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domingo, 24 de mayo de 2009

Barriologías

(f. "Ranchitos en Caracas", 2009. Flickr.com.





Hace más de tres años escribí un artículo en El Nacional titulado “Barriología napolitana”. En aquel momento, el CONAVI aún estaba bajo el mando de Josefina Baldó y Federico Villanueva, arquitectos que habían enfrentado de una manera nueva y harto razonable la rehabilitación de los barrios como un problema de renovación urbana. Es decir, como lo que es: hacer ciudad.

Antes de que el programa en cuestión fuera inexplicablemente suspendido, prácticamente todos los arquitectos a quienes les fueron confiados algunos barrios del área metropolitana coincidían en verlos como “un incipiente fenómeno urbano, como una proto-ciudad otra que Caracas”. Cosa que me parecía adorable, pero muy susceptible de crítica. Por lo tanto, ironizaba yo entonces (2001) que el punto de vista consensual compartido por la mayoría de quienes trabajaban en los Proyectos de Renovación Urbana de los Barrios, es que “todos andaban por ahí enfrascados en un enternecedor romanticismo de sospechosa reminiscencia Neo-Hippie, utopolizando ciudades nuevas donde prácticamente nada había aún, idealizando escarpados pueblos insulares del Mediterráneo y midiendo y remidiendo tramas urbanas de pinta medieval o en su defecto musulmana, con viejos números de la revista Process Architecture bajo el brazo, mientras que recorrían a pie peligrosamente, los ojos brillando, los caminos verdes de la Gran Caracas…”.

Yo temía que todo su esfuerzo sólo iba a servir para que nos quedáramos en la etapa arqueológica de la contemplación o, cuando mucho, en la consolidación de las estructuras de cada sector objeto de estudio, zanjando para siempre la brecha enorme entre la ciudad informal cerro arriba y la ciudad informal valle abajo. Dos ciudades, dos tramas, dos mundos urbanos separados, y ahora sí, para siempre, y no una sola, continua y espléndida trama caraqueña.

Los barrios estaban siendo tratados “como Mykonos, como Anacapris, o como Amalfis tropicales. Como floraciones, especies nuevas, como ´tejidos informales´ que debían ser escrutados bajo el microscopio con atención hasta llegar a descubrir sus intríngulis urbano-ambientales, sus oportunidades de intervención, su composición morfológica, las particularidades de sus espacios públicos y los elementos singulares de su estructura urbana. Sólo de la mitología propia de cada barrio se podía partir para poder definir las propuestas que aseguraran su futuro urbano…”. Todo lo cual estaba muy bien, si se trataba de consolidar ruinas etruscas, pero nunca si se trataba –como se trata- de construir la ciudad contemporánea y del futuro, de la cual los barrios son su territorio por antonomasia, ciudad nueva que debería ir de la mano de la historia del urbanismo universal y del arte de construir la ciudad.

Hoy, cuando con ciertos signos esperanzadores que provienen del recién creado Ministerio de Vivienda y Habitat, parece haber una nueva oportunidad para los Proyectos de Renovación Urbana de los Barrios de Baldó/Villanueva y su equipo, queremos traer a colación todas las barriologías alternativas que surgieron durante el ínterin temporal de la suspensión del programa. Por ejemplo, -para nombrar solo algunas- los puntos de vista artísticos que aportaron quienes llevaron los barrios a la Bienal de Arquitectura de Venecia, o la idealización del espacio urbano concatenado y vertical de las largas escalinatas en los cerros emergida en algunas propuestas en otros medios, o las iniciativas de construcción de ciudad de algunas aisladas cooperativas vecinales de avanzada, y –Last but not Least- nuestro propio reclamo a tanto organicismo asumido a ultranza a fin de que se reconsidere su Arquelogía inversa. Porque como decía yo, (idealizando como idealizo a la ciudad de Nápoles, a Nápoles, la magnífica, a Nápoles, la de la sorprendente superposición de todas sus ciudades invisibles, al arquetipo de ciudad vertical), “para que los barrios de hoy se vuelvan la urbe del mañana, nada peor que errar la escala urbana de las referencias, y pensar en Positano cuando se está a la vera de la rica y compleja capital del Reino de Nápoles”.  

Y hoy vuelvo a hacer la pregunta: ¿qué hacen los barriólogos napolitanos? Evidentemente, no “urbanismo sin arquitectos”. Si no más bien, saber exactamente “cómo su ciudad creció, cómo colonizó los cerros, cómo salvó todos sus barrancos haciendo de cada brinco una obra de arte, cómo signó el accidentado paisaje con redobladas creaciones, belvederes en pendiente, calles panorámicas, retículas aragonesas, coronas de Capodimonte, cómo siendo pobre ha sido siempre rica y cómo allí los miserables son millonarios de tánta ciudad, desde que los romanos se inventaron una villegiatura de terrazas escalonadas y anfiteatros, hasta que los renacentistas hicieron sus plazas en rampa y los barrocos sus palacios en escalera y los del período floral sus pallazinas en escorzo que llamaban Paradisielli". Una ciudad que conoce su historia, no puede sino recrearla constantemente. No le tiene miedo a crecer… porque sabe cómo hacerlo para perseguir una unidad de espléndido valor formal. Esa debería ser nuestra meta. Pero, ¿cómo lograrlo, “si a cada barrio se le busca una historia distinta, si a la ciudad la dejamos aquí abajo, y nosotros, los expertos en su historia, en su forma y en su diseño, estamos reacios a usar nuestras herramientas más clásicas para hacerlos a todos una?” 

La pregunta, tres años más tarde, sigue vigente. O más urgente aún que entonces, luego de la horripilante visión estos últimos tiempos de tánta torpeza arquitectónica y pedestres emplazamientos anti-urbanos de los módulos de Barrio Adentro. Por ello me atrevo a repetir, cual ritornello, que “los valores urbanos intrínsecos de los barrios existen, sí, pero que mitificarlos también es un crimen, que consolidar sus casuísticas naturalezas urbanas es condenarlos a su marginalidad para siempre”, y que “hay que llevar la ciudad a los cerros, para que, de vuelta, ella pueda devolvernos los cerros”.


(f. Camarógraforeggae, 2008. Flickr.com).



Publicado en: en_Caracas, N. 1.24, Caracas, viernes 1 de Octubre, 2004.

 

viernes, 1 de agosto de 2008

Barriología napolitana

"Barrios, Caracas" (f. Yann Arthus-Bertrand).



Queridos amigos barriólogos,

En vista de la beligerancia del tema de la barriología últimamente (2001), he aquí una crítica –harto constructiva- sobre cómo podríamos aproximarnos con más tino a nuestro fulgurante objeto de estudio y proyectación, i.e.: los barrios.

El punto de vista consensual compartido por la mayoría de quienes están trabajando en los Proyectos de Renovación Urbana de los Barrios, es que un barrio es un incipiente fenómeno urbano, una proto-ciudad otra que Caracas. Esa neo-polis, teniendo mucha fe, correrá la misma suerte de la remota Parténope, aquella ciudad con nombre de sirena que los griegos fundaron un día, según la leyenda, en una colina del Monte Echia para con el tiempo convertirse en una Paleópolis (ciudad vieja) que finalmente crecería hasta volverse una Neapolis, una urbana, rica y compleja ciudad nueva: Nápoles.

Hoy todos coinciden en ver a los barrios así, todos creen en esa suerte, y andan por ahí enfrascados en un enternecedor romanticismo de sospechosa reminiscencia neo-hippie, utopolizando ciudades nuevas donde nada hay, idealizando escarpados pueblos insulares del Mediterráneo y midiendo y remidiendo tramas urbanas de pinta medievalosa, o en su defecto musulmana, con viejos números de la revista Process Architecture bajo el brazo, mientras que recorren a pie peligrosamente, los ojos brillando, los caminos verdes de la Gran Caracas… Mucho tememos que todo ésto sólo vaya a servir para que nos quedemos en la etapa arqueológica de la contemplación o, cuando mucho, en la consolidación de las ruinas de cada Parténope arcaica objeto de estudio.

Los barrios están siendo tratados como Mykonos, como Anacapris, o como Amalfis tropicales. Como sirenas exóticas atracadas en la playa que un día fueron repudiadas por Ulises, como floraciones, especies nuevas, “tejidos informales” que deben ser escrutados bajo el microscopio y observados con atención hasta llegar a descubrir sus intríngulis urbano-ambientales, no se nos vayan a escapar sus oportunidades de intervención, no vayamos a menospreciar los criterios básicos de su composición morfológica, no vayamos a obviar las particularidades de sus espacios públicos ni los elementos singulares de su estructura urbana hecha por los mismísimos griegos. Los barrios, se piensa, son nuestras Parténopes, y sólo de su mitología propia podremos partir para poder definir las propuestas que aseguren su futuro urbano.

Pero resulta que nos estamos olvidando de una parte importante de la saga de toda proto-ciudad arquetipal, y es su Arquelogía Inversa. Quien sueña con Parténope es porque idealiza a Nápoles, y no al revés. A Nápoles, la magnífica. A Nápoles, la de la sorprendente superposición de todas sus ciudades invisibles; a Nápoles, la gran ciudad que ha sido estudiada, dibujada y escrita hasta sangrar. Para que los barrios de hoy se vuelvan la urbe del mañana, nada peor que errar la escala urbana de las referencias, y pensar en Positano cuando se está a la vera de la capital del Reino de Nápoles.

Eso lo saben barriólogos napolitanos. Así como saben muy bien cómo su ciudad creció, cómo colonizó los cerros, cómo salvó todos sus barrancos haciendo de cada brinco una obra de arte, cómo signó el accidentado paisaje con redobladas creaciones, belvederes en pendiente, calles panorámicas, retículas aragonesas, coronas de Capodimonte, cómo siendo pobre ha sido siempre rica y cómo allí los miserables son millonarios de tánta ciudad, desde que los romanos se inventaron una villegiatura de terrazas escalonadas y anfiteatros, hasta que los renacentistas hicieron sus plazas en rampa y los barrocos sus palacios en escalera y los del período floral sus palazzine en escorzo que llamaban “Paradisielli”. Pero, ¿quién quiere hacer la Arqueología Inversa de Caracas (una ciudad que tánto se parece a Nápoles y no sólo en las colinas) para llevarla a algún marginal cerro, si aquí nadie intenta saberse a Caracas de verdad? ¿Quién sueña con Caracas cuando piensa en Gramoven?

En el centro histórico de Nápoles, por el contrario, está la propia sede de las arqueologías inversas del mundo, el más complejo palimpsesto arquitectónico conocido: la Iglesia de San Lorenzo Maggiore. Una visita ahí, amigos barriólogos, y abandonarán el punto de vista del “Urbanismo sin arquitectos”. San Lorenzo es un edificio en cuya fábrica puede leerse simultáneamente toda la historia de la ciudad. El siglo veinte trajo la restauración de los fragmentos y la instalación en el patio de una exposición permanente que muestra las sucesivas capas arqueológicas urbanas. Es un monumento a una ciudad que conoce su historia, y que no puede sino recrearla constantemente. Una ciudad, por lo tanto, que no le tiene miedo a crecer… porque sabe cómo hacerlo.

Esto contaba en una guía de la ciudad Adriana Baculo, catedrática de Levantamiento Arquitectónico de la Universidad de Nápoles Federico II. Ella fue la autora, en 1992, junto con un equipo de arquitectos e historiadores, de la asombrosísima vista tridimensional de la urbe titulada Nápoles en axonometría, donde por primera vez fue posible, como en un sueño fantástico, ver al mismo tiempo todos los lugares y todas las arquitecturas de la ciudad.1 Con conocimiento de causa, Baculo asegura que “la morfología de la ciudad le debe a la variedad de sus articulaciones su caracterización más fuerte, y al diseño paisajístico general la posibilidad de recoser sus muchas presencias, diversificadas y a menudo contrastantes, en una unidad de espléndido valor formal”. Una unidad de espléndido valor formal. Esa debería ser nuestra meta. Pero, ¿cómo lograrlo, si a cada barrio se le busca una historia distinta, si a la ciudad la dejamos aquí abajo, y nosotros, los expertos en su historia, en su forma y en su diseño, estamos reacios a usar nuestras herramientas más clásicas para hacerlos a todos una?

Queridos amigos barriólogos: los valores urbanos intrínsecos de los barrios existen, sí, pero, ¡por favor!, no exageren. Mitificarlos también es un crimen. Consolidar sus casuísticas naturalezas urbanas es condenarlos a su marginalidad para siempre. Hay que llevar la ciudad a los cerros, para que, de vuelta, ella pueda devolvernos los cerros.



(f. Archivo Fundación de la Memoria Urbana).





NOTAS
1. Adriana Baculo Giusti. Napoli in assonometria, Electa Napoli, Nápoles, 1992.

 
Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, lunes 5 de Marzo 2001.





Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL,  Caracas, lunes 5 de Marzo de 2001.

miércoles, 21 de marzo de 2007

Hablemos de arte urbano

Autorretrato arquitectónico. Antoine Grumbach, 1979.

Antoine Grumbach en Caracas.
En el marco de la exposición “Crear en lo Creado: Arquitectura actual en la renovación de edificios”, expuesta en la Facultad de Arquitectura de la UCV, nos visita Antoine Grumbach. 
Teórico de la “Arqueología Inversa” y poeta del misticismo arquitectónico en los 80, 
Grumbach, Gran Premio de Francia de Urbanismo y Arte Urbano 1992, 
dictará el próximo Martes 24 (1994) en el Museo de Bellas Artes la conferencia
“Las Ciudades o la Inconclusión Perpetua”.

Quizás quieran ir a la charla de Antoine Grumbach porque lo recuerdan por su participación en 1979 en la exposición Roma Interrotta, cuando le tocó el Sector
III del Plano de Nolli, desquiciando a críticos como Allan Chimacoff con sus trío de ficciones y sus reflexiones sobre la arqueología inversa de la forma urbana, afirmando que la arquitectura gana calidad cuando se convierte en ruinas.

O puede que acudan a oirlo porque revisaron de nuevo las ediciones de los Archivos de Arquitectura Moderna y lo volvieron a ver como abanderado de la Reconstrucción de la Ciudad Europea, firmando las declaraciones de Bruselas y de Palermo al lado de Culot, Huet, Nicolin y Krier, entre otras personalidades. Si no, seguramente irán el martes por sus actividades durante el martes por sus actividades durante el I.B.A. de Berlín, o, en último caso, por su célebre hotel inspirado en la arquitectura de las cabañas de troncos americanas que hizo para Eurodisney.

Antoine Grumbach ha sido siempre una personalidad en el mundo de la arquitectura, equilibrando la ultra-sofisticación del panorama arquitectónico francés con la responsabilidad de su búsqueda urbana. Desde hace muchos años, cuando su sonoro nombre que nos despertaba asociaciones pictóricas empezó a hacérsenos familiar, hemos seguido su trabajo siempre con interés y simpatía.

Arquitecto y Urbanista, Profesor de la Escuela de Arquitectura París-Belleville y Consejero Urbanista de la Ciudad de Amsterdam, ha sido desde sie
mpre un consecuente activista urbano, trabajando sobre los temas del arte de la memoria y del espacio público. Esta preocupación se refleja claramente en su arquitectura, especialmente en el delicado proyecto de ampliación de la residencia para investigadores extranjeros de la rue Suger, la “Maison Suger”, una extensión de tres edificios del siglos XVII al XIX situados en el corazón del Barrio Latino del que les mostramos unas imágenes, pero es en sus proyectos de renovación y mejora urbana en Arles, Martigues, Toulouse, Argenteuil, Epinay, Marsella, donde ello mejor se expresa. Con un marcado interés por la Antropología, Grumbach es básicamente un intelectual que forma parte de una generación fuertemente comprometida con la política y la sociedad. Su enfoque de la arquitectura ha sido muy definido por este compromiso. En efecto, para él, los arquitectos deben ser figuras cargadas de sensibilidad social, con profundas referencias políticas, literarias y artísticas. “Ya que hacer arquitectura contribuye a dar forma a la sociedad, debe ser una reflexión sobre la sociedad misma. La ciudad no se detiene jamás, está en constante mutación. Para lograr calidad en la dinámica urbana, se deben comprender los conflictos, las luchas de clases, los juegos de poder y las fuerzas económicas que en ella intervienen; y puesto que la ciudad es una proyección de toda la sociedad, cada edificio debería aportar algo a la misma”1.

Para Grumbach, comprender que la ciudad es un collage infinito, un organismo sedimentario, formado de estratos que se superponen, que revelan su historia y su forma, ya es convertirla en un proyecto. “Cada ciudad" -explica- "tiene una forma propia. Tomar conciencia de esa forma y de su propia transformación nos llevará a pensar antes de construir, y así poder proteger tanto la memoria del territorio como la continuidad urbana. La arquitectura debe permitir que se establezca un diálogo entre todo lo que existe. Cada edificio debería formar parte de la trama urbana y aportar algo al espacio público; la arquitectura no debería quedarse en el diseño, ni los arquitectos encerrarse en su expresión personal. Ello va en detrimento de la ciudad.”

Esta posicion teórica en arquitectura, más sus estudios urbanos y el desarrollo de métodos para el análisis de la forma de la ciudad, han sido un significativo aporte y también el objeto de grandes polémicas. Sus trabajos han sido objeto de diversas e importantes exposiciones, especialmente la mencionada Roma Interrotta, en Roma 1978 y los I.B.A de Berlín en 1987 y 1988, así como las de Venecia y Nueva York en 1980, Frankfurt y Amsterdam en 1986, y Tokyo en 1987. Actualmente su trabajo es parte fundamental de la exposición “La Ville”, todavía expuesta en el Museo Georges Pompidou.

Antoine Grumbach en estos momentos está encargado de realizar la primera etapa de la Universidad Nueva de Versalles-Saint-Quentin, que albergará veinticinco mil estudiantes para el año 2.000. “No comienzo un proyecto sino después de comprender absolutamente todo lo que está afectando el mismo, sin antes comprender cuáles son los mecanismos de constitución de la forma urbana”. Con esta premisa promete establecer un contrato moral con las ciudades de Venezuela hoy. Otros proyectos suyos en marcha son el esquema del sector de Moulon en el Plateau de Saclay, una operación de planificación que une la extens
ión de la Universidad de Orsay a un nuevo centro de investigación y actividades diversas, y la construcción de la Estación de Trasbordo de la línea de tren Meteor, del Metro de París, ejemplifica mejor que ningún otro proyecto su visión de la ciudad que se construye sobre sí misma.

Antoine Grumbach ha visitado Caracas antes. Cuando le preguntamos por ella, nos comenta que “Caracas es una ciudad intensa, puesto que todos los probl
emas que están ligados a la conciencia de una ciudad se presentan aquí a una escala exagerada: el tráfico, las autopistas, la escala de la naturaleza y la compleja trama urbana. Esto la hace única. Es una ciudad difícil de catalogar, aún para las personas como yo, habituadas a leer la forma de la ciudad. Esta circunstancia podría percibirse como algo negativo, pero en la historia de las ciudades existen momentos difíciles en el crecimiento de las mismas que con el tiempo pueden devenir elementos positivos. Personalmente, creo que Caracas tiene mucho potencial”.

Sus reflexiones sobre la ciudad, sobre la forma urbana, el papel del tiempo en la construccion de ciudades y la capacidad actual de la arquitectura para resolver estos problemas, será el tema de la charla. La ciudad, el gran proyecto perennemente inacabado, ¿podrá ser reatrapada para la arquitectura? Para oirle responder esa pregunta que él mismo se hace y hablar de arte urbano, nosotros acudiremos sin falta.


!Bienvenido, Antoine!



Antoine Grumbach (f. www.antoinegrumbach.com)



NOTAS
1. Paulina Palacios. Entrevista a Antoine Grumbach, París, 10 de Mayo de 1994.


Publicado en: Arquitectura, El Diario de Caracas, Caracas, 1994.