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viernes, 20 de septiembre de 2019

Sessantesimo II


1. Cuarto de juego, Villa Planchart, Caracas, 8 de diciembre de 2018 - 10 de febrero de 2019 (f. @docomomo_ve, 2019).


"No es el cemento, no es la madera, no es la piedra,
no es el acero, no es el vidrio el elemento más resistente.
El material más resistente en la construcción es el arte". 
Gio Ponti. 1

1. Villa Planchart (Gio Ponti, 1957-2017)
"Sessantesimo: Villa Planchart (Gio Ponti, 1957-2017)", a más reciente exposición de la fundación Docomomo Venezuela*. clausuró en Caracas el pasado domingo 10 de febrero en el Cuarto de juego de la Villa Planchart, dando fin a las celebraciones del sexagésimo aniversario de la célebre villa.

Continuando con el tema iniciado en "Las Italias de Caracas" (Sala TAC, 2013), la nueva muestra de Docomomo, gracias al apoyo de la Embajada de Italia en Venezuela y de la Fundación Anala y Armando Planchart, se propuso develar una serie de historias inéditas relacionadas con la presencia en nuestra capital del maestro milanés de la arquitectura moderna, Gio Ponti, autor de este patrimonio arquitectónico moderno Italo-Venezolano de relevancia mundial.2
         
La exposición -producida en su totalidad por el equipo de Docomomo Venezuela- reunió una serie de maquetas, obras de arte, textos y documentos que muestran algunos de los proyectos no realizados, obras de arte e historias inéditas de Ponti en Caracas entre 1954 y 1979 (el arquitecto milanes falleció en 1979). Se trataba de develar y empezar a dar a conocer las facetas de Arlecchinia y la importante saga pontiana caraqueña, para llenar el gran vacío de información que existe en el mundo entero sobre este aspecto de la vida creativa del maestro. 

Una labor que comenzó a realizarse desde fines de 2017, cuando la Fundación Planchart y Docomomo Venezuela fueron llamados a colaborar por el Museo de Artes Decorativas de Paris en la preparación de la monumental retrospectiva "Tutto Ponti: Gio Ponti Archi-Designer", la más grande hecha hasta la fecha en Europa sobre Ponti, que estará expuesta hasta el próximo mes de Mayo en el @mad_paris. Una exitosa colaboración que permitió que al día siguiente de la inauguración, de todas las obras de Ponti expuestas en el museo, fuera la villa de Caracas la que ilustrara las reseñas culturales de los principales periódicos de París, como Le Monde y Le Figaro. "La Villa Planchart tiene locos a los parisinos"!, nos dijo alborozado ese día el director del MAD, Olivier Gabet.  


2 Exposición "Sessantesimo: Villa Planchart (Gio Ponti, 1957-2017), Cuarto de juego, Villa Planchart, Caracas, 8 de diciembre de 2018 - 10 de febrero de 2019 (f. @enelcerrito, 2019).

"Sessantesimo", es en cambio una exposición de cámara. Pero no por ello menos interesante. Los registros fotográficos (arquitecturas, murales, esmaltes, cartas, oleos) fueron realizados por Frank Alcock, Rossella Consolini, Jesús David Goncalves, Alfredo Mata y Juan José Mesa. El diseño de los artes y de las hojas del parabán correspondieron a Bettina Bottome y Antonio Huizi. A estos trabajos se sumó el apoyo de Patricia Quintanilla, junto a un equipo de brillantes estudiantes de la V Pasantía Académica Facultad de Arquitectura y Urbanismo - Universidad Central de Venezuela / Docomomo VE, dirigidos por Sergio Fernández Viera, a cuyo cargo estuvo la realización de la maqueta de la Villa Planchart. Esta maqueta ya ha sido solicitada por el MAXXI de Roma para ser expuesta en una nueva exposición sobre la arquitectura de Ponti el próximo mes de noviembre, curada por la ex presidente de Docomomo International, Maristella Casciato y el gran especialista en Ponti Fulvio Irace.


3. Maqueta de contexto de El Cerrito (f. @docomomo_ve, 2019).

Procurando no tocar la arquitectura patrimonial y los preciosos materiales del Cuarto de juego para convertirlo en sala de exposiciones efímera, Docomomo se propuso hacer una puesta en escena respetuosa del lugar: un gran parabán de ocho hojas sobre ruedas de goma se colocó al centro del espacio, mientras que dos maquetas (una de ellas hecha especialmente para la exposición,  con una base de aluminio diseñada por el arquitecto Bernardo Mazzei, titulada "Farfalla") acompañaban varios singulares objetos y obras de arte, en particular la primicia mundial de un cuadro original pintado por Ponti en Caracas en 1956, titulado "Cavallo".

El "parabán ilustrado" del montaje quiso además rendirle homenaje al artista italiano Piero Fornasetti, colaborador de Ponti, justamente, en el diseño interior del Cuarto de juego (con sus famosas "Silla-periódico"). Fornasetti en los años cincuenta produjo una gran cantidad de biombos decorados con imágenes. Uno de ellos de 1951, Il duomo sommerso (La catedral sumergida), tiene mucho que ver con la historia de El Cerrito, tal y como se refiere en uno de los textos de la exposición que lleva el mismo título fornasettiano. 

En total, once temas, que van desde la arquitectura, a la literatura, al urbanismo y a la historia del arte: "Idea para Caracas", "Un rascacielos con colores venezolanos", "Modelli", "El mural en  vidrio sommerso de Rubén Núñez", "Il duomo sommerso", "Mítica Caracas", "Historias de Rui", "Un gran pensamiento largo: pensamientos-diseños-músicas", "Centro Cultural Villa Planchart", "Cavallo" y finalmente "Arlecchinia, nostalgia de Venezuela y de la Grecia antigua". Once títulos apenas… de los muchos que se nos quedaron en el tintero. Así, puede que Docomomo Venezuela considere una segunda edición -ampliada- de "Sessantesimo". 

Como decía el mismo Ponti: "Vediamo…! Magari si fa".





4. Afiche 60 aniversario, "Sessantesimo: Villa Planchart (Gio Ponti, 1957-2017)" (f. Paolo Gasparini, 1961. Diseño: Bettina Bottome, 2019).




* Grupo de trabajo oficial de Venezuela para la Documentación y Conservación internacional de edificios, sitios y barrios del Movimiento Moderno.



NOTAS:
1.  "Non è il cemento, non è il legno, non è la pietra, non è l'acciaio, non è il vetro l'elemento più resistente. Il materiale più resistente nell'edilizia è l'arte". Gio Ponti.
2. Las ITALIAS de Caracas:
https://docomomovenezuela.blogspot.com/2012/12/exposicion-exhibition.html
2. "Vamos a ver. Tal vez se haga". Entrevista a Letizia Frailich-Ponti en el documental de Rubino Rubini Gio Ponti: la Villa Planchart a Caracas, 2007.

Publicado en: Opinión, @ELNACIONALWeb, Caracas, Febrero 12 de 2018: https://www.elnacional.com/opinion/columnista/sessantesimo_270352/

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Sessantesimo


1. Avila, Cerrito (f. Paolo Gasparini, Archivo Gio Ponti Caracas).

"Esta es mi joya".
Gio Ponti. 1

1. Un Aniversario de Diamante
Toda legendaria arquitectura moderna debe siempre celebrada. Y conservada para la posteridad. Especialmente en un nuevo aniversario. El 8 de diciembre de 1957, día de la Inmaculada Concepción, Armando y Anala Planchart, los 'clientes ideales' -como bien los bautizara el arquitecto milanes Gio Ponti-, inauguraron en la mas alta colina del valle de Caracas su casa, la legendaria Villa Planchart, que se convertiría en su obra maestra, con un gran cocktail, coincidiendo con el aniversario de su boda, celebrada en la Iglesia de San Juan Bautista de la caraqueñísima parroquia San Juan. Esta semana, en 2017, la esplendida casa del ilustrado matrimonio arriba a sesenta años de feliz existencia -sus bodas de diamante-, continuando la tarea que los Planchart se propusieron: educar al mundo en la difusión del Patrimonio Moderno.

La Villa Planchart es una de la diez mejores casas de la modernidad, considerada por  Gio Ponti como su joya. Si hacemos memoria urbana, este magnifico Bien de Interés Cultural de la Nación ha sido desde siempre en la Venezuela moderna un ejemplo de conservación de su patrimonio arquitectónico, artístico, mueble y paisajístico, así como del Archivo Gio Ponti Caracas, constituido por planos, cartas, fotografías y dibujos.

Brindemos como los Planchart y, como dijera Ponti,  por la "joie d'y vivre" (la felicidad de vivir aquí) y por la felicidad sigue trayéndonos la ejemplar historia de amor de los Planchart por la arquitectura, el diseño y el arte modernos, y por esta esta obra de arquitectura moderna que pertenece por igual tanto a Italia como a Venezuela y es de inestimable valor cultural para el mundo entero.

2. Anala Braun de Planchart y Armando Planchart (f. Archivo Gio Ponti Caracas).


3. Plafond del Comedor grande, Villa Planchart  (f. Archivo Gio Ponti Caracas).

2. Motivo luminoso
Con el paso del tiempo, optimizar la excelencia de la conservación del Patrimonio Moderno y sistematizar su restauración se hace imperativo. Nada más urgente en el área del patrimonio en Venezuela que educar para la conservación de lo moderno. Es por esto que, Docomomo Venezuela,2 junto a la Embajada de Italia en Venezuela, al Instituto Italiano de Cultura de Caracas y a la Fundación Anala y Armando Planchart han unido esfuerzos para organizar el programa aniversario Sessantesimo (Sexagésimo), que se inicio este pasado domingo 3 de diciembre y que incluye charlas, concierto, una gala benéfica y una exposición para la celebración del 60 Aniversario de El Cerrito (alias Villa Planchart). Un programa que ha sido diseñado a fin realizar en 2018 la exposición "Arlecchinia: Nostalgia de Venezuela y de la Grecia antigua" que profundizará en el estudio de la obra de Ponti en Caracas e impulsara los procesos de restauración y conservación de la Villa Planchart de acuerdo a los más avanzados criterios en dicho campo, impulsados por @docomomointernational en todo el mundo.3

Con ello, el Docomomo Venezuela continua en su tarea iniciada en 2010 por la defensa, difusión y restauración del Patrimonio Moderno en nuestro país.       




NOTAS:
1. Hannia Gómez. El Cerrito: la obra maestra de Gio Ponti en Caracas, ULTREYA/Fundación Anala y Armando Planchart, Caracas (2009): p. 15.
2. La fundación DoCoMoMo Venezuela es el grupo de trabajo oficial de Docomomo International en Venezuela para la documentación y conservación internacional de edificios, sitios y barrios del Movimiento Moderno.
3. Docomomo International: https://www.docomomo.com/

Publicado en: Opinión, @ELNACIONALWeb, Caracas, Martes 5 de diciembre de 2017: https://www.elnacional.com/opinion/columnista/sessantesimo_214085/

viernes, 6 de febrero de 2009

Gio Ponti´s prediletta villa

Villa Planchart's Studio-library.






The history of Modern Architecture has still many formidable stories to tell. New illuminations reach 20th-Century´s quarry of episodes and life experiences, even the most classical, willing to recreate them. Old-new stories come out to light to be read again and throw revealing new data. Such is the case of El Cerrito, a name that speaks for the most sensible work of Milan architect Gio Ponti since 1957, located in Caracas, Venezuela.

One of 20th-century Architecture´s most extraordinary figures, Ponti (Milan 1891-1979), today emerges as the anti-maestro who graciously defied the Modern Movement with his creative impulse. In the year 2002, an important exhibition, “Gio Ponti: A World”, organized by London's Design Museum, embraced the vast Pontian universe, and his oeuvre, detached from all the clouds that weighed upon Ponti´s lifetime –when he was considered “impure”-, could finally shine free. Today, the spirit of times understands better the nature of those creators who resisted modernist taboos. Along with the rediscovering of Ponti´s work, an epoch that feels at ease among history, ornament, tradition, hybridization, memory and ambiguity, is unveiling. And best of all, is also modern. Taschen´s recent luxury retrospective re-edition of Domus magazine tells greatly about this newly renovated international interest in the Pontian saga.

The London show had two highlights, both works from Ponti, and both built in Caracas: the Villa Diamantina (1955), the exhibition's centrepiece, demolished in 1994, and Villa Planchart (a.k.a El Cerrito, 1957). This next 8th of December (2007) Villa Planchart will be fifty years old, and to celebrate this anniversary, the Fundación Anala y Armando Planchart, owner of this distinctively modern icon, is posting from Caracas a good-will message for modern architecture, art and culture, as well as for the cause of preservation. Being Ponti´s greatest Latin American work, the maestro's Caribbean villa is now welcoming a new and important role as a cultural symbol for the region.

Without a professionally-conceived conservation project, for half a century Armando Planchart Franklin and Ana Luisa (Anala) Braun de Planchart, took care personally, a cuore, of their great modern villa. Tireless travellers in their lives, in order to do so they simply followed the Italian school of restauro´s classic motto: they preserved their house “com´era e dov ´era” (as it was and where it was). And thus Villa Planchart rested as a remarkable exception in a non-preservationist country.

For fifty years, each marble piece that was damaged was replaced by other similar, each glass mosaic that would fall from the facades was lovingly restored with its pair, each bronze fitting was polished and re-polished again until it would shine anew, each furniture re-upholstered in the original fabric, each wall retouched to regain its original splendour, each mechanism repaired and put back to work. The modernist house that the Milan architect, Domus editor and promoter of the Triennale de Milano came to build entirely in distant Caracas as a real “Casa all´ítaliana” – the Pontian dream formulated in Domus´ first editorial back in 1928-, summing up the project of an Italian architect, of Italian artisans, of the Italian industry and of Italian Art, survived spotlessly thanks to the incomparable loyalty and love of Venezuelan clients. Ideal clients that made him sight one day amid the magazine's pages: “Oh, if all clients were like these!” And because they were like this, since 1975 they gave their house and its gardens to the Fundación Planchart. Villa Planchart, an enduring prodigy, has turned out to be a paradigm within the Latin American context, where the fight for the conservation of Modern Architecture only begins. A tropicalized Italian modern lighthouse, it stands in all the beauty of its crystalline architecture, ruling from its peak above the Caracas valley.

Anyone who visits the house for the first time is surprised by its quality as a total work of art. It is striking to find at the door gates of the Caribbean sea so many epoch-related Italian design and art together. And many visitors ask themselves: Would it be that the plan charts gave Ponti carte blanche letting him work ad libitum, forced by the difficulties brought by their distance? But it wasn't so. The story of Villa Planchart is not that of a “carte blanche”. In fact, there's no other chapter in Modern Architecture with fewer “white” letters than this, being the Villa Planchart maybe the mid-20th-Century domestic architecture's case most thoroughly documented in the world: in the recently created Archivo Gio Ponti Caracas (named after its homonymous, the Archivo Gio Ponti Parma, keeper of the rest of the architect's huge legacy), lay four volumes of correspondence, consisting in 499 letters, 63 of which were illustrated by Ponti. There the entire design, construction and furnishing project of this work is told in detail, from its conception to the acquisition of the last object.

To read the correspondence that for decades was established between the architect in Milan and his Caraquenian clients on the other side of the ocean, is to enjoy the accurate description of a remarkable architectural relationship, but also to witness the unfolding of a beautiful friendship. A friendship that hasn't come to an end, and for this year's (2007) anniversary, members of the Ponti family will be in Caracas, like they were back on inauguration day, December 8th, 1957, to toast for the work of architecture that once upon a time united Caracas and Milan. And, like in 1957, they will enjoy the view of the city from the magnificent belvedere atop El Cerrito's hill, stretching from east to west on its longitudinal valley dominated by the monumental Avila. And that night they will remember that it was exactly the view of that mountain the first request Ms. Planchart made to Gio Ponti one June morning, in 1953, when, after the arrangements made by the Venezuelan consul in Milan, she was able to go with her husband to Via Dezza N. 29 (a building still standing) to meet Domus´ famous editor. The architect's potential clients at that moment only knew about him from the magazine issues that punctually arrived monthly to them in Caracas. Cultured Venezuelans living in a city in transit to modernity due to their country's increasing oil income, they didn't hesitate a second after they succeeded in acquiring their incomparable property. They knew there was an opportunity for good architecture.

And so they met: by appointment only. Right after after walking through the door of the garage that housed Ponti´s studio, they were immediately marveled with the sight of the drafting tables covered with projects, models hanging from the ceiling, furniture prototypes, materials and objects all over the place, ceramic pieces crowding the floors, and Domus headquarters dispatching in a corner. And, marveled as they were, they decided that nothing would stand between them and their goal of having a Gio Ponti's original in El Cerrito.

Ponti was cautious: Latin America was too far. But his clients´ genuine bewitchment gradually dispersed his doubts. From this first meeting, out stands how the first idea that would shape Villa Planchart actually came out. Once seated in the studio, Ponti opened a a big roll of tracing paper and drew a first sketch of a house with arches. And he asked Ms. Planchart: “Li piace?” But Ms. Planchart hurried to respond, iteratively: “No, non mi piace”. Why?, asked the architect. And she answered with a phrase that's is already legendary in Venezuela's architectural history: “Because I want a Modern house”. The second sketch that he traced, already depicted the image of how Villa Planchart would look like three years later: a closed form, a clean two-story volume placed on the lot facing North, with a long and perforated “facade to Caracas” and a more serene service Southern facade, a clear expression of the internal spaces functional layout.

When Ponti agreed to develop this idea in a preliminary project, started what has been called El Cerrito's “endless letter”. The Plancharts departed on a trip while he remained designing in Milan. Mail communication was not to be interrupted not even if they were on board on a ship, or far from Caracas. Ponti, to save language's distance, writes first in French, then in English, then in Spanish, helped by his daughter Tita, and finally in Italian. But additionally, in order to explain the forthcoming storm of fantastic ideas that from then on he won't stop producing for his newly “prediletta” villa, he stands by his drawing skills, and draws everything. A phrase of his in a 1954 letter announces it: “the bombardment of designs is begins”. 
 
These fantastic ideas consist on a collection of special designs that Ponti is producing while he delicately polishes the rough diamond of the villa's massive initial geometry. Outside, while he deconstructs the elevations in floating walls and open corners, sets neon threads in the house's junctions so it can be turned-on by night and read from afar in the nocturnal cityscape; inside, while he improves an spatial promenade in a Neobarroque manner, where spaces pour one into the other, displays sliding doors, installs harlequin-patterned marble floors, devices floating stair flights, commissions ceramic murals with a cascade running over them, sets lightweight bridges and balconies to populate the big sala padronale, opens flag-like windows, and, outdoing himself, comes out with the most fantastic invention: six mechanically-activated rotating niches, made in the built-in wood cabinetry of the Studio-library to hide the Mr. Planchart´s hunting trophies that the architect disliked so much.

It is wonderful to visit the house hand-on-hand with Ponti, who soiled tensions and vistas in the space to conduct the visitor and shape up the space. In the project plans, we “see” them in the many drawn eyes that indicate the views he wanted, and which defined the width or height of a window, the length of the partitions, the walls angles. But Ponti, in his various visits to Caracas during the building process, kept moving all things, the windows included, always seeking to improve the effects of what he was imagining, looking for the ideal composition of all parts. This is so much so that the final architecture of Villa Planchart is not the one expressed in its plans. Because the definitive horizontal and vertical layout composition was finished “by hand”, in situ. 
 
In El Cerrito, one has the impression that the design stories are infinite. There is one about the superb orchid collection that as an additional passion to architecture, had the Plancharts, and which is so present throughout the building. When Ponti asked Mr. Planchart in 1953 what he wanted for the house, he answered: “I want to show inside of it my orchid collection”. Therefore, the light Italian house that Ponti delicately landed on a tropical hill, “as a butterfly”, is also a greenhouse for orchids. But, while in cold weathers greenhouses serve to prevent the tropical plants from the harming effects of the cold, here Ponti had to do a tropical greenhouse where blossoming orchids don't “hibernate”, but are exhibited. Such was his success, and so many plants can be exposed altogether with their flowers, that sometimes the perfume captured by the house is so intense that steals the first applauses from the visitors.

Ponti chose everything for his clients, from the palette of colours (white, yellow, grey) ruling over the interior décor, to every single piece of furniture (Cassina, Altamira, M. Singer & Sons, Giordano Chiesa Arredamento, Casa & Giardino), each lamp (Arredoluce, Fontana Arte), each building material, including the textiles (Zucchi, Ferrari), arriving to select the decorative objects and even the spot where they were to be placed, to the many of the works of art, being this the reason why the collection gathers such important pieces of many of the Italian masters praised by Ponti: Giorgio Morandi, Massimo Campigli, Romano Rui, Piero Fornasetti, Fausto Melotti. The decorative art collection from the 1950s, 1960s and 1970s that the villa treasures, has, in this way, also an author. Beginning with the three sets of custom flatwares that he did exclusively for his clients, made by the Italian ceramic company of Richard Ginori (1960), one of which is decorated with the house's first elevation sketch, to the “Diamond” silverware the Boston's house of Reed & Barton commissioned Ponti in 1955, and the coffee set also by Ponti for the Orfevrerie Parissiène Cristoffle, to the exquisite array of solifleurs and flower vases in Murano glass – naturally abundant in the residence of an orchid collector-, with Flavio Poli´s signature for Vetri de Seguso and Ponti´s for Vetri di Paolo Venini. At the time of the couple's moving, the house was so completely furnished, and they were so thrilled to go modern, that they came to live in it just with their suitcases filled with their closest belongings…

The Villa Planchart is related to the forms and aspirations of the elegant Pirelli Tower in Milan (1958), sharing its diamond-shaped plan and vertical side openings. It is known that the architect worked on both projects, that he kept side by side on parallel drafting tables in his studio. But the Venezuelan house is also linked to his remaining architectural production, evoking L´Ange Volant (Garches, 1926) great staircase, Villa Arata´s (Naples, 1952) sculptural chimney, his Hotel Parco dei Principi (Sorrento, 1962) Salerno ceramic floors, to mention a few. Equally, in it he brings back many of the dreams he published in Domus, and with which the Plancharts, undoubtedly, as his regular readers, had also dreamt for years. In the same way, the house also has an “offspring”: it enabled Ponti to do three other projects in Caracas, two of which effectively achieved construction: Villa Gorrondona (1956, unbuilt), Villa Diamantina and Villa Guzmán Blanco (1958). None, whatsoever, had the importance of El Cerrito, that with the passing of time has naturally become an authentic embassy for modern architecture and design.

Gio Ponti earned in Caracas and with his friendship with the Plancharts many years of happiness. Already at the beginning of the house's construction, in 1954, when he began to call it “my jewel”, it seems like he had also planned its civilizing destiny. Today, his “Florentine” villa awaits the construction of a half-buried auditorium in the hill, that will broaden its performance as an Italy-related cultural centre. Gio Ponti´s “prediletta villa” is about to live a new chapter of its wonderful story.


Portada del número de Modernism magazine. 

 


Publicado en: Modernism magazine, New York City, 2007, pp- 54-63.



jueves, 7 de febrero de 2008

L´orchidea-farfalla I. Cerrito

El Cerrito (f. Paolo Gasparini. Archivo Gio Ponti Caracas, Fundación Anala y Armando Planchart).




“Vuestra casa será gentil
como una gran mariposa en la cima de la colina”.
Gio Ponti, 1953.

Conocí la Villa Planchart —cuyo nombre original es “El Cerrito”— en 1985. Durante los años siguientes la visité en muchas ocasiones, pudiendo verla funcionar a plenitud, conociendo los secretos de cómo era mantenida en perfecto estado de conservación y sintiéndola tan viva como en el día de su estreno, el 8 de diciembre de 1957. En marzo de 2001 le propuse a Anala Braun de Planchart hacer un libro sobre su casa. Desde entonces hasta su muerte, acaecida en mayo de 2005, trabajamos juntas en ello ininterrumpidamente. Cuando comenzamos, ella tenía 89 años y yo 43. 
 
Hacía ya veinte que su esposo Armando Planchart Franklin había desaparecido tras una fulminante enfermedad. Nunca tuve la suerte de conocerlo, per
o puedo dar fe de que a la señora Planchart la viudez no la abatió nunca. Se había propuesto honrar la memoria de su esposo y la del arquitecto de ambos, el maestro milanés Gio Ponti, no dejando morir la casa que habían construido juntos. 

De sus cuatro décadas de matrimonio, décadas de una felicidad incomparable, y de la profunda amistad que los unió a Ponti, había nacido esta soberbia arquitectura, sensible e influyente como pocas, su obra maestra, según él mismo afirmaba. Más tarde también construyeron la Residencia Caraballeda, un ancianato ubicado en la costa cercana a la ciudad, esta vez junto con el arquitecto Carlos Gómez de Llarena, mi esposo. A partir de 1974, am
bas obras entraron a formar parte de la Fundación Anala y Armando Planchart a fin de asegurar su salvaguarda y conservación. 

Aquella primera mañana de marzo de 2001 encontré a Anala Pl
anchart como siempre: risueña y amable, alerta e inteligente, sencilla y elegante: la incomparable anfitriona de una de las joyas de la arquitectura moderna del siglo XX, la señora de la casa moderna más bella de Caracas. Se rió mucho aquel primer día, complacida por mi petición. “Vas a convertirte en mi biógrafa”, bromeó. Yo, que tenía en mente hacer una tradicional investigación de arquitectura, confieso que al oirla me asusté un poco. Pero no le faltaba razón: para conocerse, hay que comenzar por el principio…

Cada martes durante casi cinco años me esperó puntualmente a las diez y media de la mañana en un ángulo del soleado salón de su casa. Un lugar que luego supe que Ponti había bautizado como “el Rincón de la Señora”: su sitio predilecto. Desde allí se domina casi todo el ala signorile de la villa: la Escalera principal, el Patio, el Comedor tropical, el Comedor grande. Cómodamente sentada en su poltrona favorita (una poltrona—Ponti tipo Lo
unge Chair, con el respaldar y los brazos tapizados en brillante vinil color arena y pies triangulares de bronce a los que se les había sacado lustre cuidadosamente durante casi medio siglo), empezaba a dar rienda suelta, locuaz y divertida, a nuestra conversación.
 
Sus trajes de corte perfecto en el mejor espíritu Jacques Fath semejaban un plano de color que parecía formar parte de la arquitectura circundante. Sobre ellos se recortaba impecablemente siempre alguna joya de diseño moderno: un broche como una estrella, un sencillo collar de plata, unos zarcillos de oro en forma de delfín. Toda la deliberada abstracción de su atuendo —hoy vuelto legendario— iba invariablemente calzada con un par de
italianísimos Ferragamos. Justo a sus espaldas, Gio Ponti, preocupado por la torridez del desconocido trópico, había insertado una de las ventanas de aluminio con persiana adentro fabricadas para la villa por la compañía Officine Malugani Milano. En ella se contemplaba un paisaje como en uno de los muchos cuadros que adornan la casa: el de la ciudad al pie de la colina con la montaña del Avila al fondo. Enfrente, sobre un largo sofá—Ponti de tres puestos también color arena, me sentaba yo.

No exagero al decir que a partir de entonces la vida nos cam
bió. Anala Planchart anhelaba contar cuanto antes la extraordinaria experiencia de una de las historias más hermosas de la arquitectura del siglo veinte. Sus últimos años encontraron en esto un sentido y una misión, feliz cada vez que los detalles emergían de las nebulosas de su memoria para convertirse en datos ordenados, por no decir en materia de un verdadero testamento para la posteridad. Yo, porque nadie que hubiera podido disfrutar tan largamente del placer de su compañía y de la estadía en los sublimes espacios de la villa —acrópolis de los sentidos, cumbre de civilidad― como yo tuve la suerte de hacer, hubiera podido permanecer indemne.
 
Mucho antes de empezar siquiera a entrar en el tema de
la arquitectura, la señora Planchart pasó semanas contándome la historia de su familia, los Braun—Kerdel, y la de la familia de los Planchart—Franklin con todos sus pormenores. Unos y otros a principios del siglo veinte eran caraqueños residenciados en el centro histórico de la ciudad de Caracas. Ella, la mayor de tres hermanos, era la hija de un farmaceuta y de una ilustrada dama que, entre otras cosas, le inculcó el amor por el arte, por la arquitectura e —importantísimo—, por las orquídeas. El, junto a su única hermana, Ana Teresa, descendía de un empresario que había perdido temprano su fortuna, por lo que hubo de abrirse camino desde abajo, convirtiéndose así en un hombre emprendedor, optimista… y cada vez más acaudalado.

Sus caminos se cruzaron en la fiesta de graduación del hermano de Anala Braun, Carlos. A la joven le gustaba rodearse —junto con su hermana menor, Isabel— de artistas, músicos e intelectuales, como el escritor Arturo Uslar Pietri (futuro marido de Isabel), los pintores Armando Reverón y Alejandro Otero, el escultor Francisc
o Narváez, el arquitecto Carlos Raúl Villanueva; entretanto, el prometedor joven empresario ya hacia mediados de los años treinta iba camino de convertirse en el primer General Motors dealer de Venezuela. Ni qué decir que sus mundos se complementaron.

El matrimonio se celebró en Caracas el 8 de diciembre de 1936, día de la Inmaculada Concepción. Veintiún años más tarde, ésta sería también la fecha en que entrarían a vivir en la “casa de fantasía” que les diseñaría Gio Ponti. Venezuela vivía los años finales de una larga dictadura vitalicia a la par que entraba también en la era petrolera y, poco de
spués, en un segundo régimen autoritario. Los Planchart—Braun reflejarían en su matrimonio como en un espejo mágico la apertura sin precedentes de Venezuela hacia el resto del mundo y hacia la modernidad. 

Las sucesivas agencias comerciales de Planchart & Cía. s
erían arquitectónicamente cada vez más grandes y más modernas. Los fulgurantes automóviles Cadillac, La Salle y Chevrolet que se exhibían en sus vitrinas cambiaban de modelo con la misma velocidad que mutaba el gusto de la época: los elegantes packards de los treinta dieron paso a los abultados sedans de los cuarenta, y éstos a las aerodinámicas naves de los cincuenta que tan bien harían juego con la Caracas moderna que empezaba a expandirse y a construirse en el longitudinal valle caraqueño y su media corona de colinas. 

Por su parte, en la intimidad del hogar, Anala Planchart traducí
a este hollywoodense desfile de estilos automovilísticos en el desapego gradual de todo vestigio de la ciudad provinciana y neocolonial del pasado, dramáticamente representado en la lista de sus regalos de boda: desechaba los pesados y oscuros muebles de caoba insertados de cuero repujado, regalaba los floreros rococó, vendía los óleos de paisajes inidentificables con marcos eclécticos, desterraba al último cajón la platería de filigrana y se deshacía a toda prisa de todo espejo biselado y de todo dorado pseudo—renacentista.
 
Es mítica la anécdota que retrata a los Planchart el día de su mudanza a El Cerrito: los dos de pie frente a las abstractas puertas de vidrio de la entrad
a, bajo la sombra tenue de la blanca marquesina, cargados tan solo con un discreto juego de maletas. Lo siguiente era subir los peldaños en voladizo de la “escalera volante” dispuesta por Gio Ponti y traspasar el umbral de su nueva y flamante villa. Bajo el brazo, un único objeto: el óleo multicolor de un jarrón con flores, obsequio de la pintora Julia Brandt para augurarles suerte en el matrimonio. Este aún hoy cuelga, solitario, invicto, sobre el lecho del “Cuarto de la Señora”. Al respecto, ella apuntaba: “Todo lo dejamos atrás, todo”.

El sueño de modernidad de los Planchart fue de hecho, tan heroico y tan seductor como queramos imaginarlo. Caracas, aunque cada día se transfo
rmaba a grandes pasos en una capital cada vez más adinerada y cosmopolita, compartía ese cosmopolitismo recién adquirido con una solapada tradición que se regodeaba tanto en sus aires afrancesados y españolizantes, como en las elegantes formas criollas de su pasado más antiguo. La gente vivía como antes, hablaba como antes, pero ya sus nuevas casas y nuevos edificios iban dejando de ser los de antes, y en la ciudad se veían cotidianamente en los clubes y en los restaurantes, y participando en los numerosos congresos y obras de arquitectura, ingeniería y urbanismo, a las más fulgurantes personalidades de la escena internacional: Wallace K. Harrison, Eugène Freyssinet, Eduardo Torroja, Roberto Burle—Marx, Alexander Calder... Era el zeitgeist de la Caracas de fines de los cuarenta y principios de los cincuenta: apostar a convertirse en la capital latinoamericana del diseño moderno, compitiendo con Ciudad de México y con la mismísima Río de Janeiro. Y entre los caraqueños que más contribuyeron a esta ambiciosa apuesta, estaban Armando y Anala Planchart.

Nadie tan generoso como ellos en propulsar al arte moderno a través del “Salón Planchart”; nadie tan incansablemente viajero y trotamundos, traye
ndo cada vez de vuelta a casa la fe impostergable en la necesidad de modernizarse y progresar para el país; nadie tan enamorado de la arquitectura, construyéndose dos residencias modernas previas a la Villa Planchart en otras partes de Caracas, ensayos necesarios para su futura villa: en el valle, “Guari”, la casa Art Déco de la urbanización Alta Florida, y en el litoral, “Churuata”, la casa funcionalista de la urbanización Tanaguarena, residencias que habitaron volviéndose cada vez más vanguardistas en sus gustos. Nadie, al fin, tan enterado de lo que ocurría en el mundo del diseño más allá de las fronteras venezolanas, suscritos como estaban regularmente a las principales revistas de la época. Particularmente, ya desde fines de la década de los cuarenta, a las italianas Stile y Domus. Y cuando un buen día se preguntaron quién era el editor de tales maravillas, en medio de sus páginas encontraron impreso el nombre de “Gio Ponti”. Así fue que tuvieron noticia de quien se convertiría en su arquitecto y amigo de por vida.

Su condición de viajeros empedernidos y de cazadores de trofeos —que quedó registrada en una colección de cintas de viajes—, junto a su afán por mantenerse al día aún mientras residían, sedentarios, momentáneamente en Caracas, marcó la pauta frente al resto de los caraqueños ilustrados de su generación. Por mucho que éstos les aco
mpañaron en el intento fabricando notables casas que hoy conforman lo más granado de la memoria urbana de Caracas, como por ejemplo la monumental villa “Caurimare” de los Palacios—Julliac —grandes coleccionistas de arte y promotores de la música— en los altos de Colinas de Bello Monte, o la neoprovenzal villa “Barberenia” de los Revenga—González-Gorrondona —quienes hicieran de sus bellas personas el mayor monumento a la gentileza caraqueña— en el Caracas Country Club, nadie igualó a los Planchart en términos de expresarse a través del arte de la arquitectura para dejar una huella en la fábrica de la ciudad. En la época dorada de las grandes obras caraqueñas, ellos, gracias al genio de Ponti, no tuvieron parangón.

La palabra cerrito (que expresan en el español local la condición de una pequeña montaña, o de, más acertadamente, una colina), es aquí cuando viene al caso. Porque de la aparición en escena de este “famoso cerrito” —como dijera Gio Ponti— es que vienen a fraguar las condiciones que ya estaban dadas en sus vidas para convocar a Venezuela al genio del gran maestro milanés. 

Se habla de que Ponti vio en este sitio una gran oportunidad para la arquitectura. Y así fue. La colina donde hoy se asienta la Villa Planchart es la más alta del
valle de Caracas, con una panorámica ininterrumpida de 360 grados a la redonda, abarcando las vistas de la ciudad y de los distantes valles del sur hasta casi vislumbrar los llanos meridionales. Desde allí, el Avila —último ramal de la Cordillera de los Andes— se aprecia de punta a punta y de este a oeste como desde ninguna otra parte en Caracas. Una verdadera trouvaille, un hallazgo que solo puede explicarse porque el sitio nunca había sido urbanizado antes y porque Anala Planchart fue la primera en descubrirlo… intuyendo ella también la gran oportunidad que allí ofrecía la generosa naturaleza.

Al momento de llegar al encuentro con la extraordinaria propiedad en 1953, los Planchart habían alcanzado la medianía de la vida. Armando Plancha
rt había cumplido 50 años, decidiendo retirarse “para hacer finalmente todo aquello que siempre deseó”. La gran diatriba con su mujer, que a la sazón tenía 45, era que ahora gran parte de su fortuna deseaba empeñarla en adquirir una hacienda en algún recóndito lugar de Venezuela. Y una rural hacienda, con su bucólico ritmo de vida ganadero, era lo último a lo que aspiraba en ese momento la inquieta y urbana señora Planchart.
 
Deseando salirle al paso a la decisión de su marido
, adoptó el plan de irse todos los días manejando su Chevrolet a recorrer sola los nuevos terrenos urbanizados del este de Caracas, especialmente las verdes colinas-mirador, en busca de algo que pudiera parecerse a una hacienda, pero dentro de los ámbitos de la ciudad. Y un buen día dio con un salvaje y solitario cerrito en las recién urbanizadas Colinas de San Román.
 
Esta era una de sus anécdotas favoritas, que contaba a todo aquel que visitaba la villa por primera vez. La bella historia fue repetida decenas de veces por la creativa narradora, quien a veces le introducía inesperadas variantes. A mí tambié
n me la contó: “Estando de vuelta de haber encontrado este terreno, fui corriendo a decírselo a Armando: “Mi amor, ¡te conseguí una belleza de hacienda!”. A lo que él replicó enseguida: “¿Hacienda?, ¿dónde?” Y yo le respondí: “Aquí mismo, en Caracas”. Dudando de lo que le decía, preguntó: “En Caracas, ¿hacienda?”, y yo insistí: “Sí, ¡en Caracas, hacienda!”... y me las arreglé para arrastrarlo hasta aquí. El llegó a este sitio, vio el terreno, y no me dijo nada, ni una palabra. Pasó un mes, y un día, estando yo tranquilamente en mi casa, llegó y me dijo: “Vamos, vístete, que vamos a salir”. Yo le contesté: “Pero, ¿a dónde vamos?, ¿al cine, a comer?”, y él me respondió: “No, date prisa”. Tomamos el automóvil, y al rato llegamos justamente hasta acá, donde nos estaban esperando Isabel, mi hermana, con su esposo Arturo y nuestros amigos los Revenga. Y entonces Armando sacó de la parte de atrás del carro unas sillas y una mesita y unas copas, y champaña y caviar, y se volteó hacia mí y exclamó: “Aquí tienes. ¡Esto es tuyo! Dime, y ahora, ¿qué vas a hacer con todo esto?”… a lo que yo le respondí: “Pues aquí en este mismo sitio voy a poner mi cama, y al lado de mi cama voy a colocar una vaca y entonces le voy a hacer caricias en el lomo…” 

Pocos meses tuvieron que pasar hasta que la preciosa
propiedad alcanzara el destino que le parecía prometido. En junio de ese mismo año, los esposos Planchart salieron de viaje, esta vez rumbo a Milán. Partían esta vez en busca del arquitecto que les haría la villa maravillosa que ya soñaban ver coronando el cerrito.

Armando y Anala Planchart. Maiquetía, diciembre de 1936 (f. Fundación Anala y Armando Planchart).







Publicado en: Antonella Grecco, editor. Gio Ponti: Villa Planchart a Caracas, Edizioni Kappa. Roma, Mayo de 2008.