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lunes, 15 de abril de 2019

Villanuevacidio


Panzudas doradas y apliques volados (f. Hannia Gómez, 2017. Archivo Fundación de la Memoria Urbana).

 

"Hannibal Cannibal sonreía cuando se perdía de nuevo, anónimo, entre la multitud.
La inmensa población construida de Venezuela es el rebaño de mudas ovejas
que servirá de pasto para este lobo que se las comerá insaciable, una tras otra.
Un serial killer devorando goloso la rosada carne urbana,
relamiéndose despojos tectónicos entre las comisuras de los labios.
Sus víctimas favoritas son las delicatesses largo tiempo añejadas en el abandono,
a quienes arroja a un profundo hoyo negro antes de ultimarlas en silencio…
como a El Silencio".
Hannia Gómez. El Silencio de los inocentes.1

1. El Silencio de los inocentes
Hace ya doce años (2005) se nos dijo que eso de quejarse por los cambios de colores en el Centro Histórico de Caracas era baladí, y que cualquier desmadre contra su identidad cromática era deleznable porque todo muy fácilmente podía "volverse a pintar como era otra vez". OK. Todo el mundo contento -menos nosotros- y despachado el asunto.

La rápida respuesta, con la que se dio al traste con la lucha contra la ya desde entonces creciente y abominable manipulación de la apariencia de nuestra ciudad hecha por este irrespetuoso gobierno durante las ultimas dos décadas, lo dejó libre para seguir convirtiendo a Caracas en lo que no es ni ha sido nunca, una aldea multicolor e impune para seguir usando su noble fabrica urbana como propaganda política y PANKARTA monumental populista (ver: "Por tu blanca palidez").2

No contentos estos funcionarios amantes de los libros infantiles para colorear con usar TODA la paleta Pinco Pittsburg en las fachadas de Caracas y hacernos sufrir un túnel de El Calvario morado lila o una Santa Capilla color mandarina, iniciáronse entonces en el gusto por la doradura (o más bien por la "cobredura" -que no ya de los cobres-), sino porque ni siquiera el dorado lo saben escoger bien, y lo que hacen es pintar todo de un vetusto y lúgubre cobrizo, pintarrajeando todo cuanto encuentran, empezando por las pobres estatuas del Arco de la Federación.

Pues bien, la ultima avanzada de esta desfiguradora e irresponsable manía que desvirtúa inmisericordemente por doquier a nuestros patrimonios culturales del Centro Histórico fue a dar de nuevo contra la Reurbanización de El Silencio (Carlos Raúl Villanueva, 1942), un Bien de Interés Cultural con el que ya habían harto gozado los del Municipio Libertador pintándolo de los varios amarillos alcaldía y despojándolo además de sus farolas originales (que nunca jamás supimos donde fueron a parar).

Todo el mundo sabe qué  materiales y cual paleta de colores uso el maestro Villanueva en El Silencio. El uso de la piedra artificial es consabido en las célebres portales neocoloniales de los diferentes bloques y en las aun mas famosas columnas panzudas que adornan las arcadas del conjunto. Entonces, siendo éste es un bien cultural protegido, lo cual implica la protección de sus valores, incluidos los de su materialidad, porqué diablos pintaron la piedra artificial de las columnas de  "dorado"?

Suponemos que no será por alguna inconfesable y secreta admiración recónditamente profesada por los gustos decorativos del nuevo presidente de los Estados Unidos… y que las nuevas golden arcades de El Silencio sean un gesto destinado a cortejar a @realDonaldTrump. Pero es que ésto nos resulta, realmente, aparte de ofensivo, completamente inexplicable.

2. Donde están los apliques de Villanueva?
Luego de constatar la masacre de la piedra artificial en el peristilo en El Silencio, otro hallazgo terrible se hizo manifiesto. Y he aquí que hemos encontrado que han desaparecido prácticamente todos los apliques murales de hierro forjado que diseñara Villanueva para el conjunto. Lo que quedan son los cables pelados colgando sobre las columnas. Un despojo monumental.

Esta muy bien, señores: confieso que a mi también me gustan full. Yo también quisiera hacerme de una parejita de éstos para instalarla a ambos lados de mi sala de gusto neocolonial. Qué genial era Villanueva!. Eran adorables, realmente, los apliques de El Silencio, con esa nota suya tan pre-Calder o tan pre-GEGO, dibujando en el aire y sin papel la figura de una farola mural a la usanza de la vieja Andalucía o del Musée d'Art Moderne de la Ville de Paris. 

Divinos, los apliques, en verdad… Igual que era bella la marquesina del Teatro Nacional, tiempo ha también desaparecida en las cercanías. Pero resulta que la marquesina y los apliques le pertenecen a Caracas. Y a Caracas deberán devolvérselos. 

A Caracas, la cuatricincuentenaria. Ya.


 
Este dorado El Silencio haría las delicias de @realDonaldTrump (f. Hannia Gómez, 2017 - Archivo Fundación de la Memoria Urbana).





NOTAS
1.  Hannia Gómez. "Asesinos memorables, o Murder, she wrote", Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, lunes 13 de Mayo, 1996: http://hanniagomez.blogspot.com/2007/08/asesinos-memorables-o-murder-she-wrote.html
2. H. Gómez. "Por tu blanca palidez", Desde la memoria urbana, Caracas, 2005:
http://hanniagomez.blogspot.com/2010/10/por-tu-blanca-palidez.html



Publicado en: Opinión, @ELNACIONALweb, Caracas, Marzo, 2017: http://www.el-nacional.com/noticias/columnista/villanuevacidio_85105




viernes, 5 de abril de 2019

Rancho encapillado


Rancho encapillado (f. 2016).


"Oh siglo vulgar y sin gusto!".
Cátulo. 1
          
1. Con el rancho en la capilla
El Palacio Municipal de Caracas (Alejandro Chataing, 1906), apareció la primera semana de enero de este 2016 con una extraña construcción montada sobre el techo de su ala oeste, justo al sur de la cúpula de la colonial Capilla de Santa Rosa de Lima (1721), donde se firmo el Acta de la Independencia de Venezuela, entre Monjas y San Francisco, en el Centro Histórico de Caracas.




Aerofotografía de la esquina de Las Monjas.


Este inexplicable parapeto empezó a ser levantado de buenas a primeras desde noviembre de 2015 sin -supuestamente- haber sido autorizado por ninguna autoridad patrimonial, ni nacional ni municipal, y anda desde entonces exhibiendo olímpicamente su estructura metálica, su losacero y sus bloques de concreto sobre la arquitectura neoclásica de la fachada oeste, justo frente al Palacio Federal. Con ello, ni que decir que ha pasado de inmediato a convertirse en el primer rancho del país.

Viene al caso recordar aquí que la estructura sobre la que se apoya el municipal belvedere data de 1906. Se trata de la llamada 'ala occidental' del palacio, donde el arquitecto Chataing incluyó la conservación de la antigua capilla de Santa Rosa de Lima para utilizarla como Salón del Ayuntamiento de Caracas. El lado sur de esta ala, donde se ha instalado la novel estructura, también originalmente tenía la misma cubierta de tejas a dos aguas del lado norte, lo cual que podemos apreciar en la aerofotografía (adjunta) de principios del siglo pasado. Es decir, que el hecho que allí se encotrara una apetitosa platabanda plana, no quiere decir de  ninguna manera que era invadible. Lo lógico hubiera sido restaurar la cubierta a dos aguas.




Vista de la fachada oeste del Palacio Municipal (f. Enero 11, 2016).


Como esta es una columna de arquitectura, quisiéramos invitarlos a leer a continuación, como un ejercicio necesario, parte de la minuciosa descripción arquitectónica del Palacio Municipal, sobre la que esta construcción irrumpe, extraída de su ficha patrimonial: "La fachada oeste se divide verticalmente en nueve partes, donde cinco zonas a la derecha tienen un nivel con vanos y el resto presenta dos niveles con vanos (…) La cuarta zona presenta cuatro vanos y se separa del quinto sector por un grupo de dos pilastras corintias rematadas por frontón curvo. El quinto sector presenta en el remate superior una cornisa continua. El sexto sector presenta en planta baja un vano de puerta adintelada, con cerramiento en madera, de cuatro hojas y remaches en bronce. 

En el primer nivel dos vanos de ventanas adinteladas con elementos que semejan una clave, separadas por una pilastra rectangular, ambas contenidas en un balcón con balaustrada. Estos elementos están entre dos grupos de dos pilastras corintias y esta zona remata con un frontón circular con moldura curva. La séptima zona contiene tres vanos de ventana agrupadas dentro de una moldura que los rodea y cuya parte superior es curva. El remate de esta zona es con moldura; el octavo sector presenta un acceso, adintelado, con un elemento que semeja una clave y un cerramiento de dos hojas en metal. En el primer piso dos vanos de ventanas adinteladas, separadas por una pilastra. Este sector está rodeado por una moldura con un borde superior curvo, el borde superior es recto con una cornisa en toda la fachada".2 Y así sucesivamente…




"City Hall" (Postal, 1940s. Archivo Fundación de la Memoria Urbana).


2. Llamado al orden
El antiguo Palacio de Gobernación y Justicia, hoy Concejo Municipal, fue declarado Monumento Histórico Nacional según Gaceta Oficial Nº 31.678 el día 16 de febrero de 1979.3 Eso quiere decir que se trata de un edificio prácticamente intocable, solo para restaurarlo, y en el cual ninguna intervención puede hacerse sin la autorización previa y visto bueno de la máxima autoridad patrimonial del país, el Instituto del Patrimonio Cultural (@ipcbicentenario).

Según establece la Ley de Defensa y Protección del Patrimonio Cultural de Venezuela (articulo 16), la autoridad que tenga este monumento nacional a su cargo debe participar al IPC cualquier cambio que amenace al edificio e impedir "que se realice en el mismo cualquier obra de construcción nueva o adosada o apoyada a él, reconstrucción, reparación, reforma,  demolición, cambio de ubicación, de destino o de uso sin la debida anuencia de este organismo".4 Nadie sabe con que peregrinos fines fue hecha esta obra, pero lo cierto es que sus visos tipo construcción ilegal en Pent House de moderno condominio residencial del este y su flagrante aire festivo desdicen de la naturaleza del monumento y de la solemnidad de los espacios que el viejo Palacio de Gobernación y Justicia albergan en su interior.

Instamos pues, respetuosamente al IPC y/o a Fundapatrimonio  (@Patrimonioccs), a que hagan memoria urbana, tomen riendas en el asunto y le devuelvan al palacio municipal su esplendor original, empezando por demoler esta estructura. Sabemos que buenamente atenderán la presente denuncia, la cual recoge el sentir de la colectividad arquitectónica nacional.






NOTAS
1. "O seclum, incipiens e infacetum!". Catulo. XI. III. 8.
2. "Concejo Municipal, antes Palacio de Gobernación y Justicia", Preinventario Arquitectónico, Urbano y Ambiental Moderno de Caracas 1900-1987, Instituto del Patrimonio Cultural/Fundación de la Memoria Urbana, Caracas, 2007: http://fundamemoria.blogspot.com/
3. Op.Cit., 2007.
4. Ley de Defensa y Protección del Patrimonio Cultural de Venezuela, 1993.



Publicado en: Opinion, @ELNACIONALweb, Caracas, 2016. 



martes, 2 de abril de 2019

Trop de Soucis



"Qué podría estar mal en este bello paisaje histórico?" Centro Histórico de Santo Domingo, Republica Dominicana (f. Hannia Gómez, 2015).


"Podréis vencer, pero jamás convencer;
porque si para vencer os sobra la fuerza, para convencer os falta la razón".
Miguel de Unamuno. 1

I. Dicotomías
Nunca había estado antes en Santo Domingo, "la Ciudad Primada de América". Gracias a la gentil invitación que me hicieron los organizadores del SAL XVI (Seminario de Arquitectura Latinoamericana), pude visitarla hace diez días, y lo que es más importante, conocer su Centro Histórico.

Gente magnifica, hospitalaria, los dominicanos, siempre con una sonrisa en el rostro… Y para un arquitecto, cuántos temas para discutir y -sobre todo- para proponer! De vuelta en Caracas, la primera lección aprendida fue no olvidar que seguimos en el mundo, que Venezuela es muy importante, sobre todo para el Caribe, así como el monumental recordatorio de cuán magnifico e imprescindible es el arte de la arquitectura. Por ambas cosas, gracias al SAL!

Pero también, gracias por mostrarme la realidad del territorio y la urbanización de ese hermoso país en la isla de La Española. Un lugar de dicotomías insospechadas e impactantes. Encontrar, por un lado, el paraíso inexpugnable de la larga cinta de la suburbia tropical hecha de resorts y urbanismos residenciales, y por otro, las ciudades verdaderas, las de carne y hueso, entre ellas, San Pedro de Macorís y el Gran Santo Domingo, enorme, discontinuo, cruzado de decenas de elevados, con sus precarias aceras y salpicado de enormes malls en cajas, una ciudad que día a día presencia con estupor e impotencia la gradual desaparición de sus mejores arquitecturas (sus notables arquitecturas modernas) y barrios patrimoniales -Gazcue!- a pesar de los grandes esfuerzos que hace la comunidad arquitectónica local para protegerlos.

"Qué insólito es todo esto. No me lo esperaba!", me dije, al poco tiempo de llegar. Y es que en verdad nunca imaginé la extraña disociación existente entre un presente tan atractivo y un pasado tan rico. Por un lado, es como si la ciudad moderna, emanada de la ciudad colonial, toda ella, a la vieja manera puritana anglosajona, estuviera ill-fated; las inversiones no se ven allí, no están donde debieran estar, aunque las haya. Por otro, a lo lejos, a lo largo de la paradisíaca línea costanera, uno puede adivinar la sucesión de burbujas inmobiliarias y de edenes turísticos, aislados, con sus infinity pools y sus paisajismos inmaculados, salpicados de cientos de sueños arquitectónicos caribeños. Y… por el otro, la Ciudad Colonial, Patrimonio de la Humanidad UNESCO desde 1990, permanece inconexa en la distancia, como un episodio que solo parece tener un interés para la gente: el turístico! Un situación insólita, que me hacía no aguantar querer escaparme hasta la costa para visitar la ciudad colonial, y averiguar de primera mano, y de una vez por todas, que explicación podía tener todo este acertijo.

Fui al Centro Histórico una preciosa mañana de la mano de una atentísima estudiante de arquitectura. Primera certidumbre, sentada a la vera de la Plaza Colón, junto a la primera Catedral de América, fue que la doncella ofrendante y rampante sobre la columna conmemorativa del Monumento a Colón es idéntica a la que teníamos aquí, en nuestro Monumento a Colon en el Golfo Triste. La bella proporción de esta plaza y la rotunda construcción en piedra de coral de la Catedral, colmaron de proporciones un paseo por el damero de esta ciudad de Indias que desde 1496 "sirvió de modelo -real- a casi todos los urbanismos del Nuevo Mundo".2

La trama de calles y cuadras que abarca todo el recinto histórico, está llena de acontecimientos arquitectónicos y espaciales. La contiene la muralla, también coralina, tan delicada en sus proporciones que más parece un brazo de malecón geometrizado en vertical, mezclado con la vegetación. Más allá, la desembocadura del dulce río Ozama, un bosque de palmeras, la playa, y el mar.

"Qué podría estar mal aquí", fue mi pregunta, "en este paisaje histórico, en esta escena 'Primada de América', donde como en un teatro uno puede visualizar y reconstruir como la ciudad funcionaba armónicamente y vivía?" Es en este punto donde arranca el largísimo y abandonado malecón de Santo Domingo, que comunica a la ciudad colonial con la ciudad moderna, llegando hasta la hermosa -y deteriorada- puerta (del hermoso conjunto de la Feria de la Paz (1952), y mas allá. Y me repito: "Qué es lo que podría estar mal en este magnífico paisaje histórico y cultural para que haya sido tan olvidado?"

2. Dos orillas, un solo sitio histórico
La ciudad colonial de Santo Domingo de Guzmán (CCSD) fue "fundada por Bartolomé Colón en 1496, en la margen oriental del río Ozama (hoy llamada con el eufemismo "zona de amortiguamiento", o Buff Zone) y luego trasladada por Nicolás de Ovando en 1502 a la margen occidental del mismo río fue el lugar del primer asentamiento europeo en América, la primera sede del gobierno colonial español en el Nuevo Mundo".3 Por ello, no hay que ser muy experto para entender que ese paisaje cultural abarca ambas orillas del panorama del delta. Sin embargo, solo la orilla amurallada es la que, de manera muy extraña, se entiende como susceptible de ser protegida, conservada y restaurada.

Veamos porqué. Desde la declaratoria de UNESCO, luego de muchos intentos de restauración del centro histórico, solo el que hoy esta siendo adelantado por el MITUR dominicano de la mano del BID y de la UNESCO, es el que al parecer tendrá finalmente éxito. Ello lo explica el actual de la Decano Facultad de Arquitectura y Artes de la  UNPHU, Omar Rancier, "el MITUR se ha constituido en un supra poder en la CCSD dentro del esquema  de actuación en la Zona definiendo los proyectos del programa, determinando sus propios términos de referencia, definiendo sus propios perfiles profesionales o empresariales".4 Mientras tanto, la orilla este empezó a caminar por otros derroteros, cuando las mismas instancias empezaron paralelamente a alegar la necesidad de desarrollar en cambio estos terrenos (hasta hace poco pertenecientes a la Armada), para fines inmobiliarios y turísticos. 5



El proyecto SanSouci (f. eldinero.com.do).

Aunque en 2010 la UNESCO inicialmente "aconsejó al gobierno detener los desarrollos futuros previstos en la zona de Santo Domingo Este porque podrían repercutir negativamente en el valor universal excepcional de este Patrimonio Mundial", sin embargo, un gran proyecto inmobiliario multimillonario empezó a tomar cuerpo. Es lo que hoy se conoce como el Proyecto SanSouci.6  UNESCO dictó una primera orden de detención contra el macro proyecto porque impactaría tremendamente el paisaje histórico de la Ciudad Colonial, obligando a elaborar planes que tuvieran en cuenta "la conservación de los atributos del lugar". No obstante, estos esfuerzos se perdieron en el camino. Ya en 2015, UNESCO -no entendemos cómo- cambio de parecer, concluyendo que "el Proyecto SanSouci esta bien orientado".7 Algo inexplicable.

El monstruoso desarrollo -que está a punto de empezar a construirse si nadie hace nada- es un desastre por donde se le mire. No solo acaba con el panorama cultural histórico de la Ciudad Primada de América, bloqueando el paisaje que le es propio y convirtiéndolo en una especie de mala copia de Brickell hecha de banales formalismos impersonales y arquitecturas amaneradas importadas, sino que desconoce la propia herencia de la ciudad colonial de la que va a vivir y supuestamente va a "rescatar". Nada más la trama anamórfica que se inventaron los promotores para la "mini-ciudad", supuestamente derivada de las vistas que vienen de la CCSD (!?), es una  burla a la saga monumental de las Leyes de Indias que se inició justamente aquí, para expandirse por toda Ibero América.

No se trata de luchar en contra de que Santo Domingo se repotencie como destino turístico o de que se cree un nuevo modelo para el desarrollo urbano de la ciudad, que tanto lo necesita. El dilema es: porqué ASI? Porqué destruir la gallina de los huevos de oro? Porqué desconocer la propia herencia? Porqué esa liviandad de la misma UNESCO-Post-Sevilla-Arruinada-Por-La-Torre-Pelli con el manejo de sus declaratorias mundiales? Porqué estas alturas avasallantes? Es que no hay suficientes terrenos urbanos vacíos en el desolado malecón hacia el oeste del CCSD que merezcan ser desarrollados para recuperarlo de su agonía?

Son trop de soucis, messieurs. Hay mucho tiempo de aquí hasta 2030, cuando dicen que culminarán las obras. Piénsenlo, amigos dominicanos: hay mejores maneras de gastarse esos millones de dólares: haciendo ciudad, y sobre todo, haciendo memoria urbana.




Será este el malo, lamentable e irreverente contexto futuro de la Ciudad Primada de América? (f. Arquitexto.com).



NOTAS
1. Citado por Omar Rancier (Decano Facultad de Arquitectura y Artes, UNPHU y ex presidente del Comité Dominicano del ICOMOS), en: "Sobre los programas en proceso de la Ciudad Colonial Santo Domingo: ¿quien le teme  al MITUR feroz?", blog Penélope, 2 de diciembre de 2014: http://rancier-penelope.blogspot.com/2014/12/el-xxxiii-seminario-del-icomos-y-quien.html
2. "Santo Domingo es la ciudad donde se construyeron la primera catedral, el primer hospital, la primera universidad y la primera aduana del continente americano". Wikipedia: "Anexo: Patrimonio de la Humanidad en la República Dominicana": https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Patrimonio_de_la_Humanidad_en_la_Rep%C3%BAblica_Dominicana
3. Wikipedia: "Santo Domingo": https://es.wikipedia.org/wiki/Santo_Domingo
4. O. Rancier Op. Cit., 2014.
5. Windler Soto, "SanSouci: Gran inversión urbanística en Santo Domingo", El Dinero, 15 de septiembre de 2015: http://www.eldinero.com.do/16312/sansouci-gran-inversion-urbanistica-en-santo-domingo/
6. Odalis Mejia. "Unesco sugiere detener proyecto Sans Soucí", Hoydigital, 25 de noviembre 2010: http://hoy.com.do/unesco-sugiere-detener-proyecto-sans-souci/
7. Yelisa Rosario. "Unesco concluyó proyecto San Soucí esta bien orientado", Hoydigital, 30 de mayo 2015: http://hoy.com.do/unesco-concluyo-proyecto-san-souci-esta-bien-orientado/




 Publicado en: Opinión, @ELNACIONALweb, Noviembre, 2015.

miércoles, 21 de enero de 2015

Las torres transparentes



1.  "La Calle principal de Caracas, antes Calle de la Santísima Trinidad" (f. Archivo Fundación de la Memoria Urbana).


"Transparente. Del lat. trans-, a través, 
y parens, -entis, que aparece". 1

1. Por la calle del príncipe
La debacle de destrucción desatada en el valle de Caracas en los últimos tiempos está llegando a niveles casi bíblicos. Al igual que la Ley, cuya ignorancia no es excusa para su incumplimiento, debería serlo igualmente para la Memoria Urbana: no conocerla no debería ser excusa para destruirla. Pero lo ciudad está siendo demolida frente a nuestros ojos, por todas partes. Y entre los episodios de esta monstruosa debacle (que veíamos venir), merece capítulo aparte el que se dedica a la Calle principal de Caracas -hoy Bulevar Panteón- de nuestro Centro Histórico: sencillamente, la calle más incomprendida y vejada en toda Caracas.

Esta Calle principal -o Calle del Príncipe-, es la calle derecha de la Catedral. En tiempos del Obispo Díaz Madroñero (1766) fue bautizada como Calle de la Santísima Trinidad, luego renombrada como Carabobo. En suave pendiente, parte desde la esquina de la torre de la Plaza Bolívar para lanzarse en sentido norte/sur hacia el río y hacia "el Ávila cercano", siguiendo su cardinal trazado de Indias.2 Es el segundo eje mayor de Caracas (el eje mayor es la Calle Real, que va de este a oeste), uniendo al templo mayor de la ciudad con el panorama mayor de la ciudad: la montaña.

En el proceso de construcción gradual de esta escena urbana tan clásicamente caraqueña, el trayecto norte fue inmemorialmente siempre el predilecto. Es hacia allá hacia donde se dirigieron desde el principio todas las miradas. Por ello, la brevedad inicial de la calle, de solo cuatro cuadras, al ser cortada abruptamente por "las empinadas barrancas" de la quebrada de Catuche, duró tan poco.3 En 1793, cual epifanía, surge una visión con talento. Muy urbana, y a la vez, muy religiosa. Es la de la Iglesia de la Santísima Trinidad que se construiría sobre la Sabana de Ñaraulí (actual San José). En una operación pionera de diseño urbano, la Calle principal se alargó, saltando encima de la topografía con el Puente de la Trinidad, para ir a rematar contra la portada del templo.

Todo un formidable imaginario urbano se gesta entonces, muy al gusto del urbanismo del siglo XVIII, tan amante de los monumentos organizando visuales en la fábrica urbana, pero sobre todo, muy íntimamente ligado a la historia del ciudadano Simón Bolívar, cuyo nombre completo era, como todos saben, Simón José Antonio de la Santísima Trinidad. El templo, "dedicado a la Santísima Trinidad, con su propio nombre y advocación", se elevó entre la ciudad y el piedemonte avileño celebrando la misma dedicación de "la capilla que habían construido los antecesores de Bolívar en la Catedral, la devoción de la familia".4

Todo ese sistema urbano altamente escenográfico, genuino, lleno de sentido, se completará arquitectónicamente en la concepción tripartita de la fachada de la iglesia, diseñada con tres naves "para que reflejara mejor el simbolismo trinitario". "Tres puertas hacia el mediodía y dos torres campanarias a los lados"; tres torres rematando la calle, tres torres unidas a la torre principal de la ciudad a través de la perspectiva de la calle. Ni que decir que esta se convirtió inmediatamente en una nave ceremonial al aire libre… que con el tiempo recibiría, escenificaría y vería sucederse los episodios de la vida y muerte del Libertador uno tras otro. Mientras tanto, al fondo, la montaña, como telón de fondo integrado a la ciudad: "Y el Angelus lento siente la nostalgia / de que se revisten las nieblas del Avila".5

No nos extrañe, pues, que un magistral arquitecto como lo era el español Manuel Mujica Millán, educado en Barcelona, y diestro en las artes de la arquitectura urbana, haya concebido en 1930 que las tres torres con las que sustituiría las antiguas fueran totalmente transparentes, con largos ventanales en el fuste y en el ático que dejaran ver la montaña incluso desde la Plaza Bolívar. Pero es lógico: la ciudad que allí estaba ya lo había decidido antes por él. Mujica solo tuvo que leerlo en la memoria urbana. Y acertaron ambos.



                                               2. El Boulevard Panteón en los 2000  (f. Flickr.com).
 

2. Mausofeo
Decía André Malraux cuando era Ministro de Asuntos Culturales de Francia en los años 60, que los bienes culturales solo empiezan a existir cuando se los nombra. Y así es. La historia que no se conoce, no se puede valorar. Como las orquídeas no identificadas en la selva umbría.

No nos asombremos, entonces, cuando vemos a Caracas siendo vejada sistemáticamente hoy en día. Hay pocas capitales del mundo tan poco protegidas y con tan pocas obras publicadas sobre su arquitectura y urbanismo como la nuestra. Su historia está prácticamente inédita. Por ello, todo el mundo piensa que nada en ella vale la pena (aunque ustedes y nosotros sabemos que no es así).

Pero en el caso de nuestra calle principal, no. Pesa sobre la abolición de esta historia caraqueña una serie de declaratorias que la protegían: la del Centro Histórico de Caracas, la del mismo Panteón Nacional como Monumento Histórico, desconocidas una a una en nuestra calle principal. Pero es cuestión de tiempo. La Ley, y la Memoria Urbana, tarde o temprano, prevalecerán.



NOTAS
1. Real Academia Española, Diccionario de la lengua Española, vigésima edición, Espasa-Calpe, Madrid, 1984,  p. 1331
2. Lucas Guillermo Castillo Lara. "El Panteón Nacional, Tierra sagrada, ejemplo tutelar, lección de gloria",  El Panteón Nacional, Ediciones Centauro, Caracas, 1980,  p. 18
3. "…la calle central partía de la catedral. Hacia el norte se acababa a las cuatro cuadras. Allí la ciudad terminaba abruptamente en las empinadas barrancas del Catuche". L.G. Castillo Lara, Op. Cit., 1980, p. 17
4. L.G. Castillo Lara. Ibid., 1980, p. 21
5. Eduardo Carreño. Nieblas, En: Lucas Guillermo Castillo Lara y Edgar Pardo Stolk, El Panteón Nacional, Ediciones Centauro, Caracas, 1980, p. 19.



 Publicado en: Opinion, @ElNacionalWeb, 8 de diciembre de 2014: http://www.el-nacional.com/hannia_gomez/torres-transparentes_0_533346716.html

domingo, 20 de febrero de 2011

La Isla de Caracas


Exato mapa de la ciudad de Caracas, 1775.




"Bring Me That Horizon...!". 1
 

En medio del mar de los urbanismos, rodeada de suburbia por todas partes, flota solitaria la Isla de Caracas. Es un pequeño país, de norte a sur atravesado por ríos invisibles, exento de montañas o tan siquiera de alguna colina, sus únicos accidentes geográficos los arquitectónicos; una única sabana piemontesa de suave pendiente, hermana de cauces subterráneos. Su forma es alongada, y en algo recuerda la de la blanca Albión. El paisaje típico de esta insólita Islandia alterna parajes urbanos densamente construidos con campos baldíos sembrados de barrios.

Sus ciudades tienen cada una plazas e iglesias tutelares, y viven las unas junto a las otras, codo con codo, fundiéndose en una superficie continua en la que pueden no obstante distinguirse sin problema, diseminadas como están entre los escasos árboles, La Pastora, Altagracia, San Juan, Santa Rosalía... Los viajeros visitan primero que ninguna a Catedral, construida sobre treinta y cuatro cuadras, bruñida de piedras centenarias. La villa catedralicia se enseñorea del centro insular, donde el color de las casas va del gris a un blanco centelleante bajo el sol. Esta es la capital de la isla, célebre por su plaza sombría.

Hasta el siglo XIX, la Isla de Caracas se mantuvo señora del vasto paraje altiplanar, como una Palmanova fortificada, rotunda y cristalina. En 1820, cuando en España reinaba Fernando VII, el ayuntamiento insular dictó una ordenanza que declaró por primera vez la "zona que lleva el nombre de Caracas". La singular ordenanza describía las características que rindieron a Caracas única en el mar océano, casi como una isla del tesoro. Sobre todo, por su trama urbana: una racional retícula emanada de las Leyes de Indias, la huella indeleble y claramente legible que define hasta dónde alcanza su territorio... Donde muere la trama colonial, termina la isla, por siempre cautiva de su forma urbana. 
 
La ley también reconoció la continuidad de la fábrica típicamente caraqueña. Cómo la densidad, con el paso de los siglos, se hizo arte urbano, y cómo la existencia de una arquitectura insular que se retroalimentaba y se reinventaba con el tiempo... hizo que Caracas se convirtiera en la isla más coherente de todo el archipiélago. Y éso, había que protegerlo.

Desde 1898, no obstante el memorable mandato real, la isla empezó a ser cortada del resto del mundo. Este aislamiento hoy es explicado por el liberalismo de algunos de sus ciudadanos, que empezaron a abandonarla a su suerte a pesar de la tradición, auto exilándose de los fueros insulares para partir a poblar nuevos horizontes siguiendo sus propios albedríos ("Bring Me That Horizon...!"). Es el origen del archipiélago de los faux-bourgs, del borrascoso mar de las suburbias, y el comienzo del aislamiento caraqueño. 
 
Como un Borneo, una Java, una Terranova o un remoto Madagascar, desde fines del siglo XIX Caracas pasó de maravilla del mundo a paraíso perdido, de territorio exótico a pueblo fantasma y a comarca incomprensible, o, peor aún: viva en una lengua que se ha dado por muerta. Todo ensanche no la emulaba, todo nuevo urbanismo la negaba... Se aislaba, y se aislaba, azotada por las aguas.

Los viajeros aseguran, no obstante, que la vida en la Isla de Caracas, aún hoy (2020), es del todo apacible, y personal como ninguna en los cuatro mares. Hay algo de escenario teatral contenido, de intensidad citadina, de exquisito corral de comedias, como en aquélla otra isla, la de la laguna. El tráfico automotor es tampoco apabullante, y el paso menudo de los peatones es quien pauta el ritmo de la existencia. Las tradiciones urbanas son esenciales. Se repiten cada año, circulando por viejos circuitos. Son las viejas procesiones de siempre: de cruz en cruz por las esquinas. La arquitectura, valga repetirlo, es magnífica. En número, y en calidad. No faltan tampoco la comida y la bebida. Adicionalmente, los pobladores caraqueños le son leales: resisten, no importa cuán grandes, ni durante cuánto tiempo, las agresiones y las deserciones en contra de su deslumbrante reino.

Los visitantes deben saber que es muy difícil llegar a la Isla de Caracas. Hace falta embarcarse en un vapor en El Paraíso, puerto situado paradójicamente cerca, en el continente de La Vega, y dejarse llevar peligrosamente por la corriente sur hacia naciente, porque las comunicaciones terrestres por los cuatros costados de las costas desde hace años se han cortado: las rectas calles inmemoriales no pueden continuar... porque se hunden en el extraño mar del crecimiento anárquico. Se las han tragado dos de los más insaciables monstruos de este lado del mundo: Amnesia y Urban Sprawl.



La Isla de Caracas, circa 1950.

 
(Para saber más sobre tan fascinantes cuestiones, se encuentra en preparación el opúsculo: Introducción a la lejana Isla de Caracas, su historia, sus costumbres, sus leyes, su lengua y geografía, igualmente conocida como Prècis del Polígono: O De Porqué También Debe Ser Declarada Patrimonio la Trama Colonial del Centro Histórico de Caracas, propuesto por la Fundación de la Memoria Urbana en la ciudad de Santiago de León de Caracas, en el año del Señor de 2005).



Publicado en: Semanario en_caracas, Caracas, abril de 2005; Opinión, @ElNacionalWeb, Caracas, 25 de Febrero de 2020. https://www.elnacional.com/opinion/la-isla-de-caracas/


NOTAS:

1. Gore Verbinski, Ted Elliott y Terry Rossio. Pirates of the Caribbean: The Curse of the Black Pearl, Walt Disney Pictures y Jerry Bruckheimer Films, Disneyland Resort,  2003.