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domingo, 19 de agosto de 2007

La contienda

Un desértico concurso en el Museo del Prado prudujo desaliento.




No podíamos considerarnos más afortunados. Luego del estrepitoso y desalentador fracaso del concurso internacional para la ampliación del Museo de El Prado, cuyos dos kilómetros de planos tirados al cesto de la basura (“o seis”, según sonriendo me dijera hace dos semanas el Decano de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid), el más pintado ya había sentido quebrantarse su fe en las competencias arquitectónicas. La escabrosa estampa de cientos de profesionales de todas las jerarquías, arrojando esperanzados la casa (o el Prado) por la ventana, no había servido de nada: “el fallo fue fallido”, como se lamentara Luis Fernández-Galiano, un lamento que tasa no sólo al desértico concurso, sino mundialmente a la falta de norte en toda la profesión.

Luego de tales ironías de los acontecimientos, no podíamos encontrarnos de mejor talante para apreciar la nueva visita del potencial ganador del otro gran concurso de arquitectura que en estos días también finaliza, el del nuevo Puente Habitable sobre el Támesis, donde parece que esta vez sí habrá un ganador y una idea triunfadora. Lo cual no quiere decir, por supuesto, que no habrá que tirar también algo a la basura: media cuadra de paneles de Zaha Hadid o unos cuantos rollos de planos de Antoine Grumbach esperan junto a la papelera como junto a un cadalso, ambos ya desde hace días proclamados “Joint Winners” rumbo al Juicio Final. Odd couple! Tirar a uno es quedarse con el otro, se entiende, y por fortuna. Ello significa que el jurado, o la Thames Water, o la opinión pública, o la ciudad de Londres, o a fin de cuentas el estado general de las cosas, al escoger entre el puente en cantilever de Zaha (con los diversos usos colgados inverosímilmente sobre ambos bancos del río), o el “Puente Jardín” de Antoine (una calle extendida entre dos torres al norte y un palacio de vidrio al sur), toma partido y está por proclamar a los cuatro vientos su preferencia, su tendencia, su inclinación, no ya simplemente por los cables tensados del uno o por los voladizos de la otra, sino mucho más allá: por una u otra paradigmática manera de enfrentar el problema de la ciudad, en este fin de siglo y para el futuro. Nada menos.

Mientras el contenido de los faxes parece ir favoreciendo por ahora a Antoine, a éste lo encontramos metido de cabeza aquí en Caracas entre los planos de Puerto Cabello, gracias a la Universidad Metropolitana. Su Cátedra de Profesores Visitantes es un ejemplo de lo que habría que repetir si queremos recortar la inquietante brecha que nos mantiene lejos del resto del mundo como una comunidad arquitectónica fantasma. Mientras Grumbach le explicaba a los estudiantes qué significa repensar Puerto Cabello, cómo recoger las trazas de su memoria colectiva, la muralla, el puerto, la aduana, la trama de las calles, cómo llevar adelante ese análisis de la forma urbana, el cual, según sus mismas palabras, ya de por sí es casi la mitad del proyecto de diseño urbano, yo trataba de ponerme en el pellejo de Zaha Hadid...

¡Cuán libre, cuán ágil se puede ser cuando la arquitectura se piensa sin el contexto! Un puente puede doblarse y descolgarse a placer, arranca y termina donde le provoque, existe por sí solo. Totalizante, rompe con todo lo preexistente. Si yo, pensando como Zaha, les hubiera lanzado a estos estudiantes de diseño urbano, desde el otro lado de la mesa y en medio del plano de la ciudad portuaria, un pretencioso e incomprensible gesto escultórico, que contorsionase hasta el orgasmo las calles, que quebrase sin misericordia los bordes, por hermoso que éste hubiera sido, ¿cómo habrían reaccionado? ¿Lo habrían aceptado como una idea válida de diseño urbano para resolver los problemas de ese Puerto Cabello olvidado del mundo, lo habrían tomado con el mismo entusiasmo como cuando se les habla de las metáforas “del tejido, de la costura y de la reparación de las piezas de la ciudad o del atlas de la forma urbana” de Puerto Cabello?

No, no se puede ser tan inocente. Lo que sí se puede ser es, en todo caso, irresponsable. O masoquista. Algo muy en boga en la cultura de las metrópolis contemporáneas, donde el placer encontrado en la violencia, en el deseo de transgredir (no de dialogar) con los límites de la arquitectura y la ciudad se ha convertido en el deporte favorito de los arquitectos modernos y de sus sofisticadísimos Hooligans.

Durante la conferencia de Grumbach, “La forma de la ciudad: la dialéctica de las limitaciones”, el miércoles pasado (1996), uno de los puntos en los que hizo mayor énfasis fue en la idea de la ciudad como un objeto contínuo. Diseñar algo en la ciudad es diseñar algo que no está concluido, que no se ha logrado aún. Como escribiera Anthony Vidler en el catálogo de su reciente exposición en el Pompidou, “los proyectos de Grumbach parecen a la vez representar su propia historia y la de su lugar y entrar en interacción con las necesidades contemporáneas y las nuevas tecnologías”. Frente a la imagen de su puente habitado, frágil baluarte de la dulce doctrina con la que tendremos que librar la dura contienda contra los totalitarismos y caprichos arquitectónicos de nuestra era, lo único que le podemos desear es, primero, que gane, y segundo, que lo transforme en su desarrollo, dialogando aún más, justamente, con el lenguaje de Temple Gardens y del área del South Bank.



Thames Water Habitable Bridge, Antoine Grumbach (f. thehappypontist.blogspot.com).






Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, 4 de Noviembre de 1996.



miércoles, 21 de marzo de 2007

Hablemos de arte urbano

Autorretrato arquitectónico. Antoine Grumbach, 1979.

Antoine Grumbach en Caracas.
En el marco de la exposición “Crear en lo Creado: Arquitectura actual en la renovación de edificios”, expuesta en la Facultad de Arquitectura de la UCV, nos visita Antoine Grumbach. 
Teórico de la “Arqueología Inversa” y poeta del misticismo arquitectónico en los 80, 
Grumbach, Gran Premio de Francia de Urbanismo y Arte Urbano 1992, 
dictará el próximo Martes 24 (1994) en el Museo de Bellas Artes la conferencia
“Las Ciudades o la Inconclusión Perpetua”.

Quizás quieran ir a la charla de Antoine Grumbach porque lo recuerdan por su participación en 1979 en la exposición Roma Interrotta, cuando le tocó el Sector
III del Plano de Nolli, desquiciando a críticos como Allan Chimacoff con sus trío de ficciones y sus reflexiones sobre la arqueología inversa de la forma urbana, afirmando que la arquitectura gana calidad cuando se convierte en ruinas.

O puede que acudan a oirlo porque revisaron de nuevo las ediciones de los Archivos de Arquitectura Moderna y lo volvieron a ver como abanderado de la Reconstrucción de la Ciudad Europea, firmando las declaraciones de Bruselas y de Palermo al lado de Culot, Huet, Nicolin y Krier, entre otras personalidades. Si no, seguramente irán el martes por sus actividades durante el martes por sus actividades durante el I.B.A. de Berlín, o, en último caso, por su célebre hotel inspirado en la arquitectura de las cabañas de troncos americanas que hizo para Eurodisney.

Antoine Grumbach ha sido siempre una personalidad en el mundo de la arquitectura, equilibrando la ultra-sofisticación del panorama arquitectónico francés con la responsabilidad de su búsqueda urbana. Desde hace muchos años, cuando su sonoro nombre que nos despertaba asociaciones pictóricas empezó a hacérsenos familiar, hemos seguido su trabajo siempre con interés y simpatía.

Arquitecto y Urbanista, Profesor de la Escuela de Arquitectura París-Belleville y Consejero Urbanista de la Ciudad de Amsterdam, ha sido desde sie
mpre un consecuente activista urbano, trabajando sobre los temas del arte de la memoria y del espacio público. Esta preocupación se refleja claramente en su arquitectura, especialmente en el delicado proyecto de ampliación de la residencia para investigadores extranjeros de la rue Suger, la “Maison Suger”, una extensión de tres edificios del siglos XVII al XIX situados en el corazón del Barrio Latino del que les mostramos unas imágenes, pero es en sus proyectos de renovación y mejora urbana en Arles, Martigues, Toulouse, Argenteuil, Epinay, Marsella, donde ello mejor se expresa. Con un marcado interés por la Antropología, Grumbach es básicamente un intelectual que forma parte de una generación fuertemente comprometida con la política y la sociedad. Su enfoque de la arquitectura ha sido muy definido por este compromiso. En efecto, para él, los arquitectos deben ser figuras cargadas de sensibilidad social, con profundas referencias políticas, literarias y artísticas. “Ya que hacer arquitectura contribuye a dar forma a la sociedad, debe ser una reflexión sobre la sociedad misma. La ciudad no se detiene jamás, está en constante mutación. Para lograr calidad en la dinámica urbana, se deben comprender los conflictos, las luchas de clases, los juegos de poder y las fuerzas económicas que en ella intervienen; y puesto que la ciudad es una proyección de toda la sociedad, cada edificio debería aportar algo a la misma”1.

Para Grumbach, comprender que la ciudad es un collage infinito, un organismo sedimentario, formado de estratos que se superponen, que revelan su historia y su forma, ya es convertirla en un proyecto. “Cada ciudad" -explica- "tiene una forma propia. Tomar conciencia de esa forma y de su propia transformación nos llevará a pensar antes de construir, y así poder proteger tanto la memoria del territorio como la continuidad urbana. La arquitectura debe permitir que se establezca un diálogo entre todo lo que existe. Cada edificio debería formar parte de la trama urbana y aportar algo al espacio público; la arquitectura no debería quedarse en el diseño, ni los arquitectos encerrarse en su expresión personal. Ello va en detrimento de la ciudad.”

Esta posicion teórica en arquitectura, más sus estudios urbanos y el desarrollo de métodos para el análisis de la forma de la ciudad, han sido un significativo aporte y también el objeto de grandes polémicas. Sus trabajos han sido objeto de diversas e importantes exposiciones, especialmente la mencionada Roma Interrotta, en Roma 1978 y los I.B.A de Berlín en 1987 y 1988, así como las de Venecia y Nueva York en 1980, Frankfurt y Amsterdam en 1986, y Tokyo en 1987. Actualmente su trabajo es parte fundamental de la exposición “La Ville”, todavía expuesta en el Museo Georges Pompidou.

Antoine Grumbach en estos momentos está encargado de realizar la primera etapa de la Universidad Nueva de Versalles-Saint-Quentin, que albergará veinticinco mil estudiantes para el año 2.000. “No comienzo un proyecto sino después de comprender absolutamente todo lo que está afectando el mismo, sin antes comprender cuáles son los mecanismos de constitución de la forma urbana”. Con esta premisa promete establecer un contrato moral con las ciudades de Venezuela hoy. Otros proyectos suyos en marcha son el esquema del sector de Moulon en el Plateau de Saclay, una operación de planificación que une la extens
ión de la Universidad de Orsay a un nuevo centro de investigación y actividades diversas, y la construcción de la Estación de Trasbordo de la línea de tren Meteor, del Metro de París, ejemplifica mejor que ningún otro proyecto su visión de la ciudad que se construye sobre sí misma.

Antoine Grumbach ha visitado Caracas antes. Cuando le preguntamos por ella, nos comenta que “Caracas es una ciudad intensa, puesto que todos los probl
emas que están ligados a la conciencia de una ciudad se presentan aquí a una escala exagerada: el tráfico, las autopistas, la escala de la naturaleza y la compleja trama urbana. Esto la hace única. Es una ciudad difícil de catalogar, aún para las personas como yo, habituadas a leer la forma de la ciudad. Esta circunstancia podría percibirse como algo negativo, pero en la historia de las ciudades existen momentos difíciles en el crecimiento de las mismas que con el tiempo pueden devenir elementos positivos. Personalmente, creo que Caracas tiene mucho potencial”.

Sus reflexiones sobre la ciudad, sobre la forma urbana, el papel del tiempo en la construccion de ciudades y la capacidad actual de la arquitectura para resolver estos problemas, será el tema de la charla. La ciudad, el gran proyecto perennemente inacabado, ¿podrá ser reatrapada para la arquitectura? Para oirle responder esa pregunta que él mismo se hace y hablar de arte urbano, nosotros acudiremos sin falta.


!Bienvenido, Antoine!



Antoine Grumbach (f. www.antoinegrumbach.com)



NOTAS
1. Paulina Palacios. Entrevista a Antoine Grumbach, París, 10 de Mayo de 1994.


Publicado en: Arquitectura, El Diario de Caracas, Caracas, 1994.