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viernes, 20 de septiembre de 2019

Bambú


1. Túnel vegetal, Avenida principal del Caracas Country Club (f. @fundamemoria, 2015) .

"Crece el bambú
Caricias de los cielos
Jardín del aire".
Haiku. 1

El experto arquitecto colombiano en arquitectura de bambú me tranquilizó con sus palabras. Me dijo: "No te preocupes por el túnel vegetal. El incendio del 8 de abril no acabará con él. Lo verás renacer al no más empezar las lluvias. La naturaleza de la Guadua", -como llaman en Colombia a esta grama monumental que crece hasta el cielo y cuyos laberinto de rizomas se extiende en todas direcciones más allá de lo inimaginable-, "hará que los nuevos vástagos empiecen a brotar por doquier en un abrir y cerrar de ojos…"



2. El hoyo 9 del Caracas Country Club. Manuel Cabre, 1946 (Colección Banco Central de Venezuela).


Razón tenía Simón Vélez. Yo, desconsolada por el recuerdo de los enormes boquetes abiertos a ambos lados del túnel, creía que solo una siembra extensiva y urgente sería la única manera de recuperar este paraje amable de nuestra ciudad… Mas llegadas las primeras lluvias, pronto en todas partes el bosque de bambú empezó a regenerarse por sí solo… Crece por segundos, con verdes brotes, como por arte de magia.

La súbita y accidental pérdida en medio de la sequía en sus terribles imágenes, con lo incontrolable del fuego extendiéndose también a varios árboles, no obstante, había sido espectacularmente pavorosa.2 Ese pavor sentido durante el incendio me hizo pensar sobre la naturaleza de la belleza en la ciudad y de cuán importante es para nuestra calidad de vida.

El Túnel vegetal, como comúnmente es conocido -para algunos una catedral natural gótica, para otros una especie de túnel del amor, para mi un Sitio Urbano y una Escena Natural emblemáticos y patrimoniales-, no tiene ni cien años.3 En 1940 todavía no existía. Las pinturas, las postales y fotos de Caracas de los 40 aún no lo registraban.

Originalmente, en 1930, cuando se terminó la Casa Club, esta parte de la avenida en el tramo comprendido entre la avenida Mohedano y la avenida El Parque no tenía bambúes, y la perspectiva del conjunto se apreciaba desde mucho antes subiendo hacia el norte. El tramo final de la vía, construido elevado sobre un camellón de piedra, serpenteaba suavemente hasta llegar al portal, totalmente a cielo abierto.

La espectacular nave de bambúes se planta a finales de la década de los 1940 con la aspiración y clarividencia de crear una cubierta que un día llegase a envolver la calle. Los bambúes fueron sembrados a ambos lados de este trayecto ligeramente sinuoso de la avenida, y con el tiempo entrecruzaron sus altos troncos sobre ésta, construyendo dos largas pieles transparentes a los lados y un alto arco ojival que se extiende deliciosamente por más de trescientos metros.

Con ello, el túnel vegetal del Country es no solo un valor agregado a la belleza de la avenida principal, "una de las más hermosas perspectivas de la ciudad", sino también un aporte a la paisajística moderna de toda Caracas. Ya en 1990, el profesor de arquitectura Leszek Zawisza lo destacaba en su libro Breve historia de los jardines en Venezuela, celebrando su peculiaridad tipológica de Paraje/Pasaje sombrío.3

Desde aquí extendemos nuestro agradecimiento al socio que haya tenido la bella idea de hacerlo. Quienquiera que haya sido, fue un visionario arquitecto del bambú.




3. Guadua venezuelae, Avenida principal del Caracas Country Club (f. @fundamemoria, 2015) .




NOTAS
1. Lesmo, portal literario Mundo Poesía, 2015: http://www.mundopoesia.com/foros/temas/el-bosque-de-bambu-haiku.576420/
2. @800Noticias, Video "Túnel vegetal del CCC se incendia", Reporte Confidencial, Caracas, Abril 8, 2019: https://www.reporteconfidencial.info/tunel-vegetal-del-country-club-se-incendia/
3. "Túnel vegetal", Preinventario arquitectónico, urbano y ambiental moderno de Caracas, Instituto del Patrimonio Cultural/Fundación de la Memoria Urbana, Caracas, 2005: https://fundamemoria.blogspot.com/
4. Leszek Zawisza, Breve historia de los jardines en Venezuela, Oscar Todtmann Editores, Caracas, 1990: 61.


Publicado en: Pluscuamperfecto, Entresocios, Caracas, Junio de 2019.

jueves, 19 de septiembre de 2019

Ser patrimonio


1. Vista aérea de la Casa club del Caracas Country Club (f. 1950s - Archivo Fundación de la Memoria Urbana).

"Cuando construyamos, pensemos en que construimos para siempre.
Que no sea para el placer del presente ni solo para el uso en el presente.
Que sea de tanto valor que nuestros descendientes nos agradezcan por ello y pensemos, cuando ponemos piedra sobre piedra, que un tiempo vendrá cuando esas piedras
serán consideras sagradas porque nuestras manos las tocaron
y que los hombres dirán cuando contemplen la labor y su labrada sustancia: 
"Miren! Esto es lo que nuestros Padres hicieron para nosotros".
John Ruskin. 1


Del segundo periodo 1960-2000 de vida del Caracas Country Club, queremos rescatar la comprensión que gradualmente fue creciendo en esos años en torno a los valores urbanos, arquitectónicos y paisajísticos de la urbanización y de su Casa Club.

Varios estudios fueron empezando a reconocer su importancia en la historia mundial de la arquitectura desde los 80.2 En primer lugar, en 1988, cuando el profesor de Historia de la Arquitectura de la Facultad de Arquitectura de la UCV, Leszek Zawisza, escribió su pionero Inventario del Patrimonio Cultural Arquitectónico Venezolano, donde valoraba al Country como "el primer proyecto residencial de arquitectura paisajista en el país".2 Un año más tarde, José Luis Colmenares, amplió los contenidos de la importancia arquitectónica de nuestro club en su libro Carlos Guinand Sandoz, publicando por primera vez los planos y detalles de la Casa Club y los pormenores del proyecto de Clifford Ch. Wendehack. Allí develaba su colaboración con el maestro Guinand Sandoz en todos los pormenores de su construcción, detallado y artes decorativas.3 Finalmente, en 1998 la Galería de Arte Nacional incluyó a la Casa Club en el elenco de la muestra Wallis, Domínguez y Guinand, mostrando su magnifica arquitectura en toda su belleza neohispana gracias a las fotos de 1930 del mismo Guinand Sandoz.4

Toda la conciencia patrimonial que hacia falta para lograr la declaratoria como Bien de Interés Cultural del Country y su Casa Club en 2005 se fue a gestando justamente en esas décadas. Todos fuimos tomando conciencia en torno al patrimonio moderno, un área para entonces todavía muy incomprendida en el país, pero que despertó con la perdida del edificio Galipán (1952), obra de Gustavo Guinand van der Walle, el 28 de diciembre de 1999.

Hoy sabemos que nuestro hermoso club no es como los demás clubes recreacionales en Venezuela. Ningún otro conjunto arquitectónico/urbano/paisajístico se le iguala en América Latina. Además de ser un patrimonio nuestro, lo compartimos con los Estados Unidos, ya que Clifford Charles Wendehack y Olmsted Brothers son auténticos bastiones de la historia de la arquitectura moderna de Norteamérica.5

Hoy hemos entendido también que una declaratoria no es suficiente para preservar una obra para las generaciones futuras. Tener un Plan de Manejo y Conservación es el paso siguiente, lo aconsejable, algo fundamental y sumamente útil. Ello es en realidad un manual, una guía, hecha por expertos pero donde toda la comunidad de socios podría colaborar, aportando y recopilando la información valiosa sobre la historia y los proyectos de la urbanización, de los campos, del paisajismo y de la arquitectura. Fotos planos, historias, anécdotas. Algo que ya se ha ido dando felizmente y de manera natural aquí mismo, en entresocios.

Así pues, nuestra invitación es a seguir estudiando y divulgando las joyas de la arquitectura que nos pertenecen y de las cuales somos custodios frente al mundo. A fin de que se protejan y se mantengan, conservando los valores por los cuales han sido reconocidas. 

Porque de eso se trata ser patrimonio.



NOTAS:
1.  John Ruskin (1819-1900), Capitulo VI, seccion 10, "The Lamp of Memory", The Seven Lamps of Architecture, Smith, Elder & Co., Londres, 1849.
2. En 2003 Fundamemoria fu contratada por el Instituto del Patrimonio Cultural para hacer el Preinventario Moderno de Caracas, que redacto 2.300 fichas patrimoniales, entre ellas la del CCC y su Casa Club.
3. Leszek Zawisza. "Caracas Country Club", Codigo MI-4-1-M, Ficha No. 1/11, Inventario del Patrimonio Cultural Arquitectonico Venezolano, Centro de Investigaciones Historicas y Esteticas, Facultad de Arquitectira y Urbanismo, UCV, Caracas, 1988.
4. Jose Luis Colmenares. Carlos Guinand Sandoz, Coleccion Documentos para la Historia de la Arquitectura venezolana, Clacerca, Caracas, 1989, pp.80-89.
5. Varios autores. Galeria de Arte Nacional. Wallis, Dominguez, Guinand, arquitectos pioneros de una epoca, Graficas Armitano, Caracas, 1998, p. 65.
6. Docomomo Venezuela. Exposición Our Architects: arquitectura norteamericana en Caracas 1925-1975, Embajada de EstadosUnidos/Docomomo Venezuela, Sala TAC, Trasnocho Cultural, Caracas, Julio/Octubre 2017.


Publicado en: Pluscuamperfecto, Entresocios, Caracas, Junio de 2018.

miércoles, 12 de noviembre de 2014

El baño de Ceres



1. Fuente de la Prosperidad y la Abundancia, La Guaira (f. 2014. Facebook La Guaira Histórica Colonial).


"Rubia Ceres, sea para tí la corona de espigas de nuestro campo".
Tibulo (I 1, 15-6). 1

1. La diosa fértil
Hoy queremos recomendarles que se den un paseo frente al casco histórico de La Guaira. Porque necesitamos que reparen en la situación dramática en que se encuentra -y desde hace ya seis años- la Fuente de la Prosperidad y de la Abundancia, o Fuente de Ceres (1865), desde que fuera  "recuperada" por el Instituto Regional de Vialidad de Vargas en 2008.2  

Allí está, el antiguo y bellísimo monumento escultórico, de los mas hermosos de la ciudad, mudado desde 1953 a la Avenida Soublette sin que nadie entienda porqué, tirado precariamente en medio de una isla de esta cuasi-autopista, con su paisajismo paupérrimo y sus bancos de repostería prefabricada. Pero, lo peor de todo, bañada furiosamente, bombardeada diríamos, por varios gruesos chorros de agua que se dirigen con toda su fuerza directo hacia la estatua de nuestra verdeante Démeter, cubriéndola en un intenso baño, cual si se tratara de un perenne auto lavado. Los chorros diariamente desgastan el mármol, desdibujando los bellos rasgos y las ornamentaciones y los detalles del monumento, dejándonos cada día que pasa con un poco menos de sus blondas trenzas, de su corona de trigo, de sus armoniosos ropajes, de la cosecha de frutas a sus pies. 

Leyendo la reseña periodística del ano 2008, se explica que "las labores de rehabilitación, incluyeron la reparación del sistema de bombeo y aspersores, el re-acondicionamiento del cuarto de máquinas, la sustitución del tablero eléctrico y de los ramales de tuberías". Más adelante sigue la descripción de la "rehabilitación" diciendo que "se colocaron 50 reflectores de bronce en el interior de la fuente y 5 reflectores en el exterior" (…) y "se utilizaron baldosas tipo mosaico, en tres tonalidades diferentes de azul para el piso y en blanco para las paredes", mientras que la estatua de la diosa Ceres "también recibió mantenimiento", siendo "blanqueada con la ayuda de agentes químicos". Vemos así como el organismo vial del estado, responsable del tan acuático ultraje, probablemente sabe mucho de vialidad, pero poco de arte escultórico urbano y menos de restauración del patrimonio cultural. En su peregrina concepción de restaurar una fuente para volverla un "espectáculo de luz y sonido", olvidó por completo cual era el diseño hidráulico original de la octogonal Fuente de Ceres, donde ocho surtidores en forma de cabezas de lobo vertían desde el pedestal de la estatua hacia abajo, hacia la pila de agua en la base, ocho suaves chorros en dulce curvatura. Nada tocaba a Ceres, "símbolo del paso de la naturaleza a la cultura, del transito de lo salvaje a lo civilizado", en lo alto de su pedestal.3

Como nada toca prácticamente tampoco, por ejemplo, a Ceres en la Fuente de Ceres de la Plaza de San Jorge de Barcelona, España, o a Ceres en la Fuente de Ceres en Versalles, mojada en un baño atmosférico por un chorro central dirigido no contra si misma, sino al cielo. El agua es también un diseño, es también un dibujo y una obra de arte y un proyecto de ingeniería: cumple una función, y esta no es la de erosionar las esculturas. Les rogamos por lo tanto a las autoridades competentes en este sitio clave del litoral de corregir la dirección de los criminales chorros y graduar su potencia hidráulica YA. Recuerden que Ceres es la diosa de la ley, y en este caso vela también sobre la Defensa y Protección del Patrimonio Cultural.


                      2. Los ocho surtidores del pedestal de Ceres (f. "Ninfa", 2008. Panoramio.com).
 

2. Cinco fuentes venidas de Italia
En 1865, con motivo de la instalación de un acueducto en Maiquetía, "el Presidente de la República, general Juan Crisóstomo Falcón ordenó colocar tres pilas públicas, una de las cuales se situaría precisamente en la entonces nominada Plaza Tamarindo".4

Si hacemos memoria urbana, podemos imaginarnos a la otrora frondosa plaza republicana, situada en la antigua Calle Real de Maiquetía, intima y sombreada, con su forma triangular, su plan centralizado y su Fuente de Ceres plantada en su corazón. Según refería el recordado profesor Leszek Zawisza, "la plaza fue totalmente acondicionada y diseñada por el ingeniero polaco Alberto Lutowski, quien colocó un terraplén y lajas en su contorno e instaló la fuente de mármol".5

Las otras fuentes de mármol del general Falcon (a quien debemos agredecerle el buen gusto) fueron en realidad cinco (o al menos eso queremos aventurar aquí), porque cinco son las fuentes de mármol de semejante estilo artístico, semejante data y factura que tenemos en el litoral desde el siglo diecinueve, casi todas declaradas patrimonio. Además de la Fuente de Ceres, tenemos la Fuente de Santa Ana, en la plaza del mismo nombre en Macuto, rodeada de almendrones; también en Macuto, pero mas al este, en el paseo, esta la Fuente del Tritón, también conocida como El Niño y el Delfín, frente al Hotel Miramar; luego tenemos la bella Fuente del Guamacho, con su doncella sobre cuatro toninas, cuyo sitio original era la Plazoleta de San Juan de Dios en La Guaira, y finalmente, la Fuente de la Plaza de la Alameda, la mas sencilla de todas, hoy desaparecida, ubicada en la plaza del mismo nombre, también en La Guaira.

Afirmaba también el profesor Zawisza que Lutowski había diseñado la Fuente de la Abundancia y la Prosperidad.6 Esa era su hipótesis; nosotros creemos que mas bien estas son fontane, de diseño italiano, traídas de algún taller artístico de Génova, por ejemplo. Algún día lo sabremos. Entretanto, ojala volvieran todas a sus sitios originales, fueran restauradas por expertos y puestas en funcionamiento según sus diseños hidráulicos de época.




NOTAS
1. Natale Conti. "Sobre Ceres", Cap. 14, Mitologia, Universidad de Murcia, pp. 370-379:  http://books.google.co.ve/books?id=X5wSAWFjwvgC&pg=PA376&lpg=PA376&dq=%22Ceres%22+Ovidio+Ceres&source=bl&ots=sjKzS8Leg4&sig=Agaui0YEEtwy4xmY8-P0CBSao5U&hl=es&sa=X&ei=gutcVIHMH4HkgwS2gISQCA&ved=0CDMQ6AEwAw#v=onepage&q=%22Ceres%22%20Ovidio%20Ceres&f=false
2. Nadeska Noriega Ávila. "Fuente de La Prosperidad protege el camino a guaireños: Figura de la abundancia dejada como nueva y puesta en la Soublette", El Universal, domingo 16 de marzo,   2008: http://www.eluniversal.com/2008/03/16/grccs_art_fuente-de-la-prosper_751642
3. Jean Chevalier. "Demeter", Diccionario de los Simbolos, Editorial Herder, Barcelona, 1986,  p. 406.
4. Lo Construido. Plaza Los Maestros, Municipio Vargas, Censo Nacional de Patrimonio, IPC.  Caracas, 2005, p. 60.
5. Leszek Zawisza.  Arquitectura y Obras Públicas en Venezuela, siglo XIX, Ediciones de la Presidencia de la República, tomo III, Caracas, 1988, p. 183.
6. Lo Construido. Fuente de la prosperidad y la abundancia, Municipio Vargas, Censo Nacional de Patrimonio, IPC, Caracas, 2005, p. 119.








Publicado en: Opinion, @ElNacionalWeb, 12 de Noviembre de 2014: http://www.el-nacional.com/hannia_gomez/bano-Ceres_0_517748388.html





domingo, 29 de marzo de 2009

Reconstruir la Casa N. 27

Dibujo de Manuel Mujica Millán del jardín de una casa en Campo Alegre (tomado del libro de Leszek Zawisza, Breve historia de los jardines en Venezuela, 1990).





Cuando en 1929 Carlos Heny le comprara a su suegra, la señora Clara Francia de Uztáriz, su prolífica estancia “Pan Sembrar” en el este del valle de Caracas (propiedad que una vez perteneciera a la Sociedad Guipuzcoana), y decidiera hacer el proyecto para una nueva urbanización “a diez minutos del centro”, ya el lugar acarreaba en sí mismo su sino de arcádica comarca, vergel y campo florido que irremisiblemente marcarían su rol por muchos años en la ciudad moderna del siglo veinte, y aún en la del siglo veintiuno.

Heny contrató al arquitecto vasco-catalán Manuel Mujica Millán, a la sazón virtuoso visitante en la ciudad, quien se convertiría en su pariente (la esposa de Mujica Millán, la señora Bertha, fue también una Heny) para hacer el proyecto, dibujar los planos y dirigir las obras de urbanismo. Ni él ni Carlos Heny sabían cuán acertada sería esta alianza; el primero, el heredero y propietario de un edén colmado de huertos, sembradíos y campos de flores irrigados por los manantiales de El Avila; el segundo, el heredero y uno de los más talentosos discípulos de la Barcelona Noucentista en trance de modernidad, en donde nada más que en 1927 ya había hecho un proyecto para las Ramblas de Mataró y otro para una “Ciudad-Jardín”, llamada coincidencialmente “La Florida”.

En el bello libro del profesor Leszek Zawisza, Breve historia de los Jardines en Venezuela (1990), hay publicado un plano preliminar del proyecto de Campo Alegre, que Mujica Millán titula significativamente: “Plano de la Ciudad-Jardín de Campo Alegre”. Alli vemos un universo urbano de avenidas arboladas y diagonales como “ramblas” que se cruzaban en plazas sobre las cuales se asoman desde la profundidad de sus propiedades decenas de villas de sabor neo-colonial, neo-vasco, neo-barroco... Una “Ciudad-Jardín”.

¿Qué significa ésto? Aún hoy (2003) es posible saberlo sin palabras: caminemos, en esta última semana de Mayo, por Campo Alegre. A pesar del exterminio, a pesar del genocidio perpetrado por la destrucción de su arquitectura urbana desde comienzos de la década de los noventa y de la desaparición de la gran mayoría de las delicadas residencias que lo componían, la plantación universal de los árboles de "Flor de la Reina" en el final de su soberbia floración -que nadie se ha tomado la molestia todavía de exterminar probablemente porque las aceras no son metros cuadrados rentables-, nos invade de ese espíritu arcádico, de esa condición suburbana en medio de lo urbano, de esa atmósfera de jardín sembrado de arquitectura que fue Campo Alegre, la Cité-jardin de Mujica. La única que hemos tenido, oh, amnésicos, desmemoriados caraqueños, anclada de veras en la historia del urbanismo universal.

¿Podían Heny y Mujica Millán, encarnando una de las simbiosis más fructíferas de la historia urbana de la Caracas del siglo veinte, descuidar su mutua colaboración cuando le tocó el turno en 1941, -usando las palabras de Doña Bertha Heny- de hacer “una casa de su habitación” para Carlos Heny, el promotor, en el terreno más grande y mejor ubicado de toda la caraqueña Ciudad-Jardín? Mujica Millán, el alumno dilecto de Josep Maria Jujol (colaborador de Gaudí), de Joan Bassegoda, de Eusebio Bona y de Pedro Domenech; el dibujante excelso, el intérprete creativo de nuestra arquitectura colonial que inventara todo un estilo personal basado en ella, hizo de la Casa N. 27 con su patio y su fuente, su corredor norte, sus torres y su puerta cochera, sus detalles robustamente catalanes, sus dos avenidas y su composición axial sobre el jardín, una declaración única de principios sobre la vida placentera en este lugar de la tierra. Por eso destruirla, hemos dicho, con todo respeto, es como quemar un Reverón.

Pisando los escombros de la parcial demolición que manos irrespetuosas de nuestra memoria urbana y de ese pasado atento al lugar y a las artes hicieron añicos a pesar del clamor de los vecinos y de cuantos nos apostamos a las puertas de la propiedad y bajo los bulldozers, uno siente la tentación de querer engastar los pedazos de las barandas, los fragmentos de los vitrales, los trozos de las molduras, los cascajos de los relieves, en oro, en plata, ¡para lucirlos como joyas! ¡Llevar un Mujica! Tal es la exquisitez de los diseños. Y es que como joyas deberán ser tratados, porque justamente con esos fragmentos explotados haremos efectiva la reconstrucción de la Casa N. 27. En este país, en esta ciudad, de tan limitadas declaratorias (sólo ochenta y cinco en toda la Gran Caracas -2003-) que protegen el Patrimonio, no vamos a permitir que se viole y se pisotee una de las pocas obras de elevado pedigree arquitectónico y urbano que están protegidas con todas las de la ley (Gaceta Oficial No. 36.040 del 10 de octubre de 1996).

Así, habiendo comprobado (además para nuestro oprobio), que los planos de la Casa N. 27 fueron robados de la Biblioteca de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Central de Venezuela en algún momento (Plano N. 90, de la lista que consignó allí la señora Mujica hace años), hacemos un llamado a todos aquellos que atesoren fotos familiares, fotos aéreas, recuerdos, croquises y dibujos que puedan ilustrar la arquitectura de esta casa, Bien de Interés Cultural de la Nación y patrimonio de todos los venezolanos. Igualmente, conminamos a que devuelvan los planos a aquellos que los tengan. Nadie los satanizará.

Es un buen momento para convertirse, y resarcir a la ciudad del saqueo de su memoria urbana. Vamos a reconstruir la Casa N. 27, y a no dejar que terminen de destruir el 40% que queda en pie, por falta de documentos. Démosle una lección a los villanos: ellos deben perder esta vez. Caracas se lo merece.


Demolición de la Casa N. 27 (f. Jorge Castillo, 2003. EL NACIONAL).



Publicado en: EL NACIONAL, Caracas, 2003.