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viernes, 20 de septiembre de 2019

El precinto


1. Caracas Country Club, distrito historico desde 2005 (f. Wikimedia Commons, 2013). 

"Esta casa es grande,
tiene cuatro esquinas,
y en el medio tiene
rosa y clavellinas".

Canción criolla. 1959.1

Lo que sigue es una historia de la vida real. En el año 2003 existían en nuestra ciudad solamente ochenta y dos patrimonios declarados como Bienes de Interés Cultural de la Nación. Esa escueta cifra, algo increíble en una capital, se repartía entre yacimientos arqueológicos indígenas, arquitecturas coloniales, edificaciones republicanas y unas pocas, muy pocas arquitecturas y urbanismos modernos.

Podrán imaginarse ustedes que la gran mayoría de los valores arquitectónicos y urbanísticos de Caracas, especialmente del siglo XX, estaban completamente desprotegidos. Con ese argumento, la Fundación de la Memoria Urbana tomó la iniciativa de presentar y logró convencer al Instituto del Patrimonio Cultural (IPC) de iniciar el preinventario o Lista de la Caracas Moderna.2

La primera protección que solicitamos al iniciar dicha lista (que llegó a alcanzar más de 2.200 fichas), para el Caracas Country Club.3 Habida cuenta que lo otros dos grandes paisajes culturales diseñados de la capital, el Parque del Este y la Ciudad Universitaria de Caracas, ya estaban para la fecha declarados como patrimonio, era urgente proteger este remanso de la naturaleza y del paisaje original del valle de Caracas y la única obra de Olmsted Brothers al sur del río Grande.

Aunque en 2003 corrían tiempos menos terribles que los actuales, la carta que escribimos Graziano Gasparini, John G. Stoddart, el entonces decano del Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UCV, Abner Colmenares, y nosotros, argumentando los valores de nuestro "Central Park" caraqueño, fue recibida de entrada con desprecio. Se nos contestó que "antes que declarar al CCC, protegerían la última etnia Mapoyo en el Amazonas". Y asunto saldado… Pero por poco tiempo.

Pasaron dos años. Mientras nuestra carta permanecía allí, archivada, el IPC fue preparando el I Catalogo del Patrimonio Cultural del Municipio Chacao (el primero de una larga serie que incluiría un catalogo por cada municipio de Venezuela). Y he aquí que cuando este ya estaba a punto para salir a imprenta, recibí una llamada inesperada:

-"Arquitecto, véngase corriendo para acá".
Yo, asustada más que extrañada, contesté:
"Pero, para qué?"
Y me dijeron,
-"Es que han dado la orden de que incluya al Country Club en el catálogo antes de que vaya a imprenta".

Casi incrédula ante el golpe de timón y el inesperado (y afortunado) cambio de parecer, pero clarísima ante la oportunidad que se abría para la ciudad, estuve allá en el acto.

Y ahí estaba yo. Sentada. Sola frente a la computadora ajena. Mirando una pequeña galera en la pantalla, ya dentro de una página diseñada y terminada, un pequeño espacio en blanco donde debía escribir el texto "Caracas Country Club". De paso, aproveché para incluir también a la Casa Club y a otra extraordinaria arquitectura de Clifford Wendehack del CCC, la quinta Peña Viva.

Nunca lo olvidaré. Recuerdo que alcé la mirada por sobre la pantalla de la computadora hacia las altas ventanas de la Villa Santa Inés, y miré aún más allá, hacia las faldas de la montaña. Justo donde está La Pastora. Y entonces, entendí lo que había que hacer.

La Pastora es el primer Distrito Histórico declarado en la ciudad de Caracas (1979). Gracias a la lucha de los vecinos, en una época en que ese barrio antiguo iba a desaparecer bajo altas torres de viviendas de interés social, pudo salvarse de los tractores gracias a una declaratoria de conjunto que protegió todo el sector a la vez. Aunque la figura del Distrito Histórico es una herramienta tradicional en el urbanismo mundial (nada más Nueva York tiene 144), la referencia inmediata para la declaratoria del Caracas Country Club fue la famosa poligonal de La Pastora.4

Acto seguido, alcé la mano, y en un plano imaginario en el aire tracé los puntos que enmarcan el polígono del segundo Distrito Histórico de la historia de Caracas: "Desde la avenida Francisco de Miranda al Parque Nacional El Ávila, limitando con las urbanizaciones El Bosque, La Florida y Campo Alegre…"5 Lo demás lo haría la ley. Publíquese.

Mucho tiempo después, cuando un personaje siniestro quiso intentar destruir este hermoso e irreemplazable designed landscape del valle de Caracas para construir en medio de los campos del golf una Misión Vivienda, ese pequeño párrafo bastaría para salvar nuestro verde, precioso y olmstediano precinto.




NOTAS:
1. Fuego al cañón, 1959.
2. Caracas Moderna: http://www.fundamemoria,blogspot,com/
3. Graziano Gasparini, John Geoffrey Stoddart, Abner Colmenares y Hannia Gómez. Carta de la Fundación de la Memoria Urbana a José Manuel Rodríguez, presidente del Instituto del Patrimonio Cultural, Caracas, 30 de octubre de 2003.
4. Historic Districts Council: https://hdc.org/
5. "Caracas Country Club", Lo construido. Municipio Chacao, Catálogo del Patrimonio Cultural, Instituto del Patrimonio Cultural, Caracas, 2005, pp. 47-48.


Publicado en: Pluscuamperfecto, Entresocios, Caracas, Abril de 2019.

lunes, 8 de abril de 2019

Bow bridge



Vista aérea de la Casa Club junto al viejo puente sobre la quebrada Chacaíto (f. Caracas histórica, 1950s).



"Yo no invento nada; yo redescubro",
Auguste Rodin. 1

Un gran conjunto arquitectónico de la calidad de la casa del Caracas Country Club no podía haberse logrado si no se hubiera tomado en cuenta su relación con el entorno inmediato. Este es el caso de uno de los aspectos más olvidados de la historia de la casa club: el antiguo puente sobre la quebrada Chacaíto, años ha desaparecido tras haber sido minados sus cimientos este -y aquí comienzan los recuerdos- por las raíces de una Ceiba centenaria… ella también desaparecida.

Si observamos el plano de levantamiento de la casa de Blandin (la colonial) que reposa en los archivos de Olmsted Brothers, vemos que justo al noreste de la casa original (situada donde está hoy la cocina del restaurante de la casa club) se encontraba el viejo puente colonial que permitía el paso del camino principal de la hacienda sobre el lecho de la quebrada, mucho más caudalosa entonces.2 Nunca hemos podido ver una imagen de este puente. No sabemos cómo era. Porque la bella casa de Blandín (como las actrices de Hollywood) siempre fue pintada desde su lado más fotogénico, la fachada sur, para admirar su hermosa veranda.

El caso es que comparando la ubicación del puente colonial en el plano de anteproyecto de la casa club hecho por el arquitecto Clifford Ch. Wendehack a fines de los 1920s, encontramos que el lugar del puente aparece corrido considerablemente hacia el este. La razón es, muy simple: no era el mismo puente. Al ser el la nueva casa club considerablemente más grande, se decidió trazar e la Avenida principal del Caracas Country Club más allá. Por ende, ya su posición no coincidía más con el eje del puente antiguo.3 La solución del diseño urbano pasa entonces por la necesidad de construir un nuevo puente. Y este es el viejo puente de ladrillo del Caracas Country Club que todo el mundo ha olvidado.

Una foto de la Revista Shell de 1957 lo describe en la leyenda como "el viejo puente de arco rebajado del Caracas Country Club".4 Por esta única imagen sabemos que era de ladrillo. Oh, maravilla! De ladrillo! Que más apropiado que un puente de ladrillo para acompañar al neohispano portal de la casa club, al que le hacia conjunto? Era este un puente de gruesa fábrica, soportado por tres arcos, dos pequeños y uno grande, el central salvando la luz de nueve metros de ancho necesaria para el paso de la corriente. Pero lo más importante era que el puente Chacaito diseñado por la firma Olmsted Brothers tenia en su parte superior la forma de un "arco rebajado". Es decir, que era un bow bridge.

Bow quiere decir arco, suave curvatura. Aquellos que mandaron a tirar abajo esta marca de fábrica olmstediana, nunca se imaginaron que haciéndolo borraban la rubrica de los Olmsted, la pieza clave que hacia referencia directa al Central Park de Nueva York y a su colección de treinta puentes y arcos que lo adornan y caracterizan, encabezada por el refinado "Bow Bridge" en hierro forjado, diseño de Calvert Vaux y Jacob Wrey Mould en 1862 sobre The Lake. 5

De nuevo, otro elemento más hermana al Caracas Country Club y al Central Park. Esta vez un bow bridge, "de graciosa forma, reminiscente del arco de un arquero o de un violinista", en ambos fungiendo como romántico punto central del diseño del paisaje. 





















"El viejo puente de arco rebajado del Caracas Country Club". Revista Shell, Diciembre de 1957 (f. La Caracas de antes).





NOTAS
1. « Je n'invente rien, je redécouvre ». Auguste Rodin.
2. "Plano de la Casa de Blandin y terrenos adyacentes". Archivo Fundacion de la Memoria Urbana
3. "The Caracas Country Club, Venezuela. Floor Plan". Archivo Fundacion de la Memoria Urbana.
4. Revista Shell, Caracas, 1957.
5. Los puentes y arcos son: SW Reservoir; SE Reservoir; Gothic; Claremont; Glen Span; Springbanks; Huddlestone; Mountcliff; Greywacke; Glade; Trefoil; Terrace; Willowdell; Denesmouth; Greengap; Inscope; Gapstow; Playmates; Driprock; Dipway; Greyshot; Pinebank; Dalehead; Riftstone; Eaglebale; Balcony; Bankrock; Ramble; Winterdale y Bow. En:  "Forgotten New York. Bridges of Central Park. Part 1 (South of the Reservoir)":
http://forgotten-ny.com/2001/07/bridges-of-central-park-part-1/; Part II (Reservoir North): http://forgotten-ny.com/2001/08/bridges-of-central-park-part-2/
6. Central Park Conservancy: http://www.centralparknyc.org/things-to-see-and-do/attractions/bow-bridge.html


Publicados en: Pluscuamperfecto, Entresocios, Caracas, Mayo, 2016.


martes, 26 de marzo de 2019

Olmsted Brothers only work in Venezuela, the Caracas Country Club, Threatened by Redevelopment Plans






Caracas Country Club´s landscaping and golf courses, 1958 (f. Archives of
Fundación de la Memoria Urbana, Caracas)

With Melanie Macchio.


Synopsis
The Caracas Country Club, a landscaping community and golf course placed in the middle of the Caracas valley, is a 1928 project by the landscape architecture firm of Olmsted Brothers, and the firm's only work in Venezuela. This treasure of the history of urbanism and of landscaping is the most successful homage to the valley of Caracas’ natural scenery, which thanks to this project still survives there, practically intact. This is today the only remaining place where can be actually seen how the valley’s original natural landscape was before the city was built. Although listed as a National Landmark in 2005, the green urban oasis of the "Caraquenian 'Central Park'" is increasingly being menaced by pressures coming from public and private interests, that want to densify and construct it, changing forever its beautiful character and original features.


Caracas Country Club Golf House, 1930, architect Clifford Charles Wendehack (f. Archives of
Fundación de la Memoria Urbana, Caracas)

History
By 1920, Olmsted Brothers was the largest office of landscape architecture in the world. Meanwhile, in Caracas, in 1922, was created the Caracas Country Club. Aiming to extend the golf courses and have a better club house, around 1926 was founded the Syndicate Blandin, an association named after the Hacienda Blandin, a plantation nesting on the eastern side of the valley, where the residential golf club would be built. This hacienda was famous for having introduced in 1786 the culturing of coffee in the valley of Caracas, as for its magnificent trees and its beautiful hacienda house placed on the edge of a creek.

The Syndicate Blandin took the pioneering decision of doing a new and singular urban experience, the first of its kind in the country, on the hacienda's lands. In this way, they called the Olmsted firm, hiring it to do the urban design and the landscaping. But they did more than that: they turned the commission into a sensitive urban design and landscaping project that can be counted among the most notable American urbanisms of the Twentieth-century. The Caracas Country Club golf courses would be designed by the American architect and golf course specialist Charles Banks in collaboration with the Olmsted firm.

Olmsted Brothers continued Frederick Law Olmsted's ideal, spirit and compromise for the preservation of the American landscape in its most genuine beauty. A 1916 statement by Frederick Law Olmsted Jr., contains already a lot of what he would do lately in the Caracas Country Club: (it is important) “to conserve the scenery and the natural and historic objects and the wild life therein and to provide for the enjoyment of the same in such manner and by such means as will leave them unimpaired for the enjoyment of future generations”  Frederick Law Olmsted Jr., also formulated the concept of “Global Planning”, a fortunate mix of the Olmsted's landscaping and preservationist saga, with the civic ornamentalism of the City Beautiful Movement. His suburban plans –especially Forest Hills Gardens, in New York, and the Riverside neighborhood, in New Jersey-, already announced his ideas of what would be the Caracas Country Club.

Olmsted worry for the future of "the irreplaceable and unvalued domains of the past”, would preserve in Caracas a great deal of the original conditions of the place occupied by the haciendas. Thus, he maintained the natural topography of El Avila Mountain's foothills, privileging in the golf courses' design wide views to the mountain and to the southern hills. The allotment's irregular form and the street pattern that winds “around great grass extensions under masses of trees”, were curved ex profeso to conserve intact the centenary specimens of trees and palms that grew on these lands. The hacienda's road, once lined with palms, was another element kept in the design by the Olmsted firm. Today the Caracas Country Club is not only an ecological and environmental sanctuary: it is also a sanctuary of landscape's memory. 


Caracas Country Club Golf House, 1930, architect Clifford Charles Wendehack (f. Carlos Guinand Sandoz, 1930. Archives of Fundación de la Memoria Urbana, Caracas)

Threat
The issue of the preservation of the first landscape architecture residential project in Venezuela, despite all of the importance of its legacy and its crucial value for the quality of the urban life, the landscape and the history of Caracas, returns repeatedly and is becoming more and more controversial. Since 2000, due to the forces and appetites of the real estate market, the neighborhood began to be in severe danger of disappearing. After luckily achieving its 2005 its landmark designation, at the end of 2007, nevertheless, the golf courses were almost expropriated by the government in order to build social housing. Power pressures from investors and the saga of irresponsible destruction, are again trying to change the zoning to redevelop the land into rentable apartment towers based upon the fact that the houses and their gardens were not included in the 2005 landmark designation. The argument of the Caracas Country Club reconversion into a public park and transportation issues are now also being used as an excuse to force rezoning and disprotect the site. Therefore, threats are coming from both sides political and economical.

How you can help/ Get involved
The Venezuelan Chapter of Docomomo is working to claim for international attention for the conservation and preservation of this remarkable American Designed Landscape. In the difficult political times Venezuela is living and the actual fragmented condition of the Caracas municipal government, a serious public discussion about of the site's alternatives that takes into account its patrimonial status seems almost impossible. Docomomo Venezuela is seeking for help to organize a full historical dossier of the site and activate an international discussion on its urban, ecological and preservation issues. It also maintains an ongoing conversation with the Caracas Country Club Board and other interested parties, like the Alcaldia Metropolitana de Caracas, about the importance of preservation issues. Send a letter or email supporting the preservation of the Caracas Country Club to: Docomomo Venezuela, Avenida Orinoco, Cabrini 1, Las Mercedes, Caracas 1060, Venezuela or docomomo.ve@gmail.com

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For more information about how to help, please contact
Docomomo Venezuela:



References

Hannia Gómez. "Olmsted in Blandín, Preserving the Modern Heritage", Landscape Architecture, The Urban Times, May 23 (2011).
Seventy-nine plans and drawings completed by the firm for the project, plus an album with 112 historic photos exist in the Olmsted Archives of the Frederick Law Olmsted National Historic Site, Brookline, Massachusetts. Three folders of client-architect correspondence (Job No. 7947) are in the collection of the Olmsted Papers, Olmsted Associates Records, Series B, from the Manuscript Division of the Library of Congress, Washington, D.C. 


Published: Landslide, The Cultural Landscape Foundation, Washington DC, Jan 3, 2012: https://tclf.org/landslides/olmsted-brothers-work-caracas-country-club-threatened-redevelopment?destination=search-results



jueves, 31 de julio de 2014

El Padre del Paisaje

"Frederick Law Olmsted",  1895. Oleo de John Singer Sargent.




¿Cuál artista más noble que aquel que en su poder de diseño, 
con un concepto de belleza de largo aliento,
esboza los contornos, escribe los colores y dirige las sombras de una imagen 
tan grandiosa que la Naturaleza deberá ocuparse en ella por generaciones,
antes de que el trabajo que él le encomendó logre sus objetivos?"
Frederick Law OLMSTED.

Principios de diseño para la eternidad
En las naciones jóvenes nada más natural que esperar que las artes se refunden partiendo de principios totalmente nuevos. Así ocurrió a finales del siglo XIX para el continente americano, cuando el arte del paisaje fue reinventado desde sus raíces por el conservacionista Frederick Law Olmsted, nacido en Hartford, Connecticut (1822-1903).

Haciendo una poderosa mezcla de topografía, ingeniería, agricultura, arquitectura, literatura, política y, claro está, paisajismo, Olmsted edificó su propia manera de aproximarse a los fantásticos parajes y a la monumental geografía de América. Para ello, en 1852 retomó el hilo de la tradición europea y de las islas británicas en un primer libro: Walks and Talks of an American Farmer in England, donde da cuenta organizada de sus caminatas por los parques públicos y jardines privados del viejo continente. Este libro, donde sus orígenes de granjero científico empiezan a revestirse de las galas del paisajismo universal, es sobre todo un ejercicio periodístico. Y es que Olmsted fue reportero de The New York Times y editor de Putnam's Monthly Magazine, un diario literario y político. Es desde esta perspectiva que se entienden mejor las razones de su gran creación, que fue antes que nada una reflexión social y política sobre las funciones del paisaje en la vida del hombre.          

Las conexiones literarias le garantizan a Olmsted el puesto de superintendente de Central Park en Nueva York, que por entonces andaba planificándose. Y es desde esa posición estratégica que gana junto al arquitecto inglés Calvert Vaux el concurso para el diseño del parque, con su legendario plan "Greensward". En siete años, entre 1859 y 1866, el ahora joven Arquitecto en Jefe de Central Park construye el parque, y haciéndolo, inventa una nueva forma del arte del paisaje.

Es imposible traer aquí la vasta producción de las firmas Olmsted hasta su cierre en 1981. Tan vasta es, que los especialistas que acaban de terminar su Master List, dicen que no aseguran que esté todavía completa. Allí se encierra la naturaleza monumental de su legado, que incluye desde la creación de la profesión de arquitectura paisajista hasta la invención de nuevas tipologías, como el Gran Parque Urbano, los "Parkways", el Sistema de Parques, las Reservas Escénicas y los Suburbios Residenciales (como el Caracas Country Club), entre otras, cada uno con un sentido innovador.

Desde entonces Olmsted hizo diseños para mas de seis mil paisajismos en toda América. Y para lograrlo, fundó prácticamente una escuela con su familia, instruyendo en sus principios de diseño como discípulos a su sobrino John Charles Omsted y su hijo Frederick Law Olmsted Jr., así como a muchos jóvenes de la firma. Los Olmsted Brothers (1898) no solo respetaron la escuela paterna y fueron fieles en todos sus trabajos a los principios olmstedianos, sino que contribuyeron al crecimiento del arte, siendo fundadores de la Sociedad Americana de Arquitectos Paisajistas, de la primera Cátedra de Paisajismo en América (Harvard) y del National Park Service.

Hoy lo más importante que podemos celebrar de ese legado es el propósito conservacionista que Olmsted le dio a sus paisajes, y que Olmsted Brothers, que llegó a ser la más grande oficina de arquitectura paisajista del mundo hacia 1920, perpetuó. Un arte civilizador, pastoral, refinado, destinado a afectar profundamente las emociones, a sanar el alma con la experiencia de la Naturaleza, y sobre todo a preservar la Memoria del Paisaje de cada lugar natural sobre la tierra para las generaciones por venir. Hoy, cada ciudad que se precie de tener uno de sus proyectos, ya ha redescubierto el valor futuro que tiene para sus ciudadanos haber sido tocada por el genio del Padre del Paisaje.





Publicado en: Pluscuamperfecto, Entresocios., Caracas Country Club, Caracas, Mayo, 2014.

domingo, 29 de junio de 2014

Luminaires

"Farolas de la Avenida principal del Caracas Country Club" (Postal - Archivo Fundación de la Memoria Urbana)


“Todavía se deslizan por ahí los fantasmas de la belleza
y rondan los lugares donde murió su honor”.
Alexander Pope.

El pasado octubre (2013), el World Monuments Fund incluyó en su Watch List 2014 de Patrimonio en Peligro del mundo (junto a nuestra Ciudad Universitaria) las antiguas farolas de hierro fundido de la ciudad de Berlín. Berlín, al igual que Caracas, es una ciudad que no tiene su pasado inmaculadamente preservado y ha perdido gran parte de sus elementos antiguos, no pudiendo ya permitirse el lujo de perder más sin que esto represente profundo pesar para sus habitantes. 


Las luminarias berlinesas, parte fundamental de la infraestructura urbana, son del tipo Victoriano, unas 45.000 farolas en toda la capital, muchas de ellas candelabros tipo “Hidra”,  que datan de los 1890s. Buscando su permanencia en la ciudad y su no sustitución por unas nuevas ajenas a la memoria urbana, los ciudadanos hicieron una larga campaña que se corona con la nueva protección. El derecho a tener una cálida iluminación nocturna que acompañe y guíe al peatón, y el derecho a la conservación de una identidad urbana propia, son los argumentos con que defienden a estas sobrevivientes, tras décadas de bombardeos y agresiones. 


Una situación no muy distante tenemos aquí. Desde comienzos del siglo veinte, en una acertada estrategia de equipar a la capital con un mobiliario urbano fabricado para durar, inscrita en la mejor tradición urbana de Europa y América, se sembraron cientos de farolas de hierro y vidrio en las nuevas urbanizaciones de valle del Caracas. Estas provenían de catálogos americanos –especialmente del estado de Nueva York-, que fabricaban tipos clásicos de luminaria de calle, como las farolas tipo “Estate”, tipicas del Caracas Country Club (que también se usaron en La Florida sur y en El Rosal), o las farolas tipo “Memphis”, propias de Las Mercedes. 
 

La tipología de la farola artistica simple, de baja altura, a la escala del paseante, de graciosa esbeltez pero robusta materialidad, realza cada lugar donde se implanta. Así funciona en el Central Park de Nueva York, con un fanal llamado, justamente, modelo “Central Park”. La “Central Park” fue producto de un concurso de diseño organizado por el Central Park Conservancy y ganado por Henry Bacon en 1907, para su uso específico en el parque, y desde los años 70 es producida por una compañía de Manhattan, la Sentry Electric Co. El uso de farolas semejantes caracterizará luego todos los proyectos de la firma de Olmsted Brothers, nuestro propio club incluido.


De las luminaires originales del club quedan pocas, pero para muestra bien basta un botón. Diseminadas por las calles de la urbanización, allí las encontramos todavía, bellas, escondidas tras la vegetación, diezmadas y olvidadas. Cosa curiosa, si observamos la imágenes de las primeras décadas del club, la Avenida principal se encontraba flanqueada profusamente por ellas, y otro tanto ocurría con el resto de calles y avenidas. 


Nuestra “Estate” es de excepcional dignidad. También conocida como “Tudor”, en clara referencia al estilo de proveniencia inglesa, o bien como “Windsor”, es muy apropiada para un verde countryside. Su decorativa linterna tiene ocho caras, sin púas (spikes) y sin collar, y va muy de acuerdo con su poste facetado, que aquí era pintado de blanco. 


Si como los memoriosos berlineses, quisiéramos un día devolver la iluminación original a nuestra histórica urbanización, recuperando gran parte de su carácter, recordemos que la “Estate” aún es fabricada por muchas compañías en los EUA. Pero, lo que es mejor, que en algunas viejas fundiciones caraqueñas, como la Fundición Pla y la Fundición Caracas, aún es posible hacerse de los moldes de sus piezas. Volverlas a hacer es posible, como ellas eran: in cast iron.

 "Central Park" (Viñeta, The New Yorker).


Publicado en: Pluscuamperfecto, Entresocios, Caracas Country Club, Caracas, 2013.


lunes, 5 de noviembre de 2012

Un nuevo parque

 (f. "Caracas". Ana Teresa Fábregas, 2012).


"Este parque es un desarrollo democrático de la más alta significación,
de cuyo éxito, en mi opinión,
depende mucho el progreso del arte y de la cultura estética en esta ciudad."
Frederick Law Olmsted, 1 de Agosto, 1858.1

Cuando en 1850 se inició la épica historia urbana de la creación de Central Park en Nueva York, no existían precedentes en esa ciudad ni en toda América de lo que debía ser un parque urbano americano. Se era consciente, sí, en comparación con las ciudades de Europa, que ninguna metrópolis podía brindarle calidad de vida a sus habitantes si no contaba con una cantidad suficiente de hectáreas dedicadas a la recreación y al saneamiento ambiental.

Tras casi dos décadas de esfuerzo, el "Greensward Plan" de Frederick Law Olmsted y Calvert Vaux se concluyó. Su nombre, Greensward, fue clave: hacia el verde. Hoy, con siglo y medio de exitosa vida, la experiencia de Central Park es un paradigma que regresa una y otra vez cada que es necesario crear nuevos espacios abiertos que quieran a ir hacia el verde en alguna parte del mundo.2 Y he aquí que la última epifanía de ese espíritu ocurre actualmente en Caracas.

Aunque la capital de Venezuela cuenta con el monumental Parque Nacional el Avila (la boscosa cordillera que le sirve de telón de fondo), la ciudad carece de suficientes espacios abiertos verdes en el valle que sean de fácil acceso y uso para toda su población. Por ello los caraqueños llevan ya medio siglo dándole vueltas a su vieja aspiración: la reconversión de lo que aún sigue siendo un militarizado aeropuerto, la base aérea La Carlota (1946), al este del valle de Caracas, en un nuevo y verde parque urbano de diseño contemporáneo.

La misión más importante de este nuevo parque es la de saldar la grave deuda de espacios públicos que arrastra la ciudad y convertirse en el principal instrumento de reconversión urbana y relanzamiento de la capital, degradada a niveles intolerables tras años de mal gobierno y falta de planificación. Con tanto tiempo de dura lucha social y sobre todo de política para crear el necesario sentimiento público, en el último año gracias a la suma de un centenar de instituciones civiles y a la asistencia de la Alcaldía Metropolitana de Caracas, el proceso ahora va camino de concluir el concurso internacional de ideas convocado en julio pasado para finalmente avocarse a impulsar la ejecución de un proyecto definitivo y la construcción del parque. 


(f. Caracas Country Club. Raquel Schaffernorth, 2009).

No es Caracas, sin embargo, una tierra virgen en materia de paisajismo urbano, como lo era la Nueva York de mediados del siglo diecinueve. Desde 1928 cuenta con el único proyecto de la firma Olmsted Brothers en Latinoamérica, el Caracas Country Club, una urbanización paisajística con campos de golf, cuyo diseño urbano, de orgánicas líneas, expresa formal y conceptualmente el ideario olmstediano de respeto a la memoria del paisaje. Una suerte de Central Park caraqueño, muy poco conocido fuera de Venezuela.3 

Adicionalmente, desde 1958, cuando surge el Plan General de Parques del Area Metropolitana de Caracas, nace también el proyecto del Parque del Este de Roberto Burle Marx, inaugurado en 1961.4 Este parque público, el de mayor uso de Caracas, con tres millones y medio de visitantes por año, es considerado como "la obra pública más importante de Burle Marx."5 Su obra maestra.

(f. Parque del Este. Mauronline, 2008)

Ambos espacios verdes fueron, a diferencia del Parque La Carlota, adquiridos, diseñados y construidos en tiempo récord. La voluntad del Sindicato Blandín, promotor del Caracas Country Club, logró en la primera mitad del siglo pasado en menos de dos décadas terminar todo el conjunto de las obras. En el Parque del Este, en mucho menos tiempo aún: se logró construir entre 1958 y 1961. De hecho, la idea de hacer un parque verde en La Carlota nació ese mismo año de 1961 dentro de la misma epopeya del Parque del Este, como "Exposición Internacional de Caracas" (aunque nunca se llevó a cabo).

 
Plano de la Exposición Internacional de Caracas, 1961 (f. Archivo Fundación de la Memoria Urbana).

El bello esquema de Burle Marx y del arquitecto Alejandro Pietri extendía su diseño de curvas y colores y jardines tropicales más allá del parque, hasta llenar el área del aeropuerto adyacente por el lado sur. La imagen, poderosísima, quedó indeleblemente grabada en la retina de todos cuanto la hemos conocido. El greensward del Parque del Este se convirtió, desde 1961, en southward: el parque debería crecer hacia el sur algún día, saltar la Autopista del Este, que divide ambos espacios abiertos, y hacer un solo y gran parque verde. La idea, como todas las grandes ideas, sobrevivió.

Y ese día se acerca. El nuevo Parque verde La Carlota (con la palabra verde subrayada para erradicar todo intento de urbanizar este espacio o de llenarlo de edificios) cuenta con las ideas de sesenta y nueve equipos, fruto de la convocatoria de un concurso público de ideas convocado en julio de 2012. Un concurso de diseño que ha cosechado prolíficamente el prolongado estado de espera en que se encuentra la ciudad, represada en sus sueños y en sus urgentes mejoras. La entrada ganadora, anunciada este noviembre, se beneficia de varias discusiones públicas y del acceso libre a lo mejor de las demás propuestas que compitieron en la primera vuelta del concurso.

Les parecerá a ustedes normal hablar aquí de estas cosas. Pero en los difíciles tiempos que ha vivido Venezuela estos últimos catorce años, esto es en dicha ciudad por lo menos heroico. Hace que la historia de este nuevo parque se convierta en una épica urbana tan repleta -salvando las distancias- de política, de animosidades personales, deseos reprimidos, idealismo, auto sacrificio y genio artístico, como lo fuera la historia de Central Park en la segunda mitad del siglo diecinueve. En Caracas, igual que entonces, las entradas de este concurso versaron sobre "el rol del espacio abierto, sobre la tensión entre pavimento y grama, entre el ruido de la ciudad y la tranquilidad rural, entre aire fresco y contaminado; entre la tierra pública y privada, entre la ciudad y el gobierno; entre la plaza citadina y el parque urbano".6

(f. Kunckel Arquitectos Asociados C. A)

En una de las propuestas no ganadoras (Kunckel Arquitectos Asociados C. A), por ejemplo, una multitud de caraqueños se asoma vitoreando sobre la vista del viejo aeropuerto luego de derribar la cerca que lo rodea, tal y como si fuera un nuevo muro de Berlín.

(f. Kunckel Arquitectos Asociados C. A.)

En otra imagen, cientos de personas liberan globos y vuelan papagayos en la superficie reconquistada de la antigua pista de aterrizaje convertida en gran promenade... 

Así, podríamos seguir por todas las propuestas, donde cada una tiene al menos una buena idea para contribuir en la verde empresa.



(f. Aeropuerto La Carlota, Caracas, 2008. Archivo Fundación de la Memoria Urbana)


Cuando en 1844 el poeta romántico William Cullen Bryant, editor del New York Evening Post, escribió en su periódico el histórico editorial titulado "A New Park" (Un Nuevo Parque), no sabía cuán lejos iba a ir en su llamado por "una extensa tierra de placer para la sombra y la recreación" y "un gran jardín en una gran ciudad".7 La historia demostró que sus escritos lograron el efecto deseado. 

Hoy, aunque no sabemos cuándo este nuevo y esencial parque urbano abrirá efectivamente sus puertas, sabemos que Caracas ya ha decidido que exista. Insistamos en ello. Porque, cuando se trata de la ciudad, como la historia nos enseña... es solo cuestión de tiempo.





NOTAS
1. Morrison H. Heckscher. Creating Central Park, The Metropolitan Museum of Art, New York City 2008, p. 7.
2. M.H. Heckscher, "Vaux, Olmsted and the Greesnward Plan", en: Creating Central Park, Op.Cit., 2008, p. 24.
3. Hannia Gómez, "Olmsted en Blandín", The Urban Times, Londres, Mayo 2011:http://urbantimes.co/2011/05/landscape-architecture-olmsted-in-blandin/
4. H. Gómez, "Primera fila", en: Mitchele Vidal y Marco Petricelli, Arquitectura Musical, Caracas, 2010.
5. Anita Berrizbeitia. Roberto Burle Marx in Caracas: Parque del Este, 1956-1961, Penn Studies in Landscape Architecture Series, University of Pennsylvania Press, Philadelphia, 2004.
6. M.H. Heckscher, "The Commissioner's Plan and New York's early Parks and Squares", en: Idem, 2008, p. 7.
7. M.H. Heckscher, "The Decision to Build a New Park and the Selection of its Site", en; Id., 2008, p. 11.




Publicado en: Archivos de Arquitectura Antillana AAA044,
Santo Domingo, República Dominicana, Noviembre, 2012.

lunes, 25 de octubre de 2010

Olmsted en Blandín

Frederick Law Olmsted, Jr. 1870-1957. Carnegie Library of Pittsburgh.



“Conservar los escenarios y los objetos naturales e históricos
y la vida silvestre existente para proveer su aprovechamiento de tal manera
que puedan permanecer intactas para el disfrute de las generaciones futuras…”
Frederick Law Olmsted, Jr. National Park Service Organic Act, 1916.



De todas las urbanizaciones de Caracas, de Venezuela, e incluso de América Latina, el Caracas Country Club (*) atesora una de las más extraordinarias historias, una historia que aún es poco conocida. Esta urbanización es un proyecto “clasificado” de la firma de arquitectura paisajista Olmsted Brothers, de Boston, Massachusetts, continuadora de la obra de Frederick Law Olmsted, Sr., padre de la arquitectura del paisaje y defensor de la belleza natural de América.

Esta circunstancia, de por sí, lo convierte en una bella rareza urbana: un tesoro de la historia del urbanismo y del paisajismo que a la vez es el más logrado homenaje al paisaje natural del Valle de Caracas, el cual afortunadamente aún allí se conserva, prácticamente intacto.

Los más conocedores pueden hacerse la pregunta: pero, ¿no eran diseño de Olmsted Brothers sólo los campos de golf? Y ése es el más fantástico de los malentendidos. Adentrándose en la historia del proyecto, hoy comprendemos bien que la transformación de las antiguas haciendas de Blandín, Lecuna, El Samán y La Granja en la década de los veinte fue un trabajo –el No. 7947- de la oficina de arquitectura paisajista más importante de la época, la cual convirtió el encargo simple de un club de golf residencial en un sensible proyecto de diseño urbano y paisajistístico que sin duda puede contarse entre los urbanismos americanos más importantes del siglo XX. Pero para entender la dimensión de la historia urbana del Caracas Country Club, es indispensable volver sobre la vida de quienes lo diseñaron.

Frederick Law Olmsted, Sr. (1822-1903) es el nombre más conocido en arquitectura paisajista y planeamiento de los Estados Unidos de América. Olmsted prácticamente inventó ambas profesiones, empezando con su diseño del Central Park de Nueva York en los 1850s, su obra más conocida. Habiendo sido encargado de planificar el Sistema de Parques de Boston, Olmsted convirtió su casa en Brookline, en las afueras de la ciudad, en su oficina y en una escuela de diseño del paisaje. Desde 1883 hasta la mitad del siglo XX, del Olmsted Grove familiar salieron parques urbanos y estatales, campus escolares y universitarios, terrenos institucionales, zoológicos, arboretums, propiedades privadas y comunidades suburbanas paisajísticas, como el Caracas Country Club. La trascendencia que fue adquiriendo su obra le llevó a formar especialmente a su hijo Frederick Law Olmsted, Jr. (1870-1957) y a su sobrino adoptado, John Charles Olmsted (1852-1920), para que continuaran su lucha dentro del mismo espíritu de preservación del paisaje americano en su más genuina belleza.

A la muerte de su padre, Frederick Law y John Charles se convirtieron en socios principales de la firma, cambiándole el nombre por el de Olmsted Brothers. Entre 1895 y 1920, ésta se expandió rápidamente. Aunque el brillante John Charles, encargándose de los negocios, hizo que los proyectos de la oficina se multiplicaran por toda la nación, es Frederick Law quien se convertiría en el verdadero sucesor de su padre. Hoy se le tiene como el más grande de los hombres de parques del mundo en el siglo pasado, y como el más influyente arquitecto paisajista de su país, impulsor de leyes, planes y programas para los parques locales, estatales y nacionales. Es crucial conocer la dimensión del personaje Frederick Law Olmsted, Jr. para entender mejor la dimensión cultural del proyecto que haría para Caracas. 

De haber creado en 1900 el primer programa de entrenamiento formal en arquitectura paisajista en la Universidad de Harvard (Harvard School of Landscape Architecture), Olmsted, Jr. trabajó como aprendiz a las órdenes nada menos que del arquitecto Daniel H. Burnham en el proyecto de la “Ciudad Blanca” en la Exposición Mundial Colombina de 1893 en Chicago. Participante del City Beautiful Movement, de allí saltó a figurar entre los grandes planificadores, siendo en 1901 nombrado por el Presidente Roosevelt como Miembro de la Comisión del Senado para Mejoras en Parques, a fin de desarrollar los planes de L’Enfant para Washington, junto a personalidades como el mismo Burnham y el gran Charles F. McKim. Esto inauguró para Olmsted, Jr. su devoción vitalicia por el servicio público en las áreas del paisajismo y la planificación. Para mencionar sólo algunos de sus trabajos, laboró en los terrenos de la Casa Blanca, en el Federal Triangle, el Jefferson Memorial, Roosevelt Island y en los terrenos de la Catedral Nacional.

Olmsted, Jr. mantuvo siempre, como su padre, un compromiso con la conservación. Le preocupaba sobre todo “proteger la belleza, la dignidad y la nobleza de los paisajes de los parques nacionales, y prevenir el excesivo mercantilismo en ellos”. En 1916 contribuyó a darle forma a la legislación que creó el Servicio Nacional de Parques. Una frase suya, que definió el espíritu de la Ley, dice ya mucho de lo que luego haría en el Caracas Country Club: “Conservar los escenarios y los objetos naturales e históricos y la vida silvestre existente para proveer su aprovechamiento de tal manera que puedan permanecer intactas para el disfrute de las generaciones futuras…”

Pero su vida como paisajista se imbricaba cada vez más en la del planificador. Es cuando formula el concepto de “Planificación Global”, suerte de mezcla afortunada de la saga paisajista y preservacionista de los Olmsted, con el ornamentalismo cívico del City Beautiful Movement, unida a la necesidad de dar soluciones al crecimiento de la ciudad moderna americana. Entre 1905 y 1915 aplicó los principios de la planificación global a suburbios, “creando planes maestros para Roland Park, un suburbio de Baltimore; para Forest Hills Gardens, una comunidad jardín modelo en las afueras de Nueva York; y para la ciudad industrial de Torrance, California."1 Todos estos planes suburbanos –especialmente Forrest Hills y la urbanización Riverside, en Nueva Jersey-, ya anunciaban en sus ideas lo que sería el “Job No. 7947”.

Para 1920, cuando muere John Charles, Olmsted Brothers era la más grande oficina de arquitectura paisajista del mundo entero. En 1921 asesoró el plan regional para el área de Nueva York, e hizo el gran Parque urbano de Fort Tryon, al norte de Manhattan sobre el río Hudson. Cuando Olmsted Brothers acepta la comisión del Sindicato Blandín a fines de los 1920s, estaba diseñando en paralelo las que se consideran “las dos comunidades suburbanas más notables de los años veinte en los Estados Unidos: Palos Verdes Estates en California y el Mountain Lake Club en Lake Wales, Florida”.

Mucho nos queda por decir de la notable historia urbana del Caracas Country Club. Pero por lo pronto, es revelador releer entrelíneas la base de la filosofía que le daría vida al proyecto. Olmsted, Jr. resumía su pensamiento sobre arquitectura paisajista en los siguientes términos: “Trabajando con paisajes reales existentes, me guía la inducción impresa en mí por mi distinguido padre: cuando uno se hace responsable de tales paisajes, su primer deber es proteger y perpetuar lo que de bello y de inspirador existe inherente en ellos gracias a la naturaleza y a circunstancias fuera de nuestro alcance, y así, humildemente subordinar a tal propósito cualquier impulso de ejercer sobre éstos las propias habilidades como diseñador”. 2

Olmsted, Jr., preocupado por el futuro de "las heredades irreemplazables e invalorables del pasado”, preservaría en Caracas gran parte de las condiciones del lugar original ocupado por las haciendas. Así, mantuvo la topografía natural de las faldas del Avila, privilegiando las amplias vistas hacia las colinas del sur y hacia la montaña en el diseño de los campos de golf. La forma irregular de las parcelas que rompen con el tejido urbano tradicional y el diseño de las calles serpenteando “alrededor de las grandes extensiones de grama bajo masas de árboles”, fueron hechas curvearse ex profeso por indicación expresa de su oficina para conservar intactos los magníficos ejemplares centenarios de “grandes bucares, mijaos y chaguaramos que crecían en estos terrenos” y que aún vemos aflorar entre las copas del Country.3

La Avenida Principal de Blandín -el camino de la hacienda-, plantada una vez de chaguaramos en el más pleclaro estilo agrario caraqueño, fue otro elemento respetado por Olmsted y asumido al pie de la letra en el diseño… Algo muy poco común en la planificación moderna, acostumbrada a arrasar con todo. Pero la persistencia de la memoria no se limitó solamente a los elementos vegetales: también el puente sobre la Quebrada Chacaíto y el sitio de la Casa de Blandín, ambos allí desde comienzos del siglo XVIII, fueron reafirmados en su ubicación tradicional.

De esta manera vemos cómo también en Caracas las soluciones de los Olmsted crecieron del “genio del lugar”. Su respeto y su devoción por el lugar original hacen que hoy el Caracas Country Club no sea tan sólo un santuario ecológico y ambiental: es también un santuario de la memoria del paisaje. No nos queden dudas de por qué en Blandín el genio caraqueño todavía hoy allí se siente reinar…4

Afortunadamente, el que fuera el Primer Proyecto Residencial de Arquitectura Paisajista del país, es todavía preservado como la gran obra urbanística y paisajista que es en el país de origen de sus diseñadores. El Caracas Country Club se conserva intacto en papel, todos sus 79 planos y dibujos fechados hasta 1930, más un album con 112 fotos históricas del año 1928, en los Archivos Olmsted del Frederick Law Olmsted National Historic Site, en Brookline, MA. Adicionalmente, la correspondencia cliente-arquitecto (tres carpetas hasta 1941 del Job No. 7947) son atesoradas en la colección Olmsted Papers, Olmsted Associates Records, Serie B, de la División de Manuscritos de la Biblioteca del Congreso, en Washington, DC. Nadie que no pida cita con varios meses de antelación y que no se ponga guantes blancos podrá acceder a ellos…

La belleza del urbanismo del Country, tan semejante estéticamente al Central Park de Nueva York y, a la vez, tan profundamente caraqueño, no es, ni será nunca, una belleza estridente. Es, como todas las soluciones de los Olmsted, una belleza reposada, crecida de la tierra de forma natural. Conociendo la importancia de su legado urbano y paisajístico, es nuestro deber preservarlo “…de tal manera que pueda permanecer intacto para el disfrute de las generaciones futuras”.


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NOTAS:
1. http: www.rpts.tamu.edu/pugsley/Olmstead.htm
2. http: www.nps.gov/frla/home.htm
3. Leszek Zawisza. Inventario del Patrimonio Arquitectónico Venezolano, Código MI-L.4-1-M, Ficha No. 1/11, Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, UCV, Caracas, 1988.
4. Hannia Gómez. Charla "Las Ciudades Invisibles de Caracas (IV): El Caracas Country Club, la ciudad olmstediana", Fundación de la Memoria Urbana, Caracas, 2005. 


(*) El Caracas Country Club, su Casa Club y la Urbanización Valle arriba forman parte del I Censo Nacional del Patrimonio Cultural 2004-2005 realizado por el Instituto del Patrimonio Cultural, y declarados Bienes de Interés Cultural de la Nación en la GACETA OFICIAL DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA Nº 38.234 de fecha 22 de julio de 2005.



Olmsted in Blandín

Caracas Country Club (f. Raquel Schaffernorth, 2009. DOCOMOMO Venezuela)



"To conserve the scenery and the natural and historic objects
and the wild life therein and provide for the enjoyment of the same
in such manner and by such means as will leave them unimpaired
for the enjoyment of future generations."
Frederick Law Olmsted, Jr. National Park Service Organic Act, 1916
.

Of all the neighborhoods of Caracas, of Venezuela, and even of Latin America, the Caracas Country Club (*) treasures one of the most extraordinary stories, a story still very little known. This urbanization, far from being similar to others in the Caracas valley, is a "classified" project by the landscape architecture firm of Olmsted Associates, from Boston, Massachusetts, continuer of the work of Frederick Law Olmsted, Sr., the father of landscape architecture and defender of America's natural beauty. This is the firm's only work in Venezuela.

This circumstance, in itself, turns this neighborhood into a beautiful urban rarity: a treasure of the history of urbanism and of landscaping that simultaneously is the most successful homage to the valley of Caracas' natural scenery, which thanks to this project survives there, practically intact. The Caracas Country Club is today the only place in the city were one can actually see how the valley's original natural landscape was before the city was built.

For a long time it was believed that Olmsted Associates' design was limited to the golf courses. This was a fantastic misunderstanding. The transformation in the 1920s of the old haciendas of Blandín, Lecuna, El Samán and La Granja was a job –No. 7947- of the most important landscaping architecture office in America at the time, which turned a simple residential golf club's commission into a sensitive urban design and landscaping project that undoubtedly can be counted among the most notable American urbanisms of the Twentieth-century.

Frederick Law Olmsted, Sr. (1822-1903), is needless to say, is the best known name in landscape architecture and planning of the United States of America. Since 1883 until the middle of the Twentieth-century, from his office and school of landscape design installed in his house in Brookline, in the outskirts of Boston, came out urban and state parks, university and college campuses, institutional terrains, zoos, arboretums, private properties and suburban landscaping communities… like the Caracas Country Club. The transcendence that his work was acquiring led him to specially educate his son Frederick Law Olmsted, Jr. (1870-1957) and his nephew, John Charles Olmsted (1852-1920), so that they would continue his ideal, with the same spirit for the preservation of the American landscape in its most genuine beauty. At his death, Frederick Law Jr. and John Charles turned into principal partners of the firm, changing its name for Olmsted Brothers. Between 1895 and 1920, the firm expanded rapidly.

Olmsted always maintained, like his father, a compromise with conservation. He was "primarily concerned with protecting the beauty, dignity and nobility of national park landscapes, and preventing excessive commercialism in the parks.” In 1916 he contributed to shape the legislation that created the National Park Service in the United States. A famous statement of his, that defined the spirit of the Law in 1916, contains already a lot of what he would do lately in the Caracas Country Club: (it is important) “to conserve the scenery and the natural and historic objects and the wild life therein and to provide for the enjoyment of the same in such manner and by such means as will leave them unimpaired for the enjoyment of future generations.” (Olmsted : 1916).

His life as a landscape architect was increasingly interweaved with that of the planner. It is then when he formulated the concept of “Global Planning”, a fortunate mix of the Olmsted's landscaping and preservationist saga, with the civic ornamentalism of the City Beautiful Movement, fused with the urge of bringing solutions for the growth of the American modern city. Between 1905 and 1915 he applied the principles of global planning for designing suburbs, “creating master plans for Roland Park, a Baltimore suburb; for Forest Hills Gardens, a model garden community in the outskirts of New York, and for the industrial city of Torrance, California.” (Whiting & Phillips: 1958) All of these suburban plans –especially Forest Hills and the Riverside neighborhood, in New Jersey-, already announced his ideas of what would be “Job No. 7947.”

By1920, when John Charles dies, Olmsted Brothers was the largest office of landscape architecture in the world. Meanwhile, in Caracas, in 1918, on a zone to the west of the city known today as Vista Alegre, was created the Caracas Golf Club. In December 14th, 1922, it changed its name for Caracas Country Club. Aiming to extend the golf courses and have a better club house, around 1926 some of its members founded the Syndicate Blandin, an association named after the Hacienda Blandin, a plantation nesting on the other side of the valley, in the location of Chacao, where the club would move. This hacienda was famous for having introduced in 1786 the culturing of coffee in the valley of Caracas, as for its magnificent trees and its beautiful hacienda house placed on the edge of a creek. The house was reached by a long avenue that went "along the channel that ran by the creek that watered the coffee plantation, making way for itself towards the Guaire river" (Duane : 1826). Part of its original architecture is now integrated in the actual Golf Club House. 

The Syndicate Blandin took the pioneering decision of doing a new and singular urban experience, the first of its kind in the country, on the hacienda's lands (to which soon were to be added the four other contiguous haciendas). In this way, they called the Olmsted firm, hiring it to do the urban design and the landscaping for the new urbanization. At the end of the 1920s, when the Olmsted firm accepts Syndicate Blandin's commission, Olmsted was "advising on the preparation of a regional plan for the New York City area, was doing the great urban park of Fort Tryon Park, on Manhattan's northern border on the Hudson River", and was designing in parallel “two more notable suburban communities: Palos Verdes Estates in California and the Mountain Lake Club in Lake Wales, Florida.”

The Caracas Country Club golf courses would be designed by the American architect and golf course specialist Charles Banks in collaboration with the Olmsted firm. An international architectural competition was also called for the club's building, enlarging the colonial house. It was won in 1929 by Californian architect Clifford Charles Wendehack (Wendehack Job Number 447), who would be assisted by Venezuelan architect Carlos Guinand Sandoz.

It is revealing to read again the philosophical basis that would give life to the Caracas project. Olmsted "summarized his philosophy about landscape architecture in the following terms: 'In dealing with existing real landscapes, I have been guided by an injunction impressed on me by my distinguished father: namely, that when one becomes responsible for what is to happen to such a landscape his prime duty is to protect and perpetuate whatever of beauty and inspirational value, inherent in that landscape, is due to nature and to circumstances not of one's own contriving, and to humbly subordinate to that purpose any impulse to exercise upon it one's own skill as a creative designer'.”

Olmsted worry for the future of "the irreplaceable and unvalued domains of the past”, would preserve in Caracas a great deal of the original conditions of the place occupied by the haciendas. Thus, he maintained the natural topography of El Avila mountain's foothills, privileging in the golf courses' design wide views to the mountain and to the southern hills. The allotment's irregular form that breaks with the reticular urban tissue, and the street pattern that winds “around great grass extensions under masses of trees”, were curved ex profeso following the express indications of his office. They were made to conserve intact the magnificent centenary specimens of “big Bucare trees, Mijao trees and Chaguaramo palms that grew on these lands”, which can still be seen surfacing among the lower tree-tops of the Caracas Country Club, as refers architecture historian Leszek Zawisza. The Avenida Principal de Blandín -the hacienda's road-, once lined with Chaguaramo palms in the most illustrious Caraquenian Agrarian Style, was another element respected and assumed exactly in the design by the Olmsted firm… Something pretty uncommon in modern planning, so used to wipe out everything. But the persistence of memory went further from the vegetal and geographical elements: the bridge over the Chacaíto creek and the site of the house of Blandín, there since the beginnings of the Eighteenth-century, were reaffirmed in their traditional settings.

Also in Caracas we can appreciate how the Olmsted's solutions grew from genius loci. Their respect and devotion for the original place succeeded in the Caracas Country Club. Today it is not only an ecological and environmental sanctuary: it is also a sanctuary of landscape's memory. This is why today in Blandín the Caracas genius still reigns.

The first landscape architecture residential project in Venezuela is preserved as a great planning and landscaping work in its designer's country of origin. The Caracas Country Club is preserved intact in paper, all of its 79 plans and drawings dated until 1930, plus an album with 112 historic photos from1928, in the Olmsted Archives of the Frederick Law Olmsted National Historic Site, in Brookline. Additionally, the client-architect correspondences (three folders that go up to 1941 of "Job No. 7947") are treasured in the collection of the Olmsted Papers, Olmsted Associates Records, Series B, from the Manuscript Division of the Library of Congress, in Washington, DC. All the plans, the photos and the complete drawings of the Caracas Country Club's urban design are safely kept there, along with the lamp posts designs, the plantation schemes and the details that bear witness of its relationship with the other Olmsted neighborhoods, reassuring it as a bastion of the history of Caracas and of landscape architecture. Still, despite all of the importance of its legacy, the issue of its preservation returns repeatedly as controversial. 

In the year 2000 the first emergency arrived. "Due to the forces and appetites of the real estate market and to bastard interests", the neighborhood was in severe danger of disappearing. Caracas was in danger of losing a crucial value of the quality of its urban life, its landscape and its history. Consequently, a private foundation, the Fundacion de la Memoria Urbana, solicited in a letter to Venezuela's highest patrimonial authority, the Instituto del Patrimonio Cultural, the protection of the urban and environmental site and of the architectural ensemble of the Caracas Country Club "as a milestone in the history of the city and of Venezuelan and of all America architecture and urbanism."

The allegation presented to preserve the "analogous Caraquenian 'Central Park'" was centered on the Caracas Country Club's triple condition as architectural enclave, historical district and environmental retreat for the whole city, arguing that this territory has an unique environmental value in the valley of Caracas because of "its strategic central location, its big scale, and the fact that it is the only place where El Avila National Park descends practically to the Guaire river, letting the passing of the fauna and the flora from and to the mountain."8 The neighborhood is not just a lung for the city, but a bird's sanctuary and a green island that relieves the existing chaos, contributing to the aesthetical, visual and climatic quality of the capital. 

Only with a landmark designation would it be possible to preserve "its park condition, without changing its original density, layout and urban design and the golf courses inserted within it, its natural ambiance, its landscape, its fauna and its flora, the street sections, the urban furniture, the vistas, the urban spaces and the gardens of the houses -which put together shape up an area even bigger than that of the golf courses themselves- and, likewise, the urbanization's architectural works, inseparable part of the urban design, among which stand many works from the most notable Venezuelan and international architects" (Fundacion de la Memoria Urbana : 2003). In the year 2005, within a vast national project called the First National Patrimony Census, the Instituto del Patrimonio Cultural designated the Caracas Country Club as a Good of Cultural Interest Cultural of the Nation. 

At the end of 2007, nevertheless, the threat returned. This time under the form of a mayor's populist aims, which placed again under the spotlight the issue of the golf courses' use, proposing to proceed to its immediate expropriation in order to build social housing. After a lot of media noise, the mayor finally found out about the designation, and desisted of his intentions. Nevertheless, the economical power pressures from those investors who don't love or understand the city and the saga of irresponsible destruction, remain there, trying to change the zoning and with it the patrimonial houses and their gardens into rentable apartment towers… Now maybe with the argument of its reconversion into a public park.

What is true is that this first rate modern patrimony claims for an analysis at the level of its history. It needs its own poetics of preservation, one that permits to preserve it, not "archeologically", but considering the possibility of reconnecting the city without destroying it, reordering its borders to heighten their density (giving attention to the vistas over this beautiful 1920s designed landscape) and evaluating a fair path for the collective enjoyment of its green areas. The beauty of the Caracas Country Club's urbanism, so aesthetically Olmstedian and, at the same time, so profoundly Caraquenian, is not and will never be a screaming beauty. It is, like all of the Olmsted's' solutions, a quiet beauty, grown from the land in a natural way. And thus it should be preserved “…by such means as will leave it unimpaired for the enjoyment of future generations.” 


(*).The Caracas Country Club, its Golf House and the Valle Arriba Golf Club were listed in the I National Census of Cultural Patrimony 2004-2005 by the Instituto del Patrimonio Cultural, and declared National Goods of Cultural Interest in the GACETA OFICIAL DE LA REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA Nº 38.234 on July 22, 2005.


Caracas Country Club's Golf House (f. Carlos Guinand Sandoz, 1930. Archivo Fundación de la Memoria Urbana)




NOTAS/ENDNOTES
1. Hannia Gómez. "Olmsted en Blandín", Papel literario, El Nacional, Caracas, 2006.
 
2. E.D.Whiting & W.L. Phillips. "Frederick Law Olmstead - 1870-1957: Appreciation of the man and his achievements", Landscape Architecture, April, 1958, pp. 145-157. 
3. Coronel William John Duane (1822‑23), Viaje a la Gran Colombia, Philadelphia, 1826. 
4. http: www.nps.gov/ 
5. José Luis Colmenares. Carlos Guinand Sandoz, Colección Documentos para la Historia de la Arquitectura Venezolana Contemporánea, Claderca, Caracas, 1989, pp. 80‑82. 
6. http: www.nps.gov/ 
7. Leszek Zawisza.  Inventario del Patrimonio Arquitectónico Venezolano, Código MI-L.4-1-M, Ficha 1/11, Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, UCV, Caracas, 1988. 
8. Table of discussion, "Sobre el futuro urbano de la Urbanización Caracas Country Club y sus áreas de influencias ", Saskia Chapellín, Maestría y Taller de Diseño de Tejidos de Extensión, XII Curso de Postgrado en Diseño Urbano, Instituto de Urbanismo, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Central de Venezuela, Cámara Inmobiliaria de Caracas, Caracas, Tuesday, October 27, 2003. 
9. Letter from the Fundación de la Memoria Urbana to the Instituto del Patrimonio Cultural, Archivo Fundación de la Memoria Urbana, Caracas, October 30, 2003.






Publicado en / Published: Papel literario, EL NACIONAL, Caracas, 2006; Asocountry (Asociación de Vecinos Urbanización Caracas Country Club AC); revista Entresocios; Venezuela Analitica; Noticiero Digital y The Urban Times.