Mostrando las entradas con la etiqueta Plaza O´Leary. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Plaza O´Leary. Mostrar todas las entradas

martes, 5 de octubre de 2010

Por tu blanca palidez

True colors: la Plaza O´Leary en 1957.





1. Impresiones
Arthur Rimbaud le confería ciertas características cromáticas a las vocales. Para el poeta, a la A le toca el negro; a la E el blanco; a la I el rojo, a la O el verde y a la U, finalmente, el azul. Así, sus textos eran –al menos en teoría- también perfectamente susceptibles de ser leídos en Technicolor. De ello resultaba una “impresión” formada por cientos de puntitos de colores, que, sumados, proveían al lector de una imagen estética paralela del poema, de una sugestión casi mágica, como en aquellos lienzos con numeritos para quien aprende a pintar, o como en la pintura impresionista.

Conocido esto, volví a ver a la ciudad. De lejos, para apreciarla mejor en todos sus colores: los de cada individualidad arquitectónica. Sin ningún canon rimbaudiano a la mano, era sin embargo posible entender los cromatismos implícitos en ella… Y apreciar la imagen global. Caracas con sus frases, sus palabras y sus letras, sus fraseos y sus estrofas ¿necesita realmente de alguien genial que dictamine un código visual que pueda explicarla, o rendirla aparente para los otros? Y si así fuera, ¿qué color le endosaría éste a cada uno de los componentes urbanos?... ¿Es todo, a la postre, un asunto de impresiones personales?

2. Blanca torre
El verso más pigmentado de la poesía urbana caraqueña es aquél de los techos rojos y las azules lomas. En medio del nebuloso tono liláceo que la imagen sugiere, emerge destacada la nívea pincelada del campanario catedralicio pérezbonaldiano. Casi un lienzo… Su blancura de relámpago entre el extendido mar terracotta de los tejados se convirtió desde entonces como en un lema para Caracas… Aunque muchos colores hayan convivido luego bajo el ala de los aleros, aquel blanco de la torre tuvo algo de seminal incluso antes de que el siglo veinte barriera con prácticamente toda la policromática arquitectura colonial y decimonónica.

Blanco, marfil, mantecado, ostra, gris… Luz blanca, atmósferas enceguecedoras. Mediodía. Qué Chandigarh, ni qué Algeria, ni qué Marsella, ni qué Río: Caracas. La Caracas moderna. Hoy, nada brilla en el valle con tánta belleza como el albo espinazo del Aula Magna.

3. Saber ver la arquitectura
Hace 65 años, cuando Carlos Raúl Villanueva desechó los fuertes tonos en boga aplicados a las fachadas de ciertas Siedlung (conjuntos de vivienda multifamiliar) alemanas y de ciertas Hoffe (bloques perimetrales de vivienda multifamiliar) austríacas –en particular los rojos del Karlmarxhoffe-, para recubrir El Silencio con un discreto ton sur ton beige, no era porque le tuviera miedo al color, por desinformación, o porque no apreciara la arquitectura popular… sabemos que Villanueva no era color blind.

Allí un fuerte cromatismo no hacía falta, y por tanto no se especificó jamás en el proyecto. El fragmento de ciudad que se estaba reconstruyendo era el de un barrio residencial para la clase media… tranquilo, urbano, tradicional. Nada de estridencias, al menos no en la fachada a la calle, nada de radicalismos, nada de vanguardismos: ésta fue una lección de la más clásica arquitectura urbana para una ciudad que tenía que aprender a crecer a otra escala, y, literalmente, en otro tono. Así, los bloques de El Silencio, no han sido jamás naranja. Hoy (2005), aunque se aleguen calas, estratigrafías, raspados, estudios cromáticos y demás florituras para tergiversar la verdad histórica, El Silencio solo es como lo diseñó su autor.

El Silencio es del color original de sus arquitecturas cuando fueron construidas, en toda la autenticidad de su momento histórico. Igualmente, Caracas. Y si nos aventuráramos un poco más, para intentar hilar tan fino como Rimbaud, veríamos que en el texto de nuestra monumental ciudad moderna quizás a la A le tocaría algo así como el blanco del concreto, ese béton brut que en el Caribe refulge con inusitada eclosión; a la E el blanco reflectante de las superficies de vidrio; a la I los muros de piedra blanqueados por la solaridad; a la O le correspondería el matiz de los planos murarios encalados y abstractos, y la U sería de todos los colores del arcoiris de las carpinterías, murales, detalles, planos y elementos arquitectónicos, reducidos a uno solo y universal tono caraqueño bajo el sol. Sólo hay que saber leer… o tal vez, simplemente, entrecerrar los ojos.

Nuestra ciudad tiene los colores que ha ido escogiendo cuidadosamente para ella misma a través de su historia, como lo hicieron tántas otras ciudades con personalidad, como Venecia, París, Palma, calle por calle, palmo por palmo, arquitectura por arquitectura, y éstos se parecen en mucho al que la blanca luz del valle ha dictaminado implacablemente para ella. Eso, también es patrimonio.




Procol Harum. A Whiter Shade of Pale (1995).






Publicado en: viejasfotosactuales.com, Caracas, 2005.





sábado, 17 de abril de 2010

Plazas políticas

La Plaza de Los Palos Grandes (f. Febrero 2001, Estrellita_2009. Tomada de skyscrapercity.com)



 
         
Esta semana (2002) tuve la suerte de contarle la historia urbana de Caracas a un grupo de estudiantes de varios liceos del centro de Caracas gracias a una amable invitación que me hiciera la Casa de Bello. Luego de habernos paseado por las muchas imágenes de las arquitecturas caraqueñas, yendo de los monumentos a las casas, de los parques a las plazas, de los puentes a los templos y por las decenas de tipologías que éstos representan, y luego de haberles intentado explicar cómo fue el proceso de crecimiento de esta ciudad, una de las niñas de la primera fila se me acercó y me hizo esta pregunta:

-“Profesora, ¿Usted me podría explicar porqué en el centro de Caracas hay tántas iglesias?”

Yo, que me había propuesto llevarles un mensaje optimista y positivo a aquellos niños habitantes del devastado Centro Histórico, intentando rescatar su orgullo por el abandonado, depauperado, despreciado corazón urbano en donde estudian y su vida transcurre, me dí cuenta de cuán lejos ha llegado la amnesia de los caraqueños sobre cómo funciona una ciudad urbanamente saludable. Si aquella niña, habitante del centro, verdadera millonaria en plazas, iglesias y armónica arquitectura urbana de la mejor con que cuenta Caracas -por más inmunda que se encuentre en este tenebroso momento de su historia- no entendía las razones y las bondades de la densidad y el aglomeramiento, qué les quedaría al resto de los ciudadanos, que viven lejos de toda noticias de ciudad en unos territorios urbanos cada vez más desabridos, desarticulados e incoherentes.

-“Fíjate”, le dije, “¿recuerdas cuando hablamos de la fundación de Caracas, y que en torno a la Plaza Mayor, gracias a las Ordenanzas de Población descritas en las Leyes de Indias, se colocaron Iglesia y Ayuntamiento, a fin de que esa primera parroquia estuvieran bien asistida de todos los servicios y funciones? Pues bien, cuando la población parroquial creció más allá del límite numérico que decía la ley, la misma ley obligaba a fundar una nueva plaza, con una nueva iglesia y un nuevo ayuntamiento. Así, sucesivamente, se fueron mutiplicando las plazas y fundando las nuevas parroquias de Caracas, siempre de un número limitado de habitantes, para que todos tuvieran espacio público y servicios proporcionales a sus necesidades. Por éso hay tántas iglesias y por éso existieron también tántas plazas: porque no se debe crecer demasiado en la ciudad sin que existan espacios públicos para la expresión, el solaz, el placer y el esparcimiento urbano de los ciudadanos”.

Algo que luce tan natural, es bien sabido que en Caracas hace tiempo se olvidó: las parroquias pueden llegar a tener hasta un millón de habitantes y uno puede cansarse de caminar y caminar hasta lograr finalmente llegar a un nuevo espacio público. Las plazas de la ciudad hace demasiado tiempo que son las mismas de siempre. Aunque la ciudad haya crecido tánto, no hay nada que se le parezca a un nuevo espacio urbano para acompañarla en ese crecimiento. Las únicas nuevas “plazas” de las que se tiene noticia son las que designan a los suburbanos edificios residenciales o a los huecos infernales de los centros comerciales: el nombre “plaza” es usado vilmente para engañarnos prometiendo falsas calidades de paz o armonía urbana; y como el nombre, con sus reverberaciones sonoras, persiste en seducirnos, ello es vulgarmente utilizado para disfrazar a sus más tristes antípodas urbanas y arquitectónicas.

Pero, y ¿qué de las plazas de carne y hueso? ¿Qué de las de verdad? Abandonadas a su suerte, se han visto sembradas cada día más de los obstáculos más diversos que impiden su uso abierto: son el receptáculo preferido para todas las improvisaciones que se quieran inventar. Algo tan simple como las plazas han devenido el basurero municipal donde se acumulan tanquillas y casetas, y lo que es peor, nuestra desmemoria hace que a quienes se las encargan los pocos nuevos proyectos de plazas, generalmente lo que hacen es descargar toda su incontinencia constructiva en dichos proyectos, quedando como resultado al final unas plazas que no son plazas, plagadas de macro materas, macro rampas, macro brocales, macro pérgolas, macro bancos o macro escalones que se comen el espacio libre y se tragan una cantidad de dinero que así se ha perdido.

En estos días, en que los acontecimientos políticos han hecho que los caraqueños hayan “redescubierto” la calle, como se dice, es bueno que más allá de la conciencia de pertenecer a cualquier bando todos, como ciudadanos que somos aprovechemos para reaprender la lección urbana de las plazas, a ver si reempezamos a hacer algunas nuevas y a arreglar dignamente las que existen. Observemos y reconozcamos con justicia el valor que tienen unas plazas bien adecuadas y construidas con todas las de la ley (ley urbana, se entiende) para expresarnos políticamente, para desahogarnos, para oir a alguien u oirnos todos a la vez. Nadie pensaría jamás en irse a unas de esas “plazas” de los centros comerciales para un mítin o una vigilia, ni tampoco a nadie se le ocurriría escoger para estos fines esas plazas pobladas de obstáculos donde congregarse o descansar es imposible, o a esas otras mal llamadas “plazas” que lo que son es residuos abandonados del trazado vial que quedaron relegados y alguien les inventó por azar una estatua y un nombre. Todos se van a las plazas que sí son plazas como Dios manda.

Esa Plaza Altamira, esa Plaza O’Leary y hasta esa Plaza Caracas (que no era plaza originalmente en el proyecto del Centro Simón Bolívar, pero que salió bien aunque sea por carambola), son las arenas exitosas de nuestra vida política. Las podemos “usar” y “funcionan” bien porque cuentan con todos los elementos que hacen un espacio público: los rodea buena arquitectura, hay una armonía de alturas en todo su borde urbano, hay un pavimento contínuo y un espacio abierto de escala importante, son límpidos y sin interrupciones. Y eso no es gratuito. Se le llama buen diseño urbano y puede alcanzarse mediante un buen proyecto. Y si esa nobleza del espacio abierto confiere dignidad, solemnidad y efecto a nuestra vida política, mas nos valdría aprender la lección que hoy nos está recordando Caracas con sus grandiosas plazas políticas.


Plaza O`Leary (Postal. Archivo Fundacion de la Memoria Urbana.





 

Publicado en: Arquitectura, El NACIONAL, Caracas, Lunes 11 de Enero de 2002.



martes, 27 de marzo de 2007

"Quiero un apartamento en El Silencio"

La reurbanización El Silencio. Caracas.




El mercado de las propiedades en edificios históricos amenaza con un repunte:
desde el despacho del Director del Instituto Nacional de La Vivienda (INAVI)
nos acaban de remitir una copia de una carta recibida esta semana, 

justamente el día del cincuentenario de la Reurbanización El Silencio. 
Sorprendidos ante el contenido de la misma, y no sabiendo qué hacer con el caso 
(que se resume, estrictamente hablando, a la más reciente y prácticamente única petición 
de una propiedad en el conjunto administrado por esa entidad 
desde tiempos del Banco Obrero) el INAVI nos solicitó su publicación en esta página.


"Caracas, 5 de Julio de 1994
Señor
Presidente del INAVI
Instituto Nacional de la Vivienda
Ciudad.-

Estimado Director del INAVI:

Me dirijo a usted respetuosamente a fin de solicitar formalmente que se me adjudique en arrendamiento (o de cualquier otra manera) una vivienda en El Silencio, conjunto inmobiliario que sé que todavía administra la entidad a su cargo. Permítame presentarme: soy una viuda venezolana viviendo en el extranjero que por razones de negocios me he mantenido mucho tiempo fuera del país. Próximamente, sin embargo, debo viajar y empezar a permanecer esporádicamente en Caracas, circunstancia que me llena de alegría, pero que por otra parte me preocupa, ya que, debo agregar, mi vida solitaria cambió desde el verano pasado ya que (tras muchos esfuerzos), logré adoptar tres niños bosnios que ahora viven y v
iajan conmigo a todas partes.

Desde mi último viaje a Caracas, en el 52, no he podido olvidar la brillantez urbana de El Silencio. Estando en los centros históricos de todo el mundo lo recordaba con frecuencia, hasta considerarlo prácticamente inigualable. Sé que como candidata a inq
uilina excedo todos los requisitos por ustedes exigidos, más es como propietaria que en realidad quisiera pactar nuestra relación. Estoy interesada especialmente en el apartamento doble ubicado en el último piso del Bloque 6, mirando hacia el norte (la mejor luz). Sus evidentes potenciales espaciales con la doble altura, su inmejorable ubicación y vistas y la maravillosa articulación interna hacia el patio triangular, ofreciendo un derrière arquitecturalmente interesantísimo. Me gustan además, los portales neocojedeños de este bloque en particular; me parecen los más bellos (mi opinión muy personal). Claro que si este apartamento habiéndoseme adelantado alguien, ya hubiese sido adjudicado, podría consolarme con su homólogo de enfrente, en el Bloque 4, sólo que tiene peor luz, mirando al sur.

Si, como lo atestiguan datos que tengo en mis manos de la época, el valor por metro cuadrado para el terreno del. Bloque 6 era de 2.847,oo Bs./m2 y el valor de la edificación del Bloque 6 ascendía entonces a Bs. 5.975.010,oo, ello arrojó un total de Bs. 6.162.95
5,95 para ese edificio. Y si estos dos únicos apartamentos de dos plantas en todo el conjunto El Silencio que estan mirándose monumentalmente a través de la Plaza O’Leary, tiene cada uno 215 metros cuadrados (más que bien bien para un pied à terre), éso arrojaría la irrisoria cantidad de Bs. 28.165,oo, (133 Bs/m2) , yo quisiera ofrecerle al INAVI como un incentivo de especial atractivo para que en vez de arrendarme me venda, que desprecie esta tasa y calcule el precio por metro cuadrado según lo que sea que se tase en los centros históricos de cualquier ciudad del mundo en propiedades de una calidad arquitectónica, artística, histórica y urbana semejante.

Espero que no se sorprenda. Quiero el precio justo. Entienda lo que para mí vale estar frente a las toninas de Narváez, iluminar mis caminatas nocturnas con esos faroles pre-Calder, entrar magníficamente por esos portales, asomarme a la ventana y ver esa Caracas. Ponga su precio: ¿a cómo está el metro cuadrado en Place de la Concorde (le sugiero pregunte en el Bristol), en la Puerta de Alcalá, en la Vía Veneto, en Park Avenue, en High Park?

Le repito, ponga su precio. En la moneda que usted decida. Este es un inmueble de calidad internacional y se cotiza en dólares. Y ya que yo he decidido gastarme el dinero, beneficie entonces usted a su Instituto con la plusvalía. Véndanme ese apartamento.

Mis hijos y yo se lo agradeceremos.

Firmado,

x

(firma ilegible)

P.S: He revisado con mis abogados la lista de condiciones fijadas por el antiguo Banco Obrero a los candidatos a arrendatarios de los apartamentos de “El Silencio”, y entiendo que en el INAVI son sustancialmente las mismas, a pesar de los años que han pasado. Como verá a continuación, mi querido Director, mis condiciones de vida se ajustan cabalmente a ese Reglamento.



D O C U M E N T O

1-Aceptaré, desde luego, al firmar, todas las bases que establece el Reglamento.

2-Acataré la representación designada por el INAVI.

3- Los bienes que tendré en el apartamento (obras de arte, platería, escul
turas, antigüedades) están asegurados por una compañía internacional y no serán responsabilidad de ustedes.

4- En mi apartamento habitarán mis tres niños, Franz, Georg e Ida, su cargadora francesa, Sophie, y nuestro cocinero y mayordomo vietnamita, Mishutko, quienes también viajan conmigo a todas partes, debidamente inscritos en los registros de la Superintend
encia del Conjunto, y nadie más.

5- Yo, como inquilina (o propietaria, si es que afortunadamente llegásemos a un acuerdo de venta) ofrezco recibir el apartamento en vez de en perfecto estado, como ofrece el reglamento, en el estado en que se encuentre. Correrán por mi cuenta la restauración de mi futura propiedad, que daré a manos de un especialista en la arquitectura de Villanueva, al costo que sea. Si debo devolverlo, éste volverá al INAVI en mejor estado del que pueda encontrarse ahora.

6- Igualmente, como inquilina, les notificaré cualquier daño o desperfecto que podamos ocasionarle al apartamento, aunque estoy segura que no será el caso.
Adoro este lugar, y sé cómo vivir en un edificio histórico. Basta que vengan a conocer mis casas de Madrid y de Roma, la primera en el Paseo de La Castellana y la segunda sobre las escalinatas de Piazza Spagna, para que se convenzan de cómo sé cuidar las cosas. Como propietaria, ayudaré a velar por la calidad del entorno del vecindario.

7- Cualquier queja será dirigida correctamente a ustedes.

8- En cuanto a lo del wattaje por hora, les agradezco poner al día las cifras y reescribir la cláusula. Con los artefactos eléctricos de hoy en día no se puede vivir con solo kilovatio por hora.

9- No pretendo modificar las instalaciones eléctricas existentes. A sabiendas de la importancia que para Villanueva tenía la luz del trópico y la iluminación de sus edificios, ello también es motivo de respeto y conservación para mí. Todo se queda como él lo dispuso en el apartamento.

1o- Las restricciones horarias del uso de radios, fonógrafos y otros aparatos ruidosos no serán problema para nosotros, ya que el único sonido alto que emite nuestra familia es el de las lecciones de violonchelo de Franz, y eso no es mencionado por el Reglamento. Mi colección de bel canto me aturde cuando muy alta.12- No tenemos gatos ni perros ni pájaros. Para fauna, me bastan los humanos, y la única jungla que disfruto es la urbana.

11- No hay problema; mis niños no jugarán en las escaleras del conjunto. Ya El Silencio les brinda suficiente espacio para que jueguen a placer en sus patios internos.

12- No colocaré ningún objeto en barandas ni antepechos. Razón tenía Villanueva aquí, como Mies Van der Rohe en el Seagram Building controlando las posiciones de las cortinas. La armonía de las fachadas del conjunto logrados con tánto esfuerzo no debe ser alterada por nuestras pequeñas veleidades domésticas. En mis barandas y antepechos lo único que
colocare será la bandera nacional en días de júbilo.

15- Por la misma razón, no pondré plantas allí tampoco.

16- Me hago responsable, si como inquilina dañamos las instalaciones del apartamento. Mas, ya que mi mayor deseo es comprarles esta propiedad para convertirla en mi deseado pied à terre caraqueño, inmediatamente después de adquirlo reharé las instalaciones seg
uiendo la red original y sin afectar la arquitectura, como si de un palacio del barroco se tratase.

17- Cualquier obstrucción de las cañerías será reparada con delicadeza.

18- El calentador de agua y la cocina los pondré nuevos. No puedo evitar el soñar con la de comidas que daré en mi nuevo salón a doble altura, mirando El Avila a través del balcón y la Plaza O’Leary.

19- Un plan de obras de arte a ser clavadas en las paredes les será enviada a ustedes vía fax por mi galerista en París, con elevaciones indicando las coordenadas exactas de cada clavo y las dimensiones y características de los cuadros. Debo agregar, sin modestia alguna, que mi colección de arte es exquisita y que pienso llevar a Caracas lo que tengo de la escuela impresionista francesa, ya que creo que es la que va mejor con el momento histórico en que Villanueva concibió a El Silencio. Estoy segura que me autorizarán a poner esos clavos.

20- Como ustedes establecen en esta cláusula, es impensable que afeemos los habitantes de El Silencio tan preciosas fachadas internas de los bloques con nuestras ropas secándose. Ya prescribí a mi albacea caraqueño la compra de un secadora industrial.

21- El apartamento se mantendrá en perfecto estado de limpieza e higiene, y no lanzaremos basura a las calles, patios y pasillos. Ni qué decirlo: !No faltaba más!

22- En cuanto se refiere a las persianas originales que estaban en todas las ventanas de El Silencio, y que el Reglamento pide no cambiar, estoy tratando de conseguir con la Fundación Villanueva una copia del detalle específico de éstas, a fin de volverlas a hacer y montarlas donde ya no estén.

23- Ningun triciclo, bicicleta, patín o juguetes o artefactos les permitiré montar a mis niños que puedan deteriorar las paredes, pisos, escaleras y vidrieras del bloque. Ellos no lo harían tampoco solos, de todas maneras. Por un lado viviendo conmigo y por el otr
o viniendo de un país en guerra que se destruye, esta familia conoce lo que significa preservar.

24- Somos una familia tranquila y civilizada. No ocasionaremos molestias a nuestros vecinos.

25- Si la Superintendencia del Conjunto desea controlar el acceso de los proveedores a los edificios, me parece bien. Sugiero que se coloquen Doormen uniformados en cada portal de El Silencio para aumentar la seguridad.26- Estamos abiertos a que vengan a supervisar nuestro apartamento cuando lo deseen. Será un hogar modelo, deseoso de alcanzar el standard de vida para el cual el Conjunto fue diseñado, y por el que alcanzó la jerarquía de modelo de renovación urbana para el mundo entero".



La Plaza O¨Leary, El Silencio. Caracas.






Publicado en: Arquitectura, El Diario de Caracas. Caracas, 1994.