el año 2000.

4. Por la Plaza Mayor
La Gran Plaza Cívica que está pautada en la Ordenanza del Parque Vargas es muy grande, sí: tan grande como nuestras necesidades de espacio público. Es inmensa: como nuestra hambre de ciudad, como nuestra necesidad de tener una imagen digna a cielo abierto, tan amplia como la avenida que ya tenemos gracias al diseño urbano del Parque Vargas y que se corresponde en escala con ella, de 90 metros de ancho. Caracas se merece esos 35 mil metros cuadrados, tanto como Ciudad de México su plaza de El Zócalo de 38 mil metros cuadrados o París su Place de la Concorde de 60 mil metros cuadrados. Cuando se termine, tendrá una relación con la Bolívar parecida a la de esta última con los Campos Elíseos. Por cierto, que cuando a la Concorde la construyeron en 1870, la ciudad contaba con sólo 700 mil habitantes, y nadie dijo entonces que le parecía que era grande... o a lo mejor eso sólo lo pensaron los detractores del pueblo, aquellos que soñaron que era posible hacer negocio vendiendo metros de espacio público... Pero, afortunadamente, a esos citoyens los silenció la historia.


Place de la Concorde, París (f. www.roumanie-france.ro/33).





Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, lunes 7 de Julio de 2000.