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martes, 8 de julio de 2008

Mut (il) aciones

Mutations. Rem Koolhaas, Stefano Boeri, Sanford Kwinter, Nadia Tazi & Hans Ulrich Obrist (f. www.amazon.co.uk/Mutations-Rem-Koolhaas/dp/images/8495273519).





“En 1900, el 10% de la población mundial habitaba en las ciudades; en el año 2000, 50% vivía en las ciudades. De aquí a 2025, el número de ciudadanos podría alcanzar 5 millardos de individuos (3/4 partes de ellos en los países pobres). En 1950, sólo Nueva York y Londres tenían más de 8 millones de habitantes. Hoy, existen 22 megalópolis. En una hora, hay 60 personas de más en Manila, 47 de más en Delhi, 21 de más en Lagos, 12 de más en Londres, 9 de más en Nueva York, 2 de más en París y 6 personas de menos en Moscú. De las 33 megalópolis anunciadas para el 2015, 27 estarán situadas en los países menos desarrollados, de los cuales 19 están en Asia…”.1 Con estas impresionantes estadísticas del Observatorio Global Urbano, que son como una bofetada en medio del rostro, comienza el espectacular discurso de “Mutaciones”, la más importante exposición sobre el tema de la ciudad contemporánea que se ha hecho últimamente en el mundo (del 24 noviembre del 2000 al 25 Marzo de 2001), organizada por el Centro de Arquitectura Arc en rêve (el arco que se sueña, o si se quiere, el arco que sueña) de la ciudad de Bordeaux (www.mutations.arcenreve.com).

Y es que, globales amigos lectores: los números no mienten. Con crudeza nos revelan una realidad que, aunque todos la veíamos venir desde hacía tiempo, nadie la había querido volver a verificar: el hecho aplastante de que la ciudad ya lo abarca todo. Hoy no solo el mundo entero es un escenario, en el buen sentido Shakespeareano, sino que, aún más crucial, “All the World is a City”: el mundo entero es una ciudad. Gústele a quien le guste, querámoslo o no, take it or leave it; ya está aquí la nueva condición globurbana, producto de los procesos de urbanización galopante: el planeta urbe está por todas partes. No hay más campo virgen, todo es ciudad. Mutatis mutantis: algo sencillamente fascinante.

En Venezuela, también las “mutaciones” están a la vuelta de la esquina. Antes se nos repetía hasta el fastidio lo del “éxodo campesino hacia las ciudades”. Y se nos explicaba, “es la atracción ante la oferta de empleo, la admiración ante la maravilla del espectáculo citadino, es el encadilamiento urbano brillando en los ojos inocentes de Juan Bimba”. ¡Oh, luces de la ciudad! Hoy nuestras principales ciudades finalmente lo lograron: arrastraron a todo el mundo de allá para acá, listo, Glup, succionados, y ahora, son mitad ciudad informal, mitad periferia, mitad suburbia y mitad esa materia que Rem Koolhaas, la incuestionable estrella central del evento bordolés, le ha dado por llamar capciosamente, con un cierto dejo bioquímico, la “Sustancia Urbana”. Nuestros barrios ahora han quedado elevados al rango cósmico del Ectoplasma Puro.

El libro-catálogo de la muestra es encabezado por Koolhaas y su Proyecto Harvard sobre la ciudad, seguido de otras visiones urbanas más, como la de Stefano Boeri (USE-Los Estados Inciertos de Europa), la de Sanford Kwinter ("La ciudad americana"), la de Nadia Tazi ("Fragmentos de una Net Teoría") y la de Hans Ulrich Obrist ("Rumores urbanos").2 Asalta a los incautos en las mesas de las librerías de arquitectura como un estridente ladrillo de color amarillo primario, como un bloque conciso a ser disparado directo al cerebro, allí donde más duele, de formato deliberadamente inscrito en la misma exitosa saga plateada del S, M, L, XL, el gran best-seller de Koolhaas, que fuera, sencillamente, el libro de arquitectura más vendido de los años noventa. Incluyendo en la solapa hasta un CD, Sonic City, con mezclas musicalizadas de atmósferas urbanas, ya es un éxito editorial automático.3 ¡Cómo tiene audiencia este señor! Hasta los que no lo comparten todo con él también se lo llevan a casa. Nadie quiere quedarse atrás en esto del pensamiento urbano de vanguardias.

Pero, cuidado. Dínos primero, Rem, explícale a tu fanaticada, ¿qué es éso de irse a Harvard, es decir, de irse a América, a AMERICA, para llamar a un taller de Diseño Urbano “Proyecto sobre la ciudad”? ¿Tú, que escribiste una vez en letras mayúsculas en tu ensayo “Bigness” aquella lapidaria máxima de “Fuck Context” (Al diablo con el contexto)? ¿Tú, que has desatado divergencias hasta hoy desconocidas en el campo del urbanismo (una ciencia muerta, según aseguras) y has incubado a toda una generación de arquitectos antiurbanos que han llegado hasta el extremo de vociferar en los pasquines arquitectónicos del globo que “la ciudad mató a la arquitectura”? ¿Tú, que te autoproclamaste el nuevo Nietzsche de lo urbano para negarlo todo en aras de lo urbano mismo? ¿Tú, el profeta, que has dicho que LA CIUDAD HA MUERTO?

En la violenta entrevista que cierra el libro, sin duda el plato fuerte del evento, Francois Chaslin, director de L’Architecture d’aujourd’hui, adalid de los contextualistas de Francia y del mundo, trata de acorralar a Koolhaas durante cuarenta y dos páginas para ver si lo hace aclarar porqué el título original de su proyecto era “Sobre aquéllo que una vez fue la ciudad”. Pero éste no quiere responderle. No quiere explicar por cuáles razones Latinoamérica no figura en la exposición y todo se concentra en el sudeste asiático; o cuál mandato divino le da esa licencia tan licenciosa sobre las formas urbanas de la historia, reduciendo la cultura urbana y del lugar al rubro con sabor a marketing de “Ciudad Genérica”; ni tampoco quiere explicar porqué, si ya se sabe que le sobra el talento, aún le hace falta seguir escandalizando por la fama, irrespetando –cual Madonna de la Arquitectura- todo lo que pueda quedar en ella de sagrado, diciendo con desparpajo, “no voy a explicar nada más. Que comprenda el que quiera”. 

El problema de base planteado en Mutations, no obstante, tiene sentido y urgencia. Las periferias del mundo están clamando por una nueva urbanidad… que no puede quedar en manos del azar o de la moda. La corriente actual que proclama bello lo feo y hace una amnistía por lo existente, no va a resolver sus problemas. En vez de simples mutaciones tendremos más monstruosas mutilaciones… que, por supuesto, siempre podrán servir para llenar las páginas de seductores libros, cargar sofisticados web sites… y asegurar jugosos contratos en el Tercer Mundo.





NOTAS
1. Rem Koolhaas, Stefano Boeri, Sanford Kwinter, Nadia Tazi & Hans Ulrich Obrist. "Mutations: événement culturel sur la ville contemporaine", Centre d’Architecture, Bordeaux (24 noviembre del 2000-25 Marzo 2001), Actar, Barcelona, 2000.
2. François Chaslin y Rem Koolhaas. Discusión "Face à la rupture".
3. R. Koolhaas. S, M, L, XL.



Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, lunes 12 de Febrero de 2001.



sábado, 26 de abril de 2008

Alessandria

City. Alessandro Baricco, 1999.




¿Cuán valiosa puede volverse la propuesta de un escritor para el tema de la ciudad frente a la banalidad generalizada del pensamiento urbano global reciente? La mayoría de los proyectos de todas partes del mundo presentados con gran alarde tecnológico en la Séptima Biennale d’Architettura di Venezia –hasta el 30 de Octubre de 2000 en los Giardini di Castello- abordan de una manera débil el gran tema de la ciudad y sus complejos dilemas contemporáneos, redundando en clichés escondidos tras una jerga cibernética. En algunos casos, quizás lo único que queda tras contemplar las voluptuosas vistas hechas con ordenador de los proyectos arquitectónico/urbanos presentados, es uno que otro vestigio “conceptual” que ronda más bien los terrenos de la literatura, por lo que es sólo como ésta, en el mejor de los casos, que puede ser evaluada como propuesta… 

En este contexto, Alessandro Baricco, con su última novela City (1999), construida “como la idea de una ciudad”, podría resultar siendo el mejor de los diseñadores urbanos que actúan contemporáneamente en la escena global, el arquitecto/urbanista inexplicablemente fuera de concurso que hubiera podido ser premiado con el León de Oro acaso se le hubiera ocurrido presentar su “ciudad” ante la contienda planteada por el Comisario Massimiliano Fuksas en Città: Less Aesthetics More Ethics (www.labiennale.org/it/architettura).

Durante el lento discurrir de todo el verano pasado, dos libros de sabor urbano se alternaron en sus turnos nocturnos para confundirme con sus voces: City y Città: Less Aesthetics More Ethics. Yo no sabía muy bien, en medio de tántas atmósferas deliciosamente mezcladas, cuándo hablaba la ciudad en boca de Alessandro Baricco -el autor de Seda- ni cuándo en boca de Massimiliano Fuksas, el director de la Séptima Bienal de Arquitectura de Venecia.

A ratos me parecía oir a Shatzy Shell, la adorable heroína de City -diciendo lo que siente al tener frente a sí a una ciudad ideal, tema principal tras todo el libro: "es... como una suerte de consuelo, en el interior, como una revelación que abre el corazón pero que al mismo tiempo se siente como una puntada, como una sensación de pérdida irremediable y definitiva: Una catástrofe dulce", confiesa.1 Yo la escuchaba, sigilosamente, jurando que ésa era sin duda su voz, la modulada voz de Shatzy Shell: "...seguros y confiados en la capacidad de cambio del hombre, colocamos este nuevo y precioso momento de búsqueda a la disposición de todos aquéllos que han sentido que su deber es intervenir la realidad de cualquier manera posible porque están todavía convencidos de que son capaces de cambiarla, aún con la web..." 

Sí: seguro que era ella la que hablaba. Shatzy en la web, dictando en su grabador personal, Shatzy caminando por las calles ideales de la ciudad sobre sus afilados stiletti negros, Shatzy navegando en el ordenador por esa city ideal que Alessandro quiso escribir al proponerse construir un libro que fuera "...como una ciudad, como la idea de una ciudad". Fascinante idea para cualquier libro, o para cualquier bienal de arquitectura en estos días.

Para Baricco, la fundación de una ciudad imaginaria donde "las historias son barrios, los personajes son calles y el resto, es el tiempo que pasa, las ganas de deambular y la necesidad de mirar", se convierte en la alucinante comprobación de la importancia universal del diseño, especialmente para quienes escriben. Así nos lo ratifica él mismo, reflexionando: "yo diseñé en City dos barrios, que se deslizan hacia atrás en el tiempo. En uno de ellos, hay una historia de boxeo de tiempos de la radio. En el otro, hay un Western". Habiendo viajado por su ciudad, Torino, durante tres años completos, lo que termina haciendo es lanzar al espacio editorial el postulado de su idea personal del habitar, de un plan propio donde traza un camino que "el lector, si lo desea, podrá rehacer". Su conclusión final, a manera de pregunta, pareciera más bien sacada de la presentación de la Bienal de Venecia: "ésto es lo que hay de bello, y de difícil (en todos los libros): ¿realmente podemos hacer el viaje de otros?".2 Ay, ¡el viaje imposible de la ciudad ideal!

Las cien contribuciones finales online que hubo para la Bienal de Venecia (llamada también -¿puede caber otro nombre?- "Città"), los cien improbables metabolismos urbanos enviados electrónicamente desde todo el mundo para que pudiéramos rehacer el camino por sus imágenes en movimiento y "hacer el viaje de los otros" surfeando por sus performances técnicos, son en el fondo iguales a City. No por ser propuestas urbanas para una bienal dedicada a la ciudad, sino porque son también "una manera de diseñar sin "construir", sin abandonar la exploración y la búsqueda de todos los posibles 'espacios' que existan"  ...pero, ¿estaba trascribiendo de nuevo el monólogo? Con tánto calor en las noches, podía uno confundirse. Mas no: ésto último tenía algo más de histérico y mesiánico; era más el tono del director Fuksas, cuando arrancaba invocando a "ese hombre de la metrópolis, quien está solo y se encuentra socialmente desconectado, y que se convierte gracias a Internet en un nodo virtual del universo, en un espectador desde afuera".

Afuera. Uno esta siempre afuera de las utópicas divagaciones de las vanguardias. Tan afuera como nuestra amiga, creyendo ilusoriamente habitar en el corazón real de su ciudad ideal: "...uno está siempre fuera, mirando pero siempre desde afuera. No puedes meterte en ella, estás irremediablemente delante, miras y no puedes hacer ninguna otra cosa. Es un buen truco. Cuando te llega el momento de ver el lugar donde serás salvado, siempre es desde afuera que lo observas. Nunca estás dentro. Es tu lugar, pero no estás allí jamás"... y no lo estarás, nunca, aunque participes todo lo activamente posible de la "nueva revolución" propuesta por Fuksas, y comulgues electrónicamente con las supuestas nuevas ideas, utopías y soluciones (trucos) que van a responder a los viejos problemas de la ciudad... Porque lo importante -dice Massimiliano- era "que se reunieran en el site la mayor cantidad de ideas posibles, que empezara un diálogo sobre los fragmentos visionarios de una nueva geografía metropolitana".  

Y fragmentos, sí que los hubo: estadios/contenedores; ciudades espaciales satelitales; villas elevadas; rascatierras flotantes (Earthscrapers); multiciudades; ciudades de papel antiterremotos; túneles interfase; alquimias urbanas; ciudades invisibles de Coop Himmelb(l)au; ladrillos y pixels de Dillier y Scofidio; contenedores coreográficos; máquinas fluidas, chips de infraestructura, espacios smooth, laberintos dinámicos, desapariciones suaves; paredes sin paredes de Zaha Hadid; arquitecturas extraterrestres; urbanismos automáticos; robots urbanos... y los morphs y las matrix usuales, en el eterno, infinito y siempre cambiante campo de las creaciones de sus habitantes.

Uno de los participantes de la Bienal se llamaba Pietro Caruso. A mí se me se destacó en la noche de Agosto como una estrella fulgurante. Su proposición era tan solo una cita textual de Max Frisch: "estoy sentado en un bar, es de tarde y por lo tanto hay un solo barman trabajando; me cuenta la historia de su vida, una historia de verdad. Entonces, ¡se la creo! Y se lo digo. El seca los vasos que ha lavado. -Sí- repite, -¡así es como fue!- Yo bebo, y pienso: un hombre ha tenido una experiencia y ahora busca la historia de esa experiencia... el cuento que la acompaña. Uno no puede vivir con una experiencia sin una historia, así pienso yo y algunas veces imagino que otro posee la historia que va con mi experiencia... (pero no es el barman)".3 

Los comisarios de la Bienal no premiaron a Pietro Caruso, pero yo casi lo ví de la mano de Shatzy Shell, entendiendo mejor que nadie este asunto veraniego de la ciudad.


The Web City. Hideyuki Yamashita (f. www.fotomino.blogspot.com/2007/12/web-city.html).







NOTAS
1. Alessandro Baricco. City, RCS Libri, 1999.
2. La Biennale di Venezia. Expo on line: "Città : Less Aesthetics, More Ethics", 7th International Architecture Exhibition, La Biennale di Venezia, Marsilio, Venecia, 2000: www.labiennale.org/it/architettura.
3. Max Frisch (Arquitecto y Premio Nóbel de Literatura, Zurich, 1911- ). Il Mio Nome Sia Gantenbeinv.




Publicado en: Papel literario, EL NACIONAL, Caracas, Sábado 28 de Octubre de 2000.



miércoles, 26 de septiembre de 2007

Castillos en el aire


René Magritte, Le château des Pyrénées, 1959.




La vanguardia arquitectónica está de plácemes. Luego de un cuarto de siglo de no dar pie con bola, ha logrado rehacerse de nuevo -¡al fin!- como vanguardia en una tercera posmodernidad: la cibernética. Esta vanguardia lo es en el sentido militar original que le diera a la palabra avantgarde Napoleón I: “el deber de una vanguardia o de una retaguardia no es el de avanzar o retroceder, sino el de maniobrar”. Y la maniobra de turno es la virtualidad. Con la computadora de nuevo “experimentar se ha vuelto inevitable”, como quería en los años sesenta el grupo radical Archigram.

Estamos viendo un renacimiento de aquel futurismo exacerbado, de aquella incontenible necesidad de expresión, madre de la mitología formal de la arquitectura. La célebre frase de Archigram, “el mundo es o una villa o un cojín”, se emparenta en su fetichismo con la contemporánea “el mundo está en un estado de continua transformación”. La glamorosa jerga hecha con palabras como neumático, cartoons,
automats o suitaloons nos retraen hoy, sin remedio, a la autocadiana jerigonza del snap, grid, layer, zoom o attach... Episodios de una misma saga.

El frenesí es global por un nuevo arte, lenguaje, tiempo y espacio. Algo muy de los años sesenta. Individuos de reconocida sed de vanguardia, como Peter Eisenman, se regodean con la posibilidad que les dan las actuales tecnologías de esgrimir innovaciones como la de ampliar un estadio de fútbol a partir de algo tan críptico como “iteraciones de la bifurcación y operaciones Booleanas”. Recientemente Eisenman abogaba por las nuevas “zonas turbias”, nombre aplicable a prácticamente todo en esta era post utópica de fronteras borradas entre lo real y lo virtual, transarquitecturas, hiperciudades, mundialización y métodos de modelación no-euclidianos.

Son las “arquitecturas de lo aún no visto” (Brian Mas
sumi): ¿recuerdan ustedes una vanguardia más feroz y radical? Veamos los casos de dos oficinas de arquitectura, una aparentemente en París y otra en Rotterdam, (a)rchimedia y Oosterhuiassociates... Porque, para empezar, ya ningún arquitecto proviene de ningún sitio en especial. Los “vaqueros del teclado” no son los clásicos “ciudadanos del mundo” de antaño: al estar todos los vecindarios del globo conectados en Internet y no existir más un centro verdadero, la suburbia se ha vuelto mundial y éstos deambulan por las ciudades y sus espacios en lo que ellos llaman “flujos despacializados”, apropiándose de todo y diseñando en todas partes por igual, sin mediar el tiempo ni el espacio. La descontextualización es un subproducto lamentable.

Para (a)rchimedia la inteligencia colectiva permite que lo global se vuelva local (Glob/Loc), lo compuesto pueda descomponerse (Comp/Decomp), lo s
uave se vuelva duro (Soft/Hard), lo analógico se haga digital (An/Dig) y viceversa. Sus proyectos, visitados desde cualquier monitor, se construyen en los espacios nuevos de lugares sin memoria: son cabañas post primitivas decentralizadas, delocalizadas, derrealizadas en el ámbito urbano del no-lugar de la ciudad digital. Una especie de discurso difuso para tomar entre martini y martini en un Web Bar. Por su parte, los arquitectos de Oosterhuiassociates son más concretos, y por tanto más temibles. Ellos afirman que “en las décadas próximas, los edificios evolucionarán genéticamente y se transformarán de estructuras platónicas mudas, en receptivos volúmenes doblados, absorbiendo, digiriendo y generando flujos de información y energía”. Mediante la fusión de la inteligencia con los materiales de construcción, la realidad virtual se mezclará con la realidad física.

Los controles de navegación de Auto CAD, FormZ o Archi CAD con todas sus funciones, han hecho que se desarrolle una nueva manera de diseñar análoga a la nueva manera de escribir que promovió el procesador de palabras. Ahora hay arquitectu
ras de ordenador como hay novelas de ordenador, y son similarmente infladas y ubicuas. Su principal gusto está en el doblado, en el abigarramiento, en el forzado de las formas, características típicas del barroco (ahora llamado “fold” Neo Barroco); también en las permutaciones, las repeticiones, los facsímiles, las torsiones y las deformaciones variables.

Tantas formas sin control hicieron repuntar a la Topología, la ciencia de las transformaciones continuas. Somos topólogos y ciegos como unos topos, mientras que los filósofos y psicólogos de la percepción se apuntan como los nuevos gurús de la arquitectura del próximo siglo. Allí están Gilles Deleuze y su Empirismo Superior; o Paul Virilio, presidente de L'Ecole Spéciale d'Architecture de París, y -no faltaba más-, el más “De” de todos, Jacques Derrida, para ayudar a los cuerpos arquitectónicos (como se les está llamando a las arquitecturas) a dar el “salto cuántico” hacia un más alto nivel de energía. La arquitectura posterior al giro topológico es dinámicamente deformacional y, sobre todo (¡horr
or!), post humana. Ni habitantes ni ciudadanos: sólo usuarios.

Mas tras tanta maniobra napoleónica subyace la desconfianza. La vanguardia de silicón ha resultado una buena piel de cordero para muchos lobos. Tras su pantalla iluminada amenaza el vacío. En el prado global de los castillos aéreos también pueden saltar las clásicas liebres de la mediocridad y el engaño, sólo que ahora es más complicado darse cuenta.








Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, 26 de Octubre de 1998.



viernes, 21 de septiembre de 2007

¿MoM(i)A?


Ampliación del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Fachada sobre la Calle 54. Yoshio Taniguchi (f. © 2005 Timothy Hursley).




Los arquitectos hemos vuelto a adquirir la costumbre de vestirnos de negro. El éxito de este nihilista uniforme ha radicado siempre en la directa trasmisión de su mensaje: “Yo soy el arte”. Su inmediata obtención de la elegancia es tal que todos conocemos con qué furor lo ha abrazado la moda. De negro. Es parte del dogma.

Hemos hecho acto de contrición: volvemos a ser modernos. No importa si nuestras propuestas son débiles, si nuestros edificios son inextricables, si nuestras ciudades desaparecen por nuestra causa: debemos “lucir” como la vanguardia y nos cubrimos de un plumaje de cuervos agoreros. El origen de este fenómeno fue explicado insuperablemente por Tom Wolfe en dos libros extraordinarios, The Painted Word, de 1975, y From Bauhaus to Our House, de 1981, en los que cuenta cómo se inició el proceso de transferencia entre una arquitectura y un arte desnudos, impersonales y altamente abstractos, y la civilización a la que servían, y de cómo el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) se convirtió, desde entonces, en el templo máximo de la “nueva religión”: el Sancta Sanctorum de los “ensotanados”.1.2.

La predilección por las abstractas vanguardias europeas marcó al museo. Todos sabemos cuánto tiempo pasó antes de que se le hiciera una retrospectiva a Frank Lloyd Wright, el más grande arquitecto americano. Hoy vemos repetirse esta purista actitud de desprecio cultural. En tiempos en que el Pritzker Prize llega a la Casa Blanca para ser otorgado a Renzo Piano (“¡Oh, anatema!”, exclamaría Wolfe), sutil artífice de las transparencias comprometidas con el contexto y la tecnología, vemos cómo la institución, por su parte, adelanta su empresa de mayor envergadura dentro de la saga que dilucidara Wolfe: va a construir su ampliación (1998). Todo el proceso del concurso internacional se mantiene dentro de los márgenes de lo que oficialmente se considera “de vanguardia” -por no decir seguro-, afanándose básicamente por proyectar una imagen “chic” (“Drop-dead elegant”, según The New York Times).

Uno se detiene ante la exposición “Repensando lo moderno: tres posiciones para el Museo de Arte Moderno”, boquiabierto. En la maqueta del proyecto ganador, del desconocido arquitecto japonés Yoshio Taniguchi, se puede apreciar cómo éste, para hacer las nuevas galerías de exhibición, demuele olímpicamente dos brownstones y el ultra-neoyorquino Hotel Dorset, todos edificios de noble arquitectura local e irrepetible.

No contento con acabar con un buen porcentaje de la armónica Calle 54, ya hace tiempo decretada Monumento Histórico por la New York Landmarks Commission, Taniguchi recubre de piedra negra los dos largos bloques que contendrán el jardín de esculturas de Phillip Johnson de 1952, un poco a lo restaurante de sushi o, mejor, como un nuevo “Whitney-On-The-Block”,
cuadriculadamente negro. El dice que aún le falta “imaginar el detallado”, pero nosotros sabemos que no hay detallado que enmascare una bobería.

Se preguntaba Wolfe en el año 81: “Oh bellos, cielos espaciosos, ondas granadas de ámbar, ¿ha existido jamás otro lugar sobre la tierra donde tánta gente de dinero y poder haya pagado y aguantado tánta arquitectura que detesta, como hoy en día dentro de vuestros benditos límites?”. Yo le diría que sí: Nueva York, pero en el año 98. Puede que internamente se hayan logrado significativas mejoras en el funcionamiento, pero la actitud sobre la cuadra de Taniguchi -con un muy apropiado nombre de mascota virtual- y del propio MoMA es tan inconteniblemente barbárica como lo fueron las de los proyectos modernos que destruían urbes en los años sesenta.

El MoMA, antes que propulsar una expresión de lo verdaderamente contemporáneo, como sí lo son, por ejemplo, los hermosos “procesos transparentes” de Renzo Piano, está anquilosado en una imagen del pasado. Del pasado moderno. Aún más, al premiar este diseño se acerca más al abominable Whitney, destructor de Books & Co. y de la vida cultural de su vecindario, que a la infalible e impecable institución que, en 1939, contrató a los dos más idóneos arquitectos, Phillip Goodwin y Edward Durrell Stone, para que construyeran un museo modelo, hoy propuesto por Taniguchi como patio de fondo.


Luis Fernández-Galiano escribió en El País que con el ganador de este año el Pritzker merece más la consideración de “Nobel de la Arquitectura”, porque “además de premiar la imaginación técnica y la destreza constructiva, también eleva el anonimato coral de una arquitectura que rehúsa el protagonismo narcisista”. Todo ésto es claramente irreconciliable con la actitud asumida por el “templo”, que pidió sesenta y cinco millones de dólares a su ciudad para luego destruirle dos calles con una pretenciosa operación estética. 

Hay modernidades de modernidades. Mas la nueva vanguardia consiste en el arte de esgrimir, no el traje del emperador, sino, como dijo Richard Ingersoll, un “respeto estilístico por el lugar”. Hay que “recuperar la complejidad de los lugares urbanos”, afirma el nuevo Pritzker. La ciudad en el próximo siglo no se banalizará. ¿Habrá aún tiempo para que el MoM(i)A lo entienda?




"Por muchos años, el aviso de Hotel Dorset se veía desde el patio de esculturas del Museo de Arte Moderno".



NOTAS
1. Tom Wolfe. The Painted Word, 1975.
2. T. Wolfe. From Bauhaus to Our House, 1981.



Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, lunes 4 de Mayo de 1998; arqa.com,
http://1999.arqa.com/columnas/hanniag4.htm




domingo, 19 de agosto de 2007

Transgresiones

Pabellón Central, Giardini di Castello, Venecia.




La IV Bienal de Arquitectura de Venecia, abierta hasta el 17 de Noviembre (1996) en los Jardines del Castello, vibra bajo el velo tenue de una muda contienda. El cielo, un cielo lleno de nubes, deja pasar a ratos el sol entre los árboles, y los pabellones se iluminan débilmente. El silencio reina; es dueño total de los jardines: a él quizás es a quien el jurado debería otorgar el León de Oro al final de la muestra.

El visitante es recibido con alocuciones impresas sobre una invocada “Presencia del Futuro'' que supuestamente va a llegarle por doquier, que sentirá en cualquier momento. El actual comisario de la Bienal, el Pritzker Prize austríaco Hans Hollein, tituló esta edición “Sintiendo el Futuro - el Arquitecto como Sismógrafo”, intentando hacer un juego con la primera Bienal de Arquitectura del año 1980, “Presencia del Pasado”, dirigida por Paolo Portoghesi. 


Hollein, figura monstruosa de la Mittel Europen Architektur, está firmemente convencido de que la arquitectura “se ha personalizado”, y que por lo tanto “las visiones del futuro han de ejemplificarse mediante la posición y la obra de los individuos.” Atrás quedan los movimientos, los intereses basados en dogmas, las verdades colectivas o las líneas comunes del pensamiento arquitectónico. A un universo de estrellas de la arquitectura (a ellos y sólo a ellos) les corresponde actuar y reaccionar frente a los nuevos fenómenos para darle forma a nuestro futuro; son los elegidos, los “sismógrafos culturales que registrarán una situación en evolución para proyectarse hacia el futuro”. Proyectarse ellos, se entiende.

En el Pabellón Central, antiguo Palacio de Exposiciones, se encuentra la Gran Exposición temática. Forzado a pensar en el futuro para contraponerlo al pasado, el visitante siente no más pisar el edificio que se le despierta la memoria de la Strada Novissima de la Cordelería del Arsenal dieciséis años atrás, con su portal de Aldo Rossi y sus veinte fachadas. Una primera decepción le empaña el ánimo al encontrar lo que parece ser el Depósito Universal de todo lo visto en las revistas de arquitectura en los noventa, solo que con las maquetas un poco más estropeadas por el traslado en vaporetto y las copias de las fotos más borrosas por las ampliaciones efectistas. El visitante recorre las angulares rampas grises y las escaleras metálicas con desgano, cansado de la sensación creciente de estar siempre esperando el pinchazo eléctrico del futuro... Pero Hollein le tiene preparado muy cerca el alto voltaje: la exposición “Radicales - Arquitectura y Diseño, 1960- 75”, un show que él mismo propuso.

Y es que el comisario tiene una idea muy clara de cómo se debe manejar hoy en día una “situación urbana” (léase: “ciudad”). Ya que la arquitectura se ha personalizado, y los arquitectos son “autores”, ahora cada quien es libre de transgredir sus límites tradicionales con obras de vanguardia: “nuevos fenómenos se expanden sobre la idea de ciudad, superponiéndose sobre sus elementos y patrones tradicionales...” Ya la ciudad no es una totalidad, “su corazón ya no es una iglesia, una plaza o un ayuntamiento” sino cualquier conjunto de apetitosos fenómenos prototípicos: un aeropuerto, un museo, una feria, un rascacielos, un centro comercial, todos esperando por un genio, por una idea genial. Basta recordar lo que él mismo le hizo al corazón de su querida Viena, justo enfrente a la Catedral de San Esteban, para entender por qué afirma que cualquier transgresión urbana le es permitida a los arquitectos-sismógrafos: el espacio urbano del futuro ya no tiene por qué ver con el contexto.

En el show, el visitante reencuentra los movimientos radicales de los cincuenta tardíos, de los sesenta y de los primeros setenta, entre ellos varias oficinas de arquitectura con nombres de grupos de rock: Onyx, Archizoom, Missing Link, Ant Farm, Global Tools, UFO, Zziggurat, y algunos radicales de larga trayectoria, como Rem Koolhaas o el mismo Hollein. A Hollein le parecía obvio “volver la mirada hacia estas elocuentes tendencias de avanzada, cuando existían iniciativas en diversas partes del mundo preocupadas con las visiones del futuro, la aplicación de nuevas tecnologías, la nueva interpretación de la arquitectura y la transgresión de los límites entre ésta y las demás artes”. Aunque la sociedad no lo acepte o no sea tecnológicamente construible, el radicalismo se justifica: un futuro es anticipado, por escalofriante que sea.

El visitante de la IV Bienal de Arquitectura de Venecia sale, casi lloroso, del Pabellón Central. Está convencido de las nuevas libertades ganadas. Sale, emocionado bajo los árboles, abrazando la idea de que la transgresión y el des-confinamiento de la arquitectura son el camino para las nuevas generaciones. Pero cuando empieza a visitar los pabellones... se da cuenta de que la convocatoria oficial por el radicalismo a ultranza ha sido en general desoída, y que, como contenido, el conjunto de muestras no tiene nada que ver con las ideas del Comisario. Para colmo de su confusión, al llegar al Pabellón de Venezuela, del que había oído decir era el más sensato de toda la Bienal, se encuentra con que lo único que muestra es su propio proyecto de restauración, con lo cual no se hace una loa al futuro sino más bien al pasado, es decir, a la memoria de Scarpa. Justamente un acto de contricción en contra de todas las transgresiones cometidas y por cometer.

El visitante sale de los jardines arrastrando los pies por la Riva. Se detiene... y se queda perplejo mirando cómo “de nube en nube” se van oscureciendo las aguas de la Laguna.



Strada Novissima, 1980.






Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, 28 de Octubre de 1996.