martes, 2 de abril de 2019

Arte Nuevo


Proyecto de Avenida en Caracas. Manuel Mujica Millán, 1930s (f. Archivo Fundación de la Memoria Urbana).



"Se siente una inquietud, y aunque las gentes no saben
a ciencia cierta de qué se trata, yo sí lo sé:
la transformación de la ciudad se impone, se echa encima.
Se siente 'el aire que precede al alud en la montaña'".
Rafael Bergamín Gutiérrez. Urbanismo (1938). 1

1. El espíritu renovador
La modernidad en España fue cosa de capitales, Madrid, Barcelona, Sevilla. En Venezuela, Caracas no se quedó atrás. Sin embargo, nuestra ciudad no opuso la misma resistencia al cambio que vivieron las capitales españolas. La Caracas antañona estaba largamente deseosa de progreso y de modernidad. El espíritu renovador aquí fue bien recibido; fue contagioso y fulgurante, y desde que comenzó no hizo sino crecer exponencialmente. Aunque no fue, por otra parte, tampoco exactamente un "espíritu de vanguardia, de radical innovación", sino que la ciudad fue adaptándose al cambio conviviendo con las tradiciones urbanas locales. Eso hizo que la modernidad caraqueña se matizara, se tropicalizara y produjera el lenguaje propio que la caracteriza, ciertamente muy nutrido de la influencia española. 2

Los artífices del "Arte Nuevo", como se conoce a la primera modernidad española, que vinieron a trabajar para Caracas, debieron abrirse camino en Madrid, por ejemplo, entre un océano de fábrica urbana decimonónica y ecléctica, para lograr insertar sus edificios racionalistas y sus modernos urbanismos. Aquí, su nueva arquitectura, su arte edilicio y planificador, funcional y cristalino, le vino de perlas a la efusión constructiva de la ciudad. Nada más observar el conjunto de las arquitecturas de época de las capitalinas Avenida Bolívar, Avenida Urdaneta, Calle Real de Sabana Grande y Avenida Francisco de Mirandas, eran todas ellas como la madrileña Gran Vía: vitrinas para exhibir el recién estrenado cosmopolitanismo de la capital, aspirando a reflejar todas las formas y las ideas de la nueva arquitectura mundial. Una imagen clarísima de ello es la perspectiva que hiciera Manuel Mujica Millán en su "Proyecto de Avenida en Caracas" (c. 1930s), donde de lado y lado alinea la vía con arquitecturas donde figuran muchos de los lenguajes de la arquitectura moderna del momento.

La capacidad técnica y constructiva y la maestría artesanal de los españoles se abre paso y se impone en la ciudad. La sobriedad y la fuerza de su nueva arquitectura, su espíritu marcadamente apegado a lo tectónico, sus formas claras, "sus mansiones horizontales y de ventanas diáfanas sin molduras", su amor por la tipografía urbana (uno de cuyos paradigmas era el edificio Capitol, el gran "faro de la modernidad madrileña"), su misma austeridad racionalista, se expande con Caracas, y hoy es parte de su identidad como ciudad moderna. 3

Así, entra en la ciudad de la mano de Rafael Bergamín Gutiérrez el racionalismo madrileño, y muchas de las conexiones con las vanguardias europeas se establecerán a través de la serie de casas blancas de los 1930s de Mujica Millán. Bergamín, quien había sido el autor en Madrid de la llamada "culminación racionalista", con sus colonias Residencia y El Viso, lega en Caracas un Centro Histórico repleto de esclarecidos proyectos, hechos junto a su socio venezolano el ingeniero Rafael Emilio Velutini, transformando el corazón de la ciudad en una ruta brillante y aleccionadora de arquitecturas urbanas. Sin olvidar tampoco que junto a la casa del Marqués de Villora, en Madrid, es quizás la Casa N. 39 de la Alta Florida la más importante y hermosa casa racionalista de Bergamín que queda en pie.




Casa N. 39,  Alta Florida. Velutini & Bergamin, 1939 (f. 1953. Velutini y Bergamín C.A. 1938-1953).


2. Proyectos insignia
Pero hagamos memoria urbana. Otros hábiles diseñadores españoles de fértil imaginación, como Urbano de Manchobas Careaga, José Lino Vaamonde, Miguel Salvador Díaz, Fernando Salvador Carreras, Eduardo Robles Piquer, Joan Capdevila Elías, siembran también la ciudad de notables arquitecturas modernas, entre las mejores de su tiempo: el edificio Colimodio, el edificio La Estancia, el Mirador El Vigía, el Hospital de La Guaira, los jardines de la Universidad Simón Bolívar. Sin olvidar tampoco los proyectos insignia de los arquitectos con audaces obras estructurales como Valentín Beato Téllez, y de los grandes ingenieros, Félix Candela Outeriño y Eduardo Toprroja Miret, quienes hicieron de Caracas una ciudad parabólica e hiperbólica: llena de bóvedas de arco catenario y de láminas de concreto. Otra característica que también al poco tiempo se convirtió en un invariante de su modernidad.

Toda esta arquitectura racionalista empezó muy pronto a hibridarse y a mezclarse con los otros lenguajes españoles y estilos Neohispanos por toda la fábrica urbana caraqueña. Es muy difícil decir en muchas obras qué es Neovasco, qué es Neohispano o qué es netamente moderno. Esa particularidad de los mestizajes veló por un tiempo la visibilidad de los autores españoles. A ello contribuyeron también, en el caso de muchos, las dificultades para firmar en tierra venezolana sus proyectos, y el hecho curioso de que los maestros artesanos herreros, graniteros y carpinteros venidos de España trabajaban de la misma manera en todos los proyectos, dejando huellas similares en las obras de autores paisanos distintos.

Muchos autores españoles hasta 1970 se quedaron en el tintero de la exposición "Suite IBERIA; la arquitectura de influencia española en Caracas"*, y deberán aún ser explorados. Como el pintor Manuel Cabré (hijo de Ángel Cabré i Magrinyà y nacido en 1890 en Barcelona); la Oficina Alayeto Bled (con proyectos como el Cine Broadway de 1951 y el Edificio y Teatro Imperial de 1952); el ingeniero Franco López (autor en 1907 del Hotel Klindt); el arquitecto Joaquín Ortiz Garcia y el arquitecto catalán José Maria Deu Amat; el arquitecto barcelonés Amadeo Quelart Arque (proyectista del Teatro Caracas, 1933); Juan Félix Quiroz (autor de la Iglesia de la Inmaculada Concepción de El Recreo en 1900); Juan Navarro Gutiérrez (autor en 1950 del edificio Estoril, en la Avenida Victoria); Ignacio Zuloaga Zuloaga, arquitecto vasco que participó en el Cine Hollywood y trabajó con Luis Malaussena en Los Próceres y en el Circulo Militar (donde hizo un mural cerámico para la entrada). O el escultor y constructor vasco Benjamín Etayo, autor del Pasaje Cantabria en Catia, del edificio Cabrini B en Maripérez y del Teatro El Pinar en 1947) y el caricaturista Eusebio Bordes, arquitecto de varias quintas muy personales y formalistas de los 1950s en Altamira y San Bernardino, como la Quinta Alova.

Finalmente, no estaría completa la lista de arquitecturas caraqueñas de influencia española sin mencionar a dos grandes arquitectos españoles que tuvieron enorme importancia para Caracas: el madrileño Secundino Suazo Ugarte (1887-1971) y el barcelonés José Luis Sert (1902-1983). El primero, por ser el autor hacia 1936 de un proyecto, el Plan de ensanche para Caracas, que nunca llegaría a realizarse.4 El segundo, amén de su gran influencia en la ciudad y su participación junto a con Robert Moses y Prost, Lambert & Rotival en el Plano regulador de Caracas (1951-1952), por haber sido el autor de una residencia unifamiliar en el Caracas Country Club, la Casa Carrillo (1952), la cual tampoco se realizó. 5
  


Vista de  la Iglesia Ntra. Sra. de Fátima. San Agustín del Norte, Caracas (f.  Lápiz, 1959. Jose Benet Espuny).




* Suite IBERIA; la arquitectura de influencia española en Caracas. En la Sala TAC, Trasnocho Cultural, Caracas, Julio-Agosto, 2015.
 



NOTAS
1 R. Bergamín Gutiérrez. "Urbanismo" (30 de agosto de 1938), en: 20 años en Caracas 1938-1958, Graficas Reunidas, Madrid, 1960, p. 13.
2 Fernando Castillo Cáceres. Madrid y el arte nuevo: vanguardia y arquitectura 1925-1936, Ediciones La Librería, Madrid: 2011.
3 F. Castillo Cáceres. Op.Cit., 2011.
4 Juan José Martín Frechilla y Carlos Sambricio (editores), "Proyectar y construir en Venezuela. El exilio republicano entre crisis política y bonanza económica, 1936-1958", Arquitectura Española del Exilio, Lampreave 2014: p. 286.
5 Josep Lluis Sert (1902-1983). The Josep Lluis Sert Collection: An Inventory, Harvard University Library: http://oasis.lib.harvard.edu/oasis/deliver/~des00010




Publicado en: catalogo de la exposicion "Suite IBERIA; la arquitectura de influencia española en Caracas", Docomomo Venezuela/Sala TAC, Trasnocho Cultural, Caracas, Julio-Agosto, 2015.

 

Patio


Azulejos de Sevilla revisten las caras de la fuente en el Caracas Country Club"  (f. Kodachrome de Luis Marden, 1949. The National Geographic Magazine).



"Para llorar penas, qué lindo retiro!,
lo menos tres ecos tiene aquí un suspiro".
Ramón María del Valle-Inclán.


Al hermoso verso de Valle-Inclán nosotros nos atreveríamos a agregarle un cuarto eco. Porque por lo menos cuatro ecos tienen los suspiros en los patios de planta rectangular, uno por cada fachada, como es el caso del patio de la Casa Club del Caracas Country Club, asentado sobre lo que fuera una vez el patio colonial de la Casa de Blandin..

En una serie de fotos de 1930 del arquitecto Carlos Guinand Sandoz, aparece el recién inaugurado patio en su estado original, con sus elementos compositivos esenciales. Allí encontramos al asoleado claustro neohispano, rodeado de tejares y corredores en sombra. La luz y la penumbra son indiscutiblemente sus principales elementos.

Inmediatamente después apreciamos las cuatro fachadas con cinco columnas cuadradas cada una, pero de distinto intercolumnio: la oriental y la occidental de vanos más cortos, cerrados por un muro bajo; las del norte y el sur con arcos de medio punto que una vez enmarcaban por el norte -cual generosa serliana- la vista transparente sobre la quebrada de Chacaito.

Luego, dirigiendo la mirada al centro, apreciamos el pavimento regular de baldosas de ladrillo, con sus brocales cuadrados para cuatro jardineras a ras del piso (que en las fotos del maestro Guinand parecían estar sembradas de Granados). Esa uniformidad del pavimento fue dispuesta así, ex profeso, como una roja y tersa alfombra silente, que se suma a la de los vastos espacios del resto de la casa para que resalte, en el corazón del patio, solitaria y policroma, la clave de todo el proyecto de la Casa Club: la evocación andaluza, la fuente con la forma de la estrella de Abderramán I, el primer califa  de al-Ándalus.

Forma mitológica, forma simbólica, forma califal, la estrella de ocho puntas (llamada estrella mudéjar, tartésica o de Salomón), resulta de "superponer dos cuadrados concéntricos, uno de los cuales ha sido girado a 45 grados".1 Al parecer, es una representación del Paraíso, el cual, según el Corán, estaba rodeado de ocho montañas. Esta estrella fue usada como elemento decorativo por todo el Mediterráneo, pero mayormente en la península ibérica, y sobre todo la encontramos en La Alhambra. Interpretada como un sol con ocho rayos, es el símbolo originario de Andalucía. De esta manera, el luminoso patio de la Casa Club con su fuente recuerda los ancestrales lugares dedicados a hacer ofrendas al sol.

Para más énfasis neomudéjar y estelaridad de esta historia, la fuente central (originalmente de un surtidor simple, y a la que en los años cuarenta se le instala encima una herrería con polea para simular un pozo), redunda en su origen ornamental con el revestimiento cerámico de antiguos, valiosos e irreemplazables azulejos sevillanos figurativos pre-1930 que la recubren, formando un volumen multicolor, al que se dirigen con deleite como rayos inversos, todas las miradas.

Este patio es la clave de toda la cultivada reflexión arquitectónica en torno a lo neohispano, lo neocolonial y lo neomudéjar que es la Casa Club. Hoy quisiéramos dejar escapar un suspiro por el respeto, la conservación y la preservación de su diseño y sus materiales originales…  esperando que alcance a tener eco.




NOTAS

1. Wikipedia: "Estrella de Salomón": https://es.wikipedia.org/wiki/Estrella_de_Salom%C3%B3n



Publicado en: Pluscuamperfecto, Entresocios, Caracas, Agosto, 2015.

martes, 26 de marzo de 2019

Un Villanueva menos

Quinta Marfingra, El Paraiso (f. 2012. Archivo Fundacion de la Memoria Urbana).



 Todos somos más pobres hoy. Este Jueves Santo (2012) la ciudad fue golpeada brutalmente de nuevo con la demolición ilegal de cuatro casas en El Paraíso, dos de las cuales eran Bien de Interés Cultural de la Nación. Los patrimonios culturales destruidos son la Quinta Helena (Gabriel Bruxeda y García, 1932) y la Quinta Marfingra (Carlos Raúl Villanueva, 1941).

Pero, ¿qué significa haber echado abajo estas dos piezas irrepetibles de la historia de la arquitectura caraqueña? La zig-zagueante Helena era el mejor chalet Art Déco de El Paraíso. De columnas cilíndricas y una memorable cubierta inclinada que era toda ella una sola moldura geómetrica, reflejaba como ninguna otra arquitectura en la Avenida Páez los ecos del cercano Pabellón del Hipódromo.

Peor aún, Marfingra, frente a la Plaza Páez, con su arquitectura neocolonial, era el crucial eslabón arquitectónico que vinculaba a la Maestranza César Girón  y al Hotel Jardín de Maracay con la re-urbanización de El Silencio. Blanca y elegante alrededor de un patio central ceñido por columnas panzudas y arcos rebajados, estaba llena de ensayos de portales mozárabes y neocoloniales. Villanueva se sirvió de ella para hacer el esbozo de lo que serían los de El Silencio. Era Marfingra en verdad, sépanlo todos, una casa-cuaderno de apuntes del maestro.

Ambas han caído por obra de manos criminales. Y nosotros, con ellas.
 
Quinta Helena, El Paraiso (f. Sara Maneiro, 2006. Archivo Fundacion de la Memoria Urbana).


Publicado en: Ciudad, EL NACIONAL, Abril 16, 2012.


Olmsted Brothers only work in Venezuela, the Caracas Country Club, Threatened by Redevelopment Plans






Caracas Country Club´s landscaping and golf courses, 1958 (f. Archives of
Fundación de la Memoria Urbana, Caracas)

With Melanie Macchio.


Synopsis
The Caracas Country Club, a landscaping community and golf course placed in the middle of the Caracas valley, is a 1928 project by the landscape architecture firm of Olmsted Brothers, and the firm's only work in Venezuela. This treasure of the history of urbanism and of landscaping is the most successful homage to the valley of Caracas’ natural scenery, which thanks to this project still survives there, practically intact. This is today the only remaining place where can be actually seen how the valley’s original natural landscape was before the city was built. Although listed as a National Landmark in 2005, the green urban oasis of the "Caraquenian 'Central Park'" is increasingly being menaced by pressures coming from public and private interests, that want to densify and construct it, changing forever its beautiful character and original features.


Caracas Country Club Golf House, 1930, architect Clifford Charles Wendehack (f. Archives of
Fundación de la Memoria Urbana, Caracas)

History
By 1920, Olmsted Brothers was the largest office of landscape architecture in the world. Meanwhile, in Caracas, in 1922, was created the Caracas Country Club. Aiming to extend the golf courses and have a better club house, around 1926 was founded the Syndicate Blandin, an association named after the Hacienda Blandin, a plantation nesting on the eastern side of the valley, where the residential golf club would be built. This hacienda was famous for having introduced in 1786 the culturing of coffee in the valley of Caracas, as for its magnificent trees and its beautiful hacienda house placed on the edge of a creek.

The Syndicate Blandin took the pioneering decision of doing a new and singular urban experience, the first of its kind in the country, on the hacienda's lands. In this way, they called the Olmsted firm, hiring it to do the urban design and the landscaping. But they did more than that: they turned the commission into a sensitive urban design and landscaping project that can be counted among the most notable American urbanisms of the Twentieth-century. The Caracas Country Club golf courses would be designed by the American architect and golf course specialist Charles Banks in collaboration with the Olmsted firm.

Olmsted Brothers continued Frederick Law Olmsted's ideal, spirit and compromise for the preservation of the American landscape in its most genuine beauty. A 1916 statement by Frederick Law Olmsted Jr., contains already a lot of what he would do lately in the Caracas Country Club: (it is important) “to conserve the scenery and the natural and historic objects and the wild life therein and to provide for the enjoyment of the same in such manner and by such means as will leave them unimpaired for the enjoyment of future generations”  Frederick Law Olmsted Jr., also formulated the concept of “Global Planning”, a fortunate mix of the Olmsted's landscaping and preservationist saga, with the civic ornamentalism of the City Beautiful Movement. His suburban plans –especially Forest Hills Gardens, in New York, and the Riverside neighborhood, in New Jersey-, already announced his ideas of what would be the Caracas Country Club.

Olmsted worry for the future of "the irreplaceable and unvalued domains of the past”, would preserve in Caracas a great deal of the original conditions of the place occupied by the haciendas. Thus, he maintained the natural topography of El Avila Mountain's foothills, privileging in the golf courses' design wide views to the mountain and to the southern hills. The allotment's irregular form and the street pattern that winds “around great grass extensions under masses of trees”, were curved ex profeso to conserve intact the centenary specimens of trees and palms that grew on these lands. The hacienda's road, once lined with palms, was another element kept in the design by the Olmsted firm. Today the Caracas Country Club is not only an ecological and environmental sanctuary: it is also a sanctuary of landscape's memory. 


Caracas Country Club Golf House, 1930, architect Clifford Charles Wendehack (f. Carlos Guinand Sandoz, 1930. Archives of Fundación de la Memoria Urbana, Caracas)

Threat
The issue of the preservation of the first landscape architecture residential project in Venezuela, despite all of the importance of its legacy and its crucial value for the quality of the urban life, the landscape and the history of Caracas, returns repeatedly and is becoming more and more controversial. Since 2000, due to the forces and appetites of the real estate market, the neighborhood began to be in severe danger of disappearing. After luckily achieving its 2005 its landmark designation, at the end of 2007, nevertheless, the golf courses were almost expropriated by the government in order to build social housing. Power pressures from investors and the saga of irresponsible destruction, are again trying to change the zoning to redevelop the land into rentable apartment towers based upon the fact that the houses and their gardens were not included in the 2005 landmark designation. The argument of the Caracas Country Club reconversion into a public park and transportation issues are now also being used as an excuse to force rezoning and disprotect the site. Therefore, threats are coming from both sides political and economical.

How you can help/ Get involved
The Venezuelan Chapter of Docomomo is working to claim for international attention for the conservation and preservation of this remarkable American Designed Landscape. In the difficult political times Venezuela is living and the actual fragmented condition of the Caracas municipal government, a serious public discussion about of the site's alternatives that takes into account its patrimonial status seems almost impossible. Docomomo Venezuela is seeking for help to organize a full historical dossier of the site and activate an international discussion on its urban, ecological and preservation issues. It also maintains an ongoing conversation with the Caracas Country Club Board and other interested parties, like the Alcaldia Metropolitana de Caracas, about the importance of preservation issues. Send a letter or email supporting the preservation of the Caracas Country Club to: Docomomo Venezuela, Avenida Orinoco, Cabrini 1, Las Mercedes, Caracas 1060, Venezuela or docomomo.ve@gmail.com

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For more information about how to help, please contact
Docomomo Venezuela:



References

Hannia Gómez. "Olmsted in Blandín, Preserving the Modern Heritage", Landscape Architecture, The Urban Times, May 23 (2011).
Seventy-nine plans and drawings completed by the firm for the project, plus an album with 112 historic photos exist in the Olmsted Archives of the Frederick Law Olmsted National Historic Site, Brookline, Massachusetts. Three folders of client-architect correspondence (Job No. 7947) are in the collection of the Olmsted Papers, Olmsted Associates Records, Series B, from the Manuscript Division of the Library of Congress, Washington, D.C. 


Published: Landslide, The Cultural Landscape Foundation, Washington DC, Jan 3, 2012: https://tclf.org/landslides/olmsted-brothers-work-caracas-country-club-threatened-redevelopment?destination=search-results



viernes, 22 de marzo de 2019

Olmsted y Burle Marx en Caracas: Preservando la Herencia Moderna

Twin Phenomena: Preservation and Modern Architecture in Latin America, Columbia Fitch Colloquium, GSAPP, New York City, 2009.


"Conservar el paisaje y sus objetos naturales e históricos y la vida salvaje en ellos
y preveer el goce de los mismos de tal manera que 
puedan permanecer intactos para el disfrute de las generaciones futuras”.
Frederick Law Olmsted, Jr. National Park Service Organic Act, 1916.

1. Twin Phenomena
Caracas tiene una magnífica herencia moderna. Su arquitectura, sus parques, sus conjuntos monumentales, sus íconos, sus espacios públicos, sus obras de arte, son parte innegable de la historia de la arquitectura y el urbanismo del siglo XX. Sin embargo, esto hoy en día es un engorro para muchos. La brillante capital de la inmensa fe en el futuro que a comienzos del siglo XX empleaba los dineros ingresados por la renta petrolera para invitar a participar en la construcción de su fábrica urbana a los mejores artistas y especialistas del mundo, la ciudad cosmopolita que a mediados del siglo vivía la epopeya de sus años dorados, la ciudad pujante que llegó a ser considerada como una de las capitales de la arquitectura moderna, hoy ya no sabe qué hacer con las joyas arquitectónicas y urbanas que esos años le dejaron, las cuales se le agolpan entre sus manos, incómodamente, con todo el peso de sus calidades y de sus valores. El peso de la responsabilidad.

Dentro de este contexto de confusión, el desarrollo urbano de Caracas prosigue, avasallante. Avanza, pero salpicado, eso sí, de recurrentes escándalos patrimoniales que inundan casi todos los días las páginas de los periódicos. Entre los casos más sonados y polémicos de los últimos cinco años han destacado en particular dos que afectan directamente la herencia moderna de los "paisajes culturales diseñados".1 En el contexto caraqueño, los bienes patrimoniales más frágiles son los de la arquitectura del paisaje. Un proyecto de diseño urbano, un paisajismo o un parque tienden a ser vistos como arquitecturas "blandas" o como "terrenos" vacíos listos para ser reutilizados, susceptibles de ser revertidos de su condición, o de ser intervenidos con libertad.

Caracas atesora dos de las más importantes y grandes obras del paisajismo moderno internacional: la urbanización Caracas Country Club (Olmsted Associates, 1928-1941) y el Parque del Este (Roberto Burle Marx, 1959-1964). Construidos sobre los campos agrícolas de varias haciendas de la época colonial y separados por unas cuantas cuadras de distancia, ambas obras son un testimonio de la condición singular de una ciudad tradicional que apostaba a transformarse a través del mejor arte moderno del momento, aspirando a reflejar el estado del arte del diseño urbano, de la arquitectura y del paisajismo. Ambos proyectos fueron concluidos a cabalidad en su momento, funcionando y siendo preservados intactos durante décadas. Solo ahora, cuando hemos dejado atrás el siglo XX y estas obras ya han cumplido más de medio siglo de vida, se ha pasado del necesario tema de su conservación al dramático problema de la lucha por la salvaguarda de su integridad y de su existencia misma.

En la nueva geografía de la Gran Caracas, cuando la ciudad en su expansión ya ha terminado de poblar el sureste del valle, incluyendo ahora todas las colinas restantes y los valles menores, la condición suburbana y la ubicación relativa de ambos patrimonios modernos situados al este de la ciudad cambió por completo. Pasaron de ser periferia a ser centro. Donde antes no había prácticamente nada, sino haciendas y campos agrícolas, café y caña de azúcar, ahora se encuentra el nuevo corazón de la ciudad; donde antes los límites eran las quebradas y los bosques de galería que bajan de la montaña del Avila, ahora los rodea profusamente la densa vida urbana. La ciudad los ha circundado.

Siguiendo la saga de Frederick Law Olmsted, Sr. en el Central Park de Nueva York, quien hiciera un parque a la escala de una ciudad que aún no existía, el Caracas Country Club y el Parque del Este desde el principio de su construcción recrearon algo de esa historia. El Central Park fue pensado para estar a la altura de una Nueva York que crecería hasta contenerlo y usarlo por completo: "la premisa de su diseño se basó en un amplio y profundo estudio de la ciudad y de sus patrones de crecimiento. Al contemplar la historia de Nueva York (…) se reconoció que la ciudad habría de expandirse dramáticamente alrededor del parque".2 De la misma manera, los modernos paisajismos caraqueños cuando se construyeron tenían una escala desmesurada en relación a la ciudad que los recibía, pero con el paso del tiempo también ellos fueron alcanzados, y hoy son el remanso verde y el solaz de las inmensas densidades de la Caracas contemporánea. Creemos firmemente que tanto Frederick Law Olmsted, Jr. como Roberto Burle Marx, igual que una vez Olmsted en Nueva York, sabían perfectamente que esto sería así, intuyendo lo que ocurriría en el futuro con sus verdes santuarios. Y actuaron en consecuencia, con sabiduría y con grandeza.

Y fue una suerte que así lo hicieran. Si hoy se echa un vistazo a Caracas desde el aire, se percibe inmediatamente su presencia en medio de la fábrica urbana… así como la pobreza en espacios verdes abiertos y de espacios públicos en general en el resto de la metrópolis. La ciudad no tiene suficientes y ninguno en los barrios (que conforman la mitad de la ciudad). Con tres millones y medio de habitantes en el valle y cinco millones y medio para la Gran Caracas (cifras oficiales para 2007) esto significa menos de un metro cuadrado de área verde abierta por habitante (cuando el promedio mundial es al menos diez metros cuadrados por persona). 

Esta cifra, sin embargo, está en gran parte compensada por la declaratoria desde 1958 de la monumental montaña del Avila que se extiende entre el valle y la costa, como parque nacional. La superficie del Parque Nacional El Avila, de 210.509 acres, conserva su espectacular naturaleza prácticamente virgen, abierta a los visitantes. Es muy usada, aunque podría serlo más. Si se acondicionaran sus bordes urbanos en ambas faldas, aumentaría sustancialmente el porcentaje de uso por los ciudadanos y esta dramática cifra disminuiría. Ninguna ciudad del mundo tiene un parque tan bello, tan grande, tan virgen y tan inmediato como Caracas. Igualmente ocurrirá si Caracas logra hacer realidad su aspiración de convertir las cien hectáreas del también céntrico antiguo aeropuerto La Carlota en un nuevo parque verde, reduciendo el sobrecargado impacto actual sobre el Parque del Este y la presión sobre el Caracas Country Club.

Tanto el Caracas Country Club como el Parque del Este fueron declarados separadamente por el Estado venezolano como Bienes de Interés Cultural de la Nación (el Caracas Country Club en 2005 y el Parque del Este en 1998).3 No obstante, como hemos visto, por ser amplios territorios verdes abiertos con un reducido porcentaje de superficie construida y sobre todo por tratarse de patrimonios modernos poco comprendidos, en la última década ambos han sido objeto de una desvalorización despiadada, recibiendo fuertes ataques a su integridad física. Actualmente, a pesar de sus declaratorias, ambos se encuentran amenazados. 


"Plano preliminar del Caracas Country Club", Olmsted Brothers (f. Catalogo de la exposicion "Our Architecs en Caracas", Docomomo Venezuela, 2017 - Archivo Caracas Country Club, 1928).

2. Caracas Country Club
Veamos primero el caso, el del Caracas Country Club. De todas las urbanizaciones de Caracas, de Venezuela, e incluso de América Latina, el Caracas Country Club atesora una de las más extraordinarias historias, una historia por lo demás muy poco conocida. Esta urbanización, lejos de ser igual a otras en el valle de Caracas, es un proyecto “clasificado” de la firma de arquitectura paisajista Olmsted Associates, de Boston, Massachusetts, continuadora de la obra de Frederick Law Olmsted, Sr., padre de la arquitectura del paisaje y defensor de la belleza natural de América. Es la única obra de esta firma en Venezuela.4

Esta circunstancia, de por sí, convierte a esta urbanización en una bella rareza urbana: un tesoro de la historia del urbanismo y del paisajismo que a la vez es el más logrado homenaje al paisaje natural del valle de Caracas, el cual afortunadamente gracias a este proyecto aún allí se conserva, prácticamente intacto. El Caracas Country Club es el unico lugar en la ciudad donde hoy puede verse como era el paisaje natural del valle antes de la ciudad.

Durante mucho tiempo se creía que el diseño de Olmsted Associates se limitaba a los campos de golf. Esto era un fantástico malentendido. La transformación de las antiguas haciendas de Blandín, Lecuna, El Samán y La Granja en la década de los veinte fue un trabajo –el No. 7947- de la oficina de arquitectura paisajista más importante para la época en América, convirtió el encargo simple de un club de golf residencial en un sensible proyecto de diseño urbano y paisajístico que sin duda puede contarse entre los urbanismos americanos más notables del siglo XX.

Frederick Law Olmsted, Sr. (1822-1903) es el nombre más conocido en arquitectura paisajista y planeamiento de los Estados Unidos de América. Desde 1883 hasta la mitad del siglo XX, de su oficina y escuela del diseño del paisaje instalada en su casa en Brookline, en las afueras de Boston, salieron parques urbanos y estatales, campus escolares y universitarios, terrenos institucionales, zoológicos, arboretums, propiedades privadas y comunidades suburbanas paisajísticas, como el Caracas Country Club. La trascendencia que fue adquiriendo su obra le llevó a formar especialmente a su hijo Frederick Law Olmsted, Jr. (1870-1957) y a su sobrino, John Charles Olmsted (1852-1920), para que continuaran su lucha dentro del mismo espíritu de preservación del paisaje americano en su más genuina belleza. A la muerte de su padre, Frederick Law, Jr. y John Charles se convirtieron en socios principales de la firma, cambiándole el nombre por el de Olmsted Brothers. Entre 1895 y 1920, la firma se expandió rápidamente.

Olmsted mantuvo siempre, como su padre, un compromiso con la conservación. Le preocupaba sobre todo “proteger la belleza, la dignidad y la nobleza de los paisajes de los parques nacionales, y prevenir el excesivo mercantilismo en ellos”. En 1916 contribuyó a darle forma a la legislación que creó el Servicio Nacional de Parques en los Estados Unidos. Una frase suya, que definió el espíritu de la Ley en 1916, dice ya mucho de lo que luego haría en el Caracas Country Club: “Es importante conservar los escenarios y los objetos naturales e históricos y la vida silvestre existente para proveer su aprovechamiento de tal manera que puedan permanecer intactas para el disfrute de las generaciones futuras”.

Pero su vida como paisajista se imbricó cada vez más en la del planificador. Es cuando formula el concepto de la “Planificación Global”, suerte de mezcla afortunada de la saga paisajista y preservacionista de los Olmsted, con el ornamentalismo cívico del City Beautiful Movement, unida a la necesidad de dar soluciones al crecimiento de la ciudad moderna americana. Entre 1905 y 1915 aplicó los principios de la planificación global a suburbios, “creando planes maestros para Roland Park, un suburbio de Baltimore; para Forrest Hills Gardens, una comunidad jardín modelo en las afueras de Nueva York; y para la ciudad industrial de Torrance, California”.5 Todos estos planes suburbanos –especialmente Forrest Hills y la urbanización Riverside, en Nueva Jersey-, ya anunciaban en sus ideas lo que sería el “Job No. 7947”.

Para 1920, cuando muere John Charles, Olmsted Brothers era la más grande oficina de arquitectura paisajista del mundo entero. Entretanto, en Caracas, en 1918, en una zona del oeste de la ciudad hoy conocida como Vista Alegre, se creaba el Caracas Golf Club. Este se mantuvo hasta el 14 de diciembre de 1922, año en que adoptó el nombre de Caracas Country Club. Con deseos de conseguir ampliar los campos de golf y tener una sede mejor, hacia 1926 varios de sus miembros -los señores Vaamonde, Phelps, Hauck, Brandt, Machado y Arismendi-, fundaron el Sindicato Blandin, asociación que tomó su nombre de la Hacienda Blandín, ingenio situado al este del valle en la zona de Chacao, adonde se mudaría el club. Esta hacienda era famosa tanto por haber introducido en 1786 el cultivo de café en el valle de Caracas, como por sus majestuosos árboles y por su bella casa de hacienda al borde de un arroyo. A la casa se llegaba subiendo por una larga avenida principal que seguía "a lo largo de la acequia por la cual corría el arroyo que regaba la plantación de café, y que por ella se abría paso hacia el río Guaire". Parte de su arquitectura original está integrada a la actual Casa Club.6

El Sindicato Blandín toma la pionera decisión de hacer en los terrenos de la hacienda (a los que pronto habrían de sumarse los de las otras cuatro haciendas contiguas) una nueva y singular experiencia urbana, la primera en su tipo en el país. Así, convocan a la firma de Olmsted, a la que contrata para hacer el diseño urbano y el paisajismo de la nueva urbanización. Cuando Olmsted Associates acepta la comisión del Sindicato Blandín a fines de los 1920s, venía de asesorar el plan regional para el área de Nueva York y de hacer el gran Parque urbano de Fort Tryon, al norte de Manhattan sobre el río Hudson, y se encontraba diseñando en paralelo las que se consideran “las dos comunidades suburbanas más notables de los años veinte en los Estados Unidos: Palos Verdes Estates en California y el Mountain Lake Club en Lake Wales, Florida”.7

Los campos de golf del Caracas Country Club serian diseñados por el arquitecto americano especialista en campos de golf C.H. Banks en colaboración con la firma Olmsted. Un concurso internacional de arquitectura fue convocado también para el diseño del edificio que albergaría al club, ampliando la casa colonial. Este fue ganado en 1929 por el arquitecto californiano Clifford Charles Wendehack (Wendehack Job No. 447), quien sería asistido por el arquitecto venezolano Carlos Guinand Sandoz, a quien reencontraremos más adelante en el caso del Parque del Este.8

Es revelador releer entrelíneas la base de la filosofía que le daría vida al proyecto de Caracas. Olmsted resumía su pensamiento sobre arquitectura paisajista en los siguientes términos: “Trabajando con paisajes reales existentes, me guía la inducción impresa en mí por mi distinguido padre: cuando uno se hace responsable de tales paisajes, su primer deber es proteger y perpetuar lo que de bello y de inspirador existe inherente en ellos gracias a la naturaleza y a circunstancias fuera de nuestro alcance, y así, humildemente subordinar a tal propósito cualquier impulso de ejercer sobre éstos las propias habilidades como diseñador”.9

Olmsted, preocupado por el futuro de "las heredades irreemplazables e invalorables del pasado”, preservaría en Caracas gran parte de las condiciones del lugar original ocupado por las haciendas. Así, mantuvo la topografía natural de las faldas del Avila, privilegiando las amplias vistas hacia las colinas del sur y hacia la montaña en el diseño de los campos de golf. La forma irregular de las parcelas que rompen con el tejido urbano tradicional y el diseño de las calles serpenteando “alrededor de las grandes extensiones de grama bajo masas de árboles”, fueron hechas curvearse ex profeso por indicación expresa de su oficina para conservar intactos los magníficos ejemplares centenarios de “grandes Bucares, Mijaos y Chaguaramos que crecían en estos terrenos” y que aún vemos aflorar entre las copas del Caracas Country Club, según refiere el historiador de arquitectura Leszek Zawisza.10 La Avenida Principal de Blandín -el camino de la hacienda-, plantada una vez de Chaguaramos en el más pleclaro estilo agrario caraqueño, fue otro elemento respetado por la firma de Olmsted y asumido al pie de la letra en el diseño… Algo muy poco común en la planificación moderna, acostumbrada a arrasar con todo. Pero la persistencia de la memoria no se limitó solamente a los elementos vegetales: también el Puente sobre la Quebrada Chacaíto y el sitio de la casa de Blandín, ambos allí desde comienzos del siglo XVIII, fueron reafirmados en su ubicación tradicional.

De esta manera vemos cómo también en Caracas las soluciones de los Olmsted crecieron del “genio del lugar”. Su respeto y su devoción por el lugar original hacen que hoy el Caracas Country Club no sea tan sólo un santuario ecológico y ambiental: es también un santuario de la memoria del paisaje. Por ello en Blandín el genio caraqueño todavía hoy allí se siente reinar.

El que fuera el primer proyecto residencial de arquitectura paisajista en Venezuela es preservado como la gran obra urbanística y paisajista que es en el país de origen de sus diseñadores. El Caracas Country Club se conserva intacto en papel, todos sus 79 planos y dibujos fechados hasta 1930, más un álbum con 112 fotos históricas del año 1928, en los Archivos Olmsted del Frederick Law Olmsted National Historic Site, en Brookline. Adicionalmente, la correspondencia cliente-arquitecto (tres carpetas hasta 1941 del Job No. 7947) son atesoradas en la colección Olmsted Papers, Olmsted Associates Records, Serie B, de la División de Manuscritos de la Biblioteca del Congreso, en Washington, DC. Allí se guardan catalogados los planos, las fotos y los dibujos completos de todo el complejo diseño urbano del Caracas Country Club, con las luminarias, los esquemas de plantaciones y los detalles que lo atestiguan pariente de las otras urbanizaciones de Olmsted, Forrest Hills y Riverside, y lo convierten en un tesoro de la historia de Caracas y un baluarte de la arquitectura del paisaje en el mundo. Sin embargo, a pesar de toda la importancia de su legado urbano y paisajístico, el tema de su preservación regresa recurrentemente como polémica.

En el año 2000 sobrevino la primera emergencia. "Debido a las fuerzas y apetencias del mercado inmobiliario y a intereses bastardos", la urbanización se vio en severo peligro de desaparecer. Caracas perdería un valor crucial para la calidad de su vida urbana, para su paisaje y para su historia. En consecuencia, la Fundación de la Memoria Urbana a la máxima autoridad del patrimonio de Venezuela, el Instituto del Patrimonio Cultural (IPC) la protección del sitio urbano y ambiental y del conjunto arquitectónico del Caracas Country Club "como un hito en la historia de la ciudad y de la arquitectura y el urbanismo venezolanos y de toda América".

El alegato presentado para preservar el "análogo 'Central Park' caraqueño" se centraba en la triple condición del Caracas Country Club de enclave arquitectónico, distrito histórico y remanso ambiental de toda la ciudad, sosteniendo que este territorio tiene un valor ambiental único en el valle de Caracas por "su estratégica ubicación central, su gran escala, y el hecho de que es el único punto donde el Parque Nacional El Avila desciende prácticamente hasta el río Guaire, permitiendo el paso de la fauna desde y hacia la montaña".11 La urbanización es no sólo un pulmón para la ciudad, sino un santuario de las aves y un remanso verde que permite aliviar el caos existente, contribuyendo a la calidad estética, visual y climática de la ciudad.

Solo con una declaratoria se podría preservar "su condición de parque, sin cambiar su densidad, su trazado y su diseño urbano originales y los campos de golf insertos en éste, su ambiente natural y su paisaje y su flora y fauna, las secciones de sus calles, su mobiliario urbano, sus vistas, sus ambientes urbanos y los jardines de las casas -que juntos conforman un área incluso mayor de área verde que los mismos campos de golf - y, asimismo, el conjunto de las obras de arquitectura de la urbanización, parte inseparable de su diseño urbano, entre las cuales se hallan las de muchos de los arquitectos más notables de la historia de la arquitectura venezolana e internacional".12 El año 2005, dentro de un vasto proyecto nacional denominado el I Censo Nacional de Patrimonio, el IPC declaró al Caracas Country Club como Bien de Interés Cultural de la Nación.

A fines de 2007, sin embargo, la amenaza regresó, esta vez bajo la forma de los deseos populistas de un alcalde que puso de nuevo en el tapete el tema del uso de los campos de golf, planteando proceder a su inmediata expropiación para construir en ellos vivienda de interés social. Luego de mucho ruido por los medios, este alcalde se enteró finalmente de la existencia de la declaratoria, y desistió de sus intenciones. Sin embargo, las presiones del poder económico de aquellos inversionistas que no aman ni comprenden la ciudad y la saga de destrucción irresponsable siguen allí, buscando cambiar la zonificación, y las casas patrimoniales y sus jardines por rentables torres de apartamentos… ahora quizás solapadamente bajo el argumento de su reconversión en parque público.

Lo que sí es cierto es que este patrimonio moderno de primera línea reclama por un análisis hecho a la altura de su historia, por una poética propia de su preservación que permita preservarlo en todos sus valores, mas no "arqueológicamente", sino sincerando la posibilidad de reconectar la ciudad a través de ella sin destruirla, reordenando los bordes aumentando la densidad (dándole la importancia que tienen a las vistas sobre este bello paisaje cultural diseñado de los 1920s) y dirimiendo el camino justo para el disfrute colectivo de sus áreas verdes. La belleza del urbanismo del Country, tan estéticamente olmstediana y, a la vez, tan profundamente caraqueña, no es ni podrá ser nunca una belleza estridente. Es, como todas las soluciones de los Olmsted, una belleza reposada, crecida de la tierra de forma natural. Y así debería ser preservada “…de tal manera que pueda permanecer intacto para el disfrute de las generaciones futuras”. 


Parque del Este, Caracas (f. Archivo Fundacion de la Memoria Urbana, 1967).


3. Parque del Este
El segundo caso de un paisaje cultural diseñado en peligro hoy en Caracas es el del Parque del Este. Situado un poco más al este, en los terrenos de la Hacienda San José-La Ciénaga (llamada así por sus anegadizos terrenos, situados junto a una quebrada) entre 1956 y 1961 este es el parque público de más intenso uso en Caracas, con tres millones y medio de visitantes al año, y un área de 77 hectáreas. El Parque del Este fue diseñado por el arquitecto paisajista y artista brasileño Roberto Burle Marx (1909-1994), y de acuerdo a la profesora Anita Berrizbeitia "es considerado, junto con el Parque do Flamengo en Río (1957-1964), la obra pública más importante de Burle Marx".13
 
La historia de este parque es legendaria. El amante de la naturaleza y figura de la arquitectura caraqueña, Carlos Guinand Sandoz, fue el promotor original de la idea del parque. A mediados de los años 1950s en estos terrenos el gobierno nacional había decidido construir un parque ferial, llamado la Exposición Internacional de Caracas, cuyo proyecto estaba a cargo del arquitecto Alejandro Pietri. Guinand Sandoz, quien era el asesor paisajista de dicho proyecto, luego del colapso de la dictadura se dedicó a promover con entusiasmo en su lugar su sueño de un gran parque. El nuevo presidente, Rómulo Betancourt, "convencido ante la propuesta de Guinand, decretó la construcción. A tal efecto fue organizada una comisión de trabajo con Guinand al frente, cuyos integrantes fueron Gustavo Wallis, William Phelps, Armando Planchart, Eduardo Mendoza, el botánico Leandro Aristeguieta, el ofidiólogo Luis Rivas, los ingenieros administradores Cardier y Orozco y los horticultores Carlos Wendlinger, Luis Longchamps y Dante Bianchi. Esta comisión es quien contrata los servicios del afamado artista paisajista brasilero Roberto Burle Marx, quien asume las exigencias del proyecto con la colaboración de John Stoddart, Fernando Tábora, Julio Pessolani y Mauricio Monte, equipo que, desde 1956, estaba ya trabajando en el país en el desarrollo del paisajismo del Club Puerto Azul" en la costa caraqueña.14

La decisión de contratar a Burle Marx ratifica de nuevo la voluntad moderna de la ciudad, y da fe del ambiente artístico que se respiraba en los años 1950s, luego de la construcción de la magnífica Ciudad Universitaria de Caracas (hoy Patrimonio Cultural de la Humanidad), obra del arquitecto Carlos Raúl Villanueva. Burle Marx, muy apreciado por su obra artística, era sobre todo conocido entre los caraqueños por haber diseñado en Brasil "jardines y paisajes públicos que significaron una síntesis sin precedentes de la sensibilidad estética moderna, de las tradiciones culturales brasileras, y un uso evocativo e inventivo de las plantas tropicales. Su obra ofreció una visión de los jardines y de los paisajes públicos que fueron indiscutiblemente únicos para los trópicos americanos, y un aproximación ecológica a la práctica de la arquitectura paisajista”.15 Y eso era lo que se buscaba para el moderno parque de Caracas.

El botánico Leandro Aristeguieta recordaba como para los 185 acres del terreno, una vez puesto a trabajar, Burle Marx definió “ambientes ecológicos y jardines, incorporando el mayor número posible de especies ornamentales nativas que sirvieran como expresión cultural”. Para cumplir con las exigencias de su propuesta, la Comisión del Parque del Este habría de realizar numerosas exploraciones botánicas en distintos ambientes naturales del país con el objeto de recolectar especies.16

El diseño fue de gran belleza y comprensión de la intensa vegetación original del terreno, de acuerdo a "un principio de diseño libre, de bucólico paisaje en el cual se incorporan y resaltan especies ornamentales nativas ubicadas luego de un proceso de adaptación o trasplantadas de distantes regiones".17 Comprendió primordialmente de tres espacios: "un paisaje abierto, fluido, de campos de grama con una topografía sutil y gentilmente ondulante y dispersos árboles de sombra, popularmente usado para picnics y juegos. Un paisaje forestal, espacialmente denso con caminos sinuosos, usado especialmente para caminar y para la contemplación tranquila, y una secuencia de jardines pavimentados, íntimos, apatiados, que refieren al pasado colonial de la cultura venezolana y que exponen plantas, murales de cerámica, y surtidores. En cada uno de estos espacios los visitantes son confrontados con la rica variedad y exuberancia de la flora tropical”.18 Esta nueva estética y este nuevo paisaje, de más está decir que se volvieron emblemáticos. 

Desde el año en que se comenzó el Parque del Este, se dio inicio también en Venezuela a la silenciosa transformación del arte del paisaje. Transformación que luego por su inmensa difusión, por su continuidad en el tiempo y por su cotidianidad, hoy parece algo de lo más usual, y nadie se detiene demasiado a pensar en ella. No obstante, cada vez que se vuelve sobre los textos que relatan la historia de este parque, nos encontramos con los hechos fundacionales del paisajismo venezolano. Una era nueva radicalmente distinta se iniciaba -como también lo estaba haciendo en el resto del mundo-, gracias a la obra innovadora del maestro Burle Marx. En los nuevos viveros construidos en el territorio de la antigua Hacienda San José-La Ciénaga, además de las especies autóctonas de la flora nacional, las palmeras, las orquídeas, las aráceas, los Philondendron, los Anthurium, se incubarían los artistas futuros del nuevo arte del paisaje local y de la nueva jardinería tropical. 19

Los trabajos del Parque del Este continuaron su curso ininterrumpido hasta 1964, y, luego de décadas de intenso uso por la población capitalina, en 1998 el Instituto del Patrimonio Cultural declaró al Parque del Este como Bien de Interés Cultural de la Nación 20. Esta declaratoria comprendía la protección de todos sus ambientes, desde "los jardines ecológicos, xerófito, higrófilo y de bosque tropical húmedo; los patios formales con jardineras y fuentes de agua; la colección de la fauna; escuela de jardinería y viveros; planetario; Museo del Transporte, el lago para remar" hasta la de un objeto ajeno al diseño original instalado lamentablemente en contra de la voluntad de Burle Marx en el lago en los 1970s, una réplica de la nave Santa María de Cristóbal Colón.21

El uso del parque se ha intensificado muchísimo, llegando prácticamente hasta casi colapsar. Eso ha minado las fronteras de su protección. Las alteraciones al proyecto original se multiplican, la flora superficial casi se ha perdido en su totalidad y, al distanciarse su epopeya en el tiempo, cada vez pareciera que es más susceptible de mayores irrespetos y transgresiones. Tal es el caso de todas las construcciones ilegales que pululan hoy en día dentro de esta obra de arte, kioskos, construcciones, barandas, siendo la mayor y más grave de todas la conocida como Proyecto Leander, en construcción desde mediados de 2008 en el Lago 9.

Cabria preguntarse cómo es posible que una situación así haya sido permitida en esta obra tan fundamental en la historia de la arquitectura paisajista moderna. Todo comenzó, evidentemente, con el error de la construcción de la nao Santa María en el Lago 9, y los errores se pagan caro. En los años 1970s, cuando se instaló la nao, según refiere Leandro Aristeguieta, el maestro Burle Marx manifestó repetidamente su disgusto por ese hecho, al que calificaba de una “barbaridad” que arruinaba el diseño y la coherencia del Parque del Este. Claro, entonces era la década oscura de las ciudades –no solo en Caracas-, cuando la memoria urbana era golpeada y obviada por completo (circa 1970 en Caracas no se había entendido aún la importancia de la conservación del patrimonio moderno).

El abandono galopante del parque llevó, entre otras las cosas, a que este barco se pudriera, volviéndose inutilizable. Sin ser removido, era diariamente un espectáculo lamentable. Es en ese contexto es que es posible que en 2006 un grupo de personas seguidoras de la gesta del prócer de la Independencia de Venezuela, el generalísimo Francisco de Miranda, y en medio del contexto político de la revolución bolivariana (que, como es bien sabido, es detractora de todos los imperios, entre ellos, el español), convencen al presidente de la República de sustituir la nave de Colón por una réplica del Leander, "el barco de la libertad". Con éste Miranda había llegado a las costas de Venezuela para liberarla, y de esta manera, también, según este grupo, se saldaría una "deuda con la historia" en el Parque del Este.

El asunto no habría pasado a mayores si efectivamente un barco hubiera sido sustituido por otro de iguales características. La declaratoria de 1998 incluía la protección de este elemento en el Lago 9, y eso nadie lo puede deshacer. Una embarcación flotando en el agua siempre puede ser removida, y es una intervención reversible. El problema es que con los inmensos presupuestos que maneja el actual gobierno de Venezuela, la tentación fue demasiado grande, y de un simple barco se pasó a un ambicioso edificio que afecta un tercio del lago y todo el paisaje cultural diseñado del parque. Un escándalo.

 La comunidad no hizo nada en contra del proyecto hasta el momento mismo de inicio de las obras, justamente porque la ciudad entera creía que la intervención se limitaba a cambiar un barco por otro. Pero cuando a mediados de 2008 se levanta una enorme reja bloqueando una quinta parte de la superficie del parque, los usuarios se quedaron atónitos y entendieron la realidad gigantesca del proyecto. Fue entonces cuando comenzó la protesta ciudadana que da origen al Comité para la Defensa y el Rescate del Parque del Este.

Por las limitaciones de la condición patrimonial del parque, el Proyecto Leander se concibe como un museo subterráneo bajo el Lago 9 unido a una inmensa construcción superficial de diez pisos de altura que simula el nuevo barco, un verdadero "edificio" hecho en estructura metálica y revestido de madera y que se presenta como de última tecnología. En esa parte del Lago 9 que tiene debajo el museo ya no se podrá remar más. Lo cierto es que, una vez abierta la nueva atracción cultural, el parque temático amenaza con convertir todo el parque en su servidumbre.

Los pretendidos subterfugios "patrimoniales", sin embargo, fueron suficientes para que fuera autorizada la construcción del Proyecto Leander por el mismo Instituto del Patrimonio Cultural que hiciera su declaratoria en 1998. Ni más está decir que una inmensa polémica se desató. Hasta ahora, las acciones legales contra la autorización al Proyecto Leander se han perdido en los tribunales, pero el Comité para la Defensa y el Rescate del Parque del Este continua en su lucha.

Cabe agregar que Francisco de Miranda, en su prolífica y ejemplar vida, fue uno de los grandes defensores del patrimonio de su tiempo, siendo considerado como “ideólogo de la conservación de los bienes culturales”. Durante sus años en Francia fue el interlocutor de excepción de Antoine Quatremère de Quincy, el gran filósofo de la conservación y célebre autor del Dictionnaire Historique d´Architecture, en las célebres Cartas a Miranda (1796).22 Algo que pocos saben… empezando por los abanderados del Proyecto Leander. ¿Qué pensaría si el general Miranda hoy si se enterara de que se quiere “honrar su memoria”, haciéndole un museo que desfigura un bien cultural declarado que califica como candidato a Patrimonio de la Humanidad, forzando a contranatura su genuino proyecto, y sentando el consiguiente precedente nefasto para las generaciones futuras? ¿Qué pensaría frente al antimonumento, que dedicándose a su gesta iluminadora condena sus espacios al foso oscuro de un lago, porque los promotores y los que lo diseñaron se sienten tan culpables de lo que están haciendo que se han visto obligados a enterrarlo, a desaparecerlo de la vista debajo del agua, a ocultar la evidencia de su crimen patrimonial?

El asunto también se complica si se analiza la naturaleza arquitectónica del “homenaje” que se pretende construir y su instalación forzada dentro del ámbito de un paisaje burlemarxiano, un patrimonio moderno protegido, que no es solo patrimonio de Caracas y de Venezuela, sino de toda América y del mundo. Y ahí viene a relucir otra verdad: el que las historias no se sustituyen, y el que la historia de la Caracas moderna es también motivo de orgullo y de responsabilidad para los venezolanos.

A nadie se le ocurriría en el mundo desfigurar una obra de Burle Marx de semejante importancia, desvirtuando su condición original de museo ambiental y botánico único en su especie para hacer un parque temático. Ni tampoco confinar la gesta mirandina a un sótano, en las vecindades de la furia impredecible de las aguas subterráneas circundantes (La Ciénaga). Tampoco se justifica el ir contra la comunidad arquitectónica nacional y contra los usuarios, tan orgullosos de su parque y tan preocupados por su abandono y deterioro actuales, y violentar el paisaje sui generis del sitio, convirtiendo toda la obra -que nadie se explica porqué no podría ser motivo de un mayor y mejor expuesto museo al aire libre-, un perverso hueco, que lo único que tiene seguro en su futuro son filtraciones lloviendo sobre los documentos y deshumidificadores repartidos a granel entre el concreto para evitar que se enmohezcan las colecciones.

Hoy la defensa del Parque del Este, joya de la arquitectura paisajista, la obra más importante de Burle Marx, el Jardinero de América, continúa. El Proyecto Leander más temprano que tarde solo será recordado como una pesadilla pasajera que amenazó por breve lapso con sembrar de ruidosos y antiestéticos chillers y obstrusivas cercas las inmediaciones del magnífico Lago 9, espejo irrenunciable del Avila.23

La lucha por la conservación responsable y la preservación justa del Caracas Country Club y del Parque del Este, patrimonios modernos de los cuales Caracas es custodia ante el mundo, es ahora una causa colectiva.


Hannia Gómez. Twin Phenomena: Preservation and Modern Architecture in Latin America, Columbia Fitch Colloquium, GSAPP, New York City, 2009.


NOTAS
1.
Elías D. Mujica. "Cultural Landscapes and the Challenges of Conservation in Latina America and the Caribbean", Latin America/Caribbean. Cross-regional Dialogue for Landscape Conservation, World Heritage Papers 7, Cultural Landscapes: The Challenges of Conservation, World Heritage 2002, Shared Legacy, Common Responsability, Associated Workshops, Ferrara, Italy, 11-12 November, 2002.
2. "Their design premise was unique and based upon a broad and thorough study of the City and its patterns of growth. They looked at New York 's history (…) and they recognized that the city would expand dramatically around the park…".2
Morrison H. Heckscher. Creating Central Park, The Metropolitan Museum of Art, Yale University Press, New York City, 2008, p. 27
3. El Caracas Country Club, su Casa Club y la Urbanización Valle Arriba forman parte del I Censo Nacional del Patrimonio Cultural 2004-2005 realizado por el Instituto del Patrimonio Cultural, y declarados Bienes de Interés Cultural de la Nación en la Gaceta Oficial de la República Bolivariana de Venezuela, Nº 38.234. Caracas, 22 de julio, 2005.
4. Hannia Gómez. "Olmsted en Blandín", Papel literario, El Nacional, Caracas, 2006.
5. E.D. Whiting & W.L. Phillips. "Frederick Law Olmstead - 1870-1957: Appreciation of the man and his achievements", Landscape Architecture, April, 1958, pp.145-157.
6. Coronel William Duane (1822‑23). Viaje a la Gran Colombia, Filadelfia, 1826.
7. http: www.nps.gov/
8.
José Luis Colmenares. Carlos Guinand Sandoz, Colección Documentos para la Historia de la Arquitectura Venezolana Contemporánea, Claderca, Caracas, 1989, pp. 80‑82.
9. http: www.nps.gov/
10. Leszek Zawisza. Inventario del Patrimonio Arquitectónico Venezolano,
Código MI-L.4-1-M, Ficha No. 1/11, Centro de Investigaciones Históricas y Estéticas, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, UCV, Caracas, 1988.
11.
Intervención de Saskia Chapellín. "Sobre el futuro urbano de la Urbanización Caracas Country Club y sus áreas de influencias ", Mesa de discusión, Maestría y Taller de Diseño de Tejidos de Extensión, XII curso de Postgrado en Diseño Urbano, Instituto de Urbanismo, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Central de Venezuela, Cámara Inmobiliaria de Caracas, Caracas, Martes 27 de Octubre, 2003.
12. Comunicación de la Fundación de la Memoria Urbana al Instituto del Patrimonio Cultural. Caracas, 30 de Octubre, 2003. Archivo Fundación de la Memoria Urbana.
13. Anita Berrizbeitia. Roberto Burle Marx in Caracas: Parque del Este, 1956-1961, Penn Studies in Landscape Architecture, University of Pennsylvania Press, December, 2004.
14. J.L. Colmenares, J. L. Op.Cit., pp. 214-219.
15. Mariano Goldberg.
“Parque del Este”, Guía de edificaciones contemporáneas de Venezuela, Caracas, Parte 1, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Caracas, 1982, pp. 164-165.
16. Leandro Aristeguieta. “Parque del Este, sus plantas y sus ambientes”, revista Integral, 4, 1974.
17. M. Goldberg. Op.Cit., pp. 164-165.
18. A. Berrizbeitia. Op. Cit.
19. H. Gómez. "Juegos florales", Papel literario, El Nacional, Caracas, sábado 4 de Octubre, 2008.
20. "El Parque del Este constituye el máximo ejemplo con que cuenta el país de diseño paisajista, a escala urbana. Roberto Burle Marx, logró una ambientación de altísima calidad, conjuntamente con una infraestructura física articulada alrededor de las necesidades funcionales concebidas para la recreación de un vasto ámbito popular. En su diseño se incorporaron, según la metodología de su autor, especies representativas de la flora tropical, logrando así una ambientación botánica excepcional. El Parque del Este ha adquirido, por las razones anteriores, la calificación de importante hito cultural para la ciudad de Caracas", Gaceta Nº 36.490, Caracas, 7 de Julio, 1998.
21. M. Goldberg. Op. Cit., pp. 164-165.
22. All
í se refleja la importancia que tenían para nuestro prócer el patrimonio, la defensa del lugar original de los bienes culturales y la preservación de su legitimidad en el tiempo. Antoine Quatremère de Quincy. Cartas a Miranda. Sobre el desplazamiento de los monumentos de arte de Italia, Instituto del Patrimonio Cultural, Caracas, 1998.
23. H. Gómez. "El antimonumento", Opinión, El Nacional, Caracas, Martes 23 de Septiembre, 2008.






Presentado en: Twin Phenomena. Preservation and Modern Architecture in Latin America, Columbia Fitch Colloquium, GSAPP, New York City, 2009.