miércoles, 5 de mayo de 2010

Carta abierta a Fantômas


Le retour de la flame. René Magritte, 1942.



Cher Monsieur,


Válgome del presente medio de comunicación para poder llegar hasta usted, dondequiera que se encuentre, para que se entere directamente o esperando que alguno de nuestros contactos le ponga al tanto de los acontecimientos. Esta semana (1991) en los espacios de la Galería de Arte Nacional de Caracas ha ocurrido finalmente lo que esperábamos: ¡Han conseguido organizar una muestra sobre la obra arquitectónica de Manuel Mujica Millán! No, no es una falsa alarma más; en realidad, se trata de la que tánto anhelábamos que por fin se realiza.

Sí, una gran ocasión. En estos momentos estoy alistando mi traje de etiqueta para asistir al cocktail inaugural, porque mientras escribo aún no se ha inaugurado la exposición. Por ello desgraciadamente no tengo aún en mi poder el listado completo del material que se va a exponer. Le ruego que restablezca la comunicación conmigo a través de la vía usual para que pueda hacerle un recuento más exacto de los dibujos, bocetos, acuarelas y gouaches que revisaré con detenimiento esta noche confundido entre los presentes, procurando no despertar sospechas.

De todas maneras, le adelanto que son tanto o más maravillosos que los que ya tiene en la espléndida colección privada que reposa en su guarida. Aparentemente, se van a mostrar dibujos largamente fuera de circulación, extraídos de los lugares insólitos que sospechábamos: despachos de rectores, arcas de abuelitas merideñas, oficinas de arquitectos, casas parroquiales, así como de lo que nosotros mismos nos dejamos del botín de la colección de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, ¿recuerda? Se rumorea que parece que se expondrán las plantas a lápiz de la Universidad de Mérida, las acuarelas de la Iglesia de Maracay (cuya fachada incluye en su linaje a las iglesias del mismísimo Josep María Jujol), los dibujos intimistas de los patios y jardines de las casas de Caracas, y las viejas reducciones de la Catedral de Mérida (los originales desgraciadamente siguen pegados a tablones), piezas que serían por supuesto indispensables para completar el rompecabezas magnífico de la obra de Mujica. ¡Un rompecabezas que solo usted podrá disfrutar ver completo!

Pues bien, este botín ahora ya lo hemos reubicado. Me parece que el viejo Museo de Bellas Artes es graciosamente vulnerable, con todos esos tragaluces y lucernarios y con ese patio (le envío los planos aparte). ¡Una tentadora oportunidad! ¡Digna de planearla con todo ingenio, como su fama lo amerita! Me parece que esta operación se asemeja en algo a su famoso robo del legado de Inigo Jones a la National Art Gallery, ¡una verdadera proeza que rayaba en lo artístico! Oh, ¡el genio legendario de Fantômas! Además, dicen que los especialistas de la Galería de Arte Nacional han logrado comenzar la restauración del papel en los más deteriorados, lo que nos ahorraría todo ese trabajo con terceros que tan peligroso nos ha resultado a veces. Esta vez no dejaríamos ninguna pista.

Espero sus órdenes. Me atrevo a sugerirle que quizás la mejor ocasión sea cuando haya bajado el mayor grueso del público en las salas de la Galería de Arte Nacional, dentro de unos días. También es justo que les dejemos disfrutar un poco del maravilloso legado del Arquitecto de Mérida al pueblo de Venezuela, sobre todo a las generaciones jóvenes. Ello quizás contribuiría a aumentar el precio de la colección. La arquitectura en este país, de haber sido la más desprestigiada de las Bellas Artes, está pasando a cotizarse y a apreciarse cada vez más, gracias a iniciativas como éstas.

Como puede ver, Maestro, se combina l´esprit du temps con el interés de su valiosa Colección de Arquitectura.

Alors, alistemos los guantes blancos, et allez-y !


Vieux ami.



Cartel para la serie de películas de 1913 con Fantômas como protagonista producidas por Gaumont y dirigidas por Louis Feuillade / Poster for the 1913 film series starring Fantômas, produced by Gaumont and directed by Louis Feuillade.


Open Letter to Fantômas

Cher Monsieur,


I avail myself of this means of communication in order to reach you, wherever you are, so you can learn directly by reading it, or hoping that one of our contacts puts you up with the events. This week (1991), in the spaces of Caracas' Galería de Arte Nacional, finally happened what we were expecting: they managed to organize an exhibition on the architectural work of Manuel Mujica Millán! No, it is not another false alarm; in fact, this is what we both longed so much for, finally achieved.

Yes, a great occasion! Right now I'm readying my tuxedo to attend the opening's cocktail, because as I write the exhibition has not yet been inaugurated. So unfortunately I still don't have the complete list of the materials that are to be shown. I beg you to restore communication with me through the usual way, so I can send you a more precise account of the drawings, sketches, watercolors and gouaches that I will carefully review this evening, unnoticed among the guests, trying not to arouse suspicion.

Anyway, I can forecast they will be equally or more beautiful than the ones you already have in the splendid private collection that rests in your lair. Apparently, they will display long out of print drawings, extracted from the unlikely places we suspected: rectors' offices, Mérida city grannies' coffers, architects' studios, parish houses, and well as from what we left behind from the collection of the Facultad de Arquitectura y Urbanismo's loot, -Remember? Rumor has it that they will seemingly expose the pencil drawings of the Universidad de Mérida, the watercolors of the church of Maracay (whose facade has in its lineage the churches of the very Josep María Jujol), the intimate drawings of the courtyards and gardens of the houses of Caracas, and the old copies of the Mérida Cathedral (the originals are still unfortunately glued to planks), pieces that of course would be necessary  to complete the gorgeous puzzle work of Mujica's oeuvre. A puzzle that only you will enjoy full view!

Well, so we have now relocated the loot. I think the old Museo de Bellas Artes is graciously vulnerable, with all those dormer windows and skylights, and with that courtyard (I send you the plans separately). A tempting opportunity! Worthy of planning with all wit, as your fame deserves! I think this operation somewhat resembles your famous theft of Inigo Jones's legacy from the National Art Gallery, a real feat that bordered on art! Oh, the legendary genius of Fantômas! Besides, they say that the specialists of the Galería de Arte Nacional have began the restoration of the most damaged paper works, which would save us all that work with third parties that we have found so dangerous sometimes. This time we won't leave no trace.

I await for your orders. I dare to suggest that perhaps the best chance will be in a few days, when the greatest majority of the public lowers in the rooms of the Galería de Arte Nacional. It is also fair to let the people of Venezuela enjoy some of the wonderful legacy of the "Architect of Mérida," especially the younger generation. This may also help to increase the price of the collection. The architecture in this country, having been the most discredited of all the Fine Arts, is beginning to be valued and appreciated more and more, thanks to museum initiatives like this.

As you can see, Master, l'esprit du temps combines with the interests of your valuable Architecture collection.

Alors, let's prepare the white gloves, et allez-y !


Vieux ami.


Publicado en: Cartas a El Nacional, EL NACIONAL, Caracas, Domingo 21 de Julio de 1991  
Published: Letters to El Nacional, EL NACIONAL, Caracas, Sunday, July 21, 1991.

sábado, 24 de abril de 2010

Quinientos años de forma urbana


Partitura de la polka La Sultana (f. El Zancudo, año II, Mes II, No. 6, Semanario de Literatura y Bellas Artes, Fundación Boulton).
 




Cada año, el 25 de Julio, las autoridades y todos los caraqueños celebramos el aniversario de la fundación de la ciudad: la tradición es antigua, y enlaza el día dedicado a Santiago Apóstol, patrono de España, con el acto ritual fundacional prescrito en las Ordenanzas de Población de las Leyes de Indias para todas las ciudades de América. Esta continuidad, que remonta los destinos de nuestra capital moderna a sus orígenes en el siglo XVI, es Caracas.

Analicemos el significado de dicha continuidad. Cada año celebramos esta fecha sin vestir disfraces de la época ni interpretar parodias de la historia. Caracas, evidentemente, es un asunto del presente, y no estrictamente del pasado. Aunque a su llegada algún turista descubra con asombro uno que otro de los fragmentos exiguos y austeros de la ciudad antigua entre la extensa fábrica moderna -el mayor valor patrimonial ante el mundo del que esta ciudad puede hacer gala- lo esencial no está allí. Para el caraqueño lo más importante es la visión estereoscópica de Caracas, la de su vida cotidiana yuxtapuesta cada instante a los niveles diferentes de una misma densidad histórica. Y es esta yuxtaposición la que hoy queremos volver no sólo tangible, sino también instrumental.

Las colinas y los antiguos sitios topográficos del valle aún se nombran por los nombres Mariches, Caroata, los Teques, Guayre, la Yaguara, Guaycamacuto, Catia, Anauco, Caracas…; los caminos y los enclaves urbanos aún se conocen como Avila, El Calvario, Caraballeda, Maripérez, El Valle, La Pastora, La Vega, Candelaria, Las Mercedes, Altagracia, Calle Real de Sabana Grande… las naciones indígenas, las provincias reales, las haciendas coloniales, las joyas modernas del pasado cohabitan con una fuerza más que toponímica en la capital contemporánea. Un acto ritual aborigen marcó para siempre la ocupación anímica del valle, como eterno belvedere monumental de sí misma y del paisaje. Otro acto ritual mediterráneo marcó eternamente la naturaleza urbana del corazón de la ciudad, que es lo que más cuenta en ésta y en todas las ciudades… No importa cuán lejos de lo urbano estén las suburbias: mientras el centro histórico exista como tal y mantenga sus valores, la ciudad existe y será una esperanza.

La vida cotidiana sigue marcando sus cambios al hilo del tiempo. Nuestra ciudad es mezcla intensa de lo antiguo con lo moderno, palimpsesto fértil de obligada relectura. No obstante, también cada día estamos escindidos por nuestra familiaridad inconsciente e ingrata con los antepasados que celosamente guardamos en los retratos de familia: somos susceptibles a la gloria de estos honorables ancestros y sus epopeyas, pero a la vez somos indiferentes a los objetos urbanos entre los cuales ellos vivieron. Soberbia e irrespeto del pasado, he aquí dos de los caracteres esenciales que se pregonan sin cuartel sobre nuestra vida caraqueña. Mas también: incomodidad por tanta amnesia, deseo de reinvindicar la memoria urbana y ansias de recuperar la reverencia ancestral, casi sacramental, al dios del lugar.

Nuestras universidades carecen de alguna asignatura que estudie la ciencia urbana en sus aspectos más cercanos a la arquitectura, la génesis y morfología de los espacios públicos, las tipologías y plantas urbanas, o las razones que modelan las ciudades al construirse en el tiempo. Otro tema ignorado académicamente es la memoria urbana, por lo que legiones de arquitectos y urbanistas se han venido graduando desde hace décadas sin conocer ni manejar siquiera un puñado de los lenguajes urbanos de Caracas. Esto debe cambiar, y personalmente he contribuído con varias iniciativas. En 1997 abrí y dicté la Cátedra de Historia de la Forma Urbana en el Departamento de Historia y Crítica de la Facultad de Arquitectura de la UCV. Allí estudiamos por dos años la evolución progresiva de las formas urbanas de París y de Caracas y elaboramos maquetas sucesivas a una misma escala. Desde 1992, publiqué varios textos centrados en la morfología y la memoria urbana, como por ejemplo “La ciudad perdida” y “El Valle sin retorno” publicados en dos ediciones aniversarias en el desaparecido Diario de Caracas y, más recientemente, el ensayo “La suburbia colgante” publicado por Princeton Architectural Press y en la recopilación de textos sobre Caracas de Tulio Hernández.

El rastreo de la historia de la forma urbana es también el tema del ciclo “Las Ciudades Invisibles de Caracas”, del cual ya hemos producido las “ciudades dentro de la ciudad” de Las Mercedes, Bello Monte, la Parroquia de Altagracia y San Bernardino, y estamos preparando la Parroquia el Recreo a dictarse este mes en las Jornadas de las Parroquias del Centro, que adelantan conjuntamente nuestras dos organizaciones culturales, la Fundación de la Memoria Urbana y el Centro de la Ciudad. Actualmente, según un proyecto que he basado en los mismos conceptos e investigaciones al hilo del tiempo, trabajo la Curaduría de la exposición “Caracas 1500-2000: Quinientos Años de Forma Urbana” a inaugurarse en el Museo Sacro la próxima Semana de Caracas (2002) con los auspicios de la Secretaría de Planificación y Urbanismo de la Alcaldía Metropolitana y con la asistencia del Centro de la Ciudad.

Así, la celebración de un nuevo aniversario de Caracas es una oportunidad para su redescubrimiento. Es necesario que los ciudadanos conozcan más y mejor el modus operandi y la naturaleza urbana de la ciudad que habitan. No puede quererse lo que no se conoce. A medida que la ciudad crece y se hace más inabarcable, analizarla para hacerla más comprensible para todos resulta impostergable para su gobernabilidad. Caracas ha demostrado ser infinita, y el rico yacimiento de sus historias inéditas así lo demuestra.




Caracas en 2003.





Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, Lunes 10 de Junio de 2002.

 

miércoles, 21 de abril de 2010

La bayoneta portátil

Monumento al Bicentenario del 19 de Abril de 1810, Plaza de San Jacinto (f. Rossella Consolini, 2010. Archivo Fundación de la Memoria Urbana).







El Centro Histórico de Caracas es, quién lo duda, el Sancta sanctorum de la capital, y por ende, del país entero. Con el paso de los años, hemos seguido de cerca cómo han ido aumentando poco a poco las protecciones sobre su territorio de trama colonial y sus episodios urbanos y arquitectónicos de todas las épocas. Mas, frente a los acontecimientos recientes, podemos decir que este proceso que apenas ha comenzado, es muy poco entendido por la mayoría.

¿Qué es un Centro Histórico? ¿Alguien por estos lares lo ha discutido públicamente alguna vez? Que yo sepa, no. Así que, así vamos: de la mano de la intuición del que le toque opinar, por ejemplo, en el caso reciente del polémico Monumento al Bicentenario, el Presidente de la República. Y me pregunto, ¿de qué ha valido hacer largas listas de declaratorias, censos, o catálogos patrimoniales, todos muy razonados, todos muy publicados en Gaceta Oficial, si la gente poco comprende la naturaleza de las protecciones que norman en el Centro Histórico? ¿Qué es éso, a fin de cuentas, un "centro histórico"? ¿Qué hace qu
e una plaza se le declare Monumento de la Nación, qué significa patrimonio moderno y qué patrimonio derivado, hasta dónde alcanzan las previsiones urbanas para los bienes de interés cultural, cuáles son los parámetros que protegen a la cada vez más menguada herencia urbana de Caracas?

Puestos frente al deseo muy válido de seguir interviniendo o erigiendo obras contemporáneas en el corazón de la ciudad, pareciera que a pesar de las protecciones, dado el caso, todo puede borrarse a placer, y todo vale… según el cristal con que se mire. Y así, hoy en Caracas, vale todo. Cualquier sentimiento, cualquier intuición: con tal de que se esgrima que "las intenciones son nobles".
 

¿O porqué ustedes creen que la Plaza Bolívar se salvó a última hora, escombros afuera y todo, de que se le montara en la Esquina de Principal entre Casa Amarilla y antiguo Palacio de la Gobernación la actual bayoneta que ahora tenemos atravesada en la pobre Plaza San Jacinto? No por los criterios de los funcionarios patrimoniales de turno, no: se salvó por Chávez -a quien, como a cualquier ciudadano - le pareció absurdo aquéllo allí. Gracias a Dios, pensamos entonces. La lástima es que la cosa no pudo repetirse en San Jacinto… pero eso fue, apostamos, por el apresuramiento y por la falta de tiempo. Y la acción se consumó, entre bombos y platillos.

Es una pena ver cómo no ha habido reflexión suficiente con la única plaza del Centro Histórico de Caracas que cuenta con una declaratoria individual de Monumento Histórico Nacional (publicada en la Gaceta Nº 31.341 del 17 de Octubre de 1977). Eso la hace, ad litteram, intocable, o al menos, obligaría a una discusión más amplia y profunda de su destino. 


Así vemos cómo la ubicación al norte de la plaza de la aguja de 47 metros, pone en entredicho la memoria urbana del sitio y ridiculiza la presencia de su único objeto histórico sobreviviente, el Reloj de sol de Alejandro de Humboldt (1803). Cuando la Plazuela de San Jacinto fue convertida en Plaza El Venezolano por Guzmán Blanco en 1882, éste la se mandó a rehacer en forma de plaza real, de la misma guisa que la Plaza Bolívar, pero con la estatua de Antonio Leocadio Guzmán al centro. Luego Tomás J. Sanabria en 1963 repetiría el esquema esta vez con el reloj como protagonista. Hoy, todo ello es olvidado por la desmesurada y autónoma bayoneta.

Podemos dar fe, no obstante, de que el susodicho obelisco_minarete_misil_cohete_ catalejo_ monumento_bayoneta fue erigido en el punto de la Cuadra de San Jacinto que al parecer menos compromete a los restos arqueológicos no visibles de los coloniales Convento e Iglesia de San Jacinto que subyacen por toda el área (especialmente en el interior del Pasaje Linares y del restaurante La Atarraya, ambos edificios declarados patrimonio) y de los cuales dan prueba documentos planimétricos antiguos, fotográficos y las prospecciones arqueológicas realizadas en el Pasaje Linares cuando se incendió en 1997. Creemos que nada más esta circunstancia merecería otra valoración ambiental, urbana, patrimonial, paisajística y de conjunto para toda la Cuadra de San Jacinto. Porque este es un vasto sitio arqueológico colonial (recuerden el Museo Nacional de Arte Romano en Mérida, España, de Rafael Moneo, 1986).

Estamos a tiempo, pues. Puestos desde la tribuna a ver la conmemoración del Bicentenario del 19 de Abril de 1810, le hemos encontrado una gran virtud al proyecto de nuestros colegas arquitectos: que ha probado ser sumamente portátil. Estructura tubular de hierro fácilmente desmontable y transportable, le auguramos y deseamos a la bayonette rojinegra una tercera y próxima reubicación, ojalá y con un espacio urbano monumental de nueva planta incorporado, en otro lugar (como al sur del eje del Bulevar Panteón, por ejemplo). Para que sea un sitio ad hoc donde se construya realmente una historia actual sin ir en detrimento o distorsión de la historia pasada, en este caso iniciada por el mismo padre de Bolívar en 1593, cuando emprendió la recaudación de fondos para dedicarle un templo en la ciudad a San Jacinto de Polonia.
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La Virgen y el Niño se aparecen a San Jacinto (f. Carracci, 1594. Musée du Louvre, Paris).




Publicado en: revista CAV (Colegio de Arquitectos de Venezuela), Caracas, Lunes 26 de abril de 2010.


domingo, 18 de abril de 2010

La marcha de la gloria

El Castillo de Monte-Cristo, la residencia construida por Alejandro Dumas en 1846.






1. La vigilia
Durante la observación respetuosa del paro y de las manifestaciones de los últimos días (2002), concurrimos también -en espíritu, al menos-, desde esta ciudad de Caracas a otra marcha gloriosa, celebrada esta vez en la ciudad de París: la que acompañó el traslado al Panteón, donde Francia venera a sus grandes figuras, de las cenizas del novelista y dramaturgo francés Alejandro Dumas (1802-1970), en la celebración de su bicentenario.

Los restos salieron del Cementerio de Villers-Cotterets (Picardía) en una larga ceremonia que gracias a la Asociación de Amigos de Dumas se convirtió en una verdadera puesta en escena, ya que incluyó en su recorrido una teatral vigilia realizada en el Castillo de Monte-Cristo (situado en Port-Marly, a veinte kilómetros de París), antes de proseguir el traslado hasta el Panteón por el Sena. Los marchantes iban armados de principio a fin de los libros favoritos del autor, de los que fueron ejecutando recitales durante todo el trayecto.

Tan apasionante y pacífica expresión callejera en lugares tan distantes fue un dulce consuelo en estos días, sobre todo cuando, acicateados por la curiosidad, nos lanzamos a la relectura del Conde de Montecristo intentando buscar más noticias sobre la fortaleza personal de Dumas, el físicamente real Castillo de Monte-Cristo, construido por el escritor-vuelto-arquitecto en 1846.

II. El Castillo d’If
En la novela hay trazos del legendario edificio en los capítulos ocho (“El Castillo d’If”) y veinte (“El cementerio del Castillo d’If”). Si Dumas había llegado a confeccionarse para sí esta construcción que “materializa las creaciones ideales de Las Mil y una Noches, tan espléndida, apabullante, original y rica es” (Léon Gozlan. L'Almanach comique, 1848), lo interesante sería saber cuánto de aquella primera y tenebrosa imagen pasó luego a ser arquitectura…

El castillo es divisado por primera vez por Edmundo Dantés desde el mar, en la distancia: “Dantés se levantó y miró al frente, y vió elevarse a unos doscientos metros la negra y crispada roca sobre la que se eleva el Castillo d’If, la sombría fortaleza, que por más de trescientos años ha alimentado tantas salvajes leyendas…” Otro tanto ocurrirá luego en el domaine de Monte-Cristo, cuando el edificio es avistado desde la Avenida Presidente Kennedy de Port-Marly, en medio su agreste parque a la inglesa. Observando el castillo real, éste también luce como una gran roca: su masa cúbica de piedra es una sola, y no está articulado, dando la impresión de haber sido colocado como una pieza exquisita en medio del parque, impresión que le llevó una vez a escribir a Honoré de Balzac que el castillo de Dumas era “la más real bombonera que existe” (Lettres à l'Etrangère).

El Castillo d’If tiene "buenas y gruesos muros” y un “patio rodeado de altas paredes”. La celda queda “casi bajo tierra”, lo que nos habla de sótanos, y “varios torreones”. Consecuentemente, vemos cómo el de Monte-Cristo enfatiza en sus temas justamente los torreones: desde lejos, son las dos torres coronadas con domos en foma de bulbo recubiertos de pizarra gris y las linternas con pilastras lo que caracteriza su arquitectura. El jardín, en este caso veinte hectáreas cuidadosamente diseñadas por el propio Dumas, quien lo ve como“una reducción del paraíso terrenal”, asemejan el vasto océano que rodeaba la isla en el texto original. De hecho, en un sitio predilecto de la propiedad, al que bautizará “La isla”, el autor construye una segunda follie en medio de un pequeño lago, y en ella, accediendo por un puente levadizo, un curioso pabellón para escribir al que titula “Castillo d’If”.

En este gabinete, las habitaciones son minúsculas, el estilo, neogótico, pura expresión del estilo Trovador, y sobre las piedras de los muros grabó en rojo los títulos de ochenta y ocho de sus obras. Animando los bajorrelieves de las fachadas, todo un universo literario se expresa. Aquí, Edmundo Dantès descubre su tesoro, allá, el monje con el asno de La dama de Montsoreau aparece bajo una ventana, y arriba, sobre la torreta, aparece el Duque de Guise de Henri III.

III. Dumas arquitecto
Gracias a la fortuna provista por el apabullante éxito editorial de Los Tres Mosqueteros, el escritor decide, en 1844, construir la casa de sus sueños. Ese año emprende la obra del castillo, que será, según Balzac, “más bello que la Villa Pamphilii”. Así le habla a Hippolyte Durand, el hombre que más que su arquitecto se convierte en el mero ejecutor de sus proyectos: “Va usted, aquí mismo, a trazar un parque inglés en medio del cual quiero un castillo Renacimiento, frente a un 'castel' gótico rodeado de agua. Como hay muchas fuentes, usted me hará varias cascadas”. Lo mismo ocurre con las legiones de decoradores y escultores que tratarán de seguir las órdenes de un proprietario cuyos proyectos evolucionan según su imaginación. Así, lo imaginario se vuelve realidad palpable.

Sobre la reja de hierro, igual que sobre las cubiertas, se pueden ver las iniciales “AD”. Mezcla de estilo Renacimiento, de rococó y de gótico, sobre las fachadas del castillo, Dumas pondrá bajorrelieves, ramos y rosetones. Sobre las ventanas hace colocar medallones con las caras de Homero, Virgilio, Esquilo, Sófocles, Terencio, Dante, Shakespeare, Lope de Vega, Corneille, Racine, Molière, Goethe, Schiller, Walter Scott, Byron… y de sí mismo, en una máscara enmarcada por dos arpías. En la parte alta de la fachada principal coloca esculturas de sus ancestros mulatos del Caribe, los Davy de la Pailleterie, al igual que su escudo de armas y su divisa: "J'aime qui m'aime" (“Amo a quien me ame”).

El Castillo de Monte-Cristo logró que Alejandro Dumas se arruinara, pero también que forzara su imaginación dentro de la razón arquitectónica. En la propiedad, hoy completamente restaurada, queda la atmósfera de su obra novelística tal y como el escritor la diseñó. Cuenta un testigo que al preguntársele:

- “Monsieur Dumas, ¿dónde sembraremos el parque?”
Y contestó el nuevo y glorioso huésped del Panteón de Soufflot:
- “Aquí, mi estimado amigo”.
- “Mas, ¿quién lo diseñará?”
- “Yo, mon cher. Este será mi parque literario”.


"J'aime qui m'aime" , divisa de Alexandre Dumas. Château de Monte-Cristo.




Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, Lunes 9 de dicembre de 2002.




sábado, 17 de abril de 2010

Plazas políticas

La Plaza de Los Palos Grandes (f. Febrero 2001, Estrellita_2009. Tomada de skyscrapercity.com)



 
         
Esta semana (2002) tuve la suerte de contarle la historia urbana de Caracas a un grupo de estudiantes de varios liceos del centro de Caracas gracias a una amable invitación que me hiciera la Casa de Bello. Luego de habernos paseado por las muchas imágenes de las arquitecturas caraqueñas, yendo de los monumentos a las casas, de los parques a las plazas, de los puentes a los templos y por las decenas de tipologías que éstos representan, y luego de haberles intentado explicar cómo fue el proceso de crecimiento de esta ciudad, una de las niñas de la primera fila se me acercó y me hizo esta pregunta:

-“Profesora, ¿Usted me podría explicar porqué en el centro de Caracas hay tántas iglesias?”

Yo, que me había propuesto llevarles un mensaje optimista y positivo a aquellos niños habitantes del devastado Centro Histórico, intentando rescatar su orgullo por el abandonado, depauperado, despreciado corazón urbano en donde estudian y su vida transcurre, me dí cuenta de cuán lejos ha llegado la amnesia de los caraqueños sobre cómo funciona una ciudad urbanamente saludable. Si aquella niña, habitante del centro, verdadera millonaria en plazas, iglesias y armónica arquitectura urbana de la mejor con que cuenta Caracas -por más inmunda que se encuentre en este tenebroso momento de su historia- no entendía las razones y las bondades de la densidad y el aglomeramiento, qué les quedaría al resto de los ciudadanos, que viven lejos de toda noticias de ciudad en unos territorios urbanos cada vez más desabridos, desarticulados e incoherentes.

-“Fíjate”, le dije, “¿recuerdas cuando hablamos de la fundación de Caracas, y que en torno a la Plaza Mayor, gracias a las Ordenanzas de Población descritas en las Leyes de Indias, se colocaron Iglesia y Ayuntamiento, a fin de que esa primera parroquia estuvieran bien asistida de todos los servicios y funciones? Pues bien, cuando la población parroquial creció más allá del límite numérico que decía la ley, la misma ley obligaba a fundar una nueva plaza, con una nueva iglesia y un nuevo ayuntamiento. Así, sucesivamente, se fueron mutiplicando las plazas y fundando las nuevas parroquias de Caracas, siempre de un número limitado de habitantes, para que todos tuvieran espacio público y servicios proporcionales a sus necesidades. Por éso hay tántas iglesias y por éso existieron también tántas plazas: porque no se debe crecer demasiado en la ciudad sin que existan espacios públicos para la expresión, el solaz, el placer y el esparcimiento urbano de los ciudadanos”.

Algo que luce tan natural, es bien sabido que en Caracas hace tiempo se olvidó: las parroquias pueden llegar a tener hasta un millón de habitantes y uno puede cansarse de caminar y caminar hasta lograr finalmente llegar a un nuevo espacio público. Las plazas de la ciudad hace demasiado tiempo que son las mismas de siempre. Aunque la ciudad haya crecido tánto, no hay nada que se le parezca a un nuevo espacio urbano para acompañarla en ese crecimiento. Las únicas nuevas “plazas” de las que se tiene noticia son las que designan a los suburbanos edificios residenciales o a los huecos infernales de los centros comerciales: el nombre “plaza” es usado vilmente para engañarnos prometiendo falsas calidades de paz o armonía urbana; y como el nombre, con sus reverberaciones sonoras, persiste en seducirnos, ello es vulgarmente utilizado para disfrazar a sus más tristes antípodas urbanas y arquitectónicas.

Pero, y ¿qué de las plazas de carne y hueso? ¿Qué de las de verdad? Abandonadas a su suerte, se han visto sembradas cada día más de los obstáculos más diversos que impiden su uso abierto: son el receptáculo preferido para todas las improvisaciones que se quieran inventar. Algo tan simple como las plazas han devenido el basurero municipal donde se acumulan tanquillas y casetas, y lo que es peor, nuestra desmemoria hace que a quienes se las encargan los pocos nuevos proyectos de plazas, generalmente lo que hacen es descargar toda su incontinencia constructiva en dichos proyectos, quedando como resultado al final unas plazas que no son plazas, plagadas de macro materas, macro rampas, macro brocales, macro pérgolas, macro bancos o macro escalones que se comen el espacio libre y se tragan una cantidad de dinero que así se ha perdido.

En estos días, en que los acontecimientos políticos han hecho que los caraqueños hayan “redescubierto” la calle, como se dice, es bueno que más allá de la conciencia de pertenecer a cualquier bando todos, como ciudadanos que somos aprovechemos para reaprender la lección urbana de las plazas, a ver si reempezamos a hacer algunas nuevas y a arreglar dignamente las que existen. Observemos y reconozcamos con justicia el valor que tienen unas plazas bien adecuadas y construidas con todas las de la ley (ley urbana, se entiende) para expresarnos políticamente, para desahogarnos, para oir a alguien u oirnos todos a la vez. Nadie pensaría jamás en irse a unas de esas “plazas” de los centros comerciales para un mítin o una vigilia, ni tampoco a nadie se le ocurriría escoger para estos fines esas plazas pobladas de obstáculos donde congregarse o descansar es imposible, o a esas otras mal llamadas “plazas” que lo que son es residuos abandonados del trazado vial que quedaron relegados y alguien les inventó por azar una estatua y un nombre. Todos se van a las plazas que sí son plazas como Dios manda.

Esa Plaza Altamira, esa Plaza O’Leary y hasta esa Plaza Caracas (que no era plaza originalmente en el proyecto del Centro Simón Bolívar, pero que salió bien aunque sea por carambola), son las arenas exitosas de nuestra vida política. Las podemos “usar” y “funcionan” bien porque cuentan con todos los elementos que hacen un espacio público: los rodea buena arquitectura, hay una armonía de alturas en todo su borde urbano, hay un pavimento contínuo y un espacio abierto de escala importante, son límpidos y sin interrupciones. Y eso no es gratuito. Se le llama buen diseño urbano y puede alcanzarse mediante un buen proyecto. Y si esa nobleza del espacio abierto confiere dignidad, solemnidad y efecto a nuestra vida política, mas nos valdría aprender la lección que hoy nos está recordando Caracas con sus grandiosas plazas políticas.


Plaza O`Leary (Postal. Archivo Fundacion de la Memoria Urbana.





 

Publicado en: Arquitectura, El NACIONAL, Caracas, Lunes 11 de Enero de 2002.



Directo al corazón

La Torre Pirelli (urbanity.es

 

  
De todos los edificios que hiciera Gio Ponti en Italia, es la Torre Pirelli (Milán, 1956), impactada fatídicamente el jueves pasado (2002) por una avioneta, la que más se conecta con la historia de la arquitectura moderna venezolana. Esta vez, el recuerdo del atentado del 11 de Septiembre contra las Torres gemelas, nos hizo por un momento entrar en pánico y temer la caída de éste rascacielos también, aún cuando fuera evidente que la magnitud del impacto y las características estructurales del edificio no lo hubieran permitido.

De todas maneras, a primera vista lucía muy sospechosa tánta puntería para clavarse justo en el medio del pecho a altura del piso 25, 26 y 27 frente frente a la Piazza del Duca d’Aosta, en el centro de Milán, a su vez, capital financiera de Italia. Por más de que se clame a los gritos de Mayday del siniestrado piloto, ya uno no sabe a qué atenerse hoy en día…vemos tántas cosas. Sin duda que es muy extraño, aunque en el momento que escribo esta columna ya las autoridades estaban dejado de lado la tesis del atentado terrorista, y estaban hablando del supuesto suicidio de un piloto de cierta edad, de suma pericia y de elevadas deudas.

En todo caso, ver a la hermosa torre pontiana acribillada, el “Pirellone” –como la llaman los milaneses- defenestrada, la lámina de vidrio contínua de 130 metros de altura de la que Ponti estaba tan orgulloso, vuelta añicos (los escombros y el impacto llegaron a atravesar el edificio y salir por la otra fachada, la norte), la escultural estructura concebida junto a Pier Luigi Nervi puesta a prueba justo cuando la torre está por cumplir medio siglo de gallarda presencia contra el cielo de la ciudad lombarda, nos ha dejado más que tristes.

Ponti, y su Studio Ponti, Fornaroli & Roselli, entró a diseñar la Torre Pirelli justo cuando venía de diseñar y estaba a punto de inaugurar la Villa Planchart (Diciembre, 1957) en Caracas. Ambos edificios comparten las mismas aspiraciones formales y teóricas de este punto en la vida del arquitecto, que hacia los años cincuenta deseaba expresar la “virtud meditativa y el deseo tenaz por la perfección formal, estructural del diseño”. En el Pirelli ésto se lograría mediante una sola palabra: exactitud. Es con el refinamiento de la expresión estructural del edificio que alcanzó su primordial importancia en la historia de la arquitectura. Cincuenta años después, sigue siendo el edificio más emblemático de Milán.

Es la Torre Pirelli un rascacielos limpio, radiante, que hace caso omiso de aquella máxima pontiana “la arquitectura es un cristal”.2 Tallado como un diamante, con una planta también en forma de diamante que alberga el famoso corredor que se adelgaza hacia los extremos, esta torre es, tal como lo calificara el mismo Ponti, sumamente “audaz y hermosa”, e influyente. Su volumen se parte en dos secciones: una hacia el frente, hacia la plaza, donde está la estación ferroviaria central y el centro de negocios de la ciudad, y otra hacia atrás, ubicando, como era típicamente pontiano y ocurre también en la Villa Planchart, los servicios (núcleos de ascensores y aseos) hacia la parte trasera, dejando libre a la arquitectura para que las plantas disfruten de las mejores vistas. Este hecho, unido a la fuerza que confiere a la estructura de concreto el núcleo de ascensores, contuvo al accidente a ir a mayores, ya que la avioneta no logró pasar de allí.

Dos largas ranuras verticales fueron practicadas en los cantos de la torre, enfatizando la liviandad de los planos de vidrio y concreto de las dos fachadas principales, aperturas que también están presentes en la Villa Planchart en las logias/balcones este y oeste mediante un recurso algo distinto de oradación de los planos laterales. También en la VillaPlanchart reconocemos el gran techo que remata la torre, esa alada visera de concreto que tánto ha influenciado a los arquitectos venezolanos en todas las décadas subsiguientes del siglo pasado y de éste. Ambos edificios hermanos, se adornan con un parecido y refinado sistema de valoración nocturna de sus arquitecturas, de una iluminación escondida que marca sus líneas.

La torre de concreto fue hecha para resistir el tiempo y el movimiento. Fue notoria la difusión en las revistas de arquitectura de la época del corte transversal del edificio, donde se apreciaban la mole de las tres filas de columnas que se adelgazaban hasta tocar la visera final, y los refuerzos horizontales de las placas. Dice Ugo La Pietra en su libro Gio Ponti que “uno de los problemas técnicos a ser resueltos fue cómo insertar elementos rígidos, como los paneles de la fachada y los paneles de las paredes móviles (en las oficinas), en una estructura de concreto reforzado sometida a oscilaciones elásticas”.3 Nadie se imagiba hasta dónde podría llegar los extremos de esa oscilación brutal en un trágico instante. El problema se resolvió fijando los paneles de vidrio de la fachada con una conexión del tipo “bloque silente”, que permite el movimiento independiente de todos los elementos. Esto es lo que nos hace ver cómo la fachada en el perímetro del boquete parezca incólume, limpia, apesar del destrozo absoluto a pocos centímetros.

“La forma finita”, escribía Ponti, “es decir, la composición, se enfrenta al infinito ritmo de las elementos repetitivos”.4 Era su deseo extremar la inventiva estructural como soporte de una nueva, genuina forma arquitectónica, “lejana de cualquier rutina estructural”. Esta búsqueda suya por la solidez constructiva, por la incorruptibilidad de los materiales, por luchar contra la falta de expresividad arquitectónica, debía “transportar el edificio a un plano poético”.5 Poética, sin duda que es hoy más que nunca la Pirelli, resistiendo con su arquitectura exacta el embate del tiempo, del conflicto y de la fatalidad.



La fachada de la Torre Pirelli tras el siniestro.




NOTAS
1. Leon Battista Alberti. De Re Aedificatoria.
2. Gio Ponti. Amate l'architettura.
3. Ugo La Pietra. Gio Ponti, Rizzoli.
4. G. Ponti. Op. Cit.




Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Lunes 22 de Abril de 2002. 






viernes, 26 de marzo de 2010

Entre el bien y el "mall"

La calle nunca podrá ser reemplazada.




                             
Las recientes discusiones en Caracas (2002) sobre el asunto de la avalancha de malls que se nos viene encima, me recordó una escena de la película Amélie.1 En ella, el pretendiente de la protagonista es interpelado por una amiga. El interrogatorio consistía en que ella dijera cómo terminan una larga lista de refranes (“No hay mal ¿que por bien…?”, “Más vale pájaro en mano ¿que…?”), asegurándole que “todo aquél que conoce bien la refranología no puede ser una mala persona”.

"Los arquitectos refraneros", pensé, "pues tienen aquí un nuevo chance". Manejando tan bien como manejan los refranes de resabios urbanos, han de ser generalmente siempre excelentes personas... más allá del bien y del “mall”. Basta recordar ese refrán tan en boga hoy en día en la discusión urbana y arquitectónica que valida infinitas propuestas de vanguardia: “Si no puedes contra ellos…” No importa cuáles sean los problemas, ni qué significa en la ciudad contemporánea “unírseles” definitivamente.

El mejor ejemplo de esta extensiva práctica es el arquitecto holandés Rem Koolhaas (a quien de ahora en adelante nos referiremos como “Rem”). Rem es, como ustedes saben, el más dilecto de los pretendientes del planeta para todo proyecto en ciernes, para toda situación urbana aún no catalogada, para toda mutación en busca de un arquitecto. Como buen candidato para nuevos proyectos, es un hábil manipulador de refranes, sobre todo si proclaman como en el refrán que hemos citado anteriormente que, ya que no podemos con la suburbia, ya que no podemos con el caos, ya que no podemos con el Urban Sprawl ni con los centros comerciales, entonces, ¡únamonos a ellos!

Así, un nuevo best-seller suyo ha aparecido para propagar la palabra. La palabra de Rem. Producto del gran-espectáculo-mediático-de-masas que viene organizando desde hace un buen tiempo en la Escuela de Arquitectura de Harvard, Ma. -de hecho ya totalmente suya- con el nombre de “Harvard Project on the City”; un ambicioso taller que inicialmente llamábase Proyecto sobre lo que Era una Ciudad, pero cuyo nombre fue cambiado por ser demasiado hiriente.

El reciente proyecto editorial, numerado “2”, se titula Harvard Design School Guide to Shopping y nos ilumina definitivamente sobre qué hacer con la marea de construcciones comerciales y con las embarazosas tipologías que están llegando a las ciudades de vuelta de las suburbias.2 Esos monstruos del campo, que invaden el paisaje urbano del siglo XXI bajo las formas omnívoras de los hipermercados y de los malls de nueva planta. El nuevo ladrillo de Rem, negro esta vez (se ha empeñado en sacar uno por año), trata de "captar y descrifar las actuales mutaciones a fin de desarrollar una nuevo marco conceptual y un vocabulario para fenómenos que ya no pueden ser descritos con las categorías tradicionales de la arquitectura, del paisaje y del planeamiento urbano”. El proyecto actual investiga el impacto del comercio en la ciudad dentro del proceso de globalización. La visión es exactamente la del refrán.

Paul Goldberger, en su prestigiosa columna The Sky Line de la revista The New Yorker del pasado 28 de Marzo de 2002, titulada “Emporios High-Tech”, husmeaba en esta sospechosa crítica-homenaje a los paradigmas del comercio de la era de la tecnología.3 “Koolhaas”, decía sonriendo, “tiene buenos instintos de marketing”. Goldberger pone en duda sus académicas intenciones, denunciando sozlayadamente lo que a todas luces se ve como una pesca global de agujas azules proyectuales en mares exóticos y de venta sofisticada de nuevas mercancías arquitectónicas (citemos una frase reciente de Rem: “Hay que empezar a vender a la arquitectura junto con las carteras”).

Aclara The Sky Line que “a juzgar por la veneración con que los pronunciamientos de Koolhaas son recibidos, uno podría pensar que él dió con la más reciente hallazgo sobre el paisaje popular desde Venturi”. De hecho, Venturi y Scott Brown (autores del célebre manifiesto urbano Aprendiendo de Las Vegas (1972) son entrevistados en este libro por Rem (“Re-aprendiendo de Las Vegas”).4 Allí proclaman, entre otras menudencias, que la arquitectura ha muerto, para ser reemplazada por las iconografías comerciales del tercer milenio. Brindemos.

Pero éso es tan de Rem. Lo suyo siempre ha sido escandalizarnos, para que, embelezados, sucumbamos en sus brazos. El caso es que siempre ha basado su celebridad, “no en la belleza de sus composiciones sino en el poder de su retórica, adorando vocear sobre lo pasada que está la ciudad tradicional, y sobre la falta de significado que tiene el espacio público en la era de la tecnología”. El sí que se aprendió bien la lección de Las Vegas de 1972, cuando se decía que aprender del paisaje existente es una forma revolucionaria de ser para un arquitecto.

Hoy, cuando su más reciente arenga nos trata de convencer de que el comercio “con sus formas progresivamente predatorias ha infiltrado, colonizado, e incluso hasta reemplazado, casi todos los aspectos de la vida urbana”, quizás podamos defendernos de ella contemplándola sólo como éso: como una fachada magnífica que pretende echarnos el guante para que le permitamos construir ese edificio infinito con aire acondicionado con el que tanto sueña, o algún Reality Mall tipo la Calle Real de Sabana Grande en el mejor espíritu iconográfico-tecnológico de City Walk, Los Angeles.

Y, si “para muestra basta…”, veamos algo del apetitoso contenido de esta sublime trampa arquitectónica: ágoras, mercados, bazares, bolsas, arcadas, tiendas por departamentos, galerías, automercados, shopping malls, Wal Marts, outlets, franquicias, aeropuertos, estaciones, museos, hipermercados, supertiendas, strips; los espacios comerciales Disney; las tiendas por departamentos “de arquitecto”, desde la Carson Pirie Scott de Louis Sullivan (Chicago, 1903) hasta el centro comercial del Friedrichstadt Building (Berlín, 1996) de Jean Nouvel, y, finalmente, las plantas comparadas de todos los malls, tal como hiciera en los años 70 Perspecta (la revista de arquitectura de Yale) con las obras maestras de la arquitectura universal.


Harvard Design School Guide to Shopping (2002).







NOTAS
1. Jean-Pierre Jeunet. Amélie, Canal +, Paris, 2001.
2. Rem Koolhaas, Jeffrey Inaba, Sze Tsung Leong y Judy Chuihua Chung. Harvard Project On the City 2, Taschen, 2001.
3. Paul Goldberger. "High-Tech Emporiums; Prada and Toys R Us have much in common", The Sky Line, The New Yorker, Marzo 28, 2002.
4. Robert Venturi y Denise Scott Brown. Aprendiendo de Las Vegas, 1972.





Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, Lunes 8 de Abril de 2002. 





sábado, 20 de marzo de 2010

La Calle Real Strikes Back

Renovación urbana en la Calle 42, Nueva York (1990).




1. Broadway
Hay calles que se asemejan. En especial si han cumplido una misma función. Tal es el caso de Broadway y la Calle Real de Sabana Grande. Una era el camino diagonal que partía de New Amsterdam en Manhattan hacia el norte para comunicarla con tierra adentro; la segunda, de la misma guisa, salía del centro para abrirse camino al este entre los hatos y las haciendas, rumbo también al hinterland. Calle de Naciente la llamaron en sus comienzos. Un bello nombre.

Por antigua (dicen que el camino ya lo habían trillado los Toromaymas y los Mariches para visitarse) esta Calle Ancha iba a su aire y geometría zurcando el valle, más o menos paralela al río… Si de la misma suerte que en Nueva York la retícula del casco central se hubiera extendido infinita hacia el este como originalmente se pretendía por todo el valle, la Broadway caraqueña la hubiera cortado azarosa, dejando a su paso en la trama neoyorkinas triangulaciones urbanas tipo Times Square y aristas tipo el Flatiron Building… Mas no fue así, aunque obliga a al Eje Mayor de Caracas a amainar su paso para acusar la presencia rural de una "sabana grande". En este combarse un poco, la calle le rinde tributo sin que nos demos cuenta a sus olvidadas capas urbanas trazadas por carretas, dantas y diligencias.

Por ser sede inmemorial del tránsito y del viaje, ambas calles en su inexacto discurrir lineal, han guardado y detentan exacta vocación de puerto, vaudeville y estación. Por allí transcurrimos como viajeros, a la búsqueda de nuevas experiencias, con cierto vértigo por la aventura inminente, y como marchantes, intercambiando mercancías. Ambas broad ways son así en sus respectivas ciudades sedes urbanas del espectáculo y del comercio.

2. Radio City
La vocación de un lugar marca un destino que lo somete a innumerables renacimientos. La Calle Real de Sabana Grande, de haber estado tan vigente una vez (todo caraqueño tiene una historia en Sabana Grande), no ha dejado -a pesar del deterioro- de ser sentida como el centro comercial, intelectual y de entretenimiento de la ciudad.

Si la decadencia y la caída forman parte del mismo arco urbano, ya estamos remontando de nuevo la cuesta del redescubrimiento. Con la reciente decisión del Cabildo Metropolitano de traspasar este principal recinto urbano a manos de la Alcaldía Metropolitana, estamos a la puerta de su recuperación. Súmesele a ésto que toda el área circundante presiona con sus nuevos centros comerciales y actividades de diversión, con sus tiendas y franquicias y restaurantes temáticos -que hasta ayer soñaban cualquier mall suburbano- pero que ahora aspiran estar cerca de nuestra primera calle porque, digan lo que digan, ésta los sigue atrayendo.

Sabana Grande fue la madre del Centro Comercial Chacaíto, es la madre del Centro Comercial El Recreo y también lo será de los desarrollos comerciales de la Zona Rental Norte. Genius loci, territorio imantado, radioactivo, Radio City.

3. De 42nd. Street a la Calle Real: ¿Un proyecto para Disney Co.?
Con sus buhoneros y su anarquía, su falta de vigilancia y su abandono, sus palacios del cine y tiendas legendarias que a pesar de todo no cierran, la Calle Real se asemeja también a la neoyorkina Calle 42. Tiene su mismo tipo de “Pre-GAP allure”, su misma vocación noctámbula… y hasta su mismo deterioro reciente y perspectivas de cambio total gracias a un Plan Urbano a Corto Plazo.

Hasta hace muy poco (1978) en 42nd. Street había el doble de crímenes callejeros que en cualquier otro lugar de Nueva York. En 1984, el director de la Comisión de Planeamiento de la Ciudad aseguraba que esta era “la calle donde la ciudad perdió el control". Llena de tiendas porno y de mercancías baratas, era un desastre. Mas, como dijo el Chairman de Disney Co. Michael Eisner, “un desastre muy romántico”, y con mucho potencial.

Ese año, la ciudad presentó el “42nd Street Development Project”, cuya tarea era "reclamarle" el área al crimen y a la degradación. Pero lo más interesante de este programa de renovación urbana fue su polémico leimotiv: construir un mall en la ciudad con la ciudad misma. Aunque fue duramente criticado cuando se desarrolló (aún hoy -2002- se siguen inaugurando proyectos), lo que vino después en el mundo, es decir, la sanguijuela en la yugular de las urbes en que se han convertido las grandes superficies, enguyendo la actividad urbana varios kilómetros a la redonda, permite que hoy volvamos a ver con nuevos ojos esta posibilidad que tan disparatada nos parecía entonces, planteada por Robert A.M. Stern.

Es Stern, miembro del board de Disney, quien le cuenta a Eisner sobre el derruido teatro de New Amsterdam y de las calidades urbanas y arquitectónicas de la calle. Para echar el cuento corto, el involucramiento definitivo de Disney y su voto de confianza a la ciudad se convirtió en el turning point de toda el área, alentando a otros inversionistas. Una nueva corporación local, la “New 42nd Street Inc.”, veló por la restauración de los teatros, la incorporación de nuevas atracciones, como vastas salas de cine multiplex, y enarboló la memoria urbana del lugar como el emblema del proyecto. Este buscó recrear el ambiente y los usos de su momento más fulgurante (que en Sabana Grande serían los 50’s y los 60’s). La ciudad se vió en la extraña circunstancia de tener que planear algo que estaba supuesto a lucir como no-planificado.

Y hasta ahora parecen haber tenido éxito, a pesar de los temores de de que la cuadra podría haberse convertido en un Disney World de 270 metros de largo. Pero en en uno que llueve y se moja, donde no hay control climático, donde todo respira. Una calle muy real y no City Walk en Universal City. Los croquis de 42nd. Street muestran una versión repotenciada de sí; viejas y nuevas arquitecturas yuxtapuestas, mezcladas con vallas luminosas que intensifican la memoria colectiva del lugar en los códigos de diseño urbano.

Finalmente,en 1992 los líderes comerciales del área garantizaron que el vecindario se volviera limpio, seguro y acogedor, colocando sus propios trabajadores de limpieza y de seguridad en la calle, y mejorando la iluminación de las aceras. Por cierto, ¿sabían que Disney Co. Latinoamérica tiene su sede actual en Sabana Grande?

4. Living Well is the Best Revenge

Todos queremos que nuestra Calle Real de Sabana Grande se revitalice lo más rápido posible. Nada de mercados de buhoneros. Cuando la calle reviva, habrá trabajo formal para todos: en los cines, en los estacionamientos, en las tiendas, en los cafés, en los hoteles, en los restaurantes, en las boutiques, en las joyerías. Para ganarle a la ofensiva suburbana y a la marginalizante en contra de la ciudad, hemos de contraatacar con la ciudad misma. Como diría Ada Louise Huxtable: “hay que re-inventar Sabana Grande”.
 


Imágenes del 42nd Street Development Project. 




 
Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, lunes 25 de Marzo de 2002.


sábado, 13 de marzo de 2010

Fuera de la ley

 Jean Nouvel. Torre Aguas de Barcelona. Barcelona (1999). 




  
Nadie que se llame Chantal podría actuar de otra manera. Ese nombre marca a cualquiera… más si se trata de la curadora jefe del gran arquitecto francés contemporáneo Jean Nouvel, Chantal Béret. En su nombre ya estaba comprendido, ya se anunciaba, todo lo que sería la exposición que organizase en el Centro Georges Pompidou. Chantal.
 
Lo dijo Michel Volkovitch en su libro Verbolario (para el uso de escritores y lectores): “en una página de Du côté de chez Swann, titulada 'Encanto de los nombres', Proust analiza el efecto que producían sobre él ciertos nombres de ciudades: Parma, Vitré, Coutances, Questembert, Pontorson… diciendo: 'el nombre Parma me parece compacto, liso, malva y suave, con su sílaba pesada, donde no circula ningún aire… en cambio, Vitré, cuyo acento agudo lamía de madera negra el vitral antiguo'”.1 Esto también podría ocurrir con los curadores de arquitectura. Sigue Volkovitch: “uno podría igualmente estudiar los nombres propios inventados, aquellos a los que los autores encargan expresar, resumir, todo el carácter de un personaje o de un lugar ficticio. ¿Porqué Vautrin, Goriot, Bovary, Homays, Swann, Verduryn?” O también, ¿porqué Chantal?

Digamos que era lo más apropiado. Se trataba de hacer un show donde se respirase el más puro espíritu de los tiempos. Seducir absoultamente a todos. A tout le monde. Si la gran exposición retrospectiva de Jean Nouvel debía simular la visión personal de su arquitectura, debería “petrificar” el momento cultural. Capturar las ondas, ser el sismógrafo sensible a todas las mutaciones. Debería absorber dicho espíritu de los tiempos, especialmente de lo no-arquitectónico: “los estallidos de lo real, las emociones fugitivas de las luces de los aeropuertos, de las autopistas, de los carros, de las líneas eléctricas, de las suburbias, de las vallas, de las imágenes, de lo trivial, del estado actual de las cosas, de las tecnologías de punta, de los fotones, de los fractales, de Wenders y Goddard, Blade Runner, James Turrell, Anish Kapoor, Jenny Holzer, Richard Serra, Foucault, Deleuze…” y de la moda, claro está.2

Si Nouvel, para Chantal, era también Prouvé, Mies van der Rohe y sobre todo Archigram, entonces ella, Chantal, para el Pompidou, devendría Chanel/Lagerfeld, Saint-Laurent, Wallpaper y hasta el Buddha Bar, todo aderezado por el espectacular patronazgo digital de Samsung. La exposición de arquitectura “Jean Nouvel” se comprendería como el “set” Jean Nouvel, la “novela” Jean Nouvel, el “recital” Jean Nouvel, el “desfile” Jean Nouvel, y Chantal, vestida de negro, inspiraría la puesta en escena en un catwalk. Sólo le faltaron los DJ’s… si es que decidimos no tomar como música de “ambiance” el cliquear parpadeante de los video beams unidos a la voz electrónica de Nouvel desde las pantallas planas: “Les propongo una sucesión de inmersiones en micromundos como ecos de nuestro mundo, y a cada uno sus propias resonancias”. 

Chantal se dió la vuelta, e hizo un mohín displicente ante el directorio del museo. Para exponer a Nouvel, para poder mostrar su arquitectura crítica, su memoria activa, su hiperespecificidad, su darwinismo arquitectónico, su singularidad, su poética, su “estética del milagro”, había decidido estar, como él, “fuera de la ley”. Su proyecto de exposición, al igual que la Torre Aguas de Barcelona (el ícono central del show), que, muy a la Foucault, “no es una torre”, tampoco sería una exposición.

La imagen bajo todas sus formas contituiría su dispositivo esencial, y para develar la clave de todos los placeres, de todos los misterios de la seducción arquitectónica nouveliana haría “una historia discontinua, una especie de novela sin palabras, una pluralidad de aproximaciones para dirigir la mirada, entre la distracción y la demostración, la reflexión y la fascinación, y dar cabida a una percepción flotante del espacio arquitectónico”. Haría una caja de imágenes mágicas. Con ésto, su curaduría se zambulle en la corriente más actual de la museografía arquitectónica, a saber, la de los arquitectos-escenógrafos. Prueba de ello es el proyecto para la nueva Cité de l’Architecture et du Patrimoine en el Trocadero, a ser inaugurada en el 2003.

Chantal, con una elegante arrogancia tipo Sonia Rikyel, había levantado la voz, que resonó en los ámbitos de vidrio y acero: “Esta exposición no es ni exhaustiva, ni objetiva, ni retrospectiva, ni didáctica, ni científica. No se dirige a los iniciados: ¡No esperen ni planos, ni maquetas que arriesguen ser fuentes de incomprensión por su escala, la naturaleza de la luz o de los materiales; nada de información sobre aquéllo que es la génesis del proyecto, sobre la arquitectura como trabajo, como no sea archivada en la memoria de un ordenador!” 

Oh, pero claro, Chantal: ¡Nouvel es lo imaginario asistido por el ordenador! Y así, a través de cinco secuencias temáticas contenidas en densas cajas negras, containers hundidos en la oscuridad donde no se ve sino la luz de aquéllo que es mostrado, “desfilan” por la pasarela de Chantal un “jardín extraordinario” (la Embajada de Francia en Alemania), el “paradigma artificio-naturaleza” (el Museo Temporal Guggenheim de Arte), la “infiltración” (la sede social de la Sociedad Richemont, Ginebra), el “misterio del origen” (el Museo de la Evolución humana, Burgos), el “traza(do) del futuro” (el Centro Cultural de Santiago de Compostela), y así sucesivamente, hasta alcanzar la susodicha torre que no es una torre, Aguas de Barcelona (AcBar).

Solamente al concluir, Chantal
Béret le permitió una excepción a la vulgar realidad, y la luz vuelve en la sala llamada de la “Agencia”, inspirada en el tema del taller, donde archivos, ficheros, y bancos de datos aguardan en unas treintena de computadoras para que los descreídos podamos urgar con el mouse en la memoria de más de doscientos proyectos y veinte años de espléndida carrera arquitectónica. 


La exposición en el Centro Georges Pompidou.







NOTAS
1. Michel Volkovitch.Verbolario (para el uso de escritores y lectores).
2. "Jean Nouvel", Centre Georges-Pompidou, Paris, 2002.




Publicado en: Arquitectura, EL NACIONAL, Caracas, lunes 21 de enero de 2002.